Ranma ½ no me pertenece…, y todo eso.
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ENTRE SUEÑOS Y PESADILLAS.
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Capítulo 3.
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Nodoka había estado buscando sus propias estrategias para conseguir estar lo suficientemente cansada y poder dormir y soñar, nuevamente, con su escurridizo muchacho. Se había dedicado a varios quehaceres domésticos, limpiando cada cosa y cada parte de esa enorme y tradicional casa de madera. Había ido a la tienda, para adquirir nuevos utensilios de limpieza y había repetido el viaje para adquirir nuevos y diferentes tipos de alimentos, también. Se había esmerado en cocinar los más exquisitos y complicados platillos, para luego, limpiar y ordenar lo utilizado, otra vez.
Sin duda, la familia Tendo estaba siendo muy bien atendida por la mujer, y a pesar de que ya todos conocían la razón, habían decidido que, así como no tenía nada de malo que Akane se dedicara a entrenar para conseguir dormir mejor, tampoco perjudicaba a nadie que Nodoka limpiara y ordenara la casa, con el mismo propósito. Además, era la excusa perfecta para entrar a la habitación del maestro y buscar algún tipo de información sin generar demasiado interés.
Varias veces al día, había ingresado a la intocable habitación. Con cuidado, había revisado los muebles, el closet. Alrededor de sus ropas de cama. Había sacudido cada prenda y revisado cada cajón, pero, buscara por donde buscara, no encontraba mucho más que varios montones de ropa interior femenina y varias botellas de varios tipos de alcohol.
— Al maestro no le agradará que estemos aquí.
— Nabiki — Nodoka la había nombrado en un acto reflejo, al verla apoyada en el marco de la puerta, una vez pasara la impresión inicial de encontrarla allí. Tras lo ocurrido con Akane, Nodoka había mantenido tanta distancia y silencio, como le había sido posible. Ambas, habían reducido sus conversaciones a las altas horas de madrugada, que era cuando solían encontrarse en la cocina. Ella no quería, realmente, seguir ocasionando problemas, ni alejarse de la única persona que lograba comprenderla o tener un poco de información de su hijo, aunque no fuese nada certero.
— ¿Qué es lo que buscamos? — preguntó la chica, al ingresar, bajo la atenta mirada de la mujer.
— ¿Nos ayudarás? — preguntó, una vez que Nabiki se ubicara frete a ella, y sonriera, suspicaz.
— Harán lo que tengan que hacer, de todas maneras — afirmó, y Nodoka sonrió — conozco a mi hermana y sé que no abandonará la idea que ya se ha instalado en su cabeza. Y si Ranma heredó de ti su obstinación, no hay vuelta atrás — se defendió, simplemente — además, si están buscando en la habitación del viejo, es porque alguna loca teoría, técnica u objeto robado, está involucrado, y entonces, las posibilidades aumentan — argumentó, y bajo la mirada de asombro de la mujer, agregó: — No suelo apoyar causas perdidas — agregó, encogiéndose de hombros.
— Trato de encontrar los pergaminos del maestro — explico Nodoka, después de un momento — pero, no he logrado dar con ellos…
— Oh, están aquí — comenta simplemente, como si el escondite secreto del maestro fuera de dominio público, que, de hecho, lo era. Nabiki se levanta y camina hasta el centro de la habitación, buscó con el pie, tratando de encontrar el lugar exacto, para luego inclinarse y levantar el tatami que ocultaba el enorme agujero.
— Vaya… — Nodoka se veía sorprendida — ¿cómo es que tú…?
— Los encontramos una vez, cuando Pantimedias secuestró a Akane — explica, como si aquello fuera lógico y habitual — es una larga historia — agrega, al notar la interrogación en el rostro de la mujer, que, al escucharla, sacude ligeramente su cabeza, intentando volver a concentrarse.
— Debe haber algo aquí que nos explique cómo poder comunicarnos con él, utilizando su energía — explicó y Nabiki, en silencio, comenzó a retirar los pergaminos de su lugar para ubicarlos en la superficie y comenzar a revisarlos con el debido cuidado que los pergaminos merecían. No porque temieran las odiosas bromas del maestro si llegaba a enterarse de su intromisión, sino porque sabían que había información extremadamente valiosa entre ellos, gracias a los robos y asaltos del anciano. Nodoka la imitó y comenzó a ordenar algunos por su lado también, pero, algo había comenzado a molestarla, por lo que no pudo más que detener sus acciones y observar a la chica detenidamente — ¿qué fue lo que te hizo cambiar de opinión? — finalmente, preguntó.
— ¿Acaso no confías en mi buen corazón? — preguntó, y ambas sonrieron por la pequeña broma — tu hijo suele ser un idiota — la chica agregó, una vez se hubiese recuperado la seriedad del caso — pero, es del tipo de idiotas que no sabe rendirse. Además, no sería capaz de abandonar a mi hermana, la quiere demasiado — agregó, y Nodoka, orgullosa, sonrió.
— Mi hijo es tan varonil — murmuró, soñadora.
— Por otro lado — volvió a hablar la chica, interrumpiendo la ensoñación de la mujer, — debe pagar todo el dinero que he invertido en su búsqueda. Ni creas que se lo perdonaré — bromea, nuevamente.
