Capítulo 162: Peón coronado
En el Skid, Koichi se recolocaba por enésima vez su traje de buceo mientras Aelita, a los mandos de la nave, repetía las indicaciones a quienes esperaban en los NavSkids que se abriera la parte inferior y les dejasen libres.
—¿Estás segura que quieres que vaya yo? Tú eres mucho más rápida buscando en los ordenadores de las torres.
—Lo sé, Koichi, pero también soy más rápida retirando el Skid —respondió la pelirrosa —. Lunamon, ¿todo bien ahí arriba?
—Perfectamente —aseguró la digimon —. ¡Lista para el ataque, capitana!
—Aelita, el equipo de tierra está en posición. ¿Cómo estáis vosotros?
—Aproximándonos en modo sigiloso, Jeremy —respondió —. Mermaimon, BlackCalmaramon, Neptunemon, Seadramon, Ikkakumon y Submarimon no son malos motores, pero tampoco tan potentes como el del Skid —suspiró.
—Para que el plan funcione debidamente, deberíamos ser capaces de desactivar ambas torres —dijo el informático —. Koichi lo recuerda todo, ¿no?
—Todo bajo control —se acercó el chico —. Aelita me lo ha enseñado en la torre del hangar y lo he memorizado, al igual que mi hermano. Desactivaré sin problemas el resto de torres activadas aquí abajo.
—Esperemos que todo salga bien...
—Saldrá, Jeremy, saldrá —aseguró Aelita —. Ve bajando, Koichi —señaló —. Vale, NavSkids, estamos a punto de llegar. Recordad, debéis encender el motor a mi señal.
—¿Seguro que no será peligroso? —preguntó Arya —. No les pasará nada a los NavSkids porque toquen el fondo marino, ¿no?
—Tranquila. Las armas del Skid funcionan aun sin tener en marcha el motor, al igual que los torpedos de los NavSkids —respondió.
—Lo que pretendemos es atraer la atención de MetalSeadramon con el sonido de cuerpos tocando el fondo. Todo muy normal —dijo JP.
—Voy a empezar a rezar para que el plan sea un éxito —dijo BlackGatomon.
—Por desgracia, aquí abajo solo contamos con la ayuda extra del tío de Odd —dijo Lunamon mirando al Seadramon que tiraba del Skid —. Ojalá hubieran más...
—Whamon y otros aliados que ha logrado reunir se acercan desde otras posiciones. Recuerda que su papel es más delicado.
—Cubrir cualquier sonido o perturbación que nosotros podamos producir y que alertaría a MetalSeadramon antes de tiempo —asintió Lunamon.
En el agua, los digimons marinos se detuvieron a una señal de Mermaimon. Pegada al suelo, avanzó sola bastantes metros antes de regresar y flotar hasta la ventana ante Aelita.
—NavSkids, os suelto —informó la pelirrosa mientras la sirena desaparecía hacia la parte inferior de la nave —. Mer, Koichi, Yla, echad una mano si hay alguno tumbado.
—Recibido.
La tranquilidad que les rodeaba estaba inquietando a más de uno en el lugar. Con el corazón a mil, Aelita mantenía la mano sobre uno de los botones de ataque, la vista fija al frente. Justo cuando Mer volvía a aparecer ante la ventana, tirando de la mano de Koichi, un rugido que provocó más de un sobresalto en todos y que la pelirrosa oyó al tener todos los canales de comunicación abiertos agitó las aguas peligrosamente.
—¡Ya viene! —exclamó Ikkakumon —. ¡Todos, tened cuidado!
—Mer, tienes que acercar a Koichi lo más rápidamente posible. Contamos contigo.
Asintiendo, la sirena volvió a descender con Koichi hasta tocar fondo. Rápidamente, llevó al chico hasta un montón algo espeso de algas tras el que se ocultaron.
—¿Estás bien? —preguntó Koichi.
—Nerviosa —reconoció.
—Es la última torre —asintió —. Es normal estar nervioso. Puede pasar cualquier cosa.
—Sí, bueno...
—¿Qué demonios pasa aquí? —preguntó de repente Submarimon —. ¿No se supone que nos íbamos a enfrentar a MetalSeadramon?
—Oh, no... MegaSeadramon —murmuró Neptunemon.
—¿Es peor? —preguntó Yla.
—En el tema nivel no —respondió Seadramon —. Pero sí por otro detallito.
—¿Cuál? —preguntó Aelita.
—El anticuerpo X —respondió Neptunemon —. Aelita, enciende ya las luces y empieza el ataque o mi hermana no tendrá ninguna oportunidad de acercarse a la torre.
—D-de acuerdo —respondió la pelirrosa.
Al instante, la luz iluminó todo en las profundidades conjuntamente a los ataques que los digimons y el Skid lanzaron. Los NavSkids tardaron poco en alzarse de sus posiciones y disparar. Desde su posición, Mermaimon observó cómo los Divermons empezaban a rodearlos, aunque también los digimons marinos aliados hicieron su aparición y arrasaron con todos los que pudieron.
—Nos movemos ya —susurró, tomando de nuevo a Koichi de la mano y nadando lo más pegados al suelo posible.
