Vale, no tengo perdón posible, pero aquí os dejo algo para leer por primera vez después de tanto tiempo sin saber de mí. Se intentará aparecer más a menudo. Sorry, de verdad T.T


Capítulo 153: Buscando mejoras

Los tres ángeles, Tai y Agumon se habían encerrado en una habitación a discutir, dejando a absolutamente todos los niños fuera intentando escuchar algo de lo que ocurría, algunos más molestos que otros.

—¿Y si ha escapado como pasó con Arukenimon? —preguntó Tai.

—Es posible, teniendo en cuenta que se trata del mismo BlackWarGreymon —aceptó Gatomon.

—Entonces solo tengo que salir a buscarle y volver a hablar con él —sonrió Agumon.

—No podemos arriesgarnos a que te vayas sin saber que realmente ha escapado del control de Xana-Lucemon —negó Lopmon —. ¿Y si lo que ocurre es que ese virus está tramando algo y poniéndolo en práctica?

—¿Cómo podría aumentar el poder de un digimon como BlackWarGreymon? —preguntó el humano.

—Bueno, tiene a Duftmon —dijo Patamon —. Posiblemente Xana-Lucemon escucha todo cuanto él diga porque es todo un cerebrito. Él sabe sacar el potencial de cualquiera para que todas sus estrategias funcionen.

—Y que no haya venido significa que...

—O bien están buscando forzar a una digievolución nueva o se les ha ocurrido tener un Omnimon personalizado —suspiró.

—Ni en broma empieces a meter más problemas a los niños —bufó Gatomon.

—No, Patamon tiene razón —intervino Tai —. Hay que ponerse en el peor caso posible para no ser pillados por sorpresa.

—Tener un Omnimon como rival, con todo lo que ya tienen encima los pobres, será demasiado —dijo Gatomon.

—A demás está el problema de sus sincronizaciones —dijo Lopmon.

—¿Sincronizaciones?

—Por ejemplo, la barbacoa se la cargó Takuya —respondió el conejo —. Ya os lo dijimos. Son reencarnaciones de digimons. Guste o no, tienen un poder innato en su interior que, en el caso de los que poseen espíritus digitales, son más notorios.

—¿Se están convirtiendo en digimons?

—En cierto modo —asintió Patamon —. Por eso mismo hay que ponerse en el peor caso de todos, Gatomon.

...

El primero en cansarse de escuchar fue Jeremy. En cuanto mencionó el hangar y el trabajo, Koichi desapareció del lugar, dejando a una furiosa Emily y a un agotado Kouji. Aelita, por su parte, dio media vuelta y se excusó diciendo que había perdido el comunicador con su madre y que deseaba encontrarlo para hablar con ella.

—Y así, las cosas siguen tal y como han estado siendo para nosotros dos —dijo Emily, cruzada de brazos —. Ah, qué buenos postes para afilar garras que me haría con sus huesos...

—Em, eso que has dicho ha sonado demasiado macabro —señaló Odd.

—Creo que los sacos de boxeo le irán mejor a Kouji. Se nota el estrés acumulado, chico —comentó Emily dándole golpecitos en el hombro.

—Ya me desquitaré cuando no me toque nadar —dijo —. Vamos con Jeremy antes que le explote la cabeza y nos toque hacer aún más trabajo.

—¿Más trabajo? —preguntó Tommy.

—Dudo mucho que Aelita, quien no está prestando atención a los problemas que ha tenido bajo el agua, decida ayudarnos con los nuestros. No me apetece pasarme horas al ordenador trabajando —dijo.

—Procurad no cabrearos ninguno de los dos, por favor —pidió Zoe —. Tranquilos, serenos y sin alzar la voz.

—No podemos prometer nada, Zoe —negó la chica —. Con lo bocas que es Jeremy, seguro que nombra a esos dos Numemons.

—Por lo menos, intentad no liarla.

—Lo intentaremos —respondió Kouji —. Tú tampoco te cabrees con los demás.

En el hangar, Jeremy se sorprendió al ver llegar a ambos. Sin dudar ni un segundo, empezó a hablar sobre las mejoras que había estado pensando para ellos, todo cuanto había pasado por su mente, esperando recibir aprobación para trabajar en ello.

