.
CAPÍTULO 57:
"Las sorpresas de la vida"
.
—Alejandro, él es mi… emm… Kurt, de quien tanto te he hablado.
El hombre sonrió y en su mente dio un grito de alegría acompañado de un "¡lo sabía!". Tal vez era la primera vez que los presentaban, pero él conocía al primogénito del imperio Hummel por los periódicos y las redes sociales.
—¡Hola! ¿Qué tal? —extendió la mano con alegría— Alejandro Farré. ¡Es un gusto al fin conocerte!
—Kurt Hummel. Encantado.
—Pasen por favor. Están en su casa.
—Te ves bien —dijo Blaine una vez que se acomodaron en los muebles.
—Gracias. La medicina nueva me está ayudando a dormir mejor.
—¡Me alegro tanto!
La sonrisa brillante de Blaine y la manera en la que miraba con emoción al hombre frente a él, produjo otra punzada de celos en Kurt.
—¿Qué les ofrezco?
—Nada, así está bien por ahora —respondió el de ojos dorados.
—Un agua carbonatada con lima y un toque de menta —dijo el decorador con altivez.
Alejandro permaneció absorto ante la sorpresiva respuesta, mientras que Blaine lo miró desconcertado.
—Disculpa, no tengo eso, pero puedo ofrecerte agua con limón.
—¡Ay! No es lo mismo —se agestó—, pero qué más queda. Lo acepto.
Cuando Alejandro se retiró a la cocina, Blaine se puso de lado para mirar a Kurt.
—¿Qué fue eso?
—No sé a qué te refieres.
—¿Agua carbonatada con lima y un toque de menta?
—¿Qué tiene?
—No estás en la casa de uno de tus amigos o en uno de esos restaurantes lujosos que te gustan. ¿Para eso me pediste venir?
—No, ¿cómo crees? Yo sólo… Amm…
Blaine meneó la cabeza con desaprobación y se levantó para ir a la cocina.
Kurt cerró los ojos y trató de mantener la compostura. Era la segunda vez que el chico le daba una de esas miradas, y lo detestaba.
Un recuerdo saltó espontáneo, paralizándolo por un instante. Él solía comportarse de esa manera cuando alguien ponía sus ojos en Dante, ya que este siempre le había dicho que el que no demuestra celos y protege su territorio, no ama de verdad.
Al comienzo no estuvo de acuerdo con esa ideología, pero terminó adaptándose y actuando celoso, prepotente, odioso, o lo que fuera necesario para detener a quien sea que tratara de meterse con su pareja.
Se sintió asqueado al darse cuenta de que seguía repitiendo patrones y conductas aprendidas que le resultaban terribles.
Por impulso se levantó y caminó a toda prisa hacia la puerta principal, sintiendo que se asfixiaba. Necesitaba con urgencia algo de aire fresco.
кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε
—¿Qué tienes? —Alejandro salió preocupado al jardín— Estás muy pálido. ¿Quieres que llame a Blaine?
—No, no. Necesitaba… Tengo calor… Es…
—Vamos adentro. Ya enciendo el aire acondicionado.
—No. No es eso —exhaló varias veces hasta que logró regular su respiración—. Lamento lo de hace un rato. No sé qué me pasó.
—Ah, no… Amm… Descuida.
—No soy así, de verdad.
—Lo sé. Blaine me ha hablado tanto de ti y de la clase de persona que eres, que es como si te conociera de toda la vida.
—De verdad lo lamento.
—Todo está bien. No pasa nada. Si aún quieres el agua con limón, está lista. Le puedo poner hielo para que te ayude a refrescarte.
—Gracias. Eres muy amable, pero ¿podrías darme unos minutos?
—Por supuesto. Cualquier cosa que necesites, dime con confianza.
Kurt asintió y vio desaparecer a Alejandro en el interior de la casa. Al parecer, era una buena persona después de todo.
