Nota.- Tenía más o menos hasta aquí escrito. Intentaré mantener el ritmo de publicación pero perdonadme si me retraso... ¡Gracias por leer y por los comentarios!

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CAPÍTULO 21

— ¿Estás nerviosa?

Morgan conducía a través de las calles de la ciudad, todo lo rápido que le permitían los semáforos y los vehículos que ya circulaban a aquella hora. El trayecto desde su casa hasta la casa de Emily era relativamente corto, pero se le estaba haciendo eterno. García había calificado el estado del apartamento de Emily como "un desastre", y Morgan no podía evitar dar gracias porque ella no hubiera estado allí.

De reojo, la vio mordisquearse las uñas, gesto que había comenzado tan pronto Emily se había subido a la camioneta de Morgan.

— No— Mintió ella— Sólo me pregunto qué intención tendría esa mujer al atreverse a entrar en mi apartamento.

Derek deslizó sus ojos hacia la morena, que la había tomado especialmente con el pulgar de su mano izquierda, como si tratara de arrancarse la piel a tiras.

— Te estás mordiendo las uñas.

Con un suspiro de cansancio, Emily apartó la mano y la dejó sobre su regazo. El gesto del mordisqueo, se tornó entonces en un incesante frotamiento de manos.

— Bueno... Tengo motivos para estar nerviosa. Han allanado mi casa... — A través del cristal, Emily contempló el cielo. Comenzaba a amanecer y pronto las calles se llenarían de tráfico— ¿No es más rápido ir por la octava?— Le instó exasperada.

Morgan decidió que la mejor opción era no llevarle directamente la contraria y mantener la calma, evitando así que una agente claramente ansiosa, entrara en estado de histeria. Había sido algo progresivo. Emily había permanecido sorprendentemente tranquila mientras hablaba con García, pero en cuanto había terminado la llamada, había comenzado a ponerse cada vez más nerviosa.

Derek estaba seguro de que aquello tenía que ver, sólo un poco con el asalto a su apartamento y bastante más con el hecho de las explicaciones que tendría que dar en relación a su presencia en casa de Morgan.

— Ya casi estamos— Anunció Morgan.

En un par de giros más, Derek aparcó frente al edificio de apartamentos. Antes de que Morgan ni siquiera llegara a deshacerse del cinturón de seguridad, Emily ya se había apeado del vehículo y se encaminaba hacia la entrada del edificio.

Morgan la observó, algo inquieto. Había albergado la esperanza de que se tomara las cosas con algo más de perspectiva, pero no había tenido en cuenta que las circunstancias no eran las mejores. El equipo al completo, husmeando en su apartamento y haciendo preguntas incómodas. No, definitivamente ninguno de los dos estaba preparado para eso.

La alcanzó en el vestíbulo. En un principio Morgan creyó que se había detenido para esperarlo, pero al mirar al frente, se dio cuenta de que Rossi, Hotch y Reid estaban hablando con el conserje. Simplemente Emily había sido incapaz de dar un paso más.

— ¿Qué demonios vamos a decirles?— Le preguntó Emily justo cuando Morgan llegó a su altura.

Y allí estaba finalmente la verdadera razón de su angustia, se dijo Morgan.

Los tres agentes continuaron ajenos a su llegada, hasta que Charlie alzó la mano a modo de saludo, alertándolos. Hotch, Rossi y Reid se volvieron hacia la pareja, no especialmente sorprendidos. Morgan imaginó que ya estarían al tanto de lo imprescindible.

— Les diremos que hemos tenido un sexo increíble— Se burló Morgan haciéndole un guiño.

Emily lo miró, atónita, pero aquella extravagante respuesta, le sirvió para darse cuenta de que estaba siendo demasiado dramática. Al fin y al cabo, eran perfiladores. Estaba segura de que ya albergaban sospechas sobre su relación desde hacía tiempo.

Con una sonrisa contenida en los labios, caminó hasta el grupo.

