¡Hola de nuevo! ¿Qué les pareció el último capítulo? Se que no tenía nada demasiado emocionante, pero sentí que debía aclarar ciertas cosas, como por qué Dogsbreath sugirió un duelo y se llevó a Hiccup de Berk, o la razón por la que no se reveló a Fishlegs como un jinete de dragones, ya que lo necesito en Berk para el futuro.

También quería explorar un poco más el personaje de Stoick. Algunos fanfics lo pintan como un hombre insensible y hasta cruel a veces, pero olvidan que por muy duro que sea, también es un padre. Por ejemplo en la primera película, aún cuando Hiccup claramente le había dado la espalda a la tribu, Stoick se apresuró a tratar de salvarlo de una muerte segura. Eso es algo que haría cualquier padre que ame y se preocupe de verdad por su hijo. Además de que de verdad quería poner una escena similar a la de la película.


Capítulo 9 "Escapes Nocturnos"

El resto del día pasó sin demasiados incidentes, tanto en el Cuartel como en Berk, con estos últimos ignorantes de la intensa movilización que tenía lugar en cerca de ellos. La mayor parte de la división se preparaban para la misión y su visita a Berk, el resto se encargó de los alojamientos para las otras divisiones. Unos pocos más, se ocuparon de obtener las provisiones necesarias para ayudar a la aldea.

Hiccup, Dogsbreath y algunos jinetes más de confianza, pasaron la mayor parte de la tarde estudiando las estrategias de Fishlegs, que estaba ausente, tratando de establecer la mejor forma de ataque en cada una para discutirlas con el Consejo. Hiccup le había pedido a Fishlegs que permaneciera en Berk todo el día, por lo que llegaría hasta después del atardecer, más o menos al mismo tiempo que la mayoría de los dragones mensajeros.

Mientras tanto en Berk, la mayor parte del día la tribu se encargó de la reconstrucción. Después de las palabras de Gobber, el jefe Stoick se recuperó casi por completo a su ánimo habitual. Fishlegs, por su parte, se mantuvo discreto y con un perfil bajo para captar cualquier noticia importante para sus amigos. Sin embargo, esta actitud hizo que Astrid, que lo vigilaba discretamente, se molestara. Aunque tenía sospechas del vikingo rubio, no pudo encontrar ninguna pista o prueba para sus suposiciones.


Pasaron las horas y, lentamente, el firmamento anunció la llegada del atardecer. Los últimos rayos de Sol abandonaban el cielo en favor del pálido brillo nocturno de Máni[1]. A su alrededor, decenas de vikingos exhaustos caminaban al Gran Salón para cenar. Fishlegs se mantuvo en la parte de atrás del grupo hasta que llegaron a la base de las escaleras de piedra en la entrada.

Discretamente, se fijó en que nadie lo viera y se escabulló por el costado del edificio hacia las sombras del bosque. Con pasos nerviosos, se internó entre los árboles y avanzó tan casual como pudo, intentando calmarse y repitiendo mentalmente que todo estaba bien, pero el frío estremecimiento en su espalda no se fue.

Esa sensación la había tenido desde el desayuno con los chicos. Había empezado justo cuando salió por las grandes puertas para empezar a trabajar esa mañana. Como si estuviera siendo observado, vigilado, estudiado. Negó con la cabeza, apartando el pensamiento de su mente y siguió avanzando. Tal vez fue solo su imaginación. El trabajo de campo no era su fuerte y trataría de no volver a hacerlo nunca.


Para el anochecer, Astrid estaba ansiosa. Su vigilancia no la estaba llevando a nada. Por eso cuando vio a Fishlegs escurrirse hacia el bosque, casi sintió que podría explotar de la emoción. Esta era su oportunidad y no la desperdiciaría.

La rubia aseguró su hacha a su espalda y se lanzó a seguirlo sigilosamente. Se mantuvo a una buena distancia y lejos de la vista, ayudándose de las sombras crecientes del bosque, que se oscurecían cada vez más con cada segundo.

