Aquí esta el nuevo capítulo, como lo prometí. Doble actualización en una semana.

Fraanrmz: ¡Muchas gracias!

Lucasdiaz9000: gracias por el consejo. Como dije antes, este es mi primer intento de escritura, así que aprecio que alguien se tome el tiempo de ayudarme a mejorar en esos pequeños detalles que se me escapan. Siempre he sido lector, así que debo aprender sobre la marcha. Sobre lo que va a pasar a continuación, una de tus dos propuestas sí le atinó a lo que va a suceder ahora. Pero eso es lo único que voy a revelar.

Acerca del nombre del capítulo, es una pequeña referencia al primer libro de una saga que me encanta. No sé si alguien lo pueda reconocer, pero para mí encaja perfectamente con la trama de hoy.

Como no tengo nada más que agregar, aquí les presento el siguiente capítulo.


Capítulo 7 "Cenizas, cenizas, todo se derrumba"

Tan pronto como vio a Hiccup montado a su dragón, Dogsbreath supo que todo estaba perdido. Nadie, nadie podía haber pensado hasta ese momento que habían estado viviendo una doble vida. Y el Cuartel estaba cuidadosamente escondido en una isla prácticamente inaccesible. No había forma de que pudieran hacer alguna conexión. Pero ahora, solo era cuestión de tiempo para que los vikingos empezaran a sospechar y formaran conclusiones.

–¡Hiccup Horrendous Haddock!

Salió de su trance cuando la poderosa voz del jefe golpeó sus oídos. Stoick se acercó unos pasos hacia el frente y hacia su hijo. Hiccup estaba firmemente plantado en el suelo, con la mirada en blanco. Pero después de ver un poco más de cerca, el cobrizo descubrió la piel pálida y los ojos aterrorizados de su amigo.

Stoick también tenía una mirada en blanco, pero sus ojos revelaban una mezcla de emociones que azotaban furiosamente al jefe de Berk. Dogsbreath pudo ver la mayoría; ira, desconcierto, confusión, indignación y unos inicios de lo que podría ser decepción.

El cobrizo sabía lo mucho que le importaba a su amigo no defraudar las expectativas de su padre. Pero su secreto no solo era incompatible con tales expectativas, sino también iba en contra de la tradición vikinga. Si Stoick descubría todo ahora, su planes se derrumbarían y quién sabe qué haría con su hijo. No. Hiccup no estaba preparado para enfrentarse con la verdad al jefe. Al menos, todavía no.

Dogsbreath empezó a deshacerse la cabeza por algún modo de escape. Stoick parecía confundido, tal vez podría usar eso a su favor. Solo necesitaba una forma de distraerlos de Hiccup, al menos por un momento. 'Lo tengo'.

'Hicc, espero que esto funcione. Y lo siento, amigo'.


Hiccup estaba asustado. Corrección. Él estaba aterrorizado. La aldea lo había visto. Su padre lo había visto. No había forma de fingir que esto era un malentendido. Todo estaba perdido. 'Estoy muerto, estoy muerto. Seré encerrado, mi padre iniciará una guerra y todo se irá al Helheim. Oh, Odín, ayúdame'.

Cuando su padre empezó a caminar hacia él, sintió que podría desmayarse en ese momento. Necesitaba escapar. Tal vez podía hacerles creer que había sufrido un ataque de locura o que los gases de algún Zippleback lo habían alterado.

–¡¿Qué se supone que significa esto?!– la imponente voz de su padre enojado le envió un estremecimiento por la columna y sacudió su estómago.

–Yo… uh- yo… – intentó mientras movía inconscientemente los brazos y hacía gestos. Su mente se negó a cooperar. 'Gracias, Loki' pensó con sarcasmo. 'El momento justo para parecer estúpido'.

–¡No te atrevas a decir nada Haddock!– una voz gritó desde un costado. Ambos hombres voltearon para ver al responsable. Una figura con armadura y un casco que ocultaba su rostro se acercó a ellos mientras el mismo Nightmare que acababa de montar lo seguía de cerca.

