Capítulo 48- Lo desconocido.
A pesar de que Atsushi decía no estar cansado, había terminado sumiéndose en el reposo, por lo que quedó en el mundo de los sueños una vez más. Estaba fatigado por tanto llorar, no pensaba en otra cosa.
Aprovechando el momento, Todomatsu se dirigió a la habitación para terminar de ordenar el desastre del hogar. Había olvidado por completo corregir el desorden. No habían pasado ni siquiera quince minutos cuando de repente el tono de su celular se dejó oír, era una llamada entrante. Enseguida respondió a la llamada teniendo cuidado de que Atsushi no despertara, sin embargo, no tenía en cuenta que en efecto Atsushi había escuchado aquel sonido estridente.
Para evitar mayores molestias se dirigió hacia la planta baja y atendió la llamada. No reconocía el numero en pantalla.
—¿Hola?
—Todomatsu-kun.
—Eh, ¿usted es…?
—Soy Yanagida, el primo de tu prometido. —Yanagida había hablado sin tapujos. Al oír su voz y reconocerlo, Todomatsu se quedó callado y pasmado, además de pensativo por oír la mención de "prometido", no obstante, a pesar de la ausencia de respuesta el moreno siguió hablando al escuchar su respiración tras la línea—. Oye… Lo de antes… Yo… —suspiró y dijo rápidamente lo que tenía que decir—. Discúlpame, hombre. Lo que hice fue horrible, grosero e irresponsable. No debí usarte así. Estaba desesperado y fue mi única alternativa, sin embargo, soy lo suficientemente maduro para comprender que no tengo excusa. Solo… quería disculparme antes de que ocurra cualquier cosa. De ser posible me habría gustado disculparme cara a cara, pero en la situación actual es impensable. Lamento haberte incomodado y crear un caos entre tú y mi primo, no era la principal intención. —Esperó unos instantes por la respuesta de Todomatsu pero no la obtuvo. Prosiguió—: No le digas a Atsushi que te llamé, no quiero que se preocupe más. Creo que… —suspiró y no dijo nada. No tenía idea de cómo continuar, estaba exhausto de todo.
Al percibir el pesado silencio, Todomatsu habló por fin.
—Atsushi-kun y yo hablamos sobre muchas cosas. Creo que no quedan cosas ocultas.
—Entiendo…
—Asegúrate de resolver ese asunto, ¿bien? Tengo un interés personal por saber que ese sujeto pague lo que ha hecho, sin importar que sea su papá.
Yanagida no comprendió.
—Estoy en eso. Voy a llamarlo más tarde. Quizá dentro de unos días, cuando, por suerte, ya esté hecho.
Todomatsu hizo un sonido de afirmación.
—Entonces, voy a… —Yanagida estaba a punto de colgar, cuando de repente fue interrumpido por Todomatsu.
—Acepto tus disculpas. Sin embargo, tendrás que mostrarme la cara otra vez algún día. Eres la única familia de Atsushi-kun, quizá no sea abierto con sus sentimientos, pero te aprecia. No quiero que lo abandones.
—Hey —Yanagida soltó una risita antes de continuar—, ¿estás de juego? ¿Soy su única familia? Tonto Todomatsu. Tú eres ahora su única maldita familia, no me des demasiada carga, bobo. En fin, es todo lo que tengo para decirte.
—¿No preguntas por él?
—Las noticias malas llegan siempre primero. Creo que al oírte puedo deducir que está bien y me alegra. Cuídalo, ¿sí? No dejes que se preocupe demasiado.
—Por cierto, gracias por… llamarme antes para decirme sobre la situación de Atsushi-kun.
—Era mi deber. En fin, hasta luego cousin in law.
La llamada se cortó. Con aquella última frase no pudo evitar acordarse de su hermano Karamatsu con sus ridículas palabras para hacerse el interesante y cool. Lo extrañaba mucho. Todomatsu se quedó pensativo un momento viendo el teléfono y recordando las palabras del joven. «Con que su familia, ¿eh?», sonrió. Estaba tan ensimismado que no había notado que Atsushi lo miraba desde arriba al final de las escaleras. Estaba adormilado, descalzo y con el pelo revuelto. Cuando había escuchado a Todomatsu hablando por teléfono sintió curiosidad, pero no le preguntó nada al respecto. Al oír el rechinido de uno de los escalones, Todomatsu se volteó rápidamente.
—Oh, Atsushi-kun, despertaste. ¿Te sientes mejor? Voy a hacer la cena recién así que…
—Tengo que hacer algo.
—¿Cómo? ¿Ahora?
—No, después, en el trabajo. Pero… quería decírtelo. Dijiste hace unas horas que podía decirte cualquier cosa que me molestara, y por fin pude recordar algo que me molesta un poco. De hecho, me molesta muchísimo, como no tienes una idea. Y es otra vez culpa mía… por no ser yo.
