Capítulo 49- Un nuevo sendero.
—¿De verdad, Atsushi-kun? ¿No te parece precipitado?
—No, es estupendo. Tratemos de dar lo mejor de nosotros. —Sonrió.
—¡Qué alegría! Ya me hacía ideas de que quizá sería imposible…
—Es demasiado pronto para rendirse —dijo encogiéndose de hombros.
—Tú lo has dicho.
La mirada de Todomatsu estaba perdida; imaginaba varios escenarios fantásticos junto a su amado. Estaba tan emocionado que no tenía idea de por dónde empezar.
En realidad, a ambos se les complicaba tan siquiera hacerse la idea de que pronto empezarían una vez más. En ese instante, Todomatsu empezó a tener recuerdos de aquellos días cuando recién comenzaba a entrar en la vida de Atsushi. Sonrió más inconscientemente cuando rememoraba aquellos días en los que fueron juntos al ryokan a pasar unos días. Su paz fue interrumpida por el mayor.
—¿Qué sucede? —preguntó Atsushi con genuina curiosidad, sonriendo también—. Tienes esa sonrisa traviesa desde hace un minuto. ¿Sabes que así te pareces mucho a Osomatsu-kun?
—¡Claro que no! —exclamó estallando en una carcajada—. Solo pensaba en aquella vez en que fuimos juntos a aquel ryokan en Kioto, hace cuatro años. Era tan tranquilo..., y al igual que ahora, había miles de cosas en mi cabeza.
—Sí, lo recuerdo.
—Volver a esos días sería… Sería… —No pudo evitar pensar para sí mismo: «¿Cómo sería?» Esos días le confundían aún. Todo tan placentero, todo tan aterrador, todo tan nuevo.
—¿Qué habrá sido de aquel polluelo? ¿Lo recuerdas? El pequeño gorrión que encontramos.
—¡Pichi! —exclamó Todomatsu con alegría al recordarlo, misma que se esfumó poco después y suspiró con melancolía—. Quizá no debí dejarlo ir…
—No digas eso. Seguro que hizo muchos amigos. Quizá hasta una familia.
El menor sonrió.
—Eso espero.
—¿Y sabes de qué me acuerdo también? —No esperó a que Todomatsu respondiera, se contestó a sí mismo de inmediato con media sonrisa—. Que no quisiste entrar a las aguas termales junto conmigo.
—¡No puedo creer que todavía te acuerdes de algo así! —exclamó sonrojándose.
—Tú lo recuerdas también. ¡Estamos a mano!
—Te gusta hacerme sufrir al pensar cosas así… —Apretó los ojos, cerrándolos con fuerza. Luego de tomar algo de valor vio fijamente a Atsushi para hacerle una promesa que, de alguna manera, encendió las mejillas del mayor—. Nos meteremos al agua juntos pronto, ¿sí?
Atsushi tanteó el terreno.
—¿Y se puede saber cuándo? —Se le acercó peligrosamente, con esos ojos y esa sonrisa que tanto le ponían de nervios. ¡Demonios! Era muy atractivo.
El menor carraspeó mientras se abrazaba a un cojín para intentar ocultar su rostro colorado a la vez que volteaba hacia otro lado.
—Algún día —dijo sin más.
Atsushi rio, divirtiéndose por las reacciones de Todomatsu. A pesar de conocerse desde hace unos años, seguía sonrojándose por las cosas más sencillas. Muy pocas veces habían intentado hacer cosas "subidas de tono" sin obtener resultados, por lo que le daba algo de emoción ver que después de todo, existía una posibilidad de algo más.
Quizá ese momento estaba más cerca.
Poniéndose en el regazo del mayor, Todomatsu se echó a dormir una siesta para luego irse a tomar un baño. Estaban extrañamente relajados, o eso parecía. ¿Quién lo diría? La vida nunca deja de otorgar preocupaciones, después de todo. Pues a pesar de estar juntos varios problemas rondaban en las mentes de ambos, cada uno por su lado. Aunque la situación ya estaba zanjada, Atsushi no podía dejar de pensar de vez en cuando en su padre, la última vez que le vio y el mal que ello le hizo. No podía dejar de molestarle saber que, por más que quisiera cambiar aquel hecho, no era más que un hijo indeseado, fruto de alguna sucia aventura o abuso que jamás podría evitar. ¡Si tan solo pudiera preguntarle a su verdadera madre lo que había sucedido en realidad! Y, por su parte, estaba Todomatsu que también lidiaba con su familia, aunque de una manera distinta a su pareja. Sabía que llegaría pronto el día en que tendría que despedirse de todos. Decirle "hasta luego" a sus cinco hermanos, padre y madre. Aunque era muy posible que los volviera a ver, le dolía en el alma saber que de cualquier forma su padre no querría que lo frecuentara más. Aun así, quería intentarlo; se enfrentaría al miedo de ser rechazado de nuevo. Cada uno a su manera tenía sus propios delirios que le hacían la vida imposible.
