¡SIGO VIVA! ¡Y pasé bien los exámenes! Por eso voy a celebrarlo con una nueva actualización hoy.

Pero, la otra razón que tengo para actualizar en domingo es que ¡hoy es mi cumpleaños! Soy una adulta legal ahora. Así que decidí publicar un capítulo extra esta semana. A partir de aquí empiezan los problemas y van a haber uno que otro par de sorpresas extras en esta historia. Estaré soltando pequeñas pistas (intente hacerlas lo más sutiles posibles, pero tal vez sean bastante obvias de todas formas) en algunos capítulos más adelante. A ver quién puede adivinarlas.


Capítulo 6 "Incursión y Desastre"

Al siguiente día de la redada de dragones, la mayoría de los daños ya estaban reparados. Un pequeño bote con provisiones había llegado a Berk "misteriosamente" de nuevo, para gran disgusto del jefe. Se rumoreaba que el bote era enviado también por los jinetes. No importaba si la aldea lo creía o no, necesitaban reabastecerse por el bien de la tribu.

Mientras tanto, cuatro dragones del Correo Terror acababan de partir del Cuartel. Dos de ellos se dirigían a las tribus Meathead y Bog Burglar en el este, otro volaba en dirección a la tribu Berseker y el último ya estaba camino al norte. Esperarían noticias de ellos pronto para acordar la reunión del Consejo.

En los días que siguieron, los entrenamientos y prácticas en la Legión aumentaron. Dogsbreath se hizo cargo en dirigir y supervisar los ejercicios con las tropas, ya que Hiccup estaba ocupado atendiendo solo la herrería. Stoick estaba tratando de apresurar la construcción de un depósito subterráneo y era necesario que Gobber estuviera allí para que todo fuera lo más seguro posible.


La alarma sonó un par de horas antes del amanecer. Se filtró en su sueño y tiró de su conciencia. Hiccup sacudió la cabeza en un intento de deshacerse del estado somnoliento en el que estaba mientras se levantaba y vestía. Los rugidos y explosiones ya se habían desatado en el exterior, y a juzgar por su abundancia, la cantidad de dragones que asaltaban era mayor al habitual. Mientras bajaba las escaleras, rezó para que su padre no intentara involucrarlo en la defensa contra los dragones otra vez.

Afortunadamente para el castaño, Stoick ya había salido de la cabaña con un poderoso grito de batalla y su gran martillo en alto. Su alivio fue momentáneo, ya que cuando se asomó a la puerta, fue recibido con una vista completa de la peor redada que hubiera tenido Berk en años. A los pocos minutos de su inicio, ya habían más de 6 cabañas envueltas en llamas y un almacén acababa de ser destruido por completo.

Desde los ocho años, Hiccup había dejado de temerle a las incursiones, pero esta noche había logrado revivir el pánico que durante años no había sentido. A pesar de los sentimientos que empezaban a oprimir su pecho, se obligó a correr hacia la fragua con pasos decididos.


En otro lugar del pueblo, la General de Defensa Astrid Hofferson ya estaba fuera y en su posición al mando de los guerreros de la tribu. Su mentora, Phlegma the Fierce, se mantenía atenta a sus movimientos. Astrid sabía que Phlegma solo estaba cerca para darle ayuda si lo necesitaba, pero la rubia no podía evitar pensar que su maestra se estaba asegurando que su reemplazo fuera competente y esto la irritaba.

Una mata de cabello castaño apareció en la esquina de su visión haciéndola paralizarse en su lugar. La preocupación se disparó en su interior cuando Hiccup salió corriendo por la plaza llena de dragones y vikingos luchando entre sí. Intentó gritar su nombre, pero las palabras murieron en su lengua.

El rugido de un Rumblehorn cercano la sacó de su trance. Se lanzó a tiempo para esquivar la ráfaga de fuego y le lanzó un pequeño martillo caído junto a ella antes de cargar con su hacha contra el dragón. Justo antes de que pudiera golpearlo, un Skrill y su jinete ya habían atrapado y alejado al reptil de la aldea.

Con la amenaza descartada, la rubia regresó su atención en la dirección donde se encontraba Hiccup hace apenas unos segundos. El pánico se apoderó de ella al no encontrarlo allí. Sin pensarlo mucho echó a correr buscando frenéticamente al joven herrero. Atravesó la plaza en tiempo récord y se lanzó hacia la forja, rezando porque el castaño hubiera llegado a salvo.

Una viga envuelta en llamas cayó frente a Astrid y el fuego abrasador la obligó a cubrirse el rostro. El calor sofocante se disipó tan pronto como llegó. Levantó la mirada para encontrarse con la espalda de un Scauldron y su jinete volando a extinguir otro incendio.