—Bien, ¿de qué se trata? Mencionaste tu trabajo, pero…—dijo mientras se recargaba contra la mesa. Atsushi dio unos pasos hacia abajo para estar frente a frente con Todomatsu. Mantuvo los pies descalzos sobre la alfombra. Al notar que no tenía ni idea de cómo empezar, se dirigió a Atsushi y lo tomó de los brazos, frotándolos con gentileza. Reanudó el dialogo—: Sentémonos en el sofá. A menos que quieras comer algo primero…
—No, no. Sentarse en el sofá de la sala está bien.
Ambos estuvieron de repente frente a frente en el sofá como siempre solían hacerlo al hablar de cualquier cosa desde que estuvieron juntos. Tanto Atsushi como Todomatsu estaban ya bien descansados, y aunque entre ellos hubo mucho por lo que pensar mal y sufrir demasiado, todo había pasado. Era solo eso: parte del pasado. Ninguno tenía resentimiento por el otro, todo estaba tan claro como el agua.
Después de la conversación que habían tenido, todo parecía estar bien; igual que siempre. Atsushi se estuvo en silencio un momento hasta que pudo por fin pensar en las palabras correctas para empezar a decir lo que pensaba.
—Quiero empezar de nuevo —dijo—. Pero primero tengo que tratar un asunto en el trabajo relacionado a… quizá… fraudes de trabajo.
—¿Qué? ¿Fraudes? ¿Y eso te relaciona a ti?
—Estaba demasiado tenso por lo de antes que acepté hacer cualquier cosa mientras no perdiera mi empleo. Ahora me doy cuenta de mi error, pero, ¿no hay manera de acabar con esto o sí?
—¿Cuánto tiempo llevas haciéndolo? —preguntó con preocupación.
—Unas semanas. Meses, quizá. No más de medio año.
—¡Atsushi-kun…!
—¡Lo sé! Lo sé, estuvo mal. Pero de verdad no tenía de otra… hasta ese momento. Tenía miedo de todo. Si me quedaba sin mis ingresos quizá podría perderlo todo… y necesitaba el dinero.
—¿De qué se trata exactamente?
—Quizá… estuve evadiendo impuestos de la empresa o algo así…
—B-Bien, y… ¿cómo puede solucionarse?
—Creo que no puede, a menos que haga mi renuncia.
—¡¿Qué?! Atsushi-kun, no tienes que hacerlo. ¡Hallaremos la manera!
—De hecho, creo que no quiero encontrar una manera. Estoy harto de todo, esto no es lo que quiero. ¡No lo quiero! De eso quería hablarte… Me gustaría empezar de nuevo en otra parte contigo.
—¿Conmigo? —Sus ojos se abrieron enormemente.
—¿No te gustaría?
—¡Definitivamente!, pero…
—Oh, es tu familia, ¿cierto? Lo siento, no debí preguntarte. Después de todo, no estás solo como yo.
—¡Hey, me tienes a mí!
Atsushi sonrió repentinamente.
—Ja, ja. Lo siento, ¡no me refería a que no contaras!
—No pasa nada, entiendo lo que quieres decir. —Ambos guardaron silencio un momento y Todomatsu continuó diciendo—: Me leíste la mente, Atsushi-kun. La verdad es que yo tampoco quiero seguir con mi estilo de vida… Estoy harto desde que tengo 20, y cuatro años después, mi vida sigue siendo la misma. Pensaba en no volver a la cafetería jamás. Pero no estoy seguro… Si ambos renunciamos a nuestros trabajos será un caos.
—Conozco a alguien que puede ayudarme con mi empleo. No voy a ganar ni la mitad de mi sueldo actual, pero, creo que no importa.
—¿De verdad no te importa? Ni siquiera tengo un empleo mejor que tú y no tengo posibilidades.
—Vaya, Todomatsu —suspiró todavía con su rostro somnoliento—. Ya hallaremos una forma. Solo… quería saber sobre una segunda opinión.
—¡Déjalo todo! —exclamó mientras revolvía los cabellos de Atsushi y sus ojos se cubrían de lágrimas de alegría—. ¡Larguémonos juntos hasta el fin del mundo!
—Pero…
—¡Voy a extrañar mucho a mis hermanos pero me di cuenta de que no puedo vivir sin ti, Atsushi-kun! Lo supe siempre desde que te ibas por esa maldita puerta y no volteabas a verme… ¡No te culpo! ¡Tuve gran parte de la culpa también! Pero, me entiendes, ¿verdad? Quiero estar contigo… —se abalanzó a los brazos de Atsushi—. Solo contigo.
—También yo. —Correspondió al abrazo.
—Voy a dejar todo atrás cuando me pidas que lo haga…
—Todomatsu, ¿estás seguro?
