Serie: Naruto
Autor: Leah
Advertencias: Sexo explícito.
Memoria de Ella
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Sasuke era un hombre estoico, la mayor parte del tiempo demostraba tal capacidad de dominio sobre sí mismo, que fácilmente cualquiera lo comparaba a una estatua, una estatua absolutamente letal y estúpidamente atractiva pero una estatua al final del día, suficiente como para que la persona común simplemente lo asociara a alguien demasiado cerrado, y porque no, absolutamente callado.
Claro que, hoy en día, considerando el tiempo y las circunstancias, ella sabía bien que igual él tenía sus momentos, cuando se le iba la lengua, cuando en realidad, tenía ganas de hablar, muchas veces eso era por alcohol: Sasuke no bebía, pero cuando debía hacerlo y las pocas ocasiones donde se le iba la mano (contadas, totalmente con los dedos de su mano derecha); demostraba que de hecho muchas veces se guardaba cosas que le gustaba decir.
Especialmente cuando uno encontraba la mezcla perfecta entre que el hombre estuviera ebrio, y que estuviera celoso.
No es que intencionalmente lo hubiese buscado, en realidad, porque siendo justos encontrarse con Naruto en una misión diplomática por el país del agua había sido una coincidencia, una bastante agradecida: encontrarse con su mejor amigo y ponerse al día había sido totalmente algo que la alegró, y que esto terminara con todos en un bar, platicando y riendo, fue genial.
Pero claro, Naruto, fiel a su estilo, no pudo evitar picar un poco más de lo necesario al Uchiha, y este, incapaz de negarse un poco a esa constante rivalidad que tenían (que aun que más viejos, seguía existiendo de forma estúpida); provocó que ambos bebieran, y bebieran, con prácticamente una Sakura enojada regañándolos hasta hartarse. (aún si ella igual había bebido).
Así pues, eso pudo acabar en un día de regaños ocasionales y bebidas comunes, si no fuera porque a Naruto, tan él como siempre, se le fue la lengua respecto a cómo algunos en el hospital "extrañaban a sakura-chan", y "añoraban a la preciosa doctora de cabello rosa", y más parafernalia que Sasuke, si no hubiera estado tan ebrio, habría notado que en realidad solo estaba picándolo meramente por un deseo ferviente de ir y joderlo.
Porque si había algo que Naruto amaba, era joderlo.
Y vaya que lo consiguió, al menos para ella misma y Naruto, aun con todo lo ebrios que estaban, si vieron la chispa de enojo, celos y malestar en el rostro del hombre, porque con el tiempo viajando juntos, si había algo que ella tenía claro, es que su pareja en realidad era bastante posesiva.
De una forma retorcida debía admitir, porque un día Sasuke podía evitar que alguien tocara su cabello, y al otro toquetearla con tal descaro que seguramente no le molestaría que lo atraparan corriéndole mano alguno de esos que la han pretendido, simplemente para demostrar que era suya.
Por supuesto, había límites, ambos los conocían bien, y ella sin lugar a dudas era una mujer demasiado resuelta como para solo dejarlo ser un animal.
La cosa es que ahora mismo ambos estaban demasiado ebrios.
Y francamente un Sasuke hablador, celoso y dominante, especialmente uno en la cama, era un espectáculo excitante al que no podría negarse en estas circunstancias.
-Mírame, y abre esa bonita boca tuya-
Ese maldito y jodido tono, esa voz ronca mientras la tenía de rodillas e inclinada sobre la orilla de la cama de la habitación que compartían: maldito fuera él, con su mirada penetrante, con su mano sobre su cabello, con esa maldita estatura que la hacía sentir pequeñita.
Y caliente, muy muy caliente.
Obediente abrió la boca, incapaz de negarse, mirándolo desde abajo, en ropa interior como la tenía desde hace un rato una vez llegaron, notó directamente la sonrisa prepotente en el hombre por verse obedecido antes de ir y bajar el cierre de su propio pantalón, suficiente como para que su erección, pesada y dura, se liberara por completo frente a su rostro.
Mantuvo la boca abierta, y un gemido de gusto se le esfumó de los labios para cuando lo sintió ingresar en ella, marcando el ritmo de la felación, primero lento, suave, hasta que terminó sujetando su cabello con algo de fuerza y entro más al fondo.
Usó su lengua para estimularlo mientras él mismo iba marcando el cómo ingresaba en ella, apoyando las pequeñas palmas en su cadera fuerte, sintiendo los músculos masculinos bajo sus palmas, tan fuerte, tan entrenado, tan él.
