Capítulo 158: Desactivación masiva

Emily no podía borrar la sonrisa de su rostro cuando la puerta del Skid se cerró ocultando la visión de Aelita vestida con su traje de buceo. Tanto ella como Koichi iniciaron una especie de danza de la victoria en la que nadie sabía cómo era posible que el guerrero de la oscuridad pudiese seguir con vida.

Dentro del Skid, Aelita esperaba sentada en la parte superior con la vista hacia una de las ventanas, dándose golpecitos en el brazo mientras Yumi y Ulrich conducían, informando a los que ocupaban los NavSkids de todo cuanto se encontraban y repasando una y otra vez lo que debían hacer una vez alcanzada la torre a desactivar.

—¿Aún no llegamos? —preguntó la pelirrosa.

—Paciencia —pidió Yumi —. Ni contigo a los mandos podríamos ir más rápidos.

—Te recuerdo que las torres que quedan activadas ya se encuentran a bastante distancia de la playa donde estamos viviendo —añadió Ulrich —. No es culpa nuestra que Jeremy pusiese énfasis en que a más torres desactivadas cerca de nosotros, más seguros estaríamos en términos de data o eso.

—Sí, que tendríamos menos peligro de ser eliminados por una sobrecarga de datos que podrían fastidiarnos a nosotros que somos en parte seres digitales —asintió Aelita con fastidio —. Pero esto saca a una de quicio.

—Así se sienten siempre Em y Kouji y no parece que te haya importado mucho —echó en cara Mermaimon.

—Tampoco Koichi ha mostrado preocupación —intentó defenderse la del traje especial.

—Al menos no se le mete en la cabeza una idea y se empecina con ella día y noche.

—Punto para Mer —dijo cantarina Yumi —. Mi primo puede ser un idiota desconsiderado, pero al menos ayuda y apoya cuando se le necesita…

—No bajo el agua.

—Precisamente que tú no bajes es su excusa para ser egoísta —dijo Ulrich —. Yo también la usarías, ¿sabes? Aunque en mi caso tendría que decir "si Yumi no pilota, yo tampoco". Es en lo único que coincidimos.

—Coincidís en mucho más —señaló Mermaimon.

—Oye, ¿tú nos echas una mano a defender a Koichi o qué haces? —preguntó Yumi, volteando su asiento para mirarla.

—Es un pequeño apunte —se encogió de hombros —. Pero ellos tienen razón, Aelita. Koichi se excusa porque puede. Pero estoy segura que, si tú también estuvieses bajando aquí, él no se escaparía tanto.

—Mucha fe tienes en ese gato —declaró la pelirrosa.

—No sigas por ahí, angelita, que me huelo por dónde quieres ir y no creas que voy a quedarme callada —señaló la sirena.

—Eh, nada de peleas en mi Skid —dijo Ulrich —. A ver si a falta de unas torres voy a tener que hacer de mecánico para Jeremy por el mero hecho de perderos a todos de vista…

—Oye, no todos estamos insoportables —dijo Yumi.

—Ya, bueno, generalizo porque si tengo que nombrar las excepciones…

Chicos, debéis estar a punto de llegar a la zona indicada. Tened mucho cuidado con quien pueda apareceros —dijo Jeremy por el comunicador.

—Recibido —respondió Yumi —. NavSkids, empiezo a soltaros —informó.

—Yo me voy subiendo arriba y me paso a cubrir las espaldas —dijo Ulrich abandonando su puesto y trepando al asiento superior.

—¿Quieres que te ayude de mientras, Yumi? —preguntó Aelita.

—Vosotras preparaos para salir en cuanto alcancemos la torre. No sabemos qué nos podemos encontrar… Si es como cuando fuimos con Koichi…

—MetalSeadramon y Neptunemon juntos son bastante problemáticos y esta vez no contamos con Whamon o Ikkakumon —suspiró Mermaimon.

