RESPUESTAS A REVIEWS

[N64RX] ¡Es bueno verte de nuevo hermano perdido :')! Te escribo desde el otro lado del mundo xD. Pues si, se nota que Twilight ansiaba decirle todas sus verdades a Rarity. Así que Discord, ¿verdad? Mmmm... me tienta me tienta. ¡Pues no se diga más! ¡Ya lo tengo decidido! ¡Gracias por tu respuesta, hermano perdido! SALUDOS!

[IVANELIS ROSA] Me parece simplemente genial el que te gustara la parte en que Twilight le dice de todo a Rarity. Traté de que quedara lo más dramático y emocional posible, acompañado con ese soundtrack de fondo que dejé para que escuchen mientras leen esa parte. Así que Discord, ¿verdad? Mmmm... me tienta me tienta. ¡Pues no se diga! Ya esta decidido. ¡Gracias por tu respuesta y saludos!


CAPITULO 14

POV Spike

¿Cómo terminé así? Al borde de que mi vida llegue a su fin, a manos de ese descendiente de Fenrir. Al borde de separarme de Twilight, esta vez para siempre. Es impresionante lo que pueden provocar nuestras decisiones erróneas. ¿Hasta qué punto nos puede llevar la desesperación? Llegar a tomar acción sin antes pensar en las posibles consecuencias puede ser una de entre infinitas posibilidades. Desde mi punto de vista, realmente soy un idiota. Confiaba en que podría acabar con toda esta mierda rápido y sencillo. No sabía en qué carajo estaba pensando. Lo único que pasaba por mi mente en esos momentos eran dos cosas: derrotar de una maldita vez a los Wolves... y olvidar ese día infernal. Jamás vi venir lo que terminó pasando conmigo. Jamás creí que este infernal tormento del pasado consiguiera estar a nada de poder vencerme. Algo que buscó lograr por 13 asquerosos años.

Mi sangre hervía con la ira del mismo Helheim. Sentía que mis venas explotarían al más mínimo latido que hiciera mi corazón al bombear sangre por estas. Ver que el tormento de ese día endemoniado me tenía a merced suya y al borde de la derrota no era lo único que provocaba lo anterior. Lo que de verdad hacía hervir mi sangre nórdica y encendía mi llama interior, era el haber sido derrotado, humillado y masacrado por ese bastardo Wolf. Una aplastante derrota en todos los malditos sentidos. ¡Mierda! ¡No será lo último que veas de mi, Xed!

Simplemente no pensé. Lo único que quería era sentir la adrenalina correr por mi sangre. ¡No iba a darle la espalda a una pelea! ¡Era lo que más ansiaba desde que enfrenté a Xed por primera vez en su maldito territorio ubicado en las montañas nevadas del continente del este! Estaba deseando poner a prueba todo lo que aprendí de los militares en Dovahkiin. Todo lo que aprendí sobre ser un verdadero dragón. ¡Quería demostrarle a ese hijo de perra y a toda su raza de mierda el por qué los dragones somos los seres más poderosos del mundo! Pero eso no era lo único que buscaba. Buscaba seguir apaciguando a los demonios de ese día maldito que seguían buscando mi caída, incluso aquí en Equestria.

En este punto... ya no sé qué hacer. ¡No sé qué mierda puedo hacer ya! ¿Qué hago ahora? ¿Debería rendirme? ¿Tirar a la basura todos mis esfuerzos? ¿Poner punto final a mi vida? Al final de todo, parecía que tendría que aceptar vivir con esta maldición hasta el día en que algún bastardo consiga poner fin a mi destrozada vida de una vez por todas. Cuando cumpliera los 25, la inmortalidad llegaría a mi y dejaré de envejecer. ¡¿Para qué?! ¿De qué mierda serviría tener la bendición de Idun, si al fin y al cabo lo único que hará esta preciada bendición será sellar mi sufrimiento eterno? Una puta maldición que vete a saber cuanto duraría. Podrían ser años, décadas, siglos... e incluso milenios. Pero una cosa estaba clara: estaría maldito para siempre.


Me encontraba tirado de cara sobre el suelo. Podía oír mi respiración, pero poco más. Lo extraño de todo esto, es que al abrir mis ojos, todo lo veía en negro. Literal, todo estaba en negro. No entendía qué demonios ocurría. ¡¿Era una estúpida jugarreta de mi mente o en realidad aún tenía mis ojos cerrados?! No podía ser ninguna de las dos anteriores. ¡Podía jurar que había abierto mis ojos! ¡Pero qué mierda! Levanté mi cabeza para ver a mi alrededor.

No sabía dónde me encontraba. Todo estaba oscuro. Todo era prácticamente un vacío negro. Yo era el único en ese lugar. No veía a nada ni a nadie. No escuchaba nada tampoco. Estaba prácticamente solo en ese desconocido lugar. Lo único que llevaba conmigo eran mis botas y mi collar con la foto de mi amada Twilight. Mi bandolera quedó abandonada en el frío ártico, mis muñequeras terminaron desgarradas y hechas pedazos, y mi espada había sido destruida para siempre. Pero en este punto, me importaban una mierda esos objetos materiales. El tener conmigo esa foto de Twilight, aunque bastante deteriorada por los años, me brindaba un pequeño alivio en estos momentos tan oscuros.

Lentamente me levanté del suelo, o lo que mierda sea sobre lo que estuviera apoyándome. Me sentía cansado y algo adolorido. Prefería mil veces eso a estar lleno de golpes, heridas y cubierto de sangre.

Podía caminar normalmente. Podía moverme de manera muy normal. Pero estando en medio de ese vacío negro, difícil era saber hacia dónde me dirigía. No podía orientarme. De la nada, un pequeño brillo blanco se pudo divisar a la distancia. Era como si hubiera pedido el más mínimo de ayuda posible a cualquier deidad y ésta hubiera acudido en mi ayuda. Fue algo totalmente inesperado. Pero bueno, cualquier cosa era mejor que nada. No sabía que era, pero una cosa era segura: era bueno ver algo de luz en este lugar tan vacío y oscuro.

Si quería averiguar qué era ese extraño brillo, tendría que ir hacia su origen. Ignorando el cansancio y el dolor de mi cuerpo, empecé a caminar en dirección a esa luz solitaria.

-Lo único que deseo... es librarme de éste tormento de mi pasado. ¿Es mucho pedir?-

A medida que me acercaba a ese brillo solitario, o al menos eso creía, pude notar que iba tomando una extraña forma. Parecía... una silueta. ¿Acaso se trataba de alguien? ¿No me encontraba solo en ese lugar? Esas eran las preguntas que rondaban mi mente.

Llevaba unos tres minutos caminando y parecía que apenas me había acercado a ese brillo. Mi paciencia estaba empezando a agotarse. Dejé de caminar para empezar a correr. Quería saber qué rayos era eso de una vez.

Luego de estar un rato corriendo, lo cual aumentó el cansancio que ya tenía previamente, estaba consiguiendo llegar donde ese brillo desconocido. Una vez que conseguí acercarme lo suficiente, las preguntas que me había hecho anteriormente recibieron respuesta. Respuesta de esa silueta desconocida. Definitivamente era alguien. Me paré en seco frente a ese misterioso ser mientras respiraba por el cansancio.

-Spike...- había dicho mi nombre.

-¿Quién eres tú?-

-Finalmente, luego de dos décadas, se me presenta la oportunidad de hablar contigo- dijo él, era una voz masculina.

Mi paciencia parecía agotarse más rápido que antes. Quería una respuesta suya ahora.

-¡Hey, dime quién eres!-

-Tranquilo, guerrero. No es necesario que muestres hostilidad. Lo único que pido... es que me dejes ayudarte...- dijo él.

-¿Que? ¿Ayudarme? ¿A qué te refieres?-

En lugar de recibir una respuesta por parte de él, empezó a desvanecerse. No podía ser así. Necesitaba respuestas AHORA.

-¡¿Huh?! ¡Espera!-

Corrí hacia él, con la intención de evitar que me dejara aquí. Pero algo inesperado pasó. Cuando estuve apunto de alcanzarlo, ese brillo que desprendía me aprisionó y no pude ver nada. Todo se tornó de un blanco cegador.

No sabía que había pasado conmigo. Me volví a encontrar tirado en el suelo, aunque esta vez había algo diferente. Más que suelo, se sentía como tierra. ¿Dónde acabé ahora? ¿Dónde me encontraba esta vez? Lentamente abrí mis ojos y pude comprobar que mis sospechas eran ciertas. Estaba tirado sobre la tierra. Levanté la cabeza y miré a mi alrededor. Pude ver que habían varias casas. Conocía este lugar. Jamás podría no conocerlo. Era Ponyville.

¿Cuándo llegué aquí? ¿Acaso el brillo de ese desconocido era una especie de portal y me teletransportó aquí? Sea como haya sido, esto era mucho mejor que tener que vagar en ese oscuro vacío negro. Me empecé a levantar, apoyando mis manos sobre la tierra. Todavía me sentía cansado y adolorido, pero no le daba ni la más mínima importancia. Al momento en que conseguí ponerme de pie, hubo algo que pude notar en el pueblo, era que el castillo de Twilight ya no se podía ver por ningún lado. Esto me parecía muy extraño, así que hice lo primero que se me vino a la mente: ir a donde solía estar la biblioteca.

Decidí caminar, ya que el cansancio estaba presente en todo mi cuerpo y eso incluía mis alas. Mientras me dirigía al lugar donde solía estar la biblioteca de Twilight, me crucé con varios ponys en el camino. Pero algo muy raro estaba sucediendo. Lo raro es que todos parecían ignorarme. Pasaban de mí. Ni me dirigían la mirada. Era como si ni siquiera supieran que estaba ahí. No entendía el porqué, pero no me importaba.