— Entonces, ¿ya no crees, que haya decidido irse?
— No… — suspiró, derrotada — si no abandonó al tío y sus locuras, mucho menos se irá por un par de locas persistentes. Lo estuve pensando y, creo que tienen razón, algo debió haberle pasado. Y considerando que no ha de ser fácil retenerlo por tanto tiempo, debió ser algo importante. Es sólo que…, Akane… — se interrumpió, y la observó detenidamente. Expresando con la mirada lo que sus palabras no podían continuar. Nodoka la observó también, aliviada, y con el mayor de los cariños sujetó una de sus manos, para apretarla ligeramente y hacerle comprender, por medio de aquel gesto, que estaba bien y que entendía la preocupación que le generaba su hermana pequeña.
— Lo sé — dijo, con un leve asentimiento — lo entiendo —, aseguró.
— Hasta que por fin entras en razón — dice Akane, sorprendiéndolas, provocando que la mediana de sus hermanas retirara el contacto y corrigiera la postura, adoptando de inmediato la actitud indiferente que solía demostrar. La chica parecía haber salido recientemente del baño, pues aún sacudía su cabello con una pequeña toalla que no tardaría en acomodar alrededor de su cuello.
— Solo le estoy dando el beneficio de la duda — Nabiki se defendió.
— Claro — Akane ironizó, para luego ubicarse junto a Nodoka y comenzar a ayudarlas a revisar los pergaminos que estaban a su alrededor — ¿algo interesante hasta ahora?
— Nada — la mujer contestó, resoplando — hay varios que están en chino.
— Y los demás…, casi solo hay técnicas de escape y… robo — Nabiki explicó — nada que pudiera interesarnos.
— Ese maestro…
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— ¿Y, bien? — preguntaba Akane, nerviosa, mientras Shampoo revisaba uno de los pergaminos en chino que le habían solicitado traducir. La chica, llevaba varios minutos leyendo en silencio, y, en ocasiones cambiaba de dirección el texto, para comprender mejor. Algunos murmullos y silenciadas exclamaciones ya tenían intrigadas a todas las demás, pero el inusual sonrojo de la chica hacía entre ver que lo que allí decía, distaba bastante de lo que buscaban.
— Cielos, eso ser… interesante — comenta, cerrando el pergamino lentamente — ahora entender por qué viejo asqueroso siempre apretar pechos — explicó, una vez notara la expectación.
— No puede ser — lamentó Ukyo, mientras Shampoo escondía el pergamino que acababa de leer, en el escote. Ella estaba muy dispuesta a seguir estudiando la versión masculina de aquella técnica — tiene que haber algo — continuó frustrada, revisando otro de los rollos — ¡Ey…!, esto se ve interesante — anunciaba, entusiasmada, provocando que todas las demás se acercaran a ver — "Receta para preparar fideos chinos que sacarán tu fuerza interior…" — leyó, para luego retirar el pergamino del alcance de Akane y Shampoo que se habían apresurado en tratar de alcanzar — pero, ¿qué demonios? — había protestado al protegerlo, pero Shampoo no se había rendido y había realizado un segundo exitoso intento.
— ¡Aja! — celebró, dando brinquitos.
— ¿Qué rayos te pasa? — preguntó Ukyo, desde el suelo, gracias al impulso que Shampoo le había dado para poder obtenerlo.
— Ser demasiado lenta — alardeó, pero Akane, aprovechando el descuido, golpea sus manos desde debajo, obligándola a soltarlo.
— Y tú, ser demasiado presumida — se burló, mientras enseñaba el pergamino, airosa.
— ¡Dármelo! — protestó la chica, pero Akane estaba demasiado divertida, manteniéndolo lejos de ella — tú no saber preparar, de igual modo — afirmó, y Akane gruñó, en respuesta, mientras Ukyo reía divertida, por la inusual escena.
— Miren esto — Nodoka, ajena a la pequeña discusión, observaba atenta uno de los pergaminos — estos son… ¿puntos de presión? — con la pregunta, las chicas la rodearon rápidamente, y Shampoo, sorprendida, lo retira con cuidado de sus manos.
— Este ser, pergamino de mi aldea — anuncia, revisándolo con atención.
— ¿Qué dice?
— Ser puntos debilitantes — explica, pasando con cuidado por las imágenes — punto paralizante, para dejar inconsciente, para perder vista… — comienza a nombrar — punto debilitante.
— ¿No es ese el que usó el maestro, con Ranma, una vez? — recuerda Nabiki, y Akane y Ukyo asienten.
— Aquí estar punto del gato, también.
— Vaya — murmura Akane, sorprendida.
— Tú, ¿los sabes usar? — pregunta Nabiki a la amazona que observaba con atención las imágenes, pero ésta niega rotunda con la cabeza.
— Ser cientos, y miles, ser imposible conocer todos — explica, para luego apuntar a su cabeza — Shampoo sólo conocer puntos de presión de cabeza.
— Cómo olvidarlo — ironiza Akane, al recordar el nefasto lavado de cabello que ella le había hecho, una vez, mientras miraba a la causante, con recelo.
