Hola, bienvenidos mis amores.
Una nueva actualización, eh vistos que me la han estado pidiendo bastante así que como saben, el turno de las actualizaciones vuelve a retomarse, espero sea de su agrado y lo disfruten un monto. Sin más, empecemos.
Los personajes de Dragón Ball Z, no me pertenecen, son propiedad de Akira Toriyama. Al igual que los personajes de Resident Evil pertenecen a la empresa japonesa CapCom.
Facebook: FanFiction Mikashimota Z
Wattpad: MikashimotaZ
PD: Perdón si tengo algún error de ortografía.
PD2: Perdón por demorar tanto
Capitulo: 38 de Dragon Ball Z
MoonWalker/Otaku/Jacksonera- Can't Let Her Get Away
Advertencia: Esta historia no sigue líneas del tiempo.
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El aire soplaba calmo y los grillos cantaban no muy lejos de ella, siendo lo poco o mucho que pudiese escuchar en el ambiente, su cuerpo se sentía entumecido, frio y entumido por llevar tanto rato en esa posición, endurecido en varias partes al punto de no llegar a sentir el trozo de carne acalambrado si no el hueso de la zona, sentada en el suelo todavía apenas y respiraba por inercia, con el molesto pitido de la bocina crispando sus oídos y el cigarro extinto entre sus dedos, su cabeza recostada contra la pared a sus espaldas y sus ojos entrecerrados mirando fijamente un punto ciego del barandal de la escalera.
"Lo llevare para que logres despedirte, descansa"
De nuevo su padre aparecía en sus recuerdos haciéndola suspirar y sentir el dolor de sus articulaciones al apenas moverse un milímetro de su actual posición, cerro sus ojos cansados mientras exhalaba acabada y su mente se obligaba a rebobinar sus acciones pasadas además del insípido remordimiento invadir su boca no permitiéndole estar en paz, habían pasado los días y ella ni se había dignado en ver a su lastimado esposo ni a su pequeño hijo y ahora sabía que no había tiempo de retomar sus acciones, su niño se iba al espacio, a un planeta lejano donde pasarían meses sin poder verlo, sin que sus brazos pretendieran protegerlo como no había podido hacer en los últimos días, sin importar de nuevo su olvido, quedando sola sin poder reafirmar su relación como madre e hijo ¿Qué tan difícil era entender el contexto de la situación? ¿Por qué se le hacía tan difícil entender esos sentimientos que habían embargado su persona como el de su hijo y esposo? Necesitaban revivir a las personas asesinadas por eso "Saiyajines" y para ello necesitaban la ayuda de su familia, para ello necesitaban la ayuda de Goku, pero su estado actual se lo impedía, su salud estaba en el borde de un hilo y no era una opción someterlo a semejante responsabilidad y hasta ahí lo entendía, mas no coincidía con que su pequeño remplazara a su padre en tan travesía tan peligrosa ¿Podrían entenderle eso? ¿Acaso era mucho pedir?
Gohan había aceptado, había decidido tomar esa responsabilidad junto al Hombrecillo de cabeza rapada, ese enano amigo de su esposo con la extraña deformación en su rostro, por no decir que no era visible la diminuta nariz casi inexistente del pequeño Krillin, pero ahí no era donde radicaba todo el problema, era esa escandalosa mujer la líder de ese equipo de investigación, ese grupo encargado de buscar las esferas del Dragón de tal extraño planeta, ella era la responsable de que su viaje fuera calmo y seguro para los dos hombrecillos, era Bulma la responsable de esa situación ¿Por qué no se había encargado de esa situación por si sola? Había tenido que abrir la boca cuando creía poder recuperar el lazo que había perdido en ese año lejos de su esposo e hijo, pero no, había arruinado sus planes antes de que siquiera comenzara. Curvo su espalda un par de segundos escuchando como sus discos se acomodaban habiéndola sentir el dolor de la posición en su espalda baja, hizo una mueca y cambio el rumbo de su mirada dejando escapar un jadeo mucho más cansado como a la vez su mente parecía dar un leve giro diferente por donde antes había estado viajando, debía de ser lógica y eso la obligo a ver el pro de la situación, era consciente de las verdaderas intenciones y por qué lo hacían, pero el comprender al cien por ciento los hechos aun le era muy difícil, después de todo nunca tuvo una conexión con los fallecidos en un porcentaje total
"Deseo revivir al señor Piccoro con mis propias manos"
—Piccoro... —ese extraterrestre de piel asquerosamente verde y de largos colmillos y uñas volvió a su mente, llevaba años sin escuchar ese nombre, desde el torneo de artes marciales N°23 no había vuelto a escuchar de él hasta que ese terrible día, donde con palabras frías le confesaron esa horrible noticia, su hijo había sido secuestrado por ese monstruo y su esposo había sido asesinado con su hermano mayor, desde ese día había decidido alejar ese nombre de su mente, no obstante, su pequeño se lo había vuelto a recordar y de la peor manera, su pequeño había hablado con pena y tristeza, con dolor y frustración en su aniñada voz ¿Habría creado algún vínculo fraternal entre los dos? Casi un año conviviendo juntos podrían haber pasado miles de cosas —Tsk — Chasqueo la lengua mientras acomodaba su cuerpo en ese lugar y volvía a enfocar sus ojos al enorme ventanal frente a ella. Su Gohan había tomado esa extraña personalidad afectiva con quien menos se lo podría esperar, así era su esposo... igual de compasivos—Goku — mordió su labio inferior un par de segundos, también se había olvidado de él y a pesar que añoraba estar a su lado, no sabía en qué momento su extraña personalidad saldría a flote ni mucho menos como controlar su empeorado temperamento buscando algún motivo para enojarse, quisiera o no, esa situación había afectado toda su personalidad, siendo tan irritante que ni ella misma lograba soportarse en ocasiones. Volvió a exhalar mientras soltaba un bufido más fuerte y se levantaba del lugar escuchando el rechinido de sus coyunturas y huesos al reacomodarse a su lugar original para después estirar un poco su cuerpo para colgando el teléfono como se debía y tirando la colilla de cigarro contra la entrada de la puerta del domicilio, exhalo cansada y subiendo de dos en dos los escalones de su casa hasta la planta superior para ingresar a su habitación y luego a la ducha sin importar sus ropas y zapatos aun encima, abriendo el grifo de agua fría y metiéndose bajo la lluvia sinsabor que salía de la tubería dejando que ese líquido empapara su cuerpo sin excepción alguna, alejando cualquier tipo de pensamientos de su cabeza relajando sus tensos músculos para poco después salir de la ducha, dejando sus prendas húmedas en una canasta del baños y con apenas una toalla en su cabeza salía de este, desplazándose con pasos lentos hacia su closet, tomando su pijama de tirantes y sin importarle tomar algo más se puso ese trozo de tela sobre su húmeda y erizada piel, metiéndose en ese estado entre las cobijas dejando que las frazadas calentaran sus extremidades antes de caer profundamente dormida sin que su mente se perturbara por nada de lo que había estado martirizándose en la planta inferior de su casa.
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El sol se filtró por la ventana de su habitación antes de dar un salto por el estruendoso pitido de su alarma, un quejido escapo de entre sus labios y el frio viento erizo los vellos de su piel, se encogió en su lugar intentando retomar algo de calor mientras cubría su cabeza con el enorme edredón pero la húmeda toalla bajo su cabeza roso su mejillas haciéndola levantar su cuerpo apenas 40° dejando escapar un bufido antes de tomarla en su mano izquierda y tirarla fuera de su cama dejando caer su rostro contra la almohada, pero esta estaba igual de húmeda que la toalla, exhalando un bufido exasperada, antes de incorporarse de nuevo esta vez quedando arrodillada sobre la enorme cama con sus piernas separadas y su rostro de frente a la ventana con sus ojos aun cerrados sintieron la calidez del día y como este le informaba del buen clima con el que amanecía la montaña, con un estirón de su cuerpo pudo abrir sus ojos apenas unos milímetros para que su vista se acostumbrara al sol entrante, descendió su mirada poco después hallando la hora del molesto reloj reflejada en enormes números rojos.
—Ocho y cuarto de la mañana... —Susurro antes de salir de la cama y acomodar su camisón mientras se dirigía al baño, salió poco después rumbo a su closet donde apenas busco un par de prendas vistiendo un juego de ropa en encaje negra, una camiseta de color rojo oscuro, unos pantalones sueltos negros y unos tenis blancos de amarrar, peino sus cabellos y bajo a paso lento hacia la primera planta sin importarle el desorden de su habitación, después de todo no había que le dijera algo por el desorden de su casa, se encamino a la cocina aun soñolienta pero apenas puso a calentar algo de agua en la tetera un par de golpes en su puerta la desconcertaron, miro por sobre su hombro la entrada de su casa donde se escucharon de nuevo un par de golpecitos, con cuidado camino hasta allí a pasos lentos antes de sujetar el cerrojo de esta, giro la llave en lentos movimientos mientras su oreja empezaba a pegarse lentamente contra la puerta, agudizo su oído pero solo el ruido de un par de pisadas se oía, decidido abrir la puerta mientras su ceño serio se mantenía calmo, no obstante la enorme figura de su padre opacaba su visión, le miro un par de segundos antes de que este negara con su cabeza alejándose de la entrada yendo directamente al interior de la casa, lo siguió con la mirada, pero rápidamente volvió sus ojos frente a ella, donde su pequeño retoño vestía un tierno traje azul de pantalones cortos con sus largos cabellos recogidos en una coleta sin dejar de mirar el suelo. Su corazón se comprimió y sus ojos rápidamente se enternecieron, dio dos pasos al frente y pasando saliva dejo escapar un par de murmullos antes de llamarlo por su nombre.
—¿Gohan? —le llamo mientras intentaba inclinar su rostro para poder captar la mirada del pequeñito, mas este solo se encogió de hombros antes de mirarla, nervioso, asustado de su reacción, después de la extraña discusión que habían tenido hace días en el hospital, su primera discusión... —Gohan —lo volvió a llamar esta vez mas fuerte y mientras se acercaba a penas un metro no pudo evitar morder su mejilla interna mientras este dudaba en acercarse o no, pero apenas necesito anclarse en una rodilla para que el pequeñito corriera hacia ella, abrazándola con fuerza mientras ocultaba su rostro en su cuello. Milk lo recibió cálido mientras olía sus largos cabellos y lo apretaba contra su cuerpo sintiendo que un nudo que creía inexistente le obligaba a lagrimear, sus ojos se aguaron y mirando al cielo se obligó a retomar la calma a pesar de los excesivos intentos de ese nudo por hacerla quebrarse en ese momento, tomo una bocarada de aire antes de besar la mejilla del pequeño y acariciar su tierna y diminuta espalda —Mi pequeño Gohan... —susurro en su oído volviendo a besar su carita antes de que una lagrima escapara de uno de sus ojos sin poder evitarlo—Cuanto lo siento, perdóname Hijo... —sentencio antes de ser ella la que ocultara su rostro en el pequeño cuellito dejando ambas rodillas contra el húmedo césped.
—No digas eso Mamita, soy yo el que se debe disculpar, no debí gritarte... — susurro ahogado el pequeño niño mientras también intentaba contener el llanto, pero la morena negó y alejándose un poco de él miro sus hermosos ojos negros y dejando escapar una lagrima beso su frente dejando salir el nudo de su garganta en un par de lágrimas más.
—Hijo mío... — susurro mientras el pequeño quitaba las lágrimas de su rostro sin evitar sonreír por tal acto lleno de ternura hacia ella—Compensare mi fallo ¿Has desayunado bien? —el pequeño asintió, pero el sonido de su estómago delato la pequeña mentirita que había soltado —Ven, te preparare algo delicioso. —comento llevando al pequeño en sus brazos al interior de su casa donde su gigantesco padre esperaba con un pañuelo en su rostro, alejando las lágrimas de su rostro —¿Papá?
—Me alegra saber que se han reconciliado... —sollozo el enorme hombre mientras la morena miraba a los ojos a su pequeño niño antes de volver a besar su mejilla y llevándolo consigo lo sentó en la acostumbrada silla que hace un año había estado usando, le dio un par de caricias más, pero esta vez a sus largos cabellos antes de correr literalmente hacia la cocina.