Emily se preparó para la pregunta obvia de "¿Estabais juntos?" o alguna de sus variantes, pero ya sea por profesionalidad, ya sea por discreción, no recibieron más que una mirada algo severa de Hotch, y un poco más de comprensión por parte de Rossi y de Reid. Emily habría jurado además, que Reid parecía incluso avergonzado.

— ¿Todo bien?— Preguntó Hotch utilizando la ambigüedad a modo de saludo.

Emily asintió, y luego se volvió hacia el conserje.

— Charlie, gracias por avisar— Fue lo primero que salió de la boca de la morena.

— No me habría enterado si los ruidos no hubieran alertado a Marjorie— Le recordó él, modestamente.

— Le pedí a J.J. que la interrogara— Añadió Hotch—Luego sabremos más.

— Yo no he visto salir a nadie— Continuó Charlie. Se le veía afectado, como si se sintiera responsable de lo ocurrido— Sólo se me ocurre que haya escapado por el garaje.

Nadie le echaba la culpa, obviamente.

— Charlie, aún tienes mis llaves, ¿no?

Emily sólo quería cerciorarse que nadie había accedido al apartamento con ellas.

El conserje hurgó en su bolsillo y se las mostró.

— Lo primero que hice fue asegurarme de que las tenía.

— Deberías subir para comprobar cómo está todo— Le sugirió Morgan.

Sólo que no era una sugerencia. Emily notó que trataba de evitarle el bochorno del interrogatorio que tarde o temprano llegaría. Se estaba ofreciendo para soportar la reprimenda de Hotch y no podía estarle más agradecida. Iba a protestar, pero al parecer, Rossi estaba de parte de Morgan.

— Me parece buena idea— Coincidió Rossi antes de que Emily pudiera abrir la boca.

— Reid, ve con ella— Culminó Hotch y con ello, ya Emily no pudo objetar absolutamente nada.

— Está bien, os esperamos arriba...— Claudicó ésta.

La única razón para que Morgan, Rossi y Hotch permanecieran en el vestíbulo era que la conversación iba a dar el giro que Emily había temido tanto. Una vez que Emily y Reid, desaparecieron tras las puertas del ascensor, Hotch se llevó aparte a Morgan, mientras Rossi terminaba de interrogar a Charlie.

— ¿De veras creíais que podríais ocultarnos esto? — Le espetó Hotch sin preámbulo alguno y con gesto adusto— Por el amor de Dios, Morgan, ¿En qué estabais pensando? Si Strauss se entera…

— Si Strauss se entera asumiré las consecuencias— Proclamó Morgan.

Hotch estaba convencido de que lo haría, pero tenía la impresión de que Morgan pecaba de exceso de optimismo.

— ¿Asumirás? ¿Crees que serás el único perjudicado? Y no hablo del equipo. Sabes perfectamente que Emily está en el punto de mira después de lo ocurrido con Doyle.

Derek comprendía el enfado de Hotch, pero ¿qué podía hacer? Estaba irracionalmente enamorado de ella. Era como pedirle a la Luna que dejara de orbitar alrededor de la Tierra.

— No permitiré que le ocurra nada— Insistió Morgan.

— No sé cómo podrías evitarlo…— Continuó Hotch — En cualquier caso, será mejor que esto quede dentro del equipo… No habéis podido escoger peor momento…

Rossi irrumpió antes de que aquella conversación se convirtiera en un repertorio interminable de reproches.

— ¿Me he perdido algo importante?— Bromeó el italiano— ¿Ya lo ha confesado o necesitamos torturarlo?

Hotch le lanzó una mirada de desaprobación que a Rossi no le afectó en absoluto, como solía suceder siempre.

— Te estás divirtiendo, ¿verdad?— Le reprendió Hotch, que había esperado un poco más de apoyo de su colega más experimentado. Algo absurdo teniendo en cuenta la propia fama que tenía Rossi de infringir cualquier tipo de norma.

— Molto— Continuó Rossi sin perder la sonrisa de sus labios.