— Shampoo hizo que Akane olvidara a Ranma, poco después de que llegara de China en su búsqueda — Nabiki le explicaba a Nodoka, que parecía haberse perdido en medio de la conversación.
— ¿De verdad? — preguntaba Ukyo, igual de sorprendida que Nodoka.
— Y volvería a hacer — responde ésta, orgullosa.
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— Entonces, ¿no ha vuelto a soñar con él? — pregunta Akane, sorprendida.
— No… hace un par de noches, que no — suspira Nodoka, entristecida — la última vez sólo me observó, y se fue. Lo llamé, pero… no regresó.
— Si… — medita Akane — lo he notado desorientado — agrega, recordando la actitud del chico la última vez que comenta Akane, reflexionando — antes se veía muy alegre, divertido y seguro, pero…, ahora…, parece estar confundido… — se interrumpe, y da un pesado suspiro, para luego apoyarse sobre la mesa del comedor, permitiendo que ésta cargara con el peso de su cuerpo, y cada una de sus preocupaciones — si tan sólo dijera dónde está.
— A mí decir que me ama — comenta Shampoo, alegre, solo un segundo antes de ser golpeada con una espátula gigante, justo al centro de su cabeza.
— ¡No son esos los sueños que estamos buscando, boba! — le reprochaba la cocinera, mientras la china acariciaba la zona afectada.
— Tal vez no sabe dónde está — dice Nabiki.
— Quizá, pero… la última vez, dijo que estaba en casa.
— Tal vez piensa que lo está — vuelve a decir, la mediana de las Tendo.
— ¿A qué te refieres? — pregunta Ukyo, temerosa.
— Es probable que haya muerto en el accidente y que su espíritu sea el que las visita por las noches.
— ¡Claro que no, Nabiki! — protestaba Akane, horrorizada con la idea — no digas boberías — agregó, bastante más asustada de lo que habría deseado estar.
Ukyo, al escucharla, había tenido que sacudir su cabeza para tratar de deshacerse de la imagen mental que se había apoderado de ella, en la que Ranma era un horrible y escalofriante fantasma. Sin embargo, no había podido descartar tan rápido aquella posibilidad.
¿Y si Ranma se estaba manifestando como espíritu, guiándolas a encontrar su cuerpo, para darle sagrada sepultura?
— No… — había murmurado, casi inaudiblemente.
— ¿Y si le preguntas? — Nabiki insistió.
— ¡No hace falta! — aseguró su hermana — además, no siempre alcanza el tiempo.
— Pues… ¿Qué tanto hacen ustedes dos, en esos sueños, Akane? — se burlaba Nabiki, provocando dos amenazantes miradas hacia su pequeña hermana.
— Oh, ¡mi hijo es tan varonil! — comenta Nodoka, completamente feliz con la insinuación de Nabiki y el repentino sonrojo de Akane. Sin embargo, dos diferentes, pero letales, posiciones de ataque amenazaban con iniciar una batalla mortal.
— Pero qué boberías dices — responde ofendida y avergonzada, Akane — claro que no — se apresura a aclarar — lo digo porque sólo podemos intercambiar un par de palabras mientras baja por las escaleras — suspira, cansada; bastante segura de que todas sabían a qué se refería con sus palabras. Había narrado sus sueños tantas veces que era bastante probable que pudieran recitarlos de memoria, y la verdad, es que no había muchas cosas que odiara tanto como hacerlo.
Sus sueños eran todo lo que tenía. Algo tan propio de ellos dos y de su conexión inexplicable, que el compartirlo, no hacía más que dejar un desagradable sabor amargo en su boca cada vez que lo hacía. De alguna manera, sentía que traicionaba su confianza e intimidad, pero también era consciente de que era la mejor opción. Aquel ejercicio le ayudaba a ver, lo que ella no veía, a pensar lo que no se le ocurría, e incluso, a considerar teorías que ella, negaría. Aunque, la verdad era que aquella situación, y la insuficiente interacción con el chico, la tenían bastante frustrada. Eso, sin contar con que las demás se esforzaban por omitir detalles de los sueños que ellas compartían con el chico, mientras solían indagar de manera minuciosa, en los suyos.
Que injusto, pensó.
Varias veces había intentado alcanzarlo, o retenerlo, incluso tocarlo, pero aquello parecía sencillamente imposible. Había deseado con todo su corazón, el haber extendido aquel momento en el que de verdad se estaban despidiendo, para así tener un poco más de tiempo, pero sabía que aquello no era realmente una posibilidad. Esto, era todo con lo que contaba.
No había más.
— Siempre saber que chica violenta no ser tan inocente como decir — murmuraba Shampoo a Ukyo, mientras ésta asentía, logrando que Akane abandonara, al fin, sus pensamientos, para gruñir ante el comentario, como única respuesta, provocando dos divertidas sonrisas en Nabiki y Nodoka.
— Mejor dinos si has encontrado algo interesante entre las cosas de la abuela — exige, esforzándose por cambiar de tema.
— Yo dejar buscando a Mousse ahora. Ser muchas cosas.
— Y Mousse, ¿es de confiar? — preguntaba Nodoka, recuperando la compostura, utilizando un tono de voz mucho más serio del que realmente se había propuesto usar. Shampoo la observa y asiente segura.
