Sí, como pueden ver por milagro del cielo, no he vuelto a desaparecer meses. Pueden agradecerle a las vacaciones de semana santa y al congreso que tuvimos en la facultad por eso, hasta ahora solo he tenido que entregar dos tareas. En estos pocos días libres tengo como propósito escribir un poco más del siguiente capítulo (porque ya se me acabaron los terminados) y adelantar para las entregas finales del semestre. No quiero más estrés, tampoco quiero otra visita al médico por problemas de estrés, ¡yo solo quiero PAZ!

En fin, como tema aparte, dato de esta historia: "La Legión Dragón" acaba de superar la longitud que había esperado que tuviera. Cuando la empecé, pensé "No es un plazo de «tiempo» demasiado largo, la trama no me parece tan complicada. De seguro esto no va a pasar de los veintitantos capítulos". Jaja.

¡MENTIRA!

Esto ya lleva 25 capítulos, ¡y hasta ahora va poco más de la mitad de la historia! En adelante, hasta que no tenga suficiente experiencia escribiendo, no volveré a ponerme este tipo de expectativas. Y probablemente sea mejor que me vaya haciendo a la idea de que esto terminará cerca de las 100k palabras. (-_-)


Capítulo 25 "De Amor y Esperanza, de Desengaños e Ilusiones Rotas"

Mani terminó con su curso en el cielo y muy pronto, la claridad previa al amanecer de un nuevo día ya estaba en el cielo otra vez, mientras un solitario dragón con su jinete sobrevolaba el muro de roca que emergía desde el mar. El bullicio habitual del Cuartel solo era cada vez mayor, incluso la noche anterior no cesó por completo. Pero ni siquiera eso logró distraer sus pensamientos.

Ya eran dos días.

Dos días en los que Berk había estado al alcance de un corto vuelo, y a la vez parecía estar tan lejos como lo había estado en los últimos años. No entendió porqué de repente le parecía así. Ya se había quedado en el Cuartel antes, algunas veces durante casi una semana y esto nunca antes había pasado.

Pero ahora era diferente. Esta vez era muy diferente.

Finalmente decidió dejarse llevar por el impulso y dirigió a su dragón en dirección a Berk. Aún cuando la claridad y la altura permitía que su dragón fácilmente fuera pasado por alto por algún vikingo demasiado madrugador, decidió irse a lo seguro y volar entre las nubes para cubrirlos a ambos. Y muy pronto la aldea al pie del Pico de Odín apareció al frente.

Todo era como Valka lo recordaba, a pesar de que el número de casas era mayor o que había reformas en la plaza, la esencia del lugar seguía siendo la misma. Seguía siendo el Berk la vio crecer y conocer en Hiccup y su esposo lo que era la felicidad.

Mantuvo a Cloudjumper volando contra la montaña para que nadie pudiera verlos. Era la primera vez en dieciocho largos años que había tenido el suficiente coraje para volver, aunque sea a mirar de lejos. Sus ojos recorrieron los caminos y se sorprendió de que podía recordar incluso a quién pertenecía cada casa cuando se fue, el carpintero Leif, la herrería de Gobber, la panadería de los Larson, todo lo que había conocido hace casi vida. La nostalgia siguió llegando a ella en un nivel constante junto con la brisa matutina, al menos hasta que su mirada aterrizó en la casa del jefe, justo por debajo de su dragón.

En el momento en que fijó su atención en el techo de madera, se le apretó la garganta y dentro de ella una tempestad de emociones se desató. Todo lo que había estado guardando todo este tiempo pareció salir a la misma vez hacia la superficie.

Un lado tenía traición, furia, resentimiento y decepción dirigido a una sola persona. Las palabras del mejor amigo de su hijo volvieron a resonar con fuerza en sus oídos. "Él lo repudió. Stoick lo desterró de Berk".

Y sólo podía preguntarse ¿cómo? ¿Cómo pudo Stoick, el propio padre de su hijo, del heredero que tanto había soñado, desterrar a su Hiccup? ¿Cómo había sido capaz de romper la promesa que le hizo al nacer de nunca abandonarlo? Lo más doloroso, además del hecho de que su esposo le diera la espalda a su hijo, es que ese Stoick que había sido capaz de hacerlo no había sido el mismo hombre bueno que la enamoró y se casó con ella. Ese no había sido el Stoick que había conocido, o el que ella creyó conocer. Y ese golpe había sido de los más duros para Valka.