—Sí —asintió muchísimas veces.
Atsushi soltó una risita y Todomatsu terminó imitándolo. Quizá, luego de meses y meses de sufrir la rutina deberían darle un giro a sus vidas y el momento había llegado. Tan solo deberían pensárselo mejor.
—¿A dónde quieres irte, Atsushi-kun?
—Todavía no lo sé.
—¿Y cuándo?
—No estoy seguro.
—Veo que… no has pensado mucho sobre esto.
—No en realidad, solamente quiero irme lejos contigo.
[ … ]
Pasó una semana.
Todomatsu se encontraba en la cafetería trabajando, en su propio mundo, cuando de pronto el llamado de sus compañeras hizo que se regresara a la realidad.
—¡Totty!
—¿Uh? Oh, lo siento, ¿decían algo?
—Has estado muy distraído… —le dijo la chica de cabellos rizados.
—Sí —complementó la otra—. Creímos que estarías mejor después de que hablaste con Atsushi-kun y… todo pudo resolverse.
—¿Les conté de eso? No lo recuerdo… Descuiden, Aida, Sacchi, estoy bien. Es solo que…
—"¿Solo que…?"
—Quisiera darle un giro a mi vida. Quiero ser una mejor persona. Estoy aburrido de hacer siempre lo mismo. No es que me vaya mal, pero, debo hacer algo para generar un cambio.
—¿Vas a irte? —preguntó Aida sin rodeos, con genuina inocencia.
Todomatsu se quedó congelado. Era lo que había comentado con Atsushi, aunque no estaba seguro de cómo o cuando lo haría. Se talló las manos con el delantal, acto que solo puso en exposición su nerviosismo, y se dirigió a ellas con firmeza. Sus palabras no solían ser siempre directas y concisas, pero hablaba con el corazón y razonamiento.
—No puedo trabajar en esta cafetería para siempre, ¿saben? —sonrió—. Ya tengo 24 años. Debería hacer algo más… No me lo tomen a mal por favor, pero, todo este tiempo me he estado sintiendo como un gusano en la tierra observando a los pájaros del cielo. ¡Yo quiero alas también!
Todomatsu temía que sus amigas lo juzgaran, pero para su sorpresa, la expresión en el rostro de las chicas se suavizó.
—Te entiendo, Totty —Sacchi suspiró.
—También yo —dijo Aida—. Creo que también quiero encontrar mi propio camino. Me he dado cuanto que siempre termino limitándome por culpa de otros. Estoy segura que te sientes de la misma manera.
—En realidad sí.
—¿Qué harás?
—No estoy seguro...
—Retomar la universidad sería genial, ¿no te parece?
—¿Universidad?
—¡Sí! —convino Sacchi—. ¡Quisiera volver a la universidad también! Hay mucho por hacer y nunca es tarde… De hecho, quizá debería olvidarme de la cafetería también.
—Eh…
—No te preocupes, Totty. Lo haré mucho después.
—¡Uff! Gracias. —Suspiró y a su vez las chicas rieron. Quizá todos habían estado pensando lo mismo y no lo habían comentado. Era lógico de cada persona que no quisieran estar siempre en el mismo lugar haciendo lo de siempre. Al final, Todomatsu se armó de valor, y pidiéndole a las chicas que no le dijeran nada a nadie hasta entonces, dijo—: En un mes. Luego renunciaré. Voy a irme lejos…
—Con que así será, ¿eh?
—Mucha suerte, Totty. ¡Al menos ya sabes qué hacer con tu vida! Yo no tengo ni idea…
—Yo no diría que sé qué hacer, solo sé lo que no quiero hacer.
Y de nuevo las risas se hicieron presentes. Luego los clientes comenzaron a llegar y retomaron la jornada. Elegir un camino era más difícil de lo que parecía, después de todo.
Pronto el reloj marcó las 6 de la tarde, su hora de salida. Estaba oscuro, la luna comenzaba a manifestarse y las luces urbanas contaminaban el cielo estrellado. Caminaba rumbo a la estación cuando varios pensamientos cruzaron por su mente.
«Debería hablar con Atsushi-kun sobre esto. Y también… debería ir a ver a mis padres».
Estaba repleto de gente. El tren, para sorpresa suya, se había retrasado, por lo que luego de recibir mil disculpas por parte del personal pudo llegar a casa un poco más tarde de lo normal. Cuando entró, se dio cuenta de que Atsushi no estaba. Resopló y se dirigió al baño para tomar una ducha. Comenzó a quitarse la ropa y cuando el agua cálida lo empapó soltó un suspiro de alivio.
Estuvo unas horas viendo televisión, cocinando y jugando videojuegos antes de que su cuerpo comenzara a sentirse cansado. Una última intervención antes de irse a dormir se hizo presente: «Con que la universidad, ¿eh?»