-Amo esa boca que tienes, fue hecha para mi- susurró, ronco, moviéndose más rápido contra sus labios. -para que la bese, para que la muerda, y para que me la folle-
Lloriqueó de pura excitación, chupando algo más fuerte, disfrutando de la sensación que era esa mano agarrando su cabello para moverla, y embutida por la situación misma, para cuando él mismo se calmó en sus embates, ella continuó comiéndoselo: su lengua se paseó por la base hasta la punta, lamiendo y chupando continuamente.
Un ronroneó, que le pareció que sonó a un "buena chica", la hizo dar una larga y hambrienta lamida sobre todo lo largo de su pene caliente.
Deseosa de probar más, fue que usó sus manos para apoyarse, masturbándolo al tiempo en que lamía la punta, desesperada, gimoteando bajito y disfrutando de que él mismo moviera su cadera contra su boca, murmurando de forma ronca si lo quería, y ella sabía bien a qué se refería, así que, con un gemido pequeño, le rogó que sí, que se lo diera, que quería tenerlo ya.
No se lo negó, y eso la hizo feliz mientras sentía su pene palpitar entre sus manos y su eyaculación golpearle los labios.
Sasuke le soltó el cabello, usando la única mano que tenía para masturbarse un poco más, dejando que su propia semilla la ensuciara, pero en vez de ofenderse, asquearse o enojarse, paseo su propia lengua por sus labios y sus manos por los restos en su rostro, limpiándose y tragándoselo.
Sentir como sujetaba su mejilla con su mano y la obligaba a mirarlo solo hizo que se relamiera los labios, ansiosa, teniéndola en esa posición más sumisa y de entrega.
-Solo yo podría tenerte así-
Susurró, inclinándose sobre ella, sujetando su cuello con su única mano, grande, cubriéndola. -No importa lo que pase, eres mía- enfatizó, sobre sus labios, con la respiración golpeándole el rostro. -Podrías incluso querer irte con alguno de esos fanáticos, y aun así solo serías mía. - farfullo, paseando su lengua lentamente sobre su boca. -Es mi nombre el único que gemirás-
La unión de sus labios fue deliciosa en esos segundos, pero tan efímero para cuando él se alejó. -Ahora recuéstate y abre las piernas, quiero verte- y tembló, obedeciendo de una sola vez.
El colchón contra la suave espalda, ambas piernas separadas, ella misma usó sus manos para sujetarse y mantenerse abierta, aún si todavía mantenía la ropa interior: las braguitas estaban húmedas, empapadas, podía sentirlo perfectamente, y aunque hace mucho tiempo le hubiese avergonzado, hoy en día, con la mirada hambrienta que él le tiró, no pudo más que solo sonreír.
Y gemir, cuando se inclinó y paseó su única mano por sus pliegues húmedos sobre la tela mojada. -¿A quién le pertenece esto, Sakura? - preguntó, bajito, ronco, pero fue difícil responderle cuando apartó con su propio dedo la tela he introdujo un dedo en su interior cálido. -Uumh, no te escucho- demandó, metiendo un segundo, tercero, moviéndolos tan rápido que su cadera se movió.
-Te pertenece a ti-
Respondió ida, idiota, casi, ya casi, podía sentirlo, sus dedos más al fondo, más rápido.
- ¿A quién?-
Y en ese segundo sus dedos se detuvieron.
-A ti Sasuke-kun, te pertenece a ti-
La respuesta al fin tuvo su recompensa, sus dedos volvieron a entrar, abriéndose espacio, en movimientos rápidos acompañados de su pulgar frotándole el clítoris tanto como para que el temblor en las piernas fuera más intenso, más directo, premiándola por su entrega y abandono.
Era difícil tener las caderas quietas cuando te follaban con los dedos de forma tan intensa, y más difícil se volvió cuando él se inclinó, capturando uno de sus pezones duros sobre la tela del sostén, mamando con fuerza y necesidad, tanto como para que la sensación del orgasmo la apabullara.
Se dejó hacer, entregada, disfrutando de tenerlo así sobre ella, y un gritito se le salió cuando con un simple movimiento de mano le arranco las braguitas, destrozando la tela y tirándola a otro lado, antes de ir y subir el sostén, dejando que sus pechos salieran al aire con un movimiento suave.