No pasó mucho tiempo para que Blaine saliera al jardín.
—¿Kurt?
—Lo siento. No fue mi intención. Yo no soy así.
—Lo sé, y por eso no entendí lo que ocurrió. No sólo fue lo que pediste sino la forma.
—Estoy consciente de eso, y no sabes cuánto lo lamento. Era algo que solía hacer.
—¿Cuándo? Jamás te vi hablarle de esa manera a nadie.
—Luego te explico, pero te aseguro que no volverá a suceder —exhaló.
—Amm… Sí, claro.
—¿Me puedes dar algo de tiempo, por favor?
—No hay problema.
—Lo siento mucho.
—Lo sé.
Durante las siguientes horas, aquel incidente quedó en el olvido, y todo fluyó con normalidad en medio de conversaciones amenas y pausas para realizar una que otra actividad.
Kurt notó como el dueño de casa por momentos debía dejar lo que estaba haciendo y sentarse debido al agotamiento, y a pesar de ello, jamás paró de sonreír y decir que todo estaba bien.
También fue testigo de la dinámica entre este y Blaine, y aquella sensación que lo acompañó al principio, se fue desvaneciendo y transformando en una de alegría. Era irrebatible la amistad y el cariño que existía entre ellos dos, y se alegró de que Blaine tuviera eso en su vida.
—Enseguida regresamos —dijo el chico de rizos, caminando hacia el fondo de la casa—. Voy a ayudar a Ale con algo en el patio.
—Claro.
—¡Estoy tan feliz por ti! —exclamó Alejandro emocionado— Tenía mis reservas en cuanto a tu relación con Kurt, pero…
—¿Por qué? Él es maravilloso.
—No por él. Definitivamente es todo lo que me has contado. Lo que me preocupaba es que llevas tanto tiempo enamorado, que podías estar sobredimensionando todo, pero ahora que los he visto juntos, me quedo tranquilo. Es evidente que están felices y lo mucho que él te ama.
—¿Lo crees?
—Basta con fijarse en la forma en la que te mira y te trata.
—Te confieso que yo también tenía dudas al comienzo, exactamente por lo que dices.
—¿Ah sí?
—Sí. Me daba miedo que lo que siento me hiciera fantasear con eso que he deseado durante tanto tiempo, y que estuviera viendo más de lo que en realidad hay, pero ya no es así.
Kurt me demuestra cada día que me ama, que le importo, y no como cuando éramos amigos, porque él siempre se preocupó por mí y teníamos una gran relación, pero esto es diferente. Puedo sentir su corazón, puedo sentir que está enamorado de mí. ¿Tiene eso sentido?
—Claro que lo tiene. Y no te imaginas lo mucho que me alegro por ti. Mereces vivir esa experiencia que es tan mágica.
—Gracias. Y gracias por todos los consejos que me has dado, por escucharme, por apoyarme y alentarme a confesarle mis sentimientos. Parte de esto que estoy viviendo te lo debo a ti.
кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε
Tras varios minutos de estar solo, Hummel dejó su teléfono a un costado y se levantó para examinar con atención todo lo que le rodeaba. Su ojo profesional nunca estaba quieto.
Los colores, las proporciones, la ubicación de los muebles y cada objeto. Todo estaba decorado con muy buen gusto.
En una repisa asimétrica de madera se encontraban varios portarretratos, y curioso se acercó a verlos. Si algo le gustaba era la historia que contaban las fotos.
De inmediato algo llamó su atención. ¡No podía ser! ¡Debía estar viendo mal! Quizá se trataba de alguien parecido. ¿Qué posibilidad había de que…?
—¿Señor Hummel?
Kurt volteó ante el sonido de la familiar voz.
—¿Elliot?
—¡Guau! ¡Qué razón tenía!
—¿Qué?
El hombre negó con la cabeza y se acercó a extenderle la mano.
—¡Buenos días! ¡Es un gusto verlo! ¡Bienvenido!
