Disclaimer: los personajes de Twilight son de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es Rochelle Allison. Yo solo traduzco con su permiso.
Disclaimer: This story is not mine, it belongs to Rochelle Allison. I'm just translating with her permission.
Capítulo 5
No era que no me gustaba la universidad; esta era excelente y tenía un número de clases interesantes. Mi padre, Emmett y Edward habían ido allí, y muchos de nuestros amigos actualmente asistían. Era más que la resentía, no era donde quería estar en ese momento de mi vida. Alice y yo siempre habíamos asumido que nos iríamos de Belfast una vez que termináramos con la secundaria, pero las finanzas dictaron que me quedaría en casa al menos por dos años. Alice optó por quedarse conmigo y, a pesar de mis protestas de que ella siguiera adelante, estuve culpablemente feliz cuando ella decidió quedarse aquí. Las cosas iban bien, pero no geniales, y en general me había estado sintiendo poco inspirada y... sin un propósito.
Entonces, fui metida en este pequeño mundo caótico de secretos, política, revueltas... y, debido a Edward, amor. Pensaba en él todo el tiempo, y cuando no estaba soñando hasta sentirme cachonda, estaba completamente preocupada por los planes de él y mi hermano. Oh, tenía un propósito ahora, ¿de acuerdo? Era mantenerlos con vida y fuera de la cárcel.
Sin embargo, mentiría si dijera que no tenía un poco de curiosidad llegados a este punto. Había faltado a mi última clase el jueves por la mañana y me había escondido en la biblioteca, leyendo periódicos y boletines que cubrían el Conflicto. Tenía conocimiento básico al respecto, ya que todos habíamos tenido historia irlandesa en la escuela y en casa Pa era muy político, pero quería detalles.
Enfrentamientos entre los británicos y los irlandeses habían tomado lugar por cientos de años, pero el Ejército Republicano Irlandés como lo conocíamos databa desde la primera parte del siglo con eventos como el Alzamiento de Pascua de 1916 y la Guerra de Independencia Irlandesa, desde 1919 a 1921. En 1918, uno de los dos movimientos nacionalistas importantes, Sinn Féin, ganó una mayoría de bancas en el Parlamento Británico. Entonces salieron del Parlamento y declararon una República Irlandesa, la cual gobernaron; llamaron a su nuevo Parlamento el Dáil.
El Ejército Republicano Irlandés se formó y en teoría, era responsable ante el Dáil como el ejército oficial de la república. En realidad, se involucraban mayormente en batallas de guerrillas y el Dáil se preocupó de que no serían capaces de controlarlos apropiadamente. En 1921, fue firmado el tratado Anglo-Irlandés, que abolía la República Irlandesa, pero creaba el Estado Libre Irlandés, dentro del imperio británico. Esto provocó una separación en el IRA entre aquellos que lo aceptaban y aquellos que rechazaban el tratado, y se produjo una guerra civil. A algunos no le molestaba dejar que Gran Bretaña se aferrara al Norte, otros querían completa libertad.
Leí varios artículos periodísticos y literatura con gran interés, otros simplemente le eché una ojeada. Fácilmente podía pasar horas en la biblioteca investigando, pero debía encontrarme con Alice para almorzar y la hora casi había acabado. Con el paso de las décadas, la relación entre el IRA y Sinn Féin evolucionó... diferentes partidos políticos ganaron poder... y entonces finalmente llegué a la década de 1960.
En 1969, el IRA se dividió en facciones, el IRA Oficial y el IRA Provisional, en parte porque el IRA no había defendido las zonas nacionalistas de Belfast del ataque unionista. Después de debacles como los Disturbios de Irlanda del Norte en Belfast en agosto de ese año, y la Batalla del Bogside en Derry, los provisionalistas se encargaron de proteger físicamente esas zonas y de apoyar a los nacionalistas amotinados.
Me recliné en mi silla, mi mente confusa con demasiada información. ¿Así fue cómo Em y Edward se consideraban? ¿Como protectores de nuestras ciudades? No sabía si eso era valiente, erróneo, o ambos. Cerré el libro y acomodé los periódicos en una pila prolija sobre la mesa, echando un vistazo a mi reloj. Había terminado por el día, pero Alice aún tenía clases después del almuerzo y no quería que llegara tarde a esas.