—Papá, siéntate en la mesa, preparare algo de comer... —el enorme hombre obedeció entre sus sollozos mientras la chica tomaba un par de gigantescas ollas empezando a preparar una ración considerable de comida, para los tres, al fin y al cabo, no era solo Goku y su pequeño Hijo los únicos en comer en enormes proporciones. Al finalizar y dejar la mesa servida el primero en tomar bocado fue el pequeño moreno balbuceando lo delicioso que estaba en cada bocado y cuanto había extrañado esa sazón, poco después se le unió Ox Satan, pero la morena apenas con un vaso de té había acompañado el enorme banquete creyendo que era más satisfactorio ver comer a sus seres queridos que ella también probar bocado, se les quedo mirando y sobre todo al pequeño niño sin que este les prestara atención a sus cándidos ojos maternales. La morena a pesar de sentir que el ambiente volvía a la normalidad, sabía perfectamente que ocurriría después, el ver partir a su pequeño hijo y que en vez este se mantuviera lejos por más de dos largos meses, dejo escapar un bufido, pero el carraspeo de su padre la hizo girar a verlo.
—Milk, como sabrás, Gohan el día de hoy partirá en busca de las esferas del dragón y por ello... —la morena levanto su mano izquierda para que este guardara silencio, volvió la mirada a su pequeño que había parado de masticar mientras apretaba la cuchara en su mano derecha al escuchar el verdadero motivo por el que habían ido a ese lugar en primera instancia.
—Gohan —le llamo casi en un susurro haciendo tensar al pequeño niño —sabes que no estoy de acuerdo con que vayas a este viaje... —el pequeño levanto sus ojos mientras su ceño se fruncía y sus labios se apretaban en impotencia —Pero... —la chica dejo escapar un jadeo antes de mirar por unos segundos un par de platos vacíos frente a ellas para después mirar profundamente al chiquillo —Bien me hiciste saber que no estaba en discusión el no ir, pero... yo quisiera saber — trago pesado antes de estirar su mano por sobre la mesa sujetando la mano empuñada del pequeño haciendo que este relajara su postura un par de segundos —¿Qué tan importante es Piccoro para ti? —soltó dejando a su enorme padre sorprendido y al pequeño Gohan anonadado —¿Tan importante es traerlo de vuelta a la vida? —el pequeño niño le devolvió el apretón a su madre, inclinándose sobre la mesa mirando fijamente los ojos de su progenitora, recordando los extraños encuentros que tuvo con su mentor en el corto año que estuvieron juntos, como este perdió la vida al defenderlo y como también le expreso los sentimientos de cariño hacia él poco antes de morir, por eso añoraba traerlo de vuelta y poder agradecerle todo lo que él había hecho por él, se lo debía después de todo.
—El señor Piccoro es muy especial para mí, debo de rectificarme por haberle fallado en la pelea que tuvimos con esos Saiyajines... Mamá, yo debo de traerlo de vuelta a la vida... —con esas últimas palabras la morena se dejó caer sobre su asiento mientras su mirada recaída en el plato semi vacío de su pequeño hijo, suspiro rendida y tomando algo de fuerzas se obligó a soltarlo para así ponerse de pie.
—Si es así, lo aceptare, pero debes prometerme que volver sano y salvo, no soportaría perderte de nuevo... — apretó los puños de sus manos intentando contener su impotencia antes de que el pequeño le asintiera con una sonrisa antes de continuar con su alimentación. Sin entender el verdadero contraste de las palabras de su madre, el como ella se tragaba su orgullo y se obligaba a decir cosas que en verdad no sentía, solo por ver a su hijo sonreír una vez más. Poco después de esa conversación solo había optado por buscar un par de libros para que el pequeño estudiara en el camino y como una leve sugerencia por parte de su padre cortarle el largo cabello, a pesar de no ser una experta lo acepto, dejándole un lindo corte de honguito a su redondita cara, aunque la expresión del pequeño al verse no le indicara su aceptación.
—Bien, es hora de irnos, nos deben de estar esperando en Kame House... —el pequeño con la cabeza gacha tomo un par de bolsas y las llevo consigo hasta el auto de su abuelo.
—Parece no muy contento ¿No Papá? —rio la morena mientras alzaba las que sobraban y las llevaba con ella junto a su padre.
—Es mientras se acostumbra, después de eso, ya verás cómo le gusta... —la morena negó sonriente, pero al llegar al auto no pudo evitar sentirse incomoda ¿Cómo dejar ir a su pequeño sin despedirse adecuadamente? Miro de reojo a su padre que cerraba la cajuela en un solo movimiento y se encaminaba al volante del coche.
—¡Espera Papá! — la morena le retuvo antes de volver corriendo a la casa para pocos minutos después salir con un traje tradicional verde y su conocido mono sobre su cabeza —Los acompañare... — camino hacia el asiento trasero sentándose al lado del pequeño quien la miraba sorprendido.
—¿Estas segura Milk? —menciono su padre entrando al auto y ajustando su cinturón, esta asintió y tomando la mano del pequeño se permitieron emprender camino en dirección a la pequeña isla del maestro Roshi sin que en el camino el clima cambiara, acomodo a su pequeño más cerca de ella y dejo que este descansara entre sus brazos en el largo recorrido que debían cruzar para llegar a Kame House, pero no le importaba si tardaban un día entero, solo estaba atenta a los leves ronquidos que escapaban de su pequeño al estar dormitando en el cómodo canto de su madre.
Al llegar Ox Satán fue el primero en bajar del auto empezando a dejar sobre el suelo la variada cantidad de equipaje que el pequeño llevaría consigo al espacio, aun a pesar de ello Milk desde el interior del auto observo un enorme objeto sobre la arena de la isla, sin evitando torcer el ceño ante lo que suponía debía de ser la supuesta nave. Con un poco de desconfianza miro a su cabizbajo niño y arreglando un par de mechones de cabello hizo que la mirara aun estando recostado en sus piernas, enternecida y al igual de ansiosa que él le hizo una seña con la cabeza hacia la salida del auto, pero este solo se removió en su lugar como si aún no estuviera seguro de su decisión ¿Habría cambiado de parecer?
—Vamos Gohan — Abrió la puerta del auto de su costado y haciendo que el pequeño se reincorporara fue la segunda en salir dejando una última maleta junto a las demás sobre la arena, observo como Bulma torcía el rostro al verla, pero ignorando eso observo al maestro y al bajito hombre antes de girar su cabeza un par de segundos a la nave detallando más exactamente su extraña forma.
—Disculpen nuestra tardanza, se nos hizo un poco tarde — la morena miro a su padre un par de segundos antes de mirar un punto sobre el arenoso suelo sin evitar curvar una de sus cejas —Con que esta es la nave espacial, se ve muy resistente... —la morena carraspeo la garganta y abriendo un poco más la puerta de auto mirando hacia el interior.
—Bien Gohan, debes salir ya... —se obligó a decir la morena, pero este con duda empezó a deslizarse del asiento antes de salir del coche sin dejar de mirar al suelo mientras sus mejillas tomaban un par de grados de rubor —¿Gohan? —el pequeño se encogió en su lugar y una carcajada a un par de metros la hizo mirar de nuevo al frente.
—¿De verdad eres tú Gohan? —el bajito hombre no pudo evitar mantener una enorme sonrisa en el rostro, incomodando mucho más a la morena haciéndola sentir de igual manera, avergonzada por alguna extraña razón, después de todo había sido ella quien le había cortado el cabello —¿Qué le paso a tu cabello? — el pequeño iba a responder, pero la morena no pudo evitar interponerse frente al pequeño mientras uno de sus brazos se apoyaba en el techo del auto.
—¿Qué te parece tan gracioso cabeza de boliche? —chisto la morena sin dejar de sentir el calor en sus mejillas, Tanto se había esmerado en ponerse un lindo traje para presentarse frente a ellos... Y se estaban burlando de su pequeño niño.
—No importa, debemos irnos inmediatamente — intervino la peliazul, caminando rápidamente hacia la nave haciendo que una compuerta se desprendiera lentamente de esta antes de subir en ella, seguida del bajito hombre huyendo de la mirada recriminatoria de la morena, ayudando a subir el equipaje antes de que Gohan también se subiera.
—Abuelito, Mamá, Maestro Roshi, es hora de irnos, cuídense mucho... —la morena corto la distancia en un par de zancadas mientras envolvía a su retoño entre sus brazos, apretándolo contra ella mientras le daba un último beso sintiendo el calor de su pequeño cuerpo junto a ella.
—Cuídate mucho... —susurro en su oído al llevar su mano derecha sobre sus cabello y besando apenas sus hebras negras retrocedió dos pasos dejando al pequeño niño sonrojado y a un pequeño hombre incomodo por el afecto entre madre e hijo, la Peliazul solo carraspeo la garganta y susurrando alguna extraña palabra hizo que la compuerta empezó a ascender haciendo a la morena crispar, dando un paso hacia ellos, pero el brazo de su padre la detuvo antes de ver por última vez a su pequeño niño desaparecer.
—Todo estará bien Milk — susurro su padre antes de que la nave empezará a vibrar y pocos segundos después saliera disparada hacia el cielo desapareciendo entre las nubes a una velocidad pasmosa, que de igual manera no la había dejado pensar en el corto tiempo que tomo para que esta dejara de visualizarse.
—Gohan... —susurro la morena mientras un nudo se formaba en su pecho y sus hombros empezaban a temblar —Es mejor irnos de una vez... — su padre y el maestro Roshi la miraron extrañados, pero esta solo se encamino al coche y siendo esta vez ella quien se sentará en el Volante y su padre de copiloto.
—¿Hija? —la morena encendió el auto y mirando de soslayo a su padre emprendió marcha, lejos de la isla sin siquiera despedirse del pobre anciano —Milk ¿A dónde vamos?
—Necesito ir a la Corporación Capsule...
—Creí que iríamos a ver a Goku, está solo en el Hospital... —la morena chasqueo la lengua antes de acelerar en su viaje asustando a su padre quien se sujetó como pudo de su asiento antes de soltar un leve alarido por la sorpresa, estaba nerviosa de que su hijo se fuera al espacio y por ello necesitaba saber por parte del viejo Brief que tal iba su recorrido a pesar de que este acabara de empezar, pero el que nombraran a su esposo la hizo ponerse más tensa sin alguna razón aparente, él también debía de preguntarse el porqué de su ausencia de todos esos días y aunque el viaje iba a gran velocidad no sabía por quién decidirse. Su hijo o su esposo, ambos en situaciones delicadas que ella no había tomado las medidas necesarias para poder sobrellevar.
—¡Hija! ¡Baja la velocidad! — chisto su padre antes de que ella tocara tierra entre un par de islas viendo de lejos la primera ciudad que debían de atravesar antes de llegar a la capital, se obligó a tomar algo de aire y con duda bajar la velocidad a la que iban gracias al estruendoso grito por parte de su progenitor —Milk, debes tranquilizarte, Gohan estará bien, no te preocupes... —miro de nuevo a su padre, buscando la verdadera razón del porque estaba tan confiado, el cómo lograba ver el lado positivo de las situaciones sin llegar a alterarse ¿Cómo había hecho para manejar lo complicado de las situaciones por las que había qué tenido que atravesar ambos? ¿Tan sabio podía ser? O solo era un despreocupado más... suspiro rendida y dejándose llevar acepto con un par de movimientos de su cabeza, resignada a esperar un poco antes de contactar con el viejo decrepito —Vamos donde Goku, debe estar preocupado también... —la chica lo miro de vuelta y con la duda a pocos segundos de escapar de su boca sintió como su habla había desaparecido, no se hallaba realmente segura de poder enfrentar al moreno en tan poco tiempo sin tener sus emociones realmente controladas —¿Milk? —desvió su mirada de nuevo a las innumerables edificaciones sin contestar, mientras la mañana seguía avanzando a medida que el auto cruzaba la ciudad.
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Una hora después del viaje ya habían dejado atrás gran cantidad de ciudades viento a un par de kilómetros como la gigantesca capital se abría frente a ellos, aun sin habla solo la melodía de la radio apaciguaba el silencio entre ambos adultos, pocos minutos después de haber finalizo su conversación su padre había puesto la radio, en esas pegajosas y viejas canciones que tanto le gustaban, más en ese instante parecían ignorar hasta eso, solo cuando se vieron a pocas calles de llegar la morena no pudo avanzar más, deteniendo el auto en medio de una zona comercial de golpe extrañando a su gigantesco padre sin que el motor dejara de vibrar ni la radio de sonar, espero un par de segundos aun con la mirada al frente hasta que sus manos viajaron por inercia hacia su cinturón dejándola libre.
