ENTRE PROMESAS ROTAS

¡Hola! Nueva actualización.

- Cbt1996: ¡Hola! ¡Definitivamente, la montaña rusa emocional está en pleno funcionamiento! jeje Me encanta saber que has disfrutado del capítulo y que la historia ha logrado atraparte. ¡Y sí! Explorar las distintas facetas de los personajes, como el desarrollo de Sesshomaru, añade profundidad a la trama. Y, por supuesto, el llanto de Moroha nos puso a todos en alerta. Veremos qué pasa en los próximos capítulos para saber cómo se resolverá todo ¡Gracias por leer! Nos vemos en una próxima actualización.

- kcar: ¡Hola! ¡Entiendo completamente cómo te sientes! :c La tensión puede ser abrumadora a veces. Realmente espero que los responsables paguen por lo que están haciendo, ¡es demasiado injusto! Lo sé, pero ya estamos próximos a terminar la historia ¡Y sí, pobre Myoga! Esperemos que todo se resuelva pronto. Estaré ansiosa por compartir el próximo capítulo. ¡Gracias por tu apoyo constante!

- Ferdy Arevalo: ¡Hola! ¡Qué alegría saber que el capítulo te mantuvo en vilo! Lamentablemente, las cosas se están complicando mucho para nuestro querido InuKag :c ¡Y sí, Myoga pasó por un momento muy difícil! ¡Espero que el próximo capítulo te siga sorprendiendo! ¡Gracias por tus palabras y por seguir la historia con tanto entusiasmo! Saludos.

- Karii Taisho: ¡Hola! Síii ¡Vaya capítulo intenso! La desesperación de Kagome e InuYasha es palpable. La situación con Naraku se pone cada vez más tensa y es difícil prever qué sorpresas nos tiene preparadas. Por otro lado, la pérdida de Myoga fue un golpe fuerte, y ahora, la incertidumbre sobre la seguridad de Moroha agrega aún más angustia. ¡Gracias por seguir la historia y compartir tus emociones! ¡Esperemos que los próximos capítulos nos den respuestas y algo de alivio para nuestros corazones! Nos leemos pronto.

- Rosa. Taisho: ¡Hola hermosa! ¡Vaya sorpresas nos trajo el capítulo anterior! La revelación sobre Kagura y Myoga es impactante, y la pérdida de Myoga es un golpe duro para Inuyasha. La locura de Naraku alcanza niveles alarmantes, lo sé, y la incertidumbre sobre el paradero de Moroha es desesperante. ¡Esperemos que las próximas entregas nos den respuestas y un respiro emocional! ¡Gracias por seguir la historia y compartir tus pensamientos! Nos leemos en el próximo capítulo. ¡Besos!

- Annie Perez: ¡Hola! ¡Totalmente de acuerdo! La situación se está volviendo cada vez más intensa y desesperante. La maldad de Naraku y sus cómplices está alcanzando niveles impactantes. ¡Esperemos que todo se resuelva pronto! Gracias por tu apoyo y por seguir la historia. ¡Nos leemos en el próximo capítulo

- Rocio K. Echeverria: ¡Hola hermosa! No hay problema y déjame decirte wow ¡Vaya comentario tan completo y lleno de emociones! Entiendo perfectamente cómo te has metido en la piel de Kagome y cómo la desesperación y el miedo se trasladan a través de la historia. InuYasha está enfrentando sus propios miedos y desafíos, y la manera en que ambos encuentran consuelo y apoyo mutuo es conmovedora. Sí, Naraku es un villano despiadado y parece estar dispuesto a todo con tal de lograr sus malévolos objetivos. Pero con Sesshomaru cerca, hay esperanza de que puedan frustrar sus planes y hacerle pagar por todo el sufrimiento que ha causado. Me alegra que hayas notado ese detalle del capítulo anterior con InuYasha y Miroku fuera de la casa. A veces, los indicios se entrelazan de manera intrigante en la trama. Por otro lado, la tensión está a flor de piel, ¡y el final del capítulo deja a todos con ganas de más! Estoy encantada de que encuentres la historia adictiva. ¡Eso es un gran cumplido! :3 Gracias por tu apoyo constante, tus comentarios tan detallados y tu energía positiva son lo mejor. ¡Nos leemos muy pronto!

