No, no se preocupen. He vuelto y no pienso abandonar esta historia en el corto plazo. Quería actualizar ayer, pero estuvimos teniendo los conciertos navideños con la academia de música y terminamos muy tarde, además de que es la semana final antes de los exámenes, así que nop, no hubo tiempo.
Este es el último capítulo antes del gran duelo. Y lo siento si no les gustó el título, es solo que cuando lo escribí estaba escuchando la canción The Final Countdown de Europe y me pareció una buena idea. No me juzguen, fue lo mejor que se me ocurrió.
Capítulo 10 "La Cuenta Final"
Era la primera hora de la mañana en Berk. Muy pocos vikingos estaban despiertos empezando a trabajar en sus talleres. Todavía faltaban un par de horas hasta que la aldea cobrara vida por completo. El fresco de la mañana envolvía los edificios de madera, acompañando al silencio en el exterior, roto ocasionalmente por uno que otro berkiano ocupado en su oficio. No se podría imaginar una escena de mayor calma y paz dentro de una isla vikinga en el Archipiélago Bárbaro.
Lejos de la vista de las cabañas, en un claro dentro del bosque, el aura pacífica se rompió abruptamente. Una joven vikinga rubia practicaba ferozmente con su hacha favorita. Todo estaba cuidadosamente calculado en sus movimientos. Desde la letal precisión en su hoja al atacar, hasta el arco trazado en el bloqueo defensivo. Cada uno de ellos fue ejecutado con gracia y perfección.
Su ceño fruncido, para cualquiera, podría pasar por concentración. Astrid estaba concentrada, sí, pero no en su entrenamiento, aunque nadie podía haberlo sospechado por la forma en que se movía. Después de años de práctica, esto era casi una segunda naturaleza para ella; incluso podría hacerlo dormida. No, sus pensamientos estaban ocupados en algo más. O mejor dicho, en alguien más.
'Hiccup.'
Cada golpe, cada giro, le recordaban por quién estaba luchando. No era solo por la aldea. O por el jefe. Sino por la persona que últimamente se colaba cada vez más en sus pensamientos. Por ese chico inteligente y tímido, con ojos que le recordaban a las profundidades del bosque, una mata de cabello castaño indomable, un puñado de adorables pecas sobre su rostro y esa nerviosa sonrisa torcida que agitaba misteriosamente sus entrañas cuando la veía. Para que él volviera a salvo a Berk. Con los suyos. Con ella.
'Un minuto. Por Mjölnir[1], ¿de dónde vino eso?' la rubia se congeló en su lugar. Astrid negó con la cabeza y siguió entrenando. 'Concéntrate, Hofferson. Este no es momento para actuar como si fueras una idiota enamorada'.
Después de su pequeña plática con el jefe, Hiccup prácticamente había sido lo único en su mente, además de el 'pequeño' duelo del mediodía. Pequeño porque no tardaría mucho en ganarle a este Maestro Dragón, que no podría ser ni la mitad de hábil que ella. Las historias decían que este hombre podía vencer a alguien del triple de su tamaño en unos cinco minutos. Obviamente, Astrid nunca lo creyó.
Mucho de lo que había escuchado, eran más inventos de la gente que algo real. Y esa pizca de realidad también estaba exagerada al máximo. Astrid podría concederle que supiera cómo luchar, o que pudiera defenderse al menos. Pero ella no vio ninguna razón real para que alguien pudiera temerle.
De hecho, la rubia ni siquiera estaba preocupada por él. Su mente seguía llevándola a pensar en su Hic-, perdón, el heredero. Estaba frustrada por no haber podido seguir a Fishlegs a… a donde sea que fuese. Había estado tan cerca, tan cerca de poder rescatar a Hiccup y terminar con todo. Podía haberlo sacado de su poder anoche. Pero ahora, ella tendría que esperar hasta el duelo para que fuera liberado. Todo volvió a como sería originalmente. Astrid ganaría la pelea y él sería regresado a Berk.
Eso no significaba que él volvería sin algún tipo de repercusión o venganza por vencer al líder de una armada de jinetes de dragón. Cualquier daño considerable que le hiciera a su oponente, podría tener efectos en Hiccup y no podían arriesgarse a que eso pasara.
