¡Hola a todos! Perdón por no haber dado señales de vida. Justo cuando creía que todo se normalizaba, me han mareado de mala manera en el trabajo y no he podido hacer nada.

No me voy a entretener mucho dándoos la lata antes de cada capítulo (o, al menos, pretendo no hacerlo a menos que haya algo importante a anunciar), así que os dejo ya con la lectura de hoy.


Capítulo 152: Ausente

La alerta de LordKnightmon movilizó a absolutamente todos con rapidez y eficacia. Tras darles unas indicaciones de los Toucanmons, Arya se acercó a Tai e intentó ayudar a enfundarse en un traje similar al suyo, totalmente rojo, así como a cargar con un par de lo que en un principio parecían carros de la compra demasiado cargados hasta la puerta del cuartel, donde WarGreymon esperaba con la vista en el horizonte.

—Hora de poner a prueba estas maquinitas —dijo dando golpecitos a uno de los carros.

—¿Qué son?

—El nombre técnico que me dijo Izzy no lo recuerdo, pero podemos decir que son antiaéreos —respondió Tai.

—¿Vamos a derribar a todo el que vuele? También hay de los nuestros en el aire —apuntó Arya.

—Podemos elegir el objetivo —aseguró —. De esta forma, podremos cubrirles las espaldas a todos eliminando aquellas criaturas molestas que intenten atacar a traición a cualquiera que esté enfrascado en una dura pelea.

—Creo que esto les irá muy bien a quienes estén con Aelita —dijo mirando el carro que ella había empujado.

—¿Por?

—Tú espera y ya verás —suspiró.

—Ya se acercan, Tai —anunció WarGreymon.

—Cuento contigo para retener a BlackWarGreymon —dijo antes que el digimon alzase el vuelo y se adelantara a donde los tres ángeles también esperaban.

...

Que Xana-Lucemon estaba desesperado era algo que los chicos sentían en cada enfrentamiento contra los poseídos por el virus. Como siempre, el grupo se dividió listo para retener a los rivales que habían sido enviados.

—Ya ha empezado —susurró Mermaimon, en la puerta del hangar.

—Bien, marchemos entonces —asintió Jeremy.

—Sigo pensando que esta es la mayor locura que habéis decidido en el tiempo que llevamos planeando cosas —dijo Emily —. Y que sepáis que no estoy conforme con ser yo la que esté aquí.

—Oh, vamos, ¿prefieres ser la escudera de Aelita? —preguntó BlackCalmaramon.

—Tú nos guías, Mer.

—Vamos rápidos.

Rápidamente, Mermaimon se lanzó al agua y empezó a nadar, seguida por el NavSkid de Jeremy sobre el que BlackCalmaramon mantenía fuertemente agarrada a Emily. La chica no podía evitar soltar maldición tras maldición, amortiguada por el casco y siendo replicada por la clon.

—De momento está todo despejado —informó la sirena.

—Más te vale que funcione, Jeremy —dijo Emily, dando golpecitos en uno de los cristales —, porque como haya venido así hasta aquí para nada...

Piensa que esto es una ayuda para poder liberar a cualquiera de ellos.

—Aunque las torres submarinas están cada vez más lejos de nuestro punto, ¿sabes? —dijo BlackCalmaramon.

—¡No servirá de nada entonces! —exclamó Emily.

Las torres están intercomunicadas. Con el nuevo programa puedo enviar una corriente que espero sirva para desestabilizar a cualquiera de ellos.

—Sí, sí, sí, mucho programa pero pocos resultados testados... Ay, lo mucho que entiendo ahora a Kouji al principio del verano...

—¿Qué quieres decir? —preguntó Mermaimon.

—A cuando me enredó para ponerme ese traje de buzo tan horrible.

—Creo recordar que te ofreciste tú solita, que nadie hizo nada para que hablases —apuntó la oscura.

—¡Agh! ¡Da igual! —exclamó —. La cosa es que ahora veo por qué estaba con un humor de perros cada vez que Jeremy le llamaba.

—¿Porque ahora tú también tienes un humor de perros?

Yla, deja de provocarla —pidió Jeremy —. Venga, que estamos llegando a la torre.

—Sí, sí, voy a trabajar —asintió Emily, impulsándose y echando a nadar hacia la construcción oscura.

—¿Seguro que funcionará? —preguntó BlackCalmaramon en cuanto la otra atravesó la pared —. Es que no estoy muy segura...

En realidad, hay un porcentaje pequeño de tener éxito —respondió el chico, jugueteando con los dedos —. La distancia de esta torre con la del hangar, así como la cantidad de "repetidores" que debe cruzar para llegar hasta allí... Ni las hemos ido contando ni tengo verdadera idea de cuán ramificadas están las conexiones.

—Vamos, que Emily te despelleja si no funciona —suspiró Mermaimon.

...

Aunque Arya no lo admitiría en ningún momento, utilizar el armamento diseñado por Izzy le provocaba unos escalofríos que no sabía si los disparos certeros eran por la precisión del arma o por pura suerte. Le temblaban las manos ante la sencillez con la que las bandadas de avispones de XANA acababan reducidas a polvo en cuestión de segundos.

Junto a ella, Tai se sentía rejuvenecido. Disfrutaba casi como un crío aunque la situación no era para nada animada. Había querido probar el arma en objetivos con mayor peso de datos, como se había referido Izzy a los digimons, pero la ausencia de BlackWarGreymon y el conocimiento de que el resto de digimons no eran creaciones de ningún tipo le habían llevado a seguir disparando contra Megatanques, Cubos y otros monstruos que buscaban las espaldas de los niños.

—Maldita sea... Desde aquí tenemos muy mal ángulo para ayudar en las peleas contra Duftmon y Duskmon —negó el adulto.

—A mí me preocupa más la que mantienen contra Apollomon —dijo Arya.

—¿Por?

En el aire, Aelita otra vez se movía a un lado y a otro, lanzando ataques que nadie sabía si fallaba por no prestar atención a los movimientos de su rival o si los fallaba a propósito. Tai negó con la cabeza antes de disparar a otro grupo de monstruos que se acercaban a BlackZephyrmon.

—¿Tiene esto un sistema de lanzado de redes o algo para capturarla y arrastrarla a un lugar seguro? —preguntó la menor, mirando todos los ángulos de su carro.

—No. Esto es solo de ataque.

—Pues nada, a esperar —suspiró.

...

Xana-Lucemon se sentía ligeramente defraudado. Ni Matadormon ni Piedmon habían logrado darle una explicación aceptable al comportamiento de BlackWarGreymon y al ángel caído no le apetecía prescindir de un peón con tantas posibilidades de éxito tan pronto aunque tenía demasiado fresco en la mente lo que pasa por retrasar ese tipo de decisiones.

—Mi señor...

—¿Qué pasa ahora, Myotismon?

—MetalSeadramon ha encontrado niños en el fondo del mar.

—¿Y le sorprende? —preguntó sin ánimos —. Decidle que los mate si no lo ha hecho ya. En serio, tener que dar una orden tan básica...

—Sí, mi señor.

Casi arrastrándose hacia la puerta, Myotismon abandonó el salón, esperando su ansiado momento de salir a conseguirle la victoria al ángel caído.