- Lin Lu Lo Li: ¡Hola de nuevo! Ya extrañaba tus reviews ¡Tus comentarios siempre son tan interesante! Es fascinante cómo te sumerges en la trama y en los sentimientos de los personajes. El pasado de los hermanos Taisho es, sin duda, una tragedia que ha dejado cicatrices profundas. El reencuentro de Sesshomaru e Inuyasha, aunque en circunstancias difíciles, permite explorar sus relaciones e interacciones. La intensidad de las emociones entre Inuyasha y Kagome es palpable, especialmente en situaciones tan desgarradoras como la amenaza de Naraku. La desesperación y la determinación de Kagome por su hija son conmovedoras, y la fortaleza que encuentran el uno en el otro es un elemento poderoso en la historia y es lo que se buscaba. Por otro lado, la revelación sobre la conexión entre Kikyo y Kagura agrega capas intrigantes a la trama. Naraku parece tener información muy detallada sobre los pasos de los protagonistas, lo que intensifica la amenaza que representa. Aprecio enormemente tu apoyo y el entusiasmo que compartes con cada review. ¡Gracias por ser parte de esta historia! :3 ¡Espero seguir manteniéndote intrigada en los próximos capítulos!

- Monica: ¡Hola! ¡Oh no, la situación se está volviendo cada vez más intensa! La trama se complica y las emociones están a flor de piel. ¡Me alegra que estés disfrutando de la historia! Gracias por tu apoyo y espero seguir manteniéndote intrigada en los próximos capítulos. ¡Nos leemos pronto!

Bien, solo puedo decir que ya no falta mucho para que la historia llegue a su fin. Creo que ya va siendo hora de dejar que nuestro InuKag sea feliz. :3

Este capítulo abrirá la puerta para el fin y sí, ¡Disfrutemos de los capítulos que quedan a continuación! ¡Cuídense mucho y nos leemos muy pronto!

Atte. XideVill


Disclaimer: Los personajes de esta historia son de Rumiko Takahashi.


CAPÍTULO 28.

(Catorce años atrás)

INUYASHA

–En primer lugar, quiero expresar mis más sinceras condolencias a la familia y seres queridos de Toga Taisho y su amada esposa Izayoi. Entendemos que este es un momento difícil y respetamos su dolor.

Cuando el abogado comenzó a hablar, ya no deseaba permanecer aquí. Podía sentir la pesada e inquietante mirada de Sesshomaru a mis espaldas, y la tensión en el ambiente se hacía palpable. Después del sepelio de nuestros padres, el abogado insistió en leer el testamento, por lo que cualquier intento de negarme fue aplacado.

–El testamento de tutela que tenemos ante nosotros fue redactado en vida por Toga Taisho y su esposa. Este documento fue redactado legalmente y testifica las decisiones y preferencias de los difuntos en relación con la tutela de sus hijos menores –El abogado miró por sobre el papel–, en este caso, Inuyasha Taisho.

Apreté los puños deseando que esta tortura por fin terminara. Ya no quería estar aquí, no quería seguir escuchando que mis padres estaban muertos ¡Ya no!

–A continuación, procederemos a la lectura del contenido relevante del testamento de tutela. Por favor, escuchemos atentamente y respetemos sus instrucciones, reconociendo que este acto es un tributo a su sabiduría y preocupación por el bienestar de sus seres queridos.