Luego de unos ratos más de caminar, llegué a la biblioteca. Un sentimiento de nostalgia me golpeó en ese preciso momento. Hace 13 años que no volví a ver este lugar. Me acerqué para tocar la puerta, pero antes de que mi puño hiciera contacto con ésta, una voz llamó mi atención.

-Hoy es el día- esa voz se me hacía muy conocida.

La voz provenía del interior de la biblioteca y definitivamente no era la voz de Twilight. Ignorando el cansancio, extendí mis alas y volé para poder asomarme por la ventana de la habitación de Twilight. Busqué con la mirada y efectivamente, no se trataba de mi amada alicornio. Se trataba de alguien a quien odiaría para siempre. Parado en medio de la habitación, se encontraba un bebé dragón de escamas moradas y espinas verdes. Para mí, alguien que me repugnaba con el simple hecho de recordarlo. Ahí estaba yo, cuando tenía ocho años. La peor versión de mi.

-No puede ser. Soy yo... cuando era ese... perrito faldero del demonio. Me dan ganas de arrancarme los ojos con solo verte, enano maldito-

-Éste será un día estupendo. No voy a guardar mis sentimientos por mucho más- dijo él.

Espera. ¿Qué rayos está diciendo? Un momento. ¡Recuerdo todo esto!

-Desde este día... prometo hacerte muy feliz, Rarity- esas fueron sus últimas palabras, antes de salir de la habitación y dirigirse a la salida.

¡¿Rarity?! ¡No podía ser! ¡Estaba ocurriendo otra vez! ¡Me encontraba en el día que le confesé a Rarity que mis sentimientos eran serios! No solo eso. ¡Éste era el día en que se desataría mi tormento de 13 años! ¡No podía dejar que eso pasara! ¡ESO JAMÁS!

Descendí al suelo y me paré frente a la biblioteca, esperando a que mi yo de ocho años saliera. ¡Iba a detenerlo! ¡No permitiré que ese enano desate todo mi sufrimiento otra vez! ¡Si te atreves a resistirte, te juro que te arrepentirás!

La puerta se abrió y mi yo pequeño salió corriendo hacia mi. Se dirigía a Boutique Carousel, eso ya lo sabía yo. ¡No se lo permitiré! ¡No si podía evitarlo!

-¡No irás a ningún lado! ¡DETENTE!-

Pero en lugar de conseguir frenarlo, algo anormal ocurrió. Me atravesó como si fuera un fantasma y siguió su camino.

-¡¿Qué mierda?!-

Mi mente comenzaba a procesar lo que acababa de ocurrir. Empecé a conectar los cables de toda la situación y logré entender lo que pasaba. ¿Qué era lo que estaba pasando? Lo que pasaba es que no podían verme. No es que los ponys me ignoraran, ni mi yo de ocho años no hubiera escuchado mi intento de pararlo. Para todos ellos yo no estaba ahí. Era como el espíritu de mi yo del futuro en mi vida pasada. Era totalmente invisible. Me encontraba dentro de un recuerdo del pasado. Y para mi desgracia, el devastador recuerdo equivalente al maldito Helheim.

Veía como el Spike de ocho años se alejaba, cuando de la nada, ese mismo brillo que me trajo aquí volvió a envolverme. Todo se volvió de un blanco cegador. Segundos después, el brillo desapareció y me encontré cerca de Boutique Carousel. Había sido teletransportado otra vez. Ahí estaban, mi yo de ocho años hablando con Rarity. Entablaban una conversación que desataría mi maldito sufrimiento y que para mi desgracia... no podría evitar. ¡Maldición!

-¿Q-Qué es lo que has dicho, pequeño Spike?- preguntó ella.

-Lo que te acabo de decir. Rarity... yo... ¡Yo te amo! ¡TE AMO, Rarity! ¡En serio!- dijo ese enano maldito.

Lo había dicho. ¡Eso era todo! ¡No había marcha atrás! ¡Ya no había NADA que pudiera hacer! ¡Todo se desataría a partir de ese punto por esas palabras de mierda!

-¡Enano maldito... eres un grandísimo ESTÚPIDO!-

-¿Tú... tú me amas? S-S-Spike... yo... no se q-qué decir. No esperaba que llegara este día. Mi pequeño Spikey Wikey, solo te pido que... me escuches. Quiero que sepas que tú eres un dragón muy tierno, amable, valeroso y poseedor de una voluntad inigualable. Tienes un corazón puro y enorme. Eres un dragón único en tu raza. También te quiero como no te imaginas. El problema es que... yo soy una pony... y tú eres eso... un dragón. Somos de distintas especies. Por ser un dragón, no puedo pensar lo que dirían los demás ponys por verme con un dragón. Se harían una mala imagen de mí y me verían con muy malos ojos. ¡N-No lo tomes tan mal, mi pequeño Spike! Pero... una pony y un dragón... no funcionaría. P-Por favor no lo tomes mal, Spikey Wikey. No quiero verte triste- dijo ella.

¡¿Que una pony y un dragón no funcionaría?! ¡Pero qué mierdas habla esa pony! ¡Debería vernos a Twilight y a mí!

-¿Q-Q-Que n-no funcionaría? Pero... Rarity. No tienes idea de lo mucho que te quiero. No tienes idea de TODO lo que he llegado a hacer para mostrarte todo ese afecto que te tengo. Todo lo que me propuse hacer para ser más que digno de estar con una pony como tú. Con toda mi buena voluntad, te ayudé a recolectar gemas para tus lindos vestidos, aguantando como no te imaginas las ganas de comérmelas. ¿Sabes cuantas maletas TUYAS de equipaje cargué cada vez que viajábamos a cualquier dichoso lugar de Equestria? Y el punto más importante; te llegué a regalar con TODO mi cariño ese rubí de fuego que sería mi deliciosa cena de cumpleaños. Con ese último regalo... creí que sería suficiente para poder ganarme tu corazón. Y ahora que con toda la seguridad del mundo vengo a decirte lo grande que es mi amor por ti, ¿llegas y me dices tú que todos los cumplidos, trabajos y favores que con mi buena voluntad hice por ti... NO VALIERON PARA NADA?- dijo ese enano con voz quebradiza.

-¡N-No! ¡No Spike! Eso no es lo que quise decir. P-Por favor no te derrumbes, mi pequeño Spikey Wik...- Rarity fue interrumpida por mi yo de ocho años.

-¡No me llames así! ¡Yo me partía la espalda por ti! ¡Lo hacía sin pedir nada a cambio! ¡Lo ÚNICO que quería con todo mi ser, es que me quisieras como yo a ti! ¡¿Acaso... acaso me estabas usando?! ¡¿Solo me diste falsas esperanzas?!- decía él, rompiendo en llanto.

¡¿Justo en ese momento se viene a dar cuenta?! ¡Vete a la putísima MIERDA, enano malnacido!

-¡Spike... por favor escúchame!- dijo Rarity preocupada por mi yo pequeño.

En ESE preciso instante... algo cambió dentro de mi yo del pasado. Algo se quebró...

-¡Aléjate! ¡No quiero saber NADA de ti!- gritó ese enano, mientras salía corriendo.

-¡Spike, espera! ¡Por favor!- Rarity intentó detenerlo, pero fue inútil.

No quería escuchar más. Salí volando en dirección aleatoria, ignorando el cansancio y el dolor. Pero de la puta nada, ese brillo cegador volvió a aparecer y teletransportarme. Esta vez aparecí en las afueras de Ponyville, con el atardecer ya presente.

Pude ver no muy lejos a mi yo de ocho años, cargando una especie de palo con una bolsa de color rojo atada al extremo de éste. Supe de inmediato de qué trataba todo esto. Me marchaba de Equestria. Era en ese preciso momento cuando inicié mi viaje hacia Dovahkiin. Me marché para no volver... sino hasta 13 años después.

El brillo cegador regresó y volvió a teletransportarme. Cuando desapareció, me encontraba en un lugar que al principio me costó recordar. Bastó con hacer memoria y conseguí reconocerlo. Estaba en la frontera entre Equestria y Dovahkiin. La frontera que separaba la tierra de los ponys de la tierra de los dragones. Y esa frontera era un canal. El Canal Grense. Grense significaba "frontera" en nórdico. Éste canal separaba a los grandes continentes del norte y el sur; los reinos de Equestria y Dovahkiin respectivamente. Al encontrarme en la costa, pude ver un barco. Pero no era cualquier barco. Se trataba de un transporte armado, o mercante armado por su tipo de la Real Armada Nórdica, una de las tres ramas de las Fuerzas Armadas de Dovahkiin, desembarcando justo cerca de donde estaba yo. Esto también lo recuerdo. Cuando inicié mi viaje, sabía que la forma más rápida de llegar a Dovahkiin era cruzando el Canal Grense. Estuve caminando sin parar por prácticamente tres horas o quizás más para poder llegar aquí. Por éste canal solían pasar barcos de la Real Armada Nórdica, tanto barcos de guerra como de transporte. Así que no dudé en pedir si me podían ayudar a llegar al otro lado. Aunque tuve que hacer un enorme esfuerzo porque algún barco me escuchara.

Y así había sido. Del barco bajó mi yo pequeño. Fue en ese momento cuando supe que ya no me encontraba sobre suelo equestrense. Estaba sobre suelo nórdico y no volvería a pisar suelo equestrense dentro de muchos años. Había conseguido llegar al gran continente del sur: Dovahkiin.

-¡Gracias por ayudarme a cruzar!- ese enano dio las gracias a los tripulantes del barco y siguió su camino.

No dudé ni un solo momento en seguirlo. Sabía a dónde iría a parar. Luego de varios minutos de seguir a mi yo del pasado, llegué a esa tierra que conocía muy bien. La primera vez que la vi, todo me pareció alucinante. Recuerdo que era MUCHO mejor que la primera vez que vine cuando Twilight me dejó ir para averiguar sobre mi raza. Una tierra repleta de rocas, fosas y pozos de lava. Muspelheim, la tierra del fuego y los volcanes.

