Murrey: - ¡CHIKOZ! ¡EZ HORA! -

Tairon: - ¿Pero qué demonios? -

Habían pasado varios minutos desde que las fuerzas de la Cruzada Calixus descendieron a la superficie de Atem III y el comisario Harrus y su destacamentos bajo el mando del coronel Tairon apena se habían reunidos con los astartes de las Tormenta. Esos no eran hombres... Esos eran los ángeles de la muerte del Emperador de la humanidad. Gloriosos guerreros de dos metros y medio de alto portando sus peculiares armaduras blancas con detalles en rojo escarlata.

[Perdón por la foto tan cutre [Perdón por la foto tan cutre. Pero de estos tipos literalmente no hay nada. Devido a que no información de estos tipos, voy a usar las doctrinas de combate de su antigua legión]

Aquellos nacidos de la segunda fundación de Marines Espaciales, en cuyas venas corría la sangre del primarca Corvus Corax alzaron la mirada hacia tan peculiar ruido, y antes sus ojos, una interminable marea verde brotaba desde la propia tierra envuelta en una hambre de violencia y guerra como pocos había visto.

Pero ellos no titubearon, ellos eran astartes, guerreros que sonríen frente a la muerte y no se doblegan antes las adversidades. A diferencia de las fuerzas del Astra Militarum cuyos miedos tuvieron que ser aplacados por la imponente voz del coronel Tairon, y los soldados de Krieg que esperaban ansiosos su redención, estos enorme hombre de dos metros y medio de alto simplemente... desaparecieron.

El coronel Tairon no podía creer lo que veían sus ojos. Apenas unos segundos estaba hablando con el capitán del capítulo, un astarte similar a sus hermanos de batalla, cuya única diferencia era su distinguido casco rojo, el cual marcaba su rango dentro de su unidad. El enorme marine, justo al resto de su compaññia simplemente se habían... esfumado. Como el polvo ante una fuerte ráfaga de viento.

Pero las dudas del coronel y su asombro no pudieron durar mucho. Ante el retumbar de los millones de pasos que se abalanzaban contra ellos como una abalancha verde, Tairon desplegó a sus tropas en un largo frente de batalla que apenas podía encontrar covertura en tal desolada planicie. Tras las interminables columnas del Astra Militarun, los soldados de Krieg, maestros de las trincheras, comenzaron a cabar decesperadamente mientras sus camarades de verde y dorado pondrían una resistencia desesperada. El único problema, era que les tomaría al menos dies minutos poder cabar unas trincheras mediocres para protegerse, y no disponían de tanto tiempo.

Mientras tanto, del otro lado del campo de batalla, liderando la impoenente marea verde se encontraba el Murrey. Las fuerzas de los pieles verde surgieron desde las profundidades de la superficie, avanzando en millares desde las grietas del subsuelo escabroso de un mundo tan resquebrajado como Atem III, o cualquier otro mundo industrial.

Los pieles verdes gritaban y rugían de la emoción, sobre todo con el heavy metal que sus camaradas tocaban de fondo, pero esto no sería una simple carga desenfrenada como tan acostumbrados estaban, pues Murrey no lo permitiría. Oh no. El propio Kanan le dió la oportunidad de convertirse en el maestro de orquesta de tan peculiar tablero de Regisida, y daría todo lo que tenía para reclamar una perfecta victoria.

Al frente de las formaciones se encontraba los corroz de guerra. Enormes carrozas de metal, pinchos y armas de fuego que disparabn sin parar hacia las posiciones enemigas, seguidos de cerca por los orkos, quienes lo usaban como covertura para avanzar por las desprotegidas planicies. Si lo que el caudillo dijo era cienrto, los humanos tardarían unos diez minutos en posicionar su artillería antes de atacar, y al parecer, no se había equivocado, pues lo único que devolvía el fuego enemigo eran los mediocres disparos del Astra Militarum, los cuales apenas dañaban el blindaje de las carrozas o lograban acertar a uno que otro orko desprevenido. Un avance lento, pero constante. Y desde la distancia, la mano del kaudillo contemplaba la batalla con euforia.

Murray: Muy bien. Enviada a la motos. -

Un extraño y muy peculiar cohete despegó desde donde estaría el puesto de mando de los orkos, un cohete que se alzó por los cielos y estalló liverando una extraña neblina roja por gran parte del campo de batalla. Muchos de los soldados temían asustados que fuera algun tipo de arma nueva o gaz venenoso, pero grande fue su sorpresa cuando resultó no ser más que confetti.

Si bien era poco practico, era la señal que un enorme grupo de orkos y grentchins estaba esperando. El eco de miles de motores retumbaron a la vez, captando la atención de todos aquellos que tenían sus ojos puesto en el campo de batalla. Tairon miró con preocupación como una enorme cortina de humo marrón se levantaba por unos de los costados del campo de batalla, e inmediatamente supo de que se trataba. ya lo había visto antes, y los recuerdos que tenía no eran muy bueno.

Tairon: - ¡Que un destacamento de vehículos se despliegue por el sector norte! ¡Interceptarlos a toda costa! -

Mientras tanto, en un lugar desconocido del campo de batalla:

?: - Estamos en posición. -

?: - Enterado. ¿Alguna noticia del segundo equipo? -

?: - Negativo... Perdimos contacto con ellos hace unos minutos. -

?: - No me agrada esto. No es nuestro estilo. -

?: - Nos tomaron desprevenidos. Tenemos que adaptarnos.

?: - Muy bien. Parece que tendremos que hacer esto solos. ¡Ahóra hombres! ¡Por el empardor! ¡Victoria o Mortix! -

Como una sombra en las mas oscuras de las noches, una Valquiria silenciosa Valkyria sobrevolaba el campo de batalla sin ser detectado. Era una avión de combate común, sin ningún tipo de modificaciones aparentes o visible, aún así, en su interior se encontraban aquellos marines de los Halcones de la Tormenta que desaparecieron ante los ojos de propio coronel Tairon.