—Milk —la puerta del lado del conductor se abrió al paso que la morena salía de este, cerrándola velozmente antes de mirar a su progenitor por medio de la ventana semi abierta.
—Papá — apoyo sus antebrazos en el vidrio y con una sonrisa pequeña y totalmente forzada frenando el intento de su padre por mantenerla aun dentro del auto —Adelántate, iré a comprar algo para Goku, en un rato estaré con ustedes —el Gigantesco hombre parpadeo extrañado y sus cejas no pudieron evitar fruncirse.
—Pero hija... —la morena negó y dejándolo solo se alejó a paso acelerando cruzando la calle a pesar de la velocidad en la que los coches transitaban al estar el semáforo en verde —¡Milk! —el hombre grito desde su puesto, más la figura de la morena desaparecía cada vez más rápido en medio de la multitud, con un puchero en su rostro solo dejo escapar un jadeo de molestia antes de cambiar de lugar para así emprender camino al enorme hospital.
"Esa Muchacha nunca va a cambiar"
A su vez la morena no había dejado de caminar hasta estar segura que su padre no la seguiría, donde sabía que no la encontraría con tanta multitud, entre las calles e innumerables tiendas a su alrededor, su mente se permitió divagar hasta hallarse segura de sí misma, del entorno que la seguía y del como su entorno parecía irreconocible. Freno al girar en una esquina dejándose ir de espaldas contra un muro donde sus piernas apenas y le daban la fuerza de seguir en pie, retomo el aire en una gran bocarada antes de alzar la mirada intentando reconocer el lugar donde se hallaba ¿Tanto había caminado? volvió a suspirar derrotada al identificar la enorme plazoleta, cerca al antiguo estadio donde se ejecutaban los torneos de artes marciales ¿Hace cuánto había sido la última vez que había pasado por ahí? Ni siquiera recordaba haber pasado por allí desde su participación de ese torneo, su mundo había girado en torno a su familia, a su hogar, donde muy poco había tomado para sí.
—No sé qué hacer... —llevo sus manos sobre su rostro intentando darse fuerzas, implorando por un poco de claridad y que sus emociones no volvieran a jugar con su desequilibrado juicio, una pequeña risa a lo lejos la hizo alzar la mirada, donde una pequeña familia pasaba no muy lejos de ella, abrazados y con una gran sonrisa en los labios —Goku... —susurro antes de retornar su mirada por donde antes había caminado, si bien no estaba muy lejos como imaginaba, aun no se sentía preparada para verle, no aun después de diez días sin saber nada de él...no, después de un año sin saber nada de su personal. Exhalo fuerte, negó con la cabeza y avanzo hacia el enorme edificio, mirando su estructura y lo vacío que se hallaba por ese momento, sin saber por qué empezó a caminar alrededor suyo como si el darle la vuelta a la manzana le ayudara a aclarar su mente. Pocos minutos después ya había terminado con su recorrido y se hallaba de nuevo frente a la enorme puerta del estadio, rasco su cabeza, pero la vibración en su bolsillo la hizo despabilar, al sacar dicho aparato el mensaje del viejo Brief la sorprendió.
¿Tu hijo ya se fue? Deberías ir al hospital, Ya no abra nadie que te inquiete en estos días...
sus cejas se fruncieron y una gota de sudor resbalo por su frente, la imagen de la peliazul cerca de su esposo paso como relámpago en su mente haciéndola torcer notoriamente el ceño y sentir las ganas inconfundibles de romperle la cara a alguien.
—Maldito viejo... —chasqueo la lengua y enfocando una tienda de costura no muy lejos de ella, corrió hacia está a paso apresurado, no era para nada gracioso haber revelado su talón de Aquiles... Y menos a ese viejo decrepito.
Al final de un par de horas, salió de la tienda con un par de enormes bolsas, llenas de diferentes tipos de lanas e hilos, el tejer siempre la había regalado y aunque al principio no fue una experta, con el tiempo había podido darle al clavo con esa actividad, siendo ella quien se encargase de las ropas de su esposo e hijo, eh incluso de ella misma, para ella sabía que sería un lindo detalle regalarle algo como eso. Soltó un jadeo para retomar fuerzas y así caminar de vuelta hacia el enorme hospital, aunque claro, procuraba no tener nada en mente para así asegurarse de llegar y no arrepentirse en medio camino.
Al llegar su boca se secó y sus manos apretaron las bolsas de compras como si su vida dependiera de ello, sus hombros temblaron y su rostro no pudo evitar mostrar ese temor que tanto ocultaba dentro de sí, pero estaba a tan pocos pasos de ingresar a ese lugar que no sabía si en verdad estaba ahí o si solo era un mal juego de su imaginación.
—¿Señora Son? — su cuerpo se sobresaltó un par de segundos, pero la figura del anciano medico la reconoció apenas como la había visto —Señora Son, es un alivio verla de nuevo por este lugar... —el hombre se acercó a ella sin que esta pudiera chistar, quedando muda frente a le figura del Doctor que había estado atendiendo a su esposo desde que fue recluido en ese hospital —Creí que nunca la volvería a ver por este lugar —El hombre coloco una de sus manos en su espalda y empezó a guiarla/empujarla hacia la entrada del lugar sin que esta pudiese negarse —Hemos tenido algunos inconvenientes con su esposo, está obsesionado con el ejercicio y ya han sido varias veces la que lo emos pillado infraganti en su habitación...
—Que... — la moren apenas y había hablado pero el medico solo se dedicaba a hablarle guiándola dentro del hospital hacia el ascensor.
—Hace un par de minutos lo encontramos haciendo abdominales con la supervisión de un viejo anciano, le recomendaría tener más cuidado de las personas que vienen a hacerle compañía a su esposo, no está muy bien visto que un paciente se ejercite de esa manera teniendo tantos huesos rotos — el hombre oprimió el botón del ascensor para que este abriera sus puertas y así empujar a la morena dentro de la enorme cabina —Ruego por su colaboración señora Son, su esposo no está en las mejores condiciones —el hombre le sonrió un par de segundos antes de que las puertas del ascensor les impidiera el contacto visual al empezar a ascender hacia el piso donde su esposo se halla recluido. Un par de parpadeos la hicieron volver a la realidad mientras que el peso de la situación encajo sobre sus hombros, era de esperarse que su querido esposo no se quedaría quieto en esa extraña cama de por vida.
—Que voy a hacer contigo Goku... —Un par de segundos después las puertas del ascensor la dejaron expuesta en el treceavo piso y así sus pasos, lentos e inseguros la empezaron a girar por el vacío corredor, escuchaba los murmullos de la gente en todas las direcciones de su cuerpo pero solo la imagen de una ´puerta estaba en su mente, trago saliva al llegar a esta pero no podía tener peor suerte que esa, esta se hallaba abierta y podía escuchar claramente las leves risas y el murmullo dentro de esta, sonrió a pesar de sentir nostalgia por la situación pero no podía quedarse parada en la puerta por más tiempo del que llevaba, con cuidado avanzo un par de pasos y ocultando su rostro entre las bolsas de comprar se permitió ingresar en el lugar siendo espectadora de como las voces se acallaban y el respirar de los presentes parecían detenerse al instante a medida que avanzaba, siguió caminando hasta el muro de la ventana donde con lentitud bajo las bolsas de compra y a la vez podría aprovechar y ver lo que pasaba a sus espaldas gracias al reflejo de la habitación en los vidrios. Apretó los puños de sus dedos y pasando saliva se obligó a girar, dando la cara y que en su rostro no se viera más que un tempano de hielo.
—H-hija, que bueno que has llegado... —corto su padre mientras rascaba la parte trasera de su cabeza y sonreía incomodo ante su presencia, lo detallo un par de segundos más antes de mirar al viejo maestro que parecía haber llegado ahí no mucho tiempo antes que ella, carraspeo la garganta y con un jadeo pesado los dos hombres mayores empezaron a balbucear un par de palabras antes de mirar incomodo al morena en la enorme cama de reclusorio asignado para él —Bueno muchacho, te dejamos descansar, más tarde vendremos a ver como has estado... —susurro el enorme Rey arrastrando con su enorme mano izquierda el bajito cuerpo regordete del maestro Roshi, quien solo sonreía nervioso y se despedida apurado. Pocos segundos tomo para que ambos morenos estuvieran solos y donde el silencio no ayudaba mucho con el panorama, contrariada ni siquiera observo al moreno y nerviosa miro a sus costados antes de volverle a dar la espalda y buscar las agujas para la lana que había llevado consigo.
—Me alegra volver a verte... —la voz del moreno la paralizo, sus manos dejaron de moverse, sus piernas temblaron y un nudo en su garganta se formó, su pecho se oprimió y la adrenalina fluyo por su torrente sanguíneo haciéndola respirar con leves e inseguros jadeos —¿Cómo has estado? — su mente se hallaba en blanco sin darle la premisa de alguna ayudaba para responderle, su cuerpo se había mantenido inmerso en la quietud y su mente solo se enfocaba en oír el eco de esa voz.
"Se siente tan extraño..."
Apretó los parpados de sus ojos esperando que así su cuerpo se calmara y pudiese controlar ese mar de emociones fluctuante sobre su sistema nervioso y vascular, sin hacer nada y solo darle tiempo de que el silencio volviese a incomodar escuchando el golpeteo de la sangre en sus oídos y como las válvulas de su corazón no parecían dar cabida a un descenso cardiaco, desde ahí lo podía sentir, como si el hecho de mantenerse inmóvil fuese el causante de un colapso masivo ¿Qué debería hacer? Seguir actuando como siempre, o volver a retomar el control que hace ya un par de meses había perdido.
—¿Milk? —apretó aun peor los puños de sus manos y dejando caer su cabeza permitió escapar un jadeo desganado, miro un par de segundos el muro de la ventana antes de sujetar con más fuerzas el trozo de lana con el par de agujas, se alejó unos pasos aun dándole la espalda al moreno, antes de girar hacia el con suma lentitud sin dejar de ver el lento movimiento de sus pies y así empezar a acercarse, dudosa y con el corazón a 1000 K/H —¿Te sucede algo? —volvió a ignorar sus palabras, volvió a simular no oírlo para así no dejarse ir por el arrebato interno que tenía su cuerpo, arrastro sus pies hasta la silla que suponía estaba para las visitas, tomando su lugar es dicho asiento empezando a entrelazar la punta del ovillo de lana —¿Estas molesta conmigo? —mordió su mejilla interna y con ayuda de su fleco pudo separar la mirada inquisidora del muchacho sobre su rostro así sentirse aliviada de no ser observada directamente, pero aun así, el desazón que sentía su paladar no la dejaba tranquila, sabía que estaba haciendo mal, sabía que no era la mejor forma de tratar al que era su esposo y padre de su primogénito, pero no sabía cómo más darle cabida a esa situación, su mente se empecinaba en mantenerse al margen a pesar de querer tomarlo por el rostro y besarlo como nunca antes lo había hecho —Háblame... Milk...
—Señora Son —levanto la mirada en un leve sobresalto al escuchar como su persona era solicitada desde la apenas abierta puerta de la habitación, el medico que la había hecho entrar a ese hospital estaba allí, escudriñándola desde su posición mientras su cuerpo aún era oculto por la puerta de color verde marino —¿Me permitiría unos minutos? Debemos de hacerle unos exámenes al paciente... —la puerta que termino de abrir dejo paso a un par de enfermera quienes con cuidado se acercaron al moreno y empezaron a tomar notas de sus sigamos vitales, la morena casi de un salto salió de la habitación sin siquiera mirar al moreno, llevando consigo la presencia del médico que por su parte solo la miro esperando hallar algo dentro de ella pero al no soltar palabra solo carraspeo su garganta e hizo una reverencia a su persona —Con permiso —soltó sin más antes de ingresar a la habitación dejándola sola en el solitario corredor.
"De nuevo la eh cagado"
Se alejo a paso presuroso de la habitación yendo hacia las escaleras de evacuación, subiendo un par de pisos directo a la azotea donde el aire la golpeaba violentamente pero también donde su aliento volvía a normalizarse y su cuerpo sentirse más liviano, se dejó caer contra la reja que cubría el borde de la vista del tejado y con los pulmones a reventar se permitió soltar un par de lágrimas, impotente de no saber por qué ese estúpido actuar le impedía volver a ser ella, esa mujer cándida y maravillosa que había cultivado un hogar en esos cinco años que convivio con él, en el que se permitió ser una verdadera mujer y tener lo que nunca tuvo en sus manos, una familia, pero a cada minuto que pasaba parecía estropearlo peor que antes.