Detrás de todo eso, también había tristeza por recordar lo felices que ellos tres habían sido en el pasado, el peso de la ausencia por el paso de tantos años lejos de su hogar, nostalgia por el anhelo de que esos días volvieran en lugar del oscuro presente que ahora vivían. Pero por sobre todo, había dolor y resignación por la realidad de su futuro, porque sabía lo probable que era que nunca pudieran volver a ser la misma familia que una vez fueron en un principio.

Porque seguramente, ya estaban en un punto de no retorno para ellos. Porque de tener que elegir ahora, Valka sabía que elegiría a su hijo y lo que ambos creían que era correcto, aunque eso solo terminara de romper su lazo con el amor de su vida, para siempre.

El peso de todo lo que había pasado en los últimos días finalmente se volvió insoportable y cuando las lágrimas empezaron a fluir libremente llevadas por el viento, ni siquiera se molestó en limpiarlas. Una vieja melodía de esos felices días seguía rondando su memoria, una que alguna vez cantó con Stoick y que casi nunca se había atrevido a cantar de nuevo. Con el corazón partido, Valka empezó a tararear esa antigua canción de amor, con la esperanza de que sus tiernas palabras ahogaran el dolor dentro de ella.

—Por bravo mar navegaré,
ahogarme yo no temo.
Y alegre sortearé la tempestad,
si conmigo te casas.

Valka recordó con tristeza la primera vez que ambos la habían cantado después de descubrir el amor que los unía, cuando pronunciaron esos versos como si fueran en realidad sus propias palabras en las que se juraban su amor sincero. Lo que daría por vivir ese recuerdo una última vez más.

—Con tus abrazos y tu amor,
en las danzas y los sueños,
a través de toda pena y alegría,
conmigo llevaré tu amor.

Las alegres notas que en su juventud pronunció latentes de alegría y esperanza, ahora solo cargaban con el mismo sentimiento que se arremolinaba en su corazón. Y el nombre del esposo que no había visto en años pero que siempre recordó con amor salió lastimosamente por sus labios.

—Oh, Stoick— susurró al viento. —¿Por qué las cosas debían ser así?


La tarde casi terminaba e Hiccup estaba subiendo por la colina hasta la casa del jefe en la cima. Su espalda estaba cansada, los brazos y piernas no los tenía en mejor estado. Había pasado casi toda la tarde acarreando pedazos deformes de metal con Gobber desde la arena de entrenamiento a la herrería para empezar a repararla. Y estaba completamente agotado.

Una columna de humo sobresalía de la chimenea en el techo, anunciando que el jefe de Berk ya se encontraba en casa. Hiccup soltó un suspiro cansado al notarlo. Sinceramente había esperado que los problemas con la aldea lo mantendrían lejos hasta más tarde, cuando ya se habría escapado a la cama después de cenar y podría fingir otra vez que estaba dormido. No quería tener esa charla pendiente con su padre.

En realidad, no quería volver a enfrentarse a él después de lo había hecho anoche. Punto.

Con desgana, empujó la puerta para entrar. Stoick estaba terminando de echar un puñado de lo que parecían ser pedazos de col en la olla sobre el fuego. Decidiendo que intentar escabullirse no serviría, dirigió sus pies a la mesa junto a su padre.

—Hola, papá. ¿Cómo estuvo tu día?— preguntó un poco incómodo el castaño mientras se desplomaba sobre su asiento.

—Largo. Las ovejas de Sven volvieron a escapar— suspiró sin levantar la vista de su labor. —¿Podrías poner la mesa? Esto estará listo dentro de poco.

El castaño tomó dos cuencos y dos cubiertos de la alacena. Los colocó en la mesa y se sentó en su lugar habitual mientras Stoick terminaba de cortar un par de verduras más. Se contentó con mirar bailar las llamas bajo la olla, rezando porque no se acordara de la temida charla.