¿Por qué era tan complicado vivir la vida tranquila?
¿Eran problemas reales?, ¿o acaso todo era una ilusión? Los veintes eran difíciles de digerir sin duda alguna. No ser demasiado joven ni demasiado viejo era complicado.
Estaban acurrucados el uno con el otro.
Durante aquel día no hubo nada que destacar. Hablaron mucho sobre el futuro. Mucho, mucho, mucho. Tenían miles de cosas que aclarar puesto que cada uno tenía una idea distinta de lo que se querían enfrentar. A pesar de que ambos quedaron en ir a Okinawa, aún faltaban muchas cosas que aclarar. El trabajo de Atsushi era una de esas problemáticas que comenzaban a pesar más conforme iban pasando los días. Por su propio lado estaba Todomatsu que simplemente se encontraba esperando la oportunidad correcta para poder deshacerse de su trabajo, cosa que seguía postergando más y más.
Pasaron los días desde aquel día en que Atsushi renunció. Cuando menos se lo esperaron ya habían transcurrido casi tres semanas y nada había cambiado, todo seguía siendo simplemente un montón de planes que estaban aplazándose.
Esas semanas, aunque en un principio le dieron un respiro al ex-oficinista, luego simplemente le causaron una ansiedad tan extraña que no tenía idea de cómo podía afrontarlo. Atsushi siempre vivió una vida ajetreada, por lo que no estar en el trabajo durante todo ese tiempo le hizo perder el sentido de propósito. Sin embargo, le dio mucho tiempo para hacer la limpieza de la casa y ordenar las cosas perdidas del sótano, ático, y las demás habitaciones. Después de todo, si pensaban mudarse era mejor comenzar cuando antes a empacar las cosas que se llevarían con ellos. ¡Había tanto que hacer! Durante su estancia en casa, cuando Todomatsu no estaba, Atsushi se había dedicado a hacer anuncios desde internet acerca de la casa y algunas de las cosas que estaban dentro. En piano de cola, entre ellas. Tenía que vender muchas de sus pertenencias, pues no podría llevarse todo a otro sitio. Afortunadamente, durante esas dos semanas pudo dar con algunos interesados al respecto, ya solo faltaba hacer la presentación formal y el proceso de negociación.
Además, el automóvil era otro asunto.
Con respecto a la búsqueda de empleo, Atsushi se había tomado el tiempo de decirle a su primo que se iría de Tokio, por lo que le pidió de favor que, si le era posible, la ayudara a conseguir algo a la lejanía. Yanagida no se detuvo a preguntar, simplemente se militó a asentir y comenzar a correr la voz entre sus contactos. Fueron tres semanas cuando pudo encontrar algunos puestos que podrían ser del interés de Atsushi.
Un día entrando el siguiente mes, estaba sentado mientras usaba su computadora portátil en la mesa de la cocina, cuando de pronto recibió un mensaje de texto. En la pantalla se leía: "¿Te interesa un puesto como asesor financiero?"
Atsushi tomó el celular y escribió: "¿Puedo llamarte?"
"Claro", obtuvo como respuesta.
Yanagida respondió con calma, se encontraba en su hora de comida en el trabajo.
—Atsushi, ¿cómo has estado? Pude encontrar varios puestos en donde podrías encajar perfectamente. Hablé con varios de ellos, por lo que si tú aceptas el puesto es cien por ciento seguro para ti.
—¿Qué has encontrado?
—Asesor financiero y de créditos, evaluador de inversiones y contador… Todos cerca de Okinawa, como me lo dijiste. Te estoy enviando ahora mismo la dirección de las oficinas de cada uno, de esa manera podrás checar mejor las opciones que tienes y elegir alguna que te convenga.
—Gracias otra vez. ¿Cuánto te debo?
—¿Eres tonto o necio, Atsushi? Obviamente no me debes nada.
—Intento ser indulgente y tú solo me… En fin.
