¡HE VUELTO FF!
Antes que nada, sí, se que en la última actualización hace dos meses casi (dije casi) prometí una semana, peeeero… en ese momento olvidé la existencia de un pequeñito, chiquitito, minúsculo e insignificante detallito.
LA UNIVERSIDAD.
Así que he estado haciendo malabares con las admisiones a la facultad y terminar la escuela preparatoria y, desafortunadamente para mí, la masa de carne a la que llamo cerebro no quería cooperar cuando me hacía el tiempo para escribir. Aaaaaah, pero cuando estaba hasta el tope de trabajo, decidía resolver el diálogo que se había quedado a la mitad y me cortaba todo cuando finalmente tenía tiempo libre. Además google no me permitía acceder al sitio para al menos subir el nuevo capítulo y tuve que usar otro navegador.
En fin. Ahora que ya me desahogué, volvamos a dónde quedó la última vez.
Capítulo 19 "Algo más"
El vuelo de regreso a Berk fue bastante menos tenso para Astrid, ahora que tenía completo conocimiento de todo lo que estaba pasando. Sin embargo, eso no hacía mucho para eliminar el silencio incómodo que se había instalado entre los dos pasajeros del Night Fury, quienes después de ese día ya no estaban muy seguros de cómo actuar ahora el uno con el otro, ya que aún en circunstancias normales no pasaban de ser más que conocidos. Afortunadamente para ambos, la conversación que mantenían el resto de los chicos allá atrás sobre sus nuevos dragones fue suficiente para reducir la tensión.
–Obviamente un dragón tan increíble como el mío debe tener un nombre a mi altura– proclamó Snotlout. El nerviosismo de su primer vuelo había desaparecido, o es lo que intentaba demostrar.
–Hay muy pocas cosas que tienen tu altura, enano– rió Tuffnut.
–Tal vez debería probar en Svartálfheim[1]– sonrió Dogsbreath. –Estoy seguro de que los dragones ahí se ajustarán a perfectamente a él.
–¡¿Qué se supone que significa eso?!
–Que un Nightmare de Midgard difícilmente podría tener un nombre a la altura de alguien tan grande como tú, Jorgenson– se burló el cobrizo.
Sí, el Jorgenson más joven tenía un pequeño complejo por su estatura que los gemelos (generalmente Tuff y a veces Dogsbreath) siempre estaban dispuestos a usar para molestarlo cada vez que podían.
Después de un rato más lleno de bromas y algunos reclamos más por parte de Snotlout, la cala apareció frente a ellos en la isla principal y el Night Fury se separó del grupo para aterrizar dentro.
–¿Y los otros?– cuestionó la rubia cuando los otros dos dragones empezaron a descender afuera de la cala.
–Bueno… Meatlug prefiere dormir cerca del acantilado por sus hábitos alimenticios. Y aunque se lleven bien, Burnwing y Toothless son algo… territoriales con sus lugares para dormir– explicó el castaño mientras ambos descendían del dragón azabache. A lo que la rubia simplemente respondió con un –Oh.
–Sería bueno que empezaras a pensar en un nombre para tu dragona, también– dijo Hiccup cuando el silencio se volvió más incómodo. 'Sí, gran tema de conversación Haddock'. –Ayuda a… reforzar el vínculo, ¿sabes?
–Está bien, pensaré en algo para mañana–. El puño de Astrid golpeó su hombro con fuerza: –Eso es por secuestrarme.
–Si, lo sentimos por eso–. Hiccup frotó su mano contra su cuello mientras miraba a Toothless mover la cabeza en forma negativa como si dijera: "No hables por mí, humano, ella se lo merecía". –Oh, bueno, al menos yo.
La rubia se apartó algunos mechones del rostro, dudando de qué hacer a continuación. Antes de que siquiera se dieran cuenta de lo que pasaba, Astrid lo tomó por el cuello de su túnica, mientras Hiccup se preparaba para recibir lo que parecía otro golpe, solo para ser sorprendido con un casto beso en la mejilla. Tan rápido como pasó, ella se alejó jugueteando con la punta de su trenza. –Y eso es… por todo lo demás.