"Debido a las circunstancias en las que este testamento será leído, consideramos sus implicaciones y, mediante una ardua conversación, vemos por conveniente poner en manos de Myoga Nomi la tutela de nuestro hijo Inuyasha Taisho…"

Rápidamente voltee atrás para buscar a Myoga. Él era el abogado de la familia, ahora entendía el por qué no era él quien leía el testamento de mis padres. Myoga siempre fue para mi padre un buen amigo, o tal vez más que eso, un hermano cercano. Su semblante triste solo me confirmaba que él, al igual que nosotros, sufría por su ausencia.

El abogado frente a nosotros continuó leyendo el testamento, mencionando propiedades, cuentas en el banco, fideicomisos y pensiones futuras. Obviamente, nada de eso me interesó en absoluto.

–Concluido el relato de Toga Taisho, es nuestra responsabilidad llevar a cabo sus deseos de manera justa y fiel. En los días venideros, nos comprometemos a trabajar junto a ustedes para asegurar que la transición sea lo más suave y respetuosa posible– El hombre de traje dejó los papeles sobre la mesa y nos miró fijamente– Este testamento es más que un simple documento legal; es un legado de amor y preocupación. A medida que el tiempo pasa, recordemos la importancia de preservar la esencia de Toga e Izayoi Taisho en la vida de aquellos a quienes más amaba.

Me fue inevitable no acumular lágrimas; aquello fue como poner fin a todo lo que ellos fueron y significaron para nosotros, fue como una despedida no deseada y como el dolor de recordarlos solo a través de esas palabras.

Sentí una mano sobre mi hombro y entonces volteé de inmediato. Myoga me veía como solía hacer mi padre cuando algo le preocupaba.

–Llora si así lo deseas; en estos momentos, las lágrimas son lo único que nos libera del dolor.

Cerré los ojos tratando de no verme vulnerable ante él. Sentí que Myoga se arrodillaba frente a mí para quedar a mi altura y entonces me miró.

–Inuyasha, la pérdida de tus padres es un golpe profundo, y cada emoción que sientas es válida. –Me tomó de las manos– Tus padres dejaron una huella imborrable, lo sé muy bien, y aunque su ausencia duela, también hay espacio para recordar los momentos que compartieron, no te cierres. Recuerda que ahora estoy aquí para apoyarte en lo que necesites.

Yo solo necesitaba a mis padres de vuelta, necesitaba un abrazo de mamá, uno que me hiciera sentir seguro y capaz de todo. Necesitaba sentirme fuerte, y sin ellos conmigo, no creía poder lograrlo.

De pronto, los brazos de Myoga me atrajeron hacia él. Pude sentir su calor y la inmensa desesperación por calmar mis demonios. Su aroma me recordó al de mi padre; se sentía como si él estuviera abrazándome en estos momentos. Entonces, lloré; las lágrimas fluyeron, liberando la carga emocional que llevaba dentro.


(Actualidad)

–¡No, no, NO!

Corrí hacia él y me derrumbé junto a su cuerpo ensangrentado.

–¡Myoga, no! ¡Tú no!

Puse mi mano sobre su pecho tratando de buscar algún signo que me indicara que él aún estaba con vida. Pero nada. Abracé su cuerpo deseando que esto fuera mentira, que no fuera él quien ahora me dejaba.

–Myoga… perdóname… –Me lamenté aferrándome a su cuerpo.

Cuando mis padres murieron, él fue quien se encargó de nosotros, no solo de mí. Gracias a él, Sesshomaru y yo pudimos seguir viviendo juntos; al menos hizo que la ausencia de mis padres no se sintiera tan miserable en nuestra casa. Myoga siempre estuvo conmigo desde un principio, mi padre le encargó cuidarme y así lo hizo, hasta ahora.

Un disparo resonó en todo el lugar, y justo a mi lado se desplomó un cuerpo gritando de dolor.

–¡Inuyasha!

Sesshomaru se acercó a mí empuñando un arma, mientras le apuntaba al sujeto herido junto a mí.

–¿Estás bien?

Mis ojos se nublaron y bajé nuevamente la mirada hacia Myoga.

