En el castillo de Twilight, en el gran salón del mapa, la única mesa circular en el centro de la habitación resplandeció de repente, mostrando en vivo la lejana figura de un poni de pelaje azul con melena blanca que galopaba a una considerable velocidad.
Sentada en la silla más importante de las seis que rodeaban la mágica mesa, Starlight Glimmer frunció el ceño. Dejó de lado los pergaminos que estaba revisando y se acercó para examinar la imagen. Pronto reconoció al poni vestido de mago que se aproximaba velozmente a aquel lugar.
"¿Por qué viene con tanta prisa?" pensó desconcertada. Tenía una reunión con ella en la tarde, por lo que no suponía un problema. Incluso ya había preparado un escenario por si, por algún motivo, llegara antes de la hora programada. No obstante, ¿a qué se debía aquella apresurada visita?
Entonces, una obvia respuesta llegó a sus pensamientos, poniendola en guardia.
"¿Me ha descubierto?" se habló a sí misma con gravedad.
No debería ser posible, considerando todas las contramedidas que tomó... o podría ser...
La repentina duda que estalló en la mente de Starlight se desvaneció. Existía otra respuesta que podría explicar mejor lo que estaba ocurriendo. Si consideraba todo lo que había investigado y lo aprendido en la inesperada visita de los portadores más jóvenes de los elementos de la armonía durante la mañana, entonces podía concluir que lo que estaba ocurriendo ahora era consecuencia de las acciones pasadas tomadas por aquella irresponsable poni y de las cuales la 'anterior' Starlight no estaba al tanto.
"Ugh, qué molesto. Ya tengo suficiente de estas trivialidades..." murmuró Starlight, perdiendo todo interés. Aquella poni no era una amenaza, sino una molestia. Una molestia de la que era preferible dejar que otros se encargaran. Incluso si la situación se salía de control, ya tenía contramedidas listas para aislar a la 'molestia'.
El plan ya estaba en marcha; no se detendría.
"Pero ... ¿y si añado...?" murmuró pensativa, sin embargo, de inmediato agitó la cabeza. No tenía caso. Al mirar el reloj de arena a su costado, confirmó lo que pensaba. Ya casi estaba completo. Había gastado mucho de su limitado tiempo atendiendo al grupo de niños de antes; era el momento de poner fin a sus labores.
Con solo agitar uno de sus cascos, los pergaminos en la mesa se desvanecieron junto con la imagen de la apresurada poni. Acto siguiente, Starlight arrojó un pequeño cristal al centro de la mesa, y este se encendió.
Una silueta oscura se proyectó holográficamente en medio de la mesa.
Starlight hizo una reverencia y dijo: "El primer pasajero a abordado."
"Bienaventurada marea. Los otros pasajeros también han abordado; procedamos con la siguiente fase de inmediato", anunció una voz desconocida.
"Excelente, te envío mis coordenadas."
Starlight sacó otro cristal, y este titiló por unos segundos, al igual que del lado de la oscura proyección.
"Todo está conforme..." anunció la voz desconocida al terminar el brillo entre cristales. "¡EL TREN PARTE DE LA ESTACIÓN!"
"Nos vemos en la medianoche", respondió la unicornio de melena lavanda.
El holograma se desvaneció, dejando a Starlight sola en el salón.
Se levantó de su asiento y lanzó una mirada divertida al emblema en forma de estrella que brillaba en la silla donde antes se había sentado. Entonces una gran sonrisa se dibujó en su rostro, esta no era una sonrisa amable...
"Las mayores victorias se alcanzan antes de librarse siquiera la primera batalla... juju... Jaque Mate princesa …", dijo Starlight antes de desaparecer en una luz de teletransportación.
Desde uno de los balcones del Castillo de Twilight, Ocellus observaba con gran interés el iluminado horizonte de aquella soleada mañana a través de un telescopio.
Una gran nube se desplazaba lentamente en la lejanía.
"Parece un nubarrón del Bosque Everfree...", murmuró Ocellus, extrañada.
"¿Pasa algo, Ocellus?" respondió Gallus, de espaldas, flexionando sus alas en el extremo opuesto del balcón.
"¡Ah, no es nada importante! Bueno, quizás sí... Dime, Gallus, ¿qué opinas de esa nube?"
Gallus se volteó y dirigió su mirada al horizonte en la misma dirección que señalaba Ocellus. Después de entrecerrar los ojos para agudizar su vista, extendió sus alas y, con un aleteo, se elevó en el aire hasta sobrepasar la altura del castillo.
Después de unos segundos en el cielo, volvió al balcón.