—Ahh… ¡Buenos días! Gracias. Amm…
—Esto es extraño. Nunca imaginé verlo… verte en mi casa.
—Sí, te entiendo. Jamás se me hubiera ocurrido que el amigo de Blaine sería tu novio.
—Ni yo hubiera pensado que… —asintió con un gesto— El chico de la estación del metro... ¿Quién diría?
—Sí —suspiró con una sonrisa—. ¿Quién diría? A veces, atrevernos a hacer algo diferente puede cambiarnos toda la vida.
—¡Guau! ¡Eso es nuevo!
Kurt se agestó ante la confusión.
—¿Qué es nuevo?
—Verte tan feliz y con ese brillo en la mirada.
La sonrisa de Kurt se volvió más amplia, aunque una nota de melancolía resonó en su interior.
—Me tardé un tiempo en darme cuenta cuál era el camino.
—Lo importante es que lo hiciste. ¡Y mírate ahora! De verdad me alegro mucho por lo que sea que te tiene tan radiante. Pareces otro.
—Soy otro. Y cada día me esfuerzo en dar lo mejor.
—Se nota.
—¿Y tú? ¿Cómo van las cosas?
—Trabajando duro, pero todo bien. ¿Y qué pasó con el inconveniente que tenías con tu papá? ¿Lo solucionaste?
El cambio de tema tan drástico no pasó desapercibido por el diseñador, así como el aspecto de Elliot, pero prefirió no ahondar en el tema, pues era evidente que este no quería hablar de ello.
—No. De hecho, no lo he visto desde ese día, y aunque al comienzo estaba muy enojado con él, ahora agradezco en cierto modo lo que sucedió. Eso me dio una perspectiva diferente y me trajo hasta donde estoy hoy.
—Hay cosas que pasan por algo, y hay otras que por alguna razón no pasan.
—¡Cuánta verdad hay en eso! Y ahora puedo verlo todo con claridad.
кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε
—Todavía no puedo creer que nunca te conté que Elliot es el novio de Alejandro —dijo Blaine mientras iban de camino hacia la estación del bus—. Creo que no hubo nada que me llevara a eso. Digo, no hablamos mucho de Ale, y cuando lo hacemos, es de cosas referentes a él o a nuestra amistad.
—Supongo. ¿Y cuándo lo supiste?
—Esa noche en la que llegué tarde y fuiste a buscarme. Cuando salieron esos sujetos detrás del árbol.
—¡Oh! Ya hace un tiempo.
—Sí. Creo que se me olvidó con el susto y todo lo que ocurrió después con Scott.
—No es para menos. Fue una noche compleja.
—Sí que lo fue.
—¿Y cómo te enteraste?
—Él llegó a la casa cuando yo estaba de salida, y me sorprendió mucho. Alejandro me había hablado de su novio y siempre decía Elliot esto o aquello, pero jamás imaginé que era el mismo Elliot que trabajó para ti.
—Yo todavía sigo sorprendido y tratando de asimilarlo.
—Te entiendo.
—Me siento mal por Elliot —exhaló—. Está más delgado desde la última vez que lo vi, y también lo noté cansado y ojeroso.
—La situación está complicada para ellos.
—Y con eso de que Alejandro no trabaja, él tiene toda la carga encima, y de paso le toca pagar medicinas, tratamientos y demás.
—Ale está enfermo. No es su culpa.
—No estoy diciendo lo contrario, precioso. Y escuché a Alejandro hablar de la falta de empatía que ha encontrado en su búsqueda de empleo y al conseguirlo.
Incluso pude ver lo afligido que se puso cuando mencionó que Elliot se hacía cargo de todos los gastos. Es más, fue la primera vez que noté la tristeza en su mirada. Ni siquiera en las ocasiones en las que tuvo que sentarse para descansar o respirar mejor se puso así. Al contrario, siempre mantuvo un optimismo que me dejó perplejo.