— Ser idiota, pero buena gente.
— ¿Piensas que Mousse podría ocultar algo importante? — Nabiki interrogó, dirigiéndose a Nodoka, pero esta prefirió guardar silencio, y, ante la escena, Shampoo volvió a hablar:
— Saber que yo matar.
— Si, pero… — Nabiki parecía reflexionar — tal vez sea prudente dudar de los principales sospechosos, las respuestas más obvias. Ranma tiene muchos enemigos y varias personas se verían beneficiadas con que él se alejara de aquí.
— Mousse no poder retener — aseguraba Shampoo — si es lo que pensar. Àirén ser más fuerte.
— Tampoco creo que Ryoga pudiera hacerlo — comenta Ukyo — Es fuerte, pero nunca ha logrado vencerlo — agregó, orgullosa.
— Ni hablar de Kuno, Gosunkugi… o alguien de la escuela — Akane meditó — tal vez, algún nuevo enemigo — sugirió, pero Nabiki negó con la cabeza.
— No creo — comentó — el patrón de un nuevo enemigo suele ser diferente — explicó, pero, observando los distintos rostros de interrogación, decidió ampliar su respuesta — ya saben: secuestrar a la novia, un viaje inesperado, desafiar en combate…
Con la explicación, Akane había bajado el rostro, avergonzada, comprendiendo a la perfección a lo que se refería su hermana. Shampoo la había observado con superioridad, recordando que el chico también había ido en su búsqueda una vez, y Ukyo había resoplado, enfadada, pensando en la estupidez de dicho patrón — pero bueno, tampoco podemos descartar esa posibilidad. Lo bueno es que, si vienen a buscarte, el misterio estaría resuelto y más temprano que tarde, conoceríamos su paradero — bromeó, dirigiéndose a su hermana, quien, en respuesta, había hecho una desagradable mueca que mal simulaba una sonrisa, pensando en lo muy desagradable que resultaba siempre, un secuestro. Además, el tiempo transcurrido descartaba esa posibilidad — a no ser que… — reflexionó, la mediana, nuevamente — Ranma no usaría toda su fuerza si se tratara de una mujer, y… mucho menos si él pudiera reconocerla — finalizó, e Inevitablemente había volteado a observar a Ukyo y Shampoo con atención, seguida, por supuesto, de Akane y Nodoka.
— No estarán dudando de nosotras a estas alturas — resopla Ukyo, ofendida.
— Yo solo digo que, hay que tener los ojos muy abiertos — la falta de ofensa de parte de Nabiki, resultaba evidente — no son muchos los que por la fuerza podrían retenerlo, pero hay diferentes maneras de lograrlo.
— Si así ser, no estar aquí. Ustedes no saber castigo que abuela poner por desobedecer llamado. Probablemente me hará entrenar hasta desfallecer por mes completo — sugiere, y Akane recordó que la última vez que la amazona desobedeció a su bisabuela, regresó con una maldición de Jusenkyo, y empática, torció el rostro. Pero, Nabiki tenía razón, había otras maneras, y, aunque en ese preciso instante no se le pudiera ocurrir ninguna, el que alguna de las dos estuviera participando en algún plan siniestro en el que Ranma fuese su prisionero, parecía poco probable. Ellas habían estado buscándolo casi desde el principio, labor que había ocupado distintos recursos, y, sobre todo, bastante tiempo. Algo con la que ninguna de las dos contaba en demasía. Ambas seguían haciendo funcionar sus respectivos locales y cada vez que las había ido a visitar estaban desempeñando sus labores, por lo que algo así, realmente la sorprendería. Además, Shampoo tenía razón: No estarían ahí si ya lo tuvieran consigo.
Aunque…, siempre podrían estar tratando de despistarlas. Después de todo, su prometido solía regañarla por ser siempre tan confiada…, por lo que, tal vez, no sería del todo absurdo, sospechar un poco, pensó.
— ¿Y por qué no vas a ver qué es lo que quiere? — pregunta Ukyo, regresándola a la conversación.
— Haber problemas en aldea, a Shampoo no interesar. Àirén ser más importante — asegura sin un ápice de duda en su voz — castigo puede esperar — agrega para sí misma, pero lo suficientemente fuerte como para ser escuchada por las demás — venir bien — agrega, al notar lástima en las distintas miradas — Shampoo descuidar entrenamiento por practicar para esposa.
— ¿Y con quién se supone que vas a casarte? — pregunta Ukyo, irritada, con un ligero temblor en uno de sus ojos. Arrepintiéndose al instante por haber sentido un poco de compasión por la descarada, orgullosa y desagradable chica que tenía al frente.
— Con àirén, por supuesto, cuando él regresar — contesta segura y presumida, provocando que Ukyo tuviera que contener sus deseos de saltarle en sima.
— Tal vez Ranma no sabe lo que está haciendo — murmura Nodoka, reflexionando. Generando que las chicas volvieran a concentrarse en ella, interrumpiendo su mutuo e impetuoso ataque — tal vez no esté aplicando ninguna técnica conocida y esté actuando por instinto — agrega, pensando en voz alta.
— Eso explicaría gran parte de su comportamiento
errático — concordaba Nabiki.
