¡VOLVÍ! ¡Nueva semana! ¡Nuevo capítulo!
Acerca del capítulo anterior, sé que en la mayoría de los escenarios (bueno, en realidad en casi todos) en los que Astrid no sigue a Hiccup a la cala termina en un AU Runaway. Entonces, cuando él y Toothless se preparan para escapar de Berk todavía no es de noche, por lo que NO siguen al grupo dragones hasta Puerta del Helheim y NO se encuentran con el nido y la reina hasta un tiempo después. Jugando un poco con el tiempo y la posibilidad de que SÍ vuelan al nido el mismo día fue como se me ocurrió la idea de este escenario de "doble vida". Así que lo que empezó como una variación de un pequeño WhatIf? terminó en este AU.
Lucasdiaz9000: No, no son lo mismo, aunque admito que sí lo tomé como punto de referencia. La Guarida del Dragón de RTTE es un pequeño puesto de avanzada para la pandilla. El Cuartel General lo imaginé más como una especie de base estilo militar de mayor escala. Y sobre quiénes saben de los dragones, voy a clarar algunas cosas aquí, pero no más, el resto serían spoilers. Lamento la confusión, porque en realidad lo hice a propósito, pero si esperas pronto todo se va a explicar.
¡Ah! Una última cosa. No sé que te hizo pensar lo contrario, pero soy una chica, por cierto. Jajaja.
Ahora que todo está aclarado, disfruten la siguiente parte.
Capítulo 4 "Los problemas de una doble vida"
Después de haber pasado un tiempo volando con Toothless, Hiccup regresó a la aldea. Aún cuando solo habían sido unas pocas horas, era significativa la diferencia en Berk. Los guerreros, exhaustos de una incursión nocturna, descansaban en sus casas o en el Gran Salón. Los equipos de limpieza se habían retirado después de despejar las ruinas de cabañas incineradas. La quietud en el ambiente era roto solo por el ocasional sonido de pasos de algunos niños que jugaban a las afueras o unos pocos vikingos que regresaban del desayuno.
Mientras iniciaba su camino hacia la forja, vio a Dogsbreath cerca de la plaza principal entrenando con algunos de los otros chicos de su edad. Él era uno de los pocos amigos que tenía en Berk y que a la vez sabían de su secreto. Su familia se había mudado a la isla hacía casi tres años. Al principio sus interacciones habían sido bastante tensas y con momentos de hostilidad (principalmente del lado del cobrizo).
Curiosamente, durante un extraño viaje de pesca que se habían visto obligados a tomar solo con la compañía del otro (para su suerte), las cosas habían dado un giro completo. Habían terminado en un problema que involucró un ataque de dragones en una de las cercanas islas a Berk y un rescate por parte de cierto Night Fury. Esto había generado demasiadas preguntas y sospechas, que terminaron por ser explicadas por el propio Hiccup.
Cuando volvieron a Berk cuatro días después, Hiccup había ganado a su primer amigo (humano) y aliado de su causa dentro de la aldea. A pesar de sus deseos, habían decidido mantener la ilusión de una competencia entre ellos para evitar sospechas sobre el origen de su nueva amistad. Además, una intensa rivalidad nacida de un incidente en alta mar era una buena distracción para toda la aldea de sus verdaderas acciones. Nadie sospecharía nada y les daba amplios márgenes de maniobras. Aunque esto era para el bien de su causa, habían momentos en los que ambos amigos deseaban poder disfrutar de la compañía del otro sin la excusa de una competencia.
El alegre canto de Gobber mientras trabajaba lo sacó de sus pensamientos. Si había terminado de despejar los desechos para empezar la reconstrucción sólo significaba que era hora de volver a su tarea habitual: reparar la arena de entrenamiento.
Aunque encargarse de la herrería del ring le daba la ventaja de conocer sus puntos débiles, volver a hacerlo apto para su uso una y otra vez podía cansar a cualquiera. Pero de nuevo, era un pequeño precio para mantener a los dragones seguros de Berk.
Ya era cerca del mediodía cuando una visita inoportuna llegó a la fragua justo en medio de una… "plática" muy incómoda sobre cierto tema en específico.
Gobber, para su mortificación, había decidido sugerir/insistir (otra vez) en que Hiccup invitara a su prometida a un paseo por el bosque (léase: cita), porque, según el herrero, cuando estuvieran lejos de "oídos indiscretos", ambos podrían declararse su "amor eterno" o pasaría algo por el estilo (o eso parecía pensar Gobber).
'Sí, claro' pensó. 'Como si eso pudiera pasar fuera de los confines de mi imaginación.'
Gobber no era el único de quien recibía semejantes consejos. Algunos de los otros adolescentes en la isla lo habían sugerido, entre ellos Tuffnut, el "Maestro del amor" (como él mismo se llamaba) y su primo Snotlout (el más improbable de todos).
