CAPITULO 7:

PACTO EN LAS MONTAÑAS

Varias semanas habían transcurrido desde aquel enfrentamiento, durante su camino Kikyo y Kenji atravesaron pequeñas adversidades saliendo victoriosos de cada una de ellas. Por fortuna hubieron algunos días de tranquilidad hasta llegar a una pequeña aldea, la cual estaba al pie de una majestuosa montaña, después de un largo recorrido ambos pensaron que era una buena idea tomar un descanso ahí.

Todo parecía muy tranquilo, los aldeanos al verlos acercarse se alegraron mucho de recibirlos en especial de poder contar con la presencia de una sacerdotisa en su aldea. En ese instante los niños corrían alrededor de Kikyo y la tomaban de sus manos, Kenji esbozó una ligera sonrisa conmovido por aquella particular escena, sin lugar a dudas un momento que le transmitió mucha tranquilidad. La aldea parecía un refugio de serenidad en medio de su travesía.

En ese instante un anciano se acerca gentilmente hacia Kikyo:

Es un honor tener a una sacerdotisa como tú en nuestra humilde aldea. ¿Podríamos pedirte que bendigas nuestras cosechas y nuestro hogar? — solicitó el anciano líder de la aldea, con gratitud en sus ojos.

Kikyo asintió con amabilidad, aceptando la petición. Mientras realizaba sus rituales de bendición, Kenji observaba la escena con respeto. Aunque no poseía la habilidad de los aspectos espirituales de las prácticas de Kikyo, admiraba la calma con la que realizaba sus rituales y la conexión que ella tenía con la energía que fluía a su alrededor. Kenji decidió aprovechar el momento de tranquilidad que les ofrecía el lugar y empezó a explorar los alrededores de la aldea, hasta que de pronto se encontró con un gigantesco templo en lo más recóndito de la aldea. Al entrar, se topó con un anciano monje inmerso en meditación. La presencia de Kenji despertó la curiosidad del monje, quien entabló una conversación al sentir una energía única en él.

Bienvenido, viajero. Percibo una energía muy poderosa en ti. ¿Eres acaso portador de un poder divino? — preguntó el anciano monje, con ojos sabios que parecían leer el alma de Kenji.

Lamento haber interrumpido su meditación, me llamo Kenji — respondió con humildad. — ¿Acaso puede sentir la energía que poseo?

El anciano monje sonrió con sabiduría, sus ojos reflejaban una profunda comprensión del mundo espiritual.

En efecto, Kenji. Puedo sentir una energía única en ti, algo que va más allá de lo terrenal. ¿Eres consciente de la magnitud de tu poder? — preguntó el monje con serenidad, mientras abandonaba su posición de meditación y se sentaba en un cojín frente al joven viajero.

Kenji compartió con el anciano monje su historia, desde el despertar de sus poderes hasta su encuentro con Kikyo y la búsqueda conjunta para enfrentar a Naraku. El monje escuchó con atención, sus ojos reflejando comprensión y una profunda conexión con las palabras de Kenji, quien luego de un momento de reflexión, admitió con honestidad

No comprendo completamente mi poder. Solo sé que hay algo en mi interior, pero es algo que aún no puedo dominar bien. ¿Puede ayudarme a dominar estos poderes?

Lo lamento mucho, pero me temo que no podré ayudarte — respondió el anciano monje mientras cerraba sus ojos.

¡Por favor! — exclamó Kenji inclinándose ante el monje — Se lo pido, necesito dominar estos poderes para poder enfrentar a Naraku y destruir la perla de Shikon.

El monje sonrió con sabiduría, reconociendo la noble intención de Kenji.

No lo tomes a mal, no es que no quiera ayudarte, al contrario, si estuviera a mi disposición lo haría. Pero lamentablemente no me encuentro en las capacidades para poder brindarte la ayuda que requieres. Sin embargo… — dijo el monje haciendo una pausa — conozco a una persona que si puede ayudarte en lo que buscas.

¿Quién es esa persona? — preguntó Kenji intrigado.

El ermitaño Musashi — respondió el monje de manera reflexiva.

El ermitaño Musashi — repitió Kenji aun más intrigado — Y… dígame ¿Dónde puedo encontrarlo?

