Capítulo 167: Pesadumbre
Xana-Lucemon sonrió con superioridad al ver, inclinada ante él, a BlackRanamon. Aunque ese clon había escapado y él mismo había dado la orden de eliminarla en cada combate al que enviaba a sus soldados, en esos momentos al ángel caído le pasaban mil y una ideas por su cabeza.
En una esquina, Myotismon no estaba del todo contento con la situación. Que esa criatura no hubiese sido eliminada le hacía temerse lo peor y, tal y como estaban las cosas, empezaba a preocuparle seriamente su posición en aquella sala. Aun así, esperó en silencio hasta que el ángel caído se puso en pie y se acercó a aquella criatura.
—Tal parece que no todo está perdido en esta batalla —dijo —. En pie, BlackRanamon. Vamos a asegurarnos que este golpe de suerte no se nos escape de las manos.
En el mayor de los silencios, BlackRanamon se levantó y empezó a seguirlo por los pasillos de la Rosa de las Estrellas. A su alrededor, los Bakemons empezaron a murmurar y a comentar cosas que poco parecían importar a Xana-Lucemon. Ignorándolos a todos, llegó a una de las estancias que hacía tiempo que no pisaba, observando con cierto orgullo el escáner del que había surgido el ser que estaba a punto de meter de nuevo en él.
—Entra —ordenó.
La clon del agua obedeció silenciosa, dejándose hacer sin cuestionar nada. Cuando la cápsula se cerró, ella cerró los ojos y esperó en silencio.
—La próxima vez que te vean, querida BlackRanamon, vas a ser capaz de eliminarlos lenta y dolorosamente.
—Amo Xana-Lucemon —alzó la voz un Ogremon.
—¿Qué quieres tú ahora?
—Tenemos un mensaje de nuestro espía...
—¿Y qué dice?
—Que el primer paso ha sido dado con éxito —respondió.
—Bien... Que siga manteniéndonos informado.
Le volvió a dar la espalda a la puerta y empezó a hacer gestos claros de que se retirara, esperando oír la puerta cerrarse de nuevo. Sin embargo, el sonido de otros pasos le indicó que la tranquilidad que quería aún distaba mucho de llegar. Estaba a punto de hablar con rabia cuando una energía conocida le hizo abrir los ojos sorprendido. La sonrisa creció en su rostro aún más de lo que ya estaba.
—Me sorprende lo mucho que has cambiado, amigo.
—¿Cambiado? ¿En qué sentido? —preguntó Xana-Lucemon.
—Oh, detalles —le respondió la voz —. Pero algo me dice que sigues igual que en los viejos tiempos.
—En eso te equivocas —respondió volviéndose para mirar a su invitado —. Esta vez sé mucho más y tengo más poder con el que derrotar a esos inútiles.
—Y me alegra haber regresado para ser testigo de ello.
...
Aunque la misión que les había llevado a instalarse en la playa había terminado, el grupo decidió permanecer un tiempo más en aquel lugar para asegurarse que no sería atacado, desactivando algunas torres de la zona, cada vez más alejados gracias a la ayuda de Ace.
Para los Toucanmons, en cierto modo, aquello había sido más beneficioso. Con el mar totalmente seguro, muchos digimons se acercaron al chiringuito para disfrutar de las comidas que servían y, al mismo tiempo, ver a sus héroes. Los regalos de agradecimiento se acumulaban por todas partes en el cuartel de verano, haciendo que más de uno temiese la palabra "reformas para caber mejor en esta casa cuando vengamos".
Teppei, sin embargo, no podía evitar apartarse más de una y más de dos veces, aprovechando la presencia de alguno de sus compañeros para escapar cada vez que un grupo de digimons agradecidos los reconocían y se acercaban para pedir autógrafos, hacer preguntas o simplemente declarar lo mucho que les alegraba que ellos estuviesen allí.
—Chico, pareces decaído —se le acercó un Toucanmon —. Toma, seguro que esto te animará —dijo ofreciéndole una gran copa de helado.
—Gracias —aceptó sin ánimos.
—¿Necesitas algo más?
—No, la verdad...
—Sabes que puedes pedirnos tanto a mí como a mis amigos lo que quieras —dijo juntando las plumosas manos ante él —. Estamos muy agradecidos de que los mismísimos Guardianes nos hayan ayudado en la reconstrucción de nuestro chiringuito, que nos hayan protegido siempre en todos los ataques y que nos nombren responsables de cuidar este lugar en su ausencia.
