Capítulo 159: Un peón que cae
Koichi y Emily no paraban de dar vueltas por el hangar, mareando a Jeremy y Gaomon. El nerviosismo era evidente en ambos, incapaces de permanecer quietos aun cuando habían acabado de librar la playa de un nuevo ataque de Xana-Lucemon.
—En serio, nadie diría que os habéis enfrentado a Duskmon y a Apollomon hace nada. ¿Podéis parar ya? —pidió el informático —. Os he dicho que Aelita ha lanzado el programa y que ya debería haber funcionado.
—De primeras, podrías haber sacado ese truquito antes —apuntó Koichi —. Ni te imaginas cuánto nos habrías ayudado a todos.
—Si tú no has hecho nada —acusó Emily.
—Bueno, de haber sabido que se podrían desactivar diez entrando en una sola, seguro que tú hubieses bajado por delante de mi hermano —rebatió el de la oscuridad, provocando un leve sonrojo en la chica.
—Vale, esa de primeras. ¿Y de segundas? —preguntó Jeremy.
—Has perdido la comunicación con Aelita. No tienes ni idea de si realmente ha funcionado, si está bien, si no le ha pasado como cuando mi hermano se cayó de la torre...
—Coge aire, hombre, que te vas a ahogar —atajó Mikemon.
—¡Yo así no trabajo tampoco!
—Tú no trabajas de ninguna de las maneras —negó Jeremy.
—Te cedo gustoso a Duskmon. A ver qué me cuentas después de una peleíta contra él. Ah, y sin mi hermano.
—Sí, sí, vale, que en el fondo agradezco que no estés bajo el agua porque así no tenemos que lidiar con tu lado malvado —asintió.
—¿Se sabe algo ya? —entró BlackKazemon.
—Nada aún. Supongo que tú tampoco —dijo Gaomon.
—Están demasiado lejos para sentir a Yla bien —reconoció —. Me tiene muy preocupada... Últimamente está decaída, apagada...
—Cierto, desde aquel golpe de la emboscada parece que tiene problemas —dijo Jeremy —. Si esto ha funcionado, quizás puedo sacar tiempo para construir un escáner, aunque sea básico, para ver qué le ocurre...
—¿En serio, Einstein? —entró Odd, su traje de combate morado aún puesto —. Si lo que sea que ha hecho Aelita ha funcionado, lo que has de hacer es celebrarlo con nosotros, no ponerte a trabajar aún más.
—A Xana-Lucemon le hará poquísima gracia que hayamos logrado este paso, aunque sea tan tardío. ¿Crees que se quedará de brazos cruzados y nos dejará acabar con las torres que quedan de la misma manera? —preguntó el informático.
—Él no cuenta con una Timy que le ayude a detener el tiempo para así gozar de años extra de investigación —se encogió de hombros.
—Nada de usar a Timy para tus juegos de mecánico —dijeron rápidamente Koichi, Emily y Mikemon.
—V-vale... No la llamaré... —se acobardó Jeremy. Junto a él, Gaomon suspiró cansinamente —. ¿Qué?
—Es que todos te ven como a un robot eternamente enchufado a una batería. Deberías pensar en ser un poco más humano —le dijo el digimon.
—Ayúdame en vez de ponerte de su lado, Gaomon...
—Y lo hago, pero me preocupa tu salud también, Jeremy —dijo el digimon.
—Al habla Yumi. Jeremy, ¿me recibes?
—¡Yumi! Alto y claro. Dime.
—Al fin... Parece ser que las interferencias nos han afectado a nosotros también —dijo Ulrich —. Podrías habernos avisado que nosotros también sufriríamos las consecuencias.
—No sabía que pasaría —se excusó rascándose la mejilla —. ¿Estáis todos bien?
—Dentro de lo que cabe... —respondió Yumi —. Yla está agotadísima, los demás al fin respiran tranquilos y Aelita está...
—¡Ha funcionado, Jeremy! ¡Ha salido perfectamente a la primera! —la oyó gritar.
Detrás de Jeremy, Koichi y Emily no tardaron en dar saltitos victoriosos que llevaron a BlackKazemon a reír a carcajadas, cayendo al suelo y dando pataditas. Tras echar un rápido vistazo a las distintas pantallas abiertas con datos del Skid y los NavSkids, Jeremy indicó al grupo que la nave no tenía ningún problema por el que tuviesen que usar el poder de Ace para regresar.