— Bueno, actuar por instinto es algo que él haría — apoya Ukyo y las demás asienten, concordando.
— En ese caso, debe estar buscando la manera de perfeccionarlo — asegura Akane, y las demás, nuevamente, asintieron — si tan solo pudiéramos ayudarlo…
— Debemos revisar las cosas de tu abuela — Ukyo hablaba con determinación — Debe haber algo ahí que pueda ayudarnos — Shampoo asiente y en un abrir y cerrar de ojos, las tres prometidas adolescentes, se habían retirado del lugar.
Las sospechas, al menos por un tiempo, tendrían que esperar.
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Akane, Ukyo y Shampoo llevaban varias horas en la habitación de Colonge. Infinitos libros, cofres y pergaminos se encontraban ahora regados por el piso. Y un par de fuentes, que alguna vez habrían contenido deliciosos fideos chinos, también.
La tarea parecía imposible.
Muchos de los libros estaban escritos en diferentes idiomas y databan distintos momentos en la historia del mundo entero, como era de esperar. Una enorme cantidad de ellos estaban en un chino tan antiguo que ni Shampoo o Mousse podían leer o traducir.
— ¿Tu abuela puede leer todo esto? — preguntaba Ukyo, asombrada.
Ella como cualquiera, había compartido con la anciana. No había que observar mucho, o esperar demasiado, para identificarla como alguien muy sabia y poderosa. Varias veces había visto como ésta solía ayudar a Ranma con alguna técnica especial, que le facilitara resolver algún determinado problema. No era un secreto que la mujer considerara seriamente el enorme potencial del chico, razón por la que además le interesaba que pudiera casarse con su nieta, aceptándolo desde el primer instante como el prospecto que potenciaría su aldea, mejorando la descendencia.
Ukyo también había visto como la anciana solía ayudar a cualquiera que solicitara un poco de su infinito conocimiento. Explicar lo que no había sido visto, relacionar las cosas y ayudar, era algo que caracterizaban a la anciana, es por eso que el que no estuviera ayudándolos ahora, resultaba enormemente contraproducente.
— No en balde ser una de las líderes de aldea — presume Shampoo, orgullosa.
— ¿Cómo es que una mujer tan culta como tu abuela, puede llegar a tener una nieta tan bruta, como tú? — pregunta, burlesca, recibiendo al instante un fuerte golpe en la cabeza, mientras Akane reía discretamente, ocultándose con uno de los libros que revisaba.
— ¿Por qué tú decir eso? — inquiere Shampoo, ofendida.
— ¿Cuánto tiempo llevas en Japón?, Mousse ya domina por completo el idioma — se burló.
— Ha, ¿sí?, ¿y tú cuantos idiomas hablar? — altanera y retórica, preguntó.
— Ese es un buen punto — comentó Akane, divertida.
— Pues… ¡de todas maneras! — protestó Ukyo, cruzándose de brazos, mientras Shampoo lucía una sonrisa cargada de absoluta satisfacción — como sea, ya es tarde, creo que debemos descansar — habló molesta — además, aquí casi todo está en chino, y lo único que hemos encontrado hasta ahora es sobre un estúpido truco que sirve para hacer creer al contrincante que puedes leer su mente y sabemos que Ranma nunca usó nada como eso.
— Ser mejor que Mousse y yo seguir revisando.
— Sí, es cierto — concuerda Akane, estirándose y bostezando. Consciente de que Ukyo sólo pretendía huir de la situación, pero, la verdad era que hace varios minutos que ya había perdido la concentración. Había estado hojeando el mismo libro hace demasiado tiempo y es que lo que verdaderamente la tenían preocupada, era ese reloj que colgaba sobre la pared. Hace un par de horas que había anochecido y estaba ansiando el poder irse a dormir. Los libros podrían esperar. Ranma no — muero del cansancio — confirmó, y Shampoo y Ukyo asintieron en silencio, recordando de golpe, sus motivaciones.
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— ¿Cómo puedo ayudarte? — preguntaba Akane, mientras Ranma retrocedía un escalón y giraba sobre sí mismo, para observarla mejor — no sé qué hacer, Ranma. No sé cómo ayudarte — suspira, cansada.
— Tú… estas… ¿preocupada por mí? — pregunta, atento, sin sonrisa presumida esta vez. Y Akane lo observó enternecida, ladeando la cabeza levemente, y sonrió.
— Claro que si bobo, ¿qué esperabas?
— ¿Por qué? — preguntaba el chico, acercándose — ¿por qué te preocupas por mí?
— Pues… — piensa un momento, sonrojándose levemente — porque… — toma aliento, bajando la mirada producto de la vergüenza que la intensa mirada del chico le generaba — tu eres… mi prometido — admite, mirándolo directamente a los ojos, esta vez.
— ¿Akane? — pregunta, sorprendido.
— Si. Akane — confirma con paciencia, sintiendo una presión en el pecho que le hacía identificar el alto nivel de angustia que la actitud del chico le generaba — acaso ¿No me recuerdas?
— ¿Por qué no has llegado todavía? — pregunta el chico, subiendo por las escaleras — ¿por qué no estás aquí? — insiste.
