Gabriela se había ido de la bodega a las 2 de la tarde y no se volvió a aparecer nunca más por ahí a pesar de las miles de llamadas pérdidas por parte de sus ex-compañeros quienes le buscaban para hablar sobre los últimos detalles del trabajo. Dejó pasar unas horas más y se dispuso a visitar a alguien, necesitaba hacer una advertencia (que más bien sería una amenaza) para poder seguir sin problema con sus ideas tan asquerosas como retorcidas. Viajó, pues, casi hasta los cerros de Zacapu haciéndose de ciertas callejuelas para llegar más lento y hacer más tiempo para idear como y que iba a decir, pues ciertamente, ella era muy hábil para hablar de forma improvisada haciendo que sus palabras sonarán lo más articuladas y apropiadas posibles, llegando a sonar amenazante en ocasiones.
Eran las 5:30 de la tarde; el sol comenzaba a ocultarse lentamente. El día se veía tranquilo, se presentaba un clima característico del otoño; el viento se sentía fresco, las débiles hojas amarillentas de los árboles se desprendían con ella, en el cielo se presentaba una tenue cortina de neblina, la gente empezaba a usar suéteres livianos pero acogedores. Por fin, Gabriela habia llegado al lugar tan buscado por ella: Una privada con casas amplias (no mansiones) y elegantes donde de lejos se podía apreciar un parque ubicado en medio de las casas donde se encontraban niños pequeños jugando. Gabriela estacionó su auto unos metros lejos de la entrada y, sin que le vieran los guardias, entró y corrió ocultándose tras un árbol que le quedaba cerca. Miró hacia atrás, nadie la vió. Continúo moviéndose por aquel jardín hasta que salió de él.
La gente del parque se veía alegre, unos leyendo, otros platicando y alguno que otro grupo de jóvenes conviviendo un rato; Gabriela se puso una gorra para no ser fácilmente reconocida, No pasó mucho tiempo cuándo Gabriela divisó la figura de aquella a quien buscaba comprando un café en un estanquillo a lo lejos. Se alejó rápido de la gente y comenzo a seguir a la mujer muy sigilosamente. En las áreas verdes y de aspecto boscoso del parque casi no había gente, de hecho, era un parque grande y solo habían dos o tres parejas sentadas en las bancas aledañas al camino empedrado. Hubo un momento en que solo se encontraban ellas dos caminando por la vereda. La mujer se detuvo de golpe, dió un último sorbo a su café y dijo:
-Se que eres tu, Gabriela y sé que me has estado siguiendo desde que estaba comprando mi café, que para mí mala suerte, se ah acabado.
-Gabriela se detuvo también varios metros tras ella. Estaba sorprendida por la astucia de la mujer, pero no se dejó intimidar- Así es Yoko. Eh estado siguiéndote porque necesito hablar algo serio contigo.
-¿Necesitas un cover en colaboración conmigo para ganarte el cariño de mis fans? ¿O tal vez unas clasesillas para interpretar esos agudos míos que no puedes alcanzar? .-preguntó en tono burlesco dándose media vuelta para mirar a Gabriela-
-Hum, si que eres graciosa, Dayanna.-contesto sarcásticamente mientras le miraba con cierto desprecio- Dos cosas: La primera.- Yo no soy Christopher para soportar tus bromas tontas. La segunda.- Si vueles a acercarte a el, te juro por lo más amado que tengas, que yo personalmente me encargaré de partirte la cara! ¿Te ha quedado claro?.-dijo Gabriela alzando la voz con su misma expresión psicópata de siempre-
-¿Ya terminaste?- preguntó Yoko sin inmutarse.
-¿Ah?
-Bueno, si ya terminaste, entonces paso a retirarme. Tengo muchas cosas que hacer y creo que tú deberías ir a hacer las tuyas también. Un gusto saludarte.-acto seguido, se dió la vuelta y comenzó a caminar dándole la espalda a Gabriela, quien corrió a interceptar su camino.
- ¿A dónde mierda crees que vas? -preguntó alterada plantandose frente a Yoko aún más cerca que antes.-¿Crees que voy a dejar que te vayas así como así?
