"Pobre marinero, corazón de forastero.
Esclavo del viento y del mar"
Ya habían pasado seis años desde que camine por estas calles, y parece que nada ha cambiado, era como si este pequeño pueblo estuviera detenido en el tiempo. Supongo que eso es algo completamente normal a fin de cuentas Uchiura siempre sería un pequeño pueblo que solo los turistas visitan.
—Y pensar que de joven odia estar estancado en este lugar— Me dije a mi mismo, ahora que estuve viviendo en la capital, llena de estrés, ruido y con el constante miedo de perderlo todo; supe apreciar la tranquilidad que me daba mi pueblito.
Caminé unos metros más hasta llegar a la playa, me senté en la arena solo apreciar la vista, el mar era tan bello… Sentir esa calma en mi corazón era algo que hace dos semanas ni siquiera se me hubiera cruzado por la mente, después de todo solo vivía para trabajar, trabajar y trabajar aun más; muchos pensaran que el ser despedido sería lo peor que te puede pasar. Imagina perder la estabilidad económica que ofrece una de las empresas más grandes del país, claro a costa de tu juventud, estabilidad mental y un poco de sangre.
—¡Ah! ¡Qué bien se siente estar vivo!
Dejen le cuento un poco de mi vida, mi nombre es Chika Takami, un joven de 24 años que recién regresó a su pueblo natal luego de pasar muchos años en Tokio. Verán, yo era uno de eso chicos que creía que yendo a un lugar tan grande como lo es la ciudad, solo se encontraría éxito, felicidad y un lugar al que pertenecer a diferencia de este pequeño pueblo turístico que no tiene "mucho que ofrecer" (ahora mismo le daría un golpe al yo de 17 años que pensaba eso). Imagínense dejar atrás todo y a todos para no recibir nada. Pues ese fui yo, hasta que decidí largarme de esa empresa del demonio y buscar mi propia libertad. Así que tomé mis cosas, todo el dinero que tenia ahorrado, y tomé el primer tren a mi hogar.
—Seguramente Mito me va a matar en cuanto me vea, pero bueno, nada que no haya vivido antes— Me dije a mi mismo entre risas, sinceramente aun no sabía que hacer después de esto, la idea era reabrir el pequeño Ryokan que teníamos aquí, pero aun no se que tan factible sea hacerlo, todavía tengo que analizar que tan buena idea sería poner en riesgo todos mis ahorros por algo como esto—. Bueno, si todo sale mal, supongo que podré buscar trabajo en Namazu o en algún lugar de por aquí.
—¿Chika-kun?
—¿Uh?
—¡Si eres tú, Chika-kun! — Mirando a la persona que me había llamado, me tomó unos cuantos segundos el procesar quien era: Cabello negro bastante corto, ojos verdes, ojos rasgados y un lunar cerca de la boca.
—¡Ah! ¡Dia-chan!
Definitivamente este pueblo seguía siendo tan pequeño como recordaba, mira que encontrarme a una de mis amigas de la infancia cuando llevaba menos de una hora aquí. Aunque siendo sincero, creo que Dia era a la última que esperaba encontrarme, por lo que me habían dicho mis padres y mi hermana, ella se había casado y dejó el pueblo, de eso ya hace dos años; bueno, seguramente debe estar de visita a sus padres o algo así.
—¿Qué haces aquí? Creí que seguías en esa jungla que es Tokio.
—Para nada, estoy de regreso a casa, renuncie a mi trabajo hace unas semanas.
—Así que tú también.
—¿Yo también?
—¿Y qué pasa? — Ella se acercó a mi con una sonrisa muy cálida, algo que no era muy común en ella o por lo menos no lo era conmigo, digamos que, en mis años de estudiante de preparatoria, me lleve muchos regaños de parte de la, en ese entonces, presidenta Dia Kurosawa—. ¿Ya no conoces las calles y estas perdido?
—He he, no para nada, solo me tomaba mi tiempo antes de llegar a casa.
—¿Casa? ¿Te compraste una casa por estos lugares?
—Algo así, le compré la casa a mis padres.
—¿A tus padres? ¿No tus padres se mudaron a Namazu con tu hermana mayor y su marido?
—Bueno si, es solo que pienso reabrir el Ryokan, o por lo menos arreglar la casa para vivir en ella.
—Vaya, quien diría que el pequeño remolino que era mi Kohai ahora sería un hombre con un proyecto de vida— Ella puso su mano en mi cabeza y revolvió mi cabello como si fuera un niño. Algo que me dio un poco de gracia, cuando ahora yo era mas alto que ella, tanto que tenía que estirarse para poder alcanzarme la cabeza—Ahora ere un niño grande ¿A que sí?
—Muy graciosa, senpai — Intenté sonar "enojado" pero esas cosas no me salían para nada bien, nunca he sido un buen mentiroso— ¿Y tu que haces aquí en la playa? ¿No deberías estar hablando con las abuelitas del pueblo para que te dieran consejos de como llevar un buen matrimonio?
—Ni me lo menciones, de solo recordar eso, aun me dan escalofríos— Dia se abrazó a si misma. Entendía completamente a que se refería, cuando mis dos hermanas estaban a punto de casarse, era de ley ver a todas las abuelitas en mi casa dándoles todo tipo de consejos; desde los mejores lugares para las ofertas, pasando por la receta de sopa de Miso (cosa que desencadenaba muchas discusiones internas por saber quien tenía la mejor sopa), hasta que hacer en caso de una pelea y como solucionarlo.
—Perdón por traerte recuerdos tan feos.
—No te preocupes, pero ahora mismo pude escaparme de ellas, así que decidí dar un paseo por la playa. Siempre es bueno salir a tomar un poco de aire fresco.
—Que bien… — Fue ahí donde se me ocurrió una buena idea — Entonces si no tienes nada que hacer ¿Por qué no me acompañas a dejar mis cosas y vamos a tomar algo?
Ella se lo pensó un poco, por un momento pensé que me rechazaría; tal vez quería tener su momento a solas, sin contar que tal vez a su marido no le guste que pase tiempo a solas con otro hombre. Debí pensar mejor las cosas antes de hablar, sin embargo, una vez más una sonrisa cálida se pintó en los labios de Dia.
—Si, vamos, de todos modos, no creo que me extrañen en casa.
—¿Eh? ¿De verdad?
—¿Por qué te sorprendes? ¿No fuiste tu el que me esta invitando a una cita?
—Bueno si, pero… ¿¡Cita!? No, no, no— Dije algo nervioso—. No digas esas cosas, no vaya a ser que alguien te escuche y luego eso te cause problemas con tu marido.
Entonces pude ver algo nuevo, una vez más, Dia Kurosawa soltando una carcajada como si estuviera viendo el mejor show de comedia de todos los tiempos. Cosa que solo me generaba más preguntas en la cabeza.
—Ya veo, así que no te enteraste.
—¿Enterarme de qué?
—Yo, me divorcié hace dos años.
"Y ese fue el inicio de como es que me rencontré con mi amiga de la infancia, con quien terminaría casado un año después, y esta es nuestra historia"