— Porque no sé dónde estás — le explica, observando como el chico estaba ya frente a ella, en el pasillo del segundo piso. Akane levanta una de sus manos, que para su sorpresa podía mover con libertad, para tratar de alcanzarlo, pero Ranma la observa extrañado y retrocede, alejándose.
— Ven… — la llama, volteando.
— No… — suplica la chica al notar que nuevamente se dirigía hacia las escaleras — Ranma… no te vayas — insistía, pero el chico comenzaba a desaparecer por las escaleras — te extraño — susurro, apenas audiblemente, pero lo suficientemente fuerte, como para que el chico sonriera al escucharla. Con esa sonrisa presuntuosa, que Akane amaba y odiaba a la vez. Sonrisa que ella, no había alcanzado a divisar.
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Al despertar, la angustia había sido tanta, que no había podido evitar llorar amargamente. Su familia había corrido hasta su habitación y Kasumi la había abrazado hasta que finalmente había recuperado la calma.
— ¿Qué ocurrió? — finalmente le había preguntado, pero Akane solo había bajado la mirada como respuesta. Con el gesto, Soun se había acercado lo suficiente como para hacerla levantar el rostro nuevamente.
— Estoy bien, papá, no te preocupes — le pidió, pero cada célula de su cuerpo, contradecía sus palabras.
— Si te dijera que tú dejaras de preocuparte, ¿lo harías? — el hombre preguntó, y Akane al observarlo, tristemente, sonrió.
— Es solo que… creo que la razón por la que no ha vuelto es porque, él… no me recuerda — explicó, mirando directamente a Nodoka, quien se mantenía alejada y en silencio, mientras las lágrimas caían de sus ojos, nuevamente.
— Has vuelto a soñar con él — pregunta Kasumi y Akane asintió, avergonzada.
— ¿por qué lo dices? — preguntó Nabiki.
— Dijo mi nombre, pero, no sabía quién era yo — explica al recordar, sintiendo aquel dolor punzante en su pecho, otra vez — ¿y si, con la caída se golpeó en la cabeza y ahora no sabe que tiene una familia con la que puede regresar?
— Akane — la llama Nabiki — aún existe la posibilidad de que sea tu manera de racionalizar el hecho de que no haya aparecido.
— No, sé que no es así, estoy segura — afirma, logrando que Nabiki resoplara sonoramente.
— Le diré a Genma — había dicho Nodoka, convencida. Armando rápidamente un plan que le permitiera buscar a su desorientado hijo — solo debo encontrar una buena fotografía suya, para que pueda buscarlo en pueblos cercanos y…
— Yo puedo encargarme de eso — suspira Nabiki — aunque debo advertirte: tengo más en su forma de mujer — le explica, mientras ambas se dirigían a la habitación de la chica.
— Si no nos recuerda, Akane, ¿cómo es posible que pueda comunicarse? — pregunta Soun.
— No lo sé…— suspira, preocupada.
— Akane, no me gusta verte así — Kasumi se acerca y toma una de sus manos, con ternura y un poco de lástima.
— No sé cómo lo hace, pero estoy segura de que es él — dice, provocando que su padre y Kasumi intercambien miradas — ¿tú conoces alguna manera en que él pueda hacerlo?
— No hija — admite, pensando — él podría estar ubicando tu energía, supongo…
— Sí, también pensé en eso, pero…
— ¿Qué?
— Ranma suele usar la energía de los demás — explica — Él encuentra la manera de movilizarla y dirigirla según sea su necesidad. Así lo hizo con Ryoga, con Saffron y con Toma, según lo que me pudo explicar — agrega, mientras varias de las imágenes de esos combates se adueñaban de sus recuerdos — pero… no es él quien la genera, la mayoría de los casos.
— Cierto…, además, si la señora Saotome también sueña con él, eso quiere decir que no es su energía la que ubica.
— Shampoo, Ukyo y yo somos artistas marciales. Eso nos permite poder controlar y alzar nuestro ki, pero tía Nodoka no, ella no sabe cómo hacerlo, entonces, algo más debe poder permitirle aparecer en nuestros sueños y hablar con nosotras — piensa también, en voz alta — pero no tengo idea de que podrá ser. Ya revisamos los pergaminos del maestro, y las cosas de la abuela, y no hemos encontrado alguna técnica que se parezca remotamente a lo que nos está sucediendo.
— Bueno, hija, no es algo muy común y quizá solo sea una impresión suya.
— Papá — suplicó la chica — sé que, si alguien puede lograr lo imposible, es él — aseguró, demostrando, con aquellas palabras, y una vez más, la fe que tenía en las capacidades y obstinaciones de su prometido. Soun la observa, y no tarda en encontrarse con la mirada de su hija, denotando la más pura convicción, y no puede evitar esbozar una melancólica sonrisa, que la más pequeña de sus hijas, no comprendió.
Cuánto se parecía Akane a su madre, pensó, emocionado, recordando aquella mirada en un rostro y cuerpo diferente. La mirada que su fallecida esposa solía dedicarle cuando él mismo llegaba a dudar de sus posibilidades. Esa mirada que lo había apoyado por años, acompañándolo en su crecimiento como artista marcial, y en su desempeño como esposo y padre, en la construcción de su amada familia. Qué afortunado había sido de contar con ella, recordó, y qué afortunado era Ranma, de contar con la que su hija había dirigido hacia él, desde siempre, concluyó.
