CAPÍTULO 18
Había estado tan absorta que ni siquiera se percató de que Lennox había decidido ir en su busca.
En realidad, éste se alegró de haberla encontrado en su habitación de juegos, así no tendría que llevarla hasta allí.
Se había metido sola en la boca del lobo.
Emily se volvió hacia él, preguntándose si la había escuchado hablar con el equipo. Estudió su expresión. No parecía molesto, más bien satisfecho consigo mismo. Emily no estaba segura de qué era peor para ella.
— Así que has descubierto mi secreto...— Bromeó Lennox. Sólo que su sonrisa era cualquier cosa menos agradable.
Emily tuvo que controlar sus nervios cuando Lennox cerró la puerta con llave, y se guardó ésta en el bolsillo de su pantalón.
— Esto sí que es intenso— Declaró ella tratando de no mostrarse afectada. Incluso fue capaz de sonreír con naturalidad, como si aquello no le acabara de disgustar— Pero hace un poco de calor aquí, ¿no te parece? Estaríamos mejor en la terraza.
Había utilizado la palabra clave para pedir a su equipo que interviniera, sólo esperaba que fueran capaces de tirar aquella puerta abajo.
Fuera, los agentes aguardaban el tiempo acordado.
Sólo que de pronto la comunicación pareció haberse interrumpido. No captaban ningún tipo de conversación entre Emily y Lennox.
— ¿Qué está pasando ahí dentro?— Preguntó Morgan, después de un par de minutos— ¿Emily?
Se le hizo un nudo en el estómago cuando no hubo respuesta.
— Prentiss, haznos saber que estás bien, si no entraremos— Añadió Hotch, comprobando su reloj.
Emily, por su parte, había estado buscando la forma de salir de allí. Se lo había pedido amablemente, y luego de forma más insistente, pero Lennox simplemente había permanecido en silencio junto a la puerta, luciendo aquella sonrisa atroz en su cara. Emily ya no tuvo dudas de que aquel era el sudes que buscaban. Su nerviosismo inicial se había convertido en pánico al no detectar ningún ruido que indicara que su equipo había accedido a la vivienda.
Avanzó entonces hacia la puerta, decidida a salir de allí.
— ¡¿Qué crees que estás haciendo?! ¡Abre la puerta!— Le ordenó encarándose con él, pero Lennox la ignoró, riendo— ¡Abre la puerta!— Repitió enfurecida, y lo empujó con la intensión de desestabilizarlo.
Pero tan pronto lo hizo, Lennox reaccionó violentamente y, sin previo aviso, la agarró del cuello y la golpeó contra la madera. Emily sintió que todo a su alrededor se difuminaba y perdía el color. No llegó a quedarse sin conocimiento, pero se encontró sin fuerzas para evitar que Lennox la arrastrara hacia el centro de la habitación y la esposara por las muñecas a una cadena que estaba anclada en el techo. Sus pies apenas tocaban el suelo y para cuando recobró el sentido lo suficiente como para defenderse, Lennox se había puesto unos guantes y había colocado sus manos alrededor de su cuello. El aire se bloqueó en su interior cuando Lennox comenzó a presionar.
Luchó por respirar, pero era inútil. Indefensa como estaba, no podía pensar más que aquellos estaban siendo los cinco minutos más largos de su vida.
— ¡Hotch! ¡Si no das la orden entraré yo!— Advirtió Morgan a su supervisor.
Hotch había sido paciente, pero Morgan tenía razón. Era imposible que Emily se encontrara bien si no había dado ningún tipo de señal de que lo estaba.
— ¡Entramos!— Accedió finalmente Hotch.
No tenía intención de esperar ni un segundo más.
Tiraron la puerta principal abajo, y luego, todos los agentes que habían estado apostados, irrumpieron en tromba en el interior de la casa. Habían perdido la oportunidad de ser sigilosos, así que sólo les quedaba actuar lo más rápido posible.
Puerta a puerta, fueron internándose en la vivienda hasta que sin saberlo, llegaron a la habitación donde Lennox se había encerrado con Emily.
— Tírala abajo— Le instó Rossi.
Morgan no lo dudó, pero la puerta era de seguridad. No sería tan fácil. Así que, sin pensarlo, regresó su glock a su funda, y apuntó a la cerradura con la MP5 que llevaba colgada a su hombro. Normalmente no habría ido tan armado, pero si Emily iba a ponerse en peligro para atrapar a un asesino, él iba a asegurarse de que no le ocurriría nada.
Hotch lo miró horrorizado.
— ¡Morgan!— Le gritó. Intentar abrir una puerta de seguridad con un fusil de asalto, en el interior de una vivienda, no era la mejor de las ideas. La munición podría salir disparada hacia cualquier parte.
— ¡Apartaos!— Les advirtió Morgan, haciendo caso omiso a su supervisor.