El jueves generalmente era mi día favorito de la semana porque solo tenía clases por la mañana, y no trabajaba. A veces, si el Sr. Connelly quería mantenerse ocupado, me daba los viernes libres también, y eso era bueno porque entonces el fin de semana comenzaba temprano. Los días que no tenía que trabajar, Alice y yo a menudo mirábamos una película o visitábamos uno de los pequeños bares cerca de la universidad.
Las clases acababan de terminar cuando salí de la silenciosa oscuridad de la biblioteca. Me encontré con Alice y caminamos hacia Lisburn, pasando más tiempo buscando un maldito lugar para comer que realmente comiendo. Nos apresuramos a comer, charlando esporádicamente entre bocados.
Alice gruñó, lanzando su servilleta sobre la mesa.
—Realmente no tengo ganas de regresar.
Acomodando los cubiertos sobre mi plato, me recliné, llena y satisfecha después de un considerable ulster fry. Había estado muy bueno, pero nadie podía hacerlo como mamá. Qué mal que la barriga creciente de Pa le impedía hacerlo tan a menudo como nos hubiera gustado. Intentaba decirle que solo era su pinta nocturna que añadía el peso, pero ella no lo quería escuchar. Tendré que hacer que me enseñara a cocinarlo.
—Y es un día tan precioso. —Alice seguía quejándose, pinchando un bollo en su plato.
Eché un vistazo afuera, hacia el cielo gris que se oscurecía y resoplé.
—Sí, está encantador.
Alice se miró en el pequeño espejo de su polvo compacto y tocó innecesariamente su rostro. Se puso de pie, mirándome.
—¿Vamos a salir más tarde?
Asentí, parándome también.
—Sí, me gustaría salir. ¿Me quedaré contigo esta noche?
Ella se encogió de hombros.
—Por supuesto. Te llamaré cuando llegue a casa más tarde.
Salimos del restaurante y caminamos juntas hasta que Alice giró de regreso hacia la universidad. Caminé lentamente, esperando ver a Edward al pasar por la tienda de dulces, pero no parecía que hubiera alguien cerca.
Sin embargo, Emmett estaba cerca. Él bajó las escaleras ni bien entré por la puerta.
—Hola, Bella. —Sonaba neutral pero no era tonta.
Aquí vamos, diablos.
—Hola, Emmett —dije con voz normal, pasando por su lado para subir a mi cuarto.
—Vamos, sabes que necesitamos hablar —me dijo.
Agité mi mano hacia atrás, sin detenerme.
—Habla, entonces.
Él volvió a subir las escaleras detrás de mí, sus pasos pesados en la madera hueca pero sin sonar molestos. Quizás se había tranquilizado un poco. Ya no parecía estar enfurecido; me preguntaba si él y Edward habían hablado más o si simplemente lo había soltado.
Emmett cerró la puerta de mi cuarto y se sentó en mi cama, dando unas palmadas al lugar junto a él. Me quité las zapatillas y me dejé caer sobre la cama, boca arriba.
—Bella, intenta comprender por qué estaba tan furioso ayer. Sabes lo que parecía eso, ¿cierto? Y entonces que Deklan y Tyler Crowley estuvieran allí para presenciarlo todo, sin mencionar a Eric, Sean, Seamus...
Rápidamente me senté, con el ceño fruncido.
—Está bien, está bien. No necesito todo el reparto de personajes. Lo sé, Emmett.
—Sé que lo sabes. Así que no te sorprendas cuando todo el vecindario se entere de tu sucia aventura. Los chicos chismorrean como viejas —contestó.
Puse los ojos en blanco.
—Suenas como una vieja ahora mismo, con tus reprimendas.
Él giró hacia mí, y me observó hasta que comencé a moverme nerviosamente. Sabía que él intentaba intimidarme y, francamente, estaba funcionando. Aparté la mirada, frunciendo el ceño.