El dragón desapareció tras el techo de lo que parecía ser una cabaña. La rubia la reconoció como la herrería al ver a dos figuras trabajando furiosamente para reponer las armas ya perdidas. Astrid se permitió un suspiro aliviado antes de correr de regreso a su puesto. Si el heredero estaba seguro podía volver tranquila a la batalla. Pero aún después de asegurarse de que Hiccup estuviera a salvo, el malestar en su estómago se negó a ceder.


Si a nivel del suelo el panorama era horrible, la vista aérea era aún peor. Desde la relativa seguridad en la espalda de su Nightmare, Dogsbreath intentaba, con cada fibra de su terquedad vikinga, no mirar hacia Berk. No para evitar ser reconocido (los pocos berkianos que eran parte de la Legión usaban armaduras y máscaras que los ocultaban), sino para evitar ver el ataque y distraerse.

Como comandante debía dirigir a los escuadrones de ayuda cada cierto tiempo, y Loki debía haberlo señalado como objetivo de sus bromas para que tuviera que mandar a la división justo en una redada de pesadilla como esta.

El cobrizo nunca había visto una incursión de semejante magnitud y sospechaba que podría ser la peor, no solo de toda la historia de Berk, sino también del Archipiélago. La cantidad de dragones era enorme y habían necesitado de refuerzos del Cuartel, porque el escuadrón regular era insuficiente para hacerles frente, incluso habían traído unos cuantos Speed Stingers para inmovilizar a los atacantes.

Un destello metálico captó su atención en una esquina de la aldea. Un Razorwhip estaba atacando otra casa mientras sus ocupantes intentaban escapar hacia el Gran Salón. Dogsbreath apresuró a Burnwing hacia la cabaña para alejar al dragón. Lanzó una súplica a cualquier dios que lo escuchara para que esto terminara lo más pronto posible.


El ruido de las explosiones y rugidos de dragón era ensordecedor. Gobber acababa de salir corriendo a luchar otra vez, dejando a Hiccup a cargo de la fragua. La conmoción en el exterior no daba signos de debilitarse en el corto plazo. Cada segundo era una agonía.

Hiccup no podía quedarse solamente viendo. No esta vez. Sin importar cuánto intentara ignorarlo, una parte de su cabeza en conflicto le gritaba que saliera mientras que otra parte lo retenía para evitar revelar cualquier cosa por accidente. Al fin tomó su decisión y se lanzó al exterior, ignorando el presentimiento fatal que le martillaba el pecho.

Logró espantar a unos cuantos dragones que se veían reticentes a acercarse mucho a la refriega, teniendo cuidado de no ser descubierto. A pesar de su éxito, la diferencia era mínima. El fuego se esparcía por todas partes y varios vikingos ya habían sido retirados del frente a la cabaña de los sanadores.

Hiccup escuchó unos gritos por encima del ruido que le helaron la sangre. Los miembros más jóvenes de la brigada de baldes estaban atrapados entre restos envueltos de llamas de una cabaña y una antorcha caída. El líquido inflamable se había regado por el suelo, creando un río de fuego alrededor de ellos y debilitando cada vez más las frágiles estructuras.

Hiccup escaneó a su alrededor, tratando de encontrar una forma de llegar hasta los niños. Se encontró con Dogsbreath que acababa de repeler a un Razorwhip desde el suelo. Burnwing estaba cerca asegurándose de que no hubieran amenazas mientras su jinete evacuaba a la familia lejos del peligro.

En ese momento se movió por instinto. Colocó dos dedos en su boca y soltó un silbido fuerte y agudo. El gran Nightmare volteó la cabeza en su dirección y se lanzó hacia Hiccup, mientras el castaño corría hacia una carreta que estaba cerca del muro de fuego. Hiccup subió corriendo el carro y saltó.


Un silbido inusual rompió el aire a su alrededor. Uno que Stoick conocía muy bien. Sus ojos buscaron al responsable entre las figuras de los dragones que se retiraban. Todo el cansancio acumulado durante la redada fue disipado rápidamente por la incertidumbre de lo que podía haber salido mal.

Tan pronto como lo escuchó, el jefe tuvo la sensación de que algo no estaba bien. Su hijo solo había hecho ese sonido cuando se perdía en el bosque a los siete años. Sus veinticinco inviernos en batallas no podían haberlo preparado para lo que vio desarrollarse cerca de la plaza.

Hiccup, el mejor recluta de su generación, el más hábil de la aldea en el entrenamiento de dragones, el heredero de la tribu, su propio hijo, estaba montando un dragón con tanta naturalidad como si hubiera sido entrenado para eso. ¡Un dragón!

La indignación y el desconcierto que luchaban por abrirse paso en su interior fueron rápidamente anulados entre sí para quedar solamente un estado de shock. Cualquier intento de pensamiento racional fue desterrado de su mente.