–Él está… –musité con dolor ignorando los gritos del otro hombre con nosotros– Sesshomaru, Myoga está muerto.

No dijo nada, solo se quedó de pie sin mover un solo músculo.

–¡Maldito idiota! –exclamó el hombre tratando de levantarse– ¡Naraku, hará que se arrepientan! ¡AHH!

Sesshomaru volvió a dispararle, pero esta vez en la otra pierna.

–Inuyasha, sal de aquí –demandó.

–Pero…

–¡Voy a interrogar a este idiota! –exclamó con la voz oscurecida.

Iba a negarme, pero en ese momento entraron unos hombres vestidos de blanco. Me aparté de Myoga y dejé que hicieran su trabajo. Lo subieron a la camilla y lo taparon con una manta.

–Ve con él –demandó Sesshomaru– Sé que quieres hacerlo.

Sus ojos dorados se fundieron en los míos y entonces negó con la cabeza.

–No te preocupes por nada, te prometo que le sacaré toda la información al maldito bastardo.


–Fueron dos balas las que encontramos alojadas en su cuerpo –dijo el médico forense mientras leía unos papeles– Una de ellas en su pierna y la otra atravesó su corazón.

Apreté mis manos en un puño envuelto en impotencia.

–Reside en su cuerpo una serie de moretones y contusiones de gravedad señor Taisho, no había forma de que sobreviva dado a su avanzada edad.

–Doctor, él… ¿Él sufrió?

El hombre me miró fijamente antes de asentir.

–Señor Taisho, lamentablemente se empeñaron con él.

–¡Maldito infeliz!

Golpeé la pared.

–Señor, por favor cálmese…

–¡Lo voy a matar! ¡Juro que lo haré sufrir!


KAGOME

Ya habían pasado tres días desde que Inuyasha me había dejado aquí. Tres días en los que solo podía pensar en lo peor; aún no sabía nada de mi hija y mucho menos sabía algo de él. La angustia estaba haciendo de las suyas con mi frágil estabilidad, y el no saber nada lo empeoraba aún más.

–Mi niña, ¿qué pasa? No has comido nada.

–No tengo hambre, Kaede.

–Kagome, si no comes, enfermas –comentó Sango entrando por la puerta.

–¿Y Miroku?

–Fue a hacer unas llamadas, ampliará su solicitud de vacaciones en su trabajo.

–Lamento causar tantas molestias.

–No es molestia, Kag –aclaró ella– Lo hacemos con mucho gusto. Lo que más nos importa es que ambos se encuentren bien.

–No puedo estar bien, Sango –intervine– No, si no sé absolutamente nada de mi hija o de Inuyasha.

–Kag…

–Ya no puedo con esta angustia, siento que me estoy muriendo a cada día que pasa –sollocé– Él me prometió que la traería de vuelta… Pero no… Inuyasha no…

–Tranquila, Kagome.

Sango me abrazó, sirviendo de contención ante mi desesperación.

–Estoy segura de que Inuyasha está haciendo lo mejor que puede para encontrarla. Así como tú, que haces lo posible para no perder la cabeza.

Me obligó a mirarla mientras peinaba mi cabeza.

–Tranquila sí, tienes que ser fuerte por él y por tu niña.


INUYASHA

No encontramos nada en la dirección que soltó aquel hombre antes de morir. Sesshomaru lo había interrogado y al no obtener respuesta alguna, empezó con las torturas. Si bien funcionó, después tuvo que escribir un reporte bastante extenso que lo justificara.

–Inuyasha…

–Otra vez no hay nada –solté agrio.

–Lo sé, pero al menos estuvimos cerca.

–¿Cerca? –cuestioné girándome a verlo– ¡Aquí no hay nada…!

Mi voz se fue extinguiendo a medida que enfocaba el objeto que tenía en las manos.

–Dejaron esto. No sé si lo hicieron a propósito, pero…

Caminé hacia él y se lo quité de las manos. Era una suave manta de bebé en color rosa.