—La única razón por la que no le rompí la cara es porque juró que cuidaría de ti. Lo juró. —Hizo una pausa, y le eché un vistazo.
Él se puso de pie, metiendo sus manos en sus bolsillos.
—No soy estúpido, Bella. He visto cómo los miras. Por años lo he visto. No me importaba porque la mayoría de las chicas lo miran así. Pero que él te mire a ti de esa manera es una historia completamente diferente ahora. No me gusta.
Suspiré.
—¿Qué quieres que diga? No puedo evitar cómo me siento, Emmett. Esto es lo que quiero. Quiero que él me mire de esa manera.
Se frotó el rostro con una mano.
—Esto es peor de lo que pensé.
Puse los ojos en blanco.
—Necesitas confiar en mí.
Él se encogió de hombros.
—No hay nada que pueda hacer, de todos modos, especialmente porque Pa te dio el permiso.
—¿Acaso eso no debería decirte algo? ¿Que Pa esté de acuerdo? —razoné, respirando hondo. Em estaba calmo y civil; necesitaba estarlo también.
—Quizás —concedió. Se agachó y apartó el cabello de mi rostro—. He podido confiar en Edward toda mi vida, Bella. Él es un buen amigo, el mejor. Pero no sé si él puede ser mucho más que eso. Aún tengo que verlo sentando cabeza.
Bajé la mirada a mi regazo, mi corazón latía erráticamente, a pesar que él no estaba diciéndome nada nuevo.
Se aclaró la garganta.
—Pero, él dijo que esto no era como las otras veces, así que elijo creerle. Pero si te lastima, juro que...
Me paré de repente, riendo un poco.
—Lo matarás, Emmett. Lo sé. Todos lo saben.
~V~
Caminé hacia la casa de los Cullen alrededor de las cinco de la tarde, después que Alice llamara para decir que estaba en casa. Ellos vivían en una casa adosada también, pero era más grande que la nuestra, y se ubicaba al final de su calle. Siempre me había encantado que ellos tuvieran un patio relativamente espacioso, algo raro en nuestro vecindario. Habíamos jugado mucho allí cuando éramos niños, los chicos pateando la pelota por allí, Alice y yo nos sumábamos y nos metíamos en el camino.
Alice me dejó entrar y fuimos hacia la cocina donde su madre estaba preparando lo que parecía ser pastel de pastor. Ella miró por encima de su hombro cuando entramos.
—Bella —dijo suavemente Esme, sus ojos se arrugaron cariñosamente. Tenía un pañuelo de seda rosa sujetando su cabello lejos de su rostro mientras trabajaba, y hacía juego con la estampa de su falda.
—Hola, Esme —dije, besando su mejilla—. Me encanta el pañuelo.
Ella me sonrió.
—Gracias, cariño.
—¿Qué te gustaría, Bella? —preguntó Alice desde el refrigerador.
—Agua está bien —contesté, pasando mis dedos a lo largo de la encimera. Me preguntaba si Edward estaba en casa.
—¿Se quedarán aquí esta noche, chicas? —preguntó Esme casualmente. Alice y yo compartimos una mirada; su madre estaba tan preocupada como la mía.
—No, mamá. —Alice suspiró. Era obvio que habían tenido esta conversación muchas veces—. Vamos a salir, probablemente al salón de billar Finley's.
Esme suspiró también.
—Hmm.
—Te dije que iríamos —añadió Alice gentilmente, señalando para que subiéramos las escaleras.
—De acuerdo. Meteré esto en el horno ahora entonces —dijo Esme.
Subimos al cuarto de Alice, siempre el santuario femenino de color violeta y rosa, incluso después de todos estos años. Afortunadamente Alice había cambiado los volados y las faldas abullonadas por atuendos más entallados hace unos años. Solté mi bolsa de dormir en el suelo y me paré con Alice frente a su armario.
—Creo que deberías usar una falda esta noche —dijo ella pensativamente, dando unos golpecitos a su barbilla con un dedo—. Antes que se vuelva muy frío afuera.
Asentí.
