CAPÍTULO 2: A LA LUZ DEL SOL

Para Natsumi, esa noche no fue mejor que las anteriores. A pesar de estar en su propia cama, por primera vez en mucho tiempo, le costaba dormir y cuando al fin lograba conciliar el sueño, alguna pesadilla la despertaba. Su apetito también estaba decaído y estaba dedicando sus últimos días de vacaciones a hacer ejercicio de forma exagerada. Tampoco estaba contestando los llamados de teléfono ni los mensajes de Shouji Toukairin, su novio, que estaba preocupado por ella y que principalmente estaba manteniendo contacto a través de Miyuki.

Por su parte, Miyuki Kobayakawa seguía cumpliendo funciones en la estación Bokuto, junto con el resto de los oficiales, sin embargo, no ocultaba la preocupación que sentía por su amiga y decidió comentarlo con Nakajima, Aoi y Yoriko, sus confidentes más cercanos.

- Así que no sé qué más hacer, chicos… El Teniente llama todos los días y Natsumi sólo le da excusas –dijo suspirando-. No entiendo bien cuál es el problema entre ellos y no sé cómo va a acabar esta situación.

- ¿Crees que tal vez terminen su relación amorosa? –inquirió Yoriko-.

- No digas eso, Yoriko –se apresuró Aoi-. Quizás sólo están pasando por un mal momento, pero nada que no se pueda solucionar, o al menos, eso espero. Hacen una linda pareja.

- Creo que no deberíamos inmiscuirnos en sus asuntos –repuso el Halcón Blanco de Bokuto-. Estos problemas son de pareja y son ellos quienes deberían solucionarlos.

- ¡Por supuesto que sí, Nakajima! –exclamó Yoriko-.

- Son nuestros amigos y ambos están sufriendo, cada uno a su manera, pero si podemos ayudarlos, deberíamos intentarlo… Aunque Natsumi no está cooperando… -sostuvo Miyuki, mientras escribía-

- Ejem… -interrumpió un hombre alto, de tez morena y bigote-. ¿Qué está sucediendo aquí? ¿No deberían estar trabajando?

- ¡Jefe! Ehm, sí, ahora vamos a ello. ¡Yoriko, a patrullar! –dijo rápidamente Aoi.

- ¡De inmediato! –se apresuró a levantarse de su asiento y salió de la oficina junto con Aoi, rumbo al estacionamiento.

- ¡A su orden, señor! –exclamó solemnemente Nakajima, tomando el casco de su motocicleta, disponiéndose a salir a patrullar-. Nos vemos luego, Miyuki –dijo saludándola con la mano-.

Miyuki, quien se encontraba redactando un informe, se quedó en silencio junto al Capitán de la estación Bokuto, que se aclaró la garganta antes de volver a hablar.

- La agente Tsujimoto retorna a sus funciones el día de mañana, ¿cree que se encuentre en condiciones? –preguntó con calma-.

- Estoy segura que sí, Jefe. Natsumi ama su trabajo y quizás volver a la estación es lo que le hace falta para recuperar su entusiasmo de siempre –dijo con seguridad Miyuki-.

El Capitán asintió, bebió un sorbo de la taza de té que tenía en las manos y se retiró a su escritorio, impasible.

Una melodía interrumpió los pensamientos de Miyuki. Tomó su teléfono celular y suspiró profundamente al verificar quién estaba llamando.

- ¿Teniente? Buenos días –saludó algo incómoda-.

- Buenos días, Miyuki, lamento importunarte nuevamente, pero necesito que le des un mensaje a Natsumi, por favor –sostuvo de forma seria-.

- S-sí, claro, ¿qué ocurre? –continuó la chica aún nerviosa-.

- Por favor, dile que voy a volver a Japón. Estoy en el aeropuerto, a punto de tomar el próximo vuelo a Tokio y llegaré mañana… Necesito verla –dijo melancólicamente-.

- Oh, d-de acuerdo –tartamudeó Miyuki-. ¿Estás bien…?

El joven guardó silencio antes de responder.

- Estaré bien, no te preocupes… Muchas gracias –terminó el Teniente-. Miyuki pudo sentir su voz temblorosa por el teléfono.


El resto del día transcurrió lento. Miyuki había logrado terminar algunos informes que tenía pendientes, pero la voz melancólica de Shouji Toukairin resonaba en su cabeza.

Llegó a su edificio y subió por el ascensor. Caminó pesadamente hasta la entrada de su departamento e inspiró profundamente antes de abrir la puerta. Dejó sus llaves en el recibidor, su bolso en su habitación y se dispuso a golpear la puerta de la habitación de su compañera.