—¡Maldita sea! —llevas sus manos a su rostro, tallando sus ojos llenos de lágrimas y así dejar escapar los jadeos de cansancio que acompañaban su llanto ahogado que a pesar de las circunstancias no pretendía liberarla como planeaba, solo reducía ese molesto nudo un par de diámetros para que así pudiese seguir respirando —¡Maldita sea! —Golpeo con su puño derecho el suelo sintiendo como los huesos de sus nudillos se quebraban haciéndola exhalar un alarido más fuerte por el dolor, pero aun así a pesar de que sus pensamientos se desviaron hacia su torpeza la impotencia en su rostro no desaparecía y las escasas lagrimas se dejaron ir, arrullando su malestar y que así pudiese descansar del sofoco de la situación.
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No mucho tiempo después había regulado su disparatado cuerpo, calmando sus emociones y concentrándose en curar su mano herida, por si esta llegaba a hincharse más de lo que se había inflamado, había pasado el suficiente tiempo para concentrarse en lo que no fuera su herido esposo y su pequeño hijo en medio del espacio, pero aun así, su mente al volver a la realidad dejo que la intriga empezara a invadirla pero con solo apretar los huesos de su mano derecha la hacían volver en si, como si no existiera otra forma de alejarse del remordimiento que vivía en su conciencia, así como tampoco el querer huir de donde jamás podría escapar. Exhalando en su lugar se levantó del frio suelo donde el sol ya había empezado a molestarle más directamente y así emprender camino por las escaleras que la habían traído hacia ese lugar, con lentitud abrió la puerta y de un leve empujón descendió a pasos lentos empezó a reunir saliva en su boca para que esta se refrescara, más el trayecto empezaba a volverse más corto y sus pasos a ralentizarse aún más, siendo obvia nuevamente el temor de volver a embarrarla frente a su esposo y sus conocidos, de volver a presentarse como esa mujer fría y sin sentimientos que Goku más que nadie sabía que no existía, pero solo cuando estuvo a un piso de llegar a su destino, la puerta que conducía a esas escalera en el piso catorce se abrió dejando ver a aquel extraño hombre de la vez anterior, quien al igual que ella se sorprendió de volverla a ver después de tanto tiempo.
—Hola —el hombre se acercó a ella sin importar su espacio persona, arrinconándola contra la baranda de la escalera por inercia, dejando escapar una risilla coqueta mientras clavaba sus penetrantes ojos claros en los oscuros de la morena, sorprendiéndola por su acción mientras sus ojos se abrían y su ceño se fruncía.
—Que tal... —respondió la morena por inercia mientras alejaba su rostro apenas unos centímetros sin dejar de ver fijamente al sujeto, sin detectar el motivo de su cercanía, pero este solo le recorrido con la mirada antes de inclinarse en una de sus piernas y dejar escapar un leve jadeo, cerrando los ojos momentáneamente antes de volver a verla ¿Acoso la había olfateado?
—No recordaba que olieras tan bien... —Susurro quedo y su lengua recorrido sus delgados labios, humedeciéndolos haciendo que la morena captara un olor agridulce de su boca, casi como si el chico hubiera tomado algo cítrico antes de toparse con ella.
—¿Se le ofrece algo? —chisto seria mientras su mano derecha intentaba mantenerla en calma al hacer fuerza con sus dedos y sentir el dolor en sus articulaciones.
—Quizás, podría ofrecérseme algo ahora ¿No? —Inclino momentáneamente su rostro al costado izquierdo mientras volvía a pasar su lengua por sus labios y acercarse un par de centímetros más ante la atónita mirada de la morena.
—Siendo así, debería alejarse, me está incomodando... —La morena retrocedió un leve paso, que era lo que escasamente le permitía tener algo de distancia con el molesto hombre que sin más soltó una carcajada, pasando su mano libre por su cabello, desordenando apenas un par de cabellos.
—Me encantan las mujeres directas... —estiro su mano hacia ella con la intención de tocar su rostro, más la morena sujeto su muñeca con la mano izquierda ejerciendo una leve presión en la separación de su mano con su antebrazo.
—Y a mí me irritan los hombres estúpidos—apretó la extremidad aún más, pero para su desconcierto el hombre solo ensancho la sonrisa y alejo su mano de ella con brusquedad ´para su sorpresa, pero antes de retomar su postura el cuerpo masculino se abalanzo sobre ella, pegando ambos pechos y haciendo que ella sujetara su ropa con su mano lastimada y que su cuerpo quedara más reclinado contra el borde de la escalera sobre la caída en espiral de los demás pisos.
—Me gustaría ver hasta donde puedes resistirlo... —Susurro en su oído casi venenoso haciendo que los vellos de su piel se erizaran y no tan solo por sus palabras, sino al sentir como el helado aliento golpeaba el cartílago de su oreja haciéndola tensar y que por inercia lo alejara de ella con suma brusquedad, provocando que este estrellara su espalda contra la pared al lado de la puerta de ese piso —Tsk... —soltó un bufido antes de empezar a reír en un ritmo ascendente, extrañándola aún más.
"¿Qué demonios?"
Con lentitud se alejó de la pared a sus espaldas y miro a la morena aún más fijamente mientras esta solo fruncía más fuerte el ceño, enseñando sus ahora afilados colmillos, pero al escuchar un par de pasos cerca solo atino a alejarse del hombre al darse cuenta de la situación, una mirada más al hombre y chasqueando la lengua bajo las escaleras sin darle la espalda al hombre pero a un ritmo acelerado, esperando a que este se dignara a dejarla de mirar, más sus cabellos rubios tapaban parte de su rostro mientras sus blancos dientes no dejaban de verse al este reírse con cada vez más fuerza. Cuando se halló frente a la puerta de su piso, sus ojos solo miraron escalones arriba donde aún podía escuchar la risa del hombre, sin que su cuerpo lograra calmarse y sus vellos dejaran de erizarse, sacudió la cabeza y empujando la puerta de servicio retomo sus pasos hacia la habitación de su esposo, aun así, mirando de vez en cuando tras suyo asegurándose de su bienestar y que ese hombre no estuviera oculto en alguna de las esquinas, no le gustaba, no le daba confianza el toparse con ese hombre y mucho menos estando tan cerca de sus seres queridos.
Al llegar a la habitación su padre había vuelto y el viejo anciano se hallaba sentado frente a la pantalla del televisor mirando una sesión de pilates con una mujer de cabellos dorados oscuros y con risos abundantes, sin importarle se encamino al lado de su padre mientras este solo leía uno de los libros que había dejado su pequeño niño en esa habitación.
—Papá — le llamo suave antes de desviar la mirada al dormido moreno sintiendo un alivio al no tener sus ojos Ónix clavados en ella —¿Qué ha pasado por aquí? — redirecciono la mirada a su progenitor quien apenas frunció los hombros y miro un par de segundos al moreno.
—El medico dijo que en un par de días le harían un par de exámenes y si salen bien, lo bajarían de sala —la morena asintió con desgano dejándose caer a un costado de su padre en el enorme sillón de la sala mientras buscaba con la mirada las agujas y la lana que haba dejado en esa habitación antes de salir.
—¡OHHH!¡Pero que lindas muchachas! —chisto el anciano mientras alzaba sus manos en compañía de su enorme basto sin dejar de sonreírle a la pantalla, la morena solo le miro malhumorada antes de negar con la cabeza.
—Maestro, hable más bajo, Goku está descansando —Regaño levemente fuerte antes de cruzar una de sus piernas al igual que sus brazos mientras cerraba los ojos antes de mirar el cuerpo inerte del chico frente a ella a sabiendas que el viejo maestro siquiera le habría escuchado.
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—¡AHHH! ¡AYAYAYAYYY! ¡DETENGASE POR FAVOR! ¡AHHHYAYAYAY! ¡ME DUELE! ¡AHHHYAYAYAY! —los movimientos bruscos de sus manos no le daban tiempo a las enfermeras de poder sujetar sus extremidades mientras sus gritos se expandían por toda la sala en presencia del fastidiado doctor que apenas y alistaba la jeringa con los calmantes para el paciente.
—Todavía no te hemos inyectado muchacho —un par de golpecito a la jeringa y el aire que se hubiese quedado apretado salió en un rápido moviente mientras el chico solo chistaba más fuerte al ver la cercanía del doctor.
—Oh Dios Santo, Goku es muy vulnerable para estas situaciones de dolor... —El viejo anciano dejo caer su cabeza avergonzado agradeciendo que sus lentes oscuros tapan sus abochornados ojos — que barbaridad...
—¡AHHHYAYAYAY! ¡ME DUELE! ¡AHHHYAYAYAY! —los gritos seguían aumentando y la aparente relajada presencia de la morena ya imperaba a impacientarse, había pasado una semana donde apenas y habían cruzado miradas, donde ella solo se hallaba en la habitación mientras el chico estuviera sedado o cuando los médicos hacían su chequeo importunando las posibles conversaciones entre ambos, de lo contrario se la pasaba sentada fuera de la habitación, en la cafetería o en la montaña, siempre había escusas para no hablar, pero esa mañana el médico le había informado el cambio de piso gracias a los exámenes realizados unos días antes pero necesitaba dormir al moreno para cambiarlo de sala al saber de lo inquieto que era y el riesgo que podría correr si no se mantenía calmo para la operación, por eso habían decidido dormirlo, más el chico se había despertado en el momento en el que había decidido inyectarlo y ya que por la gravedad de sus herida antes no había sentido nada de las muestras que habían tomado de su sangre ni mucho menos de los calmantes que le inyectaban, pero para asombro del médico la evolución que presentaba el moreno era casi sobre natural, donde sus heridas tardarían un año en sanar en un paciente común, pero en él había sido necesario solo un par de semanas para estar en forma y así poder darle algo más de movilidad a su enyesado cuerpo. Pero el chico no era fácil de tratar, hacerlo comer cada día era un verdadero reto al tener las quejas de la insípida comida y en lo poco que le daban, siempre debían que semi doparlo para que este cediera a las órdenes del medio en jefe. No por nada lo tenían clasificado como uno de los más complicados pacientes de aquel hospital.
—Ya te dije que todavía no te hemos inyectado... — ni siquiera las palabras del médico habían sido suficientes para que el moreno dejara de chillar y removerse como una gallina al salir del agua, se removía y gritaba con tal agonía que esta ella podía escuchar los cuchicheos fuera de la habitación, donde la gente juraba que sucedía un abuso a la autoridad que poseía el hospital, sus mejillas se abochornaron y al saber que su padre aún no había llegado para calmar al moreno, no le quedaba de otra que intervenir... sus brazos se cruzaron y sus ojos se clavaron fijamente en él después de días de no hacerlo, su boca se preparó para hablar y sus facciones se relajaron para que así se viera natural su intervención, pero ¿Qué pensaría el moreno? No habían hablado en días y el escuchar su voz después de tanto tiempo sería tan extraño, el intercambiar palabras... chasqueo la lengua y se obligó a callarlo, al no soportar más sus quejidos, ya que como representante del chico debía estar presente en cualquier intervención en la que el moreno tuviera lugar, conto hasta tres hasta que su cuerpo por instinto la hizo acercarse al chico antes de hablar.
—N-No puedo creerlo... —Soltó después de tantos días, su mano que aún seguía adolorida se apretó en su brazo y se obligó a hablar mucho más fuerte al darse cuenta que ni siquiera había sido escuchada —No puedo creerlo Goku, n-nunca te quejas de las consecuencias de tus entrenamientos y ahora... y ahora estás haciendo mucho escándalo por una simple inyección —las miradas se clavaron en ella y la sorpresa por parte del anciano no se hizo esperar, pero los chillidos del chico no dejaban cabida a su voz, solo hasta que termino la frase los ojos del moreno se clavara en ella en suplica dejando ver sus ojos llorosos y sus labios temblorosos.
"Demonios"
Su corazón parecido dividirse en ese instante, pero la voz en que la llamo el chico solo la hizo incomodarse.
—Milk... —Parecía un niño en desahucian, abandonado y a la deriva del mundo inhumano, una voz chillona y quebrada por la angustia y el dolor, pero sin entender porque sus mejillas tomaron más color y no pudo evitar alejar la vista de esas posas negras mientras soltaba un bufido, que sin saber cómo pudiesen interpretarlo, sus cejas se fruncieron obligándose a dar fuerza, a pesar que el rostro acomplejado del muchacho se quedase grabado en su memoria, haciéndola temblar y perder el hilo de su respiración, se había visto tan tierno...