— Tienes razón — afirma, después de un breve momento — quizá solo estoy haciéndome viejo y comienzo a olvidar lo importante.
— Tal vez, ustedes aparecen en los suyos y la conexión se establezca desde ahí — comenta Kasumi, que hasta entonces, había mantenido en silencio.
— ¡Kasumi! — reacciona su hermana pequeña, sorprendida — ¿acaso tú?
— Bueno…, si hay alguien capaz de lograr lo imposible, es él, ¿no? — repite sus propias palabras, sonriente — además, estuve recordando uno de los libros que solía prestarme el doctor Tofu y ceo que…, puedes tener razón.
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Al llamar a Shampoo y Ukyo, y comentarles las nuevas posibilidades, no habían tardado demasiado en llegar a casa de los Tendo, razón por la cual, ahora todos se encontraban esperando a Kasumi, en el comedor. Ante la espera Nabiki aprovechaba de enseñar un poco de su mercadería, para que Nodoka pudiera elegir una fotografía de su agrado y pudieran buscarlo por los alrededores, sin embargo, la joven mujer no era, por supuesto, la única interesada en las imágenes ofrecidas.
— ¡Ésta, quiero ésta! — celebraba Ukyo, mientras unía otra fotografía a su ya amplio manojo.
— No, no, no ¡ser de Shampoo! — la chica trataba de alcanzarla, persiguiéndola por el pasillo exterior.
— ¡Mi hijo es tan varonil — reía Nodoka, divertida.
— ¿Y tú, Akane, vas a querer una? — preguntaba Nabiki, enseñándole algunas de las que le quedaban todavía. En ellas se podía ver al chico caminando sobre la cerca, entrenando en el Dojo y saludando a la cámara. Aquellas en las que salía del baño con una diminuta toalla o entrenando sin camisa un día caluroso de verano, ya habían sido acaparadas.
— No — responde a secas, irritada. Tratando de lidiar con el repentino movimiento involuntario de uno de sus ojos.
— No seas tramposa Shampoo, ¡yo la vi primero! — protestaba Ukyo, amenazándola con su espátula.
— ¡Ser mía! — anunciaba la amazona, adoptando posición de ataque — yo no regresar.
— Nabiki… — gruñía Akane.
— Está bien, está bien — se rendía su hermana, para luego levantarse e interponerse entre las luchadoras — no te preocupes Ukyo, podemos copiarla. No hay problema — la tranquiliza, bajo la alegría de la cocinera, y la indignación de su hermana.
— ¿Qué ocurre? — pregunta Kasumi, con varias revistas sobre su regazo.
— ¿Lo encontraste, hermana? — pregunta Akane, expectante, pero ésta negaba con la cabeza.
— No pude encontrar el libro que recordaba, pero encontré estas revistas en su lugar — las ofrece, ubicándolas con cuidado sobre la mesa. Akane sabía que su hermana estaba compartiendo con ellos uno de sus tesoros más preciados y le agradeció, buscando su mirada y emitiendo una sonrisa, gestos que sabía, su hermana comprendería.
Cuando Tofu se había marchado de Nerima, se las había regalado, así como varios de los libros que constantemente compartían entre los dos. Kasumi había estado muy triste durante los días posteriores a su partida y solía revisar sus regalos con cuidado y dedicación. Akane, casi podía asegurar que se los había aprendido de memoria.
Akane había querido confortarla y constantemente le preguntaba cómo estaba, pero lo cierto era que Kasumi no se lo diría jamás. Su hermana mayor era tan hermética como solo ella podía serlo, por lo que no obtenía mucho más que una amable sonrisa acompañada de un pequeño recipiente de té y ocasionales galletas, como respuesta, por lo que la había convencido de suscribirse a una famosa editorial de revistas científicas, en las que probablemente, vería algún artículo publicado por Ono, algún día.
Y así había sido. La sección amarillenta del medio científico había dedicado toda una página al nuevo compromiso del famoso quiropráctico. En ella había podido distinguir al doctor junto a una chica bastante linda y de aspecto amable, ambos acompañados por la madre del hombre que como siempre, lucía orgullosa el altar de su difunto esposo.
Kasumi no había dicho palabra alguna al respecto. Simplemente había cerrado la revista, había sonreído y se había retirado a la cocina, pero una extraña sensación había impulsado a su hermana pequeña a revisar la revista y enterarse de la noticia.
No había sido hasta la otra noche que su hermana mayor manifestara un poco de la contenida emoción. Akane estaba bastante segura de que ese "cobarde" que había pronunciado la otra vez, no estaba dirigido hacia su prometido, sino al siempre cordial doctor Tofu. Él la había abandonado y a pesar de que Akane nunca había estado segura de los sentimientos de su hermana hacia el hombre, estaba bastante segura de que, si Kasumi se había enojado de verdad con alguien, había sido con el buen, pero bastante desconsiderado, doctor. Quizá, la actitud de su hermana, frente a lo sucedido con Ranma, no hacía más que reflejar la situación que ella había vivido, logrando revivir aquel dolor, dirigiendo su molestia a quien, en realidad, no era el culpable. Quizá, simplemente, la falta de experiencia con sentimientos similares, además de la constante preocupación por el estado de su hermana pequeña, solo le habían jugado una mala pasada… — ésta habla de los sueños lúcidos — dice Kasumi, señalando una de las revistas, logrando que Akane volviera a concentrarse en el presente — y ésta, sobre un estudio en el que dicen comprobar la comunicación en tiempo real, durante los sueños.