Morgan agradeció el apoyo, aunque hubiera sido en otro idioma.

Por su parte, Emily sufría su propio martirio a manos de J.J. y García. Reid no había abierto la boca más que para carraspear durante el trayecto en ascensor hasta el apartamento de Emily. A Emily le causaba cierta ternura que el muchacho pareciera estar pasándolo incluso peor que ella. Estaba segura de que Reid necesitaría tiempo para asimilar que dos de sus compañeros a los que básicamente consideraba como sus hermanos mayores, de pronto hubieran decidido convertirse en amantes.

"Amantes", aquella palabra la hizo estremecer.

Se le pasó en cuanto las dos mujeres que aguardaban en su apartamento le pusieron los ojos encima.

Pero no antes de que Emily cruzara el umbral de la puerta y contemplara por sí misma el horror en que se había convertido su salón.

— Oh, Dios mío...— Susurró con un jadeo.

Literalmente la sudes, si es que finalmente se confirmaban las sospechas, no había dejado nada en pie. Casi todos los muebles estaban volcados. Su colección de libros y discos, yacían desperdigados por el suelo. Las fotografías y los cuadros que colgaban de las paredes, estaban hechos trizas. Había restos de vajilla y cubiertos por doquier. Las fundas de los sillones estaban rajadas. Las cortinas habían corrido la misma suerte. Y la catástrofe parecía continuar hacia su habitación donde sin duda habría encontrado más objetos con los que descargar su ira.

— Vaya...— Consiguió articular Reid, tan impresionado como Emily— Menos mal que estabas con Morgan…

No sabía mucho más. A J.J., que había hablado con Hotch mientras esperaba a Emily, no le había quedado más remedio que confesar que Emily estaba en casa de Morgan. El resto, lo habían deducido los perfiladores por sí solos.

J.J. y García se volvieron hacia los recién llegados. Reprimieron su primer instinto de asaltar a su amiga con preguntas sobre Morgan, al fin y al cabo habría sido poco considerado por su parte teniendo en cuenta que prácticamente habían destrozado su apartamento.

—Em...— Dijo J. J. a modo de saludo. Se asomó un poco al pasillo, esperando encontrar al resto del equipo— ¿Los demás?

— Abajo, sometiendo a Morgan al tercer grado— Respondió Emily en una absurda tentativa de broma— ¿Cómo está mi dormitorio?— Preguntó esperanzada. Quizás la sudes, alertada por la presencia de Marjorie había decidido huir antes de terminar su cometido.

— Tendrás que comprarte ropa de nueva...— Le explicó J.J. tímidamente— Creo que empezó por ahí.

— Oh, Señor...— Se lamentó de nuevo Emily, que se había quedado petrificada junto a la puerta.

Fue García la que se acercó, y la abrazó suavemente.

— De todas formas necesitabas renovar el vestuario, querida...— Trató de consolarla— Ya verás qué divertido... Hay un par de tiendas nuevas que tienen cosas increíbles... Traídas directamente desde Europa, justo lo que a ti te gusta.

Emily no estaba segura de cómo podía resultar eso divertido.

— Claro...— Balbuceó.

— Deberías comprobar si el sudes se ha llevado algo— Le recordó Reid.

— La sudes…— Precisó Emily. Los tres agentes le dirigieron una mirada interrogante— Morgan y yo creemos que es una mujer… Luego os daré los detalles.

A continuación, Emily se encaminó directamente al dormitorio, sorteando los objetos con los que ahora estaba decorado el suelo del salón. Algunos enteros, otros hechos pedazos.

— Ponte guantes, Emily— Le advirtió J.J. — Aún tiene que venir la unidad de la policía científica a tomar las huellas.

El armario estaba abierto de par en par, por lo que no tuvo que tocarlo para coger unos guantes de la caja que guardaba en uno de los estantes. Defecto profesional. Siempre había que tener guardados en casa al menos una caja de guantes de látex.

