Disclaimer: la mayoría de los personajes mencionados son propiedad de Stephenie Meyer.
Capítulo 9
Edward
― ¿Ella está bien? ―pregunté cuando el pediatra dejó de auscultar a Olivia.
No iba a negar que me sentía ansioso y a la vez preocupado por la niña. Eran mi responsabilidad y saber que estaba en ese estado por mi culpa me provocaba una tensión en el cuerpo.
Por mucho que Bella me consolara y me hiciera ver que todo estaba bien, sabía que en el fondo era el causante de que estuviera en el hospital.
Y volver a revivir esa sensación de miseria e impotencia me mantenía conmocionado.
― La crisis pasó ―respondió el médico― llegó muy alterada. Ahora está tranquila y dormirá lo que resta del día.
― Me quedaré a cuidarla ―Bella comentó.
No dejaba de pasar los dedos por el suave cabello de Olivia y verla de una forma tan maternal me conmovió a la vez que me trajo recuerdos. Bella hubiera sido la mejor madre, no tenía dudas.
― También yo ―intervino Bree.
― Me quedaré con ustedes ―se unió Benjamín.
Internamente agradecí que había dejado de verme de esa manera hostil.
― ¿Podemos quedarnos todos? ―Pregunté.
El doctor me vio con una ligera sonrisa y asintió a la vez que llevaba el estetoscopio al cuello.
― Solo mantengan la voz baja para no molestar a los demás pacientes ―pidió antes de retirarse.
Nos mantuvimos en silencio quizá por más tiempo del necesario. Bree y Benjamín sentados en el borde de la camilla y Bella seguía junto a Olivia, cepillando suavemente los cabellos.
― No importa cuánto me odien ―expresé, ganándome su atención―. No vamos a volver a elevar la voz y cada problema lo vamos a aclarar en privado, sin exponer a Olivia.
― ¡Yo no quiero vivir contigo! ―Exclamó Benjamín, ese gesto agresivo había vuelto a su rostro.
― Estoy cansado de tus groserías ―lo acusé―. Eres quien levanta el revuelo y vuelve a las niñas contra nosotros, así que no permitiré una falta de respeto más, si no quieres vivir aquí, pues tendrás que acostumbrarte porque no hay opción, así como…
― ¡Edward! ―intervino Bella, con su mirada me decía que mantuviera la calma―. Todos vamos a poner de nuestra parte ―dijo― tal vez será complicado, pero vamos a intentarlo… por Olivia, ¿verdad?
Bree fue la primera en asentir. Se mantuvo callada solo viendo hacia Olivia que dormía tan apacible.
― Olivia nunca ha celebrado un cumpleaños ―de pronto pronunció Bree.
Junté las cejas.
― ¡Cállate! ―Chilló Benjamín. Era notorio que no quería que supiéramos―. Dijimos que no hablaríamos de…
― ¡No vas a callarme! ―Bree lo enfrentó―. No tiene nada de malo decir la verdad, Oli nunca ha festejado un cumpleaños y ella seguramente será feliz si le organizamos uno. Será un motivo para por fin decir una palabra con ellos.
Bella y yo nos miramos. Haríamos miles de fiestas con tal de escuchar la voz de Olivia.
Bree y Benjamín continuaron su discusión entre ellos y Bella tuvo que intervenir.
― Dijimos que pondremos de nuestra parte para no exaltar a Olivia ―les recordó―. Tengamos un poco de empatía con la más pequeña.
Exhalé cansado y me acerqué a mi mujer, apoyando mi barbilla en su hombro derecho. Los ojos de Bree y Benjamín no se apartaban de mí, mientras tanto yo no sabía cómo abordar cientos de dudas que estaban en mi cabeza.
¿Qué les dijo Elizabeth de mí?
― A mí no me gusta estar donde no me quieren ―protestó Benjamín, había vuelto ese gesto de enfado, sin embargo, el tono en su voz era suave.
― ¿Qué más? ―Me escuché decir. Tal vez lo mejor era que sacara todo lo que tenía guardado contra mí.
Su mirada jade se iluminó. No supe descifrar si era odio o simplemente estaba sorprendido.
― Yo soy el hombre ―dijo― el hermano mayor y siempre he sido el líder. Nunca nadie me dice cómo hacer las cosas.
― ¿Desde cuándo saben de mi existencia?
Él abre los ojos ampliamente. Quizá está confundido porque no sigo su conversación. Lo único que por el momento deseo son respuestas.
― Mamá siempre nos habló de ti ―confesó Bree a la vez que empezó a jugar con sus dedos, retorciéndolos entre sí―. Ella decía que la abandonaste y que nunca la quisiste, por eso buscaste una familia adinerada para olvidarte de nosotros.
Apreté los labios para no esbozar una sonrisa. Era lo más absurdo que había escuchado en mi vida. Un niño de diez años sería incapaz de ser interesado cuando lo único que mendigue era un poco de amor
― ¿Hablaba en sus cinco sentidos o…?
― Edward ―Bella intervino, estaba apretando mi antebrazo y me veía con ojos suplicantes―: piensa bien lo que dirás, sé mesurado.
