Capítulo 163: La locura de MegaSeadramon X
Neptunemon no podía evitar sentirse mal al no ser capaz de lidiar él solo con la gran serpiente marina que les impedía moverse del lugar. Con la gran cantidad de Divermons y monstruos de XANA flotando por todas partes, la única ayuda que disponía era la de Mermaimon al obligar a Seadramon, a Ikkakumon y a Submarimon a permanecer cerca del Skid.
—¿Tan poderoso hace a un digimon ese anticuerpo?
—Hay algo más, Mer —respondió —. Aunque sí, su velocidad y potencia se deben a ello.
—Maldición... Casi prefería tener que enfrentarme a MetalSeadramon —bufó.
—Por ahora, lo que debemos hacer es seguir entreteniéndole aquí para que tu amigo pueda trabajar a salvo.
—Sí, lo sé —asintió dando un vistazo rápido a la torre.
Hacía rato que el verde iluminaba la parte superior de la torre. Al principio, a la sirena le había preocupado que MegaSeadramon X diese media vuelta y se lanzase contra ella, ignorando todos los ataques e importándole bien poco las heridas que pudiesen causarle. Pero por alguna razón, la serpiente marina ni se había fijado en ese detalle que, sin duda, habría causado un enorme problema directo a la Rosa de las Estrellas.
—¡Atención todos! —oyó gritar a Aelita.
Sin mirar siquiera, enredó su ancla en la lanza de Neptunemon y tiró de él fuera de la trayectoria de tiro del Skid. Más veloz que el digimon masculino, acomodó nuevamente su arma y se lanzó al rostro de MegaSeadramon, esquivando por poco los dientes de la serpiente.
—¡OS VOY A DESPEDAZAR A TODOS, MALDITOS!
—Cielos, suena desesperado —murmuró la sirena.
—Quizás la fusión del anticuerpo no ha sido del todo exitosa y está provocándole algún tipo de daño —comentó Neptunemon arrojando la lanza y dejando que ésta persiguiera un rato a su objetivo.
—¿A qué te refieres?
—No todos los digimons pueden soportar el anticuerpo X, hermanita —dijo mirando alrededor —. Muy pocos lo tienen innato en sus datos. El MegaSeadramon que ves aquí mismo no lo es. A él se lo han implantado, me temo que a la fuerza. Y eso ha hecho que pierda la cabeza de esa forma. Me da algo de pena, la verdad...
Mermaimon volvió a mirar al digimon enemigo. Sin duda alguna, que hubiese sufrido esa transformación era a causa del desespero de Xana-Lucemon ante la inminente derrota que iba a sufrir. Apartó las dudas y se lanzó de nuevo al ataque apoyada por Neptunemon.
En el Skid, Aelita y Lunamon disparaban a todo cuanto molestaba de más a los compañeros. La pelirrosa no podía evitar sentirse inquieta, mirando una y otra vez un mapa holográfico a un costado de la nave.
—¡Potencia a tope, capitana! —exclamó la conejita por encima de ella.
—¡Atención NavSkids! —dijo.
Al instante, las pequeñas naves empezaron a dispersarse. En su posición, Lunamon disparó un rayo de energía que barrió una gran cantidad de monstruos y Divermons. En cuanto el ataque se deshizo, los NavSkids volvieron al ataque.
—Tres minutos para retomar la energía de nuevo —informó la digimon.
—El siguiente objetivo será MegaSeadramon de nuevo —le indicó la humana.
—Recibido.
—Aelita, sé que es necesario, pero si seguís atacando con esa potencia, la energía del Skid se acabará en cinco disparos —informó Izzy.
—Los gemelos, ¿cómo van? —negó.
—Pues sorprendentemente, a la par. No sabía que los gemelos serían tan idénticos hasta en esto —respondió el adulto.
—¿Y los enemigos?
—Justo ahora han cruzado los que estaban aquí para unirse a la pelea en la otra torre.
—¿No te han dicho nada más?
—¿Qué más quieres que me digan?
—Apollomon. ¿Estaba allí?
—Aelita, creo que hay otras cosas más importantes en las que centrarse ahora, ¿no?
—Sí, tienes razón. Perdón...
Tomando aire profundamente un par de veces, Aelita volvió a fijar la vista en la batalla bajo el agua. Todos parecían estar llevando sus peleas con cierta facilidad, aunque la inacabable cantidad de enemigos preocupaba ligeramente a la pelirrosa. Cuanto más tiempo pasaba, más cansados se iban a encontrar los digimons en el agua y más energía gastaban el Skid y los NavSkids.