Efímero silencio.
—¿Cómo te ha ido desde que dejaste tu trabajo?
—Me siento muy bien, pero de alguna u otra manera ha sido un mes agotador. Hay mucho que hacer, ¿sabes?
—Ya lo creo. —Pudo escucharse su risa a través del teléfono, haciendo que se cortara un poco el sonido claro—. Con que Okinawa… No puedo hacerme a la idea de que estarás tan lejos, Atsushi.
—Era todo o nada.
—Eso es muy como tú.
Estuvieron vacilando una vez más. Parecía que era una tradición cada que se contactaban que hubiera aquella distancia entre ellos, no pudiendo acceder a su impulso de volver a ser "hermanos" y mejores amigos otra vez.
—Atsushi, la última vez que hablamos me contuve porque creí que te molestaría, pero… tengo algo que decirte.
—Prosigue.
—Voy a casarme. Te lo mencioné cuando íbamos camino a Shikoku, pero ahora es oficial. Hay fecha, lugar y todo. Te estoy invitando a asistir. No solamente a ti… Me gustaría que Todomatsu estuviera contigo también.
—G-Gracias…
—Espero no importunarte. La verdad es que me gustaría disculparme con Todomatsu cara a cara, como debería ser. Y verte a ti una última vez antes de que partas y vuelvan a pasar años para que volvamos a encontrarnos. —Hizo una breve pausa para pasar saliva y aunque Atsushi no estaba ahí para notar el sonrojo del moreno, no podía evitar ponerse tenso. Retomando la palabra rápidamente exteriorizó sus sentimientos y dijo con voz dulce—: ¿Puedes?
Atsushi suspiró y asintió repetidas veces. Por un instante pensó en consultarlo con Todomatsu, sin embargo, luego recordó su confesión acerca de haber estado en contacto con Yanagida. Además, al propio Atsushi le apetecía verlo, no había nada que debatir al respecto. No quiso hacer esperar demasiado al otro, por lo que le dio su clara respuesta.
—Dime cuándo y a qué hora es, y envíame la dirección. Allí estaremos.
—Fantástico. Estaré enviándote los datos junto con la información del empleo.
—Gracias por tu apoyo. Yo… —bufó al no encontrar las palabras correctas para decirle. Terminó cambiando la frase y resumiéndola en lo más importante, aunque no lograra expresar lo contento que se sentía por él—. Felicidades por tu compromiso.
—Gracias. Asegúrate de venir, ¿sí? Hasta luego. Estaremos en contacto.
La llamada terminó.
A partir de ese momento Atsushi se dedicó a hacer llamadas con respecto a las oficinas y demás direcciones que le proporcionó el moreno. Vio algo que le llamó la atención.
Como estaba cansado de estar dentro frente a la computadora decidió salir al patio frontal a regar las pocas plantas que tenían en el jardín mientras vestía ropa casual. Por fin se había liberado por un tiempo de llevar puesto un traje con corbata durante más de ocho horas durante seis días a la semana todo el año. Ahora llevaba la manguera de un lado a otra rociando las flores mientras vestía un cómodo pants color gris, sandalias y una camiseta azul marino muy holgada para dormir.
Traía puestos los audífonos inalámbricos para contestar las llamadas entrantes en caso de que le hablaran de alguna de las sedes que había consultado antes, y así fue. Luego de un mes y medio de búsqueda entre los sitios de su rama recibió la llamada de uno de los funcionarios para invitarlo a visitar las oficinas del lugar, la cual aceptó. Sin embargo, hablaron de fechas muy aplazadas.
Todomatsu iba llegando justo del trabajo cuando vio a Atsushi al cuidado de las plantas, terminando de responder a la llamada.
—Atsushi-kun —dijo al verlo por fin desocupado—. ¿De repente tuviste energía para hacer algo que no sea usar la computadora? —Se rio.
—De repente me dieron ganas de revivir las plantas que mataste con tus cuidados.
—¡Oh, vamos! —alzó un puño en ademán de golpearlo.
—¡Solo estoy jugando! Además, he hecho más que eso —rio—. Oye Totty, a que no adivinas.
—¿Qué pasa?
—Adivina. Vamos, inténtalo.
—Tenemos un evento al cual asistir ambos. De hecho, son dos.
—Mmm… Suena a que es lejos de aquí —dijo con expresión traviesa.