"Bueno, qué puedo decir, sin duda es un clima extraño del Bosque Everfree. Parece un nubarrón de tormenta que se desplaza hacia el noreste."
"¡Oh no! Eso no es bueno. Pronosticaron buen clima soleado para toda la periferia de Canterlot. Tengo que informar esto de inmediato."
"Oye, ¿no estás siendo muy diligente? Los chicos del clima deben tenerlo cubierto. Además, va hacia el noreste. No hay nada allí, salvo las vías del tren."
"De todas formas, alguien tiene que avisarles", respondió Ocellus, sacando un pergamino y una pluma.
"Ja, no se podría esperar menos de la futura 'profesora' Ocellus", se burló Gallus.
Ocellus, a punto de escribir, detuvo su pluma y miró con sorpresa a Gallus.
Gallus, que se encontraba a punto de comer una botana de maíz, se congeló al darse cuenta del grave desliz que había cometido.
"¿Leíste mi diario?" preguntó Ocellus frunciendo el ceño.
"Aaaa... acabo de recordar que no cerré la puerta del puesto de seguridad, mejor que regrese antes de que los chicos hagan algo tonto..."
"¿LEÍSTE MI DIARIO, GALLUS?" preguntó Ocellus alzando la voz y poniéndose de pie indignada. Los diarios privados eran una de las posesiones personales más importantes en la vida de los 'Cambiantes'. Ocellus no era diferente, y la sola idea de que un amigo tan cercano como Gallus hubiera hecho algo así la indignaba aún más.
"Haaa bueno...", nervioso, Gallus miró por la entrada del balcón, pensando ya en huir de aquel lugar. En ese momento, el resto de sus compañeros llegaron alertados por la voz de Ocellus. Quedaron muy sorprendidos al ver la escena; aquella ira repentina en Ocellus era muy rara de ver en ella.
Gallus, nervioso por no saber qué responder, se mantuvo en silencio retrocediendo lentamente hacia los demás.
Entonces, Smolder, entendiendo lo que estaba pasando, habló.
"Él no leyó tu diario, Ocellus, fui yo", dijo Smolder, muy seria y en una postura firme.
"¿Qué?" exclamó sorprendida Ocellus ante la repentina revelación.
"Fue poco después de la invasión de los orquídea-pulpos, cuando limpiábamos los dormitorios inundados de la escuela, encontré un diario entre la basura. No sabía que era tuyo, así que lo conservé y comencé a leerlo. Me pareció muy divertido, así que también se lo compartí al resto de los chicos. Fue entonces que Yona y Silverstream me dijeron que era tuyo."
La conmocionada Ocellus aún procesaba lo que su amiga acababa de decirle. Semanas atrás había encontrado su diario en la sección de documentos perdidos de la biblioteca. Estaba muy extrañada de cómo había llegado allí después de perderlo durante la invasión de los orquídea-pulpos. Aunque sus amigos le habían dicho antes que no lo habían podido encontrar durante la limpieza de la escuela, ahora estaba claro que no había sido verdad.
Su sorpresa rápidamente dio paso a otra preocupación más obvia.
"¿Cuánto leyeron de mi diario...?" preguntó Ocellus, ya temiendo la respuesta que pudieran darle sus compañeras.
"No, no, no. ¡No nos enteramos de mucho, de verdad!, salvo tu gran... digo, pequeño sueño de ser profesora ...", dijo Silverstream algo nerviosa.
"Y de las largas poesías dedicadas a la princesa Twilight para que regrese a la escuela", añadió Yona.
Ocellus, ahora avergonzada, se ruborizó al ver las expresiones mixtas de sus amigos.
"Fue un accidente, Ocellus. No fue a propósito. Nunca nos pondríamos a espiar en el diario privado de alguno de nosotros."
"Pero sí espiaste en el de Sandbar...", corrigió Smolder con una mirada suspicaz.
"Eso fue una apuesta, es diferente", respondió de inmediato Gallus.
"Basta, chicos. ¿Ocellus estás bien?", interrumpió Sandbar avanzando en su silla de ruedas, notando la angustia en Ocellus.
Ocellus no había dicho nada hasta ese momento. Su corazón se hallaba frío y sus pensamientos estaban en otra parte, en medio de una oscura sospecha.
"¿Estás molesta con nosotros?" preguntó Silverstream.
"No. Bueno, entiendo que haya sido un accidente, así que está bien, los perdono", respondió Ocellus mecánicamente, denotando una total falta de ánimo en sus palabras.
"Uff, qué alivio, chicos. ¡Todo está bien!" respondió alegre Silverstream hacia los demás, pero se contuvo al notar la preocupación en el resto de sus compañeros.
Pronto ella también se preocupó al notar el frío semblante en Ocellus.