El jefe Stoick se lo había dejado muy claro anoche: –Escucha, Astrid, confío en que puedes ganar esta pelea, pero debes tener cuidado con él. No quiero darles a esos criminales alguna razón para lastimar a mi hijo–. Por un breve momento, los ojos del jefe lo habían traicionado, revelando a un padre bastante preocupado por la única familia que tenía. Dependía de ella para que toda esta pesadilla terminara de una vez. Esa era la única razón por la que lo hacía. Su obligación como una doncella escudo con la tribu y su jefe. Nada más.
Aún cuando trató de convencerse de eso, fue inútil. Había algo dentro de su pecho, junto a su corazón, que lo negaba, que tiraba de ella cada vez que pensaba en él y no sabía lo que era. Y ese dibujo que vio en su escritorio. Todavía no podía explicarse la ola de calidez en ella cuando lo vio. Su madre había intentado convencerla de que se estaba enamorando de su prometido, pero esa era una idea ridícula. Tal vez habían arreglado el matrimonio de sus padres. Tal vez ellos se habían enamorado después de hacer el contrato. Pero eso no le pasaría a ella. Astrid Hofferson era una guerrera y no tenía tiempo para sentimientos débiles.
Astrid se detuvo a descansar mientras nivelaba su respiración y miró hacia el cielo. Sol ya estaba muy por encima del horizonte, lo que significaba que todos en la aldea ya estarían despiertos y ocupados con el desayuno en el Grán Salón.
'Tal vez tengamos algo de suerte si hoy sirven algo más que el estofado de liebre de ayer.' Ese pensamiento hizo que un gruñido surgiera de su estómago. Sí, este era un buen momento para terminar y regresar para comer algo. 'Después de todo, si voy a luchar, debo estar en mi mejor forma'.
La rubia se acercó al último objetivo al que había lanzado su hacha y liberó el arma de un firme tirón que le envió una pequeña corriente de dolor desde la base del codo hasta su hombro. En este punto de la mañana, generalmente sus músculos no protestaban por agotamiento del ejercicio. Pero hoy, tal vez se había excedido un poco en su entrenamiento.
Ella se reprendió mentalmente por ese descuido mientras se ataba el hacha a su espalda. Tan absorta en sus pensamientos como estaba, había gastado energía valiosa para el momento del duelo. Aunque probablemente no la necesitara, Astrid no iba a subestimar a su oponente… o al menos, no demasiado.
De vuelta en Berk, un imponente hombre de barba rojiza estaba parado a la puerta de su casa, observando atentamente el bullicio de la aldea desde su posición elevada. Todos los vikingos disponibles estaban preparándose para la llegada de sus… visitantes, si podían llamarse así. Después de unos minutos vigilando sus movimientos, el gran jefe de Berk empezó a descender por las escaleras frente a él para empezar su trabajo.
Su rostro parecía tallado en piedra, sin mostrar ninguna emoción. Sin embargo, por dentro, Stoick estaba dominado por la ansiedad y anticipación. El Maestro Dragón era una leyenda en el Archipiélago Bárbaro, con las muchas historias que había provocado sus pocos avistamientos. Nunca le había agradado la reputación de aquel misterioso hombre, y por fin podían demostrar que no era más que un loco amante de los dragones, alguien insignificante en busca de poder y fama.
Aún más escondido en su interior también estaba la preocupación por su hijo. Por cómo había sido tratado durante todo este tiempo, si no estaban intentado nada para traicionar su trato. Confiaba plenamente en la inteligencia de Hiccup y en que Astrid venciera, no tenía dudas de eso. Pero su lado paternal no lo dejaría en paz hasta que Hiccup estuviera de vuelta y a salvo, bajo su cuidado.
Un movimiento cerca de la base de la colina lo sacó de sus pensamientos. Spitelout, el arrogante esposo de su hermana[2] y, desafortunadamente, su segundo al mando, se acercaba con una mirada no muy agradable en su rostro. Dioses, nunca supo qué diablos vio Sigrid en él. Inmediatamente, Stoick frunció el ceño. Su cuñado pocas veces se acercaba a su casa, y muchas menos a primera hora de la mañana de esa manera. Cualquiera fuera la causa, ciertamente sería un problema. Y no uno pequeño.
