CAPÍTULO 7

La reunión se alargó de forma soporífera gracias a la presencia de Strauss, que había decidido presentarse en el último momento y había aprovechado la ocasión para revisar e interrogarlos sobre lo informes trimestrales. Básicamente, Emily tenía poco que decir al respecto, ya que sólo había participado en los últimos casos, así que se limitó a soportar estoicamente a base de café cargado los monólogos y reprimendas de Strauss.

Bostezó mientras trataba de mantener los ojos abiertos.

— ¿La aburro, agente Prentiss?— La interpeló Strauss.

Emily, se cuadró en la silla, como si le hubieran dado una orden militar.

— No, señora— Respondió avergonzada.

En cuanto hubo concluido la investigación principal sobre todo el asunto de Doyle, Strauss había vuelto a ser la misma. Y aunque Strauss la había apoyado inicialmente, cosa que Emily le había agradecido, Strauss siempre sería Strauss.

— Usted, más que nadie, debería procurar demostrar su profesionalidad.

De forma deliberada, Hotch intervino entonces para salvarla, sacando un informe de un caso anterior, y Strauss continuó con su perorata interminable perdiendo su interés por Emily.

Morgan leyó su disgusto y le sonrió, haciéndole un guiño. Emily le devolvió la sonrisa, agradecida, y tomó un sorbo del enésimo café de la mañana. Fue entonces cuando Derek sacó la lengua al tiempo que ladeaba la cabeza e imitaba con la mano que tiraba de una cuerda. Gesto que afortunadamente para él, Strauss no vio, absorta como estaba leyendo el informe que le acababa de pasar Hotch.

A Emily le entró la risa floja, que primero trató de contener inútilmente tapándose la boca con la mano, y que luego, ante la mirada inquisitiva de Strauss, tuvo que camuflar fingiendo que se atragantaba con el café. Cosa que, en realidad, casi había sido cierta.

Por supuesto, todos los allí presentes que habían seguido medianamente la interacción de ambos agentes, es decir, todos menos Hotch y Strauss, sabían que el culpable de aquel desastre había sido Morgan, y a aquellas alturas, cada uno hacía lo que podía para disimular su propia diversión sin causar la ira de Strauss.

No funcionó.

Strauss no podía entender cómo aquel equipo funcionaba tan bien, vista la falta absoluta de observancia a las normas establecidas. Dándose por vencida, se levantó de la mesa, y entonces fueron los cinco agentes más jóvenes los que se cuadraron en posición militar.

— Será mejor que sigamos la reunión en mi despacho— Dijo Strauss dirigiéndose a Hotch, que aprovechó para enviar una mirada de desaprobación al resto, especialmente a Rossi que parecía estar disfrutando como un chiquillo.

— De acuerdo— Accedió Hotch en tono resignado.

Strauss se dirigió a la puerta, y antes de salir, se volvió hacia los agentes.

— Deberían mantener cierto decoro dentro de las paredes de este edificio.

Los agentes, a excepción de Rossi que seguía cómodamente sentado en su silla, se habían incorporado casi al unísono, y se mantuvieron en posición erguida hasta que finalmente tanto Strauss como Hotch salieron de la sala de reuniones, cerrando la puerta detrás.

— Amén— Soltó entonces Rossi, y tanto J.J., como Reid y García, estallaron en carcajadas.

Derek, aunque no escatimó en bromas, se mantuvo un poco más al margen, más pendiente de Emily, que se esforzaba por seguir la algarabía con una sonrisa forzada a pesar de que estaba en plena crisis de culpabilidad. Daba igual lo que hiciera, daba igual lo que se esforzara, Strauss siempre le recordaría que todo aquel desastre había sido únicamente responsabilidad suya. Seguramente ahora creería que le debía incluso más que cuando se había incorporado a la Unidad.

— No le hagas caso— La consoló J.J. acercándose a ella— Strauss es así. En realidad, se alegra de que el equipo vuelva a estar unido.