–¡Ejem!– tosió una voz. Ambos rostros sonrojados se giraron hacia la fuente del sonido para encontrar a Ruffnut algunos metros más allá esbozando una sonrisa pícara. ¿Cuánto tiempo llevaba allí?
–Oye, Astrid, iba a avisarte que encontré tu hacha y que los chicos ya se fueron– dijo burlona mientras sacudía frente a ellos el arma en su mano, –pero ya no sé si te interese, creo que estoy interrumpiendo algo muy…
–¡Cállate, Ruff!– gruñó la doncella escudo mientras le arrancaba su hacha de las manos.
Hiccup solo empezó a caminar torpemente hacia su dragón para tratar de disimular su nerviosismo. –Yo… creo que será mejor que me vaya ahora–, Toothless se le quedó viendo divertido mientras el castaño se acercaba a él para subir a la silla. –¿Y tú qué estás viendo?– susurró a la defensiva, antes de emprender el vuelo de regreso.
Las dos rubias observaron al Night Fury reunirse con el Nightmare y desaparecer en la noche de regreso al Cuartel. Ruffnut con una mirada cómplice en el rostro por lo que acababa de observar, y Astrid negándose a encontrarse con la mirada de su amiga para disimular sus mejillas color carmín y no hundirse más en la embarazosa situación.
–Oye, Ast… me preguntaba…– empezó la gemela con una sonrisa malévola que pasó desapercibida para la doncella escudo.
–¿Qué? Te advierto que no responderé nada que tenga algo que ver con lo que pasó aquí– intentó mantener su voz con su mismo tono rudo de siempre, aún sin voltear a verla.
–No es nada de esto, te lo aseguro– declaró despreocupada mientras se deslizaba lentamente hacia la salida de la cala. –Es solo que cuando estabas volando en Toothless, muy aferrada a Hiccup debo decir, …–el rubor en el rostro de Astrid se transformó rápidamente en una marcada palidez mientras su pulso se aceleraba– ¿acaso tu… lograste… sentir algo…?
–¡Por todos los dioses, Ruff! ¡Su torso era lo único de lo que podía sostenerme para no caer! ¡Y-y esa maldita armadura es más delgada de lo que parecía! ¡¿Cómo no iba a notar que ya no es una espina de pescado escuálida debajo de ella?!–soltó rápidamente con el rostro completo ardiendo en llamas.
–En realidad iba a preguntarte si sentiste algo de miedo montando al dragón más peligroso que conocemos junto a él– su sonrisa pícara solo creció más. –Pero, Astrid. ¡Quién diría que tenías una mente así de perversa, chica traviesa!
Tan pronto como esas palabras salieron de su boca, Ruffnut empezó a correr directamente a la salida tan rápido como los rayos del dios Thor. Astrid, con sus traicioneros nervios aún a flor de piel, tardó unos segundos para procesar lo que acababa de decir y lanzarse en persecución de la otra rubia con sed de sangre.
–¡RUFFNUT THORSTON! ¡Ahora sí te voy a matar, maldita hija de medio troll[2]!
Después de perseguir a la mitad femenina de los hermanos Thorston por un gran tramo del bosque y no lograr pescarla gracias a todas las vueltas que tomaron, la doncella escudo finalmente se rindió y decidió posponer el asesinato de Ruffnut hasta la mañana siguiente para ir a descansar.
El peso del día empezaba a pasarle factura con cada paso hacia su casa, pero su mente no podía estar más activa. Y no, sus pensamientos no eran sobre el entrenamiento para montar dragones o algún plan para evitar que descubrieran su incorporación a los jinetes de dragones, como lo haría un guerrero que se respete, claro que no. Su cabeza se negaba a pensar en otra cosa que no fuera en el chico de cabello castaño y '¡Oh, Freya, oh, Freya! ¡¿En qué Hel estaba pensando?!'
Y en ese estado fue que entró la rubia por la puerta, lista para arrojar su hacha y simplemente dormir para escapar de sus propios pensamientos. Solo para encontrarse con sus padres frente a la chimenea, que al parecer la estaban esperando con un aire más apagado que de costumbre. Lo que presagiaba algo para nada bueno, teniendo en cuenta que una de las últimas veces que lo habían hecho, ella había terminado comprometida para casarse, en contra de sus deseos.
