Capítulo 161: Última preparación

Jeremy había logrado refugiarse de Emily y Koichi. Ambos se habían alegrado como todos de las buenas noticias sobre la posición de la torre que protegía MetalSeadramon, pero al instante ambos se habían mostrado molestos, bufándose como gatos para diversión de Impmon, y habían echado a correr hacia el informático. A Jeremy le vino justo para escapar de ambos.

Por otro lado, Neptunemon se había visto obligado a permanecer a refugio dentro de la cocina de los Toucanmons acompañado por LordKnightmon. Al Caballero Real le alegró saber que había sido liberado y pronto la noticia corrió hasta los oídos de Alphamon, que prometió pasarse en cuanto tuviera un minuto libre.

—Quiero ayudar —insistió el acuático.

—Aún no estás del todo recuperado —negó el rosado.

—Pero mi hermana va a bajar allí abajo, a esa torre de MetalSeadramon…

—Los chicos saben lo que han de hacer —aseguró —. A demás, primero tienen que asegurar la tierra al otro lado de esa torre. Sabes que nada les impide a los atrapados por Xana-Lucemon atacar desde ese punto, abrir las aguas y causarles mayores problemas que el propio MetalSeadramon.

—Pero…

—Los tres ángeles han sido rotundos. Sin asegurar el terreno y sin ayuda no van a bajar a esa torre —alzó la mano el rosado.

El ruido de platos rompiéndose sobresaltó a ambos. A unos metros, Yla empezó a respirar agitadamente mientras caía de rodillas al suelo, alertando a los digimons coloridos. Uno de ellos tardó poco en salir corriendo llamando a Chiaki. LordKnightmon se acercó a la clon y apoyó una mano en su espalda.

—¿Te encuentras bien?

—Aléjate, por favor… —pidió casi sin voz —. No quiero hacerte daño…

—No me harías daño, pequeña —dijo intentando incorporarla —. Ven a tomar asiento…

—No… No me muevas…

—¡Yla! —Mermaimon entró impulsada por una columna de agua que no tardó en rodear a la clon —. Tranquila, ya estoy aquí.

—¿Va todo bien? —preguntó Neptunemon, levantándose y acercándose.

—El ataque que recibió la primera vez que vinimos aquí ha debido afectarla —respondió la sirena rodeando completamente con agua al clon.

—Lo siento… Yo tomé parte en ese ataque…

—Olvidado —negó Mermaimon —. De tanto en tanto le dan algunos ataques como lo de ahora y lo único que parece calmarla es estar así. Lo descubrí la última vez.

—Seguro que encontraréis una solución —dijo LordKnightmon —. ¿Quieres que te ayude a llevarla a algún sitio?

—No es necesario. Así me es mucho más sencillo —aseguró antes de dar media vuelta y marchar con la esfera de agua en la que la ahora BlackAllymon dormitaba.

En la puerta de salida, BlackKazemon observó con tristeza a su amiga. Permaneció varios minutos en esa posición, haciendo caso omiso a las llamadas de LordKnightmon hasta que las figuras de Zoe y Kouji llamaron su atención e hicieron que caminase hacia ellos.

—Hey. ¿Va todo bien? —preguntó la chica.

—Sí, sí… Yla ha vuelto a ponerse mala —explicó.

—¿Eso era por lo que gritaban los Toucanmons? —preguntó Kouji.

—Sí —asintió —. Espero que se recupere…

...

Xana-Lucemon estaba inquieto en su trono. Ante él, un Phantomon le acababa de transmitir el informe de un espía que había logrado acercarse a sus enemigos. Saber que Neptunemon estaba con ellos y que podría unirse en sus viajes marinos hacia las pocas torres que le quedaban le preocupaba.

—Hay algo más, mi señor —dijo el de capa.

—¿Y a qué esperas para contarlo?

—Nuestro espía ha encontrado un eslabón débil entre los Guardianes.

—¿Un eslabón débil?

—Al parecer, uno de esos críos está teniendo problemas con algo. Pregunta qué quiere que haga al respeto.

El ángel caído sopesó por un momento la información. Sabía que era un sueño casi imposible, pero si alguno de esos críos podía ser atraído a sus garras, el golpe que recibirían sería enorme. Tras unos eternos segundos, volvió a mirar al Phantomon, una leve sonrisa asomando en sus labios.

—Dile que se acerque a él. Dile que le enviaré apoyo para atraparlo y traerlo a nuestro bando si lo ve necesario —ordenó.

—Así será, amo Xana-Lucemon —asintió con una reverencia.

