CAPÍTULO 5

Obviando el hecho de que a Morgan le incomodaba escuchar a Emily referirse a Doyle por su nombre de pila, al menos agradecía que se hubiera sincerado con él. Era consciente de que no debía ser fácil para ella hablar de un capítulo de su vida que había tratado de dejar atrás por todos los medios, y que finalmente le había estallado en la cara arrasando con todo aquello que había conseguido.

— Lo hiciste por Declan— Le recordó Morgan— Al principio no podía entender que alguien con tu integridad pudiera haber aceptado una misión así, pero ahora lo entiendo, si es lo que te preocupa.

Ella lo miró por primera vez a los ojos.

— Esa es la mentira que necesitasteis creer para comprenderlo— Declaró— Pero yo no supe de la relación que tenía Ian con Declan hasta mucho después. Continué para salvar a Declan, pero me acosté con Ian sólo porque era lo que se esperaba de mí...— Sonrió con amargura— ¿No es deprimente?

Derek tuvo que tomarse unos segundos para procesar aquella información. Trataba de entender las motivaciones de Emily, pero tenía la sensación de que no la había conocido el tiempo suficiente como para poder hacerlo.

— Eras diferente entonces— Concluyó mientras en su cabeza trazaba un perfil con los pocos hechos del pasado de Emily que recordaba— Creciste en un entorno donde todo el mundo te exigía, donde siempre tenías que complacer a los demás antes que a ti misma, y lo hacías porque buscabas que te aceptaran, aunque no funcionaba. Por mucho que te esforzaras, nunca era suficiente... Pudiste hundirte, pero en su lugar te rebelaste, ¿no es así? — Añadió. Espero a que Emily lo confirmara, pero no lo hizo. Sólo se acomodó mejor en el asiento, mientras lo escuchaba atentamente. No importaba. Derek tampoco lo necesitaba— Quizás un novio que no le gustaba a tu madre, seguro que tu forma de vestir…— Continuó y sonrió cuando Emily abrió los ojos de par en par— He visto tus fotos del instituto, Prentiss, ¿recuerdas?.

— Oh, sí... esas fotos— Bufó ella, deseando asesinar a García en ese mismo instante.

— Bueno... El negro no te sienta tan mal...— Señaló Morgan haciéndole un guiño. Aunque no se tocaban, estaban bastante cerca el uno del otro. Derek se había inclinado un poco hacia delante, apoyando los antebrazos sobre sus piernas y entrecruzando las dedos. Emily se había echado hacia atrás, y había terminado con las piernas semicruzadas sobre el banco de madera— ¿Te molesta que te perfile?

En circunstancias normales, Emily habría odiado que la perfilara. De hecho, se lo había reprochado en más de una ocasión, pero claramente aquellas no eran unas circunstancias normales, y tenía curiosidad por conocer la versión de Morgan.

— Adelante— Lo animó acompañándose de un gesto de la mano— Es tu día de suerte.

Morgan sonrió para sí mismo, y continuó.

— Y entonces estudiaste una carrera con la que tu madre no estaba conforme— Morgan habría añadido al padre de Emily a la ecuación, pero se sorprendió al darse cuenta de que no sabía absolutamente nada sobre él— Seguramente ella querría que estudiaras ciencias políticas, que entraras en la carrera diplomática… Acabar de criminóloga en el FBI no era algo que estuviera en sus planes... Y creíste que ya lo habías conseguido, que ya te habías liberado de las presiones familiares y sociales... Pero te equivocaste. Fue peor, de hecho. Porque al escoger algo sólo por ti misma, necesitaste demostrar a todos que habías tomado la decisión correcta, y por eso, cuando te ofrecieron trabajar de incógnito para atrapar a un peligroso terrorista, tuviste que aceptar. No podías hacer otra cosa, porque lo contrario habría sido un fracaso— Terminó Morgan.

Después, se quedó en silencio, estudiando la reacción de Emily que lo miraba perpleja.

— Vaya...— Balbuceó.

Derek ladeó la cabeza, frunciendo el ceño.

— ¿En qué piensas?

— En que mi madre no estaría contenta con tu perfil— Bromeó Emily entre risas— Derek, no sé por qué acepté, pero dudo que mi madre me obligara a sentir nada por Doyle.

— ¿Amor?— La cuestionó Morgan.

Ella negó con la cabeza.

