Capítulo 166: ¿Por qué?

Nadie alzó la voz tras las palabras de Aelita. A la pelirrosa le había costado más de lo imaginado narrar cómo, tras un par de minutos desmayada, BlackAllymon había digievolucionado a BlackRanamon y, sin previo aviso, había empezado a atacar con su vapor oscuro los NavSkids, causando daños en todos los que se le habían acercado.

—Debí haberme quedado con vosotros —murmuró Chiaki, encogida en su silla.

—Koichi no tuvo tiempo de contarte el plan que había ideado —intentó calmarla Aelita —. Y estoy segura que ni él pensaba que acabarían las cosas así...

—Pero Yla ha estado mal últimamente... Y conmigo ha sido con la única que ha estado bien todas esas veces... Debería haber seguido ahí con ella para ayudarla —insistió la chica.

—No lo entiendo —dijo Emily pensativa —. ¿Cómo ha podido pasar? Justo ahora.

—Recordemos que Yla es un clon —puntualizó JP —. Al contrario que los digimons normales, ella ha sido creada.

—Era nuestra aliada —rebatió Sissi.

—No intento insinuar nada —agitó las manos rápidamente —. Lo único que quiero decir es que, al ser un clon, una creación, las cosas la afectan de forma diferente a un digimon de carne y hueso nacido de forma natural.

—JP tiene razón —asintió Jeremy —. Lo que le ocurre a un ser artificial no se puede comparar a lo que le sucede a un ser vivo que...

—¡Yla era un ser vivo también! —estalló Chiaki.

—Tranquila, Chiaki —le tomó la mano Aelita —. Intentamos entender por qué Yla ha actuado así.

—Estoy segura que todos pensáis que en realidad ha estado fingiendo mientras ha estado aquí, con nosotros —dijo seriamente.

—¡No! Nunca pensaríamos eso —dijo rápidamente Takuya —. Bueno, quizás cuando apareció en la Tierra la primera vez tuvimos todos nuestras dudas y tal, pero nos ha quedado claro que es una aliada.

—¿Entonces por qué todas vuestras opiniones sobre lo ocurrido parecen apuntar a "como es un clon, evidentemente solo puede habernos traicionado o Xana-Lucemon ha logrado ponerle de nuevo los hilos con los que manejarla"?

—Tranquilízate, Chiaki —pidió Zoe —. No saques conclusiones precipitadas de...

—No me digas que estás a favor de ellos.

—Calmaos todos ya —alzó la voz Gatomon —. Yla nos ha atacado y ha escapado. Mal que nos pese, Chiaki, la única idea que se tiene es que haya regresado a la Rosa de las Estrellas, con Xana-Lucemon.

—Hay que preparar un plan por si se presenta como enemiga —dijo Lopmon.

Las voces volvieron a alzarse caóticamente en una batalla en la que Chiaki respondía a absolutamente todos, independientemente de si parecían o no opinar como ella. En una esquina, BlackTamekimon seguía encogida, abrazándose las piernas, con la vista fija en los chicos y los digimons hasta que un golpecito en su hombro llamó su atención.

—¿Tienes algo que decir? —preguntó Kouji.

—Eres la única que aún no se ha pronunciado al respeto —añadió Patamon en la cabeza del chico.

—Yo... No sé qué decir —desvió la mirada hacia donde Zoe retenía a Chiaki.

—Tu cabeza no para de dar vueltas —sonrió el digimon —. Desde donde estaba podía ver que hay algo que te está reconcomiendo más que a Chiaki el no haber estado para retener a Yla.

—Supongo... que sí hay algo —vació.

—Dejadme a mí eso de callar a los demás —dijo Kouji buscando rápidamente —. ¡Timy! ¡Ace!

—Papi, que conste que no estoy animando para que mamá se ponga a repartir collejas a todos —alzó ambas manos la elfita.

—No sé por qué creo que es precisamente lo que desea —murmuró Patamon.

—¿Podéis traer un poco de silencio? —pidió.

—Pan comido —asintieron.