-Si, así que quítate.,- contestaba Yoko sin la más mínima importancia-
- ¡Pues te equivocas, japonesa de mierda! ¿Crees que puedes llegar así como así y robarme A MI HOMBRE?.-exclamaba Gabriela golpeando el pecho de Yoko con su dedo índice-
-¿TU HOMBRE!? Gabriela, creo que llegaste bastante tarde a la repartición del amor de Chris, porque resulta que YO llegue primero y todo su amor es mío ¿Has entendido?. Hasta la vista, idiota...-contestó imitando la misma actitud perra de Gabriela-
-No, tu entiéndelo, blanca asquerosa.
-¿Por qué me atacas por mi piel? Jaja, de seguro lo envidias.
-¿Que podría envidiar yo de ti? Si eres una alcohólica fracasada que no ha podido salir adelante por sí sola con su estúpida banda de covers.
-¿Ya te sientes mejor, pequeñita? -contestó como si le hablara a una niña pequeña,- Enserio chica, ya tengo que retirarme. Tengo bastante que hacer.
-¿Vas a embriagarte hasta desmayarte?
- Si, eso haré. Hasta luego.-Yoko por fin dió media vuelta y comenzó a caminar ignorando lo que pudiese pasar-
Gabriela se quedó parada ahí, petrificada, pero no por la poca importancia de Yoko, si no por todo el coraje que se estaba acumulando dentro de ella. Gabriela optó por seguir a Yoko, el camino seguía cuesta abajo hasta llegar a una superficie plana; definitivamente ella estaba sumamente cabreada como para hacer en eso. No lo pensó más y, siendo guiada por su coraje y su recelo, comenzó a correr cuesta abajo aumentando la velocidad y. por la gravedad que la pendiente ejercía sobre ella, rápidamente había alcanzado a Yoko Dayanna casi sin que esta lo notara. Cuando estuvo a la mitad de la colina, saltó y se dejó caer sobre el cuerpo de Yoko, haciendo que cayesen ambas al suelo y rodarán lo que quedaba de tramo. Entre puñetazos y araños, llegaron a tierra firme.
- ¿¡Pero que mierda te pasa hija de puta!? -gritó Yoko tratando de quitarse a Gabriela de encima-
-¡CÁLLATE, ESTÚPIDA! -contestó Gabriela bofeteando fuerte a Yoko-
-Pero que mierda te pasa? ¿Te has vuelto loca? -gritó nuevamente-
- ¡DIJE QUE TE CALLARAS!- gritó furiosa soltándole un buen puñetazo en la boca provocándole un leve sangrado- Te lo voy a decir una maldita vez y espero que te quedé claro, cabeza de alcornoque. No voy a permitir que interfieras en mis planes ni que te vuelvas a acercar a Chris.
- ¿Así que lo que dijiste antes no va en broma?- preguntó Yoko con una expresión mezclada entre el asombro y el coraje-
-¿Por que estaría bromeando? El me ama y yo a él y hemos estado juntos sin que tú te des cuenta...
-¡Cállate, no quiero oír más!
-¿No me digas que no lo sabías?-contestó Gabriela con esa actitud fría de siempre.-A ese hombre le pones unas buenas tetas enfrente y se olvida hasta de tu nombre. Eres tan reemplazable, Yoko, que cualquiera resulta mejor que tú y en esta ocasión, ese alguien soy yo.
-¡Deja de molestarme!- gritó Yoko a la vez que le devolvió el golpe en el rostro a Gabriela haciendo que cayera de espaldas sobre el suelo.- ¿Tú crees que me voy a creer toda la mierda que estas diciendo? Tú no conoces a Chris, soy yo la que lleva más de 10 años con él, no tú.-contestó poniéndose de pie-
-¿Cómo pudiste...?-susurraba Gabriela limpiándose la sangre de los labios-. Yoko Dayanna..¿Cómo pudiste!? ¡Te atreviste a lastimarme! ¿Sabes algo? Te hubiera costado menos haberme escupido, ¿Pero golpearme? ¡Eso te costará caro!