Estaba exhausto. Había muchas cosas que debía pensar.
Mientras tanto, Atsushi se encontraba trabajando todavía pasadas las 10:00 se la noche. Estaba tecleando sobre su escritorio cuando de pronto pudo visualizar la llamada de su primo mostrándose en la pantalla de su celular. No era el momento, pero temía que se tratara de una emergencia o algo parecido, por lo que respondió de todas formas.
—¿Qué sucede? —respondió con voz baja.
—¿Va a llegar un día en el que seas amable conmigo, Atsushi?
—Hey, no es buen momento para hablar. Además, estoy en la oficina. No soy descortés contigo, solo voy al grano. ¿Qué sucede?
—El caso… está hecho. No volveremos a saber nada de ese tipo. Va a estar en prisión un par de años más y… eventualmente va a ganarse su libertad. Pero, ya sabes, eso ya no es problema de nadie. Solo me interesa el presente.
—¿En serio? —dijo atónito—. ¿Cómo te fue? Lamento haberte dejado todo a ti, pero, en serio, no podía hacerlo. No planeaba volverle a ver.
—Está bien, de verdad. Yo… encontré la manera de hacer las cosas solo. Estoy acostumbrado, y sé que tú también.
Hubo silencio por parte de ambos. Atsushi estaba algo distraído porque su vista seguía fija en el monitor de la computadora, no sabía qué decir, así que discretamente salió de la oficina y se quedó hablando por teléfono en el pasillo para tener mayor privacidad; estaba viendo hacia el ventanal del edificio. Como solía hacerlo, el moreno retomó la palabra:
—El asunto de mi tío no es lo único que nos une, Atsushi. Quizá podamos… no lo sé. Tal vez todo podría ser como antes.
Atsushi suspiró.
—Es bueno oírte, Yanagida. También he estado pensando que… fue un desperdicio habernos distanciado.
—Siempre te he considerado un hermano, ¿lo sabías?
—Creo que lo mencionaste.
La frialdad fingida de Atsushi solo hizo que el moreno sonriera detrás de la línea. Por supuesto que lo amaba, pero jamás lo admitiría.
—Ambos somos profesionistas, no hay problema con que podamos vernos de vez en cuando. Los fanáticos no nos van a molestar.
—Yo no tengo fanáticos.
—Lo sé, solo bromeo. —Se mantuvo un momento en silencio—. Atsushi, yo…
—Necesito tu consejo. Por favor, Yanagida —interrumpió inconscientemente.
—Eh, ¿q-qué necesitas?
—Yo… —A pesar de estar a solas, se aseguró de bajar el tono de su voz—. Quiero irme de Tokio. Eso significa… abandonar este edificio para siempre. Creo que sabes lo que quiero decir.
—¿Quieres que te ayude a conseguir trabajo?
—No pienso cambiar de rama… Ser empresario es lo mío. Solo que… he estado pensando en irme lejos y quizá conozcas algo lejos de aquí.
Yanagida se lo pensó unos momentos y asintió, aunque Atsushi no podía verlo.
—Tengo algunos contactos que creo podrían ayudarte.
—Gracias…
—¿A dónde te irás?
—Tengo un lugar en mente, pero necesito pensar mejor las cosas así que te lo diré cuando esté decidido. He estado pensando en vender la casa. Es la única herencia que tengo, así que me gustaría olvidarla… Sigue recordándome a mi padre.
—Entiendo. Voy a conseguirte algo con ayuda de unas personas. Te llamaré más tarde, si te interesa.
—Por supuesto. Oh, y… ¿querías decirme algo hace rato?
Yanagida dio un suspiro antes de seguir.
—Sí, yo… Eh… —terminó guardando silencio—. No es nada. Solo llamaba para ponerte al tanto. Iré a Kobe para visitar a Kaede, supe que se casó con un hombre agradable. Y luego volveré al trabajo. Ya es tiempo de olvidarse de todo, ja, ja…
—De acuerdo. Oye, sé que tampoco es fácil para ti hablar de esto. Gracias por ayudarme a recordar y… hacerme entrar en razón, de alguna u otra forma, aunque tus métodos no sean los mejores. Lo estoy tomando a la ligera, mi padre y las consecuencias que trajo consigo no se resuelven así como así. Es importante para los dos, y por eso te agradezco de nuevo. Tal vez si hubiera tenido todos mis recuerdos intactos no me molestaría el hecho de saber que él seguía allá afuera. Solo quiero que sepas que… En fin. Gracias…
Yanagida sonrió para sí mismo.
—Gracias a ti.