― Entonces, siempre supieron de mí ―volví al tema―. Sabían que era un miserable interesado que abandonó a su madre en desgracia.
― Mamá estaba enferma ―exhaló Benjamín― y no te importó.
Resoplé. Estaba usando toda mi poca paciencia para no explotar como acostumbro.
― Cuéntenme más… ―pedí.
Las cejas de Benjamín se juntaron. Miró a su hermana unos segundos, ella estaba igual de sorprendida que él. Ambos me miraron de forma extraña.
― Mamá te buscó todo el tiempo y nunca quisiste ir a verla ―reveló Bree― ella lloraba mucho por ti, porque quería verte antes de… ―su voz se apagó.
― Su última palabra fue tu nombre ―dijo Benjamín.
Exhaló ruidosamente y pasé las manos por mi pelo mientras empezaba a caminar por la pequeña habitación.
― Creo que estamos hablando de dos personas diferentes ―les dije, había quedado de nuevo frente a ellos―. La persona que me trajo al mundo nunca me quiso, sin nombrar sus bajas acciones en mí contra, solo diré que servicios sociales me apartó de ella debido al nulo interés que tenía por mí ―pellizqué el puente de mi nariz, estaba tragando mi rabia―. Mi madre Esme tiene mi récord, por si quieren leerlo.
― ¡Tu madre no es ella! ―Benjamín reclamó.
Lo miré fijamente; sentía como la nuez en mi garganta subía y bajaba. Él no tenía idea de lo que hablaba, no tenía conocimiento del infierno que viví con esa mujer, entonces sentí que volví a odiar con todas mis fuerzas a Elizabeth.
Fue tan perra que les contó una historia que nunca existió. Me dejó como el villano y se fue ante sus ojos como si ella fuera una jodida santa.
Di la media vuelta y salí de ahí. Necesitaba un poco de aire y despejar mi mente. Caminé a zancadas por el largo pasillo del hospital, anduve a toda prisa hasta el estacionamiento.
Con mi puño izquierdo golpeé la ventanilla de mi automóvil. No iba a llorar, no iba a hacerlo.
Limpié bruscamente la única lágrimas que descendió por mi pómulo derecho. Miré al cielo, estaba a punto de anochecer.
― Elizabeth ―murmuré―, ojalá te estés pudriendo en el infierno.
Bella
Por primera vez no sabía qué hacer. Por un lado quería salir corriendo y consolar a Edward y por otro lado me era imposible separarme de Olivia.
La sensación contrariada se sentía en mi pecho. Y me hacía sentir mal.
― Ojalá un día se den el tiempo de averiguar la vida de su hermano ―comenté.
¿Qué más podía decir? Llevaba semanas viviendo en una maldita montaña rusa, llena de emociones encontradas.
Bree caminó del otro lado de la camilla: observó con mucho amor a su hermana, entretanto sujetaba una pequeña mano, se inclinó dejando cortos besos en la cabeza de Olivia.
La niña seguía profundamente dormida sin ser consciente de las muestras de cariño de su hermana mayor.
― Olivia es muy apegada a ti ―acerté en decir― es notable tu amor por ella.
― La he cuidado desde que nació ―reconoció― le cambiaba sus pañales y le daba los biberones, me desvele cada noche desde que llegó a este mundo. Tenía terror que no fuera a despertar.
Sus palabras calaron en mi corazón. Mis lágrimas cayeron al darme cuenta que Bree era mejor ser humano que yo.
Hice una bocanada. Necesitando todo el aire para no ponerme a llorar como una loca.
El nudo en la garganta dolía y me había dejado sin poder articular palabras.
― Ustedes no tienen hijos, verdad ―añadió, dándome la puñalada final.
Con mis dedos, abanique mis ojos y me obligué a estar serena.
― Si tuvieran hijos no fueran tan amargados ―expresó Benjamín.
― Te equivocas ―respondí―. Edward y yo somos papás ―pronuncié tan bajo que probablemente no me escucharon― solo que nuestra bebé es un angelito en nuestras vidas. Ella no está aquí… físicamente.
Dejé mis lágrimas rodar. Era la primera vez que hablaba de Grace con ellos, por alguna razón necesitaba decirles que éramos padres, pero que no habíamos tenido la dicha de cuidarla ni de verla crecer.
Bree abrió la boca, su rostro se había enrojecido al igual que el de Benjamín.
― Lo siento ―se disculpó avergonzada―. Yo pensé… es que eres muy joven y bonita.
― No lo dije para que me tengan lástima, lo único que quiero es que se den cuenta que Edward y yo somos una pareja normal, no unos monstruos como ustedes creen.
― Nadie que abandona a su madre puede considerarse normal ―farfulló Benjamín.
Ese niño me recordaba tanto la forma de ser de Edward. Su manera de expresarse y el vivir a la defensiva, era el carácter difícil de mi pareja. En el principio de nuestro noviazgo fue lo que más nos dio problemas, su personalidad y la mía, simplemente no congeniaban.