—Sí.
Ella sonrió con picardía.
—Pruébate esta. —Me tendió un trozo de tela a cuadros.
—¿Qué es esto, tu uniforme de la primaria? —bromeé, sosteniéndola contra mis caderas mientras me miraba al espejo.
—Ja, qué graciosa. ¡Pruébatela! —ordenó juguetonamente.
Quitándome los pantalones, deslicé la falda por mis piernas. Mi piel se estaba erizando al estar muy expuesta dentro de la casa, ¿qué iba a hacer una vez que saliéramos? Subí el cierre al costado y me enderecé así Alice podía ver.
Asintió con aprobación.
—Sí. Y toma. —Me tendió un par de pantimedias negras.
Solté un suspiro de alivio.
—Oh, gracias a Dios.
Ella puso los ojos en blanco.
—Judas Iscariot, Bella, no estoy aquí para vestirte a mi gusto. Solo quiero que te veas un poco más bonita esta noche.
—¿Acaso no luzco bonita a menudo? —bromeó, sentándome en la cama y colocándome las pantimedias.
Alice me ignoró y sacó un suéter negro con cuello alto.
—Toma.
Cuando me vestí, me examiné desde todos los ángulos en su espejo de cuerpo entero. Sí me veía bien, y no podía esperar a ver a Edward.
—¿Dónde está tu hermano? —pregunté, observando a Alice armar su propio atuendo.
Se encogió de hombros, pasando un cinturón por sus pantalones.
—¿Alguna vez sabemos dónde están nuestros hermanos?
—Es verdad —reí.
Hubo un suave golpe a la puerta, y Esme asomó su cabeza.
—A comer.
Alice y yo estábamos sentadas frente a la mesa del comedor con sus padres cuando la puerta de la entrada se abrió y se cerró.
Frenética anticipación se despertó en mi vientre y casi perdí el apetito.
—Oh, bien, estás en casa —dijo Esme, mirando por encima de mi cabeza. Sentí la corriente de aire cuando él entró, trayendo un poco del frío de afuera con él.
Edward besó la mejilla de Alice y la mía, deslizando sus dedos secretamente a lo largo de la piel expuesta donde mi suéter se había levantado.
Saludó a sus padres y se sentó en una silla frente a Alice y a mí. Aceptó un plato de comida de su madre y contestó las preguntas de su padre sobre cómo había ido su día, pero sus ojos estaban fijos en mí. Yo tampoco podía apartar la mirada.
Se veía enérgico y no muy diferente a un tipo de hada nocturna, su cabello estaba más desordenado de lo usual, sus colores de otoño parpadeaban y se movían bajo la cálida luz del comedor. Él sonrió con arrogancia y secretivamente, y yo ardía en mi asiento, rogando que nadie más notara la promesa de sexo en sus ojos.
Quizás Alice lo hacía; ella pellizcó mi muslo y rompió el hechizo. La miré, parpadeando lentamente.
—Come —articuló, mirando intencionadamente a mi porción apenas tocada de pastel de pastor.
Me sentía sensible y nerviosa pero comí de todos modos, y estaba bueno. La comida de Esme era mitad gourmet y mitad casera, y me recordaba lo hambrienta que había estado solo minutos antes.
Después que todos terminaron, le ayudé a Alice a despejar la mesa y Edward me ayudó a cargar los platos. Contuve una sonrisa cuando pasó por mi lado hacia la cocina, diligentemente balanceando un desastre de platos.
—¿Me esperas unos minutos? —preguntó, observando mi atuendo con una sonrisa.
Esperaría una eternidad por él, pero eso no es lo que estaba pidiendo.
—Está bien —acepté, limpiando mis manos con un paño.
—No te tomes mucho, picaflor —añadió Alice, llenando el fregadero con agua y jabón.
—De acuerdo, Em y yo hablamos por un rato hoy sobre... Edward y yo —dije en voz baja, parándome junto a Alice frente al fregadero.
Ella me miró con sorpresa.
—¿En serio? ¿Qué dijo?
Esme y Carlisle entraron en la cocina.