—Ya... Los Guardianes son geniales —asintió mirando al horizonte.
—¿No te gusta ese helado? —preguntó de pronto el Toucanmon —. Si quieres, te puedo hacer de otro sabor. ¿Cuál es tu preferido? Lo traeré enseguida, te lo prometo.
—¡No, no! Éste es perfecto —dijo dándole una cucharada —. Realmente delicioso.
—¿Seguro?
—Sí, sí... Perdona, es el bajón. Ya se me pasará —sacudió la cabeza.
—Vosotros nos habéis ayudado a nosotros, así que ahora yo te ayudaré a ti. Esto de trabajar en un chiringuito con más cosas a ofrecer hace que muchos digimons que entran acaben contándote sus vidas. Así que he aprendido a escucharles. ¿Quieres que hablemos?
Teppei miró al colorido digimon sin mucho ánimo. Se llevó otra cucharada a la boca y suspiró pesadamente, repitiendo un par de veces el movimiento antes de hablar.
—Creo que ha habido un error a la hora de entregar los espíritus de la madera.
—¡Oh! No lo entiendo...
—Pues que siento que yo no formo parte de este grupo —dijo con una débil sonrisa.
—Pero has estado con todos y eres el guerrero de la madera.
—Supuestamente —alzó la cuchara —. Lo puedo ver en los demás, ¿sabes? Los gemelos y Tommy son capaces de invocar sus armas. Takuya es un pirómano en potencia y gracias al cielo que contamos con Chiaki. Zoe no se da cuenta, pero cuando se mueve, flota... Y así podría seguir con los otros con espíritus.
—¿Y los otros ocho?
—Bueno, ellos tienen un digimon al lado —dijo —. Creo que, como hay un digimon, ellos no muestran las habilidades de los otros, que tienen un espíritu "ligado" a ellos.
—Tú también tienes un espíritu.
—Pero no hago como ellos —negó pesadamente —. Yo no hago nada porque el espíritu que me han dado no está "ligado" a mí.
—¿Ah, no? ¿Cómo puedes saber eso?
—Ellos están recordando cosas del pasado. Todos —dijo mirando hacia el cuartel —. Más claro o más confuso, todos actúan de una forma que no es la de siempre.
—Yo los veo igual —dijo el ave.
—Mira, te lo explicaré más fácil —dijo apurando el helado —. Yo conozco a Katsuharu desde pequeños. Luego, en el colegio, conocimos a Teruo y a Chiaki. En aquel entonces, éramos muy diferentes a ahora.
—Bueno, erais pequeños, ¿no?
—Sí —asintió —. Y vinimos al Digimundo siguiendo la voz de Ophanimon... Aquí cambiamos por primera vez. Al volver a la Tierra, nos volvimos personas diferentes. Las cosas en nuestra vida cambiaron a mejor... Y luego nos volvieron a llamar. Y nos dijeron que somos reencarnaciones de digimons... Y entonces, ellos empezaron a tener recuerdos... Y cambiaron.
—¿Por qué?
—Es como si cada día estuviesen convirtiéndose en quienes fueron en el pasado —dijo agachando la cabeza.
—¡Eso es una tontería! —rió el Toucanmon —. Los digimons renacen y entonces tienen una segunda oportunidad para hacer lo que quieran. ¿Por qué han de volver a ser los del pasado?
—Es lo que siento, Toucanmon —dijo el chico —. Todos están diferentes y yo... No tengo ningún recuerdo que me haga unirme a sus conversaciones.
—¿Para eso quieres un recuerdo? ¿Para hablar con ellos?
Teppei miró sorprendido al Toucanmon. El digimon negaba una y otra vez mientras daba golpecitos al suelo con la punta de su pie. Con los brazos en jarra, le miró fijamente y alzó el largo pico para dar mayor énfasis a sus palabras.
—Tú tienes muchas cosas en ti con las que puedes hablar, no solo recuerdos más viejos que tus abuelos. Y si ellos no quieren escucharte, yo sí lo haré. Me gustará saber mucho más de ti, niño humano.
—Gracias, Toucanmon. Creo que seguiré tu consejo.