Horizonte libre de molestias —informó desde el agua BlackCalmaramon —. Diría que está demasiado tranquilo y todo.

—Mejor, Yla —dijo Ulrich —. Si podemos acabar rápido con esto, antes nos alejamos del mar y todos sus peligros.

Quince minutos después, con todos los NavSkids desplegados en círculo, Aelita buceaba hacia la torre cubierta por Mermaimon y BlackCalmaramon. Nada más llegar a la base, el primero de los disparos preocupó a la pelirrosa, que se lanzó sin mirar por dónde entraba a la torre, negándose a ver hacia quién se lanzaban las dos compañeras acuáticas que la habían escoltado hasta allí.

—Seamos positivos, no está la anguila ruidosa —señaló BlackCalmaramon.

—De momento —dijo Mermaimon —. Recuerda que lo vi protegiendo con todo su cuerpo una única torre a bastantes leguas de distancia.

—Será su forma de dormir —se encogió de hombros.

Nos ocupamos de los Divermons, vosotras centraos en Neptunemon —les dio dos vueltas el NavSkid de William.

—Por supuesto que nos ocupamos de él —asintió Mermaimon, ancla fuertemente sujeta entre sus manos —. ¿Lista, compañera?

—Siempre —aseguró la clon.

Dentro del Skid, Yumi activó todos los escudos mejorados de Jeremy antes de situarse ante la torre, cubriéndola por completo de cualquier ataque perdido que pudiese golpearla.

—En serio, esos Divermons parecen hongos —bufó Ulrich —. No hago más que disparar y disparar y parece que no elimino a ninguno.

—Aunque es algo que deberíamos haber hecho al principio de todo, no estará de más preguntarles a los ángeles si son una plaga como las cucarachas y otros insectos en la Tierra —convino Yumi.

Chicos, Aelita ha empezado con la misión. Aseguraos que no impacte nada contra esa torre —dijo Jeremy.

—Estoy cubriéndola por completo y tengo el sensor trasero también activado por si nos atacan desde detrás —respondió Yumi.

Lo sé, tengo los parámetros del Skid abiertos en el ordenador. Es solo que estoy nervioso y con ganas de que salga bien.

—Sabes que si esto sale bien, ciertas personas van a usar sus garras para despellejarte por no haber sugerido esa idea antes, ¿no?

Tengo una respuesta por si se me lanzan a la yugular —dijo.

—¿Técnica o mundana? —preguntó Ulrich.

Muy gracioso, Stern. La comprenderán rápidamente. No son tan bobos como Odd.

—Solo preguntaba, que ya sabemos cómo eres cuando explicas algo.

—Ulrich, ataca a ese banco de Kongrios que persiguen a Neila —señaló Yumi.

—A la orden.

Por el agua, los NavSkids siguieron bailando de un lado a otro, acorralando y sorprendiendo a los Divermons al tiempo que esquivaban las inevitables ondas que provocaban los ataques de los tres acuáticos. Valiéndose de su tridente, Neptunemon mantenía lejos a Mermaimon y BlackCalmaramon aunque no había logrado hacerles casi nada.

—Yla, si ves que no puedes, apártate y ve a ayudar a los demás —dijo Mermaimon viendo resoplar a la clon.

—Sí, lo sé —asintió —. La misión de hoy es más larga de lo habitual.

—Hay que darle tiempo a Aelita —susurró mirando de reojo hacia atrás.

La torre había dejado de brillar en rojo, dejando sitio al verde con la luna al frente, pero nadie se había movido y, por lo que parecía, el plan seguía adelante sin modificaciones.

En un NavSkid, JP no podía evitar mirar una y otra vez la hora en su reloj. La espera se le estaba haciendo eterna y a cada giro que daba con la pequeña nave, no veía ningún cambio que pudiese significar el fin de la misión como Jeremy había comentado.