No hubo palabras de despedida. La voz de Yanagida se escuchaba siempre dubitativa antes de cortar la llamada, como si no quisiera dejar de hablar. Siempre era igual, y lo mismo sucedía con Atsushi. Existía siempre una pared entre ambos que no les permitía expresarse abiertamente, como si temieran el uno del otro. Al final Atsushi seguía sintiéndose incompleto, pero saber que no tendría que saber nada más de su padre por unos años le hacía sentir tranquilo. Tal y como se lo había dicho Yanagida, lo que pasara después ya no importaba. No quería tampoco pensar en el asunto de la amnesia que, irónicamente, había olvidado por mucho tiempo o que quizá desconocía desde un principio.
Luego de aquella conversación quedó pensativo. Parecía como si luego de una interminable incertidumbre su cuerpo no lo hubiera resistido más y quisiera hacer de todo. No sabía que Todomatsu se sentía exactamente igual. Después de la llamada sintió que era todo lo que tenía que atender respecto a su vida personal por ese día, no obstante, se armó de valor y, al día siguiente, al volver a la oficina, quiso de una vez por todas aclarar el asunto pendiente que tenía respecto a su más reciente cargo en el trabajo. No podía dejarlo esperar, sabía que no pasaría los siguientes días tranquilo si no afrontaba la situación tal y como debía ser. Aquel día desde muy temprano estaba seguro de lo que iba a hacer; ¿quién sabe?, quizá la semana siguiente sería su última temporada de trabajo, o el día siguiente, o quizá ese mismísimo día saldría desempleado. No tenía forma de saberlo, pero se confió y afrontaría lo que tuviera que afrontar.
A pesar de no ser todavía el horario de descanso fue a la oficina de su superior y sin sentarse o tomarse su tiempo habló sin rodeos.
—Ya no puedo seguir haciendo esto, señor —dijo en tono neutro.
—¿A qué se refiere, Takahashi-san?
Que el hombre se mostrara de repente tan formal hizo que se pusiera a la defensiva de manera inconsciente.
—Sobre mis acciones durante el último mes. No puedo seguir haciéndolo. ¿Evadir cargos e impuestos? No quiero hacerme cargo de ello, sin embargo, creo que puedo ignorarlo mientras quede en manos de alguien que no sea yo, y puedo seguir encargándome de lo demás. —Sin darse cuenta de lo que decía y exteriorizando sus pensamientos, balbuceó—: Yo no soy como mi padre.
—¿Disculpa?
Habló sin pensar. Afortunadamente sus palabras no habían sido habladas con el tono lo suficientemente alto como para ser escuchadas con claridad.
Sabía desde luego que aquella enorme compañía sacaba provecho de lo que podía. Pensar que podía contribuir a seguir lavando el dinero de una organización no le permitía dormir tranquilo por las noches, sin embargo, fingió no sospechar sobre tales circunstancias y simplemente se hizo el indignado con un trabajo tan demandante para el salario que suponía.
—Estoy negándome a seguir con ello, señor. Ahora lo dejo en sus manos. Lo que decida hacer conmigo queda en negociación.
—¿Crees que puedes seguir ocupándote en el área de contabilidad?
—Con las acciones correctas, sí, señor.
—Entonces hagamos eso. ¿Te parece?
—Está bien. Aunque…
—Dilo.
—¿Quizá estaría bien si me remueve a otro bloque?
—¡Un ascenso!
—No estoy negociando por un aumento necesariamente, señor. Cuando me gradué de la universidad hace ocho años jamás tuve en mente que podría desempeñarme de esta manera. No me malentienda, sé que no todos obtienen lo que desean en un principio. No obstante, mi puesto puede llenarlo alguien más y… creo que yo necesito un descanso de todo esto.
—Y ahora de repente no te entiendo.
—Con todo respeto, señor, he hecho más que nadie aquí, y la idea de recompensarme con una carga mayor que solamente me perjudica no me parece la mejor opción. No es lo que esperaba. Lo que busco no es distinción, por el contrario, pido una regularización.
—Takahashi, toma asiento. —Indicó. Atsushi lo hizo y el hombre siguió hablando—. No me parece entender lo que quieres, y tampoco me parece que pueda complacerte de la manera en que lo esperas. La empresa no tiene suficientes ingresos como para poder ofrecer aumentos, y en vista de que no es lo que esperas, no puedo de todas maneras otorgarte un puesto que se encuentre exento de acciones especiales, ¿entiendes? No sé cómo ayudarte, pues puedo ver que viniste aquí sin un objetivo claro. ¿Me equivoco?
Atsushi mantuvo la respiración sin poder argumentar en contra.
—No, señor. No se equivoca.
—¿Qué vamos a hacer entonces? Dímelo tú.
—¿No puede enviarme a las afueras de la ciudad? Hay edificios de la compañía en Yokohama, Nagoya y Kioto. Ya he trabajado allí. ¿Será que puede considerar una transferencia?