—Así es él, un luchador incansable, lleno de alegría y cariño para los demás.
Una vez en el bus, en medio de la conversación que sostenían, algo que dijo Blaine sacó a la superficie otro tema en el que Kurt había estado pensando mucho últimamente.
—¿Qué te gustaría estudiar?
Los ojos como la miel se abrieron grandes ante la sorpresa.
—No entiendo a qué te refieres.
—Eres un chico muy inteligente que siempre está tratando de aprender más. Tienes libros y cuadernos donde practicas, estudias a tu manera y…
—Exacto. Así que no sé qué quieres decir.
—Sé que tiempo atrás me dijiste que ir a la universidad no era una prioridad porque tenías otros gastos que afrontar, pero me gustaría apoyarte para que continúes tus estudios.
—Ah… Bueno, como te dije antes, no es prioridad.
—Puedo hacerme cargo de las colegiaturas. O si lo prefieres, puedes conseguir una beca con el tiempo, aunque no me importaría pagar todo.
—Te lo agradezco mucho, pero no es necesario.
—¿No te gustaría tener una carrera? ¿Trabajar en algo que te apasione?
—Hay personas con carreras exitosas que no terminaron sus estudios. Su talento natural fue todo lo que necesitaron.
—Lo sé, pero mi pregunta es para ti.
—Ahora que estamos juntos, ¿debo tener una carrera importante?
—¿Qué?
—Antes no te molestaba que no vaya a la universidad.
—¿Y quién ha dicho que me molesta?
—Cuando éramos amigos, no lo mencionabas.
—Sí lo hice en un par de ocasiones, pero como era un tema que te incomodaba, desistí.
—Eso fue hace mucho. ¿Por qué ahora tienes que volver a mencionarlo? ¿Es porque mañana voy a conocer a tu hermana? ¿O porque la próxima semana vamos a reunirnos con tus amigos, y quieres decir algo más que "trabaja en una panadería"?
—Estás sacando todo de proporción —lo miró atónito—. Para empezar, estoy y siempre he estado orgulloso de ti, y lo sabes. Y se lo dije a mis amigos el día que te conocieron.
Blaine exhaló ruidosamente por la nariz y cruzó los brazos por encima del estómago, con los puños apretados.
»¿Por qué te pones así? No creo haberte ofendido, faltado el respeto o nada que se le parezca por preguntarte si te gustaría estudiar. Soy yo quien debería sentirse ofendido de que pienses que te quiero cambiar para que convivas con las personas que me importan.
Anderson cerró los ojos en silencio, procurando contenerse. No estaba seguro de por qué había dicho esas cosas. Él sabía que Kurt lo aceptaba como era. Tal vez había sido el miedo de no encajar entre sus seres queridos, o quizá la vergüenza por su situación.
Claro que quería estudiar y tener una carrera. Era uno de sus sueños, pero no podía decirle a Kurt que la razón para no ir a la universidad, es que no había terminado sus estudios básicos.
кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε
Luego de un trayecto en silencio, los chicos se bajaron en la parada correspondiente, pero Blaine giró hacia otro lado.
—Tengo que ir a trabajar —su tono fue serio, disfrazando sus emociones—. ¿Puedes llegar al departamento?
—Sí, pero ¿a dónde vas? Se suponía que tenías el día libre.
—Me mandaron un mensaje para ir a pasear unos perros.
—¿A qué hora regresas?
—No sé a qué hora me desocupe —avanzó unos pasos.
—No puedo hacer esto —lo detuvo sosteniéndolo del brazo—. No sé cuál es el motivo para que estés así, pero es importante que lo hablemos y aclaremos las cosas.
—Me tengo que ir, Kurt.
—No así enojado.
—No estoy enojado.
—Lo que sea que te esté pasando entonces.
—Hablamos cuando regrese.
—No quiero que te vayas en ese estado. No me gusta.
