¡Volví! ¡Y con un nuevo capítulo!
Fraanrmz: No, no he tenido mucho tiempo libre gracias a "la forma legal de explotación estudiantil", digo, la escuela. Pero espero corregir eso la próxima semana.
Descargo de responsabilidad: No poseo ningún derecho sobre la franquicia de HTTYD o sus personajes, que pertenecen a DreamWorks y Cressida Cowell. De lo contrario, tendría mi propio dragón para probarlo.
Capítulo 3 "Puntos de Cambio"
–¿Qué noticias me tienes, Capitán?– preguntó Hiccup
–Informe del Cuartel General y novedades de los espías sobre el nido, señor. La misión fue según lo planeado. Esperan sus órdenes, General Haddock.
–Bien. Encárguense de que los jinetes y sus dragones descansen y se recuperen por completo– ordenó. –Quiero su informe listo para antes del mediodía, junto con el informe de la base. Llegaré al Cuartel General a primera hora de la tarde. Pueden retirarse.
–Sí, señor– respondieron ambos jinetes antes de volverse a sus dragones. Salieron del claro mientras los dos jóvenes vikingos los observaban.
–¡Vaya!, esas sí que son buenas noticias– se escuchó. Hiccup tranquilamente dirigió su atención hacia dónde venía la voz. Fishlegs en cambio, soltó un chillido antes de reconocer a la sombra tras los arbustos.
–Llegas tarde, Dogsbreath– suspiró el castaño. –Es tu deber como Comandante de la división mantenerte al tanto de lo que pasa.
Dogsbreath levantó las manos en señal de rendición. –Lo siento, amigo, pero la última incursión dejó bastante desastre. Necesitaban un par de manos extra.
–Está bien, pero intenta que no suceda de nuevo– concedió. –Volaremos al Cuartel después de la comida en el Gran Salón. Necesitamos revisar los informes, serán muy útiles para Fish.
–Ya que mencionas la comida… –comentó Fishlesg.
–Sí, chicos. Vayan a desayunar– respondió Hiccup.
–¿Qué hay de ti?– preguntó el cobrizo.
–Tomaré un vuelo con Toothless. Puedo pescar algo en el camino– contesta.
Hiccup recibió un par de asentimientos antes de ver a sus amigos regresar al bosque. Después de perderlos de vista, se giró con dirección a una cala muy familiar. Mientras caminaba el trayecto, un torrente de recuerdos lo invadió.
Raven 's Point. Fue aquí, hace tres años, donde intentó acabar con un dragón, un Night Fury para ser exactos, y en cambio ganó un amigo; donde descubrió la verdad sobre los dragones y empezó el camino que lo había llevado hasta donde estaba ahora. Recordó las tardes en las que se escapaba a la cala para obtener un momento de tranquilidad después de los entrenamientos. Los muchos intentos fallidos de la prótesis para Toothless. Todos los descubrimientos improbables que le permitieron pasar el entrenamiento de dragones. Los días en los que solo eran él y su mejor amigo, sin presiones y amenazas, sin miradas indiscretas y expectativas de ambos lados. Solo un chico y su dragón, en la calma del bosque. Qué buenos fueron esos días.
Muy pronto se encontró con la entrada de la cala. Se deslizó por la pendiente con una gracia practicada y aterrizó en el fondo. En el instante en que enderezaba su cuerpo, sintió un fuerte empujón que lo lanzaba de espaldas al suelo y una lengua húmeda que le lamía el rostro con entusiasmo apenas contenido.
–¡Toothless! Sabes que eso no se quita– reprendió al dragón. El Night Fury solamente ignoró a su jinete mientras seguía saludándolo, a pesar de sus intentos de apartar la cara del dragón. Cuando al fin Hiccup logró alejar a Toothless, se permitió una sonrisa hacia su mejor amigo.
–Sí, yo también te extrañé, amigo– saludó el castaño mientras se colocaba en pie y acariciaba cariñosamente la cabeza del Night Fury. –Vamos a ver que tienes para hoy– dijo Hiccup mientras montaba sobre el emocionado dragón y se sujetaba de la silla.