Después de unos minutos, Fishlegs empezó a avanzar cada vez más rápido por una zona del bosque bastante densa, mientras daba miradas frenéticas a todas partes, como si comprobara que nadie lo seguía. Astrid sintió cómo la satisfacción burbujeaba en su pecho y esbozó una sonrisa. Esta actitud definitivamente afirmaba todas sus sospechas.

La rubia intentó determinar su dirección para orientarse. Si ella no se equivocaba, y era poco probable que eso pasara, debían estar camino a Raven 's Point. Una extraña sensación de familiaridad empezó a invadirla, pero Astrid no pudo ubicar por qué. Intentó concentrarse en perseguir su objetivo, apartando esos pensamientos para más tarde. En su lugar, permitió que la anticipación se apoderara de ella cuando desenfundó su hacha de batalla, preparándose para cuando se encontrara con la Legión Dragón.

Acababa de perder a Fishlegs detrás de unas rocas casi tan grandes como una cabaña cuando un potente grito la sobresaltó, haciéndola perder su concentración. –¡Ajá! ¡Ahí está!

Dejándose llevar por su instinto de guerrera, balanceó su arma hacia su atacante para aturdirlo con un golpe firme en lo que pareció ser una cabeza rubia con casco ¿familiar?

El brillo de una antorcha parpadeó en su visión. Levantó la vista para ser recibida por una Ruffnut que luchaba para no derrumbarse entre risas. Bajó su hacha mientras miraba de vuelta a su atacante. Tuffnut se revolvía en el suelo con dolorosos quejidos: –¡Oh, estoy herido! ¡Estoy muy herido!

Astrid se permitió relajarse por un momento antes de fruncir el ceño. Su molestia se mezcló con irritación, ambos visibles en su rostro, haciendo que olvidara por unos segundos la persecución de su objetivo. Ignorando al gemelo Thorston, se acercó a Ruffnut en busca de una explicación.

–¡¿Qué están haciendo aquí los dos?! ¡Se suponía que estarían limpiando el desorden que hicieron en el muelle!– exigió.

–E-el jefe quería hablar c-con-contigo. Y no-nosotros nos ofrecimos a b-buscarte–. Evidentemente, Ruffnut estaba luchando para no estallar de nuevo en carcajadas. No es que tuviera mucho éxito de todos modos.

Un pensamiento volvió a Astrid repentinamente. ¡Fishlegs! La rubia giró su cabeza para ver detrás de la roca donde había desaparecido el tímido vikingo. Nada. Absolutamente nada. Solo pudo distinguir los indicios de lo que podría ser un sendero, pero con la única luz de una pequeña antorcha, no estaba muy segura. Astrid apretó el agarre de su hacha mientras luchaba por controlarse. Tenía algo entre manos por lo que debía ocuparse primero.

Regresando su atención hacia los gemelos, que había logrado calmarse lo suficiente, intentó sacarles cualquier información que pudiera decirle qué tan urgente era la reunión con Stoick.

–¿Qué dijo el jefe exactamente? ¿Para qué quiere hablar conmigo?

–No sabemos. Parecía que era algo importante– gruñó Tuffnut mientras se levantaba. –Pero nosotros solo vimos una oportunidad perfecta para salir de los muelles.

–No podíamos dejar pasar un escape tan bueno– coincidió su hermana.

–Bien, volvamos a la aldea– suspiró Astrid mientras enfundaba su hacha. No tenía caso seguir su persecución si el jefe la necesitaba. Además, con los gemelos ahí no podría encontrar el rastro de Fishlegs sin preguntas curiosas; mucho menos sin delatar su presencia.

Siguió al par de regreso, ignorando cuando se lanzaban de una molesta discusión a otra sin sentido. Ninguno de los hermanos Thorston notó su actitud distante, dejando a Astrid a solas con sus propios pensamientos.