— Sí, Emily— La animó García, colocándose al otro lado.

Emily se vio envuelta entonces por sus dos amigas. Rossi, fue el primero en salir, y lo hizo después de tomarle la mano con calidez, a modo de apoyo. Reid lo siguió, mostrando también un silencio solidario, y finalmente J.J. y García, abandonaron la sala.

Morgan se había quedado rezagado, ayudándola a terminar de recoger sus informes.

— ¿Estás bien?— Le preguntó una vez que se quedó a solas con ella.

Ella se encogió de hombros. Podría haber mentido y haberle dicho que sí. Posiblemente le habría resultado más sencillo que sincerarse.

— No sé, quizás tenga razón...— Susurró encogiéndose de hombros— Quizás no sea bueno para el equipo que yo esté aquí...

Era la primera vez que Morgan la escuchaba dudar, no de sí misma, sino de su permanencia en el equipo. Cuando Strauss se lo había propuesto, después de la comisión de investigación, Emily no había vacilado ni un solo momento.

Morgan dejó los informes de nuevo sobre la mesa y se volvió hacia ella. Sosteniéndola por los hombros, inclinó un poco la cabeza y se acercó para captar su atención. Habría querido asesinar allí mismo a Strauss. Emily tenía los ojos vidriosos como si estuviera a punto de llorar.

No le extrañaba en absoluto. No era sólo su vuelta y la supervisión a la que estaba sometido el equipo, sino también el último caso y lo ocurrido la noche anterior con su vehículo. Lo último que necesitaba Emily era que Strauss le reprochara su supuesta falta de profesionalidad. Algo que era totalmente falso. Emily había hecho todo lo imposible por volver a formar parte de aquel equipo y por compensarlos por sus errores.

— Oye, no quiero oírte hablar así nunca más – Le dijo en voz baja pero firme— Eres parte fundamental de este equipo. Te lo has ganado durante todos estos años. ¿De acuerdo?

Ella asintió. Sus ojos se humedecieron un poco, no lo suficiente para que las lágrimas cayeran pero sí como para que Morgan rozara con el pulgar su rostro a la altura del pómulo. No había lágrimas, pero claramente sí dolor.

Eso es lo que Morgan trataba de hacer desaparecer.

— ¿Mejor?— Le preguntó suavemente. Una de sus manos seguía posada sobre su hombro, y la otra se había deslizado hasta su mejilla.

Sí, definitivamente su calidez la hacía sentir mejor. Emily lo miró agradecida, y estudió cada detalle de su rostro. Morgan llevaba la falta de sueño mejor que ella, definitivamente, pero tan cerca como estaban, podía percatarse de sus ojeras.

— Tienes un aspecto horrible— Señaló Emily.

No era la respuesta que Morgan esperaba, pero sí la que lo hizo reír.

Se apartaron el uno del otro, recuperando la distancia de seguridad que marcaba la amistad.

— ¿Quieres otro café?

Emily señaló su teléfono móvil, abandonado sobre la mesa.

— Me han enviado un mensaje hace un rato. Tengo que ir a recoger el coche al taller.

Derek comenzó a moverse, y recogió de nuevo los expedientes que había dejado a un lado para concentrarse en Emily.

— Te llevo— Le dijo.

— ¿Seguro?— Vaciló ella. De pronto le había entrado el miedo absurdo a que Strauss les reprochara de nuevo su falta de profesionalidad por marcharse antes precisamente el día en que les había llamado la atención— Puedo tomar un taxi. No quiero que Strauss vaya a pedirle explicaciones a Hotch sobre mí o sobre ti.

Derek sonrió y le pasó el brazo sobre los hombros.

— Sí, claro. ¿Y perderte mi deslumbrante compañía?— Bromeó recordando su acusación de aquella mañana— Además, no tengo dudas de que Hotch preferirá que te saque de aquí hoy.