-¡Lo logré! ¡Por fin he llegado con los de mi raza!- dijo mi yo de ocho años con emoción de ver a otros dragones.

-Si tan solo supieras lo que te esperaría a partir de ahora, enano idiota-

Todo era prácticamente igual que en ese entonces. Lo recordaba sin problemas. Lo recordaba como si hubiera sido ayer. Habían dragones por doquier. Dragones de distintas edades, dragones de distintos y varios tamaños. Algunos volaban de un lugar a otro, otros luchaban entre sí, y otros destruían todo tipo de rocas con su fuego o haciendo uso de su fuerza.

-Tienes que ser fuerte, Spike. Una vida nueva te aguarda junto a los miembros de tu raza. Olvida todo lo que pasó. Rarity será cosa del pasado a partir de ahora. ¡De hecho qué carajos! En lo que a mi respecta, ¡quién rayos es Rarity! ¡Hahahaha!- mi yo pequeño se dijo a si mismo, para después dirigirse con los demás dragones.

El enano se asomó sobre una de las múltiples fosas que habían por toda esta tierra volcánica. Habían montículos de gemas por todas partes, las cuales a simple vista se veían apetitosas. Pero las gemas no eran lo único que había en esa fosa. También se encontraba ahí un grupo de seis dragones que parecían rondar entre los 15 y 20 años de edad.

-Genial. Dragones adolescentes. Son de mi tamaño y de mi estilo- dijo mi yo de ocho años, para después adentrarse en esa fosa.

-¡Ja! Apenas empezarás a adaptarte a esta nueva vida, enano estúpido-

Mi yo pequeño se acercó a esos dragones y no dudó en hablarles. Recuerdo muy bien todo esto. Sería cien porciento igual que la primera vez que me vi las caras con otros dragones.

-Disculpen. Uhh, hola. Soy Spike- se presentó mi yo del pasado, y lo que pasó a continuación, me causó mucha gracia al ser ya un dragón maduro.

-¿Spike? ¿Es en serio? ¿Qué clase de tonto nombre es Spike para un dragón? ¿Seguro que tu nombre es Spike y no enano? ¡Jajajajaja!- dijo uno de ellos.

-¡Jajajaja!-

-¡Hahahahahaha!-

-¡Hahahahaha!-

Los demás dragones se reían, y no era para menos.

-Ya de por sí es un enano. Y uno muy idiota. ¡Hahahaha!-

No podía evitar la risa. Ojalá pudieran verme para así poder reírme con mis compañeros dragones.

-No. Mi nombre es Spike. Estoy muy seguro de eso- dijo el enano con algo de incomodidad.

-Con ese tamaño que tienes pareces una hormiguita para mi- dijo otro dragón.

-¡Jajajaja!-

-¡Hahahaha!-

-Oigan, ya basta. En serio. Déjenlo tranquilo, o podría salir volando. Eso claro, si tuviera alas. ¡Hahahahaha!- dijo otro dragón, mientras tomaba a mi yo pequeño de la cola y lo tenía de cabeza, para después dejarlo caer. Era tan gracioso. No lo iba a negar.

-¡Jajajajajajajaja!-

-¡Jajajajajajajajajaja!-

-¡Hahahahahaha!-

-¡Hahahahaha!-

Todos se reían del enano, y eso me incluía, aunque fuera invisible.

-¡Jajaja! Dime una cosa, ¿vuelas sobre el lomo de tu mami durante la migración?- habló ese mismo dragón que vio al enano como una hormiga.

-No exactamente...- mi yo pequeño trató de hablar, pero fue interrumpido por otro dragón.

-No no, ¿que no ven que el bebé Spike es recién nacido? Seguro que todavía se chupa la garra de noche- dijo el tipo.

-No. No he vuelto a chuparme la garra en meses- dijo ese enano.

-¡Jajajajajaja!-

-¡Hahahahaha!-

-¡Hahahahahaha!-

-¡Jajajaja! Acostúmbrate, enano tonto. Bienvenido a Dovahkiin-

-Pues no acabas de nacer. ¿Cómo es que no te hemos visto antes por aquí?- el dragón que tomó de la cola y puso de cabeza a mi yo del pasado lo interrogó.

-Ah, pues es que... vivía en Ponyville y...- mi yo de ocho años volvió a ser interrumpido.

-Jajajaja, ¿Ponyville? Eso lo explica todo. A simple vista se nota un toque de pony en ti. Si no supiera lo contrario, yo diría que eres mitad pony- dijo ese dragón al enano.

-¿Quién? ¿Yo? No soy mitad pony. De hecho, acércate, quiero contarte algo- mi yo pequeño le indicó al dragón que se acercara.

-¿Me creerías si te digo que fui llevado a Equestria en contra de mi voluntad?- dijo ese enano estúpido.

-¿Qué me estás diciendo? ¿Te llevaron al reino de los ponys sin que tú quisieras?- ese dragón preguntó, sintiéndose muy interesado en lo que mi yo pequeño pudiera contarles al resto.

-¡Así es! Soy huérfano y jamás conocí a mis padres. De hecho, me llevaron cuando ni siquiera había nacido. Era solo un huevo cuando me alejaron de mi tierra natal. Estuve lejos de los de mi raza por ocho años. Un tiempo durante el cuál aprendí que los ponys pueden aprovecharse de ti y usarte solo para sus propios beneficios. Estuve prácticamente ciego por tantos años, ¡pero ya no más! ¡Los dragones no nacimos para que nos usen como malditas herramientas! ¡Nacimos para dominar y lograr grandes cosas!- dijo ese enano, cambiando completamente su actitud. Una actitud que dejó sin palabras a los demás dragones por varios segundos.

-¡Vaya! Por los dioses nórdicos. Esto se pone interesante. Creo que te juzgué mal, pequeño compañero. Parece que dentro de ti se esconde un gran dragón. Pero, antes me gustaría hacerte una prueba. Dime una cosa, Spike. ¿Los ponys que son para ti? Y quiero que nos respondas con la mayor sinceridad. ¡La más ruda!- dijo ese dragón a mi yo del pasado.

Los demás dragones alentaron a mi yo del pasado.

-¡Sí, dinos!-

-¡Sin pelos en la lengua!-

-¡Déjalo salir y ya!-

El enano tomó aire para decir lo que estaba pensando.

-Los ponys son... son...-

Los demás dragones esperaban impacientes la respuesta. Una respuesta que justificaría el tremendo odio que siempre tendría hacia ese enano que alguna vez fui.

-¡¡MULAS DE CARGA!!- mi yo pequeño soltó su respuesta.

Los demás miembros de mi raza quedaron boquiabiertos con lo que acababan de oír.

-¡Por los hijos de Odín! ¡Eso sonó más que rudo para un dragón de tu edad! ¿Sabes que? ¡No se diga más! ¡Has pasado la prueba, Spike! ¡Compañeros, parece que hoy se nos unirá un nuevo miembro con un gran potencial!- dijo el dragón.

-¡Enséñenme a ser un verdadero dragón! ¡Por favor! ¡Estoy de vuelta con mi raza y no volveré a irme!- dijo mi yo de ocho años.


A partir de ese momento, mi vida daría ese cambio drástico que siempre me hizo falta. Todo transcurriría tal y como lo recordaba. Me uní a otros bebés dragones a los que ayudaban a crecer fuertes para convertirse en dragones de verdad. Pero no sería lo único que pasaría en mi vida a partir de ahí. Ese también sería el inicio del tormento que buscaría vencerme.

El brillo cegador regresó para volver a teletransportarme.

No estaba seguro de dónde me encontraba esta vez. El cielo estaba oscuro y repleto de estrellas. El horizonte estaba muy ligeramente teñido de colores rojo y anaranjado. Me fijé más detenidamente y me di cuenta de que seguía aquí en Muspelheim, con la diferencia de que ahora era de noche. Espera un momento. Recuerdo esto perfectamente. ¡Esta fue la primera noche que pasé en Dovahkiin! Y también, la primera noche que marcaría el inicio de las pesadillas y el tormento que rara vez me volverían a dejar dormir. Ignorando el dolor y el cansancio, volé para encontrar la fosa en donde pasé mi primera noche aquí con mi raza. No me tomó casi nada de tiempo encontrarla, ya que lo recordaba sin problemas. Eran mis recuerdos después de todo.

Y efectivamente, ahí se encontraba mi yo pequeño. Durmiendo junto a otros bebés dragones. En mitad de su sueño, pude ver que el enano se empezó a mover de un lado a otro, tanto su cuerpo y cabeza. Ese sería mi primer encuentro con el endemoniado pasado que me perseguía.

Abruptamente, mi yo de ocho años se despertó. Respiraba algo agitado. Todo esto llamó la atención de otro de los bebés dragones que dormían en la fosa.

-¿Huh? Hey, ¿te encuentras bien?- preguntó a mi yo del pasado.

-Ehh... Uhh... Sí sí, estoy bien. No pasa nada. Solo fue una tonta pesadilla. Lamento si te desperté- dijo el enano.

-¡No! ¡No estás bien! ¡Y no lo estarás durante 13 años de mierda, enano tonto!-

La serie de cosas que pasarían a continuación, me volarían la cabeza en mil pedazos. Sin tener tregua alguna conmigo, ni darme siquiera un miserable respiro, el cegador brillo me envolvió de pies a cabeza y me teletransportó.

Esta vez fui a parar a la estación de tren de Canterlot. ¡¿Qué mierda se supone que tendría que hacer aquí?! El debate en mi muy agotada mente se vio interrumpido por voces que reconocí sin la más mínima dificultad.

