Miraculous, les aventures de Ladybug et Chat Noir y sus personajes son propiedad de Thomas Astruc y Zag Entertainment.
08- Hilo
Marinette dormía profundamente cuando Luka se despertó. Al parecer las hadas tenían la costumbre de dormir hasta tarde o, al menos, sí la tenía aquella.
Salió del cuarto. No sabía qué comían las hadas, pero apostaba a que su minúscula visitante debía de estar muerta de hambre. Le avergonzaba admitir que no había pensado en ello, menuda torpeza la suya. Él que siempre cuidaba los detalles y que se preocupaba por que todos estuvieran cómodos, olvidándose de algo tan vital y básico como lo era alimentar a su visitante.
—Que madrugador, cariño.
—Buenos días, mamá.
—¿Quieres unas tostadas?
Luka sacudió la cabeza. ¿A Marinette le gustarían las tostadas? Tendría que haberse interesado más por lo que le gustaba y menos por lo que hacían las hadas.
—No, me las arreglaré con unas galletas.
Tomó una bandeja de plástico y puso leche a calentar. ¿Café o chocolate? Marinette le parecía más propensa a que le gustasen las cosas dulces. Chocolate. Vertió la leche caliente en una taza y la acomodó junto con las galletas y el bote de cacao en polvo. La taza era demasiado grande, Marinette no podría beber en ella. ¿Un vaso de chupito le serviría? Seguramente tampoco. ¿Tendrían algo más pequeño? Más pequeño…
Frunció el ceño. Se le ocurriría algo.
—Mamá, si no te importa voy a desayunar en mi cuarto.
La mujer se limitó a sacudir la cabeza, no pensaba meterse entre un adolescente y sus rarezas, además, Luka, era un buen chico no le preocupaba.
Marinette abrió los ojos y miró a su alrededor un poco desubicada. Sobre ella se alzaba un techo forrado de listones de madera pintados de colorines con pinceladas irregulares. No era su madriguera. No había suaves tapices cubriéndolo todo de colores vibrantes y perfectamente combinados. No. Lo que veían sus somnolientos ojos era un batiburrillo caótico y desentonado.
Escuchó unos pasos y un leve tintineo seguido de un suave suspiro. Se sintió ubicada de repente como si le hubiesen golpeado con una almohada llena de recuerdos. Estaba en el mundo de los humanos, concretamente, en el dormitorio del chico de la música que le había improvisado una cama en miniatura en lo alto del armario. Se asomó con prudencia por si no estaba solo, pero lo estaba. Los mechones azules caían desordenados y le tapaban los ojos cuando se inclinaba hacia delante.
Le observó echar un par de cucharadas de un polvo marrón en una taza con un líquido blanco que removió hasta que los colores quedaron bien mezclados. Vertió un poco en una taza en miniatura de color rosa.
—Marinette, ¿estás despierta?
Sopesó la idea de fingir que aún dormía, pero flotó hasta a él lanzando alegres destellos rosados a su paso.
—Buenos días, te he traído algo para desayunar, debes estar hambrienta.
La pequeña hada asintió con energía. La manzana que había mordisqueado de madrugada no le había saciado del todo.
—¿Qué es eso? —preguntó apuntando la tacita rosa.
—Leche con cacao, he pensado que es más probable que te guste esto que algo amargo como el café.
Marinette tomó el recipiente y lo olfateó antes de atreverse a probarlo. Luka la observó. La taza rosa era el recipiente más pequeño que había podido encontrar, por el color creía que era algún juguete que Rose olvidó por allí años atrás y en el que nunca más volvió a pensar. A pesar de ser un juguete pequeño entre las manos de Marinette seguía pareciendo enorme, era tan adorable.
—¡Está delicioso!
—Prueba también las galletas, son mis favoritas.
Ella asintió emocionada y sujetó el pedacito que él le ofrecía con una sonrisa en los labios. Mordisqueó con parsimonia, analizando todos los sabores nuevos que le inundaban el paladar.
—Ah, Marinette. —La pequeña hada alzó la mirada, tenían migas manchándole las mejillas—. ¿Cómo has llegado hasta aquí? Me dijiste que las hadas vivís en el mundo de las hadas y que venís pocas veces al de los humanos.
—Un hilo —contestó y se concentró de nuevo en su tarea de devorar la galleta.
—¿Un hilo?
—Vi un hilo y lo seguí hasta aquí.
—¿Acostumbras a seguir hilos?
Marinette se encogió de hombros, tal vez los humanos no solían hacer ese tipo de cosas. No quería explicarle que había seguido aquel hilo porque estaba un poco frustrada por no haber encontrado su hilo dorado. De explicarle eso tendría que explicar también el significado de encontrar un hilo dorado y se moriría de la vergüenza.
—Era bonito —dijo con timidez.
»Y me trajo aquí, escuché tu música y es preciosa. —Dejó a un lado la galleta y le dio un sorbo a su leche con cacao—. No quiero irme todavía, quiero aprender cosas del mundo de los humanos.
—Pero si sales a la calle llamarás la atención.
Iba a protestar, aunque no tenía ningún argumento. Era pequeña, tenía alas y lanzaba destellos rosas cuando se movía o emocionaba. Quería ver mundo, quería conocer lugares, quería hacer muchas cosas en el mundo de los humanos, quería probar más cosas deliciosas como la leche con cacao y las galletas.
—Si me prometes que serás discreta te ayudaré —musitó al verla tan desanimada—. Puedes esconderte en mi mochila o en uno de los bolsillos de mi chaqueta, te llevaré a ver la ciudad, podemos hacer lo que quieras.
—¿De verdad?
Luka asintió. Marinette revoloteó alegre derramando algunas gotitas de leche con cacao. Le sorprendió lo sencillo que era hacerla feliz. Se aseguraría de que, el tiempo que estuviera allí, no perdiera aquella sonrisa adorable y que pudiese ver todo lo que quería ver.
—De verdad —contestó.
Continuará
Notas de la autora:
¡Hola! Vuelvo tras un largo tiempo para acabar esta pequeña historia. Han sido meses complicados de batallar con mi estúpida salud física y mental, pero estoy tratando de recuperar la rutina poco a poco y qué mejor que hacerlo con una historia alegre y sencilla.
Muchas gracias por la infinita paciencia.