-¿Enserio vas a ponerte así de gallinita por un golpe? Menuda idiota que eres, Ya te dije, no te tengo miedo, ni a ti ni a nadie; que se venga lo que sea. Yo no recibo ni acato órdenes de ninguna doña nadie... -Yoko dió la espalda y comenzó a caminar lentamente de nuevo, pero Gabriela ya estaba de pie en ese momento-
-Ahh ¿Que no tienes miedo? Pues créeme que ya te dará... -dijo suavemente mientras se quitaba el cinturón, lo tomó como un látigo y golpeó a Yoko en la cabeza con la hebilla-
-¡Ah, maldita sea Kendra! ¿¡Es que no te cansas de joderme!?- exclamó Yoko enfadada girando su cabeza mientras se sobaba con la mano izquierda. Pero joh sorpresa! Fue callada antes de que pudiera reaccionar al ataque anterior por un nuevo latigazo que golpeó directamente su cara.
-Te dije que no tenías que meterte conmigo, te va a resultar muy caro. Para empezar, mírate, tienes la cara bañada en sangre, y eso que solo fue una simple hebilla.-dijo con tono dulce y sarcástico mientras limpiaba el cinto-
-Ahh... ¿Que mierda qu-quieres? Nggg... -decía Yoko entre gemidos. El rostro y sobre todo, la boca, le dolía demasiado tras aquel golpe.
-Bueno, ¿Eres una imbécil siempre o tomas descansos? Ya te lo dije: Quiero que te alejes de Chris, es mi hombre y próximamente será mi esposo.
-¿E-esposo? -dijo Yoko tratando de fijar su mirada sobre la de aquella figura-
-Si, mi esposo -aclaró dándole otro golpe a Yoko en el rostro como antes- Ya que cuando tú decidiste abandonar la bodega, ese hombre dejó de pertenecerte.
-Que asco que veas a las personas como un objeto de la propiedad de alguien.
-¡Cierra la boca, zorra asquerosa! -gritó y golpeó nuevamente, pero ahora con más fuerza y del lado de las costillas.-¿No entiendes como funciona esto, verdad? Solo tienes que dejarlo y alejarte de nosotros ¡De él en especial! ¿Tan difícil es?
-Ahh... Yo no voy a... Dejar a Chris, solo por una historia barata... Y No ahora que lo eh recuperado de nuevo... Haz lo que quieras, no te tengo miedo.-dijo Yoko enderezandose lentamente mientras miraba a Gabriela muy segura de lo que decía-
Tras escuchar aquello, Gabriela sintió la sangre hervir, la terquedad de aquella mujer no le parecía muy agradable. Apretó con más fuerza el cuero del cinto, y sin pensarlo, tomó vuelo y dejó caer la hebilla sobre el rostro de Yoko llevándola al suelo nuevamente y dejándola más herida, casi contusa. El mundo se veía borroso para Yoko, sentía algo caliente correr por sus mejillas, sus labios, sus orejas...Observó a aquella silueta acercarse hasta ella para levantarla de los cuellos de la camisa.
-Que sea la última vez que te atrevas a retarme. Está es tu primer advertencia, y espero que sea la última... -Dijo aquella voz que sonaba casi lejana, la dejó caer sobre el suelo nuevamente y se quedó ahí con aquellas palabras resonando en su mente hasta que, sin darse cuenta, todo quedó en total oscuridad... Cuando despertó, estaba recostada sobre su cama, eran las 7 de la tarde; el dolor se hizo presente tras enderezarse de golpe.
- Ahhh...!! Esto todavía duele! -exclamó llevándose las manos a la cabeza, sintiendo una benda que la cubría por la frente y unas gasas que tapaban las heridas de su rostro- A todo esto ¿Cómo mierda llegué aquí? preguntó mirando su habitación con confusión.
- Veo que ya despertaste, dime ¿Cómo te sientes? -dijo una voz proveniente de la entrada a la habitación-
- ¿Pero que...?
-Calla, calla. Mejor recuestate, que escuché que te dolía todavía.
-¿Entonces para que preguntas? Es más... ¿Cómo llegaste aquí? ¿Que haces aquí?