—La compañía no tendría que tomar medidas tan arriesgadas si contara con el capital financiero que se necesita. No podemos darnos el lujo de hacer arreglos, y en vista de que nuestra sede en Tokio es la mejor, no veo una manera de hacer tal cosa. Quizá lo que buscas es algo diferente…
—Puede que no haya una manera de resolver esto, ¿cierto? Al menos disminuya mi tiempo de jornada, por favor.
El hombre simplemente atinó a suspirar.
—Eres inteligente, muchacho. No deberías desperdiciar tu potencial así. ¿Quieres dinero? Eso es lo que este trabajo te ofrece, y lo suficiente como para asegurarte un buen futuro. Lo que haces no puede hacerlo cualquiera, muchos quisieran estar en donde tú estás ahora. Quizá necesitas pensarlo mejor… No vas a encontrar algo mejor que esto. Por supuesto, contamos con un número limitado de individuos capaces de reemplazarte, sin embargo, ¿por qué hacer tal cosa? Allá afuera no hay nada mejor para ti.
—Señor…
—Hemos trabajado juntos casi una década, por eso te digo todo esto. Conozco tu manera de desempeñarte y aunque cuentas con la experiencia necesaria ningún otro lugar sería capaz de ofrecerte el valor financiero que podrías esperar. Ni siquiera la mitad. Voy a darte unos días para que lo pienses mejor, ¿sí? Quizá no tienes la cabeza fría, necesitas darte un tiempo. Por ahora puedes retirarte. No te molestes en retomar el trabajo que estaba destinado para tu jornada de hoy, las secretarias del quinto bloque van a encargarse. Ve a descansar a casa y piénsalo, ¿bien? Nos vemos aquí mañana.
Atsushi simplemente asintió, insatisfecho. Se puso de pie y caminó hacia el pasillo una vez más dispuesto a ir por su portafolios y su computadora, hasta que un sentimiento intrusivo (más que un pensamiento) se hizo presente en él. No podía seguir arriesgando su salud mental por un trabajo tan demandante e insípido como aquel; no podía seguir postergando lo inevitable simplemente por no ser capaz de decir lo que quería. Mientras metía la computadora portátil al maletín y ordenaba los bolígrafos, tuvo aquel sentimiento de desosiego.
Estaba en el ascensor, pensativo. Cuando hubo llegado por fin a la primera planta y caminado hasta su auto atravesando el estacionamiento, se quedó paralizado. «Un momento —se dijo—, no hay nada que pensar. Ya sé qué es lo que quiero». Sin perder el tiempo se encaminó de nuevo al edificio en donde apenas hace menos de diez minutos atrás había estado hablando con su jefe. No se permitirá una vez más aplazar lo que era inevitable. Iba a paso apresurado. Cuando se topó con las secretarias del quinto bloque que lo reemplazarían aquel día se mantuvo firme. Ellas lo saludaron primero, pero él apenas respondió con ganas.
—¡Atsushi-san! —dijo una de ellas—. Buenos días, ¿no estarás ausente hoy? El superior acaba de decirnos que tomaríamos tu lugar por hoy, pero…
—Debe ser algo importante, ¿cierto? —comentó la otra.
—Kumi-chan, Miwa-chan… —habló entre un jadeo ahogado—. ¿No prefieren ocuparse de sus asuntos en lugar de los míos?
Las palabras de Atsushi no apuntaban a ser groseras, sin embargo, aquel día parecía que había decidido sacar su verdadero yo por primera vez. Era genuino.
—E-Es… solo la orden que nos dieron.
—¡Alguien no se levantó de buen humor! —bromeó la castaña—. Vayamos a beber algo más tarde, ¿sí? ¿O seguirás tan ocupado como siempre, Atsushi-kun?
En cierto modo, Atsushi se alivió de que las chicas no se tomaran tan a pecho lo que decía, no se mostraban enfadadas. No obstante, ese poco interés le irritaba también, era una sensación ambivalente. Nunca lo tomaban en serio.
—Tengo algo que hacer, adiós —dijo. Y sin saberlo, con esas palabras se despediría para siempre de ellas.
Siguió andando hasta que llegó a la oficina de su superior. Al tocar a la puerta y dejarle entrar el hombre jamás se esperó que se tratara de Atsushi. Acababa de enviarlo a casa, ¿qué hacía ahí? Debían verse hasta el día siguiente.
—Takahashi, ¿qué pasó? —preguntó el hombre con extrañeza y una expresión desagradable.
—¿En dónde firmo?
El hombre, como muchas personas, odiaba que sus preguntas fueran respondidas con más preguntas, por lo que mostrándose menos indulgente que antes, dijo:
—Explícate.