—Frena, frena —pidió Emily —. Accedemos a trabajar contigo siempre y cuando salgas de aquí cuando nosotros lo digamos.

—Pero si siguen las cosas sin acabar...

—Se las envías a Izzy y punto —finalizó Kouji —. Lo último que necesitamos es que te sobrecalientes y te causes cortocircuitos en ese cerebro tuyo.

—Bueno... Acepto.

—Sin cruzar los dedos —señalaron ambos.

—¡No los estoy cruzando! —exclamó alzando ambas manos —. Prometo que enviaré el trabajo a Izzy cuando nos vayamos de aquí y cederé todo a él para que sigan trabajando los adultos.

—Perfecto —aceptaron.

—Bien, lo siguiente que me gustaría hacer es introducir vuestros trajes de buceo en los D-Tectors.

—¿En serio? Nada en contra, pero te recuerdo que esto es un dispositivo de digievolución, no un armario ropero.

—Kouji tiene razón.

—Me gustaría probar un par de cosas —dijo Jeremy juntando las manos —. Si es posible hacer un cambio de digievolución entre la ropa de combate y la de buceo.

—Va, esta vez me ofrezco yo voluntaria para hacerlo la primera —cedió su dispositivo Emily —. Te lo debo por haberte dejado de conejillo de indias con tantos trajes estrambóticos.

—Te lo agradezco —asintió Kouji.

Unos segundos después, Emily recibió el D-Tector con el traje de buceo en su interior. Sin perder ni un segundo, digievolucionó, mirándose una y otra vez las ropas en busca de algún cambio.

—Yo me veo igual, no versión acuática.

—Estás igual —respondió Kouji.

—Cambia la digievolución —dijo Jeremy.

—¿Y cómo se supone que hago eso? —preguntó Emily.

—Pues... ¿Cómo lo haces tú, Kouji? —preguntó el informático.

—Los espíritus responden a mí —dijo cruzándose de brazos y cerrando los ojos —. Por lo general, cuando paso de Lobomon a KendoGarurumon, la idea es aumentar el poder, mientras que en el caso contrario es porque necesito mayor comodidad. Al fin y al cabo, el poder de KendoGarurumon es el de un animal salvaje.

—Muy salvaje no te veo. Ni a ti ni a las otras bestias —sonrió Emily.

—Están bastante dominadas —aceptó.

—¿Usas el dispositivo?

—No, para nada —negó —. Y como KendoGarurumon aún menos. No tiene manos para cogerlo.

—Cierto... Entonces...

—Lo siento, pero no tengo ni idea —dijo rendido —. Quizás debas usar el dispositivo. Al fin y al cabo, no es raro que lo usemos nosotros para capturar datos y comunicarnos.

—Sí, quizás tienes razón —aceptó Emily, tomando el objeto y pulsando varios botones —. Nada.

—Quizás se ha de crear una conexión tri...

—Einstein, sin tecnicismos —interrumpieron ambos.

—Quizás —empezó, con clara molestia en la voz —, debo abrir una salida nueva en el dispositivo para que eso funcione.

—¡Oh! Ahora que lo mencionas...

—¿Qué pasa, Em?

—Al principio, me llamó la atención que los D-Tectors de Kouji y Takuya fueran diferentes a los de los demás. Evidentemente, la cosa ha sido porque poseían más poder que los demás.

—Los modificó Ophanimon para que pudiésemos alcanzar el poder de MagnaGarurumon y KaiserGreymon —asintió el chico.

—¿Y si hay que modificarlos para lograrlo?

—No nos cambió cuando obtuvimos el poder de Seraphimon para realizar la doble digievolución —negó Kouji —. Sí es cierto que la doble digievolución es más poder, pero no tanto como la fusión de cinco elementos.

—Lo que intentamos no es ni siquiera un cambio de poder como el del espíritu humano al animal —dijo Jeremy —. Creo que veo por dónde vas. Pero por probar...

—¿Estás seguro?

—Bueno, aunque en apariencia nuestros dispositivos son como el de los diez con espíritus, deben de haber diferencias evidentes. Aquí no residen espíritus, ni tan siquiera digimons aunque pueden introducirse.

—¿Y si el problema es que está saturado de información ajena a la digievolución? —preguntó Emily.