Spitelout se detuvo a unos pocos pasos de él. Pareció dudarlo por un segundo, pero justo cuando abrió la boca para hablar, Stoick lo interrumpió, decidido a ocuparse de lo que fuera lo más pronto posible.
–¿Qué necesitas, Spitelout?– preguntó con indiferencia.
El patriarca Jorgenson pareció volver a dudar antes de arriesgar una pregunta escéptica: –¿De verdad estás dispuesto a seguir con todo esto, Stoick?
Stoick entrecerró los ojos y frunció el ceño. No le gustó para nada el tono que usó su segundo al mando. –¿A qué te refieres exactamente?– gruñó.
–A toda esta locura del duelo. Solo estamos perdiendo el tiempo. Pienso que deberíamos asaltar y destruir el escondite de la Legión Dragón, liberar a tu hijo y echarlos de aquí de una vez por todas, en lugar de permitir que unos malditos amantes de dragones vengan a amenazar descaradamente a Berk justo enfrente de nuestras narices–. Aún siendo mayor y más "maduro" que su hijo, el hombre nunca fue más inteligente o menos arrogante que su sobrino Snotlout. O imprudente.
Con la ira creciendo dentro de él, Stoick respondió con una voz intimidante: –¿A caso estás cuestionando mis decisiones, Spitelout? ¿Crees que puedes desafiarme y liderar a la tribu mejor que yo? ¡¿Es eso?!
Spitelout palideció y trató de ocultar el miedo en su voz. Stoick era conocido el mejor guerrero de toda la isla, totalmente imbatible, y desafiarlo era prácticamente un suicidio, incluso un boleto seguro a Valhalla. –N-no, no. Claro que no. N-nunca haría eso, jefe.
–¡¿Crees que quiero tener a esos jinetes de dragones en mi isla?! ¡¿Estás sugiriendo que rompa el honor de mi palabra, asalte un escondite que solo ellos y Odín saben dónde se encuentra, y vaya por mi hijo?! ¡¿O tienes alguna mejor idea para traer de regreso al heredero de Berk?! ¡Si es así quiero saberlo ahora!
Ningún sonido salió de la garganta de Spitelout, ya que prácticamente se había petrificado de terror en su lugar. Stoick pareció complacido con su reacción y decidió dar por terminada esa "pequeña" discusión.
–Regresa a tu puesto, Spitelout– ordenó. –Y nunca más vuelvas a cuestionarme si quieres conservar tus privilegios como hermano del jefe. ¿Quedó claro?– amenazó.
El gran jefe ni siquiera quiso esperar una respuesta. En su lugar, siguió con su camino hacia el Gran Salón para tomar su desayuno y empezar con sus deberes. Si su hijo estuviera aquí, ya habría desayunado con él en su cabaña. Una pequeña ola de nostalgia empezó a crecer antes de ser reprimida por Stoick. Este no era el momento para eso. Tenía una aldea que dirigir y un trato que cumplir.
Del otro lado de la costa de Berk, el Cuartel General de la Legión Dragón hervía en actividad. Los jinetes novatos y sus instructores trabajaban arduamente en los entrenamientos para definir la cantidad de gente apta para el enfrentamiento contra la reina. En la base, hombres, mujeres, y cualquiera que estuviera disponible, se dividían entre terminar de preparar las cabañas para las otras divisiones, trabajar los barcos para llevar las catapultas y armas pesadas, y ayudar a que la escolta que volaría a Berk estuviera lista.
El desayuno ya había pasado, mucho más temprano de lo normal; la ansiedad en los jinetes era casi palpable y muy contagiosa. Súmele a eso la preocupación de que nadie había visto a Hiccup desde ayer y no se encontraba por ningún lado. Esa era la situación de Dogsbreath Halvorson, el Comandante de la división berkiana de la Legión Dragón.
El adolescente cobrizo había estado haciendo todo lo posible para mantener una apariencia calmada, pero por dentro estaba siendo carcomido por la inquietud. Hiccup se había desaparecido instantáneamente después de que terminaran de elegir las mejores estrategias para presentarle al Consejo. Dogsbreath sabía que su amigo necesitaba un poco de tiempo a solas para aclarar sus pensamientos y que regresaría cuando estuviera mejor, pero ya se había ausentado bastante tiempo. Lo necesitaban de vuelta ahora y listo para luchar.