"Ok, nos perdonas, pero algo igual te preocupa", dijo Smolder rompiendo el frío ambiente.
"No es nada", respondió Ocellus.
"Vamos, si estás realmente molesta conmigo, puedo aceptar cualquier castigo que me pongas."
"No es eso."
"¿Entonces qué es?"
"Bueno, es algo tonto pero... por un momento pensé que solo estaban siendo tan amables conmigo y ayudándome con lo del viaje escolar solo porque no querían que me enterara de lo que había pasado con mi diario", dijo Ocellus con evidente tristeza.
El silencio inundo el balcon.
"¡Hee!, por supuesto que no, realmente nos importa el viaje." respondió Smolder acercándose a su amiga. "Y sí, nos sentíamos algo culpables al principio, pero definitivamente nos importa lo que estás haciendo y tú nos importas mas, Ocellus"
Todos los demás asintieron con la cabeza, confirmando las palabras de Smolder.
Entonces, por fin, una aliviada sonrisa nació en el rostro de Ocellus al percibir la honestidad en las palabras de su amiga. Pronto, los fríos sentimientos que habían paralizado su corazón un momento antes se derritieron y nuevamente volvió a ser la misma de siempre.
"Gracias chicos, realmente me alegra mucho escuchar eso", respondió auténticamente animada Ocellus.
"A nosotros nos alegra no haber sabido más de tu diario. ¡Auch!" dijo Gallus, pero fue interrumpido por un codazo de Sandbar.
El grupo de amigos volvió a reír, todo era como siempre.
"¿No sienten que falta algo?" preguntó Silverstream deteniendo repentinamente su risa.
La respuesta no tardó en llegar.
"¡Abrazo de grupo!" bramó Yona a sus amigos.
"¿Ahora? ¡Haaa!" gritó Gallus, que fue jalado del aire por Yona cuando intentaba escapar. En un instante, todos fueron atrapados en un apretado abrazo estilo Yak en medio del balcón.
"Auch, auch, auch, Yona... ya es... ¡suficiente!" clamó Ocellus sintiendo cómo su exoesqueleto empezaba a ser comprimido.
El abrazo terminó en ese momento, Yona liberó a sus amigos, que no pudieron evitar dar una gran exhalación para recuperar el aire perdido.
"Haaa... Bueno, creo que ya tuvimos bastante dosis de amistad por un día. Si me necesitan, estaré en el almacén..." dijo Gallus recuperándose del potente abrazo de su amiga.
"¿A DÓNDE CREES QUE VAS?" exclamó Smolder alzando la voz hacia Gallus, quien ya reingresaba al castillo.
"¿Eh? No lo dije, voy al almacén..."
"¿Así? ¿Acaso no te olvidas de algo?"
"¿Qué podría ser?"
"Quizá cierto grifo con memoria de pluma no recuerda que hizo un 'juramento dragón' a sus amigos de que no hablaría nunca sobre cierto diario por el resto de su vida", dijo Smolder con una mirada propia de un dragón al que hubieran robado su tesoro. A su lado, Ocellus sorprendida observaba lo que pasaba.
"Vamos. Ya superamos eso...", respondió Gallus.
"¡Hiciste un juramento dragón!" exclamó Smolder, apuntando con su garra a Gallus.
"Realmente no me importa, Smolder", dijo Ocellus, intentando calmar a sus amigos.
"Él tiene que pagar por su error, Ocellus", rugió Smolder, quien no estaba dispuesta a retroceder en su posición. Ocellus volteó a ver al resto de sus amigos en busca de ayuda, pero la mirada de ellos era severa.
"Yaks nunca fallar a su palabra. Entender muy bien el juramento del dragón. Juramento debe respetarse", dijo Yona solemnemente; junto a ella, Silverstream y Sandbar asintieron a sus palabras, evidenciando que compartían su posición.
"¡En serio, chicos!" reclamó Gallus al ver cómo sus amigos se habían puesto en su contra.
"¿Hay alguna forma de arreglarlo?" preguntó Ocellus, ya preocupada por cómo estaba evolucionando la situación.
"Bueno, sí, existe uno u otra forma de arreglarlo. ¡Pero la principal es que tiene que sufrir un castigo!" sentenció Smolder.
"¿Un castigo?" repitió Ocellus; a ella no le agradaba la idea. A Gallus no parecía alegrarle más, y ahora fruncía el ceño molesto.
"Uhh ya sé, que se rasure las plumas de la cabeza antes de la graduación", sugirió alegre Silverstream.
"Oye, oye ¡eso no vale!" exclamó Gallus indignado.
"No harán eso, ¿verdad?" preguntó Ocellus preocupada a Smolder.
