Yo entré por detrás de Osomatsu con calma. Todos los chicos se encontraban en el recibidor del hogar.
—¡Les ganamos, montón de lentos! —exclamó Osomatsu a la vez que levantaba la canasta en el aire para que el resto pudiera verla y presumirla con plenitud.
—¡Son demasiados chocolates, brother!
—Así es, mi estimado Karamatsu. Fue gracias a los encantos de _, sin su ayuda ganar no hubiera sido posible.
—¿Y quién ha dicho que ganaste, creído? —cuestionó Choromatsu cruzándose de brazos.
—¡Pff! Basta solo ver —dijo el primogénito encogiéndose de hombros.
—¡Ja, ja, ja! ¡Estás perdido, Osomatsu-niisan! Espera que veas lo que Jyushimatsu-niisan acaba de… —exclamó Todomatsu, pero fue interrumpido por él mismo al verme—. ¡Cielos! ¿Ya estás mejor, _?
Yo asentí, contenta al notar su preocupación. El tema de conversación cambió drásticamente cuando me vieron andar de pie como si nada. La verdad hasta a mí se me había olvidado el asunto con mi tobillo lastimado.
—¡Es cierto! Dear, tu tobillo luce mucho mejor —exclamó Karamatsu con alegría.
—¡Me alegro mucho! —dijo Choromatsu a la vez que suspiraba con alivio—. ¡Lo siento mucho!
—¡Que no fue tu culpa! —le dije y me reí.
—¡ESO ES GENIAL, _! —exclamó Jyushimatsu dando aplausos—. ¡Sería la peor noche de Halloween si algo te pasara!
—Es estupendo que te encuentras mejor, _. Pero, ¿el estúpido de Osomatsu-niisan no te habrá hecho una brujería o algo? —dijo Ichimatsu sombríamente y con las mejillas rosadas al verme.
—¡¿Qué dijiste, oscuromatsu?!
—¡Claro que no! —intervine de inmediato—. ¡Fue Dekapan quien nos echó una mano! Íbamos de paso y… bueno, fue uno de sus remedios.
—Oh… Tiene sentido —dijeron todos al unísono, exceptuando a Osomatsu.
—¿Y cómo sabremos quién es el ganador? —preguntó Jyushimatsu.
La respuesta fue simple. Bastó con ponernos a contar los dulces de cada uno. De manera graciosa, los resultados fueron así:
Osomatsu y yo: 560 dulces.
Karamatsu e Ichimatsu: 475 dulces.
Jyushimatsu: 1000 dulces.
Choromatsu y Todomatsu: 390 dulces.
¡De modo que hubo empates entre varios de los participantes y omitimos el premio puesto que nadie quiso concederle el puesto del primer lugar a Jyushimatsu! Curiosamente el tercero y sexto de los sextillizos habían tenido menos adquisiciones, cosa que excusaron al decir que Jyushimatsu había estado comiendo de los dulces de cada quien, por el camino, fijándose precisamente en las calabazas de ellos.
Por otro lado, sentí curiosidad y me di cuenta de algo, por lo que dije:
—Chicos, ¿por qué no quieren darle el premio a Jyushimatsu-kun?
—¡Hizo trampa! ¡Trampa, trampa, trampa! —exclamó Todomatsu apuntando a su hermano.
—¿Eh?
—¡El tonto se puso a pelear con unos fulanos y sucedía lo mismo en cada lugar al que llegábamos! —explicó Choromatsu cubriéndose el rostro con una mano.
—¡Cielos! —exclamé horrorizada. En efecto, Jyushimatsu y los otros tenían varios rasguños y arañazos marcados, posiblemente a causa de interferir en la pelea.
—¿Y ganaste, Jyushimatsu? —preguntó Osomatsu.
—¡¿Eso es lo que te importa?! —gritó Choromatsu.
—¡Sí! —exclamó el quinto muy contento.
Osomatsu hizo un asentimiento aprobatorio.
Ichimatsu indicó que guardaran silencio, pues sus padres seguían dormidos.
—Al final se pusieron a suplicar por piedad y Jyushimatsu se quedó con sus dulces… —aclaró Todomatsu.
—¡Cielos! —repetí y luego me reí diciendo—: ¡Entonces sí fue trampa! Ju, ju…
Todos se rieron junto conmigo. No sería posible después de todo llegar a un acuerdo, estos hermanos hacían de todo para que ninguno se llevara el título de ganador. Había excusas por aquí y excusas por allá.
