¡Lo logré! ¡Un capítulo en menos de una semana!

Todavía no sé cómo, pero lo terminé, aún cuando apenas terminé con los exámenes.

Intentaré repetir la hazaña para la próxima semana, pero todo depende de todo lo que me obliguen a hacer en la condena, perdón, digo, la escuela.

Y sí, me robé la idea para el título del capítulo de la serie de Dreamworks. Lo reconozco. ¿Y qué? Esto es fanfiction y no estoy diciendo que sea de mi autoría. Para eso tendría que trabajar en la empresa de animación o ser su dueña, cosa que no hago. Para mi mala suerte.


Capítulo 18 "En Dragones Confiamos"

–¡Oooh! ¡Entonces así fue cómo te convertiste en el mejor de la clase!– exclamó Tuff.

Cuando finalmente se había logrado parar el bombardeo de preguntas, el castaño empezó con las explicaciones. Mientras tanto, los dragones se retiraron de vuelta al establo común, con excepción de Cloudjumper. Hiccup les había contado a los otros cómo había conocido a Toothless, la forma en que lo había ayudado a volar de nuevo y que al final habían terminado convirtiéndose en amigos, además de las cosas que había aprendido sobre los dragones con él (con muchas intervenciones de Fishlegs sobre esos descubrimientos).

–¡Sabía que nadie podía volverse tan bueno en poco tiempo!– exclamó Snotlout.

–Así que hiciste trampa– declaró Astrid.

–¡¿Qué?! ¡No! ¡Solo tomé un camino más fácil! –protestó Hiccup. La rubia alzó una ceja y le lanzó una mirada escéptica. –Lo que… técnicamente es… en realidad… hacer trampa– admitió bajando la voz.

–Está bien. Lo que aún no logro entender es cómo ustedes dos– comentó Astrid haciéndole un gesto a él y a Dogsbreath –terminaron siendo amigos.

–¡Sí, creí que se odiaban!– exclamó Ruff.

–Nunca llegamos a odiarnos realmente. Simplemente no nos llevábamos bien– contestó con un encogimiento de hombros.

–Yo estaba comprobando que el heredero de Berk estuviera a la altura de su reputación en el entrenamiento– sonrió Dogsbreath, golpeando al castaño con el codo y lanzando una mirada burlona. –No pueden culparme por creer que esta espina de pescado no podría ser lo suficientemente valiente como para enfrentar un dragón, aunque su vida dependiera de ello. Todo me parecía una exageración, si no una farsa.

–¿Y cuándo cambió eso?– Astrid parecía genuinamente interesada en la historia.

–Creo que ya sabes las respuesta– dijo Hiccup cuando vio la comprensión en sus ojos.

–El viaje de pesca.

–Sí, y pueden estar seguros de que el primer día pasó como se lo imaginan– empezó a narrar el cobrizo animadamente. –En realidad, ahora que lo pienso, fue un verdadero milagro que el barco hubiera permanecido intacto al amanecer.

–Esa es la única explicación posible– comentó Fishlegs. –En ese momento, había una probabilidad del 85.79% de que, seguramente, algo explotara a bordo–, y ante la mirada de los gemelos se apresuró a aclarar– hablando metafóricamente.

–¡Ja! ¡Nosotros podríamos haber hecho que explotara de verdad!– exclamó triunfalmente Tuff, acompañado por otro grito de apoyo de su hermana.

–Considerando que ustedes pudieron hacer explotar un almacén entero usando solamente el pescado que estaba ahí y unos pocos huesos de pollo, nadie lo duda– coincidió Hiccup.

–Volviendo a la historia– continuó Dogsbreath, –al día siguiente todo siguió igual hasta casi el mediodía, cuando nos encontramos con un grupo de Thunderdrums que estaban cazando. Logramos esquivar la mayor parte, o bueno, yo hice casi todo el trabajo por que alguien, ya que no me gusta mencionar nombres– hizo un gesto hacia el castaño, –parecía encontrar más interesante observarlos que salvar su trasero de una muerte en las redes de Ran[1].

–¡Oye!– protestó cruzándose de brazos. –En mi defensa, nunca los había visto cazar desde tan cerca. Solo tenía curiosidad.

–¿Ah, sí? ¿Querías saber cuánto tiempo tardarían en irritarse contigo por espiarlos en su hora del almuerzo?– cuestionó levantando burlonamente una ceja.

–Ja, ja. Muy gracioso, Halvorson. Muy gracioso.

–Hiccup, sabes que es peligroso acercarse demasiado a los Thunderdrums cuando están de pesca– lo reprendió Valka.