-Cuanto has crecido, colega. Ya no eres pequeño y panzón, hehe. ¡Mírate! Te ves súper fuerte-

-¡Que alas tan geniales tienes, Spike! ¿Y eso que llevas en tu espalda? ¡¿Una espada?! ¡Increíble! ¡Te vez asombroso!-

Ahí estaba yo, tal como era en esos momentos. El momento en que regresé de Dovahkiin luego de 13 largos años de ausencia. Podía verme sentado en el suelo, con mi preciosa Twilight entre mis brazos, la cual no paraba de llorar un mar de lágrimas. Peewee, mi leal compañero fénix, también estaba junto a mi yo del presente. Y alrededor se encontraban Applejack, Rainbow, Pinkie, Fluttershy... y Rarity.

-No puedo creer que en verdad seas tú. Añoraba este día con toda mi alma. Bienvenido de vuelta a casa, Spikey Wikey- habló la unicornio blanca, responsable de mi partida.

Al momento en que Rarity le habló a mi yo del presente, ocurriría el detonante de mi tormento... aquí... en Equestria.

Rarity... yo... ¡Yo te amo! ¡TE AMO, Rarity! ¡En serio!

¡N-No lo tomes tan mal, mi pequeño Spike! Pero... una pony y un dragón... no funcionaría.

Me llevé una mano a la cabeza al momento de escuchar por enésima vez las malditas voces del enano de MIERDA y esa pony que me arrastró por un camino de ceguera.

-¡Basta! ¡Primero muerto antes que volver a amar a Rarity! ¡¿Que un dragón y una pony no funcionaría?! ¡La relación entre Twilight y yo demostrará lo contrario y te cerrará la boca de una maldita vez, Rarity-

El dichoso brillo me teletransportó otra vez. Esta vez me encontraba en... ¡¿un baño?! ¡Y ahora qué mierdas hago en este lugar!

Un momento... Este baño es el del castillo de Twilight. Otra cosa que pude notar, era que tenía vendajes en mis brazos y abdomen. Estar en el baño, los vendajes. ¡Ahora recuerdo! Este es el día en que regresé después de averiguar más sobre los Wolves y antes de que fuéramos a Canterlot para poner al tanto a la princesa Celestia. Un momento... Eso significaba que también...

Volteé hacia el espejo y ahí estaba ella. Rarity, con cara de súplica. Para mi, un recuerdo infernal que solo buscaba mi caída. ¡Lo detestaba!

-¡¿QUE?!-

¡N-No lo tomes tan mal, mi pequeño Spike! Pero... una pony y un dragón... no funcionaría.

-¡NO! ¡Basta ya MALDITA SEA! ¡No pienso seguir así!-

No lo dudé ni por un segundo, y de un puñetazo rompí el maldito espejo en mil pedazos. Luego me quité los vendajes de mierda y los tiré al piso.

Volví a ser teletransportado. Estaba en un túnel. ¿Qué rayos era este lugar? Mis dudas fueron interrumpidas por un sonido que se hacía más audible a cada segundo que pasaba. Venía desde el otro extremo del túnel y sonaba como un... ¡derrumbe!

Estaba en las montañas nevadas de los Wolves, en el continente del este. Había peleado contra Xed, lo que terminó provocando un derrumbe, el cual me enterraría vivo si no salía ahora mismo de ahí. Corrí lo más rápido que pude, lo cual agravió el cansancio y dolor de mi cuerpo. Pero eso no era lo peor.

¡Spike... por favor escúchame!

-¡No me interesan tus palabras! ¡Déjame en paz de una maldita vez, mierdaaa!-

Logré salir del túnel y caí sobre la fría nieve, mientras éste terminaba de derrumbarse detrás de mí.

-No quiero seguir sufriendo-

El brillo cegador regresó una vez más y aparecí en la habitación donde dormía, en el castillo de Twilight. Cuanta falta me hace tu compañía en estos momentos, mi princesa.

Que mi princesa estuviera a mi lado en estos infernales momentos parecía mucho pedir. Lo único que estos recuerdos parecían querer, era que yo estuviera agonizando del sufrimiento. Lo que sospechaba parecía que se haría realidad para mi desgracia.

-Acéptala simplemente- dijo una voz detrás de mi. Una voz que elevó mi nivel de ira.

Volteé y ahí estaba ese enano del demonio otra vez. ¡Ese perrito faldero con apariencia de dragón! Mi yo de ocho años. ¡La misma bazofia encarnada!

-¡Tú!-

-Haríamos lo que sea por Rarity. Ella es la pony de nuestros sueños. Siempre lo fue- dijo mi yo pequeño.

Mi ira estaba sobrepasando los límites. Quería cerrarle el hocico a ese enano malnacido. Me acerqué hacia él amenazadoramente.

-¡Cierra tu hocico de MIERDA de una PUTA VEZ! ¡TÚ harías lo que sea por esa pony! ¡Porque solo TÚ te dejarías seducir por los malditos encantos de esa pony que solo te utilizaba y se aprovechaba de ti! ¡Cómo pudiste estar tan ciego para no darte cuenta antes! ¡No sabes como me REPUGNAS, maldito enano! ¡Odio recordar mi pasado y más importante... ODIO RECORDARTE A TI!-

Mi yo del pasado retrocedió muy atemorizado. Si era la única forma de abrirle los ojos a la realidad, que así fuera.

-P-P-Pero... n-nosotros si-siempre amamos a R-Rarity. Yo la amo. No soy el ú-único. Tú también la am...- mi paciencia terminó y no lo dejé seguir hablando.

Con una rabia creciendo a pasos agigantados, y ascuas saliendo de mis fauces, lo tomé del cuello y lo estrellé contra la pared, agrietándola un poco luego del impacto. No lo solté y lo mantuve ahí. ¡Me escucharía de una vez por todas!

-Óyeme bien, pequeño bastardo. Mírame detenidamente. ¡Yo no soy tú! ¡Somos personalidades completamente distintas! ¡Y la peor de todas es y SIEMPRE serás TÚ! ¡Aquí tú siempre serás el perrito faldero, el esclavo de esa pony que JAMÁS te valorará! ¡Quien está frente a ti es la versión que nunca se dejaría engañar ni caería por los "encantos" de la unicornio que te utilizó como su puto peón de mierda! ¡Rarity NUNCA fue la pony de mis sueños, porque la pony de mis sueños es aquella pony que me trajo a este mundo! ¡Aquella pony que estuvo a mi lado desde que nací! ¡Te diré ahora mismo que la pony que te tiene encadenado, me tenía ciego para no darme cuenta de que mi verdadero destino era estar junto a la VERDADERA pony de mis sueños! ¡Y su nombre es Twilight Sparkle! ¡Así que NO vuelvas a insinuar que somos idénticos, porque esa es la única forma en que tal vez considere no descuartizarte vivo y desparramar tu sangre por todos los malditos lados! ¡Lo único que conseguirás con tu vida de esclavo, es que tu vida se vuelva un miserable tormento! ¡Y siéndote sincero, espero que ASÍ SEA! ¡Porque quizás ESA sea la única forma de abrirte los ojos a la realidad! ¡Espero que sufras tanto, hasta que llegue el día en que desees que tu alma se vaya a pudrir en el rincón más oscuro del Helheim! ¡Solo ASÍ verás tus errores de vivir como un PUTO ESCLAVO!-

Mi furia estaba en su punto más alto. Tenía que desahogarme y qué mejor forma de hacerlo que con el enano odioso. Mi peor versión tenía una expresión de terror y podía jurar que se le había helado la sangre.

Lo solté y cayó sobre el piso. Aún mantenía esa expresión de terror y miedo.

-¿En qué m-me convertiré...?- dijo el Spike de ocho años, con una voz temerosa.

-En alguien que sabrá tomar mejores decisiones en su vida-

El brillo regresó y me teletransportó nuevamente. Ya me lo esperaba y ni me sorprendía. Lo que nunca esperé, fue que me llevaría a momentos de mi vida que no hacían más que intentar romper mis límites. Parecía que no podría ser fuerte por mucho más. Quería intentar seguir siéndolo, pero... simplemente ya no podía.

Aparecí en un lugar frío y nevado. No me complicaría esta vez al tratar de recordar. Estaba en el Ártico. El lugar donde fui derrotado por el bastardo Wolf de Xed. Y parecía que mi mente quería hacerme sufrir cada vez más. ¿Por qué pude deducir eso? Porque ahí estaba yo, arrodillado frente a ese lobo de mierda, lleno de sangre y con mi cuerpo mortalmente malherido. Twilight, Applejack, Rainbow y Shining también estaban ahí. Ninguno pudo hacer algo por mí, y no los culpo. Seguramente Xed los habría matado sin piedad, como casi lo hizo conmigo.

-No me digas que quieres seguir luchando. Te demostré que ya no soy el mismo de antes. Todos tus esfuerzos fueron en vano, dragón. ¡Soy superior a ti en TODOS los aspectos! ¡Eres DÉBIL... y ya te superé!- dijo el desgraciado.

¡DÉBIL! ¡Jajajajaja!

Oír esa maldita palabra hizo hervir mi sangre. Quería vengarme de ese Wolf. Hacerlo sufrir hasta que me suplicara por su miserable vida. Pero en mitad de mis ansias por hacer pagar a ese descendiente de Fenrir, unas palabras sonaron en mi cabeza. Y por alguna razón, tenían el mismo tono de voz que ese desconocido que se me apareció antes de embarcarme en este viaje de recuerdos malditos.

Justicia, no venganza.

-¿Justicia..., no venganza?-

-Vete... al infierno- dijo mi yo del presente.

Eso parecía haber enfurecido a Xed. Alzó su brazo derecho y sacó sus garras. El bastardo lanzó el zarpazo y podía jurar que si no hubiera reaccionado a tiempo, me habría sacado el ojo izquierdo. Me empujó con su pierna, tirándome de espalda sobre la nieve, la cual se tornó roja al entrar en contacto con mi sangre. Mi mirada estaba vacía. Y así fue como terminé aquí.

-¡SPIKEEE!- gritó mi amada Twilight al ver lo que el desgraciado de Xed me había hecho.

-¡Twilight!-

Quería correr y abrazarla. Quería consumar mi amor con ella. Lo único que quería en esos infernales momentos... era estar a su lado.