Blaine lo miró a los ojos y vio en ellos la preocupación y el desconcierto.
—Lamento lo que dije en el bus. Sé que me aceptas, siempre lo has hecho, y nunca te has avergonzado de mí.
—Jamás podría —le acarició el rostro y notó como el menor se derretía en el toque mientras cerraba los ojos—. Que busque lo mejor para ti no significa que quiera cambiarte. Te amo tal y como eres.
El corazón de Anderson golpeó con fuerza contra su pecho, acompañando el calor que se apoderaba de su interior y se arremolinaba en su estómago. Sus ojos se abrieron gradualmente, y con un impulso capturó los rosados labios.
Al separarse agitado, volvió a centrar su mirada en esos dos pedazos de cielo que adoraba, sin estar seguro de lo que debía decir. Había esperado tanto escuchar esas palabras, se había imaginado diferentes escenarios en los que sucedería, pero nada como eso. La vida puede ser tan impredecible y dar las mejores sorpresas.
Aunque también estaba la opción de que hubiera sido sólo una expresión, sin embargo, prefería no creer en ella. Pero ¿cómo saber si Kurt en realidad quiso pronunciar esas palabras?
»¿Me estás escuchando? Te amo mucho, Blaine. Nunca pienses lo contrario —lo envolvió entre sus brazos y esta vez él inició el beso, más largo y profundo.
El mundo quedó en el olvido. Sólo eran los dos contemplándose fijamente por fracciones de segundos antes de juntar sus labios una y otra vez.
Un par de improperios con voz masculina fueron lanzados de pronto desde la acera del frente, logrando que Blaine se tensara, pero Kurt lo sostuvo con más fuerza y continuó besándolo.
Otro insulto resonó, y el decorador levantó la mano y sacó el dedo del medio sin despegarse de los dulces labios.
Poco le importaba lo que pudieran decir. Nadie iba a arruinar ese momento, y si a aquel sujeto no le gustaba, ¿por qué seguía ahí parado mirando?
кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε
Blaine pensaba que ya conocía todos los niveles de felicidad, pero lo que estaba sintiendo era algo tan intenso que no podía explicarlo.
El paseo con los canes resultó corto. El tiempo parecía haberse detenido mientras él flotaba perdido en sus pensamientos.
—Alguien parece estar enamorado —dijo la mujer al recibir a sus consentidos de cuatro patas de regreso.
Blaine sonrió sonrojado.
»Mis instintos no fallan. Se te nota hasta en la forma que respiras.
El chico se despidió a prisa para evitar preguntas incómodas. La mujer siempre había sido amable, pero no podía saber si tenía algún tipo de prejuicio, y no estaba dispuesto a lidiar con ello en ese momento.
Guardando bien el dinero en su bolsillo, se dirigió a otra casa. Mientras paseaba a los perros, una de las vecinas lo había llamado para pedirle que la ayudara con su cachorra, y le dio pena decirle que no, ya que siempre lo había tratado con cariño.
Tocó el timbre y una señora sonriente, de alrededor de sesenta años, abrió y lo abrazó.
—¡Blaine! ¡Niño lindo!
—Señora Marilita, ¿cómo está?
—Muy bien. Aquí esperándote. ¿Y tú?
—Muy bien, gracias.
—Tan guapo como siempre. Y te ves muy feliz, además —continuó hablando hasta que llegaron al patio—. Quiero que bañes a mi bebita. Se puso a hacer travesuras y mira lo mugrosa que está.
—¡Missy! —se acercó a la perrita— ¡Qué grande que estás! ¿Y cómo te ensuciaste así?
La mujer sonrió mientras Blaine le hacía cariños a la pequeña Shih Tzu color caramelo.
—Ya sabes dónde están todos los implementos —El chico asintió y ella ingresó a la casa.
Antes de empezar con su labor, el de rizos sacó su teléfono y le envió un texto a Kurt indicándole que se iba a demorar un poco más, pero después de eso tendrían el resto del día para los dos.