El ruido de pasos hizo que los tres se voltearan para ver entrar a Aelita, la vista a todos lados salvo a ellos. Jeremy tragó saliva al ver cómo los otros dos se tensaban en el sitio, Emily incluso con pequeños bufidos propios de un gato.

—¿Al fin has decidido unirte a nuestras reuniones de mejora? —preguntó con una fría calma Kouji.

—No. Sigo buscando la pulsera —respondió sin mirarle.

—Para ser algo tan importante, qué mal lo cuidas.

—Cállate, Minamoto. La tenía en mi habitación, bien guardada, y ahora no está —dijo sin dejar de buscar.

—¿Y no has pensado que es una señal para que te unas a nosotros? —preguntó Emily, su tono también frío aunque calmado.

—¿Intentas decirme que me la habéis robado vosotros? —preguntó, alzando la vista y reparando en el traje de combate de la chica —. Espíritu digital Lyoko...

—¡No, Aelita! —exclamó Jeremy, pero la otra ya llevaba su traje de combate y estaba lista para atacar.

—Oh, vaya, la conejita quiere pelea —dijo Kouji. Jeremy aún se paralizó aún más ante la amenazante sonrisa del chico.

—¿Dónde habéis escondido mi comunicador?

—No lo tenemos —respondió el chico, levantándose de la silla en la que estaba y tomando una actitud de combate aunque sin digievolucionar —. ¿Para qué lo queremos?

—Es la única forma de estar en contacto con mi madre.

—Hay cosas más importantes que tu madre ahora mismo —dijo Emily, la mano encima del punto que extendía su arco.

—No tenéis ni idea de nada —negó Aelita.

Demasiado rápido para el gusto de Jeremy, Aelita empezó a lanzar varios campos de energía a los otros dos, que se separaron y esquivaron con agilidad. Emily tardó poco en devolver los disparos mientras que Kouji se lanzó tal cual hacia la pelirrosa.

—¡Parad u os haréis daño! —chilló Jeremy, viendo cómo el chico no parecía tener intención alguna de digievolucionar.

—¡No voy a dejar que me atrapéis tan rápidamente! —exclamó Aelita.

—Ahora mismo lo veremos —dijo Kouji.

Con un leve temblor en las piernas, Jeremy observó cómo se acumulaba el digicódigo en la mano de Kouji al tiempo que la puerta del hangar volvía a abrirse, dando paso a Koichi. Aunque todo pasó muy rápido, el informático jamás olvidaría el sombrío rostro del chico de la oscuridad, que también acumuló digicódigo en sus manos y se lanzó contra Aelita.

—¡NI EN SUEÑOS CREAS QUE VAS A DAÑAR A MI HERMANO EN MI PRESENCIA, HOPPER! —exclamó el chico.

—¡Al fin uno que parece querer entrar al equipo por las buenas! —dijo Emily, bajando su arco y apoyando el puño en la cadera —. O eso pienso...

—¿Qué acaba de pasar ahí? —preguntó Jeremy.

Ante ambos, Aelita se encontraba retenida por la lanza de Loewemon y la espada de Lobomon. Sin embargo, quienes estaban ante ella seguían siendo Koichi y Kouji. Algo asustada, alzó las manos en señal de rendición, esperando que la tensión en ambos chicos desapareciera. La lanza y la espada se separaron de ella, pero no desaparecieron.

—¿Me vas a decir qué pretendías hacerle a mi hermano? —apuntó Koichi.

—Yo... Emily estaba digievolucionada, con el D-Tector y el arco...

—Em no tenía arco alguno —negó Kouji, señalándola con la espada —. Y estamos haciendo unas pruebas que vosotros dos comprenderíais de haber estado aquí desde el principio.

—Yo... Yo no...

—Estabas tan pendiente de tu estúpido comunicador que te ciegas a cualquier otra cosa que no sea tu familia de sangre —dijo con rabia Kouji.

—Chicos —llamó Jeremy —, ¿cómo habéis hecho eso?

Los tres miraron confusos antes de bajar la vista a las armas aún en manos de los dos chicos. El primero que sonrió fue Kouji, dándole varias vueltas a su espada antes de hacer aparecer la segunda.

—No, en serio, dime cómo lo has hecho —protestó con un puchero Emily.

—Ni idea, pero con esto no necesito pistolitas —declaró.