Olaf ya había enviado a algunos de confianza para buscar al castaño, pero hasta ahora no había ni un rastro de Hiccup o Toothless. Todavía faltaban unas horas para el mediodía, pero con el ambiente ansioso en el Cuartel, debían encontrar a su líder y rápido. No tenían que darles a los jinetes una razón más para preocuparse.
Dogsbreath estaba apunto de dar una cuarta vuelta por la cabaña de su amigo, con la esperanza de que Freya lo hiciera aparecer mágicamente[3], cuando una gran mancha oscura bajó del cielo. El alivio lo inundó como una cascada antes de que fuera cortado otra vez por sus inquietudes.
Aunque sabía que su amigo no estaba en su mejor momento, necesitaba asegurarse de que estuviera enfocado en salir de la situación con Berk lo más pronto posible. Con este pensamiento, tomó la decisión de usar el estilo vikingo (una discusión brutalmente honesta y directa) para resolverlo.
El cobrizo adoptó su actitud más despreocupada y se acercó a ellos. Mientras caminaba, Dogsbreath no pudo evitar sentir varios pares de ojos mirando en su dirección. El adolescente no se arriesgó a descubrir las emociones que reflejaban. Necesitarían discutir en un lugar menos público. Especialmente por si las cosas no estaban del todo bien.
–¡Ah! Hicc. Allí estás. Haakon me dijo que esa nueva ballesta está lista para que tú la pruebes. Podemos ir a verla a la forja ahora– comentó mientras colocaba una brazo sobre sus hombros y lo conducía hacia la herrería del Cuartel. En un tono más bajo le susurró: –Necesitamos hablar, Hiccup.
Dogsbreath había utilizado a propósito su nombre en lugar del apodo habitual para hacerle saber al castaño que necesitaban hablar de algo serio. Algo poco común viniendo precisamente del adolescente cobrizo. Hiccup debió haber captado la indirecta, porque no ofreció ninguna resistencia.
Afortunadamente para ambos, Haakon, el otro herrero existente en el Cuartel, no se encontraba en ninguna parte de la tienda, por lo que no había peligro de que alguien los escuchara. Dogsbreath no perdió tiempo y se lanzó al punto.
–¿Dónde te habías metido, viejo? Los jinetes han estado muy ansiosos desde ayer, y mucho más cuando no apareciste en el desayuno. Olaf incluso mandó a algunos hombres a buscarte.
–Lo siento, lo siento. No pude dormir anoche y estuve tratando de despejar mi mente. Simplemente perdí un poco la noción del tiempo.
–Escucha, Hicc– suspiró. –Sé que necesitabas algo de tiempo para pensar y poner las cosas en orden. Pero en este momento, nosotros te necesitamos concentrado y con la cabeza fría. Listo para luchar. No te pido que actúes como si todo esto no te afectara en absoluto, eso sería insensible de mi parte, solo intenta…
–No distraerme. Lo sé. La misión es mi prioridad. No te preocupes–. Dogsbreath dejó escapar un suspiro aliviado. Al menos el asunto más urgente ya estaba resuelto.
–Y… confío en que después de tu noche estés un poco ¿mejor?– aventuró el cobrizo mientras trataba de descifrar su expresión.
Hiccup se tomó un tiempo para responder, como si estuviera meditando en algo. –Un poco. Sabía que esto podía pasar en algún momento. Era consciente de cada riesgo que tomé. Todo lo que hice nunca fue por mí, fue por la posibilidad de un futuro pacífico para todos. Tal vez pierda mi lugar en la tribu y a mi padre. Pero si podemos parar esta guerra sin sentido, eso es más que suficiente para que me arriesgue.
–No perderás todo, Hicc. Todavía nos tendrás a nosotros, tus amigos. Somos como familia ¿O de verdad crees que puedes deshacerte de nosotros tan fácilmente?– bromeó.
El castaño dejó escapar una pequeña risa, causando que Dogsbreath sonriera. Hiccup sonaba mucho más animado, menos deprimido que ayer. No era su humor sarcástico habitual, pero era un buen progreso.
