¡Yup! ¡Paso rápido!


Capítulo 154: Venciendo a BlackWarGreymon

Las noticias de Jeremy hicieron que prácticamente todos intentaran imitar el logro de los gemelos sin éxito alguno. Por otro lado, Koichi suspiró aliviado al verse permitido entrenar en ese extraño avance que tanto él como su hermano habían demostrado, aunque Emily siguió mirándolo de muy mala manera.

—En serio, ¿cómo lo habéis hecho? —preguntó Takuya acumulando digicódigo sin saber qué más hacer.

—Aelita estaba dispuesta a atacar a mi hermano y simplemente me ha salido —se encogió de hombros Koichi.

—¿He de pensar que os están atacando entonces?

—A ver, Takuya, ¿tú para qué quieres hacer eso? —preguntó JP.

—Pues porque es una gran ventaja eso de tener un arma sin digievolucionar.

—Tú eres tonto —negó el del trueno.

—¡Oye! ¿A qué me insultas ahora?

—Lógico, porque tú no tienes espada.

—Oh…

—En serio, Takuya, eres de lo más despistado —negó Neila.

—Bueno, pero como Aldamon tienes esas cosas en los brazos, ¿no? —intentó ayudar Leire —. Puedes intentar que aparezcan.

—Será algo complicado…

—¿Tú crees? —preguntó Tommy intentando no reír.

—Eh, ahora me dirás que tienes las hachas de Korikakumon.

—No, pero creo que Kouji tiene la motivación por las nubes. Está entrenando ya con el armamento de Beowolfmon.

—¡Venga ya! —exclamó echando a correr hacia el exterior justo cuando el ordenador del salón principal empezó a pitar.

—Oh, oh, ataque de Xana-Lucemon —dijo Jeremy.

—Adiós a seguir entrenando —suspiró Koichi —. Vale, no hagamos esperar a nuestros queridos amigos.

...

El jaleo por el inminente enfrentamiento fue lo que llamó la atención de Tai. Tras un vistazo rápido, echó a correr en busca de su equipo mientras Agumon salía al exterior digievolucionando, seguido de los tres ángeles, también listos para el combate.

—¿Y bien? —preguntó MagnaAngemon.

—LordKnightmon está en camino para echarnos una mano. Dice que esta vez está BlackWarGreymon —informó Alya acabando de ajustarse los guantes —. En serio, gracias a quien me ha sugerido entrenar un rato, porque llega a no decirlo…

—Nunca imaginé que realmente te fuera a hacer falta —dijo Teppei, D-Tector en mano listo para digievolucionar.

—Vale, no os preocupéis por BlackWarGreymon —dijo Tai mirando a su digimon —. No es que pueda hacer gran cosa, pero espero que entre los dos podamos hacerle entrar en razón.

—Aunque lleves esas ropas, quédate siempre detrás de mí, Tai —señaló WarGreymon.

—Ni lo menciones —asintió.

Escaso un minuto antes del grupo de enemigos, LordKnightmon llegó al lugar claramente listo para el combate. Tras cruzar unas palabras con los tres ángeles, Tai y WarGreymon, se preparó para enfrentar a UlforceV-dramon con la ayuda de MagnaAngemon.

—Ahí está —susurró Tai, divisando la figura oscura de BlackWarGreymon —. Vamos, compañero. Tenemos faena que hacer.

—Entendido.

Rápidamente, WarGreymon se alzó en el cielo, directo a BlackWarGreymon. Su versión oscura se dejó atrapar, siendo apartado del resto de enemigos de los Guardianes. Por el suelo, con el arma lista para defenderse, Tai corrió en pos de ambos, dejando atrás a todos aunque Arya le seguía como podía, defendiendo su espalda.

—¡BlackWarGreymon, tienes que reaccionar!

—Nadie me está controlando —respondió al digimon naranja.

—Sigues las órdenes de Xana-Lucemon. Eso es ser controlado —negó.

—No —repitió —. Él ha intentado controlarme, pero no ha podido —respondió.

—¿A qué te refieres? —preguntó Tai, uniéndose a ellos.

—Ese ser intentó que otro digimon me controlase —respondió —. Pero no era fuerte. Era débil. No valía para nada.

—¿Y Xana-Lucemon te ha dejado ir así sin más? —preguntó Tai con una leve sonrisilla divertida.

—Él no lo sabe —dijo BlackWarGreymon —. Allí no hay digimons dignos de ser mis oponentes.

—¿Realmente sigues interesado en buscar un rival fuerte? ¿Es que acaso no abriste los ojos la última vez? —preguntó WarGreymon.

—Ése al que llamáis Xana-Lucemon me prometió peleas. Pero a lo que me llevan es a enfrentarme a débiles. No quiero eso. No me interesan los débiles.

—¿Y por qué sigues con él? ¿Realmente esperas que te den rivales fuertes?

—Estoy ahí porque no tengo ningún objetivo en esta nueva vida —respondió BlackWarGreymon.

—Al final, se resume siempre en eso —suspiró WarGreymon.

—Escúchame, BlackWarGreymon. Los objetivos de una persona los elige la propia persona. Nadie tiene por qué elegir qué debes o no hacer tú. Tienes que ser libre de elegir lo que quieres hacer. Como cuando decidiste usar lo que te quedaba de vida para sellar la puerta entre el mundo humano y este —dijo Tai.