Le faltaba poco para terminar cuando Marilita apareció llevándole un vaso grande con jugo.
—Para que te refresques.
—¡Muchas gracias! —le dio un gran trago— ¡Está delicioso!
—Y cuando termines, te tengo listo un sánduche y una caja de galletas.
—Se lo agradezco, pero no debió…
—No digas que es molestia, porque lo hago con mucho gusto. Es sólo una forma de devolverte el cariño y cuidado con el que siempre tratas a mis pequeñitos.
—¡Gracias!
La mujer sonrió y permaneció a un costado observando lo que Blaine hacía.
—Hay algo que te quiero preguntar —su tono se volvió serio, con tintes de preocupación.
—Sí, seguro.
—¿Tienes algún problema con alguien?
—No. ¿Por qué?
—El jueves venía de hacer unas compras y encontré a un sujeto extraño dando vueltas. Le pregunté qué quería, y me dijo que estaba buscando a alguien, luego me mostró una foto tuya y me preguntó si te conocía.
Me pareció sospechoso, y, en definitiva, no me gustó que tuviera tu foto, así que le dije que nunca te había visto por aquí.
Lo que no me imaginé es que ya había estado por todo el barrio preguntando por ti. Como estuve de viaje por casi un mes, era la primera vez que lo veía.
Ayer conversando con algunos vecinos fue que me enteré.
—¿Có-cómo era?
—¿Ese hombre? Alto, delgado, de cabellera oscura y… ¡Ay, Blaine! ¿Qué tienes? ¿Por qué estás temblando? ¿Quién es él?
—No lo conozco, pero me han dicho varias personas que me está buscando.
—¿Ese hombre te quiere hacer daño?
—No lo sé, pero tengo miedo.
—¿Estás seguro que no lo conoces? Estás pálido y muy nervioso.
—Le juro que no.
—¿Y de dónde sacó tu foto?
—No sé —su voz se quebró un poco.
—Ay, niño lindo —se agachó y lo abrazó—. Sé que eres bueno y que no puedes estar metido en nada incorrecto, pero de algún lado salió ese hombre. Piensa.
Blaine negó con la cabeza.
—Tengo que terminar de bañar a Missy. La pobrecita sigue sentada esperando.
—Si te puedo ayudar de algún modo, dímelo. Por ahora voy a hablar con uno de mis hijos, el que es policía, para que investigue a ese sujeto, lo detenga o algo, porque no creo que sea legal lo que anda haciendo.
—Muchas gracias.
—Descuida. No me gusta ver esa carita llena de angustia después de que estabas tan feliz cuando llegaste.
кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε
Salir de casa de la señora Marilita había sido un suplicio.
El temor de que ese hombre estuviera en algún rincón esperándolo, mantuvo a Blaine temblando todo el tiempo, y el pensamiento de que pudiera estar siguiéndolo y descubriera donde vivía, le tenía el estómago revuelto. Tal vez por eso el camino de regreso se había sentido tan largo.
Estando cerca del edificio, la duda de si debía entrar o no se adueñó de él. La paranoia crecía a niveles estrepitosos al observar a cada persona que cruzaba a su lado o que estuviera mirando en su dirección.
—¿Blaine? —le tocaron el hombro.
El chico saltó y su rostro se desdibujó con horror.
»¿Qué es lo que pasa?
—Scott… —su respiración era tan agitada que parecía estar a punto de desmayarse.
—Cálmate —le frotó el brazo varias veces.
—¿Por qué mi felicidad no puede durar? ¿Por qué cuando creo que todo es perfecto en mi vida, tienen que quitármelo?
—¿Fue el idiota de Hummel? —se enfureció— ¿Te hizo algo? Porque si es así, voy a ir en este momento y…
—No.
—No lo defiendas. Le advertí que si te hacía daño en cualquier forma…
—Él no me hizo nada —volvió a mirar a los alrededores.