Casi casi que lo regaña por dejarla con menos bragas, si no fuera porque de una sola vez acomodó sus piernas a los lados de su cabeza antes de ir y entrar directamente en su interior, sin piedad, tomándola por completo con toda su envergadura, como si fuera algo tan natural para sí mismo.
Fuerte, fuerte y directo, la cabeza se fue a las nubes mientras su mano alternaba las caricias en sus pechos, antes de ir y subir suavemente por su cuerpo hasta su cuello, hasta llegar a sus labios, acariciándolos antes de ir y meter dos dedos dentro de su boca.
Sus gritos de gusto se murieron mientras chupaba.
-Ojalá pudieras verte-
Murmuro el, causando que abriera los ojos que ya hace rato había cerrado, solo para notar aquel ojo, aquel ojo rojo, brillante y girando mientras la abordaba.
-Podría tenerte así por años sin hartarme Sakura, eres la criatura más hermosa que ha existido-
La alabó, antes de liberar su boca y sujetar su mentón, inclinándose en esa posición que la tenía tan abierta para besarla con ganas, hundiéndose al fondo, tan tan tan al fondo, ¿Cómo era posible que pudiera abarcarla tanto? ¿Cómo se las arreglaba para no aplastarla si movía su cadera con tanta fuerza? Y peor, ¿Cómo es que vivió tanto tiempo sin saber lo bien que se sentiría?
Sintió como capturaba sus labios suavemente antes de ir y apoyar su única mano a un lado de su cabeza. -Mastúrbate- le ordenó contra la boca, sin dejar en ningún momento de cogérsela fuerte, y le hizo caso, porque a estas alturas podía decirle cualquier cosa y ella le iba a hacer caso.
La mano bajó, acariciando su unión, su clítoris sensible, masturbándose rápido y fuerte mientras lo veía sonreír y acomodarse, aún con sus piernas sobre sus hombros, se irguió por completo sin romper la unión, llevando sus labios a su pierna para morderla y marcarla.
-Así, córrete para mi-
Continuó ordenándole, con esos ojos rojos fijos en su cuerpo, en toda ella, podía sentirlo, podía verlo, estaba disfrutando de tenerla así, y verse deseada y tomada con tanta fuerza solo hizo que su propio placer fuera más intenso a medida que cabalgaba esas olas de sensaciones.
-Que rica te ves, me encanta como me aprietas con tu delicioso coño-
Gruñó, tan intenso, tan ronco, tan fuerte.
-Di mi nombre, di quien te está haciendo sentir bien-
La orden le llegó como descargas eléctricas detrás de la cabeza, tan intenso que el movimiento de sus manos se hizo más fuerte, la humedad aumentó, el sonido húmedo de sus pelvis chocando haciendo juego con sus gemidos constantes, sus gritos donde lo único que pudo repetir fue el nombre de él tal como se lo había pedido. - Sasuke-kun, Sasuke-Kun, Sasuke-kun.- Y entonces lo sintió, ya no era solo su propio orgasmo golpeándola, ahora también era el de él, llenándola a medida que su verga palpitaba y su cadera se mantenía completamente unida a la suya, como si ansiara llenarla completamente, que nada de eso llegara a desperdiciarse.
-Tan hermosa, tan deliciosa... y mía-
…
..
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No pudo más que suspirar al otro día cuando despertaron con los ruidos molestos de un Naruto gritando y golpeando en la puerta de su habitación. "Temeee, Sakura-chan, vamos a paseaaar" canturreaba, con una energía que uno solo podía atribuirle a una capacidad anormal de desintoxicación que claramente ellos no tenían.
Claro que ese pensamiento quedó un poco mucho de lado para cuando sintió perfectamente como Sasuke la agarraba de la cintura, la atraía hacia él, hundía su cara en su cuello y empezaba a chupar para dejar un par de marcas más perdidas en su piel blanca, unas que a no ser que desapareciera con ninjutsu médico, ahí se quedarían.
-No he olvidado lo que dijo anoche sobre que lo besaste-
Murmuro, ronco, quizá aún celoso, lo cual la sorprendió, creyendo que en realidad había bebido demasiado como para recordarlo, bueno…
Quizá no recordaba la parte en que ambos, tanto ella como Naruto, le fueron sinceros respecto al trasfondo real detrás de ese beso, específicamente el simple y sencillo hecho de que solo había sido un RCP para mantenerlo con vida en plena guerra, precisamente cuando lo importante era seguir todos vivos.