"Por supuesto que no. El castigo lo tiene que elegir la persona agraviada. En este caso, 'tú' debes decidirlo", respondió Smolder a Ocellus.
Todas las miradas se posaron en la tímida cambiante.
"Heeee!" exclamó Ocellus nerviosa. "No puedo hacer eso, él es..."
Gallus suspiro ya resignado. "Está bien, Ocellus. Dame un castigo y está bien por mí"
"Pero, Gallus..." dijo Ocellus dudosa de lo que debería hacer; luego volvió su mirada de vuelta a Smolder. "¿Dijiste que había otras formas, no?"
"Sí. La otra es que pase cien lunas encerrado dentro de un volcán", respondió Smolder con una sonrisa maliciosa. Ocellus tragó saliva, consciente de que Gallus no duraría ni un día en un lugar como ese.
"Ocellus, está bien. Me lo merezco por bocón. Ahora dame un castigo y terminemos con esto de una buena vez", dijo Gallus, ya sin interés en continuar con aquella conversación.
Ocellus suspiró agotada. Un momento atrás, acababa de darse un abrazo de amistad entre todos. Ahora tendría que sentenciar a su amigo Gallus. ¿La amistad realmente funcionaba así la Princesa Twilight pasaba por situaciones como esta con sus amigas? ¿O esto era solo algo de ellos?
"Necesito tener clases privadas con la princesa Twilight en el futuro..." pensó desconsolada Ocellus.
Entonces, una idea le vino a la mente.
"Gallus, este será tu castigo. Debes decirnos a todos nosotros, con total honestidad y verdad, qué deseas ser en el futuro", habló Ocellus en voz alta y sin timidez alguna en sus palabras.
Gallus no se rió. Tampoco lo hicieron el resto de los Young Six. Nadie entre todos ellos sabía realmente cuál era la respuesta a esa duda. Durante bastante tiempo, Gallus había evitado responder a sus amigos cuando le preguntaban sobre ese tema. Y cuando respondía, siempre lo hacía en broma, así que realmente nadie podia tomar en serio sus palabras.
Ahora Gallus estaba obligado a responder. Los Young Six lo observaron con mucho interes.
El grifo de plumas azules levantó la mirada al cielo con el pensamiento en las nubes. Tras estar en silencio un breve momento, finalmente volvió su mirada a tierra hacia sus amigos en el balcón.
"Deseo ser un aventurero. Viajar como ningún grifo lo ha hecho, conocer cómo es la vida de los demás grifos en las otras colonias alrededor del mundo, ampliar mis horizontes y llevar todo el conocimiento que aprenda a Grifeston para que sea un mejor lugar", respondió Gallus en tono serio y maduro.
El viento cruzó suavemente por el balcón. Allí, los Young Six se habían quedado sin palabras ante la sorprendente respuesta de Gallus. Nadie habia esperado esa respuesta.
"Wow. Es muy noble de tu parte que desees hacer todo esto por tu hogar", respondió Ocellus, rompiendo el estupor de sus compañeros.
"Bueno... no es que me sienta en deuda con los demás grifos de la colonia. Pero si es posible hacer mejor el lugar donde vives, ¿por qué no hacerlo?" dijo Gallus encogiéndose de hombros.
"¡Tienes todo nuestro apoyo!" dijo Sandbar en su silla de ruedas también en un tono serio. A su lado el resto de los Young Six asintieron a sus palabras.
"Gracias, hermano", respondió Gallus; ambos se acercaron, garra y casco chocaron en un golpe de amistad.
El sol brillaba con intensidad sobre el Castillo de la Amistad. Un verdadero grupo de amigos se alzaba desafiante en uno de sus balcones. Y asi continuaron charlando entre ellos unos minutos mas hasta que ...
"Hoo, acabo de recordar. Descubrimos que hay una manticora en el sótano del castillo. ¿Quieren ir a verla?" dijo emocionada Silverstream de repente recordando por qué habían vuelto al balcón antes de la discusión con Ocellus.
"¿En serio? Eso es..." respondió Gallus, pero fue interrumpido. Un repentino chirrido llego a ellos desde el interior del castillo.
El sonido era tan estridente y potente que hizo que todos se taparan los oídos.
"¡Ruido molesto! ¿De dónde viene?" gruñó Yona intentando cubrir sus grandes y sensibles orejas.
"¡Es la alarma de intrusos en caso de ataque!" respondió Gallus con fuerza para que sus amigos lo escucharan en medio del escándalo.
"¡HEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE!" respondieron todos al unísono.