-Vine a cuidarte. El amor lo puede todo, Yoko..-respondió Chris a Yoko con una mirada serena y tranquilizadora. Los ojos de Yoko tomaron un brillo esperanzado, su amor estaba con ella; Gabriela le mentía.
-Solo abrázame ¿Si?--respondió Yoko bajando la mirada y apartandola de la vista de Chris-
-Chris aceptó y fue hasta sentarse a un lado de Yoko.-Dime... Ha pasado algo de lo que no esté enterado?
-Quiero decírtelo, pero no sé cómo. No me salen las palabras y vas a pensar que estoy loca.
-Solo dilo, como sea, trataré de entenderte.-contestó cruzando su brazo por la espalda de Yoko acercándola a el-
-Hoy en la tarde vino alguien y entre muchas cosas me dijo que debía alejarme de ti, yo no le di mucha importancia de principio, es más ni siquiera se la tomé a su presencia, pero entonces me lanzó a los golpes, y, terminé así..
-Vamos, ¿No le piensas hacer caso, o si? -contestó Chris con cierto tono burlesco. Yoko lo miró seria y decidida, dándole a entender que si lo haría.– Vamos, no tienes que tomarlo enserio ¡Apenas estamos retomando la relación! ¿Es enserio que le haras caso a una loca?
- ¡Si, Chris, le haré caso!
-Ja... ¡Ya veo cuánto me amas! -exclamó soltando a Yoko y poniéndose de pie caminando hacia la ventana.-Dejé mis cosas por venir a...
-¿¡Es que no entiendes que con esa loca convives todos los malditos días!? ¡Trabajas con ella! ¿Por que siempre crees que el mundo tiene problemas contigo? ¿Acaso no te das cuenta como quedé por defenderte, por defender nuestro amor? Si me alejo de ti no lo estaría haciendo por bien propio, lo estaría haciendo por el tuyo, para que tú estuvieras bien... Para que no te hagan daño..-exclamó molesta y triste por las actitudes que siempre tomaba Chris sin escuchar explicación alguna.
Chris se detuvo antes de continuar palabra alguna y volteó a mirar a Yoko con una expresión combinada entre el asombro y la confusión que más tarde, al ver a su chica herida y con ganas de llorar, cambió a una de sumiso arrepentimiento. Se acercó y se arrodillo frente a ella, tomó sus manos que se posaban sobre la orilla del colchón y las beso delicadamente, las llevó a su frente como si de un nombramiento se tratara y dijo:
-Te aseguro que nada va a pasar. No conmigo ni con la relación, es más... Con ninguno de nosotros. Yo te amo, lo comprobé hace mucho y no voy a dejarte ir por cualquier tontería que pueda pasar. Yo te cuidaré, Yoko..-alzó la mirada y se encontró con la de Yoko, quien le miraba melancólica- Ya, Yoko, ven acá. -dijo con una leve sonrisa mientras se abalanzaba sobre ella cayendo ambos sobre la cama.
-Chris, quitate de encima.
-No, lo haré hasta que se te vayan las ganas de lloriquear.
-Está bien, no lloraré, pero quitate, estas muy gordo
-¿Sabes quién más esta gordo?
-No vayas a salir con tus vulgaridades.-dijo Yoko sonriente. Hubo un leve silencio y sus miradas se fijaron nuevamente una en la otra- No quiero perderte Chris, no ahora que volvimos a estar bien.
-Te juro que nada va a pasar, y si llegó a fallar en mi palabra, ordeno a toda fuerza sobrenatural que me separe de ti para siempre.
- Entonces... ¿Lo prometes?
-No, no lo prometo...LO JURO! -acto seguido, besó repentinamente a Yoko quien lo correspondió de inmediato. Así estuvieron un buen rato, en silencio juntos sobre la cama, besándose hasta que... Bueno, pasó aquello que ya saben.
Todo parecía bien de momento, pero... ¿Que pasará en los próximos días? ¿Alguien entiende por qué Gabriela es así? Hasta ahora nadie lo sabe, aún sigue siendo un misterio para este querido lector que hoy está aquí leyendo. No te preocupes, que pronto lo sabrás...