–Moroha… –musité abrazando la manta– ¿Qué significa esto? ¿Por qué?

–Debieron enterarse de que les seguíamos los pasos y se fueron.

–¿Cómo puedes estar tan seguro?

–Ahí adentro no solo encontramos esa manta. Hay una copa con vino y varias colillas de cigarro a medio apagar.

–Entonces…

–Sí, no fue hace mucho que se fueron –informó– Ya mandé a cercar todo el perímetro, ni un solo auto pasará los próximos kilómetros sin ser detenido por los oficiales. Los vamos a acorralar Inuyasha. Como las ratas escurridizas que son.

Por un momento, solo por un fugaz y pequeño momento deseé que así fuera.

–Pero mientras eso pasa. Tú y yo tenemos que ir a un lugar.

–¿Qué? –solté confundido– ¿A dónde?

–Me dijiste que con ustedes vive una mujer que trabajaba para él.

–¿Kaede?

–Quiero hablar con ella.

Sesshomaru empezó a caminar rumbo al auto.

–¿Qué? ¿Por qué?

–Sube –demandó de inmediato.

El sol empezaba a esconderse y con ello un día más se perdía sin tener de vuelta a mi hija. Sabía que Kagome me odiaría al verme llegar con las manos vacías y es por esa razón por la que aún me resistía a bajar del auto.

–Tienes que afrontarlo de una vez –soltó Sesshomaru.

–No quiero ver sus ojos llenos de decepción al verme.

Sesshomaru se quitó el cinturón de seguridad y me miró fijamente.

–Es tu esposa Inuyasha, y por muy mal momento que parezca, ella estará feliz de verte otra vez.

Descendió y lo vi caminar hacia la entrada de la cabaña. Las puertas se abrieron y lo vi perderse dentro de inmediato. Mi corazón se aceleró cuando vi a Kagome salir con desesperación y buscar algo con la mirada.

Tomé una gran bocanada de aire y bajé del auto dejando todos mis miedos atrás. Cuando me vio, Kagome solo se quedó quieta en su lugar, entonces me sentí miserable por no haber cumplido mi promesa. Estaba dispuesto a recibir sus gritos y miradas de decepción cuando de pronto la vi derramar una lágrima.

–Inuyasha…

La vi bajar las escaleras y correr hacia mí mientras el llanto bañaba sus mejillas.

–Kag…

Se pegó a mi cuerpo y me abrazó rodeando mi cuello con desesperación. Podía sentirla temblar a medida que el llanto hacía de las suyas con ella.

–Creí que… Cuando vi a tu hermano entrar y sin ti… Inu… –soltó entre sollozos– Por favor no vuelvas a hacer eso…

Tiró de mi cabello en señal de reproche.

–Tuve tanto miedo de perderte…

–Perdóname Kag –Me disculpé aferrándome a su cintura– No quise preocuparte.

–Pues lo hiciste… –Me apartó dejando un golpe en mi pecho– ¡Lo hiciste! y ¡No tienes idea de lo que es estar aquí y no saber nada! ¡No sabes cuántas veces quise salir e ir a buscarte!

–Kag…

–¡Me dijiste que tu hermano me mantendría informada, pero no obtuve ni un solo mensaje de su parte! ¡¿Por qué?! Inu… ¡¿Por qué no lo hizo?!

–Porque yo se lo pedí.

Sus ojos, ahora rojos por el llanto, me miraron con gran intensidad.

–¿Qué…?

–No quería que te preocuparas de más.

–¡Pero estuve preocupada! –afirmó– ¡En todo este tiempo fue lo único que hice!

–Kagome…

–¡No puedo creer que no me tengas consideración! ¡¿Sabes la cantidad de veces que me quedé despierta esperando tu llamada?!

–Yo solo…

–O un solo mensaje Inuyasha. ¡Algo! lo que sea que me indicara que estabas bien y con eso, te aseguro que, con eso podría haber conciliado el sueño.

