Capítulo 165: Último combate en la playa
En tierra, Ulrich fue el primero en apretar sus armas al ver el grupo regresando hasta donde estaban. Aunque al principio le preocupó que huyesen porque Xana-Lucemon había vuelto a enviar a Duftmon y su equipo, que MagnaAngemon le confirmase que sólo les seguía MegaSeadramon X le tranquilizó algo.
—Ya sabéis lo que hay que hacer —alzó la voz Antylamon —. Permaneced todos a la distancia que os hemos indicado y todo irá bien.
—Fácil decirlo pero creo que será difícil ponerle en práctica —dijo Grumblemon —. Y eso que mi trabajo es simplemente alzar algún que otro muro de tierra para amortiguar los ataques que los mellizos no puedan detener...
—Pero es solo un enemigo, ¿no? Deberían poder con ello —comentó pensativo Cerberusmon.
—Si lo que le han dicho a Izzy los del mar es cierto y ese digimon está loco, es demasiado impredecible —dijo MegaKabuterimon.
—Impredecible o no, se va a llevar una buena hostia al final —se encogió de hombros Beelzemon.
—Ulrich, escapa ya hacia la orilla para ayudar a Leire y a Will con los heridos —indicó Angewomon —. Los demás, en posición.
—¡Entendido!
Poco más de dos minutos después, el grupo en el aire se desvió para permitir los ataques de los que esperaban en tierra. Sin duda alguna, MegaSeadramon X se lanzó ignorando por completo a los que estaban en el aire. Aprovechando eso, Wingdramon cambió la dirección hacia la orilla junto a D'Arcmon para dejar bajar a los demás.
—¡OS VOY A DESTROZAR LA VIDA, ESTÚPIDOS GUARDIANES! ¡Y A VOSOTROS OS VOY A HACER SUFRIR, ÁNGELES! ¡ESPECIALMENTE A TI, MAGNAANGEMON! ¡NO LE VOY A DEJAR SABOREAR NINGUNA VENGANZA A ESE BASTARDO TRAIDOR! —rugió la serpiente.
—Otro que me la tiene jurada —suspiró el ángel.
—¿Quién te manda enfadar a todo el mundo? —preguntó burlón Antylamon.
—¡Eh, gusano deforme! —llamó Angewomon —. ¿Qué tal si mueres como la última vez?
—¡NO CREAS QUE CAERÉ EN NINGUNA TRAMPA VUESTRA, ÁNGEL CREÍDA! —rugió antes de lanzar un ataque que la digimon esquivó sin dificultad.
—Menuda potencia —silbó Grumblemon.
—Ese debe ser el peligro que nos han estado advirtiendo los ángeles —dijo MachGaogamon.
—Menos charla y más acción, chicos —llamó Lilamon.
En un visto y no visto, MegaSeadramon acabó rodeado, siendo atacado por todos lados al mismo tiempo. Aquello no parecía afectarle de ninguna forma a simple vista, pero la rabia que desprendía pronto hizo retroceder varios pasos a todos.
—¡NINGÚN DIGIMON PODRÁ JAMÁS CONMIGO! —rugió lanzando un nuevo ataque.
—¿Eso crees? —preguntó CrossSpacemon apareciendo ante él.
La mirada victoriosa de la serpiente se esfumó cuando sintió un fuerte golpe en la nuca. Al aclararse su vista, comprobó que aquel digimon plateado había logrado atrapar su ataque y se lo había devuelto por la espalda. Enrabiado, se lanzó contra él buscando atraparlo, pero desapareció sin dejar señal.
—¡DEJAD DE BURLAROS DE MÍ! —exclamó mirando a un lado y a otro.
Un destello dorado le hizo moverse a un lado para esquivar por milésimas a CrossTimemon, pero no pudo hacer nada contra la espada de MagnaAngemon y los disparos de Beelzemon.
—Muy lento, colega —le sacó la lengua el demonio.
—¡TÚ! ¡TRAIDOR DE LA OSCURIDAD! ¡VAS A CAER JUNTO A ESTOS MALDITOS INSECTOS! —rugió, ignorando la otra figura que se alzaba a su espalda y acertaba una flecha en el mismo punto donde había impactado su propio ataque.
—Se te acabó el juego MegaSeadramon. Ya has perdido bastante —dijo Angewomon, otra flecha lista para disparar.
—¡NO CREÁIS QUE VUESTROS GUARDIANES PODRÁN VENCER A XANA-LUCEMON! ¡ÉL ES MIL VECES MÁS PODEROSO QUE ANTAÑO! —exclamó alzando la cola para golpear a Angewomon.
Un nuevo ataque golpeó a MegaSeadramon X, que se olvidó por completo del ángel para buscar al causante de aquella punzada en su nuca. Por diez largos minutos, el grupo de digimons se dedicó a marear a la serpiente marina digital hasta que dos vórtices se abrieron en lados opuestos. Preocupado por lo que podría salir de ellos, MegaSeadramon vigiló a un lado y a otro, sonriendo al ver a los digimons del tiempo y el espacio en cada uno de ellos listos para saltar.
—¡SI CREÉIS QUE PODÉIS ATRAPARME EN UNA DE ESAS ESFERAS VUESTRAS COMO AL IDIOTA DE MACHINEDRAMON, ESTÁIS EQUIVOCADOS, PEQUEÑAS MOLESTIAS! —rió.