Claramente, esta noche no lograría nada. Tal vez mañana podría tener suerte. Para ese momento, Hiccup ya estaría libre de peligro. Lo que haría entonces, sería más como una misión de espionaje y reconocimiento. Cualquier información que extrajera se la daría al jefe. Astrid no estaba muy convencida de que la Legión Dragón se alejaría de Berk. La rubia no sabía que tan hostiles serían para la tribu. Pero haría lo necesario para defender su hogar.


Horas después, una sombra apenas perceptible contra el cielo se deslizó a Raven 's Point. Ya era bastante tarde; a juzgar por la posición de Máni sobre su cabeza, era cerca de la medianoche. El dragón y su jinete aterrizaron en la cala oculta, sin necesidad de alguna precaución. No había posibilidad de que fueran descubiertos. Prácticamente eran las únicas almas despiertas en kilómetros a la redonda, si no contaban a los animales nocturnos.

A la débil luz que tenía, el solitario jinete desmontó y se sentó sobre la tierna hierba que crecía cerca del lago en el centro. Soltó un doloroso suspiro mientras su dragón de oscuras escamas se acercaba para acurrucarse a su espalda.

En la privacidad de la cala, Hiccup se permitió deshacerse de la máscara calmada que había usado toda la tarde, reemplazándola por una desbordante angustia. Hasta hace unas horas habían estado preparando a la armada para lo que vendría en los siguientes días. Sus amigos y los jinetes ya se habían ido a sus cabañas a descansar. Pero ese privilegio había estado huyendo de él después de regresar a la suya.

De todas maneras, no podría dormir aunque quisiera. Si se iba a enfrentar a Astrid mañana, necesitaba aclarar primero su mente. No porque le preocupara luchar contra ella, sino porque tendría enfrentar el momento que más había temido que pasara y revelarse definitivamente a los ojos de toda la aldea. Y eso era lo que lo angustiaba.

Pero por encima de todo, lo que más pesaba era el temido momento cuando su padre supiera la verdad. Toda la verdad. ¿Qué diría? ¿Cómo reaccionaría a todo? Hiccup incluso había llegado a pensar un par de veces en un temido escenario en el que su padre no sería capaz de mantener su palabra con neutralidad (o al menos con sus verdaderos pensamientos ocultos) y los ejecutaría sin darles tiempo de explicarse.

La opinión de la aldea no significaba tanto para él como la de su padre. Por esa razón había guardado tan cuidadosamente su secreto. Por eso le había dolido tanto engañarlo.

Estos últimos tres años su padre se había sentido visiblemente orgulloso de él. Estaba en sus ojos cada vez que lo veía. Una miraba que lo invadía siempre. Y una que le producía cantidades iguales de culpa y satisfacción.

–¿Qué voy a hacer mañana, amigo?– le preguntó al dragón.

–Me esforcé mucho en el pasado para conseguir que papá me viera así, orgulloso–. El simple pensamiento de que podría perder a su padre, tal vez para siempre, lo llenaba de pánico y angustia. –La última vez que lo vi estaba tan preocupado. Fue muy doloroso.

–¿Cómo reaccionará a la verdad?– susurró mientras rasguñaba distraídamente la cabeza de Toothless a su lado. Cuando se dio cuenta de lo que acababa de decir, soltó una risa amarga y negó con la cabeza.

–¿Qué estoy diciendo? Probablemente se decepcionará de mí. Me quitará el título de heredero, podría repudiarme. O hasta encerrarme de por vida. Debería esperarlo. Eso es lo que haría cualquier jefe vikingo. Un verdadero vikingo.

–Pero… aún así, no se si podría soportarlo, amigo. No podría. Sería demasiado–. En algún momento de su confesión se había encorvado, permitiéndole enterrar su rostro en sus manos.

–La simple posibilidad de que… de que lo pierda para siempre es demasiado dolorosa. Y ni siquiera sé si estoy sacrificando todo por nada. ¿Qué sucede si no soy capaz de lograrlo? ¿Qué pasa si esto ha sido una misión imposible desde el principio?, ¿y si por mi culpa termino llevando a todos conmigo directo al Valhalla[2]?