–Y en ese momento no lo sabía– señaló.

–¡Por el martillo de Thor! Pueden regañar a Hiccup por ser estúpidamente curioso después– protestó el Jorgenson. –¿Qué pasó luego?

–Halvorson aquí, nos estrelló contra un escollo y prácticamente naufragamos en el islote frente a la playa Thor– terminó Hiccup. –Como buenos vikingos, empezamos a pelear, nos echamos la culpa el uno al otro y cada uno se fue por su lado. Luego de un rato, lo escuché gritar y a los pocos segundos apareció frente a mí corriendo por su vida como pollo sin cabeza. Detrás suyo había una hembra de Typhoomerang furiosa con el idiota que se había atrevido a acercarse a su nido, y terminó por arrastrarme con él.

–Y ahí está la venganza– suspiró el cobrizo.

–Logramos escapar de sus colmillos durante una media hora antes de que nos atrapara en unos barrancos. Antes de que pudiera convertirnos a ambos en cenizas, Toothless apareció completamente empapado y empezó a luchar contra ella. Durante la pelea, Dogsbreath se escapó y cuando la Typhoomerang se rindió conmigo, fue tras él.

–Hicc pudo haberme dejado a mi suerte con el dragón, y para ser honesto– admitió el cobrizo, –me lo merecía un poco, nunca fui muy agradable con él. Pero regresó y me salvó la vida. Después de la impresión de ver a mi pequeño rival sobre la descendencia maldita del rayo y la muerte misma, acepté escucharlo, aunque en realidad no tenía muchas opciones con el dragón más mortal que conocíamos vigilándome atentamente.

–Rescatamos el bote y nuestras provisiones con la ayuda de Toothless, y me lo explicó todo durante la cena. Sobre su mejor amigo Night Fury, sobre lo que aprendió de los dragones, sobre la verdad tras las incursiones, todo. Cualquier rastro de duda se fue cuando vi el vínculo que ambos compartían. Después de escucharlo, decidí que también montaría un dragón y lo ayudaría a terminar con la guerra. Y para que lo sepan, ese fue el momento en que la idea de un ejército de jinetes de dragón apareció, y fue mía.

–Me conmueve tu enorme humildad, Dogs– resopló el castaño alzando una ceja.

–Oh, ya me conoces, no hay nadie tan humilde como yo– contestó con una sonrisa arrogante. –A la mañana siguiente, fue cuando encontré a Burnwing, y el resto de nuestro tiempo allí, Hicc nos ayudó a reforzar nuestro vínculo. Aunque nos hicimos amigos, acordamos aparentar una rivalidad para evitar las sospechas sobre nuestros planes a nuestro regreso a la aldea.

–Bastante ingenioso, lo admito– suspiró Astrid.

–¿Y tú cómo te involucraste Fish?– preguntó Tuff.

–Ay, ¿por qué Odín?– murmuró el rubio un par de tonos más rojo.

–¡Oh, amarán totalmente esa historia!– rio el cobrizo. –Fue el reclutamiento más divertido que hayamos hecho.

–Fue unos cinco meses después de Snoggletog, hace más de dos años– empezó el castaño. –Ya teníamos algunos aliados en las otras tribus, pero necesitábamos alguien de inteligencia que supiera sobre dragones y con una mente lo suficientemente abierta para ayudar en nuestros planes. Fishlegs era el vikingo para el trabajo, pero había que convencerlo primero.

–Así que lo secuestramos– dijo Dogsbreath aún con una enorme sonrisa.

–Hiccup me convenció de ir al bosque a estudiar dragones– por fin habló el rubio– y cuando llegamos hasta el extremo sur de la isla, nos separamos para "cubrir más terreno".

–Entonces Burnwing y yo aparecimos para llevarlo en un tour privado hasta dónde estarían esperando Hicc y los otros– siguió Dogsbreath. –Aunque yo disfruté hacer el trabajo, creo que Burnwing todavía no te perdona por casi romper sus tímpanos, Fish. Y ten en cuenta que este aburrido– señaló al castaño –nos prohibió mostrarte algunos trucos divertidos.

Aún con la cara roja y tratando de ignorar las risas de los gemelos Thorston, Fishlegs continuó. –Después del… uh, viaje, y la… sorpresa…

–Susto, en realidad– interrumpió el cobrizo.

–… de encontrar a Hiccup junto a algunos jinetes de dragones, él me contó que todo este tiempo habían estado trabajando para detener las incursiones de dragones y que necesitaban mi ayuda. Aunque la idea de terminar con las incursiones era bastante atractiva, no fue sino hasta después de que me presentaron a Meatlug que acepté trabajar con ellos, y aquí estoy– terminó encogiéndose de hombros.