–Lo siento Kag –solté sincero.

Busqué sus manos y las envolví con las mías. Su calidez se estaba enfriando a medida que estábamos aquí.

–Myoga…

–¿Qué?

No fui capaz de terminar la frase. Kagome me miró sin entender nada y entonces sus manos fueron lo único que me sirvió de estabilidad.

–Kagome, Myoga está muerto.

Sus ojos, aquel hermoso par me miraron con absoluta y profunda sorpresa.

–Inu… no…

Asentí lentamente.

–Sí, mi amor. Naraku lo mató.

Kagome escondió el rostro en mi pecho y se aferró a mi espalda con determinación.

–Aquí estoy, Inu… –susurró con aquella calidez como lo hacía cuando nos conocimos y me consolaba por la muerte de mis padres– Lo siento mucho.

–No, Kag, no es tu culpa.

–Y tampoco tuya, así que por favor no quiero que te culpes por eso.

Kagome me conocía muy bien. Porque la culpa fue lo único que me acompañó en todo este tiempo.

–Inu, por favor –insistió aferrándose aún más.

–Bien…

–Tampoco quiero que pienses que te odio por no haber traído a nuestra hija de vuelta.

Me estremecí al escucharla mencionarlo.

–Sé que te esfuerzas mucho por conseguirlo y sé muy bien que lo harás.

Me dejé envolver por el exquisito aroma de su cabello mientras sentía todo su apoyo.

–Confío en ti, Inuyasha –Se inclinó un poco para mirarme– Sé que muy pronto tendremos a nuestra hija con nosotros.

Peiné su flequillo mientras sentía su inmenso amor.

–Te amo, Kagome.

–También te amo, Inu.

Volví a abrazarla tratando de que el frío no se sintiera tan intenso para ella.

–Entremos, creo que comenzará a llover.

La sentí asentir mientras inspiraba mi aroma.

–Bien, entremos.

Cuando cruzamos la puerta, Sango y Miroku se nos quedaron viendo sentados sobre el sofá.

–Inuyasha –saludó mi amigo poniéndose de pie– Qué bueno que estés bien.

–Sí, es un alivio –agregó Sango– Hola. Te juro que, si no llegabas un día más, Kagome perdería la cabeza.

Besé la cabeza de Kag en respuesta.

–Lo siento… –Le susurré y ella solo acarició mi mejilla– ¿Y Sesshomaru?

–Se llevó a Kaede a nuestro cuarto –respondió Sango.

–¿Kaede? –dijo Kagome confundida– ¿Por qué?

–Dijo que quería hablar con ella.

–¿De qué? –Me preguntó Kag.

–No lo sé. Pero será mejor que vayamos a ver que todo está bien.

Ella asintió y ambos subimos al cuarto de invitados. Para nuestra suerte la mujer mayor se encontraba sentada sobre la cama mientras apuntaba un punto fijo en el mapa que Sesshomaru le mostraba.

–¿Qué hacen? –cuestioné adentrándome en la habitación.

–Señor Inuyasha –saludó la mujer con una genuina sonrisa– Qué bueno es verlo otra vez.

–Lo mismo digo, Kaede.

–Kaede me mostraba una residencia dentro del perímetro que cercamos hace unas horas.

–¿Perímetro? –preguntó Kagome.

–Así es, esta vez estamos muy cerca de encontrar a su hija.

–¿Cómo?

–Kaede es la única que conoce desde el nacimiento a Naraku Kumo, incluso conoce a su familia mucho antes de que él naciera.

No entendía muy bien a dónde quería llegar Sesshomaru, pero sentí que le daba falsas esperanzas a Kagome y eso no me gustaba.

–Existe una residencia en medio del bosque que solía ser del padre de Naraku y según mi equipo de investigación, pasó a ser de Naraku cuando el padre murió.

–¿Crees que…?

–Sí, es una posibilidad que se escondan ahí.