–Siempre me enseñaron que las emociones son debilidad, pero tengo miedo, Toothless. Miedo de perderlo todo. Miedo de no estar a la altura de esto. Miedo de decepcionar a todos los que confiaron en mí. Miedo de fallar otra vez. Todo parece estar en contra nuestra. Es como si volviera a ser esa inútil y torpe espina de pescado que siempre trataba de hacer feliz a padre, pero que siempre termina destruyendo todo a su paso y molestando a todos. Tal vez mamá se equivocó conmigo. No soy más que un inútil, un iluso, un débil insignificante– su admisión lo liberó de sus preocupaciones, quedando en él solo un espacio vacío.

Un pequeño golpe en su costado lo hizo levantar la cabeza. Se encontró con un fondo negro como la noche que enmarcaba un familiar par de ojos verde tóxico. Esa mirada, desbordante de comprensión, se sintió como un reflejo de sí mismo, de su alma. Como lo había sido en cada una de las veces en las que había dudado, Toothless siempre había estado ahí. Hiccup abrazó al dragón, aferrándose desesperadamente a la calidez que brindaba.

Se quedaron así durante unos minutos. Pero fue tiempo suficiente para que el castaño encontrara el consuelo que tanto necesitaba en ese momento. Cuando su respiración empezó a regularse, sintió algo húmedo que corría por sus mejillas. Se llevó la mano al rostro para descubrir que eran restos de lágrimas, sus lágrimas. Ni siquiera se había dado cuenta de que estaba llorando. De pronto, un súbito recuerdo golpeó su mente. Una noche, hace muchos años, en la que también había tenido un mar de emociones encontradas. Una en la que también se sintió abrumado por su lucha interna. Una que también fue importante su vida.

–No. Esto no se trata de mí. No puedo retroceder ahora. No después de todo lo que pasamos– se separó del Night Fury para mirar de nuevo a sus ojos. –Lo juré. Juré que haría todo lo posible para detener esta guerra sin sentido. Sin importar cuánto cueste, debo hacerlo. Por mi gente, por esos dragones esclavizados, por un futuro diferente.

–Tal vez lo pierda todo. Pero si podemos lograrlo, si podemos cambiarlo todo, valdrá la pena. Y sé que, aunque eso pase, siempre tendré a los chicos, a mamá, y a tí, mi mejor amigo–. Toothless canturreó en acuerdo y colocó su enorme cabeza en el regazo de su jinete.

El castaño miró hacia el cielo nocturno y suspiró mientras rasguñaba a su dragón. Por primera vez en todo el día, Hiccup se sintió con el corazón más ligero. Listo para enfrentar lo que viniera mañana. Sabía que no sería fácil, nadie dijo que lo fuera, pero no estaba solo en esto. Ya no. Y nunca más volvería a estarlo.

Hiccup se permitió disfrutar de ese pequeño momento de calma un poco más de tiempo. Ahora que estaba en paz, el impacto de todo empezaba a apoderarse de él. No se había dado cuenta de lo agotado que su mente estaba hasta ahora. Sus extremidades se sentían pesadas. Sus ojos estaban cansados y amenazaban con cerrarse. Sin que pudiera contenerse, soltó un adormilado suspiro.

Algo lo empujó de repente hacia atrás, tomándolo por sorpresa y espantando momentáneamente la somnolencia. Antes de que pudiera darse cuenta de lo que pasaba, tenía la espalda presionada contra el suelo, y algo viscoso y pegajoso estaba dejando un rastro de humedad sobre su rostro.

–Ugh, ¡Toothless! ¡Sabes que eso no se quita!–. El mencionado Night Fury estaba muy ocupado tratando de distraer el ánimo de su jinete como para escuchar sus protestas. Por su lado, Hiccup luchó por permanecer serio y enojado ante las travesuras de su dragón. Desafortunadamente para él, Toothless logró sacarle más de una carcajada en medio de todas sus protestas ignoradas.

–¡No! ¡Espera! ¡Tooth…! ¡TOOTHLESS!