El Phantomon abrió la puerta, sobresaltándose al no esperarse a Piedmon al otro lado. Desde su posición en las sombras, Myotismon observó cómo el de guadaña se hacía a un lado para dejar entrar al payaso. Al vampiro se le removió el estómago ante la visión de la gran felicidad que desprendía aquel digimon con espadas a la espalda.

—Piedmon, dime que traes buenas noticias —señaló Xana-Lucemon.

—El experimento ha salido bien —respondió.

—¿Bien? ¿Qué significa bien? —cuestionó con molestia el ángel caído. En su sitio, Myotismon sonrió levemente imaginando el castigo que recibiría el payaso.

—Desgraciadamente, la pérdida de energía ha provocado daños en los datos de MetalSeadramon, pero aun así hemos podido salvar el proyecto.

—¿De qué daños estamos hablando?

—Ha perdido su cuerpo supremo, pero hemos podido mantener a MegaSeadramon justo para que se fusionara con esos datos nuevos —explicó.

—¿Los ha aceptado exitosamente?

—Sí, mi señor —asintió Piedmon.

La sonrisa de Xana-Lucemon creció más que antes, fastidiando a Myotismon en su rincón. Se puso en pie y dio varios pasos hacia el payaso digital.

—Llévame hasta él. Quiero ver con mis propios ojos a quien va a atestarles un terrible golpe a esos niñatos del demonio —ordenó.

...

Los Toucanmons acababan de dejar la última fuente sobre la mesa cuando la puerta del salón en el que comían los chicos y sus digimons se abrió. Todos volvieron la vista, ligeramente preocupados, para ver quieto en la entrada a Agumon.

—¡Hola a todos! —saludó con una alegría que relajó la tensión de los chicos.

—Llegas justo a tiempo para comer. ¿Quieres? —preguntó Patamon.

—Vale, pero tendrá que ser para dos —dijo el dinosaurio.

—Oh, venga, no me digas que ahora vas a competir tú con los Guardianes Glotones, Agumon —suspiró Sissi, viendo de reojo cómo Odd empezaba a contar todo lo que había en las fuentes.

—No, no, es que vengo acompañado —dijo volviendo la vista a un costado —. Vamos, no seas tímido. Puedes entrar.

Salvo Odd, que seguía contando concentrado, el resto miró con atención hacia la puerta preguntándose quién debía ser el acompañante del digimon de Tai. Por casi un minuto, el dinosaurio naranja estuvo "hablando solo", animando a su acompañante a dar la cara. Las sillas no tardaron en ser arrastradas cuando el otro digimon al fin apareció a la vista.

—¡BLACKWARGREYMON! —chillaron. A la mención de ese nombre, Odd dejó de contar y observó boquiabierto.

—Tranquilos, tranquilos. Es un amigo —alzó las garras Agumon. En la mesa, Patamon y Lopmon reían a carcajadas mientras Gatomon saltaba de su sitio.

—Bienvenido, BlackWarGreymon. Me alegra que estés con nosotros —saludó.

—Agumon ha insistido —dijo a modo de excusa.

—Es que hemos estado hablando mucho él y yo —dijo Agumon buscando un sitio libre e invitando al oscuro a imitarle. Alguno se apartó varios centímetros.

—¿Has logrado un nuevo objetivo, BlackWarGreymon? —se interesó Lopmon.

—No —respondió simplemente el digimon. Un Toucanmon se acercó a ellos, dejando un plato a cada uno casi tirándolos.

—Aún estamos trabajando en ello —aseguró el naranja —. Pero es que hay cosas más importantes que su objetivo.

—¿El qué? —preguntó Patamon.

—Diles lo que me has dicho a mí —animó Agumon mientras se servía de una fuente.

Los ojos de todos estaban puestos en el ser oscuro. BlackWarGreymon, por su parte, observó el plato ante él y todos los alimentos allí reunidos. Lentamente, empezó a imitar lo que había hecho Agumon, poniendo nervioso a más de uno.

—Venga, si Agumon considera que nos lo tienes que contar a nosotros también, es porque ha de ser importante para todos —animó Patamon.

La mirada amarillenta se desvió levemente hacia el pequeño digimon, provocando escalofríos en los niños. Poco a poco, BlackWarGreymon dejó todo en su plato y volteó la cabeza completamente para mirarlo fijamente.

—Esas cosas de Xana-Lucemon, las torres, he oído que también están en las tres lunas.

Los tres pequeños ángeles observaron sorprendidos, pero no dijeron nada. Recomponiéndose rápidamente, pasaron la vista hacia los jóvenes, que parecían seguir procesando la información que el digimon negro había dado con una tranquilidad y falta de importancia.

—¡¿QUÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉÉ?!