—Por ahí hay menos movimiento —señaló el chico, su escudo listo para protegerlos de cualquier ataque perdido.
Con algo de dificultad, ambos lograron superar la zona de batalla. Sin mirar atrás, la sirena siguió nadando todo lo rápida que podía hacia la torre mientras Koichi, arrastrado, vigilaba sus espaldas.
—Entra y desactiva todo esto ya —pidió soltándolo junto a la torre.
—Ten cuidado tú también —dijo antes de atravesar la pared y desaparecer.
Una explosión y un rugido hicieron que Mermaimon volviese de nuevo la vista hacia donde habían dejado a todos. Las vibraciones en el agua le indicaron sin posibilidad de error que todos se estaban acercando. La confirmación le llegó a modo de NavSkid; la nave daba vueltas sin control alguno. Conteniendo el aliento, nadó hasta ella y usó el ancla para detenerla, observando en su interior.
—¿Te encuentras bien?
—Creo que ha sido mala idea eso de merendar para pillar fuerzas —le respondió con la mano en la tripa Teruo.
—¿Está tu NavSkid bien?
—Sí... Ahora sí —respondió —. Gracias, Mer.
—De nada —sonrió —. Volvamos al combate.
Antes de que el chico pudiese decir nada, se lanzó a donde Neptunemon intentaba mantener alejado del Skid al extraño MegaSeadramon que había aparecido para enfrentarles.
—¿Una manita? —preguntó lanzando el ancla y acertando en el rostro de la serpiente marina.
—Nunca están de más, pero ten cuidado —advirtió Neptunemon —. Aunque no tenga su cuerpo supremo, con ese anticuerpo sigue siendo un peligro.
—¿Pero qué es eso exactamente? —quiso saber la sirena.
—No es el momento, hermanita. Céntrate en la pelea y en eliminarle.
...
En tierra, Kouji logró entrar sin problema alguno a la torre activada a pocos metros de la orilla más próxima a la última torre marina. En el exterior, JetSilphymon preparó su molinillo con BlackZephyrmon apoyada en su espalda.
—Deberían estar al caer —dijo Aldamon.
—Eso si no han decidido ir igualmente al chiringuito a tomarse un refresco —dijo Odd.
—No, nadie —negó CrossSpacemon. Al otro lado del vórtice abierto a su lado, CrossTimemon se entretenía saltando a la comba con una de sus cadenas.
—Esto es aburridísimo.
—¿Y por qué no saltas con alguien más? —preguntó Beelzemon, cruzando el vórtice y acercándose a la dorada.
—Vale, tú la llevas —le entregó la cadena.
—¿En serio crees que es momento de ponerse a jugar? —preguntó Jeremy. MachGaogamon empezó a reír a su lado —. Eh, esto es serio.
—Relájate. Los gemelos lo harán bien —dijo MagnaAngemon.
—Y si lo que te preocupa es el ordenador, Izzy puede con todo —añadió MegaKabuterimon al otro lado del vórtice.
—Chicos, Kouji ya ha desactivado esta torre. Atentos —avisó JetSilphymon.
—Oh, mami, pero si seguro tardan un rato en llegar —respondió CrossTimemon, saltando la cadena con Beelzemon.
—Cierto. Son como caracoles sobre tortugas lisiadas —afirmó Beelzemon.
—No sé yo si son tan lentos como los pintas —negó Leire.
—Créeme. Timy y yo batiríamos el récord de saltos en pareja antes de que ellos llegaran algo así como un centenar de veces —dijo mientras la dorada contaba en voz alta los saltos que ya llevaban.
—¡Chicos!
El grito de WarGreymon hizo que todos en el mismo lado del vórtice que CrossSpacemon se asomaran para ver al digimon corriendo hasta ellos. Por detrás, a un ritmo muchísimo más tranquilo, BlackWarGreymon parecía estar simplemente paseando por la playa.
—¿Qué pasa?
—Aelita ha informado que no es MetalSeadramon quien está ahí abajo.
—No jodas que Xana-Lucemon les ha puesto traje de buceo a todos ahora —dijo Odd con los ojos muy abiertos.
—MegaSeadramon X —dijo BlackWarGreymon como si no pasara nada.
—¿Cómo es eso posible? —preguntó Antylamon saltando el vórtice y corriendo hacia el hangar.
—¿Alguien hace el favor de decirnos quién es ese digimon? —pidió Sissi.
—Es la forma previa de MetalSeadramon... —empezó a decir Angewomon.
—Pues si es previa, deberían tenerlo fácil los otros, ¿no?
—Odd, ¿qué día dejarás que acaben de hablar los mayores? —preguntó Cerberusmon.
—Afectado por el anticuerpo X —finalizó con clara molestia la fémina del trío angelical.
—¿No son cosas buenas los anticuerpos? —preguntó Grumblemon.
—Dejando a un lado las clases de biología —intervino MagnaAngemon ante el claro gesto de Angewomon —, que MegaSeadramon haya sido capaz de aceptarlo hace que en cierto modo dé igual si tiene un cuerpo supremo o no.