–Espera, espera. ¿Entraste en pánico por unos pocos jinetes de dragón y un simple vuelo, Fishface?– resopló el azabache. –¡Ja! ¡Sabía que eras un cobarde!

–Si no recuerdo mal, Snotlout– contraatacó Astrid, –fue tu grito el que nos delató en la cala solo porque te encontraste un dragón a nuestras espaldas.

–Eh… es-estaba muy oscuro… y nunca me asusté. Eso… eso fue… ¡Un grito de guerra! ¡Sí! ¡Fue un reflejo de guerrero!– se excusó.

–Pues fue el "grito de guerra" más cobarde y aterrorizado que jamás haya escuchado en un guerrero– se rió Dogsbreath, ganándose una mirada de muerte de parte del Jorgerson.

Ruffnut alzó la mano y la agitó para llamar la atención. –Aún no explicas cómo fue que tu madre nunca terminó como cena de dragón.

–¡Ruff!– siseó Astrid mientras le dio a Valka una mirada de disculpa.

–No te preocupes, está bien– la tranquilizó ella. –No sabían que en realidad estuve viva todo este tiempo.

–En realidad, no lo descubrí hasta hace casi un año, antes de la renovación del tratado con los Berseker– empezó el castaño. –Habíamos escuchado de un pequeño grupo de cazadores que recogerían un cargamento de dragones recién atrapados y esa vez dirigí el escuadrón hasta ahí para liberarlos. Desafortunadamente, no eran solo un par de barcos, sino casi una flota completa. Aún con las precauciones habituales, nos descubrieron por accidente y reaccionaron. Fue una gran coincidencia que ella y la Orden de los Protectores decidieran pasar por ahí en ese momento.

–Logramos ayudarlos a escapar con todos los dragones– continuó Valka. –Pero a pesar de que tuvimos la seguridad de la noche para protegernos, muchos terminaron sufrieron heridas– dijo mientras colocaba un brazo sobre su hijo. –No podíamos atenderlos en un lugar tan expuesto, los cazadores podrían enviar algunos barcos para buscarnos, y tampoco sería sensato hacer el viaje de regreso en ese estado. Por suerte, conocía un lugar seguro no muy lejos para que descansaran y atendieran a los heridos hasta que pudieran volver de forma segura a Berk. El nido del Alfa.

–¿El nido del Alfa? ¿Entonces hay más de un nido de dragones?– preguntó Ruff.

–Muchos más de los que crees– sonrió el cobrizo.

–Los dragones son criaturas sociables por naturaleza, es por eso que viven en colonias– intervino emocionado Fishlegs. –Hasta el momento tenemos ubicados 17 nidos mixtos de buen tamaño y 8 más de una sola especie dentro de los límites del Archipiélago Bárbaro.

–Todos los nidos tienen una reina a la que siguen y obedecen, pero el nido del Alfa es el más importante, se trata del hogar del rey de todos los dragones. Ahí es donde estuve todos estos años. Ninguna reina tiene poder sobre la autoridad del Alfa y todas las demás especies le deben respeto y obediencia– explicó Valka. En ese momento una cría de Terror salió de la nada y se enroscó sobre los hombros de la mujer para tomar una siesta. –Bueno– rió mientras arrullaba al pequeño dragón –excepto por las crías, ellas no obedecen a nadie.

–¿Entonces funcionan como una especie de colmena gigante?– sugirió Astrid.

–Exacto– asintió Hiccup. –Pero no todos los nidos son tan… uh, pacíficos, por así decirlo. La reina del nido cerca de Berk es un Giganticus Maximus Acuaticus, también conocido como la mítica Red Death– su tono se oscureció visiblemente ante su mención.

–¡Por favor!– lo interrumpió Snotlout con un bufido. –No hay forma de que creamos eso. Todos saben que ese dragón es solo un cuento para asustar a los niños–. Su rostro no era el único que se mostraba escéptico en creerlo.

–Me temo que es más que solo un cuento, jóvenes– suspiró Valka. –Y ese dragón no es la única especie en ser más que un mito. A diferencia de otras especies, la Red Death utiliza a los habitantes de su nido para su propio beneficio. Es un parásito gigante que controla con un llamado especial a los dragones más pequeños para llevarle comida o convertirse en la cena. Ella es la razón por la que nos han atacado estos 300 años, para salvar su vida.