–No, Gobber. Eso nunca pasará. Puede que estemos comprometidos, pero ella no se me acercaría aunque estuviera en llamas y yo tuviera el último balde de agua en la aldea– suspiró. 'Sin mencionar que podría arriesgarme a revelar algo por accidente. Ella ya parece desconfiar de mí.' No. Era demasiado peligroso.
–Yo no lo creo así. Además ¿cómo puedes saberlo si nunca lo has intentado? Anímate, muchacho.
Justo cuando él abrió la boca para lanzar una respuesta evasiva, muy probablemente sarcástica, un fuerte ruido metálico en la ventana de la herrería lo hizo sobresaltarse. Hiccup casi deja caer la placa de hierro que acababa de enfriar al dirigir su atención a la fuente del sonido. Palideció al reconocer el rostro de quién habían estado hablando. Astrid.
–¿Puedo afilar esto?– preguntó la rubia
–¡Astrid! Hola, Astrid. Hola, Astrid. Hola– Hiccup se pateó mentalmente a sí mismo por su tartamudeo nervioso. Por supuesto, justo la única persona que no debía escuchar esta conversación tenía que venir a la fragua en ese preciso momento.
'Si logró escuchar algo de esto, estoy muerto' pensó. Rezó por cualquier misericordia de que ese no fuera el caso, o corría el riesgo de perder alguna extremidad.
–¡Ah!, Astrid. Mi varonil aprendiz aquí te ayudará en lo que necesites. Yo voy… uh-… tengo que ir a… tengo que entregar uh- algo… sí. Te veo luego, Hiccup– dijo Gobber mientras tropezaba con su pierna apresuradamente hacia la puerta, con una mirada traviesa en el rostro.
El castaño solo pudo mirar con molestia al herrero por arreglarle (forzarle) a propósito un momento con ella… a solas. 'Oh, dioses'.
–¡Bien! Hacha de batalla afilada como navaja, sale ahora mismo–. Suspiró de alivio para sí mismo. Al menos había logrado ocultar el nerviosismo de su tono.
–¡Cuidado!– ella dijo– es mi arma favorita.
Esta declaración dejó un poco extrañado a Hiccup mientras cargaba el hacha hacia la piedra de afilar. Astrid por su parte, no sabía porqué lo había dicho. Tal vez quería hacerle saber que su regalo era especial para ella. Aún si él no lo entendía por completo.
A pesar de estar pendiente del rastro de chispas que producía el metal, Hiccup no pudo evitar prestar atención a la figura que se paseaba por la fragua. Muy pocas cosas habían cambiado entre ellos desde su compromiso. Ni siquiera eran amigos. Su relación era de conocidos de la infancia que pertenecían al mismo grupo. Conocidos un tanto comprometidos… para casarse.
–¿Te importa si entro?–preguntó Astrid.
–¿Eh?–. Hiccup se detuvo pensando que había escuchado mal. Se dio vuelta para ver justo cuando la rubia se deslizaba a través de una cortina hacia su taller en la parte trasera. Una habitación que ciertamente no estaba destinada al público. 'Oh, dioses me odian'.
Aunque sus notas y bocetos relacionados con su lado oculto se mantenían cuidadosamente guardados en su habitación, aún usaba su pequeño taller para trabajar en algunos inventos y mapas con algo de privacidad. Él se había asegurado que ni siquiera Gobber intentara entrar. Pero ella ya estaba dentro y no tenía sentido detenerla. Cuando Astrid quería saber algo, lo conseguía. Además, no sería bueno si revelaba su verdadera fuerza. No necesitaba levantar más las sospechas de la rubia. Por esa razón, Hiccup solo pudo intentar recordar si había cubierto sus "proyectos" secretos y rezar para que no empezara a revisar sus cosas, todo mientras trabajaba lo más rápido posible.
–¿El mutilador?– esa pregunta calmó al chico por el momento. Ella estaba revisando sus viejos inventos. Nada grave.
–Ah… ese es el modelo de un arma que diseñé hace unos años. Nunca lo terminé– explicó. –Básicamente, usaba contra-palancas de doble peso para lanzar cuchillas entrecruzadas en cuatro direcciones diferentes– continuó, tratando de sonar lo más claro posible.
–¿Cómo lo sostienes?– cuestionó saliendo ya de la habitación, para alivio de Hiccup.
–Bueno, no lo haces. Tú solo disparas.
–Oh. Bien… –ella dijo distraída– yo soy más del tipo de chica pasada de moda "derríbalo con un hacha y córtale la cabeza". El estilo vikingo, ¿sabes?
–Sí. Vamos vikingos– murmuró, medio sarcásticamente, en respuesta.
Le entregó a Astrid su hacha, para después recibir una de sus raras medio-sonrisas que amenazaban seriamente con derretir su mente. Tan pronto como la perdió de vista y su cabeza logró volver a funcionar, fue a la trastienda a evaluar los daños. Sus cuadernos estaban cerrados, gracias a Odín, pero su vista captó un papel, un dibujo sobre ella que había terminado ayer. El castaño se palmeó la frente. Había olvidado que también guardaba algunas cosas de arte ahí para su tiempo libre.