El sonido fue ensordecedor y varios agentes se taparon los oídos.
Pero la cerradura se rompió con un silencioso "click", y con una patada, Morgan la abrió del todo.
Y allí estaba Lennox, aún estrechando el cuello de Emily, que apenas sin fuerzas, luchaba por escapar de él.
Ni siquiera se detuvo a advertirle de su presencia. Se abalanzó hacia él y lo derribó contra el suelo, inmovilizándolo mientras éste se retorcía.
Lennox había escuchado los disparos en el exterior, y consciente de que ya no tenía escapatoria, se había enfurecido aún más, y había decidido culminar lo que había empezado. Morgan, Rossi, J.J. y Reid llegaron sólo segundos después. Mientras los dos primeros ayudaban a Morgan a retener al sudes para ponerle las esposas, Reid y J.J. estaban tratando de auxiliar a Emily, a la que le estaba costando respirar.
— Las llaves, Reid... Busca las llaves...— Le apremió J.J. cada vez más preocupada por Emily — Tenemos que sacarla de aquí.
No hizo falta que lo hiciera, Morgan agarró a Lennox por la solapa de su camisa y lo empujó contra la pared con furia. Una ráfaga de dolor atravesó a Lennox desde la cabeza hasta los pies.
— ¡Las llaves!— Le ordenó.
Lennox miró temeroso a Rossi. Aquello al menos era violencia policial. ¿Es que nadie iba a hacer nada?, pensó.
— Yo que tú se las daría... — Le aconsejó el italiano por toda respuesta.
Dándose por vencido, Lennox señaló hacia los pies de la cama. Reid corrió hasta allí y luego regresó, liberando a Emily, que fue sostenida por J.J. y Reid antes de que cayera al suelo desfallecida.
El aire dolía cada vez que entraba en su garganta. Emily, que apenas podía sostenerse en pie, clavó sus ojos en Lennox, aún inmovilizado por Rossi y Morgan mientras el jefe de policía le ponía las esposas.
— ¿Estás bien?
La pregunta le llegó lejana, como si viajara en una nube, y Emily tardó un poco en comprender que era Morgan quien le hablaba. De pronto, estaba justo delante de ella, con expresión angustiada. Emily, en su aturdimiento, se preguntó por qué estaba tan preocupado, hasta que se dio cuenta de que era por ella.
— Emily, ¿Estás bien?— Repitió Morgan, tomándola del mentón para comprobar las lesiones. Las marcas en el cuello comenzaban a ser evidentes, y aún no había dicho una palabra. Parecía que iba a desmayarse de un momento a otro.
Ella asintió. Sin embargo no apartó la vista de Lennox. Simplemente no podía dejar de mirarlo. Ese maldito cabrón había estado a punto de matarla.
Derek siguió su mirada y luego sostuvo su rostro, inquieto. Claramente estaba en conmocionada. Tuvo una sensación de "deja vu". El caso de Denver aún estaba demasiado reciente.
— Vamos, princesa, vamos a sacarte de aquí— Dijo.
— La ambulancia ya debe haber llegado— Señaló J.J.
Morgan pasó uno de los brazos de Emily sobre sus hombros, y en vista de que no se sostenía, la rodeó por la cintura para estabilizarla y la guió fuera de la casa.
En cuanto inhaló el aire del exterior, Emily sintió que sus piernas recuperaban las fuerzas.
— ¿Mejor?— Le preguntó Morgan arriesgándose a soltarla, pero sin apenas alejarse. Mantuvo su mano aún apoyada ligeramente en su cintura, sólo por precaución.
— Sí...— Balbuceó, pero tan pronto lo dijo, una sensación de profundas nauseas se apoderaron de ella— No...— Rectificó, y de inmediato se volvió hacia una zona ajardinada que había a su izquierda y comenzó a vomitar.
J.J., que los había seguido, se detuvo justo detrás de la pareja. Emily estaba agachada, con las manos apoyadas sobre el pequeño muro que separaba el jardín, aún después de que en su estómago ya no quedara nada que expulsar. Derek se había quedado justo a su lado, sosteniéndola de nuevo, y acariciándole el cabello que le caía desmadejado sobre sus mejillas.
J.J. leyó en su rostro un profundo desasosiego, a pesar de que trataba de calmarla.
— Es normal, Morgan— Dijo J.J. Por alguna razón sintió la necesidad de tranquilizarlo. Derek había vivido la muerte de Emily como si hubiera pasado por un auténtico infierno. Todos se habían dado cuenta, y ahora al verlo, J.J. había recordado aquellos momentos— Se pondrá bien.
Él le dirigió una mirada culpable, odiándose a sí mismo por no haberla convencido para que rechazara participar en aquel plan y por no haber sido más rápido, más fuerte, más vehemente en sus argumentos con Hotch.