–Sabes lo que pasará si hablas– advirtió cuando llegó a un lado del castaño. –Tenemos un acuerdo, no lo olvides– mientras decía esto se quitó el casco y el rostro de Dogsbreath asomó debajo. Hiccup escuchó varios jadeos a su espalda, pero en ese momento no le podían importar menos.

El castaño le lanzó una mirada de desconcierto. '¿Qué estás haciendo?'. Dogsbreath lo miró y guiñó un ojo disimuladamente. 'Déjamelo. Confía en mí' parecía querer decirle. Hiccup confiaba en él, así que no tenía otra opción más que apoyar lo que sea que estuviera haciendo.

–¡¿De qué estás hablando, muchacho?!– demandó Stoick, inconsciente del silencioso intercambio entre los adolescentes. El jefe parecía más confundido que antes.

–Nada de lo que deba enterarse, jefe Stoick– respondió el cobrizo. Hiccup tragó pesadamente ante la audacia de su amigo. Se necesitaba tener mucho coraje o ser muy estúpido para desafiar al jefe de esa manera, solo esperaba que no empujara demasiado a su padre.

Dogsbreath se dio vuelta, como para subir a Burnwing, pero fue detenido por Stoick.

–¡Alto ahí, chico! ¡No te irás hasta que me respondas!– bramó. –¡¿Qué trato tienes con mi hijo?! ¿¡Por qué sabe montar a esas bestias?!

–Esas son respuestas que no estoy autorizado a darle, jefe Stoick. Tengo órdenes de que esto permanezca en silencio– respondió el cobrizo tranquilamente. Hiccup decidió confiar en su amigo, permanecer callado, por el momento, y ver cómo se desarrollaba la escena frente a él.

–¡¿Y por órdenes de quién?!– replicó. –¡Soy tu jefe y tengo el derecho de saber cualquier cosa que se relacione con mi heredero!

–Por orden de mi líder y superior, el General de nuestra armada– dijo Dogsbreath con determinación. –Pero esto es un asunto confidencial nuestro que no involucra en absoluto a la tribu, jefe.

–Te lo advierto, muchacho. No pondrás un pie fuera de esta isla hasta que obtenga mis respuestas–. Por un momento, Hiccup temió que su amigo fuera capturado en ese preciso instante, pero la confusión y curiosidad que traicionaban la mirada furiosa de su padre no confirmó tal pensamiento.

–Únicamente el Consejo de Guerra de la Legión puede darle esas respuestas– dijo él. –Para obtenerlas, tendrá que reunirse con ellos en persona. Por supuesto que esa reunión no sería en el Cuartel General; tal vez aquí en Berk sería una buena opción.

–¡NO TENDRÉ JINETES DE DRAGONES EN ESTA ISLA!– rugió Stoick. –¡No lo permitiré jamás!

Dogsbreath no respondió de inmediato, y aún cuando sostenía su mirada al jefe, se sintió lejana para Hiccup. Lo que hubiera tratado de hacer no resultó. Debía estar buscando una nueva salida para la situación.

–En ese caso, le propondré un trato– respondió después de unos agonizantes minutos. Hiccup empezó a inquietarse. Cualquier cosa que tramara el cobrizo, le estaba empezando a dar un muy mal presentimiento. Y su último mal presentimiento había salido terriblemente acertado.

–¿Qué clase de trato?– gruñó el jefe. Su completa atención estaba ahora en el jinete que se atrevía a desafiarlo, con la posibilidad de encontrar las explicaciones que buscaba atrayéndolo intensamente.

–Un duelo–. Ante la mirada sorprendida de Stoick, Dogsbreath se apresuró a explicar –Berk presentará a su mejor guerrero para que se enfrente a nuestro General, a quien ustedes conocen como el Maestro Dragón.

