CAPÍTULO 6: REMEMBRANZA
- Hermano…
- Oye, hermano…
Despertó de un sobresalto, empapado de sudor. La cortina entreabierta dejaba pasar tímidamente los primeros rayos de luz, que daban de lleno en su rostro desorientado. Enfocó la vista con cierta dificultad y sintió alivio instantáneo al reconocer su propio apartamento. Se sentó en el sofá y echó un vistazo alrededor. Todo se veía normal. Suspiró y agradeció mentalmente el haber despertado solo y no en la cama de alguien más, como ya le había sucedido anteriormente. La cabeza le dio vueltas y se llevó la mano a la sien, masajeando, en un intento de calmar el dolor punzante que parecía haber despertado junto con él. La verdad es que hacía tiempo que no bebía alcohol, al menos, no de esa forma. Se aclaró la garganta y una necesidad imperiosa de beber agua lo invadió. Por inercia, miró la hora en su reloj. Eran casi las 7 de la mañana. Su corazón dio un vuelco al darse cuenta que estaba retrasado, sin embargo, y con la misma rapidez, cayó en cuenta que no debía ir a trabajar… Al menos, no por un par de semanas… Se le revolvió el estómago al recordar cómo había sido desvinculado de la investigación más importante del último tiempo, y como si ello fuera poca humillación, había sido obligado por sus superiores a tomarse unos días libres, "para aclarar su mente y descansar". Menudas vacaciones… No las necesitaba.
Se puso de pie como pudo y tambaleó hacia el baño. Se miró al espejo y casi no se reconoció; parecía un indigente. El cabello largo y despeinado, la barba desarreglada y crecida, de varios días, las ojeras marcadas y la ropa empapada de sudor. Sintió el impulso de romper el espejo de un puñetazo, pero se contuvo.
El dolor de cabeza se hacía cada vez más intenso, por lo que abrió la segunda gaveta del mueble y sacó dos aspirinas, que ingirió de inmediato junto a un gran sorbo de agua. Volvió a mirarse al espejo, mientras se lavaba la cara, y de pronto, los recuerdo aparecieron relampagueantes… La oficina, el rostro de Natsumi, el whisky, su apartamento y otra vez Natsumi… Se llevó ambas manos a la cabeza. Mierda. La había cagado en grande, otra vez.
Sólo al llegar al estacionamiento del edificio, se dio cuenta que su automóvil estaba en la estación. Era obvio, alguien lo había venido a dejar a su casa. ¿Había sido Natsumi?
Decidió que caminaría, un poco de aire fresco le sentaría bien a su resaca.
Llegó a la estación cuando faltaba poco para las 11 de la mañana y al atravesar la entrada, se arrepintió casi de manera inmediata de haber ido.
Le gustaba ser el centro de atención, pero no en esas circunstancias, no habiendo sido humillado de esa forma. El escrutinio público no se hizo esperar. Miradas curiosas y murmullos entre pasillos. Casi podía escuchar lo que decían, qué descarados. Incómodo, se dirigió a la única persona cuya mirada en esos momentos no le transmitía recriminación.
- Buenos días, oficial Nikaido, ¿cómo está? –saludó con cordialidad, intentando despejar los pensamientos invasivos de su mente-. ¿Se encuentra la oficial Tsujimoto?
- ¡T-Teniente Mayor! ¡Qué sorpresa! No esperaba verlo por aquí el día de hoy –respondió la chica, ruborizándose. Natsu… Quiero decir, la agente Tsujimoto se encuentra patrullando, señor –continuó nerviosa-.
- Ya veo, gracias. Que tenga buen día –le señaló con una sonrisa forzada, mientras se alejaba en dirección hacia la que, hasta donde él sabía, seguía siendo su oficina.
Parecía como si un huracán hubiera pasado por ahí. Sin embargo y para su fortuna, la oficina había permanecido cerrada con llave, y al parecer nadie se había enterado de su pequeño impasse. ¿Quizás también tenía que agradecer eso a Natsumi? Demasiados favores –pensó.