—Sí, lo es. En dos meses nos encontraremos en Osaka, en la boda de Yanagida. Nos invitó a ambos. Al parecer también le interesa que asistas…
—¡Genial! Espero que den buena comida.
—Eres igual a tus hermanos…
—¡Ja, ja! Solo bromeo. ¡Me alegra de verdad que ustedes dos se hayan reconciliado!
—Yo digo lo mismo.
—¡Hmh! Tan solo quiero que permanezcamos juntos pese a todo. Vayamos a esa boda. —De repente algo resonó en la mente de Todomatsu—. Espera, ¡¿en dos meses?! Creí que nos mudaríamos mucho antes de eso.
—Es más tardado y complicado de lo que parece… Tomemos nuestro tiempo para arreglar bien las cosas. A pesar de tener ya a los compradores de la casa, no sabemos qué vivienda podremos conseguir en Okinawa. Además, está el asunto del auto. No pienso venderlo… Habrá que trasladarlo.
—Mmm… Entiendo. Sí, tienes razón. Podremos seguir sacando cosas mientras tanto.
Ambos se sonrieron.
—Y antes de que se me olvide… —Atsushi se acercó lentamente a Todomatsu hasta quedar frente a frente y sosteniendo su rostro con ambas manos giró un poco su cabeza para besar cariñosamente su mejilla—. Bienvenido.
—Ya estoy en casa…
La semana entrante estuvo llena de cambios. Para empezar, la casa comenzó a llenarse más y más de cajas llenas de cosas que se llevarían en la mudanza; ropa, libros, objetos de valor, cajas dentro de las cajas, utensilios de cocina, zapatos, electrodomésticos, los televisores y un enorme etcétera. Aquel elegante hogar que se había vuelto cálido con el pasar de los años estaba quedándose vacío de nuevo. Algunas cosas fueron vendidas, como los sofás, las mesas, algunos muebles, ciertas mantas y cojines, una que otra planta, alfombras y demás. Los peces dorados fueron obsequiados a las amigas de Todomatsu, las cortinas guardadas en las cajas también, la lavadora igualmente obsequiada a una de las vecinas, y el piano… El piano se quedó allí en la casa.
Era extraño ver cómo aquel hogar se iba volviendo vacío, sin color, como si un hubiera vivido nunca nadie allí. Apenas había un atisbo de la existencia de dos personas en las habitaciones.
Luego de unos días cuando Atsushi estuvo mucho más dedicado a la búsqueda de su nuevo trabajo y la manera en que podría llevar a cabo sus planes, pudo concretar un nuevo puesto en el que más adelante podría recurrir. Había confirmado por fin su nuevo puesto en una de las oficinas que se encontraba en Naha, en la prefectura de Okinawa. Lo única que había que hacer era buscar una nueva casa en la cual pudieran hospedarse. Como solía estar acostumbrado a las comodidades, Atsushi planeaba conseguir una casa parecida a la que había heredado, no obstante, Todomatsu estuvo en desacuerdo.
—¡Está bien si es un sitio pequeñito! —dijo Todomatsu.
Ambos se encontraban en el patio trasero comiendo paletas de hielo.
—¿Estás seguro? Puede que después te arrepientas… Juntaremos dinero suficiente para algo mejor. Estuve buscando y hay varias opciones.
—Trabajarás en Naha, ¿verdad? Es suficiente con que puedas conseguir un lugar cerca de tu futuro empleo. Además, esa ciudad es hermosa, no creo que haga falta buscar toda clase de lujos. Nosotros nos encargaremos de que luzca como un hogar.
Atsushi suspiró.
—Muy bien… Buscaré la manera de firmar un trato. No podemos ir allá para revisar los pequeños detalles. Le pediré al dueño que nos muestre mediante una videollamada.
—¡Me parece muy bien!
Al cabo de una semana más y seguir con la búsqueda, ambos de los muchachos estaban en total acuerdo cuando pudieron observar la nueva casa a detalle y hablar con el actual propietario. La cosa era que no tenían todavía el dinero necesario, pues lo obtendrían una vez que vendieran su actual casa y otras de las cosas más que no necesitaban, por ejemplo, aquel viejo piano que de apariencia no tenía nada de viejo salvo algo de polvo entre las teclas.
Mientras todos los preparativos para la mudanza y limpieza seguían llevándose a cabo durante esos meses que no se tenían contemplados, Todomatsu siguió trabajando para lograr juntar algo de dinero hasta que se fueran lejos de Tokio. Después de todo, no sabía qué le esperaba lejos de casa.