—Jmp, Que vergüenza... —Soltó en busca de un bloque que se interpusiera en su acalorado sentir y así pudiera interferir en lanzarse al hombre para solo abrazarlo, su mente le decía, le suplicaba que saliera de ese jugar porque si no el color de sus mejillas sería tan vivo que de inmediato la mandarían a la sala de urgencias para un chequeo de su tensión arterial — en este momento Gohan esta sufriente más que tú y ni siquiera te has puesto a pensar en él —sin saber por qué su boca hablo por ella sin darle tiempo a reaccionar, su mente había tomado las decisiones por si sola sin darle cabida a su subconsciente, sin que pudiera saber cómo en verdad estaba interpretando su papel como esposa ni como madre en ese momento, solo los bufidos de sorpresa la hicieron reaccionar y las miradas de incredibilidad la bombardeaban, con rapidez se dio la vuelta y hablando por sobre su hombro encontró la mejor manera de salir de ese lugar sin que los ojos ónix suplicaran más directamente sobre ella ni que el médico le recriminara por sus frías acciones —iré al templo a rezar 100 veces por el valiente de Gohan...
—Pero... —estiro su mano hacia la manija de la puerta escuchando claramente su nombre en la boca del moreno, pero sus acciones ya estaban hechas, su cuerpo ya se hallaba fuera de la habitación dejando la puerta en medio de ambos sin que este pudiera hacer más ni que ella pudiese alejarse demasiado de su posición — ¡AHHHYAYAYAY! —el grito había retumbado sus tímpanos hasta el punto de sentir como vibraba los vidrios de las demás habitaciones del piso, sin poder evitarlo sus pies habían sido muchísimo más rápido que su conciencia y ya se hallaba de vuelta frente a la habitación, abriendo la puerta con brusquedad mientras que el medico solo la miraba con una sonrisa cómplice y con una jeringa vacía en sus manos.
—Ya está listo, en un par de minutos podremos darle el cambio de habitación —le informo el medico antes de que la figura de una de las enfermeras se alejara del lado del moreno para así dar con una imagen debilitada y llorosa del moreno que enseguida empezaba a hacerle efecto el somnífero.
—Pobre... —Camino hasta el mientras sus cejas se fruncían en ternura mientras una sonrisa se cruzaba en medio de sus labios.
—Creí que te habías ido a rezar... —Chisto el maestro mientras se acercaba a ella acomodando sus lentes de sol, la morena solo sonrió más notoriamente y fruncía sus hombros sin dejar de mirar al adormecido moreno. Había actuado sin pensar y hasta ese momento se daba cuenta de sus verdaderas acciones.
—Si no lo distraía seguramente no se hubiera dejado aplicar la inyección... —Confeso mirando al viejo calvo ante de tomar las pertenecías de ella y el moreno dándole cabida al cambio de sala para el ya no tan herido moreno —Goku...
Un par de horas después el chico seguía inmerso en su sueño en la nueva sala que debía de compartir ahora con un par de pacientes más, según el doctor el somnífero que le habían inyectado era uno de los más fuerte que poseía la medicina, por la simple y llana razón que los demás medicamentos no hacían un efecto duradero en el chico, teniendo que recurrir a ese al ya ser varias veces interrumpidas sus intervenciones al no durar el tiempo esperado. Después de que el chico lo sacaran de esa extraña cama habían decidido darle un baño y de paso cambiarle los malolientes vendajes por culpa del sudor que escapaba del cuerpo del moreno. Fresco y limpio ahora se encontraba en esa nueva habitación en compañía de viejo Muten Roshi y su recién llegado padre, miro el reloj de su muñeca donde ya abarcaba las 6:47 de la tarde, donde muy pronto cerrarían la clínica y como tenía estipulado su padre y ella, esa noche sería el quien velara del sueño del chico, esta vez no contando con el mullido sofá sino en una silla común y corriente de escritorio.
—Bueno, ya se hizo tarde... —se levantó de su asiento con la cobijita a medio tejer de color amarillo dejando está en una enorme bolsa a un costado de la cama, estiro su cuerpo y acercándose a su padre, besos su mejilla como despedida —Nos veremos mañana temprano, les traeré algo rico de comer ¿Bueno? —miro al viejo maestro quien semidormido asintió con desgano al igual que su padre.
—Cuídate mucho en el camino hija... —La morena sintió y tomando el chal que siempre traía se alejó de la habitación sin despedirse de nadie más retomando sus pasos por el largo pasillo al que los habían degradado. No obstante, no tardó mucho en ingresar al elevador, donde un par de pisos más abajo se abrió dejando ingresar a un tumulto de personas que al igual que ella iban a la planta principal para salir del ente de salud. Tomo un poco de aire antes de cerrar sus ojos cansados un par de segundos.
—Vaya, no me esperaba verla aquí... —La voz al costado de su oreja izquierda la hizo tensarse y alejarse del hombre en un brinco antes de mirarlo con el ceño fruncido mientras los ojos claros del hombre volvían a recorrerla de pies a cabeza como hace un par de días ¿Qué demonios estaba haciendo ese tipo ahí? Ni siquiera lo había visto entrar, trago pesado y mirando la gente a su alrededor solo atinando a rodar los ojos y bufar antes de dar otro paso lejos de él, pero no tanto como pensó en alejarse al estar llena la cabina de visitantes —Al menos deberías saludar ¿Es que cuando te encuentras con tus amigos siempre los ignoras? —la masculina voz volvió a sonar muy cerca suyo haciéndola tensarse y por inercia mirarlo de soslayo mientras que su boca formaba una mueca de desagrado.
—Déjeme en paz, no lo conozco... —susurro igual que el hombre, pero alejando su rostro al otro costado donde el aliento del hombre no la impregnara. Había pasado varios días desde la segunda vez que se topó con ese sujeto, la primera vez que lo vio había detectado algo raro en él, pero jamás pensó que en el segundo encuentro el hombre se fuera a comportar tan abusivo y acosador con ella, tan confianzudo y desagradable... hasta el punto de creer que este la conocía de toda la vida, de una manera tan intima... que hasta ella sentía pavor de solo sentir su presencia ¿Quién carajos seria es tipo? Aunque no había pensado aquello en primera instancia, tanta cercanía tan repentina solo la preocupaba de aun posible acto inmoral hacia ella.
—Claro, pero quizás yo si a ti... —sus hombros se tensaron y su cuerpo no dudo en girarse a verlo sorprendida y con sus ojos a punto de salirse de sus cuencas ¿Qué era lo que pretendía? —Me dijiste que eras casada ¿No? ¿Acaso el sujeto que llego hace como un mes no es tu esposo? — Su ceño se frunció y sus manos no dudaron en empuñarse —Quizás debería pasar a saludarlo... —el hombre acomodo uno de sus mechones rubios de cabello antes de deslizar una mano hacia el cuerpo de la morena jalándola hacia él y que de por si quedaran muy cerca, solo que esta vez la chica había levantado su mano, enredándola en las ropas del chico mientras sus dientes se exponían como una amenaza natural.
—No se atreva a acercárseme de nuevo —apretó la tela y apenas parándose de puntas dejos sus rostros cerca mientras sentía como sus ojos empezaban a quemar y sus dedos a temblar por la fuerza de su agarre —Ni a él ni a mi o se arrepentirá de las consecuencias... —Chisto antes de escuchar el pitido que anunciaba la llegada a la primera planta, sintió como las personas empezaban a salir, pero la sonrisa del nombre se había ensanchado siendo ella de nuevo la espectadora de la molesta risa del rubio, —Tsk... —chasqueo su lengua y dándole un empujón logro que este la soltara a la vez que ella salía del elevador regalándole una última mirada de enojo antes de que las puertas del ascensor se cerraran y el chico fuera llevado al área de sótano.
"Maldito bastardo"
Chisto por último emprendiendo huida como a su vez buscaba en sus ropas el teléfono que el anciano Brief le había dado, más al palpar sus bolsillos no logro dar con él, miro hacia la entrada de su hospital esperando que ese sujeto no fuera el que le haya quitado el teléfono móvil, porque si no... estaría en problemas.
—Diablos... — se detuvo en la acera frente al hospital mientras activaba la capsula del lindo coche rojo y se subía en este aun dudosa —Quizás lo haya dejado en la habitación... —rogo para así, esperando que no haya sido robada tan descaradamente por ese sujeto.
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Unas semanas más había pasado, una donde el contacto con el moreno había vuelto a morir después de las pocas palabras que habían intercambiado ese día en el hospital, pocas donde más aun no habían podido hablar al tener personas cada vez más constantes en la habitación, donde los pacientes habían optado por formalizar una conversación con el moreno, riéndose de sus ocurrencias y divirtiéndose de sus situaciones, hasta el punto de ser ella un objeto inanimado más en la habitación, ese día había llegado un poco más atrasada de lo normal para cambiar turno con su padre, pero la incómoda aura del lugar le hacía cada vez llegar más tarde, no quería entrar al lugar, ni mucho menos permanecer tiempo en él, no con la desagradable conversación que había tenido con ese rubio hace unos días, había pensado que quizás solo era uno de esos molesto sujetos que se divertían por la incomodidad ajena pero esa idea había cambiado tan pronto había llegado a su casa aquella vez, había estado buscando entre sus cosas por si el teléfono se hallaba con ella, pero ni rastro del, ni mucho menos en su casa cuando intento comunicarse con el aparatejo y este no timbraba en ninguna parte de su casa, pero escuchando el tono de su señal por medio del teléfono de su residencia. había estado buscándolo por horas y nada que daba con él, así que espero a la mañana siguiente para dar con el como si este pudiese hallarse entre la enorme bolsa de lana e hilos que había dejado en la nueva habitación, pero cuando llego a buscarlo nada estaba. Había desaparecido tan preciado aparato que sin duda sus manos empezaron a apretarse con ira al ser obvia la situación.
"Ese bastardo"
Había dado en el clavo desde un inicio, desde que se sintió sin ese celular sabia quien lo había tomado en contra de su voluntad, ese molesto sujeto había aprovechado la situación en el elevador para tomar ese aparato de su bolsillo, se había golpeado por su incompetencia al no haberlo detectado a tiempo y por ello había decidido dar con él, preguntando en cada recepción que hubiese en los pisos, en la recepción principal del hospital y hasta en la portería, con cada agente asegurador, pero nadie sabía dar con él, nadie conocía sus descripciones, nadie si quiera aseguraba haber visto a ese hombre, dejándola pasar como una loca más de paso, con molestia había desistido de buscarlo después de un par de días sin lograr dar con él, esperando la oportunidad de volverse a ver las caras y poder encararlo y no con una civilizada conversación. Exhalo cansada al ingresar en el enorme ascensor del hospital y apoyándose en el marco de una de las esquinas para ver el exterior del lugar donde su imagen se reflejaba, cansada y con ojeras, con sus cabellos fuera de su acostumbrado peinado y con sus ropas fucias y moradas ya no tan lisas como comúnmente portaba.
—Me veo terrible... —susurro para sí misma mientras acomodaba parte de su fleco y dejaba en el suelo el enorme canasto de comida que traía esa mañana que gracia a Kami le dejaron ingresar. Al llegar a su piso sujeto rápidamente el canasto y a paso presuroso recorrido el lugar pasando por la recepción del piso y así se asegurara de su contenido una vez más antes de llegar a la enorme habitación, donde unas personas ya salían dejándole libre el acceso para que ella pudiese entrar y así sentir el extraño ambiente de los demás pacientes con sus allegados, acelero el paso hasta el final de la habitación donde una cortina dividía la camilla de su esposo con la de los demás pacientes, pero al apenas correr el trozo de tela los tres pares de ojos la recibieron sorprendido antes de sonreírle abiertamente mientras sus ojos negros brillaban.
—Gracias a Dios llegaste hija, estamos muriendo de hambre —reconoció su enorme padre mientras estiraba sus manos hacia la canasta, más ella no había podido articular palabra, nunca se esperó que el moreno estuviera despierto a esa hora de la mañana ni mucho menos expectante a los alimentos que siempre le traía en su somnolencia. Estiro sus manos hacia su padre para que este empezara a repartir los platos entre los tres hombres donde el moreno más joven apenas y podía estar sentado contra el cabezal de la cama para poder ser alimentado.