—No voy a decir nada de los fraudes que se realizaron aquí dentro de la empresa; las acciones que yo realicé bajo su mandato. Pero sé que dándole únicamente mi pablara no es suficiente, por eso no me deja ir tan fácil, ¿cierto? No voy a hablar del asunto con nadie, así que dígame en dónde puedo grabar mi palabra para que crea en mí.
—Cuida tus palabras, muchacho. ¡No mencionamos "fraude" aquí!
—Llámelo como quiera entonces. No son ocho años de confianza y trabajo mutuo lo que me detiene aquí, ambos lo sabemos. ¡Necesita mi palabra! No se preocupe por ello. Incluso sin nada por escrito le aseguro que nada saldrá de mi boca, la firma que le ofrezco es para usted. Y, con esto, le ofrezco también mi renuncia.
Indignado y fingiendo desinterés, el hombre le tendió la hoja. Aquel formato tenía únicamente valor para los miembros más íntimos de la organización, quienes conocían las acciones impuras de la empresa que se llevaban a cabo en el país, como muchas otras. Acciones mundanas y deplorables que solo hacían que la economía se hundiera y creara monstruos codiciosos como aquel hombre al que, pese a sus decisiones, seguía llamando padre.
Tomándose el tiempo de leer completa y claramente aquella carta empresarial, firmó, prometiendo guardar silencio. ¿Qué más daba? Uno solo no podía hacer nada para cambiar aquel contaminado mundo. Dándole vuelta a la hoja para que quedara dirección al hombre frente suyo, la empujó hacia adelante, poniendo el bolígrafo a un lado. Seguido de ello siguió el documento que claramente afirmaba la renuncia de Atsushi Takahashi. Al entregarla, no hubo más que decir.
—Gracias por todo —expresó Atsushi.
No obtuvo respuesta alguna. Ocho años de asistencia a aquella empresa le fueron agradecidos de aquella forma tan descortés. Su decisión había sido tan repentina que resultaba difícil de creer, pero era la decisión que tarde o temprano llegaría por obvias razones, no había nada de qué asombrarse. Poco le importaba, pues por primera vez en años sintió ese suspiro lleno de libertad. Un suspiro que quizá no había tenido nunca en su vida.
¡Finalmente lo había hecho! Estaba desempleado por el momento, sí. Pero era libre, y en la vida siempre había manera de afrontar lo desconocido.
Luego de recoger sus cosas en la oficina y caminar por los pasillos de dicho edificio por última vez, supo que un nuevo sendero le esperaba. Estaba ansioso y temeroso, pero estaba entusiasmado por contarle a Todomatsu sobre lo sucedido. Había tomado la iniciativa en algo por primera vez.
¿Qué haría a continuación? No lo sabía.
Por lo pronto, se limitó a poner música en su automóvil a todo volumen mientras conducía rumbo a casa.
Welcome to your life
There's no turning back
Even while we sleep
We will find you
Acting on your best behaviour
Turn your back on mother nature
Everybody wants to rule the world...
Todomatsu y Atsushi habían salido de casa temprano rumbo al trabajo. No obstante, Todomatsu terminó volviendo más temprano de lo normal. Por supuesto, ver a Atsushi en casa cambió por completo sus planes y se sintió tenso. Creyó que algo malo había sucedido. Eran las 3:00 de la tarde, aproximadamente.
—¡Atsushi-kun! No te esperaba tan temprano… —dijo llegando a la sala junto a él. Se quitó el saco y lo puso en el perchero.
Atsushi, con media sonrisa y los nervios a mil, le dijo la verdad.
—Renuncié hoy a mi trabajo.
Todomatsu abrió desmesuradamente los ojos.
—¡¿Qué?! D-De… ¿De verdad? Cielos, desde que te conozco estás trabajando ahí.
—Lo sé. ¿No es deprimente?
—¿Y cómo se lo tomó tu superior?
—No sabría decirlo… Me habría gustado que fuera mejor.
El joven de vestimenta rosa se pasó la mano por la frente, echándose el flequillo hacia atrás intentando aliviar su sorpresa y agitación.
—Entonces ibas en serio… sobre cambiar de rumbo. Me sorprende que haya sido tan pronto. Apenas comentaste sobre tu trabajo hace como quince días y ahora… estas desempleado. Sinceramente no puedo creerlo. —Su tono de voz demostraba emoción y temor, al igual que Atsushi.
—Pero no he sido imprudente, Todomatsu. Tengo el dinero suficiente para que podamos vivir bien durante al menos seis meses. Tenemos el auto y muchas cosas que vender… Si no contara con ello no habría soltado mi trabajo.
—De verdad m-me sorprende que te dieras cuenta de lo mucho que te consumías con ese empleo, At-Atsushi-kun —tartamudeó.
—Mi salud mental no está bien —dijo con desánimo—. Siempre termino aprendiendo por las malas… Siempre quiero experiencia en situaciones que, para empezar, no deberían estar en mi vida. ¿No te parece ilógico, Todomatsu? Los humanos trabajamos toda nuestra vida para al final terminar gastando nuestro dinero en la salud.