–Pero no creo que se arriesgaría sabiendo que Kaede sabe de ese lugar –advertí.

–Muy buena observación –resaltó Sesshomaru– Pero considerando que estuvimos a punto de encontrarlos, que cercamos todo el lugar, acorralados y sumamos que no están solos, sino que también llevan consigo a una bebé con días de nacida, no tuvieron otra opción que usar ese lugar como su escondite temporal.

–¿Entonces qué estamos esperando? Vayamos de una vez.

–Espera un momento, Inuyasha –advirtió Sesshomaru– Tenemos que actuar en base a un plan estructurado.

–¡Estoy harto de tus planes! ¡Ni uno solo ha salido como queríamos!

–¡Y tu impulsividad tampoco! –recalcó– Ya se olvidó lo que pudo haber pasado si yo no llegaba a tiempo esa vez. ¡Ese hombre pudo haberte matado!

Kagome se aferró a mi brazo buscando una respuesta.

–Así que, si yo digo que idearemos un plan, ¡lo haremos! ¡Y tú acatarás mis órdenes sin reclamar!

Su mirada imponente me hizo sentir pequeño, y por un momento, solo por un pequeño momento, me recordó a nuestro padre.

–¿A qué se refería Sesshomaru? –preguntó Kagome una vez solos en nuestra habitación.

–No es nada.

–Inuyasha –insistió.

Me miró muy fijamente mientras se acercaba.

–¿Qué pasó?

–Estuvieron a punto de dispararme –confesé.

–Inu… –Se llevó las manos a la boca tratando de contener su preocupación– Pero ¿cómo?

–Recibí una llamada de Naraku. No sé cómo, pero se enteró de que fuimos a investigar la habitación que ocupaba Kagura. Fue cuando cumplió su amenaza.

–Myoga… –dijo en un susurro.

–Por un momento creí que era… Moroha.

Sostuve sus manos cuando estas empezaron a temblar.

–Escuché su llanto así que no lo pensé dos veces. Fui a ese lugar, aunque Sesshomaru me advirtió que fuera solo, no le hice caso. Era nuestra hija, Kag, ¿qué quería que hiciera? ¿Qué me quedara de brazos cruzados después de esa amenaza?

–Te arriesgaste mucho.

–Y lo volvería a hacer.

–No…

–Lo haría con tal de recuperarla y verte feliz nuevamente.

–No Inuyasha –señaló– Tiene que haber otra forma, un plan como dijo Sesshomaru, algo que los ponga a todos a salvo.

–Kag…

–¡No! Por favor no me pidas escoger entre los dos. No lo haría jamás, los necesito a ambos para ser feliz ¿qué no lo entiendes?

Me permitió envolverla en mis brazos mientras calmaba su respiración. Kagome siempre había sido una mujer fuerte, pero también llegaba a un punto en donde me dejaba ver su lado más vulnerable.

–Acabaré con esto, Kag, juro que lo mataré por todo lo que nos ha hecho.

–No, Inuyasha –Buscó mi mirada– Por favor no te condenes por él.

–Aún no olvido lo que te hizo, Kagome, intentó abusar de ti, te pegó, es evidente que ese maldito no está bien de la cabeza porque lo hizo sin importarle que estabas embarazada.

–Inu…

–Se llevó a nuestra hija, nos causó mucho dolor, y ahora también mató a Myoga ¡Tengo que ponerle un fin! Sabes lo mucho que significaba él para mí.

–Lo sé.

–Entonces por favor no me pidas que no haga nada.

–Deja que Sesshomaru se encargue, estoy segura de que él…

–No, lo haré yo. Seré yo quien acabe con la vida de esa escoria.

–¡Irás a prisión! –Me sujetó de los brazos– ¡No lo hagas!

–Es un precio justo…

–No, Inuyasha. Me rehúso a verte pagando esa condena. No sería justo para mí, ni para Moroha sentir tu ausencia de esa forma. ¡No lo aceptaré jamás!

–Kag, entiende por favor.