Así es, Musashi es conocido por su profundo conocimiento en las artes espirituales y su sabiduría en el manejo de energías extraordinarias. Para llegar a su templo deberás ir a lo más alto de la Montaña de los Espíritus, pasando nuestra aldea hay un valle donde podrás ver como se cierne la montaña de los espíritus. — explicó el anciano monje.

Kenji asintió con determinación, agradeciendo al anciano monje por la información valiosa. Sabía que su búsqueda por dominar sus poderes era crucial para enfrentar a Naraku y destruir la perla de Shikon.

Muchacho, si tienes algo de tiempo me gustaría pedirte un favor.

Por supuesto — afirmó Kenji con cierto entusiasmo — Después de la información que acaba de compartirme, es lo menos que puedo hacer por usted.

Lamentablemente no me queda mucho tiempo en este mundo — respondió el monje con cierta melancolía — Esta montaña que yace al pie de nuestra aldea ha sido testigo de eras y leyendas olvidadas. Pero esta oculta un secreto muy oscuro, ya que en su interior se encuentra sellado el espíritu de un temible ogro que asecho desde tiempos antiguos. — reveló el monje.

¿Acaso se ha escapado el espíritu de ese ogro? — preguntó Kenji con cierta preocupación tras escuchar el relato.

No ha escapado, pero pudiera escaparse ya que el sello que lo mantiene encerrado se está debilitando. Lamentablemente mi poder espiritual ya no es suficiente para mantener el sello como antes.

¿Quiere que le ayudemos a fortalecer el sello? Kikyo…

A estas alturas ya no serviría de nada. — dijo el monje interrumpiendo a Kenji. — El favor que quiero pedirte es que protejas a esta aldea y derrotes a ese ogro.

¿Quiere que yo lo derrote? — preguntó Kenji asombrado por la petición del anciano — Pero aun no recupero mis energías por completo, además aun no puedo controlar mis poderes.

El monje observó a Kenji y esbozó una ligera sonrisa.

Veo en ti una determinación que va más allá de lo común. Tu viaje es más que una simple travesía; es un camino que se entrelaza con el destino de este mundo. — expresó el monje con solemnidad. — Jamás dudes del potencial que tienes, tienes que confiar más en ti mismo, eso te ayudara a alcanzar lo que quieres.

Kenji reflexionó las palabras que le dijo el anciano monje, y luego de una breve pausa hizo una reverencia.

De acuerdo, si lo que quiere es que derrote a ese demonio lo haré con gusto. — respondió Kenji con determinación — Me aseguraré de que esta aldea continue con la paz que merece.

Sabía que podía contar contigo — respondió el monje, y tendiendo su mano hacia Kenji le hizo entrega de una especie de listón de madera que llevaba consigo una inscripción. — Ten esto, te servirá para cuando llegues al templo de Musashi.

El joven viajero recibió aquel objeto con respeto y lo guardó entre sus ropas para asegurarse de entregarlo una vez llegase al templo de Musashi. Con la promesa de proteger la aldea y enfrentar al oscuro ogro que yacía sellado en la Montaña, Kenji abandonó el templo para encontrarse con Kikyo.

En su camino de retorno su mente se enredaba en pensamientos sobre la misión que les esperaba y más aun sobre un nuevo objetivo el ir a visitar el templo del ermitaño Musashi. De pronto mientras cruzaba un pequeño puente que conectaba a la aldea, su paso se detuvo repentinamente al ver a Kikyo. Aquella escena parecía sacada de un cuento de hadas, en ese instante los pétalos de los arboles de flores de cerezo comenzaban a revolotear con el viento el cual mecía el largo y oscuro cabello de la sacerdotisa. Su caminar era el de una Diosa, sus ojos marrones en aquel momento lucían bellos y al mismo tiempo llenos de dulzura, su rostro lucia suave y aterciopelado de una belleza radiante y sorprendente.

Kenji sabia muy bien que Kikyo era un espectro, pero aún así quedó cautivado por la hermosura de la sacerdotisa, en ese momento una extraña sensación invadió su corazón el cual empezaba a latir fuertemente, sacudió la cabeza, como si quisiera alejar pensamientos inoportunos, y se acercó hacia ella admirando la belleza serena que irradiaba. Los pétalos de cerezo bailaban a su alrededor como si fueran testigos de la gracia natural de la sacerdotisa. Kikyo notó la presencia de Kenji y se reunió para conversar con él.