—Hiccup, tenemos que hablar— lo llamó su padre cuando terminó de colocar ingredientes a la sopa. Hiccup reprimió un escalofrío. 'Odín, ¿por qué?' Stoick se sentó un poco más serio que antes en su enorme silla, con una mirada que le sugería que ninguna excusa lo ayudaría a zafarse de nuevo.

—¿Sí, papá?—intentó no sonar tan nervioso como se sentía. No, él no podía saberlo. No había manera. ¡Toothless era prácticamente invisible de noche!

—Hay algo que quería que supieras desde ayer, pero no pude encontrarte despierto y en la mañana no encontré el modo, así que te lo contaré ahora. No hay forma fácil de decirlo, pero creo que ya era tiempo de que lo supieras— habló un poco incómodo..

—¿Sí?—. El castaño trató de no relajarse demasiado. Por supuesto, su padre no sabía que él había sido quien liberó a los dragones y que escondía un Night Fury en el bosque. Pero eso no significaba que no podría ser algo un poco menos malo que eso.

—Vas a casarte. El acuerdo se firmó ayer.

Olvida lo que dijo antes. Esto casi fue peor. Podría haber colapsado si no hubiera estado sentado en ese momento.

—¿Q-qué yo qué?— tartamudeó. Miró a su padre, medio esperando que dijera que era solo una broma de mal gusto. No lo hizo. Y el pánico empezó a fluir por sus venas. Rápido. —¿Ca-casarme? ¿Yo? ¿Como, muy pronto?

—No, no ahora. Esperarás hasta que seas mayor. Unos dos o tres años más.

—Pe-pero yo no creí que alguien quisiera…

—Vamos, no seas tan modesto. ¿Quién no querría casar a su hija con el mejor cazador de dragones de su generación? Además de ser el futuro jefe— intentó bromear su padre para aligerar el ambiente. Hiccup no pudo evitar pensar con sarcasmo en que así hubiera sido algún tiempo antes. —Pero esta es tu responsabilidad como heredero, Hiccup. De no hacer algo ahora, las ofertas del Consejo con novias de otras tribus empezarían a llover en no más de una semana— siguió un poco más serio. —Y ya va siendo tiempo. Berk necesita saber que el linaje sigue fuerte.

Hiccup no tenía muchas fuerzas para pensar en protestar. Si ya estaba firmado el acuerdo, habría poco que hacer y aún así no importaría, ¿no? Decidió hacer la muy temida pregunta. —Entonces, ¿quién… quién va a ser la afortunada?

—La muchacha Hofferson.

—¡¿Astrid?!—. Eso fue casi tan efectivo como un balde de agua helada. De repente ya no se sentía tan cansado como para que no le importara. Se iba a casar con Astrid, la chica más valiente, hermosa y ruda de la tribu. La chica por la que había suspirado desde que tuvo edad para sentir algo por alguien… La misma chica a la que acababa de vencer el día anterior en lo que ella más se había esforzado. La misma chica que, estaba seguro, ahora ya tenía todas las razones del mundo para querer desmembrarlo.

Y la pequeña ola de euforia volvió a ser pánico. —No, papá. Astrid…

—¿Tienes algo en su contra? Creí que te agradaba.

—No, ella…— se apresuró a aclarar, —¡Papá, ella me odia!

—No seas ridículo— Stoick casi se rió. Obviamente la idea le parecía divertida. —Ella no te odia, hijo.

—Papá, por si lo olvidas, ayer yo le… gané en el entrenamiento de dragones— trató razonar y que no se notara su titubeo. Nunca le habría ganado a ella, no de forma justa. —Eso era por lo que ella ha estado entrenando desde… desde su tío Finn. No me lo va a perdonar.

—Bueno, si es por el honor manchado de los Hofferson, una alianza matrimonial sería la solución más rápida— dijo mientras se levantaba a revisar la olla hirviente. —Además, ella puede ser una buena guerrera en el futuro, pero eso es lo más alto que podría aspirar con la sombra de Finn sobre ellos. Limpiar su honor luchando tardaría otras dos generaciones por lo menos y ahora es muy tarde para que se retracte sin mancharlo aún más[1]. Esto es lo mejor para todos.