–Sí su guerrero vence,– el adolescente levantó su mano izquierda, como si mostrara las opciones –le daré sus respuestas personalmente, su hijo será libre y no volveremos a poner un pie en la isla.

–Pero,– continuó y levantó su mano restante –si nuestro líder derrota a su guerrero, Berk y su Consejo nos recibirán para una reunión, respetarán la seguridad de nuestra escolta y, durante el tiempo que duren las negociaciones, ningún dragón será lastimado en esta isla.

–¿Qué ganarán ustedes con eso?– cuestionó el jefe.

–La oportunidad de resolver por fin algunos asuntos que involucran a Berk.

Stoick frunció el ceño mientras consideraba la oferta. Hiccup por su parte estaba petrificado. No solo por el trato que acababa de proponer su amigo, sino por todas las implicaciones a las que llevaría. Y para colmo de males, los resultados en cada escenario, francamente, eran bastante aterradores con solo pensarlos.

Los segundos pasaron; ambos adolescentes aguardaban, con distintos grados de ansiedad, la decisión del jefe. La espera, por pequeña que fuera, inquietaba cada vez más al joven herrero, martillando su pecho.

El castaño intentó desesperadamente mantener su rostro tranquilo y en blanco cuando su padre levantó la mirada hacia Dogsbreath con un aire de suficiencia. Hiccup conocía muy bien esa mirada; era una mezcla de desafío y orgullo. La misma que usaba cuando estaba seguro de tener el triunfo de su parte.

El cobrizo extendió su brazo. –¿Tenemos un trato?

–Trato– dijo Stoick y el castaño soltó el aire que inconscientemente había estado conteniendo cuando estrechó la mano de Dogsbreath. Pero no se relajó del todo. Bajo la barba de su padre, Hiccup estaba seguro de haber visto el indicio de una sonrisa.

–Bien. Estaremos mañana al mediodía en el ring. Se de muy buena fuente que está prácticamente listo para usarse–. Dosgsbreath se dio vuelta y caminó unos metros hacia Burnwing antes de detenerse abruptamente. Se volvió parcialmente y agregó con voz dura: –Tu vendrás con nosotros, Haddock.

–¡Eso no es parte del trato!– bramó Stoick. Su rostro, antes confiado, estaba teñido otra vez de ira y mezclado con pavor.

–Es una pequeña precaución. Tómela como una garantía para nosotros– explicó. –Estará seguro y les será devuelto al final del duelo–. El cobrizo hizo una pausa. –O tal vez no. ¡Vámonos!–. Los jinetes de la Legión se apresuraron a obedecer y regresaron al Cuartel.

Hiccup le lanzó una última mirada a su padre antes de montar al gran Nightmare detrás de su amigo y despegar.


Astrid siguió mirando hacia el lugar donde Hiccup acababa de desaparecer en el cielo, ignorando a los guerreros que se alejaban para empezar a reparar los daños. El jefe había sido el primero en irse, dirigiéndose a su cabaña como una tormenta.

Y es que la rubia no podía culparlo. El pobre hombre acababa de enterarse que su hijo estaba relacionado con la Legión. Con jinetes de dragones. Con traidores. Aunque parecía que en realidad lo estaban manipulando.

Tal vez por esa razón prefirió quedarse a trabajar en la herrería durante las incursiones… No. Hiccup se había quedado adentro desde antes que ellos aparecieran. Pero, si era así, ¿cuánto tiempo había estado bajo su poder? También estaban sus misteriosos viajes. ¿Podría haber estado reuniéndose con ellos? Pero también los había hecho antes de su aparición. ¿Era posible incluso que esta situación tuviera alguna conexión con eso? Y además, estaba todo este asunto de que Dogsbreath también estaba con los jinetes. ¿Cómo encajaba con todo?

Una pequeña punzada detuvo sus suposiciones y se llevó la mano a la cabeza. El agotamiento y la falta de sueño no estaban ayudando a su cerebro confundido. 'Ugh. Se suponía que cuando descubriera tu secreto, dejarías de molestarme, Hiccup'.