Si Stoick hubiera podido apartar tan solo un poco de su atención de la vista ante él, se habría percatado de que no era el único que se había quedado sin palabras. Todos los vikingos a su alrededor y hasta los jinetes de la Legión estaban paralizados, ignorando a los dragones que ya se retiraban.

Pero nada de esto fue registrado por el hombre. De lo único que era consciente el jefe de Berk era de la escena que se desarrollaba frente a sus ojos y un único pensamiento en su cabeza que se repetía una y otra vez.

'Mi hijo está montando un dragón'.


Entre la multitud, Astrid casi había dejado caer su hacha de la impresión. Apenas podía darle crédito a lo que estaba frente a ella. Quería cerrar los ojos para descubrir si esto era una alucinación causada por algún golpe en su cabeza. Pero no, no había recibido ningún golpe y no quería parpadear, esto era real y no podía perderse ningún detalle.

Hiccup, el heredero, el mejor luchando contra dragones en la aldea y su prometido estaba montando un dragón para rescatar del fuego a tres niños de la brigada de baldes. Y no era un dragón cualquiera. ¡Era un Monstrous Nightmare, por Thor! Una especie conocida por su temperamento agresivo e incontrolable.

Una avalancha de preguntas inundaron su mente. ¿Cómo es que Hiccup, un vikingo, sabía montar un dragón? ¿Era posible que tuviera algún tipo de relación con la Legión? Si esto fuera cierto, ¿desde cuándo la tenía? ¿Era siquiera una opción? ¿Cómo podría habérselas arreglado para montar un dragón si ese no fuera el caso? ¿Qué estaba pasando, por Helheim?

En ese momento nada tenía sentido. Tenía más preguntas que respuestas. Y por más que lo intentara, su mente no podía dejar de pensar en lo que tenía enfrente.


El calor era sofocante y abrasador, pero Hiccup se obligó a ignorarlo, aferrándose con fuerza a la silla del dragón. Hábilmente guió a Burnwing hacia el otro lado del muro de fuego y aterrizó en medio con un golpe sordo.

–¡Suban!

Los niños solo tuvieron un segundo de vacilación antes de que el resto del poste de la gran antorcha empezara a inclinarse en su dirección. Tan pronto como vieron la estructura en llamas, gritando se lanzaron hacia el dragón. Hiccup subió al trío en la silla del Nightmare y lograron despegar justo antes de que la enorme columna colapsara sobre ellos.

Condujo a Burnwing al centro de la plaza y permitió que el dragón bajara suavemente al suelo. Giró el rostro para observar el lugar del que acababan de despegar. El líquido llameante acababa de extinguirse y la columna de la antorcha estaba enterrada bajo una pila junto a otras vigas con algunas brasas restantes.

Soltó el aire que inconscientemente retenía en sus pulmones con un pesado suspiro. Sus brazos, ahora libres de tensión, temblaban mientras luchaban por mantener el agarre del niño más pequeño del grupo.

Su atención volvió a enfocarse al sentir la pérdida de peso detrás suyo. Los otros dos niños luchaban por no delatar sus movimientos temblorosos mientras descendían del Nightmare. Hiccup se apresuró a bajar al niño restante de sus brazos al suelo mientras trataba de controlar su respiración errática.

El castaño dio un ágil salto y desmontó del enorme dragón que estaba en medio de la plaza. En el momento en que levantó los ojos del suelo, fue recibido con cientos de miradas desconcertadas y horrorizadas en su dirección de parte de ambos bandos. Cuando se dio cuenta de lo que acababa de hacer, la mortificación y la alarma lo golpearon como un balde de agua helada, paralizando todo su cuerpo.

Por primera vez en mucho tiempo se sintió expuesto y vulnerable. Un solo paso en falso, una acción hecha sin pensar lo había delatado. Tres años, tres años de pensar y medir cuidadosamente cada acción que tomaba, acababan de ser aplastados en un parpadeo.

Los pocos segundos que pasaron antes de que alguien hablara, fueron una tortura para el joven herrero. Pero muy pronto, la angustia fue reemplazada por pavor cuando una potente voz airada lo llamó por su nombre.

–¡Hiccup Horrendous Haddock!


Y... eso es todo por hoy. Este es el capitulo más corto hasta ahora, pero el suspenso... simplemente tenía que poner ese acantilado. Era una oportunidad demasiado buena para dejarla pasar. ¡Hey! Como la autora tengo derecho de ser mala y divertirme algunas veces, ¿no?

EN EL PRÓXIMO CAPÍTULO: Ahora Stoick y la aldea conocen el secreto de nuestro protagonista. ¿Cómo saldrá Hiccup de esto? ¿Y cómo reaccionarán todos en Berk a esta inesperada revelación?

¡Hasta la próxima!