Pero para mi desgracia, mi mente tenía otros planes. ¡Unos planes dictados por el demonio! Nunca mejor dicho.


Como accediendo a las atosigantes peticiones de mi caótica mente, el brillo cegador me envolvió de pies a cabeza y me teletransportó... otra vez. Y parecía que mi destino... sería la tortura definitiva.

Todo volvió a ser oscuridad y silencio. ¡¿Y ahora qué?! ¡Volví al lugar de inicio! ¡¿Qué demonios me esperaba ahora?!

Parecía que estaba a punto de averiguarlo. Entre todo el vacío negro, se empezaron a revelar uno a uno. Los conocía a todos. A todos y cada uno de ellos. Y la mayoría, serían horribles.

Lo primero en manifestarse fue una silueta color violeta. Fue tomando forma hasta revelarse como mi amada Twilight. ¿Acaso mis deseos fueron escuchados solo por misericordia? ¿Querían darme un respiro antes de continuar con esta tortura? ¡Me importaba una mierda como haya sido! Me tranquilizaba el tener a mi princesa alicornio aquí conmigo.

-Twilight-

-Spike, no vuelvas a dejarme. No sabes cuanta falta me haces en mi vida. No vuelvas a alejarte de mi, por favor. Te amo, Spike-

Mis instintos me exigían que la abrazara. Y eso fue lo que hice. Corrí y la rodeé con mis brazos en un cálido abrazo. Mi corazón latía. Tenerla a mi lado era lo único que quería. No pido más.

-Jeg elsker deg, Twilight! Yo soy el que te pide que no te alejes de mi. No me dejes solo, mi princesa. Te suplico que JAMÁS nos separemos- (Traducción: ¡Te amo, Twilight!)

Twilight me besó en la mejilla y me abrazó devuelta. Mi cuerpo consiguió relajarse bastante, en especial luego de todo el infernal viaje por mis peores recuerdos.

-Nuestro amor será inquebrantable, mi leal guerrero- dijo ella mirándome a los ojos.

Ella cerró sus ojos y acercó sus labios. Jamás podría negarle un beso a mi preciosa Twilight. Hice lo propio, pero antes de poder unir nuestros labios en ese beso que tanto ansiaba, el destino me hizo saber que mi mente no dejaría de atosigarme. ¡Maldita sea!

-¡Spike!- una voz que para mi desgracia conocía se escuchó justo detrás de mi.

Volteé y vi una silueta blanca manifestarse en medio de todo este vacío negro. Tomó forma y se reveló. ¡No podía ser! ¡NO otra vez! Ahí estaba...

-¡¿Rarity?!-

-¡Spike... por favor escúchame!- esas endemoniadas palabras nuevamente salieron de la boca de la unicornio blanca.

-¡Cállate! ¡No quiero volver a tener NADA que ver contigo, Rarity! ¡El amor que Twilight y yo compartimos ahora es el que yo te ofrecí, pero que rechazaste! ¡No le daré la espalda a Twilight solo porque te diste cuenta de que NUNCA me valoraste hasta que me fui! Es tarde, Rarity. 13 años tarde-

No pensaba soltar a mi princesa, quien reposaba su cabeza sobre mi pecho. De repente, otra silueta más pequeña de color morado se manifestó y empezó a tomar forma. Cuando se reveló, mi ira se desató.

-Rarity... yo... ¡Yo te amo! ¡TE AMO, Rarity! ¡En serio!- era el maldito enano del carajo. Mi yo de ocho años. Mi repugnante versión del pasado.

-¡¿Tú otra vez, enano asqueroso?! ¡Lárgate a seguir siendo el esclavo de mierda que siempre fuiste!-

-¡Vámonos, Spike! ¡Huyamos lejos, a un lugar donde nuestro amor no se vea amenazado!- me dijo Twilight, frotando su rostro contra mi pecho.

-Solos tú y yo, mi princesa Twilight Sparkle-

-¡Soy superior a ti en TODOS los aspectos!- una tercera voz frenó mis intenciones de huir con mi amada.

Reconocí sin la más mínima dificultad al bastardo dueño de esa voz. Me fijé y vi una silueta negra manifestándose, que apenas se notaba por ser del mismo color que todo este vacío negro. Se reveló con su verdadera forma. ¡Ahí estaba ese Wolf! ¡Xed!

-¡TÚ!-

-¡Eres DÉBIL... y ya te superé! ¡Jajajajaja!- las malditas palabras de ese Wolf hicieron que mi furia aumentara y mi sangre hirviera a la velocidad de la luz.

-¡Tú y toda tu raza de mierda pagarán caro por sus atrocidades! ¡A ver si sigues considerándome "débil" cuando te haya sacado los intestinos con mis propias garras!-

-¡No te confíes, dragón! O desearás no saber quién soy- el Wolf me estaba provocando, y lo único que quería era abalanzarme sobre ese hijo de perra.

Con todas las intenciones de cerrarle la boca a ese bastardo descendiente de Fenrir, solté a Twilight. Pero sería un error fatal. Al momento de soltar a mi princesa de mis brazos y dirigir mi atención hacia mi enemigo, algo que no podía explicar sucedió.

-¡Spike!- Twilight dijo, con un tono de preocupación.

Volteé hacia ella y vi que se estaba alejando. Lo raro era que no lo hacía por voluntad propia, era como si una fuerza invisible la arrastrara. ¡No iba a dejar que me la arrebataran! ¡Menos en momentos como estos, con la pony responsable de mi sufrimiento, el maldito enano esclavo y el bastardo que me puso al borde de la muerte rodeándome!

-¡Spike, no me dejes!- gritó Twilight, mientras seguía siendo arrastrada hacia el vacío negro.

-¡Twilight!-

Corrí hacia ella con toda la intención de no dejar que la apartaran de mi. ¡No me arrebatarían lo único que podía evitar que perdiera la cordura! Pero antes de poder llegar con ella, un fuerte y punzante dolor en mi cabeza me hizo detenerme de golpe. El dolor era tan grande que me llevé ambas manos a la cabeza. Tanto era el dolor, que caí de rodillas sobre el negro suelo. No podía tolerarlo.

-¡Agh! ¡Ahhh! ¡Aarrgh!-

-¡Ayúdame, Spike! ¡SPIKE!- gritaba Twilight con desesperación y miedo.

Trataba con todas mis fuerzas de ponerme en pie e ir a socorrer a mi princesa. Pero el dolor era de un nivel tan grande que no me permitía moverme casi nada. Me mantenía ahí en el sitio, y estaba seguro de que tenía toda la maldita intención de no permitir que ayudara a mi novia. Lo único que podía hacer, era ver como Twilight se perdía poco a poco en el vacío negro.

-¡No, Twilight! ¡Nooo!-

Para hacer las cosas infernalmente peores de lo que ya no podían estar, los tres responsables de mi larga travesía por este camino del tormento definitivo, aprovecharon para hacerme sufrir aún más. ¡¡Malditos sean!!

-¡Spike... por favor escúchame!- dijo Rarity.

-¡Aléjate! ¡No quiero saber NADA de ti!- dijo mi yo de ocho años.

-¡Solo eres un pobre DÉBIL, jajajajaja!- dijo Xed.

Los tres desaparecieron, dejándome solo con mi tortura.

Mientras me hundía en mi agonía, mi amada desapareció en la oscuridad. Toda mi fuerza... se desmoronó. Parecía que mis límites... habían sido rotos.

-¡Aagrr! ¡Aahhh! ¡TWILIGHT!-

-¡SPIIIKEEEEEEEEE!- gritó Twilight, para después ser envuelta por la oscuridad y desaparecer.

-¡Agh! ¡Arrgh! ¡¡¡AAAAAAAAHHHHHHH!!!-

¡N-No lo tomes tan mal, mi pequeño Spike! Pero... una pony y un dragón... no funcionaría.

Ahora que con toda la seguridad del mundo vengo a decirte lo grande que es mi amor por ti, ¿llegas y me dices tú que todos los cumplidos, trabajos y favores que con mi buena voluntad hice por ti... NO VALIERON PARA NADA?

¡Venga, dónde carajos está esa determinación que tenías hace un momento! ¡Solo eres un maldito DÉBIL! ¡Jajajajaja!

¡Aléjate! ¡No quiero saber NADA de ti!

¡Eres DÉBIL... y ya te superé! ¡Jajajajaja!

¡Spike... por favor escúchame!

Rarity... yo... ¡Yo te amo! ¡TE AMO, Rarity! ¡En serio!

¡DÉBIL! ¡JAJAJAJAJA!

¡Spike... POR FAVOR ESCÚCHAME!

Creo que hasta aquí llegué. Ya no podía "ser fuerte" como me propuse ser cuando abandoné Equestria. Ya no tenía fuerzas para aguantar este tormento de 13 años y más. Mis límites habían sido destruidos. Estaba adolorido y cansado. Ya no puedo ganar esta batalla. Creo que había llegado la hora. La hora de poner fin a esta mortífera batalla contra mi pasado, con este último saliendo como vencedor. Ojalá hubiera sido más fuerte.

-¡¡YA NO PUEDO CON NADA!! ¡SÉ QUE ESPERABAS QUE LLEGARA ESTE DÍA! ¡EL DÍA EN QUE NO TENDRÍA MÁS QUE ACEPTAR LA DERROTA! ¡¿QUERÍAS MI CAÍDA?! ¡¡AQUÍ ME TIENES, HIJO DE PUTAAA!! ¡¡¿ME ESCUCHAS?!! ¡¡PERDÍ!! ¡ESTOY SOLO! ¡¡TÚ GANAS!! ¡LLÉVAME DE UNA PUTA VEZ AL HELHEIM! ¡SOLO ACABA CON MI OSCURO TORMENTO DE UNA MALDITA VEZ! JEG GIR OPP!!!- (Traducción: ¡¡¡ME RINDO!!!)