Al final no llegamos a ningún acuerdo e intentar alegar estando el matrimonio Matsuno en profundo sueño era difícil, por lo que dejamos el asunto de lado. Por otra parte, me daba gracia pensar que comerme todos los chocolates de una de verdad había funcionado. Era justo como nunca haber tenido una lesión.
—¡Oigan! ¡Ya que estamos todos, vayamos afuera! Quiero mostrarles algo —dijo Jyushimatsu desbordando energía y alegría.
El resto nos miramos de unos a otros con curiosidad, sin embargo, no cambiamos ninguna palabra y nos limitamos a seguirlo. Llegamos a la calle que estaba justo en frente de la casa. Hacía mucho frío, el vapor emanaba de nuestras bocas. Como ninguno se preguntaba nada, me emparejé el ritmo de Jyushimatsu que iba más adelante que todos.
—¿Qué traes ahí, Jyushimatsu-kun?
—¡Tachán! —exclamó a modo de sorpresa. De entre sus ropas sacó un montón de pirotecnia que se tenía bien reservada.
Yo sabía que Jyushimatsu estaba siempre lleno de sorpresas, aunque esta vez sí que me sorprendí.
—¿Lo harás?
—¡Tú haznos el honor, _, por favor! —dijo.
—¡¿Yo?!
Los demás chicos se unieron y me alentaron.
—Eres la indicada —dijo Ichimatsu con una sonrisa tímida.
—¡Anímate! —exclamó Osomatsu.
—¡Definitivamente será el broche de oro! ¡Oh! Necesito tomar una foto… —habló el menor de los seis.
—Come on, beautiful lady. Confiamos en ti. —Karamatsu me guiñó un ojo.
—Yo creo que es una mala idea… Despertaremos a los vecinos —opinó Choromatsu.
Todos fingieron no escucharle, justo como hacían con Karamatsu la mayor parte del tiempo.
—Entonces supongo que lo haré...
Todos aplaudieron al verme tomar la iniciativa. Tomé la caja de cerillos que me dio Jyushimatsu —sabrán los dioses de donde la habrá sacado— y encendí la colilla de uno de los cohetes. Logré hacerlo bien, la chispa salió volando hacia arriba con rapidez, haciendo un sonido chistoso. Yo cubrí mis oídos al igual que el resto, previniéndome del estruendo que estaba por venir.
Al estallar dejó ver muchas luces de colores una tras otra. El resplandor en el cielo era precioso.
—¡Waaah! ¡Qué bonito! —exclamamos todos al unísono. La vista era preciosa.
Por una fracción de segundo desvié mi mirada hacia los sextillizos para verlos con detalle. La luz de los fuegos artificiales se reflejaba en las pupilas de todos, se miraban preciosos. Sonreí para mí misma al tener aquel pensamiento.
Recuerdos llegaban a mi mente de cuando eran niños, siempre felices e inseparables. La nostalgia siempre llegaba a mí en momentos como aquellos y mi corazón se encogía. ¿Así es como se siente tener amigos de verdad?
De repente entre la maraña de emociones que sentía en mi pecho no pude más y comencé a reírme. Ligeras lágrimas se juntaron en mis párpados. Esa risa hizo que los muchachos sin excepción voltearan a verme con curiosidad.
—¡Es como si fueran los fuegos artificiales del festival de primavera! ¡O incluso año nuevo! —dije riéndome. Mis ojos brillaban.
—¡Mhm! Tienes razón, Darling. Un momento precioso para compartir… —razonó Karamatsu sin dejar de mirar el cielo estrellado.
La luna llena era enorme, enorme, enorme. No obstante, no se atrevió a opacar las centellas de colores con las que adornamos el cielo.
Poco a poco las luces comenzaron a desvanecerse en el aire.
—Nuestra noche está completa. Deberíamos volver… —dijo Ichimatsu tomando el liderazgo por menos una vez.
—Estoy de acuerdo, Ichimatsu-kun. Nos divertimos bastante y estoy cansada… —Bostecé mientras cubría mi boca con una mano.
Acto seguido, me dirigí a los seis e hice una reverencia. «¡¿Eh?!, ¡¿wah?!», fue lo único que pude oírles decir.
—¡¿Qué haces?!
—¡Para, _! ¡No hacen falta formalidades!
—¡No hagas eso!
—¡Oye, levántate!
—¡No hagas eso justo ahora _!