—Reúne a todos allí, por favor —pidió Mermaimon.
—Está bien —aceptó Jeremy.
—¿Va todo bien? —preguntó Koichi.
—Sí, sí, nada malo...
—No suenas del todo convincente —dijo Emily.
—Ya lo veréis cuando lleguemos —dijo la sirena.
Extrañados, se miraron unos a otros antes de que Odd, en la puerta, decidiese llamar a los demás antes que apareciese Timy y lo hiciese a su ruidosa manera. Para cuando el Skid atracó de nuevo en el hangar, todos esperaban nerviosos lo que fuera que estaba ocurriendo.
La primera en bajar fue Aelita, con una felicidad que a más de uno le hizo pensar que se había olvidado por completo que tenía un hermano atrapado en las garras de Xana-Lucemon. Los siguientes fueron los pilotos de los NavSkids, con caras de cansancio por el tiempo batallando en las naves. Previsora como nadie, Arya se había encargado de llevar un carrito con refrescos y algo de comer para el grupo, que lo agradeció con una alegría que no lograba opacar la de Aelita.
—¡Yla! —chilló la clon del viento cuando vio a Yumi salir cargando con la forma infantil del clon acuático —. ¿Estás bien?
—Creo que he gastado más energía de la cuenta —respondió con muy poca voz —. Pero ha merecido la pena, así que no importa...
—¿Cuándo te entrará en la cabeza que no tienes que esforzarte de más? —preguntó ayudando a la chica a sentarla y entregándole rápidamente un refresco.
—Es que se trataba de Chiaki... ¿No lo haces tú por Zoe?
Un grito ahogado hizo que todos volvieran la vista para ver salir a Mermaimon con un gran bulto a la espalda que más de uno tardó poco en identificar al reconocer el arma en las manos de Ulrich.
—¡¿Qué hace Neptunemon aquí?! —preguntó Odd.
—Tranquilos todos, está libre —dijo rápidamente la sirena.
—¿Estás segura? —preguntó Katsuharu.
—Del todo —asintió —. Dudo mucho que dejarse atacar al punto de empezar a desprender digicódigo forme parte de ningún plan de Xana-Lucemon.
—¿Ha salido digicódigo? —preguntó Takuya —. Pero si hasta ahora jamás habías logrado hacerle sangrar por un rasguño.
—Pues por poco Will y Neila se lo cargan —dijo con calma. Los dos mencionados desviaron la mirada rápidamente —. Ya os he dicho que no os culpo. Vosotros hacíais lo que se tenía que hacer, ayudar a la retirada —negó la sirena soltando el cuerpo del otro digimon en el suelo.
—¿Realmente es seguro tenerlo aquí? —preguntó Labramon.
—Dejadnos a nosotros —se adelantaron los tres ángeles, digievolucionando y posicionándose alrededor del digimon marino.
—¿Y bien? —pidió Kouji.
—No se siente nada raro —dijo Antylamon.
—Está libre, pero muy agotado —dijo Angewomon, una mano brillando ante la frente de Neptunemon.
—¿Agotado? Pero si para él todo lo que ha hecho seguro que no es nada —dijo Teppei.
—Vosotros habéis tenido la suerte de no haber sido poseídos jamás por nadie —dijo MagnaAngemon. Ante las miradas de sorpresa de todos, se echó a reír —. No, a mí nadie me ha poseído jamás. Simplemente digo lo que los que sí lo han estado me han comentado. Que se sentían cansados aun cuando no habían hecho nada en las últimas horas.
—Neptunemon ha estado poseído por mucho tiempo —dijo Antylamon —. Su mente ha debido de sufrir una presión muy fuerte que ahora, al desaparecer de golpe, le ha aliviado y le permite al fin descansar.
—Digamos que es una sensación molesta —se les acercó Impmon —. Para que lo entendáis, imaginad que os atan las manos y los pies con cuerdas y os tratan como marionetas —dijo señalando a los niños —. Imaginad que estáis así por mucho tiempo, siendo movidos por otra persona. Cuando las cuerdas se rompen, vosotros no habéis estado moviéndoos, pero sentís el alivio lógico que se siente cuando por fin descansas tras un largo trabajo agotador.