Estaba preparado para aceptar mi derrota. Pero... el destino tenía otros planes. Espera, ¡¿QUÉ...?!

-No te rindas ahora, guerrero. No estas solo- una voz habló de la nada.

-¡¿Huh...?!-

-Estoy contigo, guerrero de Dovahkiin. Nå og alltid- volvió a hablar esa voz. Era la misma voz de ese desconocido del principio. (Traducción: Ahora y siempre)

Algo que pude notar en mi visión periférica fue una luz justo detrás de mi. Volteé hacia ésta, y otra vez vi esa silueta. ¡Era él nuevamente!

-¿Eres tú otra vez?-

-No tires a la basura todos esos años en los que te armaste de valor, guerrero nórdico- dijo el desconocido.

-¿Huh? ¿De qué estás hablando? ¿Quién eres?-

-Te conozco perfectamente, Spike. Te he observado, durante mucho tiempo. Desde el día que llegaste a este mundo, hasta ahora- dijo él, para después hacer desaparecer toda esa molesta luz que lo rodeaba y no dejaba ver de quién se trataba, y finalmente revelarse.

Al mostrarse ante mi, pude ver bien de quién se trataba.

Ese desconocido resultó ser... un dragón. Un dragón color verde oscuro de espinas grises. El dragón tenía dos majestuosas alas. También tenía un cuerno a cada lado de su rostro, los cuales apuntaban hacia atrás. Su cuerpo mostraba tener una masa muscular sorprendente y una condición física increíble. Se veía muy intimidante e imponente a la vista. Parecía medir el doble que la princesa Celestia. Esto último ayudaba a reforzar las dos características anteriormente mencionadas. Llevaba puestas dos hombreras plateadas de armadura. Se encontraba de brazos cruzados, pero acto seguido, bajó ambos y pude notar que en su mano derecha llevaba una muñequera plateada de armadura, y en la izquierda igual... espera... ¡¿Que?! Lo que más me sorprendió, fue que... no tenía mano izquierda. ¿Por qué le faltaba una de sus manos? ¿Quién era ese dragón?

Todas sus piezas de armadura llevaban talladas un símbolo muy conocido. Lo había visto infinidad de veces, tanto en espadas como en escudos. Se trataba de la Runa Tiwaz. Reconocía muy bien esa Runa. Es la Runa de la motivación, del coraje y la dedicación para los logros. Señala la fuerza de voluntad para seguir adelante, capaz de derrumbar aquello que se interponga en el camino. Tiwaz nos garantiza a todos los nórdicos la victoria siempre y cuando nuestras intenciones sean justas y honestas. Recibió su nombre en nórdico antiguo en honor al dios Tyr, dios del Valor.

-¿Cómo dices conocerme?-

-Lo que digo no son mentiras, guerrero. Sé lo justo y necesario para saber que algún día necesitarías mi ayuda- dijo él.

-¡¿Qué clase de ayuda exactamente?! ¡¿Haciéndome pasar por un camino de tortura?! ¡¿Esa es la ayuda que querías ofrecerme?!-

-No saques conclusiones tan pronto, Spike. En primer lugar, yo no fui el responsable de todo lo que tuviste que pasar. Y en segundo lugar, yo sería incapaz de someter a cualquier ser a recorrer un camino lleno de sus peores recuerdos. En especial... a ti- dijo él, con una honestidad que parecía sobrepasar con creces a la que Applejack era capaz de demostrar.

-Si no fuiste tú, entonces, ¿qué carajos fue toda esa tortura? Y más importante aún, ¿por qué alguien que nunca había conocido antes querría ayudarme?-

El gran dragón se acercó a mi y volvió a cruzarse de brazos.

-Lo hago porque es mi deber. Un juramento al que juré no darle la espalda. Un juramento que sellé ante la imponente mirada de mi padre, Odín- dijo él, con ese último nombre dejándome atónito.

Acaba de mencionar a Odín, el padre de todo. Un momento... A ese dragón le faltaba una mano. Sus piezas de armadura llevan tallada la Runa Tiwaz. Dice que su padre es Odín. Esos tres factores hicieron a mi cerebro debatir y buscar quién podría asimilarse a ese dragón. No podía ser. No creía la conclusión a la que llegó mi cerebro. Por más improbable que fuera, era lo más lógico y acertado. Aquel dios heroico y justo. Aquel dios que luchó por la paz. Ese dios que inmortalizó su nombre durante el Ragnarök. Lo tenía enfrente de mi...

-¿Tyr?-

-Así es, Spike. El único- dijo él.

Me costaba mucho procesar lo que estaba viviendo. Tenía delante de mi al mismísimo Tyr. El dios del Valor. Ese dios que formaba parte de la denominada en Dovahkiin "Trinidad Aesir", junto a sus hermanos Thor y Bragi. Me sentía tan honrado por conocer, al menos en mis recuerdos, a uno de los dioses nórdicos más queridos y respetados de Dovahkiin.

-Gran Tyr, dios del Valor. Hijo del padre de todo, Odín. Mis más sinceras disculpas por mi actitud anterior. Es un gran honor para mi conocer a uno de los dioses nórdicos más legendarios en persona-

Hice una reverencia, colocando mi rodilla en el suelo. Tenía que mostrar respeto ante uno de los dioses de Dovahkiin. Tyr.

-No te preocupes, guerrero. Entiendo muy bien el motivo de tu estrés. Me alaga que muestres respeto ante uno de los dioses de tu raza, pero no hace falta ser tan formal, Spike. El que me reconozcas es suficiente. Demuestra lo mucho que has aprendido sobre los dragones y su historia. Una historia que nosotros los dioses escribimos, con el propósito de demostrar por qué los dragones son los seres más fuertes y poderosos de este mundo- decía Tyr.

Seres más "fuertes". Aquella última palabra a la cual traté de hacer justicia sobre su significado, en especial luego de ese maldito día. Pero que viéndolo ahora, parecía que ya no sería posible. Mi espíritu de lucha estaba por los suelos. Me sentía tan miserable. Tan débil. Por muy estúpido que suene, y por mucha rabia que me provocara, ese Wolf hijo de perra parecía tener razón sobre mi. ¿Cómo mierda podría enfrentarlo a él y a toda su puta raza, si ya ni siquiera me sentía con las fuerzas necesarias para seguir adelante.

-Ojalá pudiera decir lo mismo de mi, dios Tyr-

-¿Qué quieres decir, Spike?- preguntó el dios.

-Me encuentro hecho pedazos. Estoy mentalmente quebrado. Aunque siga siendo un dragón, creo que jamás podré ser como uno. Ya no me siento capaz de nada, gran Tyr-

-¿Por qué insinúas no ser fuerte como los de tu raza, joven guerrero?- me preguntó.

-¡Porque siento que ya no puedo ser fuerte como me lo propuse ser cuando me fui de Equestria! Ahora que lo veo desde un punto de vista distinto, me fui porque solo quería huir de todo el dolor que me quebró aquel día. Un chocante día que simplemente quiero olvidar. No entiendo cómo carajos no caí en la locura, sabiendo que viví por 13 largos años con esta tortura mental. Pero ya no quiero seguir con esto. Ya no puedo seguir-

Tyr se acercó a mi y puso su mano sobre mi hombro.

-Escúchame, guerrero de Dovahkiin. No te rindas ahora. No cuando aún tienes la oportunidad de enfrentar y vencer a ese recuerdo de tu pasado que tanto te atormenta. Te lo digo por experiencia propia. A pesar de ya no pertenecer a este mundo, también tuve que lidiar con un acontecimiento que me marcó de por vida, incluso en el más allá. No dejes que los demonios de tu pasado corrompan y destruyan lo que podrás construir en un futuro. Si quieres lograr pasar página y tomar el camino correcto que te llevará a una vida libre de pesadillas y malos recuerdos, solo necesitas una cosa...- me decía el dios nórdico.

-¿Y qué sería eso, gran Tyr?-

El dios me miró a los ojos.

-Valor- dijo el Aesir, para después teletransportarnos a ambos. ¿Adónde iría a parar esta vez? No tenía idea. Pero de una cosa estaba seguro. Con la compañía del dios Tyr, nada podría salir mal. Aunque, al menos eso esperaba.


Aparecimos en... ¿Muspelheim? ¿Qué hacía aquí otra vez? Esta vez era de día, y estábamos junto a la entrada de una pequeña cueva. Espera un momento... Este lugar me resultaba muy familiar.

-¿Qué hacemos aquí, gran Tyr?-

-Aquí es donde comienza tu recorrido por los recuerdos que te harán ver algo que quizás no hayas notado sobre ti mismo, guerrero. Yo te ayudaré a que lo veas con más claridad. Primero que nada, ¿reconoces este lugar, Spike?- me dijo el dios Aesir.

Busqué en mis recuerdos y logré reconocer este lugar. Esta era la cueva que usaba como mi hogar durante el último año que pasé en Dovahkiin.

-Así es. Aquí es donde yo me quedaba durante mi último año en Dovahkiin. Esta cueva era mi hogar. El único hogar propio que pude tener aquí en la tierra de los dragones-

-En ese caso, adentrémonos en ella- dijo Tyr.

Ambos nos adentramos en la cueva. Había pequeños montículos de todo tipo de gemas. Pero lo que de verdad importaba, era que... ahí estaba yo. Me estaba colocando tanto mis botas plateadas de armadura, como mis muñequeras negras. Después vi como me abrochaba la bandolera con mi espada en mi espalda. Luego de eso, mi otro yo recogió algo del suelo. Era el collar de plata con la foto de mi amada alicornio. El mismo que yo llevaba en esos momentos.

-Creo que ya tengo todo lo que necesito. Se sentirá tan raro volver luego de muchos años- dijo mi yo de ese recuerdo.

¿Acaso esto se trataba de...? ¡Claro! Este era el día en que regresaría a Equestria. El día en que me reencontraría con mi querida princesa Twilight Sparkle. El día en que volvería a pisar la tierra donde nací.