–Si logramos acabar con el reinado de ese monstruo, nunca más habría redadas que combatir, no habría más muertes innecesarias– continuó serio el castaño. –Les demostraríamos a las tribus que en realidad ellos son inocentes. Podríamos vivir en paz finalmente, sin necesidad de luchar nunca más con los dragones. Eso es por lo que hicimos todo esto. Por un futuro mejor de lo que es el ahora.

Astrid compartió una mirada con Snotlout y los gemelos antes de hablar. –Los ayudaremos– declaró firmemente la doncella escudo.

–¡Sí! ¡Liberaremos a Berk de esa tiránica reina dragón!– aseguró Tuffnut.

–No creo que sea buena idea, esto es muy arriesgado. Si alguien los llega a descubrir, serían acusados de traición y desterrados de Berk, igual que yo, o tal vez algo peor– se negó el castaño. –Lo perderían todo, Astrid.

Astrid adoptó una mirada decidida. –Hiccup, soy una doncella escudo, y la General de Defensa de Berk. Juré hacer todo lo que estuviera en mi mano para proteger a mi tribu. Ahora que sé cómo puedes terminar con la guerra contra los dragones, no me quedaré cruzada de brazos. Voy a ayudar.

–¿Es que no te das cuenta de lo que dices?– intentó razonar. –Tendrían que unirse a un dragón, crear un vínculo y formar una amistad, algo que no se puede deshacer. No solo sería ir en contra de todo lo que nos enseñaron a seguir como vikingos, es cambiar completamente la forma de pensar. Que pelear contra los dragones está mal. ¿Cómo podrían vivir normalmente en Berk después de eso? ¿Cargando con un secreto así? ¿Vigilando cada uno de sus movimientos para no delatarse? Créanme chicos, ya pasé por eso, y no es fácil.

–Lograste convencernos a nosotros y a toda esta gente de que aliarse con los dragones no es algo malo, Hiccup– dijo con seguridad. –Si hay aunque sea una pequeña oportunidad de que Berk haga la paz con los dragones en algún futuro, aún si tengo que arriesgarme a ir contra la ley vikinga, es suficiente para que la tome.

–Es su decisión, hijo– le recordó Valka. –Si es lo que quieren, no puedes impedirles que se involucren también.

–¿Están completamente seguros de que quieren arriesgarse a esto?– preguntó Hiccup. Si no iban a retroceder, al menos tendría que asegurarse totalmente de su decisión ante lo que estaban a punto de meterse.

–Amigo, la traición nunca ha sonado tan peligrosamente atractiva como ahora– sonrió maliciosamente Ruffnut.

–Somos vikingos– declaró su primo agitando la mano en su habitual gesto arrogante, –los peligros y riesgos de muerte son parte de nosotros.

'Y la terquedad inamovible también' agregó mentalmente el castaño. Sintió el peso de las miradas expectantes de todos antes de suspirar con una sonrisa resignada: –Bueno, supongo que esta es la parte en la que les doy la bienvenida al entrenamiento.


¡Ooooh! ¡Nuevos reclutas y empieza el entrenamiento! ¡Ya se viene lo bueno!

Tengo varias ideas en mente para los próximos capítulos, algunas escenas divertidas mientras los nuevos jinetes aprenden a montar dragones, y también van a aparecer los miembros del Consejo de guerra de la Legión, entre otras cosas.

Y para esas pacientes almas que llevan mucho esperando por los momentos de nuestra pareja favorita, ya tengo pensadas varias escenas para compensarlos. Solo necesitaba resolver todo esto primero para darles algo de tiempo a ese par *guiño, guiño*. No quiero hacer las cosas tan apresuradas, como en la película.

Y, eso es todo por ahora, pero me gustaría saber qué piensan. Gracias por tomarse el tiempo de leer y espero sus comentarios, dudas, críticas, ideas, aportaciones, etc, todo al 01 800…

Ok, es broma. Cualquier cosa, para eso está aquí está abajo la bandeja de comentarios.

Notas:

[1]. En la mitología nórdica, Ran es una diosa marina que pesca a los ahogados en su red y se los llevaba a su morada, en contraposición al Valhalla y Niflheim. Ella es la soberana de reino de los que murieron ahogados y residen con ella en el fondo del mar. Mientras que su esposo Ægir representa los aspectos más agradables del mar, ella representa su lado más oscuro, el traidor y ladrón. Muchos vikingos se aseguraban de llevar una pieza de oro al embarcar; en caso de naufragio, se la entregaban a Ran para que no fuera muy cruel con ellos. (Y en su lugar, yo tampoco habría querido eso. En la mitología, nunca sale nada bueno de enfadar a una divinidad.)

¡Hasta la próxima y nos vemos!