No supe quién decía cada cosa, pues mantuve mi mirada al suelo. Pero me hacía mucha gracia escucharlos a todos tan avergonzados, podía imaginarlos con las mejillas coloradas. Levanté la vista y tal y como lo pensé, cada uno de ellos estaba sonrojado. Mi rostro se tiñó de rosa también al verlos así.
Todos caminamos de regreso, no estábamos muy alejados de la casa.
Cuando menos nos lo esperábamos nos encontrábamos en una situación muy triste. El camino se dividía en dos; podía ir a la izquierda y tomar el tren de camino a casa, o podía ir a la derecha con los muchachos.
Me giré para ver a cada uno de ellos y pude notar que mis ojos se llenaban de lágrimas… Estaba a punto de llorar y ellos se alteraron rápidamente al darse cuenta.
—Chicos… —balbuceé, temiendo que mi voz fuera a romperse.
—¡No llores, _! —dijo Karamatsu. Corrió a abrazarme y yo correspondí al abrazo apretándolo muy fuerte también.
—¡Para de llorar! —me dijo Todomatsu con ojos cristalinos y se unió al abrazo.
Después vino Ichimatsu a unírsenos. Yo sabía que él también era de corazón frágil, aunque intentara ocultarlo. No me dijo nada… Quizá él sabía que podría llorar si se atrevía a darme algunas palabras de consuelo al igual que sus hermanos.
Los demás también se unieron. La pequeña muestra de afecto se convirtió en un abrazo grupal de siete personas en donde yo me encontraba en el centro. Permanecimos en completo silencio, solo podían escucharse mis sollozos y un perro ladrando a lo lejos.
—Muchachos, ¡no quiero dejarlos de nuevo! —dije llorando. Ya me daba igual que mis lágrimas de cocodrilo salieran a la luz.
—¡Nosotros tampoco! —dijeron al unísono.
—Te queremos mucho, _. ¡Mucho! —exclamó Totty.
—Yo también a ustedes…
Luego de un breve silencio, Karamatsu dijo:
—¡Ah! ¡Ya sé! Que _ se quede en nuestra casa esta noche. ¡Así estaremos más tiempo juntos! Y mañana podemos acompañarla a tomar el transporte de camino a su casa. ¿Qué les parece? Aunque, claro, ella debería estar de acuerdo con eso.
—¡Sí!
—¡Vamos, _, di que sí!
—¡Por favor!
—¡Oh! Claro, ¡por mí estupendo! —Limpié mis ojos y seguí hablando con voz temblorosa—. Pero, ¿y sus padres? ¿No se molestarán conmigo?
—¿Qué dices? —dijo Choromatsu—. ¡Ellos te aman y te conocen desde que eres pequeñita! Claro que no se enfadarán…
Nos abrazamos una vez más antes de seguir caminando a la casa de nuevo. Estábamos justo frente al portón cuando de pronto la voz de la señora Matsuyo nos sacó de nuestros pensamientos a todos. La piel se me erizó algunos de los chicos se taparon los oídos y otros saltaron del susto.
—¡¿QUÉ FUE ESO?! —exclamó la mujer asomándose por la puerta principal con su marido por detrás.
—¿Qué fue qué? —preguntó Osomatsu haciéndose el inocentón.
—¡El estruendo de hace un momento!
—Eh… —musitaron ellos al unísono.
—Lo siento, Matsuyo-san. Probamos con unos fuegos artificiales y no creíamos que fueran mucho problema. Por eso… lo sentimos. —Hice una reverencia.
—Ja, ja, ja. ¡La juventud! —exclamó Matsuzo.
—Por cierto, _, ¿no es ya demasiado tarde para una chica? ¿Por qué no te quedas esta noche? —sugirió la mujer.
—¿En serio?
Ella asintió y mis ojos brillaron de alegría. Al menos el resto pudo ahorrarse palabrerías. Los muchachos se vieron los unos a los otros con entusiasmo. Parecía que estábamos a punto de comenzar una pijamada.
Entonces ella me invitó a pasar a la casa. Osomatsu se me acercó lentamente y me dijo:
—¿Luego de esto ya no te veremos más?
—¿De qué hablas? Tengo que devolverte esto limpio —dije, mostrándole el pañuelo que me había prestado minutos atrás—. Claro que volverán a verme.
—No es para tanto… —dijo sonriendo.
—Presumido.
Entonces me alejé riéndome. Al entrar en la casa fue un problema hacernos espacio en la pequeña habitación, no obstante, terminaron haciendo un pequeño tendido para mí justo a un lado del futón de ellos. Yo no estaría apretujada ni nada por el estilo, era perfecto.
