Esta historia ya está terminada, así que habrá actualizaciones constantes para poder tener todos los capítulos de este fic por aquí.

Gracias por leer y nos veremos después.

Nada, capítulo fuertemente inspirado en una situación similar que le pasó a la autora.


Un lujoso Lamborghini de última generación se abría paso entre las carreteras que iban camino al aeropuerto de Tokio.

El auto iba a lo máximo de su capacidad de velocidad con tal de llegar antes de que fuera tarde.

-¡Quítense de mi camino! ¡Quítense de mi camino! ¡El amor de mi vida se va en un jodido avión en treinta minutos!- gritaba un moreno pisando el acelerador a fondo mientras llegaba a la zona de taxis del aeropuerto y estacionaba su auto en un espacio de ahí sin importarle que fuera un lugar prohibido.

Corrió por las amplias salas del aeropuerto buscando desesperado el acceso con el número 123.

Debía moverse ya.

-¡Ryou! ¡¿Dónde estás?!-


Cinco meses antes.

-Y...- alargo la consonante mientras seguía limpiando una pequeña taza de café -¿cómo es tu tan famoso novio, Ryou-chan?- preguntó con curiosidad en sus ojos grises.

Takao Kazunari era muy despierto para ser un estudiante universitario.

-Comparto la curiosidad de Kazunari-san- comento un lindo peli celeste limpiando las mesas de la pequeña cafetería del que su amigo era dueño.

-¿No se los dije?- se excusó el dueño de la cafetería con una linda sonrisa, podía notase lo enamorado que estaba de su pareja en sus ojos caramelos -es alto, moreno, de ojos, cabellos azules y es muy atractivo- admitió con un pequeño sonrojo en sus mejillas.

Sus amigos no pudieron evitar mostrar ternura al notar como su amigo se expresaba de su pareja. Después de todo, era el primer amor de Ryou.

-¿Y cuándo vamos a conocer a la persona que trae de cabeza a nuestro jefe?-

-Pues...- en ese momento un lujoso auto se estacionó afuera del pequeño local y ahora hacía sonar el claxon del mismo -ahora debo irme, les pido por favor cuiden del local mientras no estoy- pidió mientras dejaba su uniforme en su lugar -¡nos vemos en unas horas!-

El castaño salió rápido de la cafetería y bajo la mirada sorprendida de sus amigos, fue recibido por el hombre de las mismas características que había dicho el castaño.

Bueno, al menos su amigo era feliz.

-¿Qué pasa Tetsu-chan?- preguntó Takao al ver al peli celeste tan serio.

-No lo sé, me preocupa Ryou-san- comento Kuroko -temo por su felicidad. Ya viste el tipo de hombre que vino por él y también el tipo de auto que tiene. No quiero que sufra-

-Creo que estas exagerando Tetsu-chan. Te aseguró que Ryou-chan estará bien- el peli celeste asintió a las palabras de Kazunari.

Esperaba que su amigo tuviera razón.


-¿Cómo van las cosas en la cafetería, Ryou?- preguntó Aomine Daiki en su lugar de piloto en su automóvil. Iba a llevar al castaño a almorzar y de compras.

-Las ventas van bien Daiki-san, gracias- el moreno asintió -¿a dónde vamos?-

-Es una sorpresa para mi lindo Ryou- el castaño se sonrojo -seremos solo tú y yo-

-¿Enserio?- exclamo feliz el castaño. Hace días que no pasaba tiempo de calidad con Daiki por su apretada agenda y poco tiempo libre por parte de Aomine.

Después de todo, manejar una empresa multinacional no era sencillo. En especial si era la propia.

-Si Ryou, seremos solo tú y- no pudo seguir hablando debido a la alerta de llamada entrante que estaba recibiendo el moreno. Ventajas de que su auto fuera de última generación -lo siento Ryou, es del trabajo y debo contestar- vio como el castaño se desanimaba y perdía un poco de su entusiasmo inicial. Odiaba ser el causante de todo eso.

-Está bien Daiki-san, lo comprendo. Escucharé música mientras habla con sus compañeros- hablo el castaño un poco deprimido. Su pareja al ser el jefe y dueño de la empresa era muy solicitado al punto de no tener un espacio libre para él.

No podía enojarse, era su trabajo después de todo.