Toothless no necesitó mucho estímulo y se lanzó hacia el amanecer. Mientras el aire helado de la mañana acariciaba su rostro, se permitió hundirse en sus pensamientos y dejar a un lado sus responsabilidades como futuro jefe de Berk y líder de una armada de jinetes de dragón. Puede que ser un heredero no lo presionara mucho, al menos ya no, pero llevar una doble vida y planear un ataque contra una reina dragón del tamaño de una montaña podía llevar su estrés a un nivel que jamás había experimentado antes.
La reina. La Muerte Roja.
Solo había estado en su nido un par de veces en el pasado, pero no importaba cuánto lo intentara, ese gigantesco dragón podía conseguir llevarse su sueño algunas noches de lo aterradoramente poderoso que era.
Volvió su mente a la misma noche en que se encontró con su nido por primera vez y tomó la decisión de hacer algo para liberar las aldeas vikingas de su glotonería. Irónicamente, había estado intentando huir esa misma noche hace tres años.
Un joven Hiccup se encontraba escondido de cualquiera en el pueblo dentro de su pequeño taller dentro de la herrería. Gobber estaba celebrando con los otros en el Gran Salón su victoria en el ring, por lo que nadie había estado en la fragua durante todo el día.
Tras haber logrado escapar de la multitud que lo vitoreaba, el chico de quince años había corrido hacia la forja por un momento de privacidad. Necesitaba decidir qué hacer ahora. Sus intentos de entregarle la victoria a Astrid fallaron y se esperaba que mañana acabara con el Nightmare frente a toda la aldea, algo que sabía, nunca sería capaz de hacer. No podía razonar con la tribu. No podía quedarse. Su única opción estaba clara. Tenía que escapar.
Cerca del atardecer había logrado escabullirse todo el camino desde la fragua a su casa sin ser visto. Corrió escaleras arriba y empezó a empacar todas las cosas que necesitaría en una canasta grande. Vació su armario y limpió sus cajones. Llevaría sus cuadernos de bocetos, un puñado de lápices de carbón, su daga y unos pocos materiales para acampar, el resto se quedaría. Cuando tuvo todo empacado, dio una última mirada hacia su habitación y aterrizó en el objeto que descansaba sobre su escritorio. Su casco. El casco que le perteneció a su madre (o al menos, parte de él). Con una pequeña vacilación temblorosa, tomó el regalo en sus manos antes de pedir perdón por lo que estaba a punto de hacer.
'Lo siento, mamá. Lamento no ser el perfecto hijo vikingo que tú y papá merecían' se lamentó. 'Pero no puedo. No puedo seguir fingiendo ser algo que no soy y nunca seré'.
Con un suspiro, dejó el casco sobre el escritorio, junto con lo poco que quedaba de sus pertenencias. Bajó pesadamente las escaleras de la solitaria casa que había compartido con su padre y se dirigió a la puerta trasera. Se escurrió por la abertura, lanzó una última mirada al pueblo y empezó su carrera hacia la cala.
Había caído la noche cuando al fin llegó a su destino.
–Nos vamos. Parece que tu y yo, amigo, vamos a tomar unas pequeñas vacaciones… para siempre– murmuró. Dejó sus cosas en el suelo para dar una última revisión mientras esperaba a que su dragón se acercara. Cuando Toothless llegó a su lado, aseguró cuidadosamente la canasta a su espalda, antes de saltar sobre la silla y preparar su equipo para despegar.
–Es hora de decir 'adiós' a Berk, amigo– suspiró. El dragón negro solo gorgojeó en respuesta mientras Hiccup acariciaba su cabeza. Lo más difícil de dejar fue la cala. Allí había cambiado su vida para siempre y ahora dejaba atrás el lugar de sus recuerdos más preciados.