—Ella ha dicho desde hace años que quiere ser una doncella escudo, papá— pensó que si lo explicaba lo suficiente su padre entendería. El que se lo estuviera explicando más de lo habitual podría ser buena señal, ¿cierto? —¡Esto no es lo que Astrid…!

—¡Hiccup, basta!— habló su padre con su voz de jefe. El castaño se tragó su réplica. —Ya firmé el contrato con Agnar, está hecho. Ambos se casarán y nada de lo que digan va a cambiar eso.

Hiccup dejó caer su cabeza en señal de derrota. Su pequeña esperanza fue aplastada. Si antes ya había perdido oportunidad con Astrid por ganar el entrenamiento de dragones, ahora estaba seguro de que jamás tendría otra de nuevo.

—Hiccup, hijo— escuchó suspirar a Stoick con la voz más tranquila que él había usado desde que tenía ocho años, aunque aún sonaba bastante incómoda. La madera volvió a crujir e Hiccup supo que había vuelto a sentarse frente a él. —Esto lo hice por… principalmente por ti. Te habría gustado menos comprometerte con alguien de otra tribu a quien jamás has visto. Sabes que para los jefes las mejores alianzas se basan en matrimonios[2].

El castaño seguía sin levantar la cabeza. Se negaba a devolverle la mirada a su padre, aunque sabía que en parte tenía razón. Podría haber sido atado a una completa extraña para obtener beneficios para Berk sin que importara si eran infelices, aunque no sabía si eso sería peor que tener casarse con una Astrid que seguramente ya lo odiaba.

—Y también… porque se lo debía a tu madre—. Esto definitivamente lo motivó a enfrentar a su padre. Él nunca hablaba de ella, y si lo estaba haciendo ahora, debía significar mucho. —Eyra Landvik[3] fue su primera amiga en la isla. Fueron muy unidas casi desde el primer momento. Que sus hijos se casaran siempre fue su deseo favorito. Y después de que ese dragón se la llevara…

—Tal vez no lo entiendas ahora, pero cuando hay decisiones difíciles, un jefe siempre debe tomar la que tenga el mejor resultado posible. Y esta lo es— terminó.

Stoick se levantó y sirvió el contenido de la olla en los cuencos. La cena transcurrió en silencio, demasiado tensa para que alguno de los dos intentara hablar. No es que ninguno hubiera hecho el esfuerzo. Aún después de que subiera a su habitación, las palabras de su padre seguían resonando en su cabeza. En cuanto llegó junto a su cama, Hiccup se desplomó entre las pieles y gimió con cansancio.

Justo cuando creyó que su vida ya no podía ser más complicada, su padre tuvo que ir y comprometerlo. Con Astrid, la hermosa y feroz Astrid Hofferson. No se suponía que pasara eso. No cuando ya había decidido que encontraría la manera de terminar con la guerra contra los dragones. Lo que, estaba seguro, no pasaría muy pronto. Probablemente, lograrlo tendría como precio no pisar Berk nunca más. Estaba consciente de eso y dispuesto a aceptarlo. Pero no estaba dispuesto a arrastrar a Astrid con él así. Ella tenía un futuro aquí, él ya no.

Pero había una parte, una pequeña y escondida en el fondo que no podía parar imaginar cómo sería si su sueño de toda la vida se hiciera realidad. Jugó un poco con ese sueño, pintando la imagen de ambos volando sobre Toothless entre nubes. Él le mostraría la vida desde el cielo. Ella sonreiría, y sin importarle que estuvieran en un dragón. Estaría feliz, apoyándolo porque ella creía en él.

Lo descartó tan pronto como la escena se volvió clara. Astrid odió a los dragones desde el momento en que ese Flightmare se convirtió en la desgracia de los Hofferson. Era poco probable que eso pasara. Como el que ella quisiera casarse con él.

Al día siguiente, aunque trató de evitar a Astrid a toda costa, siguió esperando el golpe de un hacha en su espalda todo el día. Nunca llegó.