Ya en modo profesional, se tomó su tiempo para decidir por dónde empezar. Lo obvio era comprobar los objetos de valor, aunque teniendo en cuenta que había un collar de perlas en el suelo— o lo que había sido un collar, porque ahora las perlas estaban desperdigadas por toda la habitación— dudaba que su intención hubiera sido robar. Emily normalmente guardaba sus escasas joyas en la caja fuerte, pero aquel había sido un regalo que le había enviado su madre en su primer cumpleaños después de su regreso, supuso que a modo de bienvenida. Un collar de perlas en lugar de una felicitación amorosa. Así era su madre. Emily ni siquiera se había ocupado de guardarlo adecuadamente.

Claro que tampoco imaginó que alguien fuera a asaltar de aquel modo su intimidad.

La cama donde había hecho el amor por primera vez con Morgan, estaba totalmente revuelta. Mejor dicho. Especialmente revuelta. No sólo las sábanas estaban hechas pedazos, sino que incluso el colchón había sufrido daños que lo habían dejado inservible. El pensamiento de que alguien los había estado vigilando se hizo muy presente. Aquello parecía un caso enfermizo de celos hasta la locura.

Examinó la caja fuerte que, como suponía, era de lo poco que seguía intacto. Trató de no contaminar demasiado el escenario, limitándose a mirar en los cajones que ya estaban abiertos. El baño no había sufrido tantos destrozos, la furia se había concentrado en el dormitorio que parecía haber sido devastado por un huracán.

— Me parece que tendrás que quedarte con Morgan durante un tiempo...

La apreciación aguda de J.J., a sus espaldas, la sobresaltó. Se volvió hacia ella, que sonreía amistosamente desde la puerta del dormitorio. Emily tuvo que asumir rápidamente que aquel elefante no iba a desaparecer de la habitación sólo porque ella lo deseara con mucha fuerza.

— ¿Tú crees?— Replicó Emily con ironía— Esta mujer me odia con todas sus fuerzas...— Añadió señalando a su alrededor.

J.J. hizo un gesto con la cabeza hacia la cama.

— Diría que odia que te acuestes con Morgan.

Bueno, pues ya estaba dicho, apreció Emily en silencio.

Las dos amigas se miraron. Emily trató de averiguar si J.J. de algún modo se había sentido ofendida por haberle mantenido ocultos sus sentimientos hacia Morgan, aunque lo cierto era que también se los había ocultado a sí misma, así que esa era sin duda una gran defensa.

— J.J., prácticamente acaba de suceder...— Se excusó Emily, esperando que eso sirviera de algo— Ni siquiera sé cómo pasó... Simplemente ocurrió.

— No te estoy recriminando nada— Se apresuró a aclararle J.J. — Me alegró por vosotros, de verdad— Añadió acercándose a ella. La tomó de los hombros y a continuación la abrazó— Sólo tengo miedo de que alguno de los dos salga herido— Confesó— Os quiero a los dos.

— Gracias...— Le susurró Emily aceptando su cálido abrazo.

En su corazón, compartía el mismo temor que J.J.

Fue entonces cuando fijó su atención en una caja de cartón abierta que había acabado junto a la puerta de la entrada. La reconoció de inmediato. Allí había guardado los objetos personales que habían pertenecido a Doyle y que había decidido entregarle a Declan algún día. Un reloj y un anillo. Pero además, había recuperado de la sala de pruebas el colgante que Doyle le había regalado en prueba de un amor que al final resultó ser una condena. Ni siquiera sabía por qué lo había hecho, cuando lo cierto era que su sola visión la horrorizaba. Simplemente le parecía obsceno mantenerlo allí, a la vista de cualquiera. Al final, sin saber qué hacer con aquel colgante, lo había guardado junto con el resto de objetos, en el interior de una caja oculta tras un montón de ropa de cama.

Hasta donde podía comprobar podía ver el reloj y el anillo junto a la caja.

¿Dónde diablos estaba el colgante?

Maldita sea... Susurró.

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