Emily cedió finalmente, y mientras recogía su bolso en su escritorio, Morgan le envió un mensaje a Hotch para advertirle. De cualquier forma, esperó a tener la conformidad de su supervisor para marcharse. Sabía muy bien que el equipo aún estaba bajo la lupa del comité disciplinario aunque le restara importancia delante de Emily. Después de Emily, él era el siguiente en la lista de agentes a supervisar más de cerca. Al fin y al cabo, él era el que se había obsesionado con la caza de Doyle y la localización de Declan.

Morgan dejó a Emily justo frente a la puerta del taller, y esperó a que le confirmaran que efectivamente el vehículo estaba totalmente reparado y que podía llevárselo.

— Gracias por traerme— Le dijo ella— Ya vuelvo sola a casa. Tú deberías hacer lo mismo. A los dos nos vendría bien dormir un poco.

Morgan sentía perder su compañía, pero no podía estar más de acuerdo. Lo más probable era que no tardaran en llamarlos para algún caso y su mente no era precisamente agua cristalina en aquel momento.

En un gesto puramente casual y espontáneo, se inclinó sobre ella y le dio un beso en la frente.

Para Morgan había sido algo natural. Para Emily resultó inesperado.

— Hasta mañana— Se despidió, aunque aún no era ni mediodía— Conduce con cuidado.

Al llegar a su apartamento, Emily se preocupó de enviarle un mensaje sabiendo que Morgan se estaría preguntando si había llegado bien. Al mismo tiempo, su respuesta le servía para asegurarse de que él tampoco había sufrido ningún incidente.

Cuando obtuvo respuesta de Morgan, que apenas tardó unos minutos, se metió en la cama y se quedó profundamente dormida sin que prácticamente se diera cuenta y sin que las pesadillas la asaltaran.

Se despertó despejada, claro que como se había ido a dormir a media tarde, eso significaba que su biorritmo del sueño definitivamente se había alterado. Comprobó el reloj. Había dormido del tirón casi doce horas, y eso significaba que eran las tres de la madrugada. No habría forma de que siguiera durmiendo, así que se levantó y se dedicó a ordenar los armarios de la cocina para hacer algo de tiempo hasta el amanecer.

A eso de las seis de la mañana, recibió un mensaje en su teléfono móvil mientras se tomaba su primer café del día. En algún momento, había decidido que su úlcera podría soportar algo de cafeína.

Con la taza aún en la mano, leyó el mensaje.

"¿Despierta?"

Emily, asumió que Morgan también había tenido que buscar entretenimiento durante la madrugada.

Tomó un sorbo de café, y dejó la taza a un lado. Luego escribió.

"¿Me vigilas?"

Morgan sonrió ante la acusación de Emily. En lugar de responder, reveló el verdadero motivo de su mensaje.

"Voy a entrenar. ¿Te vienes?"

En honor a la verdad, Emily no tenía nada mejor que hacer, así que tecleó rápidamente un "de acuerdo".

"Te paso a recoger en media hora", fue lo último que escribió Morgan.

Aún tenía tiempo. Emily terminó de desayunar y luego se desvistió y se puso ropa de deporte. En una pequeña mochila metió más ropa para cambiarse después, suponiendo que irían al gimnasio de Quántico. Derek solía acudir a entrenar allí antes de ir a la oficina. Emily lo había acompañado en alguna ocasión, pero normalmente cuando quedaban para hacer deporte, solía ser fuera del trabajo.

Todo iba bien hasta que entró en el baño para terminar de arreglarse.

Había una enorme gotera que procedía del piso superior. Por las dimensiones de la mancha de humedad en el techo, Emily dedujo que debía haber estado entrando agua durante toda la noche.

"Oh, mierda...", susurró, incrédula.

¿Qué más podía pasarle? Tenía la sensación de que alguien le había echado algún tipo de maldición. Miró el reloj. Eran casi las seis y media. Derek llegaría en breve, pero de ningún modo podía dejar aquello así. Ni siquiera recordaba quien vivía encima de su apartamento.