Pasó varios días más esperando su declaración de odio por estar obligada a casarse con él hasta que llegó el momento del gran anuncio. Tampoco hubo nada. Ni siquiera la vio fruncir el ceño cuando los pasaron al centro del Gran Salón para brindar por su compromiso. Estuvo pendiente de ella toda la fiesta. La rubia nunca reveló ninguna emoción. Ni ira, ni desagrado, ni siquiera fingió estar satisfecha con el acuerdo. Solo vio aceptación en sus ojos.

Había algo en esa mirada que no le gustaba que estuviera allí, atrapada, aceptando su destino. Hiccup se sentía incapaz de aceptar que la vería llevar esa cara por el resto del poco tiempo en que estuviera en Berk. Fue entonces que se le ocurrió. Sabía que lo expulsarían de Berk por su traición. Si eso sucedía después de que se casaran, Astrid podía enfrentar consecuencias por su culpa. Pero si sucediera antes, había una posibilidad de que…

Una doncella escudo no podía ser obligada a casarse, a menos que el contrato hubiera sido firmado antes de su nombramiento. Y con el potencial de Astrid, podría convertirse en una en pocos años. Había algunos detalles que debía tener en cuenta, visitaría los antiguos papiros con leyes esa noche para asegurarse de que podía salir como esperaba. Pero si lograba posponer la boda hasta que la rubia se convirtiera en una doncella escudo, ella podía liberarse del compromiso y estar segura contra cualquier otro matrimonio obligado[4].

Sus ojos volvieron a caer sobre Astrid y mirada de aceptación. Fue todo lo que necesitó para terminar de asegurar su determinación. Cuando Berk se enterara de sus planes, era poco probable que pudiera verla otra vez. Pero si podía lograr algo bueno con su destierro para ella, lo soportaría. Lo haría si podía hacer feliz a Astrid, y ella lo valía.


—Vamos, viejo. Estás ciego si de verdad no puedes ver lo que ya es más que obvio.

Hiccup regresó al presente cuando la voz de su amigo resonó por la sala del Consejo. Había diversos papeles regados frente a él, otros en su mano, pero apenas les había puesto atención desde que su capitán se había ido de la sala. Curiosamente, su cerebro sí había estado lo suficientemente atento para imaginar a qué se refería su amigo.

—Oh, dioses. ¿Es en serio, Dogs? ¡Este no es momento para pensar en eso!

—Bueno—, comentó con cruzándose de brazos —no fui yo el que tuvo una cita romántica en la herrería anoche.

El castaño sintió como la sangre luchaba por subir a su rostro. Así que por eso Dogsbreath lo había estado persiguiendo con eso toda la mañana. No durante la reunión con los demás, por su puesto, pero lo había hecho. Luchó por no parecer nervioso mientras contestaba:

—No hubo ninguna cita.

—Oye si vas a tratar de negarlo, al menos se discreto— dijo mientras se dejaba caer en el asiento frente a él. —Los vi muy bien a los dos cuando la llevaste de regreso a Berk. Si no supiera la situación en la que estamos, podría haber pensado que ustedes, tortolitos, se estaban escapando para tener un paseo privado bajo la luz de la luna.

—Nosotros no… eso no fue lo que pasó— tropezó mientras intentaba explicar.

—Ajá. Y yo soy un Terror Terrible.

—No es lo que piensas. Ella quería saber más sobre la Legión— soltó las palabras con énfasis, tratando que su mejor amigo dejara de sugerir cosas que no habían pasado y que no iban a pasar. —Astrid llegó a la herrería, hablamos un rato, la llevé de regreso a Berk y fue todo. No pasó nada. No sucedió nada importante. Y no había razón para que sucediera.

Dogsbreath puso una expresión frustrada y golpeó su frente con la mano. —Oh, por el amor de Odín— suspiró. —Estoy empezando a creer que o eres ciego, Hic, o simplemente modesto a un nivel completamente terco y ridículo. Solo piensa un poco, ¿por qué Astrid se tomaría el tiempo para quedarse aquí, hablar específicamente contigo, a solas, aún cuando los otros ya habían regresado?

—Ella lo dijo. Y yo te lo acabo de decir. Mira, no voy a tener más de esta conversación. Tengo trabajo— dijo decidido mientras se levantaba, dejando todos los papeles en desorden. —Si no quieres aceptar que…

—¡Por Freya, Hiccup!— Dogsbreath lo siguió. —A Astrid le gustas, podría incluso estar medio enamorada de ti. ¿Qué te impide aceptarlo?