Natsumi se encontraba recostada boca arriba en su cama, sosteniendo entre sus manos, con los brazos extendidos, la pequeña caja de terciopelo, analizándola con recelo, como si tratara de un objeto con algún mecanismo oculto, sin atreverse a abrirla nuevamente.

- ¿Yo? ¿Casada? –pensó, mientras nuevamente su mente divagaba hacia los recuerdos-.

Estaban aún en el campamento base, esperando para poder descender del Monte Everest. Natsumi tenía mucha hambre y los Sherpas todavía no llegaban con los suministros, así que Shouji la invitó a dar una vuelta al campamento, a ver si lograban encontrar algunas provisiones.

Había una gran cantidad de montañistas de distintas nacionalidades y rincones del mundo, algunos esperaban para poder subir y otros, como ellos, para descender. Natsumi estaba muy emocionada, exploraba y tomaba fotografías e incluso, por unos momentos, olvidó el hambre que sentía hace un rato.

No era la primera vez que Shouji visitaba el Monte Everest, pero esta vez era diferente. Era la primera vez que compartía una de sus aficiones, la actividad que más amaba, con la persona más importante de su vida.

Ya lo había decidido, desde hacía tiempo que se había dado cuenta que quería que Natsumi fuera su compañera de aventuras para toda la vida. En su bolsillo derecho, apretó con fuerza una pequeña caja. Su corazón latía rápido y se sentía nervioso.

Natsumi avanzó con cuidado por un sendero hasta llegar a un acantilado donde se apreciaba el paisaje.

- ¡Hey, Shouji! ¡Ven aquí! ¡Vaya, es impresionante! –gritó mientras le hacía un gesto con el brazo-.

El Teniente se acercó a ella y le ofreció un poco de té.

- Ten, hace frío –dijo, ofreciéndole un pequeño termo-.

- ¡Gracias! Ahora entiendo porque te gusta tanto, realmente es hermosa –respondió ella, mientras bebía un sorbo del termo y admiraba la montaña-.

- Sí que lo es… –dijo Shouji con dulzura, mirando fijamente a Natsumi, quien al notar a qué se refería realmente el Teniente, no pudo evitar sonrojarse-.

- Gracias por traerme a este lugar –dijo inusualmente tímida la chica-. Ha sido una experiencia inolvidable.

El chico cerró los ojos e inspiró profundamente antes de abrirlos otra vez.

- Natsumi, yo… -dijo Shouji, entrecortadamente-. Quiero que sepas que estoy muy feliz de haberte conocido… Desde que estamos juntos, mi vida no ha vuelto a ser la misma –dijo tocando la mejilla de Natsumi con su guante-. Eres la persona más importante de mi vida… E-eres la persona con la que quiero escalar todas las montañas de ahora en adelante… -sentía sus mejillas al rojo vivo-. Quiero… Quiero ser quien sostenga tu cuerda al escalar, durante el resto de mi vida –dijo mientras sacaba con dificultad la pequeña caja del bolsillo de su chaqueta, al tiempo que ponía su rodilla derecha en la nieve y abría la cajita, dejando ver un anillo color plateado, brillante, con una pequeña gema color azul que combinaba perfecto con el cielo y las montañas-. Natsumi Tsujimoto, ¿quieres… Quieres casarte conmigo?

Golpes en la puerta de su habitación, la sacaron abruptamente de sus pensamientos.

- Natsumi, ¿estás despierta? –preguntó Miyuki desde el otro lado de la puerta-. Escucha… –suspiró- hablé con Toukairin… Está muy preocupado.

No hubo respuesta.

- Y… Viene de regreso a Japón... –insistió Miyuki-.

Natsumi sintió que se le salía el corazón por la boca y se levantó de un salto para abrirle la puerta a su compañera.

- ¡¿Qué?! –exclamó incrédula-. ¡No puede ser! ¿Q-qué hay de su trabajo?

- La verdad, no me dio muchos detalles –señaló Miyuki con calma -. Sólo me dijo que llegará mañana.

- ¡¿Mañana?! –volvió a gritar Natsumi-.

- ¿A qué le tienes tanto miedo? –inquirió Miyuki con la misma calma de antes, mirando fijamente a los ojos a su amiga-.

- No sé de qué hablas, yo no le temo a nada –refutó Natsumi haciéndose la desentendida y regresando a su cama-.

- De acuerdo, pero por favor, si necesitas algo, no dudes en decírmelo. Sabes que puedes contar conmigo para lo que sea –repuso Miyuki de manera muy seria-.