Pero le gustaría tener más tiempo con Daiki y no tener que compartirlo con su empresa las 24 horas del día.

Últimamente se sentía desplazado por eso último.

-Sabía que lo entenderías, Ryou- aprovecho el rojo de la avenida y beso la frente del castaño. Después de eso tomo la llamada -¿qué pasa Imayoshi?-

El castaño sonrió levemente y después se puso los audífonos de su celular, abrió Whatsapp y se puso a responder los mensajes que tenía pendientes. Hubo uno que no recordaba haber recibido.

Sakurai Ryou-san, en hora buena, su crédito para abrir una segunda sucursal de su cafetería en Hokaido ha sido aprobado. Por favor, vaya con su ejecutivo más cercano a recibir más información de su crédito.

Los ojos caramelo se abrieron e iluminaron emocionados, su segunda cafetería se haría realidad. Estaba feliz e ilusionado.

Tanto así que olvidaba que era visto por un confundido Aomine ¿qué tenía tan feliz a su Ryou?

Ya no recordaba porque estaba triste en primer lugar.

-Te llamo después Imayoshi- colgó la llamada y atrajo la atención del castaño que estaba contestando sus mensajes -¿Ryou? ¿Qué paso?-

-Mi segundo sueño se está haciendo realidad, Daiki-san- respondió feliz el castaño muy emocionado y contento.

-Pero si aún no te pido que te cases conmigo, amor-

-¡Ese sueño no es Daiki-san!- reclamo avergonzado el castaño -hablo de mi segunda cafetería, el banco me mandó un mensaje diciendo que ya aprobaron mi crédito para empezar a trabajar en Hokaido, estoy feliz-

Aomine gruño -no me gusta que pidas prestado dinero en el banco. Yo pude haberte pagado tu cafetería en el lugar que quisieras y sabes que nunca te hubiera cobrado el dinero de la inversión inicial-

-Pero si no lo hago por mi cuenta, nunca lo haré Daiki-san- Aomine se molestó.

-Para mí el dinero no tiene ninguna importancia-

-Pero para mí si, Daiki-san- respondió el castaño -sabes que todo lo que tengo es producto de mi dedicación y esfuerzo. No necesito que Daiki-san me ayude con mis gastos porque así lo quiero yo- explicó mientras veía al moreno.

No quería discutir eso de nuevo.

-En cuanto te cases conmigo eso va a cambiar- el menor le vio extrañado -no tendrás que volver a trabajar en tu vida, tus cafeterías las dirigiré yo si es lo que te preocupa. Quiero que Ryou sólo me atienda a mí y a nuestra familia-

¿Perdón? Pensó el menor con el ceño fruncido -¿cuándo fue qué decidiste mi futuro, Daiki?- se molestó el castaño viendo feo al moreno.

Hasta ese momento Aomine se dio cuenta de que hablo de más.

-Bueno...- trato de excusarse Aomine -supongo que la gente como tu está acostumbrada a trabajar por tantos años para tener tan poco a cambio. Por eso te niegas a cambiar tu vida por lo que yo te ofrezco. No deberías avergonzarte por ser parte de esa gente, Ryou-

-¡¿Qué?!- exclamo escandalizado y decepcionado el castaño -¡detén el auto, Aomine!- ordeno siendo de inmediato obedecido por el moreno, se quitó el cinturón de seguridad y tomo sus cosas molesto.

-¡Espera Ryou, no quise decir eso!- el castaño salió del auto y cerró la puerta de un portazo que estaba seguro iba a romper el vidrio del Lamborghini -solo digo que no me gustaría que mi esposo se dedicara a trabajar en lugar de atender a su familia como lo harían los esposos de mis inversionistas- el castaño le arrojo a la cara el regalo que había preparado especialmente para él.

-Escúchame bien Aomine Daiki porque no volveré a repetirlo, contrario a lo que piensas yo soy muy feliz con la vida que tengo así tenga que trabajar muchos años para tener poco, pero ese poco es mío y eso debería de llenarte de orgullo igual que yo- reclamo acercándose a la ventana mientras veía decepcionado al moreno -si lo que dices es que sientes vergüenza de mi por los humildes orígenes que tengo, lo mejor será que terminemos con esto- se alejó del Lamborghini en silencio -no me busques Aomine-

Si, definitivamente la había regado y muy feo.