—Menos mal llegaste Milk, las enfermeras ya iban atraerle el desayuno a Goku... —bromeo el anciano mientras le daba un gran bocado a uno de los empanizados que había llevado, su padre a diferencia solo asentía mientras también sujetaba un poco de huevo frito para meterlo en su boca, pero el que más ternura le daba era el moreno, quien esperaba por su plato aun a sabiendas que no podría consumirlo como recurrentemente lo hacía, rodando los ojos y despejando más el área, corrió un poco más la cortina para que así pudiesen tener una mirada más externa a la anchura del lugar y así saber a qué horas llegarían las enfermeras con la comida correspondiente a cada paciente. Con duda y con algo de incomodidad tomo un par de platos de la canasta y sentándose en el borde de la cama, sujeto la cuchara que había traído juntando un bocado de comida llevándolo rápidamente hacia el moreno, quien la miro aliviado antes de abrir la boca contento por su acción.
Las miradas de su padre y el viejo Roshi estaban sobre ella, donde ese actuar se les hacía completamente extraño al ver el primer acercamiento entre ellos después de tanto tiempo, ni ella misma sabía que la había impulsado a hacerlo, quizás el solo verlo imposibilitado le daba las pautas sufrientes para al menos estar cerca del aunque fuese un par de centímetros, aunque eso no quitaba que los latidos de su corazón dejara de golpear sus costillas, podía sentir como sus mejillas tomaban color y a pesar de no estarlo mirando sabía que este si lo hacía por los dos, que este estaba ahí, mirándola fijamente mientras ella le brindaba aquella tan añorada comida que desde hace meses no probaba, donde había tenido que comer a sus anchas y mochas la última semana donde apenas y probaba bocado antes que las enfermeras le quitaran la comida que según ellas él no podía consumir.
—Esta delicioso... —felicito el moreno mientras abría más emocionado su boca recibiendo otro bocado de comida haciendo reír a la morena, quien con más rapidez le brindaba de sus platillos, hasta que este término en menos de diez minutos tres platos de comida caliente y fresca por parte de ella.
—Me alegra que te guste... —Susurro para así, pero al estar tan cerca el agudo oído del chico logro captar el timbre de su voz volviéndole a sonreír aun con comida dentro de boca.
—Eres la mejor cocinera que eh conocido, tus platillos son únicos e irrepetibles... —la comida en su boca se podía ver en cada tramo de palabra suelta, con sus cachetes a estallar y su lengua saboreando cada bocado ofrecido, con ese ritmo y antes que dieran las diez de la mañana la canasta había quedado vacía, con los tres hombres repletos y con sus cuerpos recostados para poder reposar los alimentos, dejando escapar un suspiro de satisfacción mientras masajeaban sus hinchadas panzas —¡Que bien comí! —profirió el moreno, haciendo sonreír a la chica, quien había empezado a guardar los trastos de nuevo en la canasta, solo que al alzar el rostro instintivamente hacia la entrada del lugar pudo captar la figura de aquel hombre de cabellos dorados y ojos claros que tanto había buscado días atrás. Sus ojos se conectaron un par de segundo haciendo que ella frunciera el ceño un par de segundos antes que este le sonriera y se alejara de la entrada de la habitación a paso presuroso.
—¿Pasa algo? —miro por sobre su hombro a su padre antes de volver la mirada al frente antes de que sus pies se movieran por inercia —Milk
—Papá, te encargo los platos... —rápidamente se alejó de ellos dejándolos extrañados por su comportamiento, pero esta sin importarle salió de la habitación casi corriendo mientras buscaba con sus ojos la figura del hombre, mas esta había desaparecido del pasillo principal, viendo como este giraba en uno de estos antes de que esta emprendiera camino tras su persona. Sus pasos a pesar de ser rápidos parecían no ser lo suficientemente veloces para dar con el hombre, solo divisado como su figura se desvanecía a lo lejos, haciendo que dicha persecución se alargara varios minutos, donde había tenido que bajar y subir escaleras, caminar en varios corredores hasta el punto de no saber dónde se hallaba. Un golpe en su espalda la hizo perder el equilibro obligándola a entra con notoria torpeza a una de las habitaciones vacías del piso en el que estaba.
—Al fin solos... —giro rápidamente sobre sus pies mirando la figura masculina frente a ella, quien apenas había cerrado la puerta a sus espaldas mientras su respiración agitada solo llegaba a intimidarla a pesar que su postura no se debilitaba en su lugar
—¿¡Qué demonios!? —Soltó sin darse cuenta de lo arisca que salía su voz y como su respiración se desequilibraba con tan solo sentirse presa de esa mirada clara — ¿¡Que mierda está haciendo!?... —trago pesado y con un paso retrocedió hacia la camilla vacía de la habitación mientras sus ojos carbón buscaban un punto de escape discreto para la ocasión.
—No... —susurro el hombre mientras su boca se abría en cada cuando como si intentase retomar el aire —A mí me encanta esto... —trago pesado antes de estirar las manos hacia ella, sin esperar que ella lo esquivara al tiempo que retrocedía esta vez hacia la ventana de la habitación —Desde que te vi me pareciste muy curiosa...
—¿A qué se refiere? —las cejas fruncidas de la morena y los silenciosos pasos del chico parecían estimular el ambiente a un lugar mucho más crítico, casi como si las paredes de la habitación empezaran a ahogarla.
—¿Por qué una chica como tu estaría tan amargada? ¿Tan sola y desprotegida? —un par de pasos más y la chica quedo encerrada entre él y el enorme ventanal a sus espaldas —¿Hay algún motivo para ver tal rencor en tus ojos? —sin darle tiempo a responder la mano derecha se estrechó contra el pálido cuello, apretando la carne y frenando el respirar de la chica con brusquedad —¿Podrías cambiar esa expresión ahora? —ejerció más presión, pero la morena apenas y se había parado de puntas llevando una mano hacia el brazo del sujeto sin dejar de mirarlo con rabia. Sus ojos negros se ocultaron levemente entre sus parpados, pero a pesar de la situación aún no desistía de hacer algo más, era como si su cuerpo necesitara una agresión más profunda para poder partirle la cara ¿Acaso deseaba más estimulación? algo que en verdad le diera la razón del porqué de sus acciones, porque estaba segura de eso, quería golpearlo hasta saciar su frustración — anda... muéstrame esa mirada, esos ojos llenos de miedo y angustia... —apretó aún más y solo sacando un leve gemido de los labios rosas de la chica, sin que esta dejara de mirarlo de esa manera y sin siquiera apretar su agarre en el cómo espera ¿Por qué? ¿Por qué no lograba intimidarla? ¿Por qué no podía ver esa mirada descontrolado con la que la había visto llegar a ese hospital hace semanas? donde su temblé se veía como una bomba a punto de estallar.
—S-Suélteme... —escupió como pudo al soltar esas palabras y que sus cejas se juntaran aún más mientras la mano que tenía al costado de su cuerpo se apretaba más en ella sintiendo como sus largas uñas rasgaban su piel —o te matare... —una sonrisa despectiva por parte del chico y el acercamiento de su rostro al ajeno, dejando escapar su aliento dulce y amenazante sobre su rostro.
—¿Crees poder hacerlo? —burlón llevo su otra mano hacia el abdomen de la chica empezando a subir su mano en leves tramos, presionando la tela contra su cuerpo para así sentir su figura bajo las ropas. Un chasquido de molestia y la mano que había estado en el brazo del chico fue a parar hasta la división de los dedos masculino en su cuello, haciendo una fuerte presión entre sus huesos obligando al sujeto a debilitar su agarre y que por ende intentara atacarla con su otra mano en menos de cinco segundos —Maldita bruja —soltó al lanzar su puño derecho hacia ella sin esperar que sus dedos se estrellaran con el sólido material de la columna tras la chica y que esta al igual que él le lanzara un golpe bajo su mandíbula provocando un corte a su lengua con sus dientes y que a la vez la chica deslizara su agarre y lo empujara contra el vidrio de la ventana, escuchando como el hueso de su nariz parecía quebrarse.
—Te lo advertí... —comento la morena sobre su hombro mientras el hombre se dejaba hacer a regañadientes antes de soltar un bufido y reír a pesar de su posición.
—No... esto apenas comienza... —profirió antes de zafarse del agarre de la chica sorprendiéndola a la vez que limpiaba el sangrado de su nariz antes de que la puerta de la habitación fuera abierta de golpe por dos enfermeras y un paciente en silla de ruedas. Ambos voltearon a ver al personal del hospital que al igual que ellos los miraban confundidos y desconfiado por la presencia de la pareja, sin chistar el hombre le regalo una última mirada a la morena antes de salir como alma que lleva el diablo de la habitación, no sin antes sonreírle de una manera casi escabrosa y lamer sus labios con un gesto molestamente sugerente. La chica solo volvió a apretar los dedos de sus manos en impotencia al no entender su comportamiento y de por si salir igual que el sujeto con un mal sabor de boca, sin importar que las enfermeras la mirasen extraño o que empezaran a susurrar cosas a sus espaldas, sin importarle nada eso camino hacia el ascensor con dirección al piso de su esposo. Donde al apenas tocar la planta de la sala sus manos empezaron a temblar como si algo empezara a llevarle a sus extremidades algún tipo de información que ella no lograba entender del todo bien.
"Diablos"
Camino por inercia hasta la habitación y entrando sin ánimos de nada se dejó ir en el asiento que compartía el cubículo donde el moreno se hallaba dormido, no había rastro de su padre o del viejo maestro, apenas la bolsa con la lana que había comprado y el pequeño suéter que había estado tejiendo para su pequeño hijo, sin ganas de nada solo sujeto el trozo de tela y la contemplo un par de segundos, busco comprender que había pasado y como había sido posible no dar con tal acción. Había estado encerrada con un hombre en una habitación del hospital, amenazándose como si fuera alguna clase de juego infantil entre ambos desconocidos ¿Quién era ese sujeto? y ¿Por qué la había estado persiguiendo? ¿Acaso conocía algo de ella? ¿Acaso había descubierto algo de su persona si es que tenía su teléfono celular? ¿Por qué sentir ese temor de que tal vez abriese la boca a alguno de sus seres queridos? Su cabeza palpito adolorida y su mente sin tener descanso empezó a mostrarle diferentes situaciones, diferentes escenas de lo que ese hombre podría estar tramando con ella, porque en las tan pocas veces que se habían visto sentía que el sujeto era casi como un monstruo, al igual que ella... un demonio.
—¡AAHH! ¡YAA! —el impulso que la saco de sus ensoñamientos la hizo caer del pequeño asiento, dándose un fuerte golpe en el trasero como también podría escuchar los gritos de sorpresa de los demás pacientes en la sala, sus ojos parpadearon confundidos y miraron su extorno buscando el responsable de tremendo susto, pero solo el brazo enyesado de su esposo estaba a la vista en dirección al techo. No supo cómo y ni siquiera lo pensó realmente, solo se levantó del suelo y golpeo la cabeza del moreno sintiendo como parte de su frustración salía gracia al impacto.
—¿¡Por qué haces eso sin avisar!?
—Oye, Me dolió —el more llevo su mano con los dedos libres hacia su frente, acariciando la zona lastimada y mirando de soslayo a la morena.
—¡Estas en el hospital! ¡Debes comportante apropiadamente! —sus puños subieron frente a ella con una constante amenaza hacia el moreno, pero este solo torcía el ceño —¿¡Porque no te duermes sin hacer escandalo!? —un leve zumbido salió de entre sus oídos como si la presión de su interior fuera escapando a todo vapor.
—Este lugar es aburrido ¡Ya quiero salir a correr y hacer muchas cosas! —los brazos y piernas del moreno se movían en desesperación intentándose levantar, más la mano de la morena golpeo uno de sus yesos mientras se acercaba amenazadoramente a él.
—No digas es clase de tonterías —sujeto la frazada que antes había cubierto al chico y lo arropo de mala forma dejando a este en silencio y con los ojos supremamente abiertos — debes relajarte hasta que te recuperes completamente de tus lesiones y no grites —bufo por ultimo antes de acomodar la silla donde había estado sentada como a la vez tomaba el trozo de lana que antes había estado mirando, se sentó con brusquedad y al mirar de vuelta al moreno este había corrido la tela para mirarla fijamente antes de sonreírle entusiasmado —¿Qué?