En ese mismo momento, en otro lugar, mucho más al norte, una figura vestida de pieles y con un pedazo de papel en las manos descansaba sobre un pilar de roca, cerca de la orilla. Un enorme dragón dormitaba plácidamente a su espalda. Era una noche preciosa, cálida y sin nubes sobre el horizonte, muy inusual para un lugar tan al norte como ese, donde era común tener granizo durante esa época del año.

Sin embargo, su mente no estaba contemplando el quieto paisaje nocturno, sino que giraba en el mensaje en sus manos que había sido entregado esa tarde. Las noticias que contenían eran todo menos alegres. Un accidente y un duelo. Un pequeño fallo en su planes que podía, potencialmente, costar muy caro. No era la mejor de las posiciones. Y tampoco la perspectiva que imaginaba encontrar en ese mensaje.

Tal como estaban las cosas en Berk, era necesario que partieran lo más pronto posible. Por suerte, para antes del anochecer, el segundo al mando de la Orden ya tenía casi todo preparado para su partida y había enviado un mensaje para avisar de su llegada. Saldrían en la mañana y probablemente llegarían al Cuartel de la Legión después del mediodía. Eran muchas horas de vuelo y no todos los dragones que tenían eran rápidos o lo suficientemente resistentes para cubrir esa distancia.

El mensaje no daba demasiada información, pero fue suficiente para ser alarmante. Hiccup y la Legión Dragón eran visitantes frecuentes y aliados muy apreciados. Si quería saber todos los detalles de esta historia, tendría que esperar hasta llegar a Berk.

La figura suspiró pesadamente. Su cansancio era evidente, pero la falta de sueño era la causa de su presencia en el lugar, especialmente a esta hora. Aún así, no había podido sofocar la tempestad de emociones que azotaban en su interior. Sin embargo, debería intentar dormir unas horas al menos, las necesitaría.

Se acercó al gran dragón, que ahora se había levantado, y montó de un grácil salto. El aire frío llenó sus pulmones y se esparció por su rostro, pero ni siquiera lo notó. Volar siempre le daba una sensación de libertad, especialmente cuando su mente estaba tan agitada como ahora, con la falta de respuestas que tenía. Aunque dudaba que se sentiría mejor cuando finalmente las obtuviera.


Uf, Astrid por poco descubre a Fishlegs. Eso estuvo cerca.

No se si pude retratar bien el conflicto interno de Hiccup aquí. En este AU todavía no tiene la completa aceptación de su padre y de la aldea por lo que no tiene mucha confianza en sí mismo, pero tampoco es el mismo de cuando tenía 15 años. Al igual que en la primera película, él valora mucho a su padre y, de manera lógica, le va a doler la posibilidad de perderlo. Probablemente muchos reaccionaríamos igual (y me incluyo a mí) si estuviéramos en su posición. Pero también está dispuesto a sacrificarse si puede terminar con la guerra contra los dragones. Eso es parte de quien es él.

Espero haberme explicado bien. Espero su opinión de este capítulo.

EN EL PRÓXIMO CAPÍTULO: Todos se están preparando para el esperado duelo entre Astrid y el Maestro Dragón. Mientras tanto, esta situación está haciendo que Astrid tenga sentimientos confusos hacia cierto castaño. ¿Y quién es esta misteriosa figura que está con los Protectores del Santuario?

Notas:

[1]. En la mitología nórdica Máni era la personificación y dios de la luna. Es el hermano de la diosa Sol e hijo de Mundilfari y Glaur.

[2]. Los vikingos creían que Valhalla (o el salón de los caídos) era un enorme y majestuoso salón ubicado en la ciudad de Asgard, gobernada por Odín. La mitad de los muertos en combate eran elegidos por Odín y viajaban al Valhalla guiados por las valquirias, mientras que la otra mitad iban al Fólkvangr de la diosa Freyja. En el Valhalla los difuntos se reunían con las masas de muertos en combate conocidos como einherjer, así como con varios héroes y dioses germánicos legendarios, mientras se preparaban para ayudar a Odín durante el Ragnarök.

Bueno, eso es todo y los veo la próxima semana.