Natsumi sólo se limitó a asentir, sin mirar directamente a su compañera. Su mirada estaba detenida en la pequeña cajita color negro que había quedado tirada en su cama.

- Iré a la ducha y luego saldré a pasear con Ken-chan. Llevo mi teléfono celular, llámame si necesitas algo, ¿está bien? -indicó Miyuki, con tono maternal-.

- Miyuki…

- ¿Sí…? –se volteó la chica antes de dejar la habitación-.

- Aún no he respondido… -susurró Natsumi-.

- ¿Qué cosa? –preguntó Miyuki arqueando una ceja-.

- A la proposición de Shouji… No le he dado mi respuesta...

Miyuki suspiró profundo y se dejó caer directamente en el sillón que Natsumi tenía en una esquina de su habitación. De pronto, entendió claramente cuál era el problema de su compañera y también entendió por qué el Teniente estaba tan ansioso, algo poco habitual en él.

- Natsumi, ¿quieres hablar de lo que sucedió ese día? –preguntó con tranquilidad. No podía desperdiciar esa oportunidad para conversar con su amiga, ahora que se mostraba más dispuesta a hacerlo-.

- Siento arruinar tu cita con Nakajima… -repuso con desánimo Natsumi -.

- No te preocupes por eso –dijo mientras se acercaba a ella-.

Miyuki sonrió aliviada. Llevaba varios días esperando poder conversar abiertamente con su compañera y por supuesto que la cita con Nakajima podía ser pospuesta para otra ocasión. Rápidamente le envió un mensaje de texto a Ken-chan, indicándole que algo había surgido y que debían aplazar la salida juntos, no sin antes indicarle expresamente que no se trataba de nada serio; conociéndolo, sabía que se preocuparía.

Después de un par de minutos en silencio, Natsumi se atrevió a hablar.

- Seguramente pensarás que es una tontería… Pero… No sé si tengo pasta para ser la esposa de alguien… De nadie… –dijo al fin-. Quiero decir, ¡mírame! Soy un desastre.

Miyuki recorrió la habitación con la mirada y apreció el desorden que había: ropa tirada en el suelo, bolsos y maletas abiertos y sin desempacar del todo, zapatos desordenados, la cama a medio hacer… Continuó hasta la mesita de noche, donde había una taza sucia y al lado, un basurero con algunas latas vacías de cerveza. No pudo evitar la risa.

- Natsumi, si esperas que desmienta esa frase, me lo estás poniendo difícil –dijo todavía riendo y haciendo un ademán con sus manos-.

Natsumi se tumbó en su cama boca arriba, aplastó su cabeza con su propia almohada y ahogó un gritó.

- Por favor, Miyuki, esto es algo serio –dijo exasperada-.

- ¡Lo siento, Natsumi! –sostuvo la chica tratando de recobrar la compostura-. Continúa, por favor.

- No sé si estoy lista realmente para comprometerme a ese nivel con alguien… -dijo Natsumi en un susurro-.

- ¿Es que acaso no estás enamorada? –preguntó Miyuki, ya repuesta.

- Claro que sí… -respondió Natsumi en voz baja-. Incluso en algún momento Shouji y yo hablamos de matrimonio… Es sólo que… No pensé que sería tan pronto… -concluyó-.

- Ya veo… ¿Has conversado con él acerca de esto?

Natsumi guardó silencio unos segundos antes de responder.

- No realmente… -dijo al fin-. No quiero hacerle daño.

- Escucha, Natsumi, seré sincera contigo –suspiró- creo que más daño le haces al no ser honesta con él. Shouji es muy comprensivo y estoy segura que entenderá cómo te sientes –dijo con calma-. Además, si él realmente quiere casarse contigo, es porque te conoce y te ama tal cuál eres. Probablemente, esas mismas cualidades que tú aprecias como negativas, son las que lo hayan hecho enamorarse de ti. Estoy segura que lograrán comunicarse. Además, no tienen por qué casarse tan aprisa, si eso te hace sentir más segura, pero recuerda Natsumi, eres una gran mujer y mereces ser feliz –dijo mientras abrazaba a su amiga-.

Natsumi le devolvió el abrazo algo más tranquila.

- Gracias… ¿Crees que aún esté a tiempo de enmendar las cosas? No he sido muy buena con él estos últimos días –dijo Natsumi melancólicamente, mientras miraba su teléfono celular que yacía tirado en el suelo de su habitación-.

Miyuki sonrió.

- Sólo hay una forma de averiguarlo –dijo guiñando un ojo a su compañera-.