–Bueno…,– Hiccup fingió considerarlo un momento– ahora que lo pienso, la idea de que no vuelvas a molestarme nunca más con competencias infantiles suena bastante atractiva.
–¡Oh!– el cobrizo se puso una mano en el pecho fingiendo dolor, –es bastante agradable saber lo mucho que me aprecia mi mejor amigo.
Ambos adolescentes solo pudieron sostener su fachada seria por unos pocos segundos antes de estallar en carcajadas. Una serie de ruidos débiles pero persistentes causaron una pausa en la risa de los dos jóvenes. Hiccup adoptó rápidamente una mirada molesta y algo avergonzada, mientras la sonrisa en el rostro del cobrizo solo crecía y se volvía burlona.
–No… digas… nada– le exigió.
–No sé a qué te refieres, viejo– respondió de forma inocente. –Pero algo me dice que no rechazarás un buen plato de bacalao islandés, y tampoco Toothless.
Muchos kilómetros al norte, un gran grupo de dragones avanzaban en formación hacia Berk. Un grupo como este grupo era muy inusual para esa región, ya que no se trataba de una migración de reptiles salvajes. Cada dragón cargaba a una persona en su espalda. Y a juzgar por los emblemas en las sillas y en la ropa de sus jinetes, la silueta de un Stormcutter, solo podía tratarse de la Orden de los Protectores del Santuario.
En el frente de aquel grupo, la misma silueta enmascarada lideraba el camino. En unas pocas horas más llegarían al Cuartel General de la Legión Dragón, pero el tiempo y los dragones no avanzaban lo suficientemente rápido. 'Si fuera posible, ya hubiera estado allí desde ayer. O tal vez, deberíamos haber hecho una visita anticipada hace unos días para no tener que hacer todo este viaje. Quizás incluso habría podido evitar todo esto'.
'No. Basta'. Necesitaba tener calma y obligarse a ser paciente. Aún cuando desearía haber estado presente en el momento en que todo sucedió.
Aún cuando tenía el presentimiento de esto solo era el comienzo de algo mucho peor.
¿Qué les pareció?
Sí, se que este capítulo fue básicamente puro relleno, solo un par de cosas aquí pueden ser un poco importantes, pero no se preocupen. Toda la acción se compensará en los próximos capítulos.
Cambiando de tema, ¿alguien ya tiene una idea de quién puede ser este personaje misterioso? ¿O necesitan más pistas? Confío en que algunos ya se deben haber dado cuenta, el primer indicio se dio en el capítulo uno.
EN EL PRÓXIMO CAPÍTULO: Astrid se enfrentará por fin al Maestro Dragón. Hiccup está a punto de dar un paso peligroso. Y una sorpresa al final del duelo los dejará a todos conmocionados de nuevo.
Notas:
[1]. En la mitología nórdica, Mjölnir es el martillo del dios Thor y es descrito como una de las armas más temidas y poderosas en la mitología nórdica.
[2]. Esta bien, esta bien, esta nota no tiene nada que ver con mitología, pero es un punto que necesito aclarar. Considero que Spitelout no puede ser hermano de sangre de Stoick porque, dejando fuera que no se parecen en prácticamente nada, de forma lógica deberían compartir el mismo apellido si ese fuera el caso. Y aunque esta teoría es más probable, sinceramente tampoco lo veo como pariente de Valka, no, simplemente no. Así que opté porque su relación con los Haddock fuera que la esposa de Spitelout fuera hija del jefe anterior y hermana de Stoick.
[3]. Freya o Freyja es una de las diosas más famosas de la mitología nórdica y germánica. Generalmente es conocida como diosa del amor, la belleza y la fertilidad, pero lo que no todos saben es que esos no son sus únicos atributos como divinidad. Freya también era asociada con la guerra, la muerte, la magia, la profecía y la riqueza. Se le atribuía el origen del seidr, un tipo de magia a base de hechizos practicado en su mayoría por mujeres. Esto la convertía en la principal autoridad sobre la magia y fenómenos milagrosos. Y solo Odín rivalizaba con ella es ese campo.
Bueno, eso es todo. Intentaré actualizar el próximo jueves.
Hasta pronto.