Recogió uno a uno los documentos que yacían esparcidos por el suelo y los acomodó en sus carpetas, limpió los muebles, fregó el piso, y recogió con cuidado los fragmentos de cristal del vaso que ni siquiera recordaba haber quebrado. Mientras acomodaba los cojines del sillón de la esquina, encontró la botella de whisky a medio terminar que Natsumi le había arrebatado. La tomó y no pudo evitar recordar el momento en que se la habían regalado… Uno de sus jefes de antaño, su más querido mentor, se la obsequió cuando resolvió su primer caso importante… Lo invadió la nostalgia y sintió que había transcurrido demasiado tiempo desde aquella época donde era más feliz. Acomodó la botella en una pequeña caja, donde gradualmente fue depositando sus objetos personales, con melancolía.
Una vez que hubo terminado, se tumbó en el sofá y cerró los ojos. Sin darse cuenta, comenzó a quedarse dormido.
- Hermano…
Abrió los ojos sobresaltado. Maldición, ¿cuánto tiempo había transcurrido? ¿10 minutos, una hora? No alcanzó a mirar su reloj, cuando escuchó voces en el pasillo.
- …Hoy le daban el alta, así que pidió el día libre…
Habló una mujer de voz jovial, que no reconoció.
- ¡Me alegro tanto! –respondió alguien más.
¿Esa era la oficial Aoi Futaba? No podía asegurarlo. Debería prestar más atención a la gente.
De pronto, una voz familiar.
- Yo sólo espero que Miyuki que le una muy buena bienvenida –dijo riendo. Las otras chicas también rieron.
Hiroyuki se levantó rápidamente y abrió la puerta de un sopetón.
- ¡Natsumi!
Las tres chicas lo miraron con sorpresa, algo asustadas con la imprevista aparición de Sato. Nadie decía nada, y el silencio era embarazoso, hasta que la aludida se decidió a responder.
- Hm, hola, no sabía que estabas acá –señaló visiblemente incómoda-.
- Por favor, ¿podemos hablar? –musitó, haciendo un ademán de acercarse a la chica, quien instintivamente, retrocedió.
Las otras dos mujeres miraron a Natsumi con cierto dejo de preocupación en sus rostros. Ella asintió en respuesta, y sus compañeras siguieron su camino, mientras que ella entraba con cautela, una vez más, a la oficina de Hiroyuki Sato.
- ¿Y bien? ¿Qué se te ofrece? –preguntó la chica, cruzándose de brazos-. Hiroyuki la conocía bastante como para saber que estaba molesta.
- Quería decirte que… Lo lamento.
- ¿Qué cosa lamentas, Sato? –le respondió con ironía-. ¿El haberte emborrachado aquí en la estación? ¿El haber destrozado tu oficina? ¿O será tu falta de control de impulsos violentos? –espetó-.
- De verdad, lo lamento, otra vez me comporté como un imbécil contigo…
- Sí, se está volviendo una constante en esta relación.
Hiroyuki la miró alzando una ceja, mientras se dibujaba en su rostro una sonrisa.
- ¡Relación laboral, quiero decir, estrictamente laboral! –repuso entornando los ojos, antes que él pudiera decir algo al respecto-. ¡No me mires así!
El chico sólo se limitó a reír, pero todavía se sentía culpable y avergonzado.
- Lo siento mucho…
Natsumi se detuvo a observarlo y sólo en ese momento notó que se había cortado el cabello y recortado la barba. Siempre hacía eso. Suspiró profundo.
- El cambio de look es una forma de expiar tus pecados, ¿no? –le dijo sarcástica. Hiroyuki hizo un ademán para responder, pero la chica prosiguió-. Arrgh, estoy segura que me voy a arrepentir de esto, pero está bien... Sé que el caso ha sido complejo para todos. Sólo te diré una última cosa; la próxima vez que quieras ir a nadar estando borracho, te juro, Hiro, que no te detendré –dijo al fin, con una media sonrisa en el rostro-.