Antes de que pudiera arrepentirse, instó a Toothless a tomar vuelo y en un parpadeo se encontró sobrevolando las nubes con dirección al sur mientras daba una última mirada a Berk, el único hogar que había conocido.
Después de una hora de vuelo tranquilo, una sacudida y un cambio de dirección de Toothless lo hizo ponerse alerta.
–Toothless, amigo, ¿qué pasa?– le preguntó al dragón. El Night Fury no pareció escucharlo, solo negó la cabeza antes de zambullirse en una espesa pared de niebla y columnas de roca. Tras unos instantes se encontró con cientos de dragones que acarreaban sus presas entre sus garras, todos volando hacia el mismo lugar. Cuando salieron de la niebla, Hiccup fue recibido con la intimidante vista de un volcán en medio de una isla. Jinete y dragón siguieron a la multitud de dragones hacia el interior de la montaña por una elaborada red de túneles. Pronto se toparon con una inmensa cámara iluminada por el brillo rojo de la lava en el fondo del volcán. Hiccup se quedó sin aliento al darse cuenta de qué era ese lugar. El nido de dragones. Lo que 300 años de vikingos nunca pudieron hallar. 'Lo que daría mi padre por encontrar este lugar'.
Toothless se posó sobre una saliente de roca algo apartada y con una buena vista de la caverna. Hiccup soltó un bufido molesto ante la inusual actitud de los dragones, que lanzaban su recoleta sobre la niebla del fondo. Sin tomar nada para ellos.
–Bueno, es reconfortante saber que toda nuestra comida está siendo tirada por un hoyo– resopló con sarcasmo.
De pronto, una enorme cabeza surgió de las profundidades y devoró a un Gronckle, que tuvo la mala suerte de solo haber traído un pequeño salmón. Hiccup se estremeció de miedo mientras su mente corría tan rápido como un rayo. La verdadera razón detrás de las incursiones de dragones hizo clic en su cabeza. Todo estaba claro ahora.
El poderoso resoplido de la bestia lo sacó de sus cavilaciones. Con un pequeño aviso, instó a Toothless a escapar en el momento en el que la gigantesca cabeza se lanzaba en su dirección. Mientras ambos salían por el techo de la cueva, Hiccup volteó a tiempo para ver las monstruosas mandíbulas del enorme dragón cerrarse a su espalda, atrapando a un desafortunado Zippleback que no logró escapar.
Sin volver a mirar atrás, dragón y jinete se precipitaron velozmente hacia la oscuridad de la noche, lo más lejos posible de aquel horrible lugar. Atravesaron la espesa niebla y se detuvieron en una pequeña isla cerca de allí, mientras sus pensamientos daban vueltas. Ese gigantesco dragón debía controlar a los demás de alguna manera para que consiguieran su alimento o ella se los comería. Estaban siendo esclavizados por esa especie de reina. Ellos no tenían otra opción. Estaban atrapados. Para ellos era asaltar o morir.
Un débil canturreo por fin regresó a Hiccup a la tierra. Viendo realmente a Toothless por primera vez desde su afortunado escape, notó preocupación en los ojos verdes del dragón.
–Estoy bien, amigo– se apresuró a asegurarle al Night Fury, aunque eso era lo más alejado posible a la verdad. Ese descubrimiento lo había cambiado todo. Los dragones eran inocentes y solamente él, él conocía la razón. Tenía que hacer algo. No podía quedarse solo viendo cuando sabía qué ocasionaba toda esta lucha sin sentido. La determinación se instaló en su interior esa misma noche. Juró que liberaría tanto a dragones como a vikingos de la tiranía de ese monstruo. Porque eso es lo que era.
"Un jefe protege a los suyos, no importa qué" le había dicho su padre. Pues bien, él se sacrificaría por el bienestar y el futuro de su gente y de los dragones sin importar el costo. No escaparía. Ya no. Regresaría a Berk. Su mente se volvió hacia los dragones de la arena. Encontraría la forma de evitar su sufrimiento en la aldea. Tenía que hacerlo. Para siempre.