–¿Pasó… pasó algo en la reunión de la aldea, padre?– preguntó tentativamente la rubia.
–Nada que no me esperara, Astrid– suspiró su Agnar. –Mientras todo esto dure, está prohibido dañar o perseguir a esos jinetes y cualquier dragón de la isla, para evitar alguna represalia. Se revisarán todos los barcos que lleguen al muelle…
–Para aumentar la seguridad y evitar espías.
–Exacto. Y cuando todo esto termine– continuó su padre –Berk pondrá una recompensa por la captura de sus líderes.
–¿Captura?– Astrid repitió algo sorprendida.
–Como los primeros afectados por sus acciones, debemos tomar medidas o las otras tribus nos pueden considerar débiles. Eso lo sabes, Astrid.
–Tan pronto como las otras tribus se enteren de que hay vikingos entre los jinetes de dragones se pondrán frenéticos– explicó su madre. –Hay quienes empiezan a sospechar que pueden haber más de nosotros en su bando.
Sí, todo eso lo sabía muy bien la rubia, tenía que pasar tarde o temprano. Pero después de visitar el Cuartel de los jinetes, no se lo esperaba tan pronto. Y hacía que las palabras de Hiccup sobre los riesgos que representaba seguirlos, fueran un poco más reales. Especialmente si algunos empezaban a sospechar de que hubiera más vikingos entre los jinetes de dragones.
–Stoick tomó la mejor decisión que pudo, con su propio hijo siendo el que lo comenzó todo. Pero dudo que los otros jefes sean tan benévolos.
–¿Por qué?– la rubia se acercó a la chimenea, tratando de parecer tranquila, para avivar el fuego. –Serán declarados como criminales buscados, y aún sin contar con que durante meses los Outcast se hayan detenido misteriosamente, hay muchos otros grupos criminales en el Archipiélago. Nunca les han puesto una atención especial, ¿por qué habrían de hacerlo ahora?
–Esto es diferente, Astrid– dijo Agnar. –El tipo de traición que Hiccup ha cometido es contra nuestras creencias y a todo lo que representamos como vikingos. Ellos no lo contarán como algo pequeño. Stoick pondrá solo una recompensa por el encarcelamiento de los cabecillas porque sé que en el fondo aún lo considera su hijo, pero… ese no será el caso de los otros jefes vikingos.
–Quieres decir que…
–Qué de ser capturados, especialmente Hiccup–, suspiró pesadamente su padre –es casi seguro que la sentencia que dictarán… será la muerte.
El atizador en sus manos resbaló y cayó al suelo con un estrépito. Con la respiración agitada, Astrid se apresuró a recogerlo para luego girarse hacia su padre. Agnar tenía la mirada perdida mientras seguía hablando: –Hiccup es un muchacho muy inteligente, no estará en riesgo de ser atrapado, al menos durante algunos años más. Y… sería lo mejor. Stoick no resistiría mucho tiempo si algo le pasara a él.
El patriarca Hofferson se levantó de su silla y empezó a caminar hacia la puerta de su habitación. –Es una verdadera pena que el chico haya escogido esto. Habría sido un gran jefe… y el mejor yerno que pudiera haber pedido.
Después de que Agnar desapareciera por la puerta cerca de las escaleras, la sala se sumió en el silencio, interrumpido solamente por el crepitar del fuego. Lentamente, la doncella escudo colocó el atizador en su lugar con una mano algo temblorosa y se sentó en el sillón más cercano a ella. Eyra, que la había estado observando atentamente durante todo el intercambio, se acercó a ella para sentarse a su lado.
–Astrid, hija, ¿pasa algo?
–Yo… no, estoy… estoy bien… creo.
–Lo sé. Siempre es difícil imaginar que alguien que conoces pueda morir– dijo su madre. –Alguien que te importa.
–Somos vikingos, luchamos contra dragones desde hace siglos, se supone que estamos en constante peligro de morir de forma habitual– Astrid se encogió de hombros levemente con la mirada gacha. –No tendría que afectarme tanto… ¿verdad?