—Eso que tienes ahí... —señalo con uno de sus dedos mientras se acomodaba en la camilla en dirección a ella —¿Es para mí? —la morena curva una de sus cejas antes de mirar el pequeño suéter y devolverle la mirada al moreno, bufo antes de rodar los ojos y estirar la tela hacia él. No estaba para bromear en ese momento
—¿Este suéter? Pues si te queda te lo puedes poner... — el chico se encogió en su lugar y volviéndose a cubrir con las frazadas refunfuño un par de palabras que la morena no logro entender.
Al rato su padre llego a la habitación para despedirse al igual que el maestro Roshi al ya ser pasadas las seis de la tarde, se despidieron con un par de palabras con la promesa de llegar a la mañana siguiente para que ella pudiese descansar y así lo acepto y no por que fuera su labor si no por la amenaza latente de ese sujeto en los pasillos del hospital. El sol se ocultó tras las montañas y las luces de la ciudad encenderse como a la vez la innumerable cantidad de visitantes de ese hospital se retiraban a sus hogares para finalizar la noche, un bostezo leve y su cuerpo le informo de la incomodidad de su posición, había terminado con el suéter para su pequeño hijo y había comenzado a hacer uno para su esposo como disculpa en la manera en que le había contestado, pero a medida que avanzaba con este su mente le traía de vez en cuando algunos de los sucesos vividos en ese hospital, ya fuese el estar con el moreno o peleando con la peli azul, llevaba días sin saber nada de los astronautas y a pesar de que todo parecía tranquilo el desazón por las acciones de lo ocurrido hasta ahora la importunaban, ansiosa y nerviosa de cualquier situación como la nula comunicación con el viejo Brief o la cercanía con el moreno. Todo aquello la ponía en el filo de las circunstancias, antes no se abría preocupado por eso y se fuera enfocado 100% en el bienestar de su esposo, pero en ese momento sus pensamientos no eran acordes con sus acciones, nunca lo había hecho. Soltó un suspiro cansada antes de regalarle una mirada al moreno en la cama quien hace ya bastante le había dado la espalda para descansar mejor, miro por sobre su cabeza el reloj que custodiaba la mesita de noche y para su sorpresa más de las nueve de la noche se marcaba en este, jadeo un poco y estirándose en su lugar escucho como el sonido de un teléfono retumbaba fuera de la habitación, espero a que este dejara de sonar, pero para su sorpresa este volvía a sonar poco después como si nadie pretendiera contestar. Con cautela se fue incorporando y regalándole una última mirada al moreno para confirmar su estado de inconciencia antes de avanzar por los cubículos cerrados de los demás pacientes, avanzo hasta la puerta del cuarto, abriéndola con lentitud para así hallar el pasillo completamente vacío a excepción de un celular sobre uno de los asientos de espera ¿En dónde carajos estaban las enfermeras? miro a ambos lados de los pasillos antes de caminar hacia este, extrañada de que nadie saliera de las demás habitaciones continuar a la de su esposo. Al llegar a el de inmediato reconoció su teléfono celular y como el número del que ahora era su jefe se mostraba en medio de la pantalla, lo tomo y llevándolo hacia su oído contesto la llamada mirando por inercia a uno de los pasillos del hospital.
—¿Aló? —profirió dudosa pero la tos al otro lado de la línea la tranquilizo al reconocer el timbre de voz.
—¿Por qué no contestabas antes el teléfono niña? Es urgente lo que tengo que hablar contigo...
—Viejo, ahora no estoy para eso, debo de cuidar de Goku mientras este en el hospital...
—Lo sé, pero esto es urgente. Uno de los reclusos del laboratorio se escapó hace unos días y necesito de tu ayuda.
—¿Cómo que un recluso? ¿Tiene gente encerrada en el laboratorio viejo baboso? — bufo exasperada sin poder concebir lo que el viejo decía, su pie derecho empezó a moverse sin razón aparente mientras que un nudo de impotencia se formaba en su estómago.
—No es lo que piensas, es uno de los experimentos que emos estado manejando y es muy peligroso, por eso necesito que me ayudes a encontrarlo.
—No me voy a poner en esas Brief, apáñatelas como puedas, yo tengo cosas que hacer... —intento colgar el teléfono
—¡Milk! Escúchame, ese sujeto es supremamente peligroso, es un infectado de Raccoon City —la morena se sorprendió ante lo dicho pero el viejo no la dejo decir alguna palabra —La última vez que lo vieron fue cerca de la ciudad, debe estar intentando llegar a mí de alguna manera.
—Claro que es así, usted es quien lo tenía encerrado.
—No lo entiendes Milk, el tipo se robó tu expediente... —los ojos de la morena no pudieron evitar abrirse en sorpresa, su expediente, aquel que decía toda la verdad sobre ella y el cómo había dejado de ser una humana común y corriente, no pudo evitar chasquear la lengua y girar sobre sus talones, pero la imagen de aquel hombre rubio la dejo inmóvil antes de que las luces se apagaran y este la golpeara con su mano en la cabeza haciéndola perder el equilibrio y que de por si su cuerpo perdiera el control y levemente la conciencia, pudo sentir como este la sujetaba de los brazos y la ponía sobre su hombro como también los alaridos del viejo Brief llamándola no muy lejos de ella, los pasos y el sonido de las puertas abrirse la extrañaron, pero solo minutos después pudo ser realmente consciente de que pasaba y como su cuerpo colgaba al ser llevado de esa manera por el sujeto hasta la cima de la azotea y así tirarla sobre el tejado con un fuerte ruido sordo.
—Así que definitivamente eras tu... —su cabeza empezaba a devolverle la conciencia, pero su estabilidad no dejaba de darle vueltas por el fuerte impacto recibido en una de sus sienes —Nunca me espere toparme con la nueva favorita del maldito viejo ese, pero veo que las coincidencias existen... —sin poder reaccionar completamente a sus palabras una fuerte patada le saco el aire momentáneamente haciéndola exhalar de dolor y que por inercia su cuerpo se fuera a un lado para así poder sujetar la zona lastimada. De nuevo el sonido del celular irrumpió la conversación, haciendo que el hombre dejara de observar a la chica y contestara el teléfono —No intentes hacer nada estúpido viejo o sino la perrita esta será la que pague por lo que me hiciste... —el hombre hablo sofocado y miro los demás edificios que apenas y empezaban a recobrar las luces que había perdido pocos minutos antes.
—Muchacho, no hagas estupideces, sabes que has llegado demasiado lejos...
—No, nunca eh llegado demasiado lejos, usted me prometió que me ayudaría y solo me convirtió en una rata de laboratorio, eso jamás se lo voy a perdonar... —chisto el hombre antes de colgar el teléfono y estrellarlo contra el suelo. La morena por su parte apenas y se había incorporado un poco, apoyándose en su espalda para poder permanecer sentada y así asentir como un líquido tibio bajaba por el costado de su rostro gracias a la suave brisa del tejado, abrió los ojos y mirando más claramente al hombre pudo ver como este vestía de negro y apretaba una de sus manos mientras que la otra se ocultaba en su pecho, la miro enojado, la miro iracundo, como si ella fuera la culpable de sus males y la única solución fuera matarla para volver a ser quien era antes. Bufo exasperado antes de caminar hacia ella rápidamente llevando una de sus manos en alto para poder golpearla, pero al estar más consciente de la situación solo pudo rodar para alejarse y así poder incorporar su desequilibrado cuerpo y mantener su cuerpo salvo de su agresor a pesar que sitiera pequeños trocitos de piedra golpear su cuerpo.
—Detente —ordeno mientras su mano derecha alejaba un poco de la sangre que salía de su costado izquierdo para así observarlo un par de segundos antes de volver a mirar a ese hombre —No te muevas —volvió a ordenar antes de dar un paso al frente para molestia del tipo.
—¿Enserio pretendes ganarme? Tu sucia rata. —la morena no pudo evitar fruncir el ceño y apretar sus manos en impotencia —Jamás vas a poder, porque yo soy más fuerte que tu novata —Le señalo con mofa antes de golpear un par de veces su pecho —solo eres una más en el camino.
—Idiota... —soltó ofendida antes de que el chico chasqueara la lengua y estirara su mano derecha hacia ella mientras esta se contaría con violencia y rastros de un líquido extraño empezar a gotear de entre sus dedos —asco... — un bufido y el hombre se lanzó hacia ella dando un sorprendente salto para así estrellar su puño contra la superficie, agrietando está de paso con una notoria mancha traslucida y sangrienta sobre el cemento, los ojos de la morena no dudaron en dilatarse y mirar con asombro como el hombre levantaba su mano aparentemente fracturada y que en frente de ella esta reacomodara sus huesos antes de volver a atacarla.
—Esto te va a costar... —pocos segundos tardo para que este se volviera a lanzar a ella intentando sujetarla de alguna parte de su cuerpo, pero esta lo esquivaba o lo lanzaba lejos de ella para que no se le acercara más de lo que el hombre ya podía, dejándola sin aire en un par de ocasiones al ser supremamente rápido en medio de la oscuridad —¡Te matare! —grito mucho más fuerte al lanzar su puño contra su tórax sin aun lastimarla al ya no estar desprevenida pero no conto con que una extraña extremidad saliera de la espalda del chico y la lanzara un par de metros lejos haciéndola golpearse contra la baranda de seguridad de la azotea.
—Diablos... —chillo antes de abrir los ojos al pasar levemente el dolor, observado como esa extremidad se movía de un lado para el otro y el cuerpo del hombre se acercaba rápidamente a ella —¡Demonios! —se alejó de la zona, corriendo hacia el otro extremo de la azotea al darse cuenta que en esa oportunidad no podía con tan solo sus simples habilidades, debía de tomar nuevamente esa oportunidad que el viejo Brief de había ofrecido, tocando el extraño dije en su pecho de pues de tanto volviendo a ser esa extraña con ropas no comunes y con un aspecto totalmente diferente al que ya portaba, el mismo que debía utilizar desde Raccoon City. Al estar lejos del hombre se permitió girar sobre sus tacones sujetando una de armas de su piernera con dirección al pecho del hombre.
—No puede ser... —el hombre freno su andar al tiempo que detallaba la figura femenina a un par de metros suyo, con ropas más acorde a la ciudad, con un corte de cabello atrevido y como a su vez un arma apuntaba directo a su integridad física, un gruñido, un dolor en su pecho se expandió hacia su rostro sin poder evitar apretar los puños de sus manos en agonía —En verdad eres ella... —un Flash paso por la mente del hombre al reconocer la foto del expediente de la nueva imagen del laboratorio, aquella mujer que creyó inexistente al no concordar su perfil con los datos registrados en la base de datos del expediente, había investigado tanto en esas largas semanas esperando que algo sucediera realmente, pero solo había podido acechar a la chica al sentir una extraña atracción hacia ella desde que la había visto, el como ella buscaba un límite entre ambos pero con el simple hecho de ver como sus ojos cambiaban de un negro pozo a un rojo carmesí lo dejo estupefacto, por eso busco la manera de dar con su punto débil y aunque no pudo hacer gran cosa con los dos hombres que resguardaban al pelinegro, puedo hacerlo al retener su teléfono celular, donde ese viejo mentiroso llamaba en busca de ella y por eso, había decidido acabar con su sufrimiento y el de ella, debía de darle baja a los experimentos del viejo y si eso acarrea tener que morir, lo haría con gusto, no más Gyumao ni Milk Ox —¡Te voy a matar! —corrió hacia ella con la extraña extremidad en forma de lanza en dirección a ella como su deforme puño derecho, pero jamás espero con que no dudara de su acción y empezara a dispararle en puntos tan estratégicos de su tórax haciéndolo perder a cada paso su respiración y que así su sangre espesa saliera en cada una de sus heridas ¿Desde hace cuánto esa mujer le había perdido temor a la muerte? ¿Ya habría matado a personas antes de atacarlo a él? Un disparo más y el cartucho de la pistola de la castaña ya se había terminado, sus pasos aun sin detenerse lograron acorralar a la mujer antes de que esta cambiara de arma en los como milisegundos que le dio de espacio, pero su enorme y pesado cuerpo sucumbió a la gravedad, llevando consigo a la morena sobre la baranda del techo, arrojándolos al vacío donde sus manos rasguñaron el cuerpo femenino antes de resbalarse y quedar suspendido sobre la enorme calle siendo la morena la única en mantenerse sujeta de la reja y el rubio de una de sus piernas.
