Capítulo 12
Una explosión lejana hizo que Haruka se despierte de golpe. Se incorporó y miró a su alrededor, intentando descifrar que había pasado y donde estaba. Recordó entonces que había pasado la noche con Michiru. La buscó con la mirada, pero no la encontró, ese lado de la cama estaba frío.
-¿Michiru? -la llamó, pero no obtuvo respuesta. Buscó alrededor la ropa que usó el día anterior pero no la encontró. En su lugar, vio la ropa con la que había llegado a ese lugar, doblada y colocada con cuidado en la mesa del tocador. A pesar de lo extraño de eso, decidió ponérsela mientras recorría la habitación -¿Michiru? ¿Estás aquí? He escuchado una explosión… -solo le respondió el silencio. Michiru no estaba.
Otra explosión hizo retumbar un poco las ventanas de la habitación, esta vez estuvo más cerca. Se transformó y salió apresurada a ver qué pasaba. Observó a los trabajadores correr por los pasillos, huyendo despavoridos. Decidió entonces correr hacia la sala de control mientras esquivaba a las personas a su alrededor.
Al dar la vuelta por uno de los corredores, vio una silueta familiar dando órdenes.
-¡Mars! -la sailor volteó a ver quién la llamaba
-¡Uranus! ¿Qué haces aquí?
-¿Qué está pasando?
-Estamos bajo ataque, así que vamos a evacuar el castillo. El protocolo Lunar se está poniendo en marcha. Debes ir con la Reina, si algo te pasa puede cambiar tu futuro.
-Es lo que menos importa ahora, ¿viste a Michiru? No la encuentro.
-No, pero es la única que no se reportó – la conversación seguía mientras Mars dirigía con sus manos a las personas.
-¿A qué te refieres?
-El protocolo tiene como principal característica reportar nuestras ubicaciones. Solo Neptune no se ha reportado, no sabemos donde está -esa información dejó a Haruka pensando. Hace unas horas estaba con ella y ahora desapareció.
-¿Cómo penetraron la barrera?
-Todavía no lo sabemos… Mercury está trabajando en eso.
-Iré con ella
-Uranus, solo ten cuidado. Debo irme -dicho eso la sailor del fuego desapareció de su vista. Haruka retomó su camino hacia la sala de control. Divisó la puerta cerrada y se acercó a ella, un scanner confirmó quien era y se abrió automáticamente.
-Mercury! -Haruka la llamó, pero no contestó, estaba concentrada viendo la pantalla a través de su visor mientras escribía rápidamente en el gran teclado de la sala de máquinas. En las pantallas se podía visualizar los lugares donde estaban atacando las sombras, así como las peleas que se estaban dando entre estas y algunas de las sailors. Además, en otra de las pantallas había un mapa de todo Tokyo de Cristal, donde mostraba la ubicación exacta de todas las sailors.
Todas, excepto una.
-Mercury, ¿qué paso? ¿Cómo penetraron la barrera?
-No la penetraron -contestó fríamente -la desactivaron.
-¿Qué? ¿Cómo que la desactivaron? -Mercury suspiró, dejó de tipear, desactivó su visor y volteó hacia Haruka.
-Alguien desactivó la barrera.
-¿Quién?
-…solamente nosotras podemos desactivar las barreras… -Haruka miró la pantalla del mapa, el símbolo de Neptune no estaba por ningún lado.
-…¿Quién? -dijo con la voz entrecortada.
-Haruka, deberías ir-
-¡¿Quién fue?! -gritó mirándola a los ojos.
-Sailor Neptune.
La tropa de Uranus se posicionó en el ala este de las afueras del castillo. Al parecer, una de las explosiones había roto una de las paredes, por lo que sería fácil de acceder a él. Takao y Takeshi estaban al frente de los soldados, dando ordenes cuando era necesario. Sin embargo, la moral de sus subordinados había bajado bastante por lo que pasó la noche anterior, les costaba cada vez más deshacerse de las sombras. Muchos se preguntaban donde estaba su Comandante. En casos así Uranus era la primera en estar en el calor de la batalla y nunca los dejaba solos. Las dudas recorrían en el equipo. Takao y Takeshi sabían, en el fondo, que si las cosas seguían así, perderían la pelea y probablemente la vida.