Cuando llegó al ring, no tenía realmente un plan, solo sabía que debía liberar a los dragones. Abrió con cuidado todas las jaulas evitando asustar a sus ocupantes. Tan pronto como estuvo con todos en el aire, tuvo una idea loca. Una que ayudaría a evitar el maltrato a los dragones.
'Oh, Thor' pensó. 'Definitivamente los gemelos estarían muy orgullosos de lo que estoy a punto de hacer'.
Armándose de valor, le indicó a Toothless que tomara vuelo y cargara un par de tiros. Subieron unos cuantos metros antes de lanzarse en picada. El silbido característico del Night Fury resonó en sus oídos antes de que el disparo de plasma golpeara la arena. El poderoso estruendo de placas de metal colapsando llamó la atención de los otros dragones y antes de que se diera cuenta, los cinco dragones de la arena había seguido su ejemplo, atacando la estructura con claro entusiasmo.
El sonido de un cuerno a la distancia fue la única advertencia que tuvo antes de escuchar a una multitud de vikingos corriendo furiosos en su dirección. Las alarmas se encendieron en su cabeza mientras guiaba a Toothless hacia la seguridad de la cala.
–¡Hora de irse!– gritó, y para su sorpresa, se encontró con otras cinco siluetas que lo seguían. Dejó su confusión para otro momento mientras los conducía lejos de la escena y el peligro, esperando que nadie lo siguiera. Después de haber dejado a los dragones escondidos en la cala, se apresuró a volver a su casa y agradeció a cualquier dios que se había apiadado de él por la ausencia de su padre.
Hiccup había esperado en su cama el regreso de su padre hasta la tarde. Cuando Stoick se asomó en su habitación, el castaño fingió estar profundamente dormido. No estaba listo para enfrentar a su padre. Fue hasta la mañana siguiente cuando el jefe le contó que un extraño jinete, montando lo que parecía un Night Fury, no solo había liberado a los dragones que estaban cautivos, sino que también había destruido parcialmente la arena. Su padre agregó que aunque su lucha con el Nightmare se pospondría hasta que pudieran capturar otro, esto era meramente un asunto "simbólico" ya que había completado eficientemente su entrenamiento y prácticamente ya era considerado un vikingo en pleno derecho.
Su incomodidad con el asunto del misterioso jinete había sido confundido por Stoick con decepción y para animarlo, le había propuesto un pequeño entrenamiento en su tiempo libre. Hiccup se escapó alegando que ambos tendrían mucho trabajo para ese día, pero que podrían hacerlo después de la pequeña plática que su padre le había pedido para después de la cena.
Aunque Stoick había abandonado la cabaña con el corazón lleno de orgullo por su hijo, Hiccup solo había logrado un humor no tan desanimado con la única buena noticia que le había contado. Si liberaba a los dragones del ring y lo mantenía en un estado de reparación permanente, lograría reducir significativamente las muertes de reptiles alados en la aldea.
Ese momento había sido el punto de inflexión en su vida. El primero de muchos secretos y mentiras que cubrían sus actividades ocultas de los demás. Y a partir de allí, todo había sido una mezcla de estrés, precauciones, riesgos y deberes por ambos lados.
Ese fue el momento en que inició su papel como el digno heredero de los Hairy Hooligans. A los ojos de la aldea, era la viva imagen de un Haddock a su edad. Un guerrero. Un cazador de dragones. Una ilusión. Una mentira.
Al mismo tiempo había empezado su camino como "El Maestro Dragón". Un jinete de dragones. Un odiado por los vikingos. Un traidor a su tribu. La verdad bajo la máscara.
Pero, en ocasiones como esta, mientras volaba sobre su dragón, mientras eran uno solo con el viento, mientras todas sus acciones e incertidumbres se mantenían en el suelo, cuando no habían más disfraces que usar, solo podía pensar:
'Muy pronto, todo cambiará. Los dragones y vikingos se aceptarán entre sí. Al final todo valdrá la pena. Y no necesitaré esconderme de nadie, nunca más'.