Esa imagen en particular la retrataba en el momento de su nombramiento. Solo que a diferencia de la escena real, en esta la dibujó con una armadura completa de batalla y luciendo como una valquiria feroz y hermosa. Y… y estaba justo en medio del escritorio.
Hiccup sintió el calor subir por su cuello. No había forma de que no lo hubiera visto. Por supuesto que ella debía sospechar de su sentimientos a estas alturas, pero nada lo había hecho tan evidente como esto. Aunque ahora que lo pensaba… Tal vez no le molestó en absoluto, ya que seguía respirando. De hecho, ni siquiera lo había mencionado. 'Mh…'.
'Un segundo, ¿en qué Hel estoy pensando?'. Eso no cambiaba el hecho de que se había avergonzado por completo ante ella otra vez. Y Astrid no se interesaría por él, de todas formas.
Tragándose la vergüenza, intentó apartar su mente hacia otra cosa. Podía haber sido peor. Podría haber visto los planos, mapas y máquinas en los que estaba trabajando. Agarrando los papeles incriminatorios, salió hacia su casa, tomando nota de ser más cuidadoso en el futuro.
Acababa de bajar de la planta alta para dirigirse al Gran Salón, cuando una imponente sombra bloqueó la puerta. Stoick no se veía muy complacido, pero se suavizó cuando se encontró con su hijo. Durante estos últimos años, su relación padre-hijo había avanzado mucho, aunque Hiccup todavía debía mantener un poco de distancia para evitar que su padre descubriera algo de su doble vida. Pero, aún si tenía un problema que le estuviera molestando, ciertamente se sentía mejor hablando con su hijo.
–¿Pasa algo, papá?– preguntó el castaño.
–Dragones, eso es lo que pasa– explicó molesto. –Esta fue la peor redada en el transcurso de un mes. Esos diablos cada vez atacan con más frecuencia. Y no podemos hacer otra búsqueda para acabar con el nido a mitad de la recolecta–. Hiccup solo dejó que su padre sacara su frustración y no dijo nada. Tal vez ahora fueran más cercanos, pero aún existían momentos en los que Stoick no escuchaba a nadie más que a él mismo.
–Planeo reunir al Consejo. Quiero organizar una búsqueda más tan pronto como termine la temporada, antes del invierno. Cuando destruyamos el nido, podremos deshacernos de esos malditos… jinetes de dragones– terminó con disgusto.
El castaño hizo una mueca. La Legión Dragón era un punto sensible para ambos. Por el lado de Stoick, era un golpe en su orgullo que recibieran ayuda de los jinetes; de ellos, que iban en contra de las tradiciones vikingas. Por el lado de Hiccup, era difícil permanecer indiferente a los ataques verbales de su padre hacia su armada y hacia él mismo. Su única ventaja en la situación era que, como hijo del jefe, se enteraba primero de todos los planes del Consejo de la aldea. En resumen, espionaje. Otro pequeño riesgo por estar un paso adelante.
Stoick seguía desahogándose, ajeno a la creciente incomodidad de su hijo. Cada vez que su padre entraba en ese estado de irritación, los temores de Hiccup sobre cómo reaccionaría su padre al enterarse de su secreto inundaban su mente. Nunca pintaron una buena imagen.
Después de unos minutos, Stoick terminó con su conversación unilateral y salió hacia la plaza. El castaño se tomó un momento para calmarse. Amaba a su padre y valoraba la atención que le prestaba, pero le dolía engañarlo. A veces deseaba poder terminar su farsa y decirle toda la verdad, aunque sabía que eso no terminaría bien.
Hiccup salió de su cabaña sintiendo culpa hacia su padre por milésima vez en su vida. Su único consuelo era que si todo salía bien, podrían derrotar a la Muerte Roja y empezar a unir a vikingos y dragones. Entonces, él podría decirle la verdad a su padre y esperaba que Stoick pudiera cambiar. Tal vez no al principio, pero con el tiempo, esperaba que él lo aceptaría.
Lo que Hiccup no sabía, era que primero las cosas entre ellos debían ponerse mal. Muy mal.
Sé lo que están pensando sobre cómo terminaron estos capítulos, un poco dramáticos. Lo siento, es mi primer intento de fanfic, pero ya los tenía escritos y ahora estoy trabajando con el capítulo 12. No los voy a reescribir. El siguiente es el último capítulo que termina de esta manera. Tal vez en el futuro haga una reedición, pero se quedarán así por ahora.
En otras noticias, ¿alguien reconoce la escena eliminada, "Axe to Grind", de la primera película? Es una lástima que no haya aparecido al final porque fue bastante buena, y personalmente es de mis favoritas. Tuve que modificarle algunas cosas para que se amoldara al contexto de esta historia. Espero que el resultado les haya gustado.
¡Hasta la próxima semana!