Haruka no podía salir de su asombro. Tenía muchas preguntas en la cabeza, ¿porqué Michiru haría algo así? ¿Estaba vengándose por lo que pasó? ¿Perder a su Haruka hizo que pierda toda voluntad de vivir? ¿O es que había algo más que no le habían dicho? No, la Michiru que conoce no haría algo así, debe haber escondido algo y tener un plan, pero ¿cómo alcanzarla si no sabía donde estaba? Aunque, realmente, esta no era la Michiru que conoce, la suya está en el Siglo XX.
Mercury se acercó a Haruka, quien perdió su transformación y cayó al suelo de rodillas, con las manos en la cabeza. Se arrodilló a su lado y puso una mano en su hombro.
-No deberías estar aquí… esta no es realmente tu guerra. Debes volver, busca a Pluto en la sala del tiempo, regresa a donde perteneces. Lo resolveremos… -le dijo. Haruka no contestó, pero se puso de pie, pensando en sus opciones. Si se iba podría estar nuevamente con su Michiru y todo esto podría quedar como una pesadilla. Pero no podría dejar de pensar en que la Neptune de esta época está desaparecida y con un rótulo de traidora en sus espaldas. La suya, a pesar de todo, estaba bien. La de aquí no tenía a nadie quien la pueda defender, llegado el caso.
-No me iré, Neptune me necesita…
-Haruka, no te hagas es- Mercury no pudo terminar de hablar porque un sonido agudo se escuchó proveniente de la pantalla. Sus ojos se abrieron sorprendidos, no pudiendo creer lo que veía. Haruka, por el contrario, no entendía que pasaba.
-Mercury, ¿Qué significa ese ruido?
-Es… -sacudió la cabeza para salir de su estupor -es Uranus, ha despertado.
Haruka miró la pantalla, como si pudiera encontrar las respuestas a las preguntas que tenía. Frunció el ceño y tomó una decisión. Parte de que esto pasara era culpa de esta Sailor Uranus. Salió de la habitación raudamente, haciendo caso omiso a los gritos de Mercury. Debía enfrentarla.
Salió corriendo hacia la enfermería. Sabía que había una puerta que conectaba hacia el ala de internamiento y que estaba restringida. Nadie podía pasar, solamente los que sabían el código. En el camino encontró gente corriendo en diversas direcciones, en su apuro, solo las esquivaba, rogando en silencio que se mantuvieran en recaudo.
Al llegar, no se sorprendió al encontrar la puerta de la enfermería abierta, había algunos heridos pero nadie de gravedad, por lo que corrió directamente al lugar que siempre estuvo restringido para ella. Esta vez, la puerta estaba abierta de par en par. Se detuvo un momento, dudando, sabía que al otro lado estaría su otro yo. Ya Pluto le había advertido alguna vez que no era recomendable encontrarse con su alterego. Si bien no destruiría ningún universo (es una creencia popular, mas que nada) si podría causar cierta inestabilidad espacio-temporal. Otra explosión lejana hizo que saliera de su ensimismamiento. No había tiempo que perder, por lo que se adentró a la sala de internamiento con paso firme.
Sailor Uranus estaba de pie, al lado de su cama, terminando de sacarse los electrodos que tenía pegados a la piel. Su transformación estaba intacta y Haruka podía sentir el poder emanando de ella, lo cual, en lugar de aliviarla, hizo que se enfureciera más. Mientras Neptune estaba perdida y prácticamente era una traidora, ella estaba ahí, como si nada pasara.
-¡Tu! -le gritó Haruka a su alterego. Sailor Uranus se detuvo un segundo, reconociendo la voz, para luego seguir acomodándose los guantes, sin siquiera dignarse a verla –¡¿Cómo pudiste?! – no pudo contenerse y se acercó a Uranus, tomándola del cuello del traje con ambas manos. Uranus entonces la miró por primera vez y sonrió -¡¿De qué te ries?! ¡Neptune está desaparecida por tu culpa! -esto molestó a Uranus e hizo que la empujara con fuerza, haciendo que el agarre en su traje se soltara.
-No está perdida -le habló por primera vez -yo sé dónde está.
-¿Dónde?