–¿Estás bien?–. Astrid tuvo que morderse la lengua para evitar soltar el chillido que amenazaba con salir de su boca. Bajó la vista para encontrarse con Ruffnut, que la observaba con algo que parecía ¿preocupación?

–¿Por qué no lo estaría?– comentó tratando de parecer distraída. Ruffnut frunció el ceño en respuesta. –¿Qué?

Antes de que pudiera decir más, la gemela Thorston ya la estaba arrastrando de la mano al bosque, lejos de la aldea. –Tú y yo necesitamos tener una pequeña charla de chicas.

–Debo supervisar la reconstrucción, Ruff– intentó zafarse, pero ella no soltó su agarre. –Este no es el momento.

–Ellos pueden hacerlo sin ti y puede que este sea el único momento–. La chica siguió jalando de Astrid hasta llegar a un arroyo en un claro. Ruffnut prácticamente la obligó a sentarse en una roca en la orilla mientras le lanzaba una mirada interrogante.

–¿Qué? Honestamente, Ruffnut, no sé qué quieres escuchar–. Astrid se estaba poniendo nerviosa y no le gustaba el rumbo que quería seguir su amiga, sea cual fuere, porque no estaba dispuesta a descubrirlo.

–¡Oh, vamos!– la chica levantó los brazos al aire. –No puedes seguir fingiendo que todo esto no te afecta. Quiero decir, descubriste que tu novio estaba siendo controlado por unos locos jinetes de dragones y acaba de ser secuestrado frente a tus ojos. Eso debe bastar para que estés preocupada o furiosa ¡o algo!

Astrid solo se pasó las manos por la cara con exasperación y suspiró. A veces en serio odiaba lo bien que la conocía Ruffnut. No había forma de que la engañara. Pero tenía razón. Tal vez si estaba un poquito preocupada por Hiccup. Pero solo un poco.

–¿Qué quieres que diga?– respondió con voz apagada. –Es… demasiado para procesar. Y ni siquiera sé qué pensar de todo–. No era del todo cierto. Sabía la gravedad de la situación y de lo malo que esto podía resultar. –Y no es mi novio– gruñó.

–Bueno, tú siempre sospechaste de él– comentó su amiga, ignorando su protesta.

–Sí, pero nunca imaginé nada como… esto–. Eso sí era verdad. Ni en sus sueños más locos había pensado en algo así. –Esperaba cualquier otra cosa. No lo sé. Tal vez algún pasatiempo secreto, otro invento loco o… ¡algo así!

–Sí, nada de esto parecía probable.

–No confío en ellos. Sentí que estaban escondiendo algo más–. Astrid bajó la mirada mientras pensaba. –Nada asegura que cumplirán con su palabra o que no intentarán algo contra él.

–Y no olvides que posiblemente la vida de tu novio podría estar en juego, también.

–Eso no ayuda, Ruff– le lanzó una mirada irritada. –Y por última vez, no es mi novio.

–Bien…, –intentó– imagina la cara que pondrán todos cuando venzas mañana al Maestro Dragón y los jinetes tengan que irse lejos. El jefe incluso podía saltar de alivio cuando regrese Hiccup. ¡No sería tan sorprendente después de lo de hoy!

Astrid soltó una pequeña risa. Eso ya no sería tan imposible como lo era ahora. Únicamente Ruffnut podía bromear en una situación así. Se levantó de un salto y empezó a caminar.

–Cierto. Gracias, Ruff. Pero basta de sentimentalismo. Todavía tenemos trabajo que hacer antes del desayuno.

Ruffnut arrugó la nariz. –Seguramente servirán bacalao ahumado otra vez. ¿No pueden preparar otra cosa para después de una redada? La última vez el pescado estaba mal cocinado y sin sabor, aunque fue una gran adición a la broma para Snotlout. Incluso…

Astrid dejó divagar a Ruffnut mientras ambas adolescentes caminaban de regreso a la aldea. No tenía porqué preocuparse. Mañana resolverían este problema y todo volvería a la normalidad.