Hiroyuki sonrió también.
- Lamento haberte ocasionado problemas –le dijo al tiempo que la observaba jugar con sus dedos con cierto dejo de nerviosismo. Hm, ¿hay algo que más que quieras decir?
La chica dudó antes de continuar.
- A decir verdad, hay algo… Que me gustaría preguntarte…
- Si es sobre la investigación, la verdad es que no quie-
- No –lo interrumpió Natsumi, mientras negaba con la cabeza y seguía jugueteando con sus dedos.
Sato se puso serio y la miró fijamente a los ojos, expectante, pero Natsumi se tomó unos momentos para formular la pregunta.
- Bueno… Verás… Quisiera saber… ¿Qué fue lo que le sucedió a… Irina? –soltó de pronto-.
El chico abrió los ojos con sorpresa. No esperaba que la preocupación de Natsumi tuviera que ver con la dolorosa muerte de su hermana. Avanzó lentamente, en dirección hacia la ventana que había al fondo de la oficina. Abrió la persiana y se quedó mirando fijamente el paisaje. El gran roble se mecía suavemente al compás de la brisa veraniega. Los rayos de sol entraron de lleno por la ventana y sus ojos lucían más verdes que nunca, sin embargo, su expresión ya no era la misma. De inmediato, Natsumi se arrepintió de haber preguntado.
- Lo siento, no quise incomodarte, es sólo que anoche, bueno, te fui a dejar y no pude evitar ver su fotografía y… -continuó atropelladamente la chica, tratando de justificarse-.
- Supongo que te lo debo… –suspiró, sin dejar de darle la espalda-.
Hace poco más de dos años.
- ¡Felicidades! –brindaron alegremente un grupo de jóvenes-.
Comenzaba la primavera y el grupo de amigos se había reunido en un restaurante, para celebrar a una de ellas.
- ¡Muchas gracias a todos! –dijo una joven muy hermosa de cabello rubio cobrizo y ojos color verde esmeralda-. Pero quiero agradecer especialmente a mi hermano, no lo habría logrado sin tu ayuda, Hiro –continuó alegremente mientras alzaba su copa-.
- No seas tonta, Irina, yo no he hecho nada, el mérito es solamente tuyo –respondió Hiroyuki Sato, al tiempo que abrazaba fuertemente a su hermana-. Estoy muy orgulloso de ti.
En esa época, Hiroyuki ya era policía y se desempeñaba como Teniente en la Estación de Policía de Takaido. Su carrera profesional era próspera y pese a su edad, ya era muy apreciado entre sus superiores, quienes consideraban que tenía un talento nato y auspiciaban una carrera muy prometedora. Por su parte, su hermana menor, Irina, era reportera y, desde hacía poco tiempo, trabajaba como asistente en el prestigioso periódico Asahi Shimbun. Recientemente había logrado que publicaran su primer artículo: una crónica acerca de la ola de crímenes que había azotado la ciudad en el último tiempo, respecto de la cual recibió buenas críticas, por lo que su hermano había organizado una pequeña velada para celebrar la hazaña, junto a sus amigos más cercanos. Ciertamente, el artículo no fue portada ni mucho menos, pero significaba el comienzo de algo importante para ella… Para ambos realmente.
Desde que su madre, una hermosa modelo extranjera, había fallecido a causa de una rara enfermedad cuando ellos eran pequeños, Irina y Hiroyuki se habían vuelto muy unidos. Su padre, un japonés conservador y emocionalmente no disponible para sus hijos, nunca se pudo recuperar de la muerte de su amada esposa, ni hacerse cargo de ellos, a consecuencia de lo cual ambos niños terminaron siendo criados por sus abuelos paternos, bajo una estricta crianza tradicional japonesa.