—¡Dios mío! —soltó la morena al sentir el vacío bajo ella y como los dedos que la mantenían fuera de peligro empezaban a dudar de su agarre al sentir como estos empezaban a ceder al mantener tanto peso en una sola extremidad ¿Es que cuanto estaría pesando ese hombre y ella a la vez? era como si tuviera veinte personas colgando de ella intentando sobrevivir de la mortal caída. Intento sujetar la reja con su otra mano más la extraña extremidad del hombre se alzó frente a ella insertando la punta contra el concreto donde había intentado antes conseguir apoyo —¡Ah! —Exclamo sorprendida al tiempo que uno de sus dedos perdía apoyo del agarre.
—¡No te libraras tan fácil de mí! —profirió el hombre a la vez que escupía un poco de sangre e intentaba ascender por su pierna al tiempo que esa extremidad intentaba herir nuevamente a la morena, más ella esquivo el ataque tanto como pudo por su difícil posición mientras su pierna libre se alzaba e intentaba golpear las manos o rostro del rubio para que este la soltara —¡Te matare! — otro ataque y la morena no tuvo de otra, estiro su mano libre hacia la piernera tomando el cuchillo que esta portaba al tiempo que alcanzaba a interponerla sobre su pecho y cortar parte de la extraña carne que en pocos segundos dejo escapar un chorro de sangre, salpicando sus prendas y su mano libre.
—¡Suéltame! —volvió a atacar sintiendo de nuevo el molesto liquido mancharla y como el aire desestabilizaba su posición haciéndola perder otro dedo de apoyo en la fría reja —¡Ya déjame en paz! —Grito la chica dándole una patada al rostro del hombre antes de que este se soltara de su agarre al rasgar el trozo de tela de su pierna y comenzara a caer al vacío seguido del cuerpo de la morena que no había resistido más el soporte de sus dos dedos comenzando a caer a una velocidad pasmosa dejando que sus cabellos cubrieran su rostro y que sus manos se alzaran en dirección al tejado sin poder reaccionar por tan abrupta caída además de escuchar el grito adolorido del hombre un par de metros bajo suyo antes de estrellarse contra el pavimento, los ojos de la morena se empezaron a humedecer y sin darse cuenta sus dedos se aferraron a si misma esperando tan abrupto golpe que seguro la mataría, pero solo atinaba a dejar salir un par de lágrimas y sentir como su aliento se perdía por la caída. Un leve corrientazo cruzo su cuerpo a medida que sus cabellos parecían ser más abundantes y el viento pretendía arrullarla los pocos segundos que le quedaban de estabilidad donde los pocos recuerdos cruzaban su mente y el remordimiento se agolpaba en su pecho.
"Goku"
Una onda rompió el aire y el movimiento brusco que sujeto su cuerpo la hizo chillar de dolor al tiempo que sus cabellos ahora largos parecían volver a su estado original al tiempo que sentía su cuerpo suspendido en el aire dejando al descubierto el temblor de su cuerpo y el ritmo desacompasado de su respiración como uno que otro sollozo de parte suya.
—¿¡Milk!? —sus ojos se abrieron en asombro divisando a escasos centímetros de su cabeza el rostro de su esposo, aquel que no portaba aquella insípida bata hospitalaria ni mucho menos los molestos vendajes ¿En qué momento había llegado hasta allí? miro asustada a su costado antes de poder fijarse en que sus tradicionales ropas habían vuelto a ella y que bajo su cuerpo a un par de metros el hombre rubio se hallaba sin vida con su dije de dragón en medio del charco de sangre.
"El Collar..."
Pensó antes de poder sentir un leve alivio en su pecho pero este no le impidió soltarse a llorar y aferrarse al moreno como si antes su vida no hubiera dependido de ello, sintió como este ascendía por los cielos lejos de las voces de asombro que empezaban a llegar gracias al fuerte impacto que el hombre debió sufrir, además de como piso por piso empezaba a retomar la luz con suprema lentitud... poco tiempo se demoró el moreno en llegar al tejado y así dejarla sobre la superficie mientras sus ojos ónix la escudriñaban antes de sujetar su rostro y alzarlo para así contemplar su pálida piel con la aun abierta herida en su cabeza.
—¿Qué fue lo que te paso Milk? —Las lágrimas siguieron resbalando el rostro de la morena, quien solo negaba y sujetaba las manos cálidas del moreno con sus temblorosas y frías manos, esperando con ello el consuelo del moreno y este solo la jalo hacia el envolviéndola entre sus brazos mientras acariciaba su espalda y miraba la baranda que los alejaba del vacío sin llegar a entender como su esposa había llegado ahí y había estado a punto de estrellarse contra el suelo.
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Después de que la morena había dejado de llorar habían bajado como alma que lleva en diablo a la habitación que había estado utilizando esos últimos días, dejándose a sí mismo con ella encerrados tras la cortina aprovechando la nula luz que aun poseía el piso, la morena aun temblorosa quedo sentada sobre la camilla mientras el chico sujetaba uno de los paños húmedos que ella había traído días antes y empezaba a limpiar la sangre de sus manos y rostro, procurando ser delicado para no dañarla más de lo que ya estaba, la miro a los ojos y con una leve caricia hizo que esta dejara de sollozar para así empezar a calmarse.
—Milk... —la llamo dudoso mientras esta desviaba la mirada lo poco que podía al tener el rostro en medio de las manos del moreno —Tu... ¿Qué fue lo que te paso? —indago el moreno ya suponiendo que había pasado, mas no comprendía como su esposa había dado con ese sujeto en la cima de aquel hospital de tercer nivel, pero la chica solo había negado sin poder articular aun palabra —Por favor... dime... —pero no paso lo que espero, la mujer volvió a romperse en llanto mientras apretaba la tela de su vestido entre sus dedos y mordía su labio inferior para acallar sus lloriqueos —Milk...
—M-Mate a... a ese hombre... —soltó mientras dejaba escapar mucho más rápido sus lagrima sintiendo el dolor en su pecho al verse descubierta por el moreno en una de sus peores situaciones, Si tan solo le hubiera prestado atención al viejo Brief, Quizás en ese momento el rubio no estaría muerto, ni ella manchada de sangre ni su esposo intentando buscar una verdad que ella misma se había jurado no decirle, por vergüenza, por miedo al rechazo que el pudiera sentir por alguien que creía conocer pero que ya no era la misma con la que se había casado —Mate a ese hombre Goku... —Lloro más fuerte mientras dejaba caer su cabeza y llevaba sus manos a su rostro ocultando su vergüenza de quien era un ejemplo de bondad y nobleza, aquel que prefería perdonar a su enemigo antes de matarlo, aquel que buscaba una mejor solución a sus problemas —L-Lo siento... —tembló más fuerte al tiempo que sus manos rasguñaban parte de su piel, mas no lo suficiente antes de sentir como el sujetaba sus manos y las alejaba de su rostro, haciendo que ella lo mirara recibiendo los labios del moreno como un analgésico a su dolor, donde la carne dulce y tibia le brindaba a su boca esa calma que emanaba su cuerpo y que le ayudaba a sobrellevar lo que había tenido que vivir. Un rose tibio que a pesar de no ser llamativo los hizo quedarse en esa posición un par de segundos antes de alejarse apenas unos milímetros, dejando que las mejillas pálidas de la chica tornaran algo de color y que el ceño fuerte de él le diera el valor que había perdido momentos antes de ser descubierta.
—Ese bastardo te lastimo... — susurro sobre sus labios mientras acaricia la sangre levemente seca que aun portaba su mejilla — se atrevió a herirte y no tuviste de otra que defenderte, si fuera estado ahí, también lo habría matado —junto sus frentes mostrando la impotencia en sus palabras al no haber protegido a la morena, en ningún momento se había esperado que algo así fuera a pasar, había esperado el momento adecuado para poder escaparse de esa habitación y poder entrenar y el no verla junto a él le había facilitado su escape, aún más al ver los pasillos completamente oscuros, donde tuvo que huir con cuidado por medio de las escaleras hasta el sótano del hospital donde hallo una puerta libre para salir, aprovechando la vestimenta que el Maestro Roshi le había llevado esa mañana. Había dejado los yesos y las vendas en un bote de basura pero al salir del edificio un golpe sordo lo hizo girar a ver el lugar, donde un par de metros lejos la figura de un hombre se hallaba estirada en el suelo donde la sangre no se esperaba para cubrir la superficie, corrió hacia el pero un pequeño collar cayo a su lado haciéndolo alzar la vista donde otro cuerpo caía no estando muy lejos del impacto, con rapidez salto hacia la persona alzándose un par de metros para sujetarla, pero al reconocer rápidamente ese cabello oscuro y la vestimenta de la mujer no pudo evitar expresar horror al ver a su esposa encogida por el miedo, temblando y llorando seguramente por lo que creía iba a suceder, no dudo en pronunciar su nombre y al recibir de lleno esos ojos negros con su pálido rostro y un manchón de sangre caer por su frente, el enojo recorrió su cuerpo al tiempo de que ella se aferraba a él como también sus ojos habían visto con odio al hombre que se hallaba muerto sobre el pavimento. Había sido la peor de las imágenes, donde nunca se esperó ver tal cosa y donde no comprendía como es que había caído su esposa ni como a él se le había ocurrido escaparse a esa hora de la noche ¿Qué hubiera pasado si no hubiera estado ahí? ¿Habría terminado igual que ese hombre? Estampada contra el suelo, sin vida en sus ojos con un charco de sangre Vinotinto a su alrededor... no, no quería imaginarse tal cosa ni mucho menos culpar a la morena por algo que se le había salido de las manos, verla tan acabada y frágil solo rompía su corazón y aunque habían estado lejos todo ese tiempo desde que volvió a la vida no podía evitar recurrir a esa vieja costumbre, de besarla cuando ella menos se lo espera y así sacarle un sonrisa de felicidad, más en ese momento solo podía ver los ojos tristes y desconcertados de la morena, donde ni el mismo era capaz de darle más vueltas a ese asunto, solo acariciar su mejilla y espero a que ella dejase de llorar —No tienes la culpa de nada Milk... — la morena se deslizo de las manos del hombre, abrazándolo con fuerza, pegándolo a su cuerpo sintiendo como los latidos de sus corazones se acompasaban y el cálido tacto relajaba su alma, a pesar de que ella había optado por no refutar las conclusiones del moreno, era mejor mantener ese secreto de esa manera.
"Lo siento"
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A la madrugada la morena se había dado cuenta de su posición, donde el moreno dormía a pierna suelta en la camilla y ella a un lado suyo, usando su pecho como almohada sin darse cuenta en qué momento habían caído dormidos sobre la camilla, miro el reloj a un costado de la mesa donde le mostraba pocos minutos antes de que fueran las seis de la mañana, así que se levantó de un salto y con pasos lentos fue hasta al baño de la habitación donde en su reflejo observaba la aun sangre seca de su frente y aprovechando la mañana se quitó la ropa manchada de sangre y enjuagando su rostro quito todo rastro de sangre usando de paso la toalla con la que recurrentemente se secaba el moreno, miro sus prendas que a pesar de no estar tan manchadas prefería no utilizar, pero si no lo hacía no sabía con qué ropa podría salir del hospital, un pestillo y su cuerpo se giró por inercia mientras cubría su cuerpo para que el intruso no la viera semi desnuda, pero fue el moreno quien se mostró frente a ella, vistiendo la conocida bata del hospital mientras que le tendía el traje que había portado la noche anterior.
—Ponte esto, así podrás volver tranquila a casa —La morena lo miro dudosa antes de sujetar las prendas con una de sus manos, sin alejar la toalla de su cuerpo.
—G-Gracias... —Susurro la morena antes de verlo, pero de nuevo, el moreno la tomo por sorpresa besando su mejilla derecha antes de quitar una pequeña costra de esta.
—Debes descansar, ve a casa... —le sonrió de vuelta y saliendo del cuarto de baño dejo a la morena con las enormes prendas y con un sonrojo en sus mejillas.
XxXxXxXxX
¿Y Bien? Deben decirme algo positivo, termine este escrito a las 11 de la noche y aunque lo publique a una hora más acorde no significa que no me halla matado XD mentiras... la primera parte de este capítulo termino y aunque estuvo llenas de sentimientos espero que no se pierdan el siguiente capítulo, donde les traeré una parte super especial y que por supuesto, les encantara. Agradezco que hayan llegado hasta aquí y nos vemos hasta el siguiente capítulo. Bye
Mika-Chan