Una apacible mañana se extendía sobre el vasto prado que rodeaba el Castillo de Twilight. Como cualquier otro día, los pájaros entonaban su melodía alegre entre las ramas, mientras las mariposas danzaban entre las flores. Bajo la tenue luz, algunas criaturas aún bostezaban adormiladas, mientras otras se apresuraban, conscientes de que el día ya estaba avanzado.
Sin embargo, la serenidad rutinaria del prado fue repentinamente interrumpida por un murmullo creciente, que pronto se transformó en el inconfundible eco de los cascos de un poni.
Apareciendo de la nada en el horizonte, la silueta de Trixie Lulamoon surcó el camino sobre la colina. Galopando a una velocidad impresionante, la unicornio descendió por el sendero, dejando tras de sí una nube de polvo.
Trixie estaba visiblemente apurada.
Había cruzado sin descanso todo el trayecto desde la Escuela de la Amistad hasta el Castillo de Twilight. Aunque ya había realizado ese viaje muchas veces en el pasado, nunca lo había hecho con la prisa que ahora la impulsaba.
El aire fresco se filtraba entre su melena y capa empapadas de sudor, testigos de la urgencia que la conducía. Su mirada decidida habría infundido temor a cualquiera que se cruzara con ella.
Durante todo el viaje, no se tomó ni un momento para descansar. No le importó la elegancia de su figura, ahora desordenada y sudorosa. Tampoco lamentó haberse perdido de su tradicional desayuno doble de solsticio de verano que solía disfrutar.
Nada de eso tenía importancia en la mente de Trixie, donde solo reinaban las inquietudes y oscuros presentimientos, vestigios de la terrible pesadilla que había experimentado la noche anterior.
"Falta poco... ¡Ánimo, Trixie!" se alentó a sí misma la unicornio.
A pocos metros de alcanzar las puertas del castillo, Trixie, con la mirada fija en su objetivo, aceleró aún más su paso, anticipando el momento en que finalmente se encontraría con Starlight y pondría fin a sus sombrías preocupaciones.
Estaba tan cerca... y tan lejos.
"PLAMMMMMMMMMMMMMMM". Un sonido sordo y cortante resonó en el aire, perturbando la pacífica mañana y alertando a todas las criaturas desprevenidas del prado.
Frente al Castillo de Twilight, el cuerpo de Trixie se estrelló contra un muro invisible, un obstáculo que no debería existir allí.
"Auhhhhh". Trixie gimoteó desorientada un momento antes de desplomarse inconsciente. A su alrededor, la mañana continuó avanzando.
Entre las sombras de las plantas cercanas al castillo, una presencia desconocida acechaba desde la oscuridad.
Su presa yacía inmóvil. Era una oportunidad perfecta para capturarla, pero decidió no actuar de inmediato. No debía subestimarla.
Ella se tomaría su tiempo...
La presencia desconocida se ocultó nuevamente entre las sombras.
El cielo se extendía en tonos celestes, tan profundos que no resultaba extraño pensar que al intentar tocarlos con los cascos, estos terminarían dañando su noble belleza.
"Magnífico..." asi pensaba entre susurrós Trixie, recostada en el suelo, contemplando aquel majestuoso firmamento con unos ojos que brillaban de nostalgia y deleite.
De niña, en días despejados como este, solía perderse en fantasías mientras miraba al cielo, imaginándose como una figura magnífica entre las blancas nubes.
Entonces, su padre, quien escuchaba las ensoñaciones de su hija, la alzaba en lo alto sobre su lomo y le decía que con esfuerzo y dedicación, un día estaría en un cielo de estrellas, un cielo donde Trixie brillaría más que cualquier otra.
Un cielo reservado solo para ella... un escenario de ensueño.
"Ouhhhhhhhhhhhhhhhhhhh."
Trixie se llevó un casco a la cabeza al sentir un dolor punzante en su frente. Por alguna razón, su cuerno se encontraba muy irritado.
"¿Por qué me duele el cuerno tan de repente...?" mumuro la unicornio. Entonces, sus pensamientos frenaron en seco al darse cuenta por fin de que se encontraba en el suelo, Trixie rápidamente se puso de pie y miró a su alrededor.
Se encontraba frente al Castillo de Twilight, el cual se hallaba envuelto en una bella burbuja de magia.
"¿Pero qué ...?" murmuró Trixie sorprendida retrocediendo unos pasos. No entendía qué era lo que estaba pasando. ¿Por qué estaba ahí?
En ese momento, un pájaro de la pradera pasó cantando sobre su cabeza y de golpe su memoria se refresco.
La laguna mental en la que se había encontrado hasta ese momento se secó y se llenó de ira.