Hiccup se paró en seco, mirando distante al frente. —La realidad— suspiró derrotado. —Alguien como yo nunca podría merecer a alguien como ella.

—Lo que hizo demuestra que ella no cree eso, Hicc. Solo tú no puedes notarlo— y con eso, el cobrizo se fue.

Aunque Hiccup había deseado que su mejor amigo lo dejara en paz, se arrepintió en el momento en que cayó en la cuenta de que ahora estaría solo con sus pensamientos, ya que ahora no podría volver a perderse entre sus responsabilidades como General. Ahora eran él y las voces en su cabeza que gritaban sus propios pensamientos revueltos.

La parte lógica, la que conocía la situación en la que se encontraba, la realista le decía que esperanzarse era inutil, a pesar de que las cosas mejoraron. Había cumplido su promesa de darle a Astrid un escape para que fuera feliz, logró cumplir su intención. Ella había cambiado de opinión sobre los dragones y parecían estar en términos más amistosos, eso era más de lo podía haber esperado en el pasado, más de lo que había podido pedir. Debería estar más que satisfecho con eso.

Pero había una pequeña parte de él que en el fondo esperaba que lo que sugería Dogsbreath fuera verdad. Que sí tenía una oportunidad.

Estaría mintiendo si en algún momento durante la noche, cuando sucumbía al sueño, no pensó en que eso pudiera hacerse realidad en el futuro. Que Astrid viera más allá de lo que había visto antes, lo bueno que veían Toothless y los demás en él, cortejarla correctamente y tal vez, solo tal vez, llegar a comprometerse, esta vez de forma voluntaria. A pesar de la parte racional de su cerebro que le recordaba la opinión sobre el matrimonio que había escuchado decir a Astrid desde niña, un rotundo nunca.

Y además estaba el recuerdo que, casi desde el momento en que se despertó, había estado rondando su mente. El día en que su mayor sueño de cierta forma se hizo realidad. No sabía cómo había terminado pensando en eso ahora, pero aquí estaba. Tal vez se debía al hecho de que por primera vez desde ese entonces dejaba crecer un rebelde brote de esperanza dentro de él. De que ella podría amarlo a cambio.

Hiccup soltó un suspiro cansado mientras volvía a su lugar abarrotado de papeles e informes.

Amor. Estaba seguro de eso. Después de todos estos años, sabía que lo que sentía por ella nunca fue solo un "flechazo de la infancia". Era amor. El tipo de amor que lo hacía valorar todo lo que la hacía única, su feroz lealtad, su determinación, su ingenio, su imagen de chica dura, los pequeños momentos en los que la había visto permitirse bajar un poco la guardia, incluso sus peligrosos momentos de ira. Amaba todo de ella. Y también sabía que ese amor sería siempre uno no correspondido.

Pero lo que había sucedido en los últimos días que Dogsbreath había interpretado, ese comportamiento poco usual de Astrid, algo que él no podía ignorar o encontrar muchas formas de explicar, le estaban dando esperanza otra vez.

Sabía que era arriesgado, permitirse que su corazón se hiciera ilusiones. Pero aún con el pequeño puñado de fe que tenía, era suficiente para que este se revelara contra su mente. Tal vez en el futuro todo podría resultar ser nada más que su imaginación. Pero por ahora, se permitiría un poco, en lo más profundo de él, creer y esperar por ella. Aún si debía terminar aguardando años por su mano, lo haría si tenía alguna posibilidad de que pudiera amarlo y hacerla feliz a cambio.

Porque sería por Astrid. Y para Hiccup, ella siempre lo valdría.


¡Aaaaaaah! Tal vez no cuente que lo diga yo, pero me superé con este capítulo.

Primero, la escena con Valka. Fue algo que se me ocurrió hace poco y se reforzó por algunas teorías entre el fandom de que Valka en realidad, a pesar de tenerles afecto, no amaba a Hiccup y Stoick debido a lo "fácil" que decidió no volver después de ser llevada. Yo personalmente, no creo que ese fuera el caso, porque el hecho de dejar atrás o separarse de una persona no significa que no se le tenga amor.