Mi yo de ese recuerdo pasó por al lado del gran Tyr y mío, y salió de la cueva. Ambos lo seguimos y lo observamos. Respiró profundamente mientras miraba al cielo.

-Es hora de empezar desde cero. Debo demostrarme a mi mismo que soy alguien totalmente nuevo. Un dragón en su mejor etapa. El pasado es pasado. Y es hora de construir un mejor futuro- dijo mi yo, para después alzar el vuelo.

-Ahora mismo me estoy dirigiendo devuelta a Equestria. Esperaba que el recuerdo maldito me diera un respiro de tanta tortura, pero no fue así. Al momento de encontrarme otra vez con Rarity, mi mente me dio a entender que esa tortura era prácticamente una maldición. Una maldición que continuaría buscando mi caída en la misma tierra donde se originó-

-Sé perfectamente como te sientes, guerrero. Estoy aquí para ayudarte y eso haré- me dijo el Aesir.

-Pero, ¿cuál es el propósito de este preciso momento de mi vida, dios Tyr?-

-Ten paciencia, guerrero dragón. Esto apenas es el principio- dijo, para después volver a teletransportarnos.

Esta vez aparecimos en... ¿Griffonstone? Muchas cosas se me venían a la cabeza al ver el arrasado lugar. Casas destruidas o en llamas, sangre en varios lugares, y cadáveres de griffos mutilados. Wolves abandonaban el lugar a toda prisa, dejando una cruel masacre detrás de ellos. ¡Malnacidos! Fue ahí cuando los vi. Ahí estaba yo.. y las chicas.

-¡Twilight, Applejack, Rainbow, ustedes quédense y traten de buscar supervivientes! ¡Si lo consiguen, luego reúnanse con Peewee y el resto, y regresen a Equestria!- ordenó mi yo en ese momento.

-¿Que regresemos?- preguntó Rainbow.

-¿Qué harás tú, Spike?- le preguntó Twilight.

-¡Iré tras ellos! Los seguiré y averiguaré hacia dónde se dirigen. Debo descubrir quien carajo son estos asesinos- dijo mi yo.

-¿Estás seguro de que es buena idea seguirlos tú solo?- le preguntó Applejack.

-Confíen en mi. Sé lo que hago- dijo él.

-E-Esta b-bien, Spike. Ten cuidado. Son peligrosos. Solo... a-asegúrate de regresar con... con... vida- dijo Twilight con preocupación en su voz.

Mi yo de ese momento se acercó a ella.

-Tranquila, Twilight. No me iré como hace 13 años. Entiendo toda tu preocupación por mi. Escúchame: averiguaré quienes son esos tipos y regresaré lo más pronto posible- dijo él.

Twilight seguía preocupada, pero confiaba en mi.

-Te estaré esperando, Spike. Vuelve a salvo- dijo ella.

-Nos vemos en Ponyville- dijo mi yo, para después darle un beso en la mejilla y salir volando tras los Wolves.

Mi amada alicornio se tocó la mejilla donde yo le había dado el beso.

-Suerte, Spike- dijo ella.

-Sería imposible no recordar este momento, gran Tyr. Jamás en mi vida había visto a un enemigo que se ensañara con sus víctimas. Tenía que averiguar sobre estos lobos. Teníamos que saber a qué nos enfrentábamos esta vez. En este preciso momento, supe que los Wolves eran una amenaza mucho más grande que cualquier otra raza malvada, como los Cambiantes-

-Empiezas a darte cuenta de que no solo es tu voluntad infinita lo que te armó para estos momentos, guerrero. Hay algo más- dijo el dios.

-¿Y qué es?-

-Muy pronto lo sabrás- dijo el dios Aesir, para después teletransportarnos.

Esta vez aparecimos en el interior de un castillo. Era el castillo del Imperio de Cristal. Me preguntaba qué sería lo que el dios Tyr me quería enseñar esta vez.

-¿Por qué estamos en el castillo del Imperio de Cristal, dios Tyr?-

-Fíjate bien, guerrero de Dovahkiin. No pierdas tus memorias- me dijo, señalando en una dirección específica.

-¿Huh?-

Ahí estábamos Cadence y yo. Veíamos una foto de ella cuando era niñera de Twilight, junto a Twilight y a mí a nuestros seis y tres años respectivamente. Era un hecho reciente. No lo podía olvidar tan fácil.

-¿Odiar cuando tenías ocho años? ¿Exactamente qué quieres decir?- preguntó la alicornio.

-A lo que me refiero, es que odio mi comportamiento de ese entonces. Ahora que crecí, me doy cuenta de que mi mente en aquel entonces estaba llena de pensamientos infantiles y estúpidos. Hasta mi razón para abandonar Equestria era parte de ellos. Todo este tiempo creí que el motivo para irme fue el rechazo de Rarity. Pero reflexioné por mucho tiempo y llegué a la conclusión de que mi partida a Dovahkiin... fue para madurar y cambiar ese comportamiento y mentalidad infantiles. Poder despejar mi mente. Dejar de ser un niño pequeño que actuaba demasiadas veces de manera errónea. Y así fue como lo hice. Me incomoda MUCHO ser así de positivo, prefiero estar siempre serio y más en situaciones donde amerita estarlo. Y suelo enfurecerme con facilidad. Demasiada la verdad. Sé que son características propias de un dragón. Te podría decir que la única cualidad que no he perdido, es ayudar y no abandonar a los que necesitan mi ayuda. Y viendo como están las cosas, Equestria, mi hogar, necesita de mí. Tú igual me necesitas. Y Twilight es quien me necesita más que nunca- mi yo de ese momento concluyó su explicación.

Luego de eso, Cadence le dio un inesperado abrazo. O más bien, me dio un abrazo.

-Como se ve que creciste, Spike. Qué importa si ya no estás tan contento como cuando eras un bebé. No importa si tu apariencia intimida. Pasaron 13 años que se sintieron como una eternidad. Un día después de tu partida, Twilight en un mar de lágrimas me dijo que te fuiste. Se me partió el corazón en dos. Sufrí de igual forma por tu partida, Spike. Twilight fue la que más se desmoronó por irte de su lado. Su corazón fue atravesado por una daga de dolor y el superar tu partida le fue imposible. Lloraba un sin fin de mares de lágrimas. Desde entonces, Twilight no volvió a ser la misma. Pero aún así, entre tanto dolor, agobio y depresión, ella NUNCA perdió la fe. Y cuando menos lo esperaba, ocurrió el mayor milagro de su vida. Regresaste a su vida. Te juro por mi vida que no volví a ver a Twilight sonreír desde que se convirtió en alicornio. Y gracias a ti, su felicidad volvió y borró todo rastro de dolor de su corazón. No tienes idea de cuanto te queremos y necesitamos, Spike. Ya no te vuelvas a ir de nuestro lado, p-p-por f-favor...- Cadence derramaba sus lágrimas, mientras seguía abrazándome.

Recuerdo como sus palabras me habían conmovido bastante. Lo único que pude hacer fue abrazarla devuelta.

-Tranquila, Cadence. Aunque yo sea un dragón de sangre y alma, Equestria nunca dejará de ser mi verdadero hogar. Esta es la tierra que me vio llegar a este mundo-

A pesar de lo mucho que me incomodara hablar sobre mi yo de ocho años, sentí que debía dejar las cosas claras con aquellos que sufrieron por mi partida a Dovahkiin. No quería que pensaran que odiaba vivir aquí. Eso solo podría ser una mentalidad de mi yo pequeño.

-No quería que Cadence se hiciera una idea errónea de mi. No quería que pensara que me fui porque en el fondo odiaba vivir en Equestria. Eso solo la habría lastimado. Más que nadie a Twilight. Por muy horrible que fuera hablar de mi versión pasada que tanto odio, hacerlo con alguien de confianza aliviaría la carga. Logré aclarar las cosas, por muy incómodo que fuera el tema. Jamás podría odiar vivir en la tierra de la pony que me trajo a la vida. Twilight es una bendición, igual de maravillosa que la "Bendición de Idun"-

-Te estás convirtiendo en el dragón que siempre supe que serías, Spike. Jamás pienses lo contrario. Pero aún queda un recuerdo, guerrero nórdico. Un recuerdo que te ayudará a darte cuenta de por qué el valor nos ayuda a ser fuertes, y nos permite enfrentar los más malos recuerdos y experiencias de nuestra vida- me dijo el dios Tyr, posando su única mano sobre mi hombro.

-Estoy más que listo para lo que desee mostrarme, dios del Valor-

El gran Tyr esbozó una muy ligera sonrisa, pero conservando esa faceta amenazante.

-Nada está perdido cuando se tiene el valor de comenzar de nuevo- dijo él, para posteriormente, proceder a teletransportarnos a ambos.

Fuera cual fuera el recuerdo, procuraría no olvidarlo. Sea cual sea la ayuda que Tyr me ofreciera, no la echaría para atrás. Si esto era lo que me regresaría las fuerzas para seguir plantándole cara a ese endemoniado pasado, entonces no me rendiría. ¡No me daría por vencido! No cuando sabía que tenía a un dios de mi lado.

Ahora aparecimos en el castillo de Twilight, en Ponyville. Tyr y yo nos encontrábamos en un pasillo, a las afueras de una puerta. Debía hacer memoria. ¡Eso es! Este era el día en que le conté a Twilight sobre el maldito recuerdo que me llevaba atormentando desde que llegué a Dovahkiin. Estaba casi al límite. No podía seguir ocultándolo más.

Y hablando de Twilight, ella apareció en el mismo pasillo donde estábamos el dios Aesir y yo. Se acercó a la puerta y se quedó frente a ésta. Ansiaba con todas mis fuerzas abrazarla y decirle lo mucho que la amaba. Pero todo esto era solo un recuerdo, y para ella yo era invisible.