Aún así, era apenas mediodía y el sol iluminaba con intensidad el campo de batalla, el cual estaba rodeado por esa contaminación amarillenta propia de un mundo industrial, y a pesar de esto, la Valkyria tripulada por astartes descendientes del cuervo era prácticamente invisible para los ojos de los mortales. La Valkyria que había tomado "prestada" del Astra Militarum predió el control y comenzó a descender erráticamente al carecer de piloto hasta estrellarse en una magnífica explosión tras la líneas de los orkos, pues sus tripulantes se había lanzado al vacío, y ahora caían en picado como halcones hambrientos sobre su presa.

La explosión de la nave no pasó desaparcibido para nadie, pero mientras los orkos celebraban lo "hermosa" de la explosión, Murrey se quedó estático, mirando con preocupación y preguntándose de donde había salido esa nave humana. No la había visto acercarse, y la única forma que tenía de hacer eso era...

El matazanos se dió la vuelta con prisa, llevandose una gran sorpresa al ver a uno de los orkos siendo partido en pedazos por las mortales garras de energía de uno de los astartes de los Halcones de la Tormenta. Sus cervoarmaduras únicas modelo Corvux los hacían invisibles antes los ojos, y solo cuando desataron la furia sobre ese sector de las formaciones orkas pudieron verlos.

Cayeron desde los cielos, como cuervos blancos hambrientos de sangre, usando los jectpack que caracterizaban a casi todos los hijos de Corvus Corax para acelerar su mortal caída sobre su objetivo. El único motivo por el cual Murrey estaba vivo, era porque el orko que primero sufrió la furia de los cuervos alvinos era mucho más grande que él, y desde la distancia pensaron que este era el líder orko. Pero nada más lejos de la realidad. Y ante la vista de como menos de veinte astartes eran suficientes para acabar con centenares de orkos en apenas unos segundos, Murrey sonrió expectante.

Sin embargo, en otro lado de las planicies donde la guerra aún no había llegado.

Harrus: - Coronel... ¿Cuál es la situación? - Llamaba por radio a su superior.

Tairon: - Los orkos nos atacan, comisario. -

Harrus: - ¿Dónde se encuentra? Me uniré a usted de inmediato. -

Tairon: - El frente principal se establecerá en las llanuras del sur de la ciudad capital. Comisario, tome a sus hombre y... - Antes de poder terminar de dar sus órdenes, algo interrumpió sus comunicaciones.

Soldado: - ¡FUEGO ENEMIGO! -

Harrus: - ¡Coronel Tairon! ¡Coronel Tairon! ¿¡Me recibe!? -

ACTUALIDAD

Harrus: - Que el Emperador nos ampare... -

Ante los ojos del comisario se levantaba no un simple marea verde, sino las fuerzas más poderosas de toda la horda bajo el mando de Kanan El Indomable. Miles de meganoblez y otras fuerzas combinadas de infantería y blindados bajo el mando de Kurnet se lanzaron a la batalla en un frenesí descontrolado. Pero antes la desesperda situación por parte de las fuerzas de la humanidad, una voz se alzó entre todos tras recordarse a si mismo que era el que tenía la responsabilidad de proteger y organizar a sus hombres.

Harrus: - ¡Desplegad las tropas! ¡Quiero que se extiendan en un frente único de dos kilómetros! Que todos los blindados que tengamos pasen al frente y disparad con todo lo que tengan! ¡Desplegad la artillería y que alguien me ponga en contacto con el coronel de inmediato! ¡Resistid mis camaradas! ¡Por la humanidad! ¡Por el Emperador! ¡Por Cantus! -

Antes sus enérgicas palabras, aquellos que tuvieron la dicha de escucharlo lanzaron un grito de guerra que surgió desde sus corazones y se propagó por el campo de batalla. La mayoría de las tropas del Astra Militarum del frente eran sobrevivientes de la masacre de Cantus, y tal como Kanan le había mencionado a David con antelación, todos ansiaban obtener su tan esperada venganza por sus camaradas caídos. Además, al considerar al propio comisario Harrus como un héroe de su mundo, estaban dispuesto hasta seguirlo hasta la propia Disformidad si era necesario. Hoy era el día tan esperado. Hoy era el día de la revancha. Hoy era el día que los muertos de Cantus alcanzarían su descanso eterno.

Orko: - Pareze que loz humi verdez ze eztan preparando. -

Kurnet: - Perfecto... Una batalla de verdad. Le tengo más aprecio a estos humi que a esos idiotas de blanco. -

Aún en su frenética carrera, Kurnet se tomó un tiempo para observar el bolter que tenía en la mano. Era de un peculiar color blanco, y a diferencia de las armas del Astra Militarun, este bolter de un marine espacial cabía en su mano, aunque algo apretado, pero tenía la potencia de fuego suficiente para complacer los exigentes gustos de violencia de la mano del caudillo.

Kurnet: - Mirad que querer matar al gran Kurnet con sus sucios y rateros engaños. ¡EL GRAN KURNET NO KAERÁ TAN FAZILMENTE! ¡POR EZO AHORA YACEN BAJO MIZ PIEZ Y MURTOZ POR MI HACHA! ¡KURNET NO MORIRÁ EN UN ABURRIDO LUGAR! ¡KURNET MORIRÁ EN EL KAMPO DE BATALLA MAZ ÉPICO DE LA HIZTORIA! ¡ATAKAD MIZ CHICOZ! ¡EZ HORA DEL WHAAAAG! -