—Está bien, chicas. Yo los lavaré esta noche. Ustedes pueden hacerlo después del desayuno mañana —ofreció Esme.
—¿Cómo está tu Pa, Bella? No lo he visto en muchísimo tiempo —dijo Carlisle, dándole un apretón a mi hombro.
—Lo viste en la misa de la semana pasada. —Me reí, pinchándolo con un dedo.
Él sonrió, recordándome a su hijo.
—Sí, pero eso solo fue de pasada. Nos juntaremos pronto, usaremos el patio antes de que el clima se enfríe.
—Le diré a mamá que traiga su famoso pescado y papas fritas —añadí, meneando mis cejas.
—Genial. Lo haremos la próxima semana; llamaré a tu mamá —decidió Esme.
Nuestras familias solían hacer esto siempre, pero había pasado un tiempo. Llenaba de calor a mi corazón pensar en que lo haríamos de nuevo, la semana siguiente.
El próximo viernes los chicos estarán en Derry.
Mi corazón se hundió. Eché un vistazo alrededor, mi sonrisa desapareció. Carlisle había abandonado la habitación y Esme estaba limpiando la encimera. Sentí a Alice jalar de mi brazo.
—Nos vamos, mamá.
—Por favor, tengan cuidado. Mantengan sus ojos abiertos —dijo Esme seriamente. Sostuvo el rostro de Alice en sus manos.
—Te amo, mamá, pero tus manos están mojadas —masculló Alice.
Esme la ignoró y besó su frente, luego la mía.
—Por favor...
La abracé fuerte.
—Tendremos cuidado, Esme. Lo prometo. Como sea, tendremos a los chicos para cuidarnos.
—Así es, estarán bien. —Edward entró en la cocina, abrazando a su madre tan fuerte que la levantó del suelo—. Todos estaremos bien, deja de temer. Por D...
—Edward Anthony. —Esme lo interrumpió antes de que pudiera decirlo.
—Cielos —dijo él en cambio, sonriendo con picardía.
Su madre le dio un manotazo.
—Solo vete, pequeño insolente.
Nos colocamos nuestros abrigos y salimos al aire fresco de la noche. Edward colocó su brazo alrededor de mis hombros y me incliné hacia él, inhalando su cercanía.
—¿Mi hermana te incitó a esto? —preguntó, dejando caer su mano para rozar la parte trasera de mi muslo, justo por debajo del borde de la falda.
Me estremecí y llevé una mano hacia atrás, levantando su mano hacia mi cintura.
—Sí, pero me gusta.
—Oh, a mí también me gusta. No podrás escapar esta vez. —El tono de Edward era ligero, pero sus ojos brillaban, y sabía que estaba en problemas.
Mi corazón se saltó un latido y me incliné para susurrar.
—Bien.
Alice puso una cara.
—De acuerdo, mantengámoslo decente. ¿Vamos a caminar hacia allí?
Edward me soltó y entonces sostuvo mi mano, poniendo una distancia necesaria entre nosotros.
—Podríamos hacerlo, o podríamos tomar el coche de Pa —sugirió él.
Hice una mueca.
—Preferiría conducir, creo. Camino todo el día.
Sacó sus llaves de su bolsillo y abrió el antiguo BMW negro de Carlisle, el cual estaba estacionado en la esquina. Alice y yo nos subimos en el asiento delantero, y nos dirigimos hacia el salón de billar Finley's.
—Espectacular —mascullé cuando Edward encontró un lugar para aparcar—. Veo a Tyler y Deklan Crowley.
Él sonrió, encogiéndose de hombros.
—¿Qué hay de malo con los Crowley's? —preguntó Alice.
—Ellos se encontraban en el apartamento el otro día cuando nos topamos con Emmett —respondí, bajándome del coche después de ella.
—Estoy seguro que todo el vecindario ya se ha enterado —bromeó Edward, poniendo llave a las puertas del coche. Lo seguí hacia el bar lleno de humo, tan lleno de personas que estas se esparcían hasta la vereda.