-¡CÁLLATE YA, MIERDAAA! ¡Quiero que lo que te estoy por decir quede grabado en tu PUTO y minúsculo cerebro lleno de MIERDA para el resto de tu MISERABLE vida! ¡TÚ NO ERES MÁS QUE UN DESGRACIADO PERRITO FALDERO CON APARIENCIA DE DRAGÓN! ¡YO NO SOY TÚ Y JAMÁS VOLVERÉ A AMAR A RARITY! ¡JAMÁÁÁSS!- se podían escuchar mis gritos de furia del otro lado de la puerta.

Twilight se acercó a la puerta con un claro nerviosismo, pero aún así, la tocó.

-¿S-Spike...?-

-¿T-Twilight? ¿Q-Qué ocurre...?- dijo mi yo de ese recuerdo.

-¿P-P-Puedo... p-pasar?-

-Uhh... c-claro, Twilight. Adelante-

Twilight se adentró en la habitación, y el gran Tyr y yo hicimos lo mismo.

-Hola Twilight...- recuerdo que en ese momento, trataba de sonar normal, pero iba a ser imposible.

-Spike, ¿podríamos hablar de algo?-

-¿H-Hablar? ¿De qué?-

-Pues... sobre ti-

-Oh, pues... c-claro. Por qué no...-

Twilight se sentó frente a mí en ese momento.

-Debo suponer que no hará falta que te pregunte si sabes lo que pasará ahora, ¿verdad, guerrero?- me dijo el dios Tyr.

-Supone bien, gran Tyr. Y también debo decirle que voy a permanecer en silencio durante todo este recuerdo. Es algo que necesito hacer-

-Pues en ese caso, entiendo tu decisión y la respeto, guerrero nórdico. Así que, contempla como el valor te permitió liberar gran parte de tu dolor del pasado- concluyó el Aesir, para que al igual que yo, procediera a guardar silencio.

-Spike, ¿cómo te sientes?-

-Ehh... ¿Por qué me preguntas eso, Twilight?-

-Me preocupas demasiado, Spike. No sabes lo mucho que me importa tu estado. Pero ya no hace falta que me respondas. Sé que no te encuentras NADA bien. Luego de lo que me contó Rarity, es muy evidente- dijo Twilight.

-¿R-Rarity? ¿Qué tiene que ver ella en esto?-

-Después de que te fueras a entrenar, Rarity vino al castillo. Me dijo que tú y ella se encontraron en el camino. Y que quiso hablarte sobre algo. Me contó que reaccionaste de una forma muy inesperada. Gritabas como si tuvieras miedo y que acto seguido saliste volando a toda prisa. Eso fue más que suficiente para agraviar mi preocupación por ti, Spike. No puedo estar tranquila sabiendo que algo malo te ocurre. Esos gritos seguramente son los mismos que me helaron la sangre, justo hace unos momentos o el día de ayer, antes de que fuéramos a Canterlot. Después de escuchar mis palabras, ¿de verdad vas a decirme que estás bien?- terminó Twilight.

En ese preciso momento, supe que ya no podría negarle a Twilight que algo estaba muy mal conmigo. No iba a mentirle a mi amada princesa. No lo haría nunca. Por muy doloroso y devastador que fuera hablar del tema, mi valor interno logró armarme para ese momento.

-Esta bien, Twilight. No pienso mentirte. Me encuentro muy mal. Desde que llegué a Dovahkiin estuve así. Y aunque regresé a Equestria, sigo con este maldito dolor del pasado. Estoy así por... por el... el... incidente con Rarity... de hace 13 años. El día que... quise huir de... todo este dolor-

-¿Sigues pensando... en... ese día?-

-No pienso en ese... maldito día del demonio. No quiero hacerlo. En realidad... es mi mente la que no me deja en paz. Ese MALDITO recuerdo del día que Rarity me rechazó no quiere parar de torturarme. Lo ÚNICO que quise aquel día... fue olvidar a Rarity y a su confesión que me destrozó en mil pedazos. Creo que nunca entenderé cómo pude vivir 13 largos años con ese demonio del pasado en mi cabeza, que se niega a abandonarme, incluso aquí en Equestria-

Y tal como lo contó mi yo del recuerdo, así fue. Cuando regresé, después de la pelea contra Xed y aquí en el castillo de Twilight. Mi pasado me hacía entender que esta tortura me seguiría hasta el día de mi muerte.

-Todo este tiempo estuviste ahogándote en ese sufrimiento, ¿y lo dejaste pasar sin más? ¿Por qué nunca me dijiste nada al respecto, Spike? ¿Acaso... no me tenías la suficiente confianza para hacerlo...?- dijo ella bajando sus orejas.

-¿Que? ¡No no no! ¡Claro que no! La confianza entre ambos es más grande que nada. Eres mi mejor amiga. La pony en quien más puedo confiar. No dije nada pues... porque... el solo pensar en ese... recuerdo del diablo era un dolor agonizante. Volver a recordar el día en que toda mi vida daría un infernal giro. Un día que desataría un tormento equivalente al mismo infierno nórdico, Helheim. El día que me fui de Equestria. El día que... como un miserable cobarde... te abandoné-

En ese momento preciso, el dolor era tanto que no pude contener las lágrimas.

-Por Celestia. Ay Spike- Twilight se acercó y me abrazó en ese momento. Sus lágrimas también se hicieron presentes.

-Creo que solo junto a ti... podía desahogarme de todo este dolor. Contártelo fue l-lo c-correcto. Poder dejarlo s-salir todo e-e-es un alivio muy g-grande. ¿Sabes algo, Twilight? Creo que lo-los dragones si llo-lloran después de todo...-

Lo admito. Hasta los seres más fuertes y orgullosos teníamos nuestro lado más sensible.

-Ya n-no llores, Spike. Que el pasado se q-quede ahí. En el pasado. Hay que ver hacia el futuro. Tengo la absoluta seguridad de que p-p-podrás superar ese desgarrador recuerdo. Sé que serás ca-capaz. Al igual que e-eres capaz de plantarles cara a los Wolves. Eres un dragón muy fuerte. Único en tu especie. Rarity no te s-supo valorar ni a nada de lo que hiciste por ella. Fue una estúpida. Pero ahora, ese tiene que ser SU problema, no el nuestro- Twilight dijo entre sollozos.

Bajé la mirada, a la vez que suspiraba y cerraba los ojos. A pesar de no poder verlo, sentía como el dios Tyr dirigía su mirada hacia mí.

Se paró justo detrás de mí y posó su única mano sobre mi hombro. Nos teletransportó nuevamente. Pero esta vez, ya no fui llevado a revisitar uno de mis recuerdos. Esta vez regresamos al vacío negro.

Caminé un poco, alejándome del dios Aesir.

-¿Qué hago? ¿Qué puedo hacer?-

-Enfrenta tus temores, guerrero. Enfrenta tu pasado- me dijo el dios Tyr.

-Pero, ¿cómo?-

-De la misma forma en que actuaste en esos recuerdos- dijo él.

-¿En qué forma, gran Tyr?-

El dios nórdico se acercó a mí de brazos cruzados. Su postura era muy intimidante. A la vista se notaba que era todo un dios.

-Con valor y voluntad- dijo el dios.

Agarré el collar con la foto de mi amada princesa alicornio y me quedé viendo la foto.

-El valor nos hace fuertes. Es lo que nos permite seguir avanzando. Cualquiera puede esconderse del pasado y no afrontarlo. Enfrentar los problemas y buscar la solución es lo que te hace fuerte, Spike. Nunca pienses que no lo eres. Porque NO es así. Yo lo sé, guerrero de Dovahkiin. Eres un dragón con un valor y voluntad grandes. La fuerza no viene de la capacidad física sino de una voluntad indomable. Y esa voluntad indomable es la que solo TÚ posees, Spike. Y así como has demostrado a lo largo de todos estos años que posees esas cualidades, sé que seguirás haciéndolo en esos momentos en que Equestria te necesite- finalizó Tyr, para después salir volando sin quitarme la vista de encima.

-Cree en ti mismo, Spike. Aunque no lo creas, nos parecemos bastante. Debes verte reflejado en mí, guerrero. Eres un dragón muy fuerte. Lo sé- el dios Aesir se empezó a desvanecer en la oscuridad.

-Es hora de regresar a la realidad, Spike- Tyr se desvaneció.

Me quedé pensativo por varios minutos.

-Puedes usar tu voluntad en tu beneficio o ponerla al servicio de aquellos que te importan-

Sabía lo que tenía que hacer. No me echaría para atrás. Equestria me necesita. Twilight me necesita. No los abandonaré. No ahora.


Hola de nuevo, lectores. Por fin vuelvo con un nuevo capítulo de la historia. El más largo que he escrito, superando al CAPITULO 11. Sé que muchos están impacientes por querer saber lo que va a pasar después de cada capítulo. De hecho, estuve pensando en acortar el tiempo de salida de cada capítulo de 2 meses a 1, más que nada para no tardarme tanto, ya que lo que tengo planeado créanme que da para laaargo. Pero lo veo complicado debido a la dichosa universidad. Trataré de hacer mi mejor esfuerzo. Díganme qué opinan de esta idea.

Quería aprovechar también para "remasterizar" los diálogos del prólogo y los capitulo 3, 4, 6 y 8. Espero que hayan quedado bien. Yo pues aquí, creando OCs como loco para más adelante y son casi 30 al momento de escribir esto. Bueno, en fin. Espero que mis futuros fanfics sean igual o más buenos que este que es solo el inicio. Supongo que eso es todo.

PREGUNTA:

¿Cuál es su CMC (Cutie Mark Crusader) favorita?

La mía es Sweetie Belle

Debo aprovechar estas preguntas. Sin duda fue una buena idea. Así podré ir agregando cosas a futuro para hacer más disfrutables y entretenidas las historias. Espero que resulte.

Recomienden mi historia si les está gustando y síganme para estar atentos.

Hasta otra, lectores.