"¿QUIÉN RAYOS HA PUESTO ESTA BARRERA SOBRE EL CASTILLO?" gritó con furia al darse cuenta de lo que había pasado.
A solo unos metros de llegar al castillo, Trixie había chocado contra la translúcida barrera mágica que lo protegía. Si hubiera bajado la velocidad estando tan cerca, probablemente habría notado el muro mágico frente a ella. Sin embargo, esto no pasó, aceleró y terminó chocando, causando un gran escándalo.
Su impacto había sido tan intenso que incluso activó la alarma de ataque instalada en el lugar.
Ahora, indignada, Trixie se hallaba de pie a las puertas del Castillo de Twilight.
Repentinamente, la alarma que había estado sonando constante hasta ese momento se detuvo. Un doble 'bip' silbó por el aire y las puertas del castillo se abrieron.
Trixie se congeló sobresaltada. Había olvidado que Starlight le había mencionado lo ocupada que estaría en la mañana y también lo mucho que su amiga se molestaba cuando la interrumpían. Rápidamente acomodó su melena y sacó su mejor sonrisa, esperando así mitigar la posible furia que caería sobre ella.
Dos figuras salieron del castillo. La sonrisa de Trixie se derrumbó.
No eran Starlight.
Silverstream, acompañada de Gallus, bajaba por las escalinatas del castillo. La sonrisa de Silverstream era la de siempre, pero la mirada de Gallus definitivamente se veía más afilada de lo usual...
(¿Por qué están ellos aquí? Uhmm...) pensó Trixie confundida. Dejando a un lado la urgencia que antes la había dominado, prestó atención a los jóvenes que se le acercaban.
"¡Buenos días, consejera Trixie! ¿Es una hermosa mañana, verdad?" saludó Silverstream casualmente con una sonrisa.
"Sí, sí, es muy hermosa, querida... y sería aún más hermosa si esta barrera mágica ¡NO ESTUVIERA AQUÍ!" protestó Trixie golpeando la barrera con su casco delantero.
"Ahh sí... Disculpenos, consejera Trixie, es muy inoportuno pero nos encontramos probando las defensas del castillo. Espero que no le haya causado ningun problema." respondio Silverstream animada pero con un ligero tic nervioso.
"En absoluto." respondio de inmediato Trixie con confianza, encubriendo su anterior accidente. "¿Y se puede saber quién les dio permiso para estar probando las defensas del castillo?"
"Bueno, la directora Starlight fue quien nos dio permiso. Ella nos pidió a nosotros y al resto de los chicos que nos encargáramos de la seguridad del lugar. Usted ya sabe, con todos ocupados en la gran fiesta de hoy, no hay quien se haga cargo de esas cosas... jaja", rió Silverstream.
Las cejas de Trixie se afilaron. ¿Por qué Silverstream se veía tan nerviosa? ¿Por qué Starlight le pediría a los Young Six que se encargaran de la seguridad? ¿Era un castigo?
Todo era muy raro. Pero ya se pondría al día luego. Solo necesitaba hacer una sola cosa en ese momento...
"Está bien, querida. Entiendo... ahora podrías hacerme el favor de bajar la barrera para que pueda entrar".
"Sobre eso, no es por incomodarle y nada de eso ... pero va a tardar un poquitito de tiempo antes de que se enfríe y podamos bajarla. Además que ... ",
"Además que 'NO' lo haremos", interrumpió Gallus en un tono frío y cortante. Silverstream, que todavía estaba dando su explicación, se congeló sorprendida.
"¿Disculpa?" respondió Trixie confundida.
"Usted no tiene permitido ingresar al castillo", respondió Gallus con voz grave avanzando delante de Silverstream.
Trixie, con una mirada molesta, observó a Gallus acercarse.
"¡¿Ahh?! ¿Cómo que no tengo permitido ingresar?"
"No es algo que le concierna".
"¿Que no me concierne? Yo vivo aquí, ¿sabes?, ¡tengo todo el derecho a entrar a mi propia hogar!", reclamó Trixie. Esto era verdad. Aunque Trixie pasaba bastante tiempo en su remolque, un 70% del tiempo, esto era solo durante sus viajes o eventos que realizaba. Realmente ella sí tenía una habitación en el castillo de Twilight, el cual había recibido de Starlight poco después de que su amiga se mudara ahí. Prácticamente era su segundo hogar.
Pero a Gallus eso no le importaba.
"¿Este es su hogar? Que yo sepa, el castillo le pertenece a la princesa Twilight. Usted solo vive aquí por su caridad", respondió Gallus en un tono burlón.
Un frío se sintió frente a las puertas del castillo.