— Claro— Susurró sin convencimiento.
— Voy a buscarle agua— Continuó J.J. — Deberías acompañarla mientras la atienden los sanitarios y luego llevarla al hotel. Nosotros nos encargaremos del resto.
En cualquier caso, J.J. asumió que no había otra cosa en los planes inmediatos de Morgan.
Cuando su estómago comenzó a estabilizarse, Emily se incorporó y se sentó en el muro de piedra. Morgan permaneció acuclillado junto a ella, en silencio. Por fin ella lo miró, y se sintió responsable de lo atormentado que parecía.
— No debí tomarme el Martini...— Bromeó tímidamente.
Aún le dolía la garganta, pero al menos ya podía hablar con una voz reconocible.
Derek le acarició el cabello, sin importarle que pudieran verlo, en la seguridad de que el resto del equipo sería suficientemente cauto como para interpretar que sólo se trataba de un compañero consolando a otro.
— No vuelvas a asustarme así jamás— Le susurró.
Ella asintió, y luego señaló con la cabeza hacia el interior de la casa. Lennox seguía dentro.
— ¿Crees que encontrarán evidencia de los asesinatos?
— Sí— Le confirmó Morgan. Por los comentarios de los agentes que iban y venían, Lennox pasaría en prisión unos cuantos años. La sola idea de que Emily había estado a punto de convertirse en una de sus víctimas, le produjo escalofríos— ¿Por qué no nos alertaste?
— Lo hice— Lo miró, confusa— ¿No me oísteis?
Fue entonces cuando Morgan comprendió que la habitación no sólo debía estar insonorizada.
— Sospecho que tenía algún inhibidor de señal que se activó al cerrar la puerta...
Para Emily tenía sentido. En cualquier caso, y por suerte para ella, sus compañeros habían actuado rápido.
— No esperasteis los cinco minutos, ¿verdad?
Morgan deslizó su mano desde su cabello hasta su mentón.
— Te habría perdido en cinco minutos. No iba a dejar que sucediera otra vez.
Emily jadeó suavemente.
Doyle, por supuesto. Siempre Doyle. ¿Hasta cuándo Morgan se iba a martirizar por haber llegado tarde?
El alboroto que procedía de la casa, mezclado ahora con voces conocidas, los alertó, y Derek se apartó un poco.
Pronto Hotch, Rossi y Reid aparecieron junto al umbral de la puerta.
— ¿Cómo estás?— Se interesó Reid.
Emily sonrió y levantó el dedo pulgar.
— Como si me hubieran aplastado la garganta.
Leves sonrisas se prodigaron, aunque un poco alarmadas por el humor negro al que era tan proclive Emily. En cualquier caso, significaba que estaba mejor.
— Si te sirve de consuelo, hemos atrapado a un asesino en serie. No cabe duda de que es él. Hay pertenencias de las víctimas en la habitación— Le informó Hotch, luego se volvió a Morgan— ¿La han examinado los paramédicos?
Emily abrió los ojos, incrédula. ¿Por qué cuando hablaban de su salud todos sus amigos actuaban como si su propia opinión no fuera importante? Estuvo a punto de protestar, pero decidió que no le quedaban fuerzas.
O eso creía, porque justo entonces dos agentes de la policía de Atlanta, salieron de la casa custodiando a Lennox, que iba esposado. Emily, que hasta ese momento había mantenido la calma, saltó con furia cuando éste pasó delante de ella.
Morgan trató de retenerla y la agarró por el brazo.
— ¡Morgan, suéltame!— Le gritó Emily, zafándose de él.
Se encaró con Lennox sin que nadie se atreviera a evitarlo, y se tomó su tiempo para mirarlo a los ojos.
— Emily...— Le advirtió Rossi. No quería que Lennox pudiera utilizar la excusa de la violencia policial si Emily no era capaz de controlarse. Ya habían tenido suficiente con Morgan.
Emily simplemente ignoró al italiano y mantuvo sus ojos clavados en su agresor, desafiante, hasta que éste apartó la vista a un lado.
— No eres nada— Le escupió con furia— Me encargaré personalmente de que te pudras en la cárcel — Añadió, y luego se apartó a un lado para dejar pasar a la comitiva.
Lo siguió con la mirada hasta que los agentes lo introdujeron en el coche policial. Fue entonces cuando J.J. regresó, y se encontró con su amiga, extrañamente complacida, y detrás de ella, los cuatro hombres del equipo con cara de circunstancias.
— ¿Va todo bien?— Preguntó con cautela.
Llevaba en la mano la botella de agua que había ido a buscar.
— Ahora sí— Dijo Emily, orgullosa de sí misma, y luego se volvió hacia Rossi— Y Dave... No me digas "Emily..."— Sentenció.
De pronto, se sintió como si hubiera vencido al propio Doyle.
xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx
