El sol se filtraba a través de las cortinas entreabiertas, pintando rayos dorados en la habitación del hospital. A pesar del constante ir y venir de personas y el susurro constante de conversaciones, el ambiente se sentía tranquilo, casi reconfortante. En medio de este sosiego, escuché la voz familiar de la chica a la que había salvado unos días atrás. Me informó que le darían el alta en breve y que venía a despedirse, dejando su tarjeta sobre la mesita cerca de mi cama. Mientras tanto, yo permanecía acurrucada entre las sábanas, evitando el contacto visual.

De repente, una voz conocida resonó desde la puerta, cargada de reproche. Era la misma voz que había contestado mi llamada días atrás. La tensión se palpaba en el aire mientras la chica que estaba junto a mi cama respondía tímidamente, visiblemente culpable.

"Por fin te encuentro. ¿Por qué tardas tanto?", espetó la chica que acaba de llegar con impaciencia desde la puerta, cruzándose de brazos y lanzando miradas de reproche.

"Lo siento, Tomoe, solo quería despedirme de quien me ayudó. Además, dejé la tarjeta por si acaso", respondió la chica con voz apagada, desviando la mirada hacia el suelo.

"¡No tienes por qué esperarla! ¡Apúrate, Ash! ¡Siempre tardas una eternidad en despedirte!", exclamó Tomoe con impaciencia, lanzando un gesto de frustración.

La discusión entre ambas me sacó de mi ensimismamiento. Quise salir de entre las sábanas y enfrentarlas, pero solo logré moverme incómodamente en la cama, expresando mi malestar de manera sutil.

No supe si la chica se volvió hacia mí o simplemente notó mi incomodidad, pero me dijo un breve "Nos vemos" antes de retirarse. Cuando escuché que se alejaban, me sentí abrumada por el comportamiento hostil de la visitante. Con un gesto de frustración, aparte las sábanas con brusquedad y me levante de la cama.

Caminé hacia la entrada principal del hospital con la mente en blanco, observando a las personas que entraban y salían. Me sentí como una estatua, perdida en mis pensamientos, tratando de decidir si debía ir al departamento de Shizuru o regresar a la oficina. Un taxi se detuvo frente a mí, y sin pensarlo demasiado, le di la dirección de mi trabajo.

Al llegar a la oficina, el silencio reinaba en el ambiente. No sabía si mis colegas estaban preocupados por mí o si simplemente estaban concentrados en sus tareas. Con paso cansado, me dirigió a mi espacio de trabajo, donde mi joven secretaria me observaba con confusión. Mi aspecto desalinado y mi expresión cansada lo decían todo. Me dejé caer en la silla y apoyé la cabeza en el escritorio, sintiendo el peso del día sobre mis hombros.

Cuando me observó a través de los cristales, pude percatarme de que aún llevaba puesta la ropa de hospital. Ahora entendía por qué todos me miraban tan extrañados. Mis pasos resonaban en el suelo pulido mientras me dirigía hacia la salida, donde mi joven secretaria me guardaba con gesto preocupado.

"Disculpe, jefa, pero tengo un taxista esperando su paga en la recepción", anunció con voz suave, sin atreverse a levantar la mirada hacia mí.

"Ayúdame a pagarle, por favor, y dale un extra por el tiempo de espera", respondió, tratando de ocultar mi agotamiento tras una sonrisa forzada.

Ella avanzando y se retiró sin más, dejándome a solas con mis pensamientos. Me dirigí al baño, sintiendo el peso del día sobre mis hombros. Mi lugar de trabajo era mi segundo hogar, y el baño era mi refugio temporal. Al entrar, dejé que el agua caliente calmara mis músculos tensos, llevándose consigo el olor a hospital que se había impregnado en mi piel.

Cuando salí, la secretaria aún estaba allí, esperando pacientemente. Su parloteo parecía distante, como si estuviera en otro mundo. Me limité a asentir con la cabeza, incapaz de concentrarme en sus palabras. Mis pensamientos estaban en otro lugar, en un torbellino de dudas y preocupaciones que me consumían por dentro.

La tarde pasó en un abrir y cerrar de ojos, entre la monotonía de firmar papeles y revisar informes. Bajé a los talleres para observar los avances, pero mi mente estaba en otra parte. El sol se ocultó lentamente, sumiendo el lugar en penumbras. Mis colegas ya se habían marchado hacía horas, dejándome a solas con mis pensamientos.

Al regresar a mi despacho, encontré mi nuevo celular sobre la mesa, junto a la tarjeta de la misteriosa chica del vestido amarillo. Una curiosidad insaciable se apoderó de mí. ¿Quién era esa chica y qué tenía que ver con Shizuru? Borré las ideas absurdas de mi mente y decidí buscar respuestas. Bajé al ascensor con determinación, ansiosa por descubrir la verdad.

No tardé en llegar al edificio donde vivía Shizuru. Los alrededores estaban desiertos, pero la imponente estructura del edificio me recordaba a su presencia. Sigue adelante con paso firme, con la certeza de que encontrarás respuestas en aquel lugar. Cuando llegué al umbral de su departamento, la puerta estaba entreabierta, invitándome a entrar. Empujé con cautela y observé el interior vacío con un suspiro de frustración.

Reí irónicamente ante mi ingenio y me dirigió a la ventana, donde recordaba haber compartido momentos con Shizuru. La ciudad se extendía ante mí, vibrante y bulliciosa. Una voz estruendosa me sacó de mis pensamientos y me giré molesta por la interrupción.

"¿Qué hace usted aquí? ¿Quién la dejó entrar?" Su tono era grave y autoritario.

Me giré para encontrarme con un joven de cabellera azabache y ojos verdes, con el ceño fruncido y las manos en las caderas. Él estaba acompañado por una pareja que sostenía a un niño en brazos.

"Viví aquí hace mucho tiempo, solo vine a visitar a una amiga, pero veo que se ha mudado", dije en un tono melancólico.

"Solo he sabido que la única inquilina es la señorita Fujino", mencionó con un deje burlón y despectivo. Pero algo en su expresión me hizo indagar más.

"Sí, soy su amiga desde el colegio..." llevé mis manos a mi chaqueta.

El joven tomó su teléfono y le dijo: "Con gusto puedo marcarle".

Un nerviosismo recorrió todo mi cuerpo, mis manos sudaban dentro de la chaqueta, pero no quería que notara mi inquietud, así que decidí sonreír.

Su sonrisa se desvaneció un poco, pareció sorprendido y extrañado por mi reacción.

"He llegado recién a la ciudad y quiero darle una sorpresa", continuó, tratando de mantener la compostura.

"Pues si quiere sorprenderla, ella aún se encuentra en el edificio", dijo el joven.

La sorprendida fui yo. Un escalofrío recorrió mi cuerpo desde los pies hasta la nuca, y un nudo en la garganta empezó a formarse, apenas pude contener un quejido.

"Me encantaría verla, pero ahora no es el momento indicado", mencione con una voz firme para que no se notara mi nerviosismo. "Se aproxima su cumpleaños y necesito verla con un obsequio".

Lamento informarle que la señorita Fujino no estará en la ciudad las próximas semanas", mencionó con seriedad.

La noticia me impactó. Pensé en todas las veces que había revisado sus redes sociales y no había visto ninguna mención de ese viaje.

"Es porque su prometida, Tomoe, apenas le acaba de hacer la proposición y van a viajar por el Caribe", explicó el joven.

Con esa explicación, un coraje comenzó a recorrer mis entrañas. ¿Quién era esa Tomoe? ¿Acaso había dos personas con el mismo nombre, en un mismo día? Esto era demasiado irreal. Pero la culpa también me invadió. Había esperado que Shizuru me esperara toda la vida. ¡Qué tonta fui! La sensación de traición y confusión se mezclaba con el peso del autodesprecio mientras trataba de comprender lo que estaba sucediendo.

"Bueno, señorita, ¿con quién tengo el gusto?", preguntó el joven.

"Señorita Kruger", mencionó. No quería que Shizuru supiera que estaba allí, especialmente después de enterarme de que se iba a casar, algo dentro de mi nacimiento, no sé qué era exactamente, amargura o derrota, pero algo me hundía hasta el fondo.

Los acompañantes del joven le hicieron una pregunta para romper el silencio y él contestaba.

"Efectivamente, el departamento ha estado en el mercado por un par de semanas y tenemos varias propuestas", dijo el joven, observando a la pareja que estaba mirando el departamento con curiosidad.

"Si, la señorita Fujino vino a retirar el resto de sus cosas, ella y su prometida están abajo", agregó.

El miedo me invadió y decidió emprender la marcha, dejando que el chico no terminara la oración. "Me tengo que ir, quizás cuando regrese de su viaje pueda verla", dije apresuradamente mientras asentía con la cabeza.

Y yo pasé, por un lado, sabía que ella podría subir en cualquier momento, y bajé por las escaleras de incendio de dos en dos, después de tres en tres. Quería salir huyendo de aquel lugar, pensando en toda la información, en por qué ella había mantenido todo oculto. Siempre había seguido sus redes y nada había aparecido. Estaba molestando conmigo misma por ser tan infantil. Cuando iba dando vuelta para el último tramo de la escalera, decidió bajar la velocidad. Mi corazón estaba todo acelerado y me detuve en el último escalón. Me sentí para tomar fuerzas y maldecir mi mala suerte. Mis ojos ya no podían sacar más lágrimas. En el hospital había salido todo el llanto que tenía. Suspiré y sollocé por lo que estaba perdiendo. Pero tenía más miedo de que ella me encontrara en esa situación. Así que me incorporé y abrí la puerta para salir a la recepción.

Cuando vi que estaba vacía, aceleré el paso. Vi la puerta de salida, y como era de cristal, no vi a nadie afuera. Así que, cuando empujé, no cedió. Mis manos se pusieron frías. ¿Cómo era posible mi mala suerte? Pero empujé con más impulso y se escuchó un chillido. Fue con más fuerza de la necesaria y la hoja de la puerta se fue de lado, cayendo como un costal de papas al piso, haciendo un enorme ruido por todo el recinto.

Suspiré y maldije al cielo por tanta desgracia junta. Observé los vidrios desperdigados por todos lados, a los vecinos asomándose por las barandillas ya la recepcionista observando curiosa mi descuido.

"¿Está bien, señorita? ¿Quiere que llame al médico?" Fue lo primero que dijo cuando vio sangre en mi palma.

No me había percatado del rasguño que me había hecho.

"No es necesario", saqué con mi mano izquierda una tarjeta de mi chaqueta, "Puedes llamar mañana temprano a esta oficina y mandar la factura de la puerta", extendí la tarjeta y observé con bastante vergüenza a la chica recepcionista.

En un solo movimiento, sentí la cálida presión de tu mano sobre la mía, y allí estabas tú, con un pañuelo que parecía haber surgido de algún recóndito lugar. Tus mejillas se veían rojas y una leve agitación se notaba en tu postura. Nuestros ojos se encontraron en un intercambio de miradas llenas de curiosidad y pena.

"La puerta se defendió, por lo que veo", mencionaste con un tono ligero, mientras seguías aplicando presión al vendaje improvisado con tu pañuelo, que ahora había adquirido un intenso tono rojo. La calidez de tu gesto me resultaba extrañamente familiar, pero la vergüenza me abrumaba y giraba la cabeza, maldiciéndome por mi ingenuidad.

"Quizás debería mejorar un poco en mis identidades ficticias", intenté desviar la atención hacia una broma, pero tus ojos aún permanecían fijos en los míos, desafiándome a sostener su mirada.

Jalé suavemente mi mano para liberarla de tu agarre, incapaz de soportar más tu intensa mirada. Pasaba por aquí y decidí venir a saludar, mencionaste con un tono ligero, como si el momento no estuviera cargado de tensión y emociones encontradas. Pero ella sabía que mentía, podía leerme como un libro abierto.

"Señorita Fujino", la voz del joven que antes me había atendido apareció desde el hueco de la puerta, interrumpiendo el momento. Maldije su intromisión en mi mente, lamentando que todo se hubiera vuelto tan desastroso debido a una serie de eventos desafortunados.

"Gracias, Adriel, ya la encontré. Nos vemos el lunes", su despedida fue Cortés, pero dentro de mí crecía un sentimiento de infortunio y desesperación mientras observaba cómo se perdía en el interior del edificio.

Así que así se llamaba el traicionero, pensé con un amargo sabor en la boca, mientras tú no lo mirabas con el mismo odio que yo. No lo culpes, el creyó que era una acosadora, tratando de desviar la atención del malhumor que me consumía.

Hubo un silencio incómodo entre nosotras, el tiempo parecía ralentizarse mientras nos mirábamos fijamente, yo deseando abrazarte y tu mirada sin revelar nada de tus pensamientos.

"¿Quieres ir a tomar una copa?" Su invitación sonaba amigable, como si nada de lo que acababa de ocurrir importara realmente. No dije una palabra, solo asentí con la cabeza, dejando que mi curiosidad y mi infortunio me llevaran tras ella. Caminé observando su silueta, que se veía encantadora con ese vestido, moviéndose con gracia y desenvoltura. A medida que nos acercábamos a su vehículo, un pensamiento arrepentido me golpeó: ¿qué había sido de su prometida? Me maldije por no haber preguntado antes.

"Shizuru, olvidé que traje mi moto. ¿Puedo seguirte?" Pregunté, tratando de ocultar mi nerviosismo.

"Ara, ara, Natsuki, ¿crees que pueda secuestrarte o es que ya no me tienes confianza?" su respuesta burlona solo aumentó mis mariposas internas.

"No quiero ser una molestia, te sigo", respondí, sintiendo cómo mi corazón latía con fuerza mientras la seguía hasta su vehículo.

No sabía adónde nos dirigiríamos, pero pronto llegamos a las afueras de la ciudad, a un coto privado. Las enormes casas a nuestro alrededor parecían sacadas de un sueño, y la casa de Shizuru destacaba con sus acabados modernos y un vasto terreno.

"Como me imaginaba, digna de tu estatus", comentó mientras llegábamos a la última casa. Observé cómo bajaba de su vehículo, y decidí dejar mi motocicleta detrás de él.

Cuando la puerta se abrió, una fila de asistentes nos aguardaba. Me presentó a la servidumbre y les instruyó para que me dejaran pasar cuando regresara.

Entramos en una gran sala con una chimenea moderna y cómodos sillones. Shizuru se acercó a una mesa con una amplia selección de vinos y escogió sin dudarlo, como si conociera mis gustos. Me dio mi espacio y se colocó a un metro de distancia, dándome la oportunidad de sentirme cómoda.

Comenzamos a hablar como si fuera una conversación habitual. Shizuru compartió sus hazañas financieras y los logros que la habían hecho crecer profesionalmente. Su sonrisa era contagiosa, y yo la escuchaba con atención, aunque de vez en cuando me miraba fijamente, como buscando algo que sabía que no encontraría fácilmente.

Cuando terminó de hablar, cambió repentinamente el tema de conversación y le mencionó mi accidente reciente. Noté un atisbo de preocupación en su mirada mientras observaba mi cuerpo en busca de algún rasguño.

Sonreí al ver su preocupación y le expliqué que no había sido nada grave. Sin embargo, su respuesta sarcástica me recordó por qué me encantaba su compañía.

"Ara ara, Natsuki es toda una superheroina entonces...", comentó con una sonrisa burlona, y yo suspiré, aliviada de que estuviera preocupada por mí.

Después de un breve intercambio, solté la pregunta que había estado esperando hacer desde que llegamos: "Así que estás comprometido".

Un silencio tenso se apoderó de la habitación esperando su respuesta.

Apreté con fuerza la costura del sillón, tratando de contener la avalancha de emociones que me invadía.

"Aun no tenemos fechas. Tomoe no ha decidido el día, solo me entregó el anillo", respondió Shizuru, mientras bajaba la mirada hacia sus manos. Noté que no llevaba ningún anillo, lo que me hizo fruncir el ceño.

Sonrió y me observó, como si pudiera leer mis pensamientos. "Su anillo es demasiado grande, así que lo están arreglando", añadió con una calma que me desconcertaba.

"Felicidades. ¿Para cuándo es la boda?", preguntó con una fingida calma, aunque por dentro sintió un torbellino de emociones encontradas.

"Así que, Natsuki vino a felicitarme después de todo", murmuró, sintiendo cómo la tensión en la habitación aumentaba con cada segundo que pasaba. Nuestras miradas se encontraron, y en ese instante, supe que algo estaba a punto de suceder.

"¿Será que el accidente te dejó inquieta?", preguntó Shizuru, con una expresión de preocupación en su rostro. Yo solo pude sonreír, tratando de disimular el huracán de emociones que revolvía mi interior.

Antes de que pudiera responder, la puerta se abrió de golpe y una de las chicas de servicio anunció la llegada de la prometida de Shizuru.

La aparición arrepentida de Tomoe nos tomó por sorpresa a ambos, y vi cómo Shizuru salía de la sala con rapidez, dejándome sola con mis pensamientos tumultuosos.

Me acerqué a la puerta, movida por la curiosidad y el presentimiento de que algo importante estaba a punto de ocurrir. Desde mi posición, pude ver a Tomoe de espaldas, y aunque no podía ver su rostro, su sola presencia me llenaba de incomodidad.

Entonces sucedió. Tomoe se abalanzó sobre Shizuru, y la vi besarla con una pasión que me hizo sentir un dolor punzante en el pecho. Shizuru correspondió el beso con los brazos abiertos, y en ese momento, supe que algo se había roto dentro de mí.

El coraje y el odio me invadieron, y comencé a caminar de un lado a otro, incapaz de contener la rabia que me consumía por dentro. No podía soportar ver cómo Shizuru estaba con otra persona, especialmente cuando esa persona era su prometida.

La puerta se abrió de nuevo, y ahí estaban Shizuru y Tomoe, radiantes y juntas como si nada hubiera pasado. Sentí cómo la ira me consumía por dentro, pero antes de que pudiera decir algo, Shizuru tomó la palabra.

"Natsuki, te quiero presentar a mi prometida, Tomoe Marguerite", dijo con una sonrisa en los labios, como si no hubiera pasado nada entre nosotras.

Yo apenas pude articular una "encantada" entre los dientes, mientras sentía cómo el mundo se desmoronaba a mi alrededor.

Pero en eso, su voz chillona irrumpió en mis pensamientos, y las piezas comenzaron a encajar como un rompecabezas. Era ella.

Mi coraje me carcomía por dentro mientras avanzaba con paso firme, dispuesta a desenmascarar este teatro, a golpearla y sacarla de nuestra vida de una vez por todas. Pero entonces algo me detuvo.

Shizuru apartó a Tomoe para protegerla, y ese gesto me desconcertó. ¿Por qué me detenía? ¿Acaso sabía lo que estaba a punto de hacer?

Y sonreí.

Tomoe se aferró al cuerpo de Shizuru, ajena a la tensión que flotaba en el aire. Estaba encantada con su prometida y creyó que Shizuru quería tenerla más cerca.

Mientras tanto, yo casi la quería hacer desaparecer.

Entonces Tomoe habló y me saludó con cortesía.

"Tomoe Marguerite, un placer", dijo, con una sonrisa que no llegaba a sus ojos.

Shizuru rompió la tensión con una propuesta inesperada. "Natsuki, ¿quieres cenar con nosotras? Tomoe trajo unos ricos bocadillos de su restaurante favorito".

Sonreí de lado, aceptando con cautela. Tenía que descubrir esta farsa, no dejaría que le hicieran daño a Shizuru.

Shizuru parecía sorprendida por mi aceptación, mientras que Tomoe levantaba una ceja en señal de enfado.

Caminamos rumbo al comedor, donde la servidumbre se apresuró a preparar otro lugar para mí. Solo habían puesto dos asientos, pero rápidamente agregaron otra repisa y cubiertos.

Mientras me servía, observé los bocadillos y reconocí el logo del restaurante en la tarjeta. Era idéntico, ese sombrero de chef tan caricaturesco. Probé un bocado y eran una delicia, pero al recordar a la chica de cabellera dorada, se me hizo un nudo en el estómago.

Tomoe estaba jugando con ambas, pero esto no quedaría así.

Mientras Shizuru comía y observaba de reojo, escuchando el parloteo de Tomoe como si le importara, yo podía sentir su mirada fija en mí.

Después de la cena, mientras reflexionaba sobre cómo decirte las cosas y poner fin a esta farsa, decidió enfrentarlo. Sin embargo, no me había dado cuenta de que Tomoe ya no estaba en la mesa. ¿Cuándo se había ido? Estaba tan absorta en mis pensamientos sobre cómo confesarte lo que había descubierto que no me percaté de su salida de escena. Fue entonces cuando tu voz pausada me sacó de mi ensimismamiento.

"Ella fue al baño", mencionaste con burla, como si hubieras estado observándome durante varios minutos.

"Disculpa, estaba distraída en mis pensamientos", respondí con inquietud, sintiendo la tensión entre nosotros crecer con cada palabra.

"¿No conocía esa rudeza de Natsuki? ¿A qué se debe tanto enojo?", preguntate, mirándome directamente a los ojos con una intensidad que me hizo tragar saliva. Sabía que te habías dado cuenta, y aunque parte de mí se sintió aliviada de que Shizuru me conociera tan bien, también supe que estaba en problemas.

Traté de mantener la compostura, de ocultar mis emociones bajo una capa de aparente tranquilidad. Pero en el fondo, sabía que estabas jugando conmigo, que estabas disfrutando de mi incomodidad.

"No es lo que piensas, solo quería ser afable", respondió, intentando desviar la atención de la verdadera razón detrás de mi incomodidad.

La atmósfera se cargó de tensión cuando noté tu mirada penetrante, como si pudieras leer mis pensamientos más oscuros. Tomé un sorbo de mi trago, intentando mantener la compostura frente a tu mirada intensa, pero era como si estuviera bajo un microscopio, expuesto y vulnerable.

"Creo que la afabilidad de Natsuki es diferente a como la conocía", comentaste con una voz tranquila que apenas ocultaba la preocupación subyacente. Sentí cómo tus palabras resonaban en mi interior, como si estuvieras escudriñando cada fibra de mi ser en busca de la verdad.

Intenté mantener la calma, pero por dentro me estaba desmoronando. ¿Cómo podía afrontar esta situación? ¿Cómo podía revelar la verdad sin causar más dolor del necesario?

"Natsuki, ¿qué está pasando?", preguntaste con voz cargada de preocupación y confusión. Supe en ese momento que no podía seguir ocultando la verdad, que tenía que confrontarla, por más doloroso que fuera.

Tragué saliva con dificultad, luchando por encontrar las palabras adecuadas. Pero antes de que pudiera responder, la puerta se abrió de golpe y Tomoe regresó, interrumpiendo el tenso silencio que había caído sobre la habitación.

Ella llegó a la mesa y te besó, un gesto calculado que me hizo apretar la mandíbula con fuerza. Por un instante, sentí la ira correr por mis venas, pero logré contenerla.

A ti te tomó por sorpresa, pero correspondiste al beso, aferrándote a él como si fuera la única certeza en medio del caos.

Cuando el beso finalmente terminó, Tomoe mencionó que tenía que retirarse, argumentando un viaje de negocios temprano al día siguiente. Asentiste con la cabeza y la acompañaste a la salida, mientras yo quedaba atrás, sintiéndome cada vez más atrapada en esta red de mentiras.

Cuando regresaste, nuestras miradas se encontraron y el silencio se volvió palpable.

"Me dirás por fin por qué tanto hermetismo de tu parte", rompo el silencio, acercándome más a ti y tomando tus manos entre las mías. Tu mirada escarlata se clavó en la mía, buscando respuestas.

"Discúlpame, Shizuru, pero lo que te diré es algo difícil de aceptar... ella te está engañando", confesé finalmente, dejando caer el peso de la verdad sobre nosotros.

Tu mirada cambió, una llama de enojo que nunca había visto antes ardía en tus ojos, y me reclamaste con una intensidad que me dejó sin aliento. La tranquilidad de hace unos momentos palideció en comparación con la tormenta que estaba desatándose frente a mí.

"Natsuki, con eso no se juega. Si crees que puedes venir aquí a burlarte de mí, o que esto es algún tipo de juego, te equivocas", me recriminaste con una voz llena de indignación y dolor. Me sorprendí ante tu reacción, me estabas culpando de tu sufrimiento, de estar allí para presenciarlo.

"No es mentira, Shizuru. No sé cómo explicártelo, pero te estoy diciendo la verdad. Ella te está engañando", insistió, tratando de hacer que entendieras la gravedad de la situación. Pero tus palabras me golpearon como un puñetazo.

"No, no vas a venir ahora y retractarte de eso. Ella nunca me engañaría", rebatiste con firmeza, negando la posibilidad de que alguien más te pudiera lastimar de esa manera.

"No miento, la vi con la otra chica", repliqué, desesperado por hacerte ver la realidad. Pero tu incredulidad cortó mis palabras antes de que pudiera explicarme más.

"Así que después de 10 años decide aparecerte en la puerta de mi edificio para decirme que mi prometida me engaña. Ni una postal, ni una llamada, simplemente vienes a decirme que ella me está engañando con quién sabe quién", continúaste, tu voz temblaba con una mezcla de ira y angustia.

"Shizuru, yo..." intenté justificarme, pero tus ojos llenos de decepción y desconfianza me cortaron de inmediato. Abríste la puerta del comedor y te apartaste de mí, dejando un vacío entre nosotros.

"Shizuru, por favor, comprende...", supliqué, pero mi voz se desvaneció en el aire mientras te alejabas, incapaz de encontrar las palabras adecuadas para explicar mi dolorosa verdad.

"¿Qué pruebas tienes tú supuestamente de ese engaño?", me exigiste, y me quedé sin aliento ante tu pregunta. Había ido a confrontarte sin pruebas, sin evidencia alguna, y ahora me maldije por mi ingenio. Había creído que solo con mis palabras lograría convencerte, que dejarías todo por mí, pero ahora me daba cuenta de lo tonta que había sido.

"Por favor, Shizuru, créeme. No te estoy mintiendo. Sé que ella te engaña, pero no sé cómo explicártelo", insistí con desesperación, pero tu mirada fría me cortó como un cuchillo. Algo en ti había cambiado, algo se había roto irreparablemente.

Traté de acercarme a ti, de tomar tu mano en busca de consuelo, pero te apartaste de mí con brusquedad. Sentí un vacío en el pecho al ver tu rechazo.

"No soy un juego para ti, Natsuki. No sé qué has venido a buscar aquí o qué pretendes conseguir, pero has desestabilizado mi mundo por completo. Si era eso lo que querías, lo estás logrando", pronuncia con voz quebrada, las lágrimas comenzaban a empañar tus ojos. Un nudo se forma en mi garganta, sintiendo una punzada de dolor ante tu sufrimiento.

No pude contenerme más y te abracé con fuerza, aferrándome a ti como si mi vida dependiera de ello. Tú correspondes al abrazo, dejando salir todo el dolor acumulado en lágrimas silenciosas.

No sé cuánto tiempo pasó en ese abrazo, si fueron minutos o si fueron horas, pero estábamos ahí, tiradas en el piso del comedor, tú llorando en mis brazos y yo tratando de consolarte con cada gesto, con cada palabra de aliento.

El brillo de las lágrimas en tus ojos reflejaba la angustia y el dolor que llenaban tu alma, mientras que mis manos intentaban ofrecer un atisbo de calma en medio de la tormenta emocional que nos envolvía.

Cuando por fin terminaste de llorar, me miraste a los ojos con una intensidad que me dejó sin aliento, y pronunciaste esas palabras que resonaron en mi alma: "Quédate conmigo".

Holaaa, disculpen la demora, pero estoy en exámenes en la uni y es difícil escribir jejeje.

Espero que les guste y sus comentarios gracias.