— Dolor— Se encogió de hombros, y a continuación se incorporó. Comenzaba a tener las piernas entumecidas y se reclinó sobre la barandilla, de espaldas al jardín— Ya te lo dije. Doyle era oscuridad, pero creo que no era el único. Quizás fue eso lo que me atrajo de él, esa oscuridad, porque yo misma la sentía. Puedes tener razón en que mi pasado me condicionó, pero si dijera que fue determinante, estaría evadiendo mi propia responsabilidad. Fueran los que fueran los motivos, la decisión fue mía... Sé que no es lo que te gustaría escuchar y te agradezco que tengas esa imagen de mí tan íntegra, pero te mereces la verdad. Es lo mínimo que puedo hacer después de todo lo que has sufrido por mi culpa— Añadió en voz baja.

Aquella última admisión lo dejó desconcertado. Jamás la había culpado de su sufrimiento. Para él, independientemente de los errores que Emily hubiera podido cometer, el único responsable era Doyle. Y estaba muerto.

Se levantó, y se quedó frente a ella, mirándola con incredulidad.

— Yo no he sufrido por tu culpa, he sufrido por culpa de Doyle.

Ella asintió, reflexiva.

— Yo lo traje a vuestras vidas.

— ¡Emily! ¡Y yo no conseguí llegar a tiempo a aquel almacén!— Estalló.

— ¡Y te culpas, Morgan! ¡¿Crees que no lo sé?! ¡¿Crees que no sé cómo dedicaste meses a encontrar a Doyle?!

Morgan jadeó. Su mente era un torbellino de emociones que no conseguía formar una frase coherente.

Se acercó a ella, y la tomó de la mano. Estaba helada a pesar de sus mejillas enrojecidas. Respiró hondo para calmarse.

— Y no me arrepiento, porque gracias a eso estás aquí— Declaró. Su voz se había vuelto pausada y calmada. No la había invitado a su casa para discutir— Lo único que lamento es no haber insistido en cuanto me di cuenta de que algo no iba bien contigo. Tenía que haberte convencido para que confiaras en mí— Dio un paso hacia delante hasta que sus rostros casi se tocaron— Créeme, Emily, no volveré a cometer el mismo error.

— Tal vez no hubiera cambiado nada— Susurró ella— O tal vez entonces sería yo la que te hubiera visitado en el cementerio para llevarte flores...— Dibujó una sonrisa triste— Nunca lo sabremos, ¿Verdad?— Emily, se inclinó entonces sobre él y lo abrazó con un abrazo reconfortante. Morgan la rodeó por la cintura, sintiendo la calidez de su cuerpo— Gracias por cuidarme— Se apartó lentamente, y cruzó los brazos sobre su pecho— Es tarde, estoy cansada. Y tú también tienes que estarlo, has dormido menos que yo.

La realidad era que Morgan no tenía ni pizca de sueño. No le habría importado pasar la noche hablando con ella, pero Emily parecía agotada, y ya debía ser más de la una de la madrugada.

— No deberías conducir a estas horas. Puedes quedarte.

Ella se negó en rotundo.

— Mañana tenemos reunión a primera hora— Le recordó— Y además... Sería inadecuado que durmiera aquí— Añadió vacilante.

Morgan sonrió, verdaderamente interesado en aquella afirmación.

— ¿Inadecuado?— Se burló— ¿Exactamente cómo podría ser inadecuado que un amigo te ofrezca una cama para evitar que te duermas mientras conduces?

Ella entornó los ojos.

Ahí estaba de nuevo, Derek Morgan en todo su esplendor.

— Sabes exactamente a lo que me refiero— Le reprochó ella. No iba a caer en sus enredos.

Pero Derek se estaba divirtiendo con su repentino ataque de decoro.

— ¿Lo sé?

— ¡Vamos, Morgan!— Resopló Emily— ¡¿Qué iban a pensar los demás si me quedara esta noche aquí?!

Morgan tuvo que contener la risa.

— ¿Los demás? Emily, nadie sabe que estás aquí.

— ¡Pues con más razón!— Le rebatió exasperada— ¡¿Por qué nadie sabe que estoy aquí?!

A Morgan siempre le impresionaba cómo sus conversaciones más profundas se tornaban en las más absurdas, y viceversa.

— No sé... Si quieres podemos llamar a Hotch para contárselo...— Bromeó— O mejor a García, así se enterarían todos.

— No tiene gracia, Morgan— Le recriminó Emily con un bufido— Me voy a casa.

Derek no estaba muy seguro de qué había hecho para merecer su furia repentina. Por lo que él sabía, sólo le había ofrecido dormir en la habitación de invitados.