—Pienso igual. —Todomatsu se sentó a su lado—. Me siento feliz por ti. Diste un paso enorme para mejorar y has sido muy fuerte. Pasaste por mucho.
—¡Y ya no quiero que vuelva a suceder!
—S-Sobre eso… Les dije a Sacchi y Aida hace unos días que renunciaría al cabo de un mes. ¿Ya no debería hacerlo?
—¿De qué hablas? No te detengas por mí, hazlo. No nos hace falta dinero, además, hablé con Yanagida ayer por la noche. Dijo que me recomendaría entre sus contactos y… le creo. No quiero atenderme a él, pero sé que de verdad intenta ayudar.
Al saber que Atsushi y Yanagida estuvieron en contacto, la expresión de Todomatsu se suavizó.
—En cualquier caso, Futsuumaru podría ayudarnos también, ¿verdad?
—Sin duda. Por otra parte, hablando de Yanagida, me dijo que… está hecho. Lo de mi padre. No va a volver a ponerle una mano encima a nadie. Ni a gente inocente como Nozomi, Kinko u… Osomatsu-kun. Y quien sabe quiénes más.
Todomatsu asintió con una mezcla de tristeza y alivio.
—Sé que todavía lo recuerda, pero prefiere hacerse el tonto… Me gustaría hacerle saber que ahora nuestro ex-inquilino paga por lo que le hizo, pero quizá se encuentra mejor como ahora está. Me alegra saberlo, Atsushi-kun, de verdad. Gracias por compartir todo esto conmigo.
—Ni lo menciones.
Pese a la confianza que le ofreció el moreno, Todomatsu le confesó a Atsushi que había hablado con su primo. Aquello no le hizo preocuparse, sino que le dio un respiro. Le hacía sentirse feliz que, aunque en sus términos, ambos habían estado de acuerdo en verse cara a cara algún día. Para Atsushi significaba mucho… Todomatsu y Yanagida eran personas que amaba incondicionalmente y que no soportaría que no pudiera toparse. Ahora suponía un peso menos sobre sus hombros. Ellos eran su única familia. O quizá tenía también cinco cuñados que no tomaba en cuenta por razones desconocidas. Pensar en ello a veces le daba algo de risa.
Platicaron sobre muchas cosas y parte de sus planes salían a la luz conforme más ideas compartían. Eran almas gemelas, pues asuntos banales que significaban desconfianza con anterioridad habían sido olvidados. Todo aquello que los separaba y que había sido malentendido ahora estaba en el olvido. Volvieron a ser la pareja que se amaba con todas sus fuerzas sin importar qué.
Volvieron a ser el Atsushi y el Todomatsu de siempre.
Con todo ello, planes como vender la casa y moverse de ciudad salieron a flote. El deseo de Todomatsu por ingresar a la universidad se hizo presente también. ¿Era así de fácil empezar una nueva vida?
—¿La universidad? Ya veo… Sí, es una estupenda idea. Sería genial poder verte graduarte algún día. Llegar con un ramo de flores y llenarte la cara de besos —dijo con una sonrisa en el rostro.
—Puedes llenarme de besos ahora.
Atsushi rio y lo tomó de las mejillas para comenzar a llenarle el rostro de besitos. Todomatsu sonreía mientras tanto. Al final, el menor le devolvió un beso en la frente y se mantuvieron sostenidos de las manos cariñosamente.
—¿Sabes? Estuve investigando.
—¿El qué? —respondió Atsushi con una sonrisa.
—Un lugar tranquilo para vivir… Un lugar para estudiar la universidad sin el agobio de la enorme ciudad. Y también un sitio en donde el empleo abunda, aunque no lo parezca.
—¿Qué lugar es ese?
—Okinawa.
Atsushi abrió enormemente sus ojos. Jamás había estado allá y lo desconocido le encantaba. A ambos les costaba creer que realmente comenzaban a soñar en grande. Faltaban varios movimientos importantes todavía, pero un plan comenzaba a nacer. Con una amplia sonrisa y lleno de entusiasmo, el mayor volvió a tomar la palabra, asintiendo con aprobación.
—¡Es una buena idea! Okinawa suena perfecto.
N. de la A.
Cuando estaba escribiendo el capítulo 40, más o menos, se me ocurrió que Totty y Atsu podrían irse a vivir juntos al extranjero para comenzar su nueva vida. Un rincón de algún rincón de Europa quizá… Pero al final cambié de idea. Creo que Okinawa está mucho mejor. Aunque Atsushi estuvo fuera de Japón durante una buena parte de su infancia no creo que Todomatsu habría podido acostumbrarse a eso. ¿Quién sabe? Totty es impredecible.