Stoick cerró la puerta de su cabaña con frustración. En dieciocho años, nunca se había sentido tan incapaz de proteger a su hijo. No desde que a Valka se la había llevado ese dragón y la había perdido para siempre.

El gran jefe se sentó frente a la chimenea y empezó a avivar el fuego. Siempre había podido pensar en una solución a sus problemas después de un desayuno con su hijo. En el pasado, cuando no eran tan cercanos, unos pocos minutos con Hiccup era todo lo que necesitaba para convencerse de que encontraría una solución. Por su hijo y su gente. Por la memoria de su amada Valka.

Después de su éxito en el ring, Stoick se había sentido conectado con su hijo como nunca antes en años. Su Hiccup siempre había sido diferente. Mientras los otros niños de su edad se interesaban por la lucha, Hiccup siempre estaba con la cabeza en otra parte. Siempre se pareció más a su esposa, inteligente, curioso y pacifista, como ella. Y por eso luchó por comprenderlo. Pero cuando su hijo se convirtió en el mejor en el entrenamiento, su sorpresa solo pudo ser opacada por la alegría y el orgullo que sintió al encontrar algo con lo que pudiera acercarse a él. Hiccup era casi el polo opuesto a su padre en todo.

Contrario a lo que algunos creían (o la mayoría de la aldea), Stoick nunca se sintió avergonzado de Hiccup. Podía no haber sido el mejor vikingo de Berk, pero siempre se esforzó por hacer lo mejor en cualquier cosa, desde su trabajo en la herrería hasta tratar de ayudar en las incursiones. Stoick había actuado más distante o decepcionado que avergonzado. A veces incluso sobreprotector.

Podía parecer un mal padre, pero los hombres Haddock nunca fueron los mejores expresando sus sentimientos. Por eso Stoick se valió de la habilidad de Hiccup con los dragones para intentar reforzar su ya débil vínculo de padre-hijo. El jefe se sentía orgulloso de que en estos últimos tres años habían compartido más tiempo juntos que nunca antes.

El crepitar del fuego lo sacó de sus pensamientos, devolviéndolo al presente, y a la horrible situación en la que se encontraba. El cálido sentimiento que sus recuerdos le habían proporcionado fueron reemplazados por un frío temor teñido de preocupación. La mirada que le había dado su hijo antes de ser prácticamente raptado le partió el corazón. Pudo ver pánico y desesperación en los ojos de Hiccup. Y cuánto le había dolido no poder hacer nada para ayudarlo y protegerlo, como cuando su hijo era pequeño.

Lo único que lo consolaba era que cuando Astrid venciera al Maestro Dragón, su hijo estaría de vuelta y a salvo. Sí, también obtendría las respuestas que buscaba, pero su principal preocupación era alejar a Hiccup lo antes posible de esos… criminales. Y haría todo lo posible por que eso sucediera.


Y eso es todo. La próxima semana será solo un capítulo.

Si creen que estoy haciendo un poco OCC algunos personajes, me disculpo, intento no salirme del canon pero mantener mi visión. Yo siempre vi a Stoick como un padre que no podía acercarse correctamente a su hijo pero siempre se preocupó por él, aunque no lo demostrara. Y Astrid... a veces se me complica un poco mantenerla con su personalidad canon. Aunque Ruffnut es muy divertida de escribir.

Lucasdiaz9000: Sí, adivinaste. Dogsbreath le salvó el pellejo. Aunque me gustó tu otra propuesta, como dije, ya tengo definido el rumbo que va a seguir la trama. Pero la escena de Mildew, tal vez pueda usarla en alguno de los próximos capítulo o mis otros proyectos más adelante.

Gracias por tomarse el tiempo de leer y escribir una reseña, y hasta la próxima.