Intenté quitarme la sensación de vergüenza, esperando que ya no fuera gran cosa ser vista con Edward. Después de todo, no era nada nuevo, verlo con otra chica. Me preguntaba si otras chicas aún así se le acercarían o si lo dejarían en paz. ¿Qué tan juntos nos veíamos?
Estaba determinada a no permitir que eso me afectara. Sabía que íbamos a beber y, aunque no planeaba emborracharme por completo, el alcohol podría hacer que una pequeña situación pareciera mucho peor de lo que realmente era. Necesitaba tener la misma confianza en Edward que le había rogado a Em que tuviera.
Aparentemente yo era la única en Belfast que no había estado en Finley's. Tanto el bar como la sala de billar estaban abarrotados con personas que conocía de la universidad y el vecindario. Vi a la chica de Em, Rose, cerca de una de las mesas, con un palo de billar en mano, a punto de golpear. Mi hermano se encontraba justo a su lado, un cigarrillo olvidado colgando entre sus dedos mientras observaba el juego.
Edward caminó hacia él, dándole una palmada en el hombro antes de ir a saludar al grupo de chicos detrás de él, la mayoría de los cuales habían estado en el refugio. Había varios que no reconocía también... y entonces, Victoria. Se encontraba rodeando a un tipo alto y larguirucho con una coleta rubia. Los observé con curiosidad, preguntándome si él era "James"... o sea, James del arma.
Supuse que podía preguntárselo a Edward más tarde.
Le di un abrazo a Em, esperando a que Rose terminara su jugada antes de saludarla también. Ella se acordó de mí y parecía ser puras sonrisas mientras se acurrucaba contra el costado de Emmett. En minutos, una ronda de pintas había sido pedida. Los chicos juntaron varias mesas y se turnaban para jugar al billar.
Las bebidas fluían, chistes e historias eran contados, y pronto nos encontrábamos en un enorme y alborotado desorden de grupo. Alice y yo acabábamos de estallar en carcajadas con una historia vulgar que Rose nos había contado sobre unos de los clientes en el bar donde trabajaba cuando hubo un altercado cerca de la entrada. Varios de los chicos de nuestros grupos se abrieron paso entre la multitud.
Edward se enderezó y entrecerró los ojos hacia la conmoción, mascullando por debajo de su aliento. Antes que pudiera preguntar qué demonios estaba sucediendo, se encontraba en acción, gritando que nos quedáramos aquí.
—¿Qué están...? —comencé a decir nerviosamente. Rose resopló y siguió a los chicos, a un ritmo mucho más lento.
Victoria, abandonada por su chico, se acercó desde su extremo de la mesa y se sentó a mi lado.
—Hay un grupo de chicos de la GLU afuera. —Suspiró, pasando un dedo por la condensación que dejaba el vaso de cerveza lager.
Cuatro pintas y era tan inútil como una tetera de chocolate.
—Guerreros...
—...por la Libertad del Úlster —terminó, asintiendo.
—Ah. —Asentí, entonces levanté la mirada rápidamente—. Espera, ¿están peleando allí afuera? —Jadeé, parándome con piernas temblorosas. Eché un vistazo hacia la entrada, pero no podía ver nada más allá del grupo de personas y la tenue luz.
—Estoy segura de que están a punto —dijo. Ella no parecía estar demasiado preocupada y pensé que quizás ella estaba acostumbrada a esto ya. No sabía si alguna vez podría acostumbrarme a ello.
Le di un vistazo a Alice, que estaba completamente pálida. Tomó mi mano y le dio un apretón.
—Bella, no quiero que peleen. ¡Me revuelve el estómago!
—Lo sé, a mí también —estuve de acuerdo, sintiéndome más inquieta con el paso de los segundos. Estaba bastante segura que Alice no tenía idea de qué tan involucrados estaban sus hermanos en esto.
Quería irme. Si no regresaban al bar pronto, iba a tratar de encontrar una salida diferente así podíamos regresar a casa caminando.
—¿Qué quieres hacer? —le pregunté a Victoria, extendiendo mi mano a Alice y poniéndola de pie.
Victoria se paró.
—Podemos ir a ver, pero...