Si nos detenemos a analizar esto desde la psicología, hay casos en los que se puede ver que quedarse junto a alguien no siempre significa que lo ames (relaciones tóxicas/dependientes, como ejemplo) y casos donde la decisión de alejarse o dejar ir por completo no fue tomada porque no sienten amor por esa persona. No digo que su decisión sea correcta, no justifico, simplemente que las acciones no siempre demuestran la realidad de las emociones. Y aunque ya había abordado algo relacionado con este tema en el capítulo 13 y mi two-shot , ¡mi recién desarrollado instinto de escritora no podía evitar darle un poco más de profundidad a esta buena trama secundaria!

[Nota al margen: Como me encanta esa canción y quería ponerla, la traducción de "For de dancing and the dreaming" corre a cuenta de su servidora, tomando partes de la versión español latino y español España.]

Y para el resto las escenas, note que la parte romántica de la historia ha estado contándose más desde el punto de vista de Astrid. Obviamente porque es en su lado donde están ocurriendo más cambios sobre sentimientos. Hiccup sabe lo que siente, no tiene mucho que aclarar acerca de eso (de su parte) y en este momento tiene un problema político, familiar, de ideas y de muchos otros tipos más en las manos. Su atención estaba en eso.

Pero queremos drama, ¿o no? Y con esa escena en la herrería, ya era tiempo de un poco de su perspectiva de todo.

[1]. Esto tiene partes tanto históricas como de invención mía. En la historia medieval se puede ver que este tipo de escándalos relacionados con el honor eran difíciles de solucionar. Cuidarlo era de las cosas más importantes en ese tiempo (aunque terminara siendo a costa de la vida). Se necesitaban proezas, ganancias en riqueza (aunque no pesaban tanto) o alianzas ventajosas para mitigarlos. Ojo, mitigar, no olvidarlos. Aún con todo eso, se necesitaba algo de tiempo antes de que la sociedad lo dejara pasar. En este AU, ya que en la deshonra de los Hofferson fue debido a la "cobardía en batalla" en una cultura donde eso era prácticamente un pecado y en el canon no se ve que ellos busquen otra forma que la lucha, sería más tardado de solucionar que si fuera por un insulto o alguna otra acción que pudiera atentar contra el honor.

[2]. Otra vez puede que los vikingos fueran más progresistas en algunas cosas que sus contemporáneos, pero el matrimonio no fue algo muy diferente a lo acostumbrado en esa época. Los matrimonios vikingos eran más una transacción comercial para beneficio de las familias que vínculos por afecto. En esa época, los de más estatus se casaban solo por los beneficios, y esa tendencia también estuvo bastante presente entre los vikingos. Los matrimonios eran las mejores formas de asegurar alianzas. Ahora Hiccup, como heredero de la jefatura, se esperaba que siguiera un poco esa tendencia. Casarse por beneficio político, económico, mejorar estatus (y linaje) o con alguien "digno" y que proporcionara algunos beneficios. Así que Astrid, al ser una buena guerrera en formación y de bastante "buen" linaje (aún con todo y la deshonra), entraba en las dos últimas categorías y la hacían, si bien no la mejor opción de novia, alguien para considerar.

[3]. Dato curioso, yo no pongo todos los nombres simplemente porque son vikingos y me gustaron. En este fic hay varios aquí por su significado. Por ejemplo, Haakon tiene varios significados, pero lo elegí por los de "útil, diestro" y él es el herrero de la Legión. Ahora, Landvik significa "tierra y bahía" en nórdico, un lugar donde se entra a tierra firme. Para la un pueblo marinero como el vikingo, las entradas a tierra firme significaban calidez, hogar, ser recibido por la familia. ¿Qué les dice eso? ;)

[4]. Esto sí es únicamente de este AU. Esa regla nunca existió en la era vikinga (al menos que yo sepa). Ni lo del matrimonio forzado, ni que una doncella escudo podría evitarlo a menos que se pactara antes de ser nombrada. Son solo cosas que me inventé.

Yo aquí me despido, y hasta pronto.