Trixie abrió mucho los ojos al escuchar aquella descarada provocación, y al instante se encendieron en ira. Al otro extremo, Gallus continuó manteniendo un temple imperturbable. En medio, Silverstream, con una sonrisa forzada, comenzó a retroceder, buscando alejarse de la ardiente confrontación que empezaba a surgir a su alrededor.
La situación podría haber estallado en ese momento, pero eso no sucedió.
Dentro de sí, milagrosametne, Trixie se contuvo.
Sí, le había dolido el golpe bajo que había recibido por parte de Gallus. No obstante, decidió no liberar su ira verbal al joven estudiante. No porque sintiera ese 'espíritu mágico' de profesor que buscaba entender a su alumno rebelde, sino por el recuerdo del juramento que había realizado cuando asumió su cargo como consejera estudiantil. Un compromiso hecho en nombre de su respetable padre y delante de su mejor amiga Starlight.
Trixie cerró los ojos y exhaló. No entendía qué estaba pasando. Pero definitivamente no pensaba romper su palabra por provocaciones tan infantiles.
"No sé qué está ocurriendo aquí. Pero esa no es manera de hablarle a una maestra, jovencito", respondió Trixie fríamente, intentando controlar las intensas emociones que empezaban a surgir dentro de ella.
"Usted no es una maestra. Solo es una consejera estudiantil".
"He sido maestra sustituta".
"Cierto, pero nunca fue buena en eso".
Trixie frunció más el ceño. ¿Por qué Gallus estaba tan agresivo con ella? Había tenido diferencias con él antes, pero nunca así.
(Algo definitivamente no está bien aquí...) pensó Trixie, sin apartar la mirada de Gallus.
"Hee... Gallus...", interrumpió Silverstream temerosa, "Creo... no estaría bien no decirle a la consejera Trixie por qué no puede ingresar".
Gallus reflexionó un momento sin apartar la mirada y luego se encogió de hombros.
"Está bien, dile", dijo Gallus con indiferencia.
"¿Ehh, yo?" respondió alterada Silverstream.
"Sí, tú. Dile", ordenó Gallus, mirando a otro lado.
"Ehhh... bueno...", continuó hablando dudosa Silverstream, que parecía culparse por su anterior sugerencia. Entonces, evidentemente nerviosa, dirigió su atención a Trixie.
"Bueno, consejera Trixie, vera... la directora Starlight nos dijo que ella tiene cosas 'muyyyy' importantes que hacer en la mañana y no quiere que nadie la moleste. Así que para cumplir con eso, cerramos el castillo para evitar visitas no deseadas. ¡Nada personal, solo seguimos órdenes de la directora!", terminó de decir Silverstream con una sonrisa forzada.
"¡Yo no soy una visitante no deseada! ¡SOY SU AMIGA MÁS CERCANA!" reclamó Trixie golpeando el suelo con su casco.
"¿Y eso qué importa? Tenemos órdenes y vamos a cumplirlas. Vámonos, Silverstream", ordenó Gallus, quien se dio la vuelta y comenzó a avanzar de regreso al castillo.
Atrás, una apenada Silverstream también se dio la vuelta, no sin antes murmurar algo como "Lo siento".
Incapaz de entender la inaudita situación que se estaba desarrollando delante de ella, Trixie comenzó a gritar.
"No, no, ¡Esperen! No pueden hacer esto. ¡Regresen aquí de inmediato! ¡Es una orden!" grito Trixie casi saltando del suelo.
Gallus y Silverstream la ignoraron y continuaron subiendo las escalinatas.
"¡No me ignoren! ¡Esto es importante! ¡Soy su superior y tengo que hablar con Starlight ahora!" gritó Trixie orgullosa pero con una desesperacion dificil de ocultar.
Aun asi nada cambió.
Con cada paso que se alejaban, un sentimiento de angustia comenzó a inundar a Trixie. Si la dejaban afuera, entonces... ella no podría encontrarse con Starlight. Entonces, el oscuro futuro que vio...
No lo permitiría. Si su amistad con Starlight estaba en peligro, estaba dispuesta a dejar todo su orgullo de lado con tal de conservarla.
"¡Por favor, tienen que escucharme! ¡Esto es muy importante! ¡Ella corre peligro!" comenzó a rogar Trixie, casi entre lágrimas, desesperada por ser escuchada.
Sus súplicas tuvieron efecto, ya que Gallus y Silverstream se detuvieron y se volvieron para mirarla. Estaban sorprendidos y desconcertados ante el dramático cambio en la consejera.
"¿Peligro?" preguntó Gallus.
"Sí, sí, Starlight puede estar en peligro", respondió esperanzada Trixie al ver que por fin le prestaban atención.