Por primera vez en varios días, esa noche Natsumi durmió apaciblemente. La charla con Miyuki le había sentado de maravilla y ya estaba más segura de lo que sentía… Lo quería a él. Ese hombre imperturbable, amable y cariñoso, que le aportaba la paciencia que a veces a ella le faltaba y que le había demostrado en innumerables ocasiones lo mucho que la amaba.

A la mañana siguiente, se despertó muy temprano. Según sus cálculos, Shouji iba a llegar en la madrugada y quería sorprenderlo. Se duchó, tomó un desayuno ligero y se alistó para salir antes que amaneciera. Su motocicleta, su fiel compañera, la estaba esperando en el estacionamiento. Se montó y salió rumbo al aeropuerto.

Mientras iba por la carretera, su mente comenzó a divagar y no pudo evitar recordar aquella vez que fue al aeropuerto precisamente a encarar a Shouji. La verdad es que iba decidida a confesarle lo que sentía por él y él, muy a su estilo, la había besado sin más.

- He sido una tonta… Siempre te he amado –pensó para sí mientras aceleraba-.

Agradeció mentalmente que el aeropuerto no estuviera tan concurrido como otras veces. Tenía mucha prisa y descendió del avión a toda velocidad, o al menos, lo más rápido que la burocracia aeroportuaria le permitía.

Miró su teléfono celular. Eran las 06:10 horas y ya estaba amaneciendo, pero todavía hacía mucho frío. Mientras iba a retirar su equipaje, compró un café y lo bebió, no había podido dormir mucho en el avión. Los recuerdos y dudas lo atormentaban.

Había planeado proponerle matrimonio una vez que hubieran descendido, pero no pudo aguantar. La amaba y su reacción lo estremeció.

- ¿Quizás ella no me ama tanto como pensé? –sacudió su cabeza en un intento por eliminar ese pensamiento-. Sólo necesita tiempo… –trató de convencerse, al tiempo que se acercaba a la correa transportadora a recoger su equipaje-.

Estacionó su motocicleta y corrió hasta el sector de desembarque. Miró por la enorme ventana y a lo lejos pudo distinguir una cabellera alborotada que le pareció familiar. Su corazón dio un vuelco, era él.

- Disculpe, señor, ¿por aquí llegan los pasajeros del vuelo LH1432? –consultó a un asistente-.

- Así es, señorita –respondió amablemente el hombre-.

De pronto, se abrieron las puertas y una gran cantidad de personas comenzó a salir.

Natsumi divisó a su novio, que iba cabizbajo observado su teléfono celular, corrió hacia él y le dio de improviso un fuerte abrazo, al que el Teniente no pudo reaccionar.

Incrédulo, miró a la chica que no se despegaba de él.

- ¿Natsumi…? ¿Estás bien? –preguntó el chico aún en estado de shock-.

Natsumi levantó la cabeza para mirarlo. Tenía los ojos llorosos y las mejillas enrojecidas. Se puso en puntas de pie, lo tomó por el cuello de su chaqueta, atrayéndolo hacia ella, y lo besó, primero suave y tiernamente y luego, de forma apasionada.

El Teniente dejó caer el bolso que llevaba colgado del brazo y reaccionó al beso sujetando con una mano a Natsumi por la espalda y con la otra, acariciando su rostro y pasando la mano a través de su cabello. Definitivamente no se esperaba ese recibimiento, pero al menos ya no tenía frío.

Luego de un momento, ambos se separaron y se fundieron nuevamente en un abrazo.

- Lo siento mucho… -murmuró Natsumi sin separarse de él-. Los latidos de su corazón la tranquilizaban y el olor de su perfume la embriagaba.

- Lamento haberte presionado –susurró Shouji-. No tienes que hacer nada que no quieras. Sé que quizás fue un poco apresurado…

Natsumi se apartó un segundo y el sol del amanecer reflejó un destello brillante que Shouji no pudo si no mirar.

- ¿Estás segura? –le dijo a Natsumi mirándola a los ojos dulcemente-.

- Estoy segura que te amo –respondió la chica, besándolo suavemente otra vez. Esta vez llevaba puesto en el dedo anular de su mano derecha, un anillo de compromiso.


Comentarios:

¡Hola nuevamente! Gracias a quienes hayan leído el capítulo anterior y especialmente a Jair937 por dejar un review, realmente no me lo esperaba y fui muy feliz. Sigo bastante entusiasmada con esta historia, así que espero que les haya gustado este capítulo un poco más largo. ¡Comentarios, ideas y críticas constructivas siempre son bienvenidos! Nos leemos~

P.