Ambos abuelos, lamentablemente, ya habían fallecido hace algún tiempo atrás y de su padre, poco y nada sabían.
A pesar que sus abuelos los querían mucho, Hiroyuki e Irina tuvieron una infancia más bien solitaria. Eran ellos dos contra el mundo. Con esfuerzo, se habían convertido en profesionales y finalmente habían llegado a un punto en sus vidas en que todo marchaba bien.
¿Por qué no pudo todo, simplemente, seguir así? El destino es cruel.
Transcurrieron algunos meses, y un día, mientras Irina caminaba de regreso a casa, se percató de unos afiches solicitando información respecto de dos jóvenes mujeres que estaban siendo intensamente buscadas. Su implacable espíritu de reportera la llevó a querer saber más acerca de esas misteriosas desapariciones, por lo que las siguientes semanas e incluso meses, las dedicó de lleno a investigar esos casos.
Una noche, Hiroyuku llegó realmente tarde a casa y al pasar por fuera de la habitación de su hermana, se dio cuenta que estaba la luz encendida, por lo que se asomó a ver si estaba despierta. La impresión fue grande al ver que Irina tenía todo un muro de la habitación cubierto por un gran mapa, muchas fotografías, artículos y un montón de notas adhesivas pegadas. Miró hacia la cama y vio a su hermana dormida, la arropó y apagó la luz. - Quizás está trabajando demasiado –pensó, pero no le dio mayor importancia, después de todo, a veces él también se apasionaba más de la cuenta con su trabajo.
- Hiro, te lo juro, hay algo muy turbio en estas desapariciones –le comentó un día la chica, mientras desayunaban-. Hay gente importante involucrada, altos mandos, incluso la policía. No son sólo dos chicas desaparecidas, esto es una red de trata de mujeres –le dijo visiblemente alterada-.
- Irina, por favor, escúchate, suenas como una loca.
- ¿Tú tampoco me crees?
- Creo que estás obsesionada con el tema y que quizás deberías tomarte un descanso, te está afectando más de la cuenta.
- ¡¿No me estás escuchando?! –gritó exaltada-.
- ¡Claro que te estoy escuchando, escucho como mi hermana dice cosas sin sentido! –dijo dando un golpe en la mesa-. Sé que anhelas una buena historia, eso lo puedo entender, es obvio que necesitas seguir publicando buenos artículos, por tu carrera, pero esto es ridículo. ¿De verdad crees que la policía, LA POLICÍA JAPONESA, ejemplo de rectitud, probidad y servicio a la comunidad, pueda estar involucrada en algo así? Creo que estás totalmente confundida y necesitas ayuda. Esas mujeres probablemente se escaparon con sus novios o se fueron a vivir la buena vida.
- No lo entiendes, ¿verdad? –respondió al borde del llanto-. ¡Estás ciego, esa policía de mierda te tiene con una venda en los ojos!
- Basta, Irina, no voy a permitir que mancilles el buen nombre de los oficiales, que es gente de bien. ¿Acaso no sabes el servicio que prestan? ¿Qué prestamos? ¡Hombres de familia dedicados fielmente a nuestros trabajos! No, esta locura queda hasta acá –finalizó mientras se levantaba de la mesa, dejando a su hermana llorando.
No haber apoyado a su hermana en ese momento tan crucial, fue el error más grande de toda su vida.
Casi una semana después, Irina Sato fue encontrada colgada en el cubículo donde trabajaba y, por supuesto, su investigación nunca vio a la luz.
No hubo carta de despedida y tampoco le permitieron ver su cuerpo.
Al ser familiar de un oficial de policía, se abrió una investigación, de la que tampoco le permitieron formar parte, debido al lazo sanguíneo. Aunque, de todas formas, Hiroyuki estaba tan devastado, que tampoco hubiera sido de ayuda.
La investigación, que se llevó a cabo casi por cumplir, determinó que no hubo intervención de terceras personas y el caso se archivó finalmente como un suicidio.