—¿Aún sigue Aelita dentro de la torre? —preguntó tras quince minutos disparando a las interminables criaturas de XANA.

Nada —respondió Yumi —. El programa que ha de ejecutar quizás necesita unos retoques de última hora.

¡Podrían haberlo tenido todo listo desde el principio! —oyó protestar a Sissi.

Nunca jamás se había intentado hacer algo así aquí, en el Digimundo. A demás, aunque el programa es el mismo, las cosas son diferentes a como se hacían en Lyoko —le respondió la geisha —. No debe quedarle mucho. Seguid manteniendo las posiciones.

Fácil decirlo, pero cuanto más tiempo pasa, más probabilidades hay de que nos envíen a MetalSeadramon con toda su furia —dijo Ace haciendo cabriolas para esquivar los disparos de los que le perseguían —. Y con la cantidad de basura que hay hoy en el mar, dudo ser capaz de meterla en agujeros de gusano con los que marearla y darnos tiempo de escape.

—Eso sí sería un problema —asintió JP, liberando al digimon del espacio de algunos de sus perseguidores —. Pero intentemos mantenernos positivos.

Lo estamos, pero también ansiosos —apuntó William —. Nunca antes hemos tenido los NavSkids tanto tiempo al máximo de funcionamiento. ¿Ya es seguro que sigamos así?

En los paneles no me marca ningún error ni problema. Todo sigue en orden —le respondió Yumi.

JP volvió a mirar su cuadro de mandos con lo básico. Sabía que, de haber un problema, le saltaría alguna alarma en el panel y que los del Skid podían ver rápidamente cuál había sido el problema.

Diez eternos minutos más tarde, cuando BlackCalmaramon se retrasó hasta la base de la torre, Mermaimon empezó a sentir que las cosas estaban cambiando. Los ataques de Neptunemon, hasta ese momento lo suficientemente certeros como para hacerle rasguños y magulladuras, empezaban a ser algo más lentos y predecibles. La sirena aprovechó todas y cada una de las ocasiones para acertar ataques y otros golpes con su ancla, alejando cada vez más al digimon de la torre aunque manteniéndose lo suficientemente cerca para recibir el apoyo de cualquier NavSkid.

—¿Ya te cansas? —preguntó cuando uno de los golpes dobló por la mitad a Neptunemon.

—No creas que por esto me vences, sirenita boba.

—Por muy hermano que seas, no te consiento que me insultes todo el tiempo —dijo lanzando de nuevo el ancla y golpeándolo con fuerza en la barbilla.

Sin darle tiempo de reacción, encadenó varios golpes más antes de echarse hacia atrás, dispuesta a tomar impulso. Un NavSkid se interpuso entre ambos y empezó a disparar, seguido de otros tres más. Sorprendida, volteó la vista alrededor, encontrándose de pronto con la huida desesperada de los Divermons y los pocos monstruos creados por XANA que quedaban con vida. Por detrás de ellos, las torres rojizas empezaban a perder ese brillo a favor del verde, iluminando como si se tratase de algas bioluminiscentes esa zona del fondo marino.

Mer, nos retiramos —le informó William, su NavSkid aún delante.

Aunque eres la mejor nadadora de la familia, mejor que te pegues a alguno de nosotros. Has hecho un gran trabajo hoy —habló Ace, el NavSkid ladeado para que la sirena pudiese verle.

—Está bien. Regresemos —aceptó acomodándose sobre la primera cápsula que se dirigió al Skid.

A poca distancia, Mermaimon observó cómo BlackCalmaramon y Aelita regresaban también al Skid de la misma forma que ella. Con una gran sonrisa, se permitió mirar atrás, donde dos NavSkids seguían disparando al cuerpo flotante de Neptunemon. Un repentino escalofrío la recorrió de la cabeza a los pies, haciéndola soltarse de la nave en la que se desplazaba para regresar a donde William y Neila seguían disparando, permitiendo la retirada de los demás.