Tampoco eran horas de llamar a la puerta de nadie, pero ¿Qué otra cosa podía hacer?

Cogió su bolso y las llaves del apartamento y, después de salir al descansillo, subió las escaleras que daban a la siguiente planta. Recorrió el pasillo hasta que localizó el número de apartamento que debía estar sobre el suyo. Dudó un momento. No le apetecía despertar a nadie, pero finalmente tocó la puerta.

En un primer momento, creyó que no había nadie en la casa, o lo que era peor, que no vivía nadie allí, lo que suponía que tendría que pedirle a Charlie, el conserje que localizara a los propietarios para poder acceder a la vivienda. Con suerte, le habrían dejado una copia de las llaves a Charlie. Llevaba trabajando allí tantos años que todos los vecinos confiaban en él. Incluso tenía una llave del apartamento de Emily por si surgía alguna emergencia. Nunca había sido necesario, pero Emily estaba más tranquila de este modo.

Nada de esto sería necesario. Emily escuchó pasos que se acercaban a la puerta y finalmente se encontró cara a cara con una mujer joven, de cabello rojizo y ojos claros, que la miró con expresión somnolienta. Aún estaba en pijama, lo que hizo sentirse a Emily un poco culpable.

— Siento molestarla a esta hora— Se disculpó Emily— Tengo filtraciones de humedad en mi baño y creo que vienen de su apartamento.

En un principio, la mujer pareció procesar la información.

— ¿De mi apartamento?...— Repitió con voz ronca— Perdone, ¿Quién es usted?

"Por supuesto", se dijo Emily, "ni siquiera te has presentado".

— Soy Emily Prentiss— Dijo estrechándole la mano— Su vecina del 703.

La mujer se frotó los ojos, en un claro intento por despertarse.

— Espere un momento— Dijo al fin, y acto seguido cruzó el apartamento, que tenía exactamente la misma disposición que el de Emily, hacia lo que ésta supuso que era el baño del dormitorio.

Emily aguardó pacientemente hasta que un par de minutos después, la mujer regresó con expresión de disgusto.

— Mi baño está lleno de agua, debe haberse roto alguna tubería. Es extraño. El propietario me aseguró que las había cambiado. Llamaré a un fontanero para que le eche un vistazo— La mujer volvió a desaparecer y regresó con una libreta de notas en la mano, donde garabateó un nombre "Marjory", y unos números— Este es mi teléfono. Si me da el suyo, la avisaré cuando llegue. Supongo que necesitará entrar en su apartamento.

Emily rebuscó una tarjeta en el bolso y se la entregó.

La mujer la miró sorprendida.

— ¿Es agente del FBI?

Emily sonrió. Parecía asustada.

— No voy a detenerla por esto— Bromeó— No puedo quedarme. Charlie, tiene una copia de mis llaves si lo necesita.

Después de la breve visita a su vecina, Emily tomó el ascensor hasta el vestíbulo. Charlie ya estaba allí, detrás del mostrador, y Emily le comentó lo sucedido antes de salir. En el exterior, ya Morgan la esperaba.

— ¡Buenos días!— La saludó Morgan, alegremente.

Nada más sentarse en la camioneta, Emily resopló.

— Tengo goteras en mi baño.

Derek frunció el ceño. No podía creer que la mala suerte se cebara de aquella manera con la morena.

— ¿Necesitas ayuda?— Se ofreció Morgan.

— Viene del piso superior. Ya he hablado con mi vecina— Replicó ella— Sólo necesito despejarme. Los problemas cotidianos son peores que los asesinos en serie.

Aquel comentario escandalizó a Morgan y al mismo tiempo lo hizo reír. Emily se veía realmente frustrada. Y sí, parecía que necesitaba despejarse urgentemente.

Así que condujo hasta Quántico.