Nabiki no había tardado en levantar, y comenzar a revisar la última, mientras los demás la observaban, expectantes.
— ¡Akane! — había dicho de pronto, sorprendida. Pero, ante la colectiva y evidente desesperación, decide ubicar la revista sobre la mesa, para apuntar con fuerza una importante sección.
— ¿Sueño interactivo? — lee en voz alta, Nodoka.
— Ahí dice, que para que la conexión se establezca, las personas tienen que haber experimentado situaciones de sueño lucido.
— ¿Qué ser sueño lucido? — pregunta Shampoo, pero Ukyo se encoge de hombros, sin comprender.
— Es saber, dentro del sueño, que estás soñando — aclara Kasumi, amable.
— Oh… eso tiene mucho sentido — exclama Nodoka — eso…, quiere decir, que entre más consciente somos, más podemos comunicar…
— Dice, que la comunicación bidireccional es posible, desde ese punto. Si ambos saben que están soñando, tanto si han tenido experiencias con sueños lúcidos antes, como si no, pueden interactuar entre ambos, extraer información, aprender cosas nuevas… ¡Akane!, esto es lo que estábamos buscando!
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— ¿Ranma? — pregunta la chica, al observarlo guardar algunas de sus cosas en su vieja y confiable mochila de viaje, mientras ambos estaban en su habitación.
— Se hace tarde — comenta el chico, mientras intenta apresurarse. Con urgencia, y sin observarla, se levanta y ubica la mochila sobre sus hombros — ven… — solicita observándola seriamente, para luego salir de la habitación. Akane, acostumbrada a la escena, deja a Pchan en el piso para llegar al pasillo y observarlo descender — ven… — repite el chico, retrocediendo un escalón, volteando a verla.
— ¿A dónde? — pregunta la chica, intrigada.
— Sígueme — contesta éste, tomando su mano de pronto, obligándola a rodear el borde de la escalera, guiándola hasta donde él se encontraba. Había sido tanta la urgencia y desesperación, que Akane tropieza con uno de los escalones, pero cuando estaba segura que caería directamente sobre ellos, siente algo frío alrededor, y el golpe, nunca llegó. Al abrir los ojos, que inevitablemente había cerrado, observa una extraña y esponjosa sustancia blanca.
— ¿Qué es esto? — pregunta, buscando con sus manos frente de sí, temiendo dar mal un paso y caer finalmente por las escaleras, pero éstas parecían ya no existir, pues jamás pudo encontrar el borde de un escalón — ¿Ranma? — preguntaba, buscándolo, pero aquella sustancia era tan espesa, que imposibilitada por completo su visión — ¿dónde estás? — pregunta, dando un par de pasos, torpemente — no puedo verte — informó.
— Wǒ zài zhè — había respondido el chico, y con sus palabras, aquella espumosa sustancia, había comenzado a disiparse, dejando ver a un Ranma que desaparecía en medio de ella, también.
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Fin del capítulo 3.
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Notas:
¿No son acaso, curiosos los sueños?
La verdad, es que siempre me ha intrigado ese pequeño espacio en la que se manifiesta el inconsciente y se mezcla con la imaginación. Lo mucho que tiene que ver el nivel de cansancio y la inmensa concientización que se requiere para lograr recordarlos, y lo poco se sabe de lo que debería saberse en realidad sobre nuestro cerebro. Paradójicamente, bastante se ha descubierto con el pasar de los años y los nuevos avances científicos, psicológicos y neurológicos nos ha permitido saber, por ejemplo, que lo que Nabiki explica a través de las revistas de Kasumi, en este fic, es verdad: Los sueños lucidos existen, y se ha demostrado que las personas pueden trasmitir información y/o conocimiento en tiempo real a través de ellos, pero, para eso, los sujetos de estudio, deben saber que están soñando.
Ahora, no me voy a hacer la intelectual y decirles: Estaba leyendo nuevos estudios y avances científicos en la gran biblioteca que tengo en casa…, porque… ni al caso (jejeje)… Solo digamos que necesitaba buscar argumentos para la idea creativa y encontré los estudios por mera casualidad xD
Aprovecho este espacio para agradecer a los siempre agradables lectores que dejan sus comentarios e impresiones, porque… del capítulo, no diré nada más (insertar emoticón con cierre en la boca). No quiero meter la pata xD
Un cariñoso saludo a:
mafiloop
Benani 0125
Akai27
Juany Nodoka
Erlyn Ortiz
gatopicaro831
Sakura24
Arena
SARITANIMELOVE
Arianne Luna
Hikari
A los que escriben en anónimo, como invitados y a los que le dieron a "seguir" a esta historia o la agregaron a sus favoritos. Muchas gracias por darle una oportunidad.
Nos vemos!