—¡Torres desactivadas! —exclamó de pronto Izzy.
Inevitablemente, la pelirrosa volvió la vista al mapa holográfico a su lado. Los pocos puntos rojos que quedaban empezaron a volverse verdes en cadena, indicando el final de la misión. Estaba a punto de informar a todos cuando MegaSeadramon X rugió con rabia, desprendiendo una onda que sacudió a todos, tanto aliados como enemigos.
A poca distancia de la serpiente marina, Mermaimon se cubrió los oídos con ambas manos. La sensación de algo pasando muy cerca de ella la hizo encogerse hasta que su cola casi cubrió todo su cuerpo.
—Mer, ¿estás bien? —preguntó Neptunemon tirando de ella y cubriéndola con su propio cuerpo.
—Sí... Me ha pillado por sorpresa...
—Echémonos hacia atrás. Esto no me gusta nada —dijo retrocediendo hacia el Skid.
—¡Alguien que me ayude! —oyeron a Neila en uno de los NavSkids —. ¡Yla está herida!
—Oh, no —murmuró Mermaimon, librándose de la protección de su hermano y nadando hasta donde se encontraba el NavSkid cubriendo el cuerpo caído de BlackAllymon —. ¡Yla!
—No he visto lo que ha pasado, solo que se ha quedado quieta y se lanzaban a por ella —dijo la chica.
—Tranquila, la sacaré de aquí ahora mismo.
—¡MegaSeadramon se dirige a la torre! —exclamó Submarimon.
—No... ¡Koichi! —exclamó Mermaimon con la pequeña clon en los brazos.
—Yo me encargo de Yla. Tú nada rápida con Neptunemon y saca de ahí a Koichi —dijo el digimon de Cody.
—Gracias.
Dejando con cuidado al clon, Mermaimon se lanzó aún más rápida de lo que había estado haciéndolo hasta alcanzar a Neptunemon en su persecución a MegaSeadramon X.
—Si el chico sigue ahí dentro, está acabado —dijo el digimon.
—Jeremy comprobó antes las uniones de esa torre. Si quiere, Koichi puede dejarse caer y trasladarse a una torre a un par de leguas —negó intentando dar esperanzas, pero ella era la primera que estaba terriblemente preocupada.
—¡OS APLASTARÉ A TODOS Y LUEGO ACABARÉ CON TODOS LOS DEMÁS! ¡ESE ESTÚPIDO CREÍDO NO TENDRÁ EL PRIVILEGIO DE ELIMINAR A QUIEN LE RIDICULIZÓ JAMÁS! —exclamó MegaSeadramon antes de tirarse de golpe contra la torre.
—Dios, que Koichi haya podido bajar sin caer —murmuró Mermaimon.
Un movimiento en la base de la torre alertó a la sirena, que intentó por todos los medios no gritar el nombre del chico que empezaba a ser engullido por la arena alzada ante cada sacudida de MegaSeadramon X.
—Yo lo distraeré, pero no tendré el tiempo suficiente como para que lo pongas del todo a salvo —le susurró Neptunemon.
—Será más que suficiente —aseguró antes de lanzarse de nuevo a nadar a ras del suelo.
Un potente disparo por encima de ella le indicó que el Skid estaba también cubriéndoles, acercándose lentamente. La idea le transmitió un poco de tranquilidad, pero la poca visibilidad con la que contaba el guerrero de la oscuridad no ayudaba a disipar los nervios que recorrían todas y cada una de sus escamas.
—¡Koichi! —llamó, más para hacerle saber que era ella que otra cosa.
—¡No te acerques más! —le oyó gritar.
—Pero...
—Estoy bien. Céntrate en MegaSeadramon pero a distancia —dijo.
Apretando el ancla, Mermaimon alzó la vista a donde Neptunemon seguía intentando apartar a la serpiente de la torre. Cada dos por tres, la cola del digimon más grande impactaba contra la torre levantando más arena que aún ocultaba más a Koichi.
—¡Mi misión es sacarte de ahí! —dijo lanzándose sin mirar hacia el suelo.
—¡No lo hagas! —exclamó Koichi, pero la sirena ya estaba allí.
—Vamos a...
—Agáchate —ordenó alzando su escudo por encima de ambos.
Una extraña agitación alertó a la sirena, que alzó la vista justo para ver cómo impactaban algunos disparos sobre el escudo. Por reflejo, se encogió aún más en el espacio que Koichi lograba cubrir al tiempo que un extraño frío empezó a hacerla tiritar.