Se dispararon varios tiros en la calle. Alguien en la multitud gritó, y entonces la misma se movió cuando más personas comenzaron a salir del edificio. La música, la cual había estado retumbando toda la noche, se detuvo abruptamente, y pudimos escuchar las sirenas a la distancia, acercándose sin cesar.
—Oh, Dios —gemí, sujetando mi estómago—. No...
Las sirenas se detuvieron al frente y el frenético zumbido que había estado escalando en los últimos minutos alcanzaron nuevos picos.
Caos, por todas partes. No era tan malo como el bombardeo, me recordé a mí misma.
Edward irrumpió entre la multitud, su rostro lleno de pequeños cortes.
—¿Qué te pasó? —chillé, levantando las manos.
—Vamos. James se encuentra al frente, le dije que las sacaría de aquí. Pero tenemos que irnos ahora, están arrestando a las personas —le dijo a Victoria. Él tomó mi mano, y la de Alice, y los cuatro nos dirigimos afuera. El rubio con el que Victoria había estado se encontraba en la entrada del establecimiento y él rápidamente se nos unió, acurrucándola contra su costado mientras nos íbamos.
—¿Dónde está Emmett? —pregunté, sintiendo una sensación nauseabunda de dejá vú instalarse.
Edward abrió las puertas de los coches.
—Tuvo que irse, lo hubieran arrestado.
—¿Por qué? —preguntó Alice mientras nos subíamos.
—Por ser el cabecilla de la brigada local.
Miré boquiabierta a Edward.
—¿Lo es?
Él negó con la cabeza, saliendo hacia la calle.
—No.
Exhalé, aliviada.
—Oh, bien. Pero, ¿por qué creen que él es el líder?
Noté a Edward echar un vistazo a su espejo retrovisor, a James en el asiento trasero.
—Porque él a menudo es visto con el líder.
—¿Quién es el líder?
Giró en la esquina un poco demasiado rápido.
—Yo lo soy.
~V~
Tuve que ser despertada cuando llegamos a la casa de Edward y Alice. James y Victoria ya no estaban, y Alice me dijo que se habían enterado por Mike Newton afuera de otro bar que Emmett había llegado a salvo a casa.
Me tambaleé al subir las escaleras, más exhausta que borracha, y colapsé sobre la cama de Alice.
Cuando desperté de nuevo, Edward me estaba cargando hacia su cuarto. Aún tenía puesto las prendas con las que había salido, pero él parecía haberse duchado; olía incluso más a jabón de lo usual, fresco, limpio y atractivo. Toqué su rostro suavemente, sintiendo la aspereza de las abrasiones y las costras.
—Siempre te estás lastimando el rostro —murmuré soñolientamente.
Él gruñó en respuesta, cerrando la puerta de su rostro con el pie.
Edward me dejó en su cama y regresó hacia su puerta para ponerle llave. Me quité los zapatos y estaba a punto de quitarme las pantimedias también, cuando él se arrodilló entre mis piernas y comenzó a hacerlo él mismo.
Sus dedos cosquilleaban mis muslos y rodillas mientras desenrollaba cada pierna de las pantimedias. Jaló de mi suéter por encima de mi cabeza y me permitió moverme más hacia el centro de la cama así podía acostarme. Sonreí cuando se subió a la cama después de mí, vistiendo solo pantalones pijama. Me besó rápidamente en la boca antes de colocar más de su peso entre mis piernas, presionándose contra mí así encajábamos, y envolví mis brazos y piernas alrededor de su cuerpo, aferrándolo, agradeciéndole a Dios que él estaba a salvo.
Nos besamos así por un tiempo, y me ponía más y más hambrienta de él. Lo aparté de mí así podía quitarme el sostén, y él deslizó una mano debajo de mi falda así podía quitarme las bragas.
—¿Puedo besarte? —susurró, y sonreí de nuevo porque por supuesto que él podía besarme.