—Nunca he sido atado de esa manera, pero supongo que tienes razón —dijo Odd.
—La próxima vez, solo asiente como todos los demás y no hagas comentarios que te hacen parecer un idiota —negó Sissi —. Menuda cruz...
—Pues no me escuches.
—¡Estamos en el mismo grupo!
—Ya, ya, calmaos todos —pidió MagnaAngemon —. Por ahora, mejor llevemos a Neptunemon a descansar a alguna cama.
Con cuidado, los tres ángeles alzaron al digimon, cargándolo entre ellos hacia el cuartel. Mermaimon no tardó en seguirlos casi a la carrera, siendo rodeada por los Toucanmons y sus miles de preguntas dispuestos a ayudar en cuanto cualquiera necesitase.
—¿Cómo ha podido ser? —preguntó Tommy —. Hemos desactivado muchísimas torres, pero solo ahora parece ser que Neptunemon ha podido ser libre.
—La respuesta es fácil —dijo con una gran sonrisa Jeremy —. Debido a la caída del sistema de...
—He desactivado unas diez torres o así de golpe —se coló Aelita cubriéndole con ambas manos la boca a Jeremy —. Hasta ahora, desactivando una torre haces que se pierda un poco la comunicación entre las torres y la Rosa de las Estrellas. Pero perder tantas torres de golpe ha debido suponer una pérdida mucho más grande.
—¿Así de fácil? —preguntó Zoe.
—Bueno, también hay que tener en cuenta que Neptunemon es un digimon marino por mucho que pueda pasear también por la tierra como lo hace Mermaimon —se encogió de hombros —. Las torres marinas con las que Xana-Lucemon podía estar controlando a Neptunemon han ido menguando en número, haciendo que el control peligrase.
—Es decir, que básicamente hemos estado soltando la cuerda hilo a hilo cada vez que desactivábamos una torre. Pero hoy, en vez de un hilo, hemos pegado un buen corte y han saltado varias hebras —dijo Koichi pensativo.
—Correcto —sonrió la pelirrosa, soltando al informático y apartándose.
—Avísame cuando vayas a hacer ese tipo de cosas, que casi me ahogo —protestó Jeremy.
—Einstein, cuando hagamos una pregunta de tipo complejo, deja que Aelita la responda si está por aquí —dijo Takuya —. Sin ofender, pero es que por más que lo intento no te entiendo nunca.
—Eso me demuestra lo poco que prestáis atención en todo —murmuró el chico.
—Yo sí te entiendo —le sonrió Aelita —. Así que nada de estrés. Sigue siendo tú mismo y déjame a mí ilustrar debidamente a los Numemons.
—Eso, deja que Aelita nos... ¡EH! —protestó Takuya.
—¡Te ha llamado Numemon! —señaló Odd.
—Perdona que me una, pero a ti también te ha llamado Numemon. Que lo ha dicho en plural —se le apoyó Neila con una sonrisa maligna.
—¿Y cómo sabes que soy yo el otro Numemon?
—Porque solo a dos se os llama así, Oddmemon —se le apoyó al otro lado BlackGatomon.
—¡Anumemon! —exclamó Timy, saltando sobre los hombros de Ace.
—¡No uses a tu hermano como colchoneta! —voló Zoe hasta ella.
—¡Más alto, mami!
—Creo que ahora mamá es otra diversión para mi hermana —suspiró el gato plateado.
—Tranquilo, aún queda tu padre —le susurró JP.
—¿Por qué pareces tan asustado? —le preguntó Teruo.
—Mira, tengo unas ganas locas de recordar bien, porque cada vez que en mi mente aparece Ancient Garurumon, lo que quiero hacer al abrir los ojos a la realidad es esconderme debajo de un sofá o dentro de un armario cuando me cruzo con Kouji —dijo avergonzado.
—¡Venga ya! ¿Tú, asustado?
—¿Es que acaso jamás has recordado a ese digimon? —preguntó el del trueno.
—No sé, a mí me parecía serio más que... ¿Terrorífico?
Detrás de ambos, Teppei no pudo evitar dar media vuelta y regresar al cuartel dando como excusa querer ver cómo se encontraba Chiaki. La falta de recuerdos o imágenes repentinas en su mente le tenían cada vez más preocupado.