La siguió hasta la sala, donde Emily recogió el bolso que había dejado allí al entrar y luego la acompañó hasta la puerta de salida. Justo al abrir, Emily se dio la vuelta, ya arrepintiéndose de su comportamiento.

— Eres de las pocas personas que consiguen convertirme en una histérica desquiciada.

Derek alzó una ceja.

— ¿Se supone que eso es una disculpa?

Emily dejó los ojos en blanco y frunció los labios.

— Lo que sea...— Murmuró— Buenas noches, Derek.

Morgan, sin embargo, seguía sin sentirse a gusto con la idea de que regresara sola a su casa

— ¿Seguro que no quieres quedarte? O si no, deja que te lleve.

— No, de veras— Rehusó nuevamente Emily, pero esta vez, con más amabilidad.

— Déjame que te acompañe al menos al coche... Lo tiene aparcado junto a la acera, ¿no?

Ella asintió. No tenía fuerzas para negarle lo mínimo que le pedía.

Así que Morgan la acompañó hasta el vehículo.

— Gracias por la cena. Fue todo un detalle— Le dijo ella mientras se afanaba en buscar las llaves de su sedán, que por lo visto habían decidido jugar al escondite dentro de su bolso.

— La próxima vez cocinas tú— La instó Morgan, y se adelantó un poco hasta la verja, para abrirla. El vehículo estaba justo enfrente.

Emily notó cierta ironía en su tono de voz. Y sabía exactamente por qué.

— Soy capaz de cocinar, Morgan...— Se defendió. Por fin logró dar con las llaves. Al siguiente paso se tropezó de bruces con Morgan, que se había detenido de repente— Morgan...

Pero éste la retuvo junto a la verja.

— Espera— Le pidió. Y de inmediato señaló hacia el vehículo. Hacia las ruedas para ser preciso— Espera aquí— Volvió a repetir al tiempo que se acercaba al sedán.

Desde su posición, Emily podía ver perfectamente las dos ruedas del lado del conductor rajadas. Sospechaba que las del otro lado habrían sufrido la misma suerte.

Y por supuesto, no esperó.

Siguiendo a Morgan, se acercó al vehículo, junto al cual, Derek ya se había agachado para inspeccionar los daños.

— No puedo creerlo... — Se lamentó Emily.

Derek se levantó. Habían rajado las ruedas a conciencia. ¿Había sido premeditado o una elección casual de alguien que se divertía dañando la propiedad privada? Viendo cómo se habían ensañado con las ruedas, todas las opciones eran posibles. ¿Había algo más que no le había contado?

— Emily...

Ella se adelantó a sus suspicacias.

— Derek, no tengo ni idea de quien ha podido hacer esto.

Su respuesta fue tan contundente que Morgan no pudo evitar sentirse un poco miserable por haber vuelto a desconfiar de ella.

— ¿Puede ser alguien relacionado con tu pasado?— Preguntó con cautela. No había mencionado a Doyle, aunque era evidente que se refería a él.

Quizás tenía más cómplices de los que conocían. Quizás un familiar que quisiera vengarse. Cuanto Morgan más pensaba en las posibilidades, más absurda le parecía su pregunta.

— Sí, seguramente Doyle haya vuelto de la tumba...— Replicó ella exasperada— ¡Vamos, Morgan! ¿En serio? Habrá sido alguien que no tenía nada mejor que hacer. Ni siquiera es mi barrio— Se llevó las manos a las sienes, intentando calmarse y valorar las implicaciones de un asunto como aquel— No pienso denunciarlo... Se acabarían enterando... No quiero llamar la atención sobre mí.

Morgan lo comprendía, pero no lo compartía.

— Oye, si no lo denuncias no te cubrirá el seguro. Es posible que podamos averiguar quién ha sido. Tengo una cámara instalada en la puerta— Le informó con cierta duda. No estaba muy seguro de que captara aquella zona.

Ella negó con la cabeza vehementemente.

— Puedo pagar cuatro ruedas— Afirmó, y de paso zanjó el asunto— Es cosa mía, no te preocupes— Continuó más calmada— Pero tendré que dejar el coche aquí esta noche. Pediré un taxi.

Sin embargo, con lo sucedido sólo había una única alternativamente para Morgan.

— Emily, esta noche te quedas aquí— Dijo con firmeza— Y no es discutible— Añadió cuando ella trató de protestar— Ahora volverás a entrar ahí dentro, te irás a dormir, y mañana temprano arreglaremos esto. Los dos. ¿De acuerdo?

Con un suspiro de resignación, aceptó su oferta.

— Tengo mi bolso de viaje en el maletero— Señaló a modo de aceptación.

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