-No te importa, este ya no es tu problema
-¿No es mi problema? ¿Sabes todo el daño que has causado en las personas aquí? A la reina, a Júpiter, a tus propios hombres… a Michiru. ¡A Michiru! La persona que juraste amarías toda la vida. Yo estuve lidiando con toda la mierda que dejaste a tu paso -Uranus solo la miraba fijamente.
-Este ya no es tu problema, regresa a la época que perteneces… -dijo mientras intentaba salir del lugar, pero Haruka la detuvo empujándola- ¿Qué carajos te pasa? Me estás haciendo perder el tiempo.
-Dime donde está Michiru, tengo que ir a salvarla -esto hizo que Uranus diera un par de carcajadas
-¿Salvarla? ¿Tú? No me hagas reír, no eres ni la mitad de fuerte de lo que yo soy, déjame pasar, estás haciendo que pierda la paciencia.
-No me importa, por lo menos no soy yo quien hizo que quiera irse -esto enfureció a Uranus, quien lanzó un golpe contra Haruka directo en el rostro, lo que hizo que esta última retrocediera mientras se incorporaba limpiándose la sangre de la boca.
-Te recuerdo que todo esto empezó por tu culpa, por tus ganas de sentir adrenalina, por tu aburrimiento ¿Crees que no reconozco esas ropas? ¿Qué estabas haciendo antes de que te trajeran aquí? ¿Acaso estabas con Michiru o la habías dejado plantada en el recital para irte a acostar con otra?– Esta vez fue Haruka quien le dio el golpe a Uranus, esta solo lo recibió, sin moverse un centímetro. Iba a lanzarle otro, pero se detuvo. Tenía razón, de no ser por Pluto, hubiera besado a Asami y seguramente, si se lo pedía, hubiera pasado la noche con ella.
Haruka bajó la mirada hacia el suelo y apretó los puños fuertemente, mientras intentaba controlar el temblor en su cuerpo y las lagrimas en sus ojos. No se merecía a Michiru, ni en el pasado ni en el futuro. Uranus la miró y sintió el dolor de aquella primera vez que le fue infiel a Michiru, en el que perdió su confianza. Si conocía bien a Pluto, esta Haruka frente a ella aún no había cometido el despreciable acto. Ella todavía tenía una oportunidad.
-No se que es lo que sepas exactamente -dijo Uranus – justo antes de la primera explosión del enemigo, le había dicho a la Reina que debíamos terminar aquello que estábamos haciendo. No es que pasara algo mas allá de abrazos, compañía y alguno que otro beso, realmente. Pero yo lo estaba terminando todo porque no podía hacerle eso nuevamente a Michiru. Nunca pasó nada con nadie más luego de esa primera vez. Si, admito que coqueteo al punto de hacer que la otra persona quede a mi merced. Y si, se que está mal, pero cuando pasas una línea… es más fácil seguir atravesándola una y otra vez -se acercó a Haruka y puso una mano en su hombro -no seas como yo, no pierdas a Michiru-Haruka entonces levantó la mirada -te prometo que voy a salvar a la mía, tu debes ir donde está la tuya y no la dejes sola nunca más.
Haruka se quedó en silencio unos instantes para luego asentir con la cabeza. Lo había comprendido todo, había visto el futuro que tendría si seguía como hasta ahora y no le gustó. Tenía otra oportunidad para hacer las cosas bien.
-Buscala… y encuentrala. No te separes de ella de nuevo- dijo Haruka. Uranus sonrió levemente.
-Incluso en el mismo infierno -Haruka sonrió y se dio la vuelta para marcharse. Ahora sabía bien lo que tenía que hacer. Lo primero era sobrevivir para volver a la puerta del tiempo. Sabía que no podía hacer nada y ahora que Uranus había regresado, su misión allí había concluido. Tenía una más importante, regresar con su Michiru y demostrarle cuanto realmente la amaba.
Uranus vio a su alterego retirarse y con una nueva misión en mente. Frunció el ceño y miró hacia la dirección donde sabía estaría Michiru.
-Esperame, Michiru -susurró -ahora es mi turno.
La sailor del viento salió rauda de la sala de internamiento con una sola cosa en mente: recuperaría a Michiru o moriría en el intento.