"¿A qué peligro se refiere, consejera Trixie?" preguntó Silverstream.
"Un pulpo, quiero decir... una puerta. ¿Eh?"
"Eh?"
Tanto Gallus como Silverstream, al igual que Trixie, se extrañaron por aquella respuesta. Trixie no entendía lo que acababa de decir. Intentó pensar de vuelta, pero lo único que obtuvo fue un extraño sabor vacío que comenzó a esparcirse en su boca.
Nada.
"Esperen... ¡denme un momento!" exclamó Trixie, intentando recuperar el control de la situación. Mientras miradas juiciosas empezaban a caer sobre ella, rápidamente Trixie adoptó una postura reflexiva y se concentró.
Trixie estaba experimentando otra laguna mental.
Hasta ese momento, solo había galopado frenéticamente hasta el castillo, impulsada por su desesperación. Después de chocar contra la barrera mágica, casi había olvidado por un momento el verdadero motivo por el cual había emprendido todo ese viaje.
Fuera de la barrera, Trixie comenzó a hacer muecas en un esfuerzo mental por encontrar el apremiante recuerdo que la había llevado hasta allí.
En las escalinatas, Gallus y Silverstream se miraron entre sí, confundidos.
Después de varios minutos de incómodo silencio, en un esfuerzo inútil por recuperar su memoria, Trixie se encontraba aún más perdida que antes.
"¡Esto es ridículo! ¡Por qué no lo recuerdo!" exclamó Trixie, furiosa consigo misma. "¿Quizá lo apunté en algún lado? ¡Eso es, Trixie! ¡Debes haberlo apuntado!"
Con una sonrisa mezclada con una mirada alocada, Trixie comenzó a revisar su capa ansiosa por encontrar alguna pista que su yo del pasado hubiera dejado para ayudarla en ese momento del presente.
Pronto encontró algo, pero no era lo que buscaba ni algo que debía haber encontrado en ese momento.
"Clank, clank..."
Varias botellas y otros trastos sonaron al caer al suelo. Trixie rebuscaba sin cuidado en los bolsillos de su capa, dejando caer todo lo que tenía guardado. Las botellas que caían no se rompieron, pero el agrio aroma de la sidra fermentada que había en ellas rápidamente se esparció en el ambiente.
"No está aquí, ni aquí..." murmuraba cada vez más inquieta.
Las botellas de sidra que había tomado en la fiesta de la noche anterior comenzaron a acumularse. Brillando con la luz de la mañana, llenas con ese dulce néctar que volvía "alegres y traviesos" a los ponis, estas bebidas delataban por sí solas el verdadero estado de la consejera Trixie.
Asombrados, Gallus y Silverstream abrieron mucho los ojos ante la inapropiada escena que se estaba desarrollando frente a ellos.
Finalmente, después de varios minutos, Trixie, agotada, detuvo su frenética búsqueda. Con la melena despeinada y una mirada nerviosa, volvió su atención a Gallus y Silverstream inconsciente del desafortunado espectáculo que acababa de realizar.
"Aha, ha, ha, sé que sonará poco creíble, pero tuve un sueño y..."
"Sí, consejera Trixie, ¡ES INCREÍBLE!" exclamó Gallus exasperado, abriendo las alas y mirando al cielo. "Sabe, hoy hace una buena mañana. Vaya a casa y descanse. Le diremos a la directora Starlight, 'cuando se desocupe', que usted vino temprano a verla."
"¡Pero yo... HIP!", un repentino hipo atacó a Trixie en ese momento, haciendo que se cubriera la boca avergonzada.
"No se preocupe. Se lo diremos a la directora tan pronto acabe su reunión con el canciller Neighsay. ¡Es un 'juramento dragón'!" añadió Silverstream.
"No de nuevo...", dijo Gallus, tomando a Silverstream por el cuello y llevándola de vuelta al castillo.
"¡No esperen!... HIP, ¡Alto! HIP, HIP".
Las puertas del castillo se cerraron de golpe, dejando fuera a Trixie atrapada en un hipo constante. A su alrededor, solo quedaba el silencio roto por el eco del canto alegre de las aves de la mañana. Delante, la barrera de magia, ahora más impenetrable que nunca, marcaba el límite entre ella y el incierto destino en el que estaba atrapada su mejor amiga.
"HIP ¿Reunión con el canciller, HIP, Neighsay? HIP" repitió Trixie temblorosa; su memoria al fin se había refrescado, y su desesperación se derramó como una presa rota dentro de su corazón.
Un relincho estridente resonó en todo Ponyville a esa hora de la mañana. Muchos en el futuro lo recordarían como un preludio del día más oscuro que se vivió durante aquel año.