¿Dónde habías estado? — preguntó Kikyo intrigada ante la ausencia del viajero. — Te estuve buscando por toda la aldea.

Discúlpame — respondió Kenji reparando en ese descuido — mientras estabas con los niños, fui a recorrer los alrededores de la aldea y al fondo me encontré con un templo.

¿Cómo fue tu encuentro en el templo, Kenji? — preguntó Kikyo, observando la expresión del joven viajero.

Interesante y revelador, pero mejor conversemos en la casa que nos han brindado como hospedaje.

Ambos entraron a la casa que les habían ofrecido en la aldea, Kenji se encargó de acomodar todo para que la estadía fuese cómoda y tranquila para Kikyo. En eso preparó un poco de té para ambos, y mientras lo bebían Kenji empezó a compartir con Kikyo lo conversado con el anciano monje del templo.

Con que el ermitaño Musashi, alguna vez creo haber escuchado sobre él. — dijo Kikyo con cierta reflexión. —¿Y que tienes pensado hacer?

A decir verdad, me gustaría ir a la Montaña de los Espíritus y visitar a ese ermitaño — respondió Kenji — Quisiera poder controlar mis poderes en su totalidad, sería muy beneficioso para esta travesía.

Ir al templo de Musashi traería muchos beneficios — dijo Kikyo con serenidad mientras bebía un sorbo de té — Juntos superaremos los obstáculos Kenji.

Kenji esbozó una sonrisa ligera al escuchar las palabras de Kikyo.

Sabes… me alegra ver que nos llevemos bien, en un principio querías matarme — dijo Kenji entre risas — Pero veo que ha cambiado un poco.

Una sombra de melancolía cubre el rostro de Kikyo al escuchar las palabras de Kenji.

El tiempo transforma las almas, Kenji. En este viaje, descubrimos nuevas sendas, y la conexión entre nosotros es un misterio tejido por el destino. La luz y la oscuridad se entrelazan en este camino incierto.

Lo lamento, fui un tonto — respondió Kenji al observar la melancolía en el rostro de Kikyo — No era mi intención.

No te disculpes, Kenji. La melancolía es una parte de mí que siempre estará presente. Nuestros lazos son complejos y envueltos en un pasado doloroso. Pero juntos, podemos encontrar un camino hacia la redención y la paz.

Te comprendo, pero te confieso que me gustaría desaparecer esa melancolía de tu corazón, y verte sonreír, aunque sea una vez. Eres una mujer muy hermosa Kikyo, y a puesto a que tienes una linda sonrisa.

Una brisa muy suave agita las llamas del juego mientras la mirada de Kikyo se pierde en la distancia.

Mi corazón lleva la carga del pasado, Kenji. Tu deseo es noble, pero la sonrisa que buscas se desvaneció hace tiempo. Aún así, agradezco tu bondad.

Kikyo se sumió en un silencio reflexivo, mientras Kenji respetaba la profundidad de sus palabras. La habitación estaba impregnada de una mezcla de emociones, desde la serenidad hasta la melancolía. Kenji se acercó a Kikyo con delicadeza y colocó una mano reconfortante sobre su hombro.

No importa lo que haya sucedido en el pasado, Kikyo. Estamos aquí juntos, enfrentando el presente y construyendo un futuro. — dijo Kenji con sinceridad.

Kikyo asintió, agradeciendo la comprensión de Kenji. Aunque su sonrisa había desaparecido en el transcurso del tiempo, la conexión entre ambos iba más allá de las palabras. Kenji se propuso en su corazón aliviar la carga que Kikyo llevaba consigo.

Si alguna vez necesitas compartir tu carga, estoy aquí para escucharte, Kikyo. Juntos superaremos cualquier adversidad que se interponga en nuestro camino. — añadió Kenji con determinación.

Kikyo apreció las palabras de Kenji y le sonrió, una sonrisa tenue pero llena de gratitud. El momento se llenó de una tranquilidad especial, como si las heridas del pasado pudieran sanar lentamente con la promesa de un futuro compartido.