Estaba dejando que los asuntos banales se resolvieran poco a poco, sin embargo, el día en que decidió renunciar llegó. Después de todo, los días habían pasado ridículamente rápido y aunque habían pasado muchas cosas ya estaba a dos semanas de asistir a la boda de Yanagida. A casi tres semanas de irse lejos para comenzar una nueva vida.
Poco le interesaba arriesgar mucho. El puesto de trabajo de Atsushi ya estaba asegurado en Naha; fue gracias a su buen reconocimiento y renombre que no tuvo problemas para acceder a dicho puesto. Además, tenía un muy buen currículo.
Una mañana Todomatsu se presentó al trabajo para hablar con el hombre que pronto sería su ex-jefe. Ya les había dicho a sus compañeras que pronto se iría, por lo que no sentía demasiado pesar con respecto a ellas. Aun así, estaba acostumbrado a compartir momentos con ellas cada día de su vida desde hace cinco años atrás.
Sacchi y Aida estaban sin hacer nada en una de las mesas del local, aquel día no había demasiada clientela pese a ser hora pico. Cuando vieron a su amigo Todomatsu saliendo de la puerta del gerente, llevando sus cosas consigo y no vistiendo más el uniforme, se aproximaron a él.
—¡Totty! —exclamaron ambas al unísono.
—Bueno… —él suspiró—. Después de todo este tiempo juntos es tiempo de que continúe mi camino.
—Vamos a extrañarte —dijo Sacchi.
—No te olvides de nosotras, ¿sí? —Pidió Aida—. Así pasen los años, no hay que olvidarnos jamás.
—Ay, chicas… Me van a hacer llorar. —Todomatsu se encontraba batallando para no dejar que ninguna de sus lágrimas se deslizara por sus mejillas. Ni siquiera permitía que las lágrimas se asomaran por sus párpados libremente—. ¡Les debo tanto! Nunca voy a olvidar todas esas veces en que me ayudaron en el pasado por mis tontos caprichos.
—No fue nada…
—Sí, ¡anímate! Estás a punto de empezar a vivir una nueva etapa. ¡Okinawa parece ser un lugar precioso!
—Junto a Atsushi-san —complementó la otra.
Todomatsu se ruborizó.
—¿Qué van a hacer ustedes? ¿Estarán bien?
—¡Claro que sí! Luego de trabajar aquí quizá retome los estudios y consiga algo mejor. Tengo un gatito esperándome en casa, así que… necesito avanzar.
—¡Yo pienso mudarme a Niigata junto a mis padres luego de emprender un nuevo viaje! ¿Quién sabe? Ir al extranjero no estaría mal.
Los tres rieron.
—Así que aquí es donde nos separamos… —comentó Aida.
—Buena suerte con su vida, Sachiko, Aida... De verdad. Estoy agradecido de haberlas conocido.
—Nosotras también.
—Espero que te vaya excelente con tu nueva vida de casado.
—¡Qué cosas dicen! —exclamó sonrojándose. Luego volvió a acomodarse el bolso cerciorándose de que no olvidaba nada. Le costaba un poco creer que era la última vez que entraba al Sutabaa—. Bueno, este es el adiós.
Ambas chicas sonrieron. Era una sonrisa genuina, diferente a la que usaban cuando solían dar la bienvenida a algún cliente, pese a que era una sonrisa de oreja a oreja. Todos se unieron en un abrazo triple.
—Hasta luego, Totty —dijo Aida, a la vez que besaba una de las mejillas de su amigo con afecto.
—Si hay boda o algo nos dices, ¿eh? Quiero ser la madrina de anillos. —Imitando el acto de su mejor amiga, también le dio un tierno beso en la otra mejilla.
Los besos y las palabras de las chicas solo hacían que a Todomatsu se le pusiera la cara roja, roja, roja. Se sentía agradecido de tener tan buenas amigas a pesar de que él no se había considerado el amigo más atento.
—Ténganlo por seguro.
Entonces, luego de abrazarse una vez más, se fue. Ellas lo vieron alejarse de entre el bulevar. Cuando estuvo lo suficientemente lejos se dio la vuelta para ver si ellas lo seguían observando, y efectivamente así era. Las muchachas habían salido un minuto del local para verlo marcharse.
A la lejanía él les ofreció una reverencia, misma que ellas correspondieron. Esa fue la última vez que se vieron.