–¡No! Entiéndeme tú a mí. Quiero criar a mi hija contigo, su padre. No quiero que crezca teniendo una infancia como la mía.

Sus hermosos ojos se fueron apagando probablemente al recordar aquello.

–No creo poder hacerlo sola… te necesito a mi lado cuando recuperemos a nuestra hija… Por favor –dijo tratando de contener un sollozo– Por favor prométeme que no harás nada imprudente. Por favor Inu…

Me pedía algo que muy posiblemente no estaba seguro si cumpliría. Pero no podía ignorar su preocupación, era totalmente entendible que Kagome no quisiera que nuestra hija creciera sin un padre y yo no quería estar lejos de ella y perderme sus etapas. Pero… mientras que el infeliz de Naraku Kumo siguiera con vida siempre habría un tema pendiente, algo sin resolver.

–Está bien… –solté con su suspiro– Ya no te preocupes más y mejor vayamos a dormir.

Asintió y dejé un beso sobre su frente antes de acostarnos en la cama. No recordaba la última vez en la que dormimos plácidamente y sin preocupaciones, salvo aquellas tan comunes como el trabajo, los horarios ajustados y el típico qué comeremos mañana.

Extrañaba esos tiempos, en los que solamente éramos un par de jóvenes recién casados, con mucho entusiasmo de comprar su primera casa. Sí, definitivamente jamás me hubiera imaginado que pasaría todo esto por mis malas decisiones.

Kagome se quedó dormida al transcurrir los primeros minutos, de seguro no había podido conciliar el sueño en todos estos días de angustia, y eso me hizo sentir culpable. Si tan solo hubiéramos llegado un poco antes, estoy seguro de que habíamos atrapado a Naraku. Las horas pasaron y me perdí en la inmensidad y oscuridad de nuestra habitación contemplando a Kagome dormir, hasta que de pronto se escuchó un ruido provenir de afuera.

–¡SUÉLTAME, MALDITO!

Rápidamente me incorporé al escuchar aquel grito.

–Inu… ¿Qué pasa?

La voz somnolienta de Kagome me hizo mirarla.

–Quédate aquí –ordené– Iré a ver qué sucede.

–Pero…

–Solo quédate aquí.

Sus ojos, ahora en alerta, me miraron sin entender lo que pasaba. Miré por el pasillo en busca de algo sospechoso y no encontré nada, entonces fui directo a la sala, para mi buena suerte me encontré con Miroku y Sango que miraban por la ventana que daba a la entrada principal.

–¿Qué ocurre? –cuestioné yendo a su encuentro.

–Es tu hermano –empezó Miroku– Creo que encontró a alguien merodeando la casa.

–Sango –dije de inmediato.

–Dime.

–Ve con Kagome por favor.

–Sí…

–Quédense en la habitación y no salgan por nada.

La mujer asintió y junto a Kaede, que venía a ver lo que pasaba, fueron a la habitación en donde había dejado a Kag.

–Iré a ver de quién se trata.

Miroku asintió y entonces salí de la cabaña. El frío se sentía en cada uno de mis huesos y por desgracia la lluvia no había cesado.

–...Hablarás, de eso me encargo yo.

–Vete a la mierda, maldito cobarde, ¡tú y toda tu descendencia váyanse a la mierda!

–Sesshomaru –solté cuando lo tuve de espaldas a mí.

Era evidente que había atrapado a alguien, pero… ¿A quién?

–Vuelve adentro Inuyasha, de esto me encargo yo.

–Estás loco si piensas que te dejaré hacer el trabajo solo –rebatí enfurecido.

Entonces se giró permitiéndome ver a la mujer que tenía esposada y cubierta de lodo junto a él.

–¿Kagura…? –dije en un hilo de voz.

La mujer sonrió como si hubiera visto a un familiar que no veía hace muchos años.

–Hola, pequeño Taisho, nos volvemos a ver las caras –Empezó a reír.

Continuará...