Dos segundos después, las miradas de rabia de todos cambiaron por varios segundos a sorpresa al darse cuenta que no oían nada ni eran capaces de pronunciar sonido alguno.

—Gracias, chicos —sonrió Patamon. En la mesa, Gatomon y Lopmon empezaron a señalar sus gargantas —. Luego os liberamos poco a poco —les dijo, ganándose un bufido silencioso de la gata.

—Y a todos los demás que os la habéis pasado lanzando acusaciones a diestra y siniestra —añadió Kouji mirando uno por uno a los demás —, se os ha pasado por alto que contamos con alguien que puede ayudar.

—Yo... es un pensamiento nada más, pero... —empezó a decir Kim.

—Algo es algo —aseguró Patamon —. Va, cuéntanoslo.

—Creo que lo de Yla se debe a las torres —dijo la clon. En su esquina, Jeremy empezó a teclear a toda velocidad.

—"Si fuese así, tú también estarías afectada" —leyó Kouji.

—Sí... Bueno, no... No lo sé —sacudió la cabeza —. Yo soy un error de nacimiento. Yla era "perfecta" —el portátil empezó a pasar de uno a otro haciendo reír a los Crossedmons.

—"Deja de decir que eres un error, ¿quieres?" —leyó Patamon mientras Zoe señalaba las palabras con insistencia.

—Bueno, eso decían de mí —se excusó rápidamente.

—Aun así, si las torres les afectan a los clones, tú también deberías ser afectada —dijo Kouji.

—Sí, bueno, en el tema de energía posiblemente —asintió —. Mira por ejemplo a Duskmon —dijo. El portátil voló hasta las manos de Koichi.

—"Ahora que lo dices, es cierto que aun siendo dos digimons híbridos o de cuerpo perfecto, cuesta mucho acabar con él" —leyó Kouji —. ¿Pero eso no habíamos acordado que era porque él se alimenta de todas las emociones y energías negativas que ocupan el Digimundo? —le preguntó.

—Supongo que las torres son las encargadas de canalizar esas emociones y energías dondequiera que se encuentre —respondió Patamon.

—Eso creo yo también —asintió Kim.

—Pero a Yla no le ha pasado nada antes y tú sigues bien —dijo Timy —. ¿Por qué?

—Creo que... —empezó a decir.

Ante ella, todos se inclinaron hacia delante en sus asientos, incapaces de pronunciar palabra alguna, claramente ansiosos de que la clon del viento continuase su línea de pensamiento.

—Yla fue modificada —dijo lentamente —. Con la intención de vigilarme a mí, un clon defectuoso que resultó tener una pequeña utilidad, le insertaron un programa que la obligaba en cierto modo a estar pendiente de mí.

—No creo que se haya sentido obligada —negó Patamon —. Se notaba mucho la preocupación que sentía hacia ti.

—Cierto. Siempre ha estado vigilándote, pero porque ella así lo quería —añadió Kouji.

—Quizás habrá sido porque el programa sufrió algún fallo o algo —se encogió de hombros Ace. El teclado en manos de Jeremy hizo que todos volviesen a leer la pantalla.

—"Si hubiera contado con un súper escáner..." —leyó Kouji —. Ya, Einstein, déjate de inventos.

Risas silenciosas atacaron a Odd y Takuya en sus sitios. Junto a ellos, Sissi, Leire, Neila y Aelita negaron una y otra vez, claramente murmurando algo que, por el efecto de los poderes de los mellizos digitales, nadie escucharía jamás.

—Simplemente quiero decir que el programa empezó a fallar y, como era un programa ideado para vigilarme a mí y yo ya no estaba allí, Xana-Lucemon no se preocupó en repararlo —siguió contando Kim —. Yla no pasó por un reajuste de datos, empezó a tener los problemas que tuvo y escapó sin haberse sometido a ningún cambio en sus datos —dijo.

—Así que se unió a nosotros con un "error de datos" que no afectaba nada "importante" —dijo Kouji —. Sus datos de combate seguían funcionando debidamente.

—"Pero eso no explica que haya sido ahora cuando nos ha traicionado ni la relación con las torres" —leyó Patamon la pantalla ante JP.