—¿Puedo hacerlo?

—Por supuesto que puedes. No, debes hacerlo —asintió WarGreymon —. Yo soy el compañero digital de Tai y a él le gustaría que yo me quedara aquí protegiendo a los niños, pero he decidido que, a demás de protegerles, les ayudaré en todo lo posible alrededor del Digimundo. Y eso hace que no esté con ellos siempre, que no pueda protegerles.

—Compañeros... Otra vez me habláis de esas cosas que no entiendo —suspiró el oscuro.

—¿Y por qué no te unes a nosotros? Seguro que a los chicos les encantará tenerte como compañero —sonrió Tai justo cuando Arya llegó hasta ellos.

—No sé qué se hace con compañeros.

—Ayudar, proteger... Puedes elegir lo que quieras hacer —aseguró Tai —. ¿Qué me dices? Si realmente Xana-Lucemon no ha podido controlarte, si realmente actúas como tú quieres, puedes elegir dejarle y unirte a los chicos o, simplemente, no hacer nada.

—Sí... Supongo que puedo hacerlo —asintió BlackWarGreymon.

—Y si lo que quieres es pelear, sé de un sitio donde podemos pelear cuando estés aburrido, para pasar el rato —dijo WarGreymon —. Nos servirá de entrenamiento para cuando nuestros compañeros necesiten ayuda, serles de gran utilidad.

—Para cuando nos necesiten...

—Exacto —asintió Tai, avanzando aún más con la mano extendida —. ¿Y bien, compañero?

BlackWarGreymon se quedó mirando al humano un rato antes de pasar la mirada a WarGreymon, que asintió con calma. Lentamente, extendió su mano y la estrechó con Tai antes de dar media vuelta.

—¿Tienes a dónde ir? —preguntó WarGreymon.

—No.

—Entonces quizás será mejor que me sigas —sonrió antes de volverse hacia Tai —. Me lo llevaré a un lugar seguro. Tú regresa con los niños y diles que está solucionado.

—Tened cuidado los dos —asintió dando media vuelta —. Venga, Arya, regresemos con los demás.

—Pero WarGreymon...

—Estará bien. Ellos dos son amigos al fin y al cabo —rió apoyando una mano en la espalda de la chica y empujándola —. Vamos, hay que alejar a ese grupo molesto y liberar de presión a los otros.

—Vale —asintió.

A paso ligero, ambos llegaron a la playa. El panorama, como siempre, era tan caótico que por un momento Arya no acababa de identificar a nadie en ningún grupo. Cogiendo aire, Tai alzó las armas y echó a correr hacia el cúmulo, buscando la primera figura enemiga, independientemente de quién se tratase. Sin dudarlo, empezó a dispararle, llamando su atención y la de los chicos que combatían con él.

—Eh, cara de bobo, WarGreymon ha acabado con BlackWarGreymon y aún tiene ganas de más —dijo.

—Maldito... —murmuró Duftmon. Un golpe en el rostro le hizo volver la vista hacia aquellos a los que se enfrentaban.

—Si te crees que voy a dejar que te diviertas con otros estás equivocado, gato quemado —dijo CrossTimemon, las cadenas envolviendo sus brazos por completo.

—Otra vez será, patéticos digimons. ¡RETIRADA! —exclamó.

—¡Tú sí que eres patético! —le chilló Emily lanzándole una última flecha que acertó en un brazo.

—Oye, buena esa —felicitó CrossSpacemon.

—Pero la próxima vez, apúntale a la cabeza —dijo apáticamente la del tiempo.

—¡Timy! —regañó Leire.

—¿Qué? A ver si así se le arregla el chip y se da cuenta del ridículo que está haciendo.

—¡Tai! —llamó MagnaAngemon —. ¿Qué ha pasado?

—Como dijisteis, BlackWarGreymon sigue siendo el mismo —dijo —. WarGreymon y yo hemos estado hablando con él y lo hemos convencido. No será una molestia.

—¿En serio? ¿Tan fácil? —preguntó Jeremy —. ¿Así tal cual?

—Sí.

—No te estarás quedando con nosotros, ¿no, tío Tai? —preguntó Mercurimon.

—¿Por qué tendría que bromear en un tema tan serio?

—Es que es increíble que aparezca ese digimon, derribe a los tres ángeles sin dificultad, pero vengáis Agumon y tú y con unas palabritas le convertís en una mascota obediente —dijo Mermaimon.

—No es una mascota obediente —rió el adulto —. Sigue siendo un ser libre, con todo el derecho de hacer lo que le plazca y no lo que le manden.

—Es decir... —empezó Sissi.

—Que por ahora, BlackWarGreymon no regresa a la Rosa de las Estrellas a seguir con las instrucciones de Xana-Lucemon.

—¿Pero no has dicho que WarGreymon lo había derrotado? —preguntó Odd.

—Bueno, en la disputa argumental ha ganado WarGreymon, no he mentido —dijo pensativo. Más de uno se cayó al suelo ante la respuesta —. Como sea, ya no tenéis que preocuparos más por él.