Todos se cambiaron a sus pijamas azules y a mí me dieron uno exactamente igual. Me quedaba algo grande pero la tela era suavecita y calientita. Según los chicos, siempre tenían uno de sobra para cada uno, lo cual no significó problema alguno.
Nos acostamos, apagamos las luces, y nos quedamos hablando un ratito más de boberías que no podría recordar.
—¿Estás cómoda, _? —preguntó Choromatsu.
—Sí. Gracias, chicos. Hoy fue el mejor Halloween de todos —Sonreí.
—¿De verdad? Debes estar exhausta —razonó Ichimatsu.
—Es cierto, dimos vueltas por toda la ciudad… —dijo Osomatsu.
—Lo estoy. Pero todos lo estamos, ¿o no? Hoy fue un gran día. Deberíamos hacer estas cosas más seguido…
—¡Vayamos a algún café la próxima vez! —opinó Todomatsu.
—¡Escalemos una montaña juntos! —sugirió Jyushimatsu.
—¿O quizá deberíamos ir a la playa? —comentó Karamatsu—. Estoy seguro de que _ tiene un lindo traje de baño.
Todos se rieron.
—¡Pero qué cosas se imaginan, estúpidos! —les dije. Eran demasiado molestos a veces, pero no podía evitar reír con sus tonterías—. ¡La próxima vez iremos todos juntos a buscar trabajo para cada uno!
—¡¿Eh?!
—¡No, no, no!
—¡Eso es injusto!
—Yo paso.
—¡No digas eso, _!
—¡Eso puede esperar!
Yo solté a reír y ellos seguían quejándose acerca del futuro. ¡Así es como se siente la felicidad! Ahí junto a ellos en la misma habitación me sentía tan segura, tan feliz, justo como cuando éramos niños. No obstante, la situación ha cambiado. Ahora ya no somos los pequeños que se divierten con tonterías banales, ahora somos seis hombres y una mujer.
Sin darme cuenta me fui sumiendo en el sueño mientras lo único que oía era a los hermanos discutiendo entre ellos. Estaba demasiado cansada como para seguir al cien por ciento despierta. Con una sonrisa en los labios y hundiendo la cara entre el edredón me dejé llevar por el cansancio.
¡Había sido el mejor Halloween de todos!
Ahora solo estaba nerviosa por el día siguiente. Debía darles una respuesta a los chicos, debía decidir mis sentimientos por ellos. Los amaba a todos, por supuesto. Sin embargo, aunque seguía convenciéndome a mí misma de que no era cierto, yo sabía perfectamente que estaba enamorada de uno de los sextillizos. Ese muchacho especial que desde el primer momento me hizo sentir segura y feliz a su lado, ese muchacho que me ponía la cara roja como tomate con tan solo estar cerca de él.
En ese momento, pensé: «¡Mañana voy a decírselo! Que me gustaría ser su novia». Sonreí ante el pensamiento. Estaba muy emocionada de solo imaginarlo, se alegraría y le presumiría al resto eternamente que se había ganado mi corazón. Nos tomaríamos de la mano libremente y quizá, más adelante habría algo más.
Me sentía muy ansiosa y también emocionada, pues ese muchacho es...
FIN.
N. de la A.
Estoy feliz de por fin haber terminado esta historia de la manera en que era debido. Con permiso de la autora original pude desarrollar a mi gusto las demás rutas y por fin tenemos una historia para todos los gustos. ¡Gracias por darle una oportunidad a la lectura! Rayita se queda con el matsu de su preferencia. ¿A quién eligieron ustedes?
Una aparte de mi inspiración vino debido a que estuve jugando muchos juegos otome de Genius Inc. y sentí la necesidad de hacer algo parecido con los matsus. ¿Tienen algún juego favorito de ese estilo? Por el momento, recomiendo gratamente: My Secret Spy Lovers, Lullaby of Demonia y Love at any Cost.
No me pagan por andar recomendando esas cosas, pero siento que quiero compartir mis gustos con alguien más, si les gustan estas temáticas de rol es muy divertido.
Que, por cierto, me gustaría mencionar así rapidito que la autora de la idea original de la historia ganó un concurso de fics pero nunca le dieron su premio, jajaja, ¡Justicia! Aunque ya pasaron siete años.
Bueno, eso es todo. No importa la fecha en que estés leyendo esto, ¡feliz Halloween! Y muchas gracias por leer :)
-Ary.