—¿Quién ha dicho que vayamos a atraparte en nada? —cuestionó con falsa inocencia la digimon del tiempo.
—¡¿QUÉ?!
—¡Tornado feroz!
—¡Tornado negro!
Para cuando MegaSeadramon X se dio cuenta de lo que ocurría, las cadenas de CrossTimemon habían tejido una red comunicando ambos vórtices de su hermano, obligado a permanecer en la trayectoria de los dos digimons que acababan de aparecer por los otros dos costados. Rompiendo en su camino las cadenas que la digimon dorada había soltado, los dos Grey impactaron contra la serpiente, provocando la aparición de su digicódigo.
—Te has confiado demasiado, MegaSeadramon —dijo WarGreymon.
—MALDITOS ELEGIDOS...
—Al final, has resultado ser más débil de lo esperado —dijo BlackWarGreymon alzando una de sus garras —. Decepcionante.
—Eres libre de dejar claro quién es más fuerte —invitó el naranja con un gesto que el negro no tardó en aceptar.
BlackWarGreymon se lanzó con ambas garras por delante, acabando del todo con MegaSeadramon y dejando el cúmulo de datos ahí flotando. Wingdramon fue el que se acercó, Jeremy en su hombro con el D-Tector en alto.
—Espíritu ennegrecido por la maldad, la luz de los astros tu noche alumbrará. ¡Digicódigo, captura!
—¿Y para qué quieres tú sus datos? —añadió CrossTimemon.
—Será interesante estudiar eso del anticuerpo X —respondió como si nada.
—¡Nada de ponerte ante el ordenador otra vez, Einstein! —se asomó por ese mismo vórtice Sissi —. ¡Hay que celebrar que hemos acabado con las torres del mar!
—¿Celebrar? —preguntó Odd en el otro vórtice —. Hay torres en las dichosas lunas... ¿Qué vamos a celebrar?
—Maldito Odd —murmuró Sissi.
En tierra, Sissi se había movido de donde estaba junto a CrossTimemon para golpear con los látigos a Odd. Más de uno estalló en risas por el espectáculo. Con calma, el grupo empezó a caminar hacia la orilla para reunirse con los demás.
—Qué raro que Kouji no se haya unido a la fiesta —dijo Tommy estirando los brazos.
—Chiaki estaba bastante nerviosa y creo que no sólo porque Timy la ha pescado en la misma cadena que Koichi —respondió pensativa Zoe —. Y aunque el pobre mío es bastante ciego en esto, se ha quedado con ella... Supongo que Kouji ha querido quedarse también con ellos...
—No, lo que pasa es que Kouji no quiere revelarme su secreto —se cruzó de brazos Takuya.
—¿Su secreto? —preguntó más de uno.
—Ahora estoy intrigado —dijo Antylamon.
—¡El muy cabrón ha hecho aparecer las dos ametralladoras de MagnaGarurumon! ¡MagnaGarurumon! —exclamó. Junto a él, Zoe se cubrió el rostro con una mano y empezó a remugar en italiano —. ¡¿Sabéis lo guay que sería que yo pudiese sacar la espada de KaiserGreymon?!
—¡¿Pero para qué demonios necesitas tú esa espada si digievolucionado también tienes armas?! —espetó Sissi.
—¡La espada! —insistió.
—Dejadlo, que sus neuronas no dan para más —negó la rubia.
—Takuya, son dos metralletas —intentó decir Katsuharu.
—¡Esa no es la cuestión! —negó —. ¡Que él es el objetivo número uno de Xana-Lucemon!
—¿Desde cuándo? —preguntó Zoe extrañada.
—Desde que es luz.
El silencio que se hizo tras esas palabras solo fue roto por la dedigievolución de Angewomon. Sin decir ni una palabra, adelantó al grupo y alzó las garras al cielo, extrañando a más de uno pero haciendo reír a sus dos compañeros angelicales.
—Permítenos recordarte que ella también es un digimon de luz —señaló Antylamon posando una mano en el hombro del chico —. Y si tuviésemos que poner en una balanza quién es actualmente más peligroso, ella está por encima de Kouji sobrada.
—Sí, bueno, pero...
—Takuya, una palabra más y Leire vuelve a ser soltera —espetó Emily —. Palabra de gata.
—Qué poca preocupación mostráis por lo que puede pasar —negó.
—Tranquilo, amigo —se acercó Odd antes de susurrar —. Yo también creo que eso de que Kouji vaya sacando tantos ases en la manga, con la faena que queda, es demasiado peligroso sin un comodín en la recámara.
Los gritos de quienes faltaban en el grupo hicieron que todos aceleraran el paso. Quienes habían deshecho sus transformaciones alzaron los D-Tectors, a la espera de ver la situación antes de decidir qué digievolución usar.
El Skid, los NavSkids y los digimons aliados ocupaban la orilla como si una tempestad los hubiese arrastrado tras naufragar. Tras asegurar que no existía ningún digimon o criatura enemiga atacando o poniendo problemas, todos se acercaron a la carrera dispuestos a ayudar cuanto fuera necesario.
—¿Qué ha ocurrido? —preguntó MagnaAngemon.
—Yla —respondió Kouji con las manos en los bolsillos.
A varios metros, Mermaimon lloraba entre Koichi y un bastante nervioso Neptunemon. No mucho más apartada, BlackZephyrmon miraba al horizonte de pie, en silencio. Hasta que Zoe no se le acercó, la clon no dedigievolucionó y empezó a llorar.