—Yla ha estado malita desde que la golpearon en la playa —dijo Timy.

—¿Y si fue entonces cuando ese "error de datos" empeoró? —preguntó Ace.

—¿Es eso posible? —preguntó Kouji.

—Bueno... —los ojos de Kim se desviaron a Jeremy tecleando —. No hace falta que lo escribas, seguro que estás diciendo que "un escaneo nos lo habría confirmado" —el color subió a las mejillas del informático.

—En serio, cambia la frase —le susurró Patamon.

—Pero sí, es posible —asintió la clon —. Y como no imaginábamos que ya tenía un fallo en su interior, no se nos ocurrió que el golpe le habría empeorado ese fallo.

—"¿Y las torres?" —leyó Timy —. Tío Beat, eres un pesado con las torres —dijo. JP empezó a mover los labios con claro enfado —. Que no se te oye —le sacó la lengua antes de desvanecerse.

—¿Y si las torres activadas funcionan como una especie de actualización para los clones? —preguntó Kouji —. ¿Es eso posible?

—Chicos, liberad a Aelita —pidió Patamon —. No me apetece leer todo lo que escriba Jeremy y, a continuación, la versión reducida de Aelita.

—¡A la orden! —exclamaron.

—Qué alegría oír mi voz de nuevo —fue lo primero que dijo la chica —. A tu pregunta, en Lyoko yo era capaz de anclar el Skid en una torre —respondió —. También podía extraer datos, pero lo hacía desde el Skid y unida. Yla se ha mantenido siempre nadando de un lado para otro.

—Pero pensemos en forma terrestre y para que los cerebros de Numemon lo comprendan —dijo sin mirar a nadie —. ¿Puede haber actuado Yla como un teléfono móvil a una red Wi-fi?

—Cabe la posibilidad, sí —asintió —. Y eso también se podría extender a Kim y a Duskmon.

—Pero Kim no ha estado mal y fue atacada —dijo Ace.

—Espera... —alzó la mano Aelita —. Ace, trae a Ignitemon del castillo de Seraphimon.

—Voy —asintió abriendo un vórtice a sus pies y desapareciendo.

—¿Qué se te ha ocurrido?

—Los clones han debido salir de algún sitio, porque no me creo que hayan nacido de digihuevos —dijo —. Kim salió directamente defectuosa y pretendieron eliminarla nada más aparecer, no repararla. Pero a Yla le insertaron un programa de control y claramente Duskmon ha debido pasar por algo similar antes de poder digievolucionar así sin más.

—Entonces...

—Yla y Duskmon fueron creados correctamente y entraron de nuevo al lugar de nacimiento para recibir las mejoras. Quizás, y solo quizás, esos cambios ayudaron a que su comunicación con las torres fuese como tú has dicho, en plan un móvil a internet.

—¡Aquí lo traigo! —apareció el gato plateado.

—Hola —saludó Ignitemon —. Ace me ha dicho que necesitáis mi ayuda... Pero yo soy muy inútil...

—No, no lo eres —negó Aelita —. Dime, allí donde os tenían a Alex, Coro y a ti... ¿había algún objeto raro? Algo como un tubo o similar.

—Pues... como no sea el objeto al que se cogía la medusa rara que tienen en el castillo...

—Ya está, ha de ser eso —declaró con una palmada —. El ataque desestabilizó algo en los datos de Yla, que ha estado actuando raro por la influencia de las torres activadas y nuestras desactivaciones.

—Y esta última vez, Koichi y yo hemos desactivado más torres que nunca —dijo Kouji, volviéndose hacia Chiaki —. Así que, si hemos de señalar a algún culpable de lo ocurrido a Yla, esos somos mi hermano y yo.

Aunque el silencio seguía reinando gracias al poder de los Crossedmons, evidentemente todos se habrían callado. Lentamente, Kim se acercó a la guerrera del agua y la abrazó algo temblorosamente. Unos minutos después, los mellizos liberaron a todos del silencio obligado, pero nadie alzó la voz más de la cuenta.