Sin embargo, Hiroyuki nunca lo creyó.
No podía creer que su única y amada hermana se hubiera quitado la vida, no así. Ella jamás lo habría dejado solo. Estaba convencido que alguien le había hecho algo, que la investigación de Irina había llegado a oídos de la gente equivocada, que había descubierto algo que no debía, y si realmente la policía estaba involucrada, él los haría pagar.
El cuerpo de su hermana fue cremado y una vez le entregaron el ánfora, arrojó sus cenizas al mar. Irina amaba el mar.
Por su recuerdo, decidió y juró que iba a ser el mejor oficial de policía de Japón, que iba a escalar hasta lo más alto y que una vez en la cúspide, desenmascararía a todos los policías corruptos, políticos, gente adinerada y a cualquiera que se interpusiera en su búsqueda de justicia. Haría todo lo que fuera necesario, por ella.
Sato terminó de hablar y se dio media vuelta, hacia donde estaba Natsumi, que lo miraba atentamente.
- Y bueno… Desde entonces tengo insomnio, sólo nadar me ayuda a dormir –concluyó con tristeza, rehuyendo la mirada de la chica-.
- Hiro, lo lamento mucho… No tenía idea… -le dijo Natsumi, apenada, avanzando unos pasos hacia él-. ¿Puedo hacer algo por ti?
El chico sonrió y Natsumi reparó en que todavía no le había contado sobre la pequeña marca en su mentón.
- ¿Cómo te hiciste la cicatriz?
- Es cierto… Irina tenía un novio, Satoru… -suspiró-. No era mal tipo, pero nunca me agradó. Supongo que su único pecado fue haber salido con mi hermana pequeña –dijo tratando de esbozar una sonrisa-. Cuando Satoru se enteró de lo que había pasado, fue a verme. Estaba irreconocible, furioso. Discutimos. Me dijo que todo había sido mi culpa y me dio un puñetazo. Creo que esperaba que se lo devolviera, pero no pude. Me dio otro golpe, y otro, y otro… Y se lo permití. Dejé que me golpeara hasta que estuvo satisfecho, después de todo, tenía razón. Sí fue mi culpa.
- Claro que no fue tu- intentó contradecirlo, pero fue interrumpida-.
- Desperté al día siguiente en el hospital. No volví a saber nada de él. Y bueno –dijo mientras se tocaba el mentón-, esta cicatriz es el recuerdo permanente de que le fallé a-
Pero no pudo terminar la oración.
Instintivamente, la chica se acercó a él y lo estrechó con fuerza entre sus brazos. Cerró los ojos, pero los abrió casi al instante, al sentir algo húmedo caer en su cabeza. Se apartó un momento para mirarlo directamente a los ojos, sólo para notar que el chico estaba llorando.
Y a Natsumi se le apretó el corazón.
Nunca lo había visto tan vulnerable. Sabía lo importante que era su hermana para él, lo había observado por sí misma años atrás… Entendía perfectamente su dolor.
Con la mano derecha le acarició suavemente la mejilla, y con su dedo pulgar detuvo una lágrima que había comenzado a rodar por su rostro.
De un momento a otro, Hiroyuki la besó. Un beso ansioso, desesperado y salado. Natsumi no opuso resistencia ni tampoco se apartó, simplemente correspondió el beso con suavidad, en un intento infructuoso de devolverle a Hiroyuki el fragmento de alma que le habían arrebatado.
Comentarios finales:
Holaa, hace mucho tiempo que no actualizaba.
Lamentablemente, este capítulo tuvo que ser escrito dos veces, ya que el año pasado mi notebook murió y perdí todos los archivos, incluyendo este capítulo y el que sigue, que ya estaban hechos.
Un capítulo no tan largo como otros anteriores. La verdad, no sé si alguien sigue leyendo esta historia, si es así, por favor dejen reviews 3
Nos leemos~
P.