—¿A quién buscas con tanta insistencia?
Blaine le contó todo, y Scott sintió la cólera atravesándolo de pies a cabeza.
—¡Desgraciado, hijo de…! —apretó los puños— Y los imbéciles esos que lo contrataron, ¿cuándo te van a dejar en paz? —gruñó— ¡Dime en este momento en dónde viven!
—¿Qué?
—¡Dame su dirección!
—¿Para qué?
—¡Estoy harto de que te persigan! ¿No les bastó con todo el daño que te hicieron?
—Parece que no, pero no por eso vas a ir a buscarlos.
—¡Claro que sí! ¡Voy a encargarme de que se arrepientan de todo y que se alejen de ti para siempre!
—¿Estás loco? ¿Qué es lo que te pasa?
—¿A mí?
—Escúchate. Tú no eres así.
—Siempre protejo a los que me importan —dijo con los dientes apretados.
—Eso lo sé. Pero no eres un matón ni de esas personas que amenazan a otros o los torturan para conseguir algo y… —frunció ante la idea que tuvo— Scott, ¿en qué estás metido? ¿En dónde trabajas por las noches?
—¡Qué rápido te olvidaste de que estabas asustado! ¿Ya se te pasó la angustia?
—Sabes que siempre he estado pendiente de ti, sin importar por lo que yo esté pasando. ¿Crees que no me preocupa lo raro que actúas, o que ya casi no vas al departamento?
—No me imaginé que lo notaras. Como andas tan entretenido en tu romance.
—¿Qué rayos te pasa? —la decepción se apoderó de él por un instante.
—¡No me vuelvas a mirar así!
Blaine negó con la cabeza y exhaló antes de volver a observar a su alrededor. Sin decir más nada, se dirigió hacia el departamento rogando que nadie lo estuviera siguiendo.
кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε
—¡Por fin llegas! —exclamó Kurt cuando la puerta se abrió, mas la alegría en su rostro se vio opacada en segundos— ¿Qué fue lo que te pasó?
Blaine exhaló con fuerza y se abrazó a él.
—Ya no puedo… No es justo… ¿Por qué quieren seguir haciéndome daño?
—¿De qué hablas? —sus ideas se organizaron rápidamente— Espera, ¿te refieres a los O'Donnell? ¿Los viste?
Blaine le contó todo, y Kurt frunció confundido.
—No lo entiendo. Lo último que me informó el detective fue que estaban centrados en otras cosas. No había seña de que te siguieran buscando.
—Y por eso estaba tranquilo. Pensé que se habían cansado de perseguirme. Incluso ese sujeto había desaparecido.
—Algo no me cuadra en todo esto.
—Parece que el detective se equivocó o te mintió.
—No lo creo. Es una persona muy seria con su trabajo. Está cien por ciento recomendado.
—¿Contrataste a un detective?
Ambos chicos voltearon hacia donde Scott se encontraba.
»Es increíble como a él sí le permites meterse en tu vida, pero yo no puedo ayudarte.
—Lo que Kurt está haciendo es diferente a lo que tú quieres hacer.
—Te está protegiendo. ¿Cuál es la diferencia?
—No estoy de ánimos para discutir contigo.
La mirada de Kurt viajó de un chico al otro. Ambos lucían tristes y preocupados de diferentes maneras. Blaine llevaba la angustia pintada en su rostro mientras que el agotamiento brotaba de cada poro de Scott.
—Los tres deberíamos sentarnos a hablar con calma.
—¿Para qué, Hummel? Es obvio que Blaine prefiere que tú te encargues de todo y que yo me mantenga alejado de sus asuntos.
—Scott, por favor —suplicó el de cabellera oscura.
—No voy a decir más nada. Vine a bañarme y es todo lo que haré.
Blaine se sentó en el borde de la cama con los codos apoyados en las piernas, y se