–No, las cosas no funcionan así. Es lo más natural del mundo cuando te preocupas por alguien, sentir ese vacío en el corazón. Somos vikingos, sí, pero no somos de piedra. Todos pasamos por eso, no importa si lo ocultas o lo niegas–, su madre sonrió a sabiendas– es algo que no puedes evitar.
–Pero un guerrero debe de ser fuerte y no dejar que sus emociones dirijan lo que hace– protestó débilmente con el ceño fruncido.
–Sí, pero la verdadera fuerza de un guerrero no proviene de la capacidad física, sino de su corazón– Eyra tomó suavemente sus manos entre las suyas. –Deja de encerrar tus emociones, muchacha. Te ayudará con lo que debes hacer.
–Yo… no sé cómo hacerlo– murmuró Astrid.
–Empieza por aceptar lo que sientes y lo demás solo vendrá– y con un beso en la frente, su madre la mandó a su habitación.
Esa noche, Astrid no pudo dormir. En su cabeza se repetían constantemente las palabras de su madre. Y no importa cuánto lo negara verbalmente, sabía que ella tenía un punto. La sola idea de que Hiccup fuera sentenciado a muerte le producía una opresión en el pecho mucho peor que cuando creían que él era un prisionero. Definitivamente, ella se preocupaba por él.
Por el amor de Thor. Ella se preocupaba por él.
Era insólito. Ella, Astrid Hofferson, por primera vez tenía interés por alguien fuera de su familia. Y ese alguien no solo era un chico, sino que también podría convertirse en uno de los criminales más buscados del Archipiélago Bárbaro y, por si fuera poco, al unirse ella y los chicos a la Legión Dragón, técnicamente ahora él era su superior.
Era bastante curioso, y hasta un poco raro, como había terminado esta situación. Ella nunca había sido quien se interesara por alguien alejado a ella, que terminaba convirtiéndose en un imposible. Ella nunca era la que se interesaba y punto. Siempre había estado concentrada en ser la mejor guerrera de Berk y en devolver el honor a su familia para tener que preocuparse por relaciones y sentimientos. Y de todas formas, sus padres ya habían firmado su destino como la futura esposa del heredero de la tribu. No había más que discutir.
Pero desde hace varios meses atrás, Astrid se había sorprendido pensando cada vez más en él. Lo notaba cuando terminaba su trabajo de la forja, terminaba paseando por los acantilados cuando él partía a sus misteriosos viajes, se encontraba añorando su tímida sonrisa cuando él estaba cerca. Simplemente no podía evitarlo aunque quisiera. Había algo más en ella que la incitaba a todo eso.
No sabía muy bien lo que era, porque jamás había experimentado algo así, ni siquiera podía decidir si ese algo era agradable o no. Pero, podría ser que la respuesta había estado frente a ella todo el tiempo.
Tal vez, su madre y Ruffnut tenían razón.
Tal vez, en el fondo, sí le gustaba Hiccup.
Y tal vez, solo tal vez, eso no era algo tan malo después de todo.
¿Y qué les pareció? ¿Valió la pena la espera?
Por favor digan que sí, porque juro que este capítulo me dio unos cuantos dolores de cabeza al escribir. Y fue lo mejor que pude hacer.
Por cierto, me encantó como terminó colándose Ruffnut en la escena de la cala. Quería darle un poco de originalidad allí. Además, es divertido cuando Hiccstrid termina en una situación incómoda. ¿Y quién como uno de los gemelos Thorston para darles una ayuda con eso?
De todas formas, espero sus reseñas, aportaciones y consejos en la bandeja de abajo.
[1]. Svartálfheim (o también Niðavellir) según la mitología nórdica, era uno de los nueve mundos de que se componía el cosmos. Aunque se dice que en él habitaban los elfos oscuros, también denominados como Svartalfar, es muy posible que los enanos nórdicos procedan de ese reino en particular.
[2]. Un troll es un temible miembro de una mítica raza antropomorfa del folclore nórdico. Su papel en los mitos cambia desde gigantes diabólicos —similares a los ogros de los cuentos de hadas ingleses— hasta taimados salvajes más parecidos a hombres que viven bajo tierra en colinas o montículos, inclinados al robo y el rapto de humanos.
Y con eso, hasta aquí mi reporte, estimados lectores.