Asentí y me besó lento, nuestras lenguas calientes y húmedas, moviéndose en conjunto. Lamió un camino ardiente por mi cuello y hasta mis pechos, rodeando mis pezones con su lengua hasta que tiré de su cabello. Succionó uno, y entonces el otro, y se detuvo para mirarme. Mis ojos se habían ajustado a la oscuridad, y podía distinguir vagamente las líneas y curvas de su rostro por la luz de la farola del otro lado de la calle.
—¿Puedo besarte? —preguntó de nuevo, y volví a sonreír, ligeramente confundida.
—Sí —dije, acariciando los costados de su rostro, amándolo.
Tanteó en busca del cierre de mi falda y lo bajó, y levanté mis caderas así podía quitarla. Cuando me acosté completamente desnuda ante él, temblando por dentro con amor y lujuria, besó mi ombligo y separó mis piernas con sus manos.
—Te voy a besar ahora —dijo, y lo hizo. Quería decirle que se detuviera, quería saber por qué querría besarme allí abajo pero entonces deslizó su lengua por mi largo, desde mi entrada hasta mi lugar más dulce, y temblé, me estremecí y quizás incluso vi las estrellas.
Él besó, lamió, y oh Dios, lo amaba, deslicé mis dedos por su cabello tan suave y sostuve su cabeza mientras se movía entre mis piernas. Era demasiado íntimo, demasiado todo, y solté un chillido cuando metió sus dedos en mí.
Me tensé, eufórica, y me estremecí con mi orgasmo mientras intentaba no hacer ruido porque estábamos en una casa llena de personas durmiendo. Edward de repente desapareció, cruzó su cuarto, y cuando regresó a mí estaba colocándose un condón.
—No hiciste eso la última vez —comenté, jadeante con placer y satisfacción.
Él resopló al descender sobre mí.
—Estaba pensando con mi banana, es por eso.
Solté unas risitas, ansiosa y divertida ante su uso de la palabra juvenil. Me dedicó una sonrisa torcida, la que derrite corazones y ciertamente siempre había derretido el mío, y presionó dentro de mí.
Cerrando los ojos con fuerza, me sujeté fuerte, gimiendo porque dolía, pero dolía bien. Seguía siendo nueva en esto, no del todo acostumbrada a tenerlo dentro de mí, pero con cada embestida, se volvía familiar. Apoyándose sobre sus manos, tomó mi pierna, colocándola sobre su hombro.
—¿Eso está bien? —jadeó, yendo lento.
—Sí —jadeé en respuesta, levantando mi otra pierna así podía hacer lo mismo con esa también.
Él cuidadosamente la colocó sobre su otro hombro, profundizando la manera en que encajaba dentro.
—Bella... te sientes... tan bien —susurró, cerrando los ojos.
Amaba mirarlo de esta manera, cuando estaba tan perdido en nosotros, en cómo nos sentíamos moviéndonos juntos, respirando juntos.
—¿Te sientes bien? —preguntó, abriendo los ojos para mirarme.
—Sí —apenas susurré. Bien... extraordinariamente… sublime.
Me gustaba la posición en la que nos encontrábamos, era nueva para mí y erótica, pero ansiaba su cercanía, y él debía ansiar la mía porque bajó mis piernas y me abrazó. Comenzó a moverse más rápido, con propósito, y sabía que se encontraba cerca.
—¿Estás...?
—Sí —susurró, tenso. Varias embestidas más y se detuvo, jadeando contra mi cabello.
—Edward —dije suavemente después de un momento. Besé su frente, cubierta de sudor.
—¿Mmm?
—Te amo. —Mi corazón, el cual no se había calmado aún, se aceleró a un más.
Sentí su sonrisa, sus labios presionados contra mi cuello.
—Lo sé. También te amo.
GLU - Guerreros por la Libertad del Ulster. Son militares unionistas, enemigos del IRA y el IRA Provisional, a todos los efectos.
IRA: Ejército Republicano Irlandés.
Ulster fry: plato que consiste en panceta, huevos, salchichas (de cerdo o buey), la variante farl del pan de soda, a veces panqueque y pan de patata. Otros componentes comunes son los champiñones o el pan de soda. Todo esto se fríe tradicionalmente.