― No hablaré de tu madre ―le dije― porque no la conocí. Solo te daré mi opinión, deberías pensar un poco si quieres conocer la versión de Edward, él tiene pruebas y no sé si tu madre también las tenía y ustedes las vieron.
― Nunca vimos nada ―afirmó Bree―. Mamá nos contaba que recayó en adicciones por culpa de Edward. Ella lloraba todo el tiempo por él.
― ¿Y por qué crees que lloraba? ―pregunté.
La niña solo se encogió de hombros y negó.
― Lloraba porque Edward la abandonó y no quiso volver a verla ―insistió Benjamín―. Mamá estaba muy enferma y no tenía plata para pagar medicamentos, sufrió mucho.
Cada palabra revelada eran nuevos detalles descubiertos de sus vidas. Me estaba quedando claro que Elizabeth los mantuvo con ella, quizás sufriendo penurias y llenándolos de veneno en contra de Edward.
La verdadera intención de esa mujer aún era desconocida, quise suponer que lo hizo sabiendo que ella estaba condenada a morir y que Edward terminaría cargando con los niños. Tal vez en su mente, de algún modo lo haría pagar o quizá solo para amargarle la vida. No tenía idea.
― Haremos esto ―propuse―. Dejaremos de ser groseros, vamos a tratar de dialogar cualquier duda que surja y seremos más empáticos. Vamos a tratar de darle una mejor vida a Olivia y lo haremos juntos porque ella es la más pequeña.
― Ya lo había dicho ―me recuerda el niño.
― Entonces, es tiempo de aplicarlo. Dejemos las discrepancias de lado
El chico resopló cruzándose de brazos. Tenía el ceño fruncido y hacía los mismos gestos de Edward.
Guardé mi sonrisa. Me quedé también junto a la niña y pudiera ser que en alguna hora de la noche me dormí en el pequeño sofá. Cuando desperté era de día y Edward estaba acuclillado frente a mí con una leve sonrisa, adormilada miré hacia todos lados. Los niños dormían hechos bolitas en los pies de Olivia.
― Es hora de irnos a casa ―me dijo, pasando sus dedos por el contorno de mi cara― quiero que descanses en una cama y no aquí.
― ¿Qué pasa con Olivia?
― Tenemos el alta ―comentó―. Vamos a casa, nena.
Tomó mi mano, ayudándome a ponerme de pie. Me acerqué a la camilla, la niña dormía o mejor dicho, fingía dormir porque podía apreciar cómo apretaba los párpados.
― Olivia ―la llamé.
Lentamente abrió los ojos viéndome con la mirada más dulce que pudiera existir. No podía negar que me desarmó y me hizo sonreír. Ella de inmediato apretó sus labios rosas, posiblemente negándose a hablar.
― ¿Quieres comer algo? ―pregunté―. Esta vez eliges tú lo que quieras desayunar, ¿si?
Sus enormes ojos marrones se abrían y cerraban.
Sus pequeños dedos estaban aferrados a la sábana que cubría su cuerpo.
― ¿Cuál es tu comida favorita, Olivia? ―Edward se unió a la conversación―. Hoy soy como un jodida hada madrina y concedo deseos, ¿qué quieres comer?
Luego de minutos de silencio. Edward y yo nos miramos, nos armaría os de paciencia para hacerla hablar.
― Chicos ―moví el brazo de Bree que seguía dormida― despierten, nos vamos a casa.
Ambos se levantaron como resortes. Se centraron en Olivia y la estaban ayudando a bajar de la camilla.
Edward tomó mi mano y me guió a la puerta.
― Quiero pancakes ―susurró una voz suave e infantil que nos hizo detener― nunca he visitado un restaurante donde vendan pancakes.
Volteamos a ver a la niña. Olivia tímida y manteniendo una sonrisa, nos miraba desde su corta estatura.
Al fin habíamos escuchado su voz.
Hola. Aquí tenemos otro capítulo más ¿qué opinan? Cada situación irá mejorando, solo sean pacientes porque los niños tienen otra opinión muy distinta de Edward.
Las invito al grupo de Facebook para que conozcan a los niños.
Recuerden que Los imprevistos del amor solo se actualizará los sábados, así que nos leemos hasta entonces.
Infinitas gracias por sus reviews: Sandra, sucede casi los mismo con estos niños, ellos tienen una imagen de Edwsrd que no es. Gracias por compartir un poco de ti. Lizdayanna, kasslpz, Dulce Carolina, Verónica, mrs puff, marisolpattinson, Mabelli Masen Grey, Rosemarie28, Daniela Masen, Car Cullen Stewart Pattinson, ALBANIDIA, Lizzye Masen, Antonella Masen, Diannita Robles, Mapi13, Jimena, Valeria Sinai Cullen, Pepita GY, Jane Bells m Maribel 1925, Adriu, The Vampire Goddess, miop, Noriitha, Flor McCarty-Cullen, saraipineda44, Cassandra Cantu, Ary Cullen 85, sandy56, Maryluna, rociolujan, Lili Cullen-Swan, aliceforever85, y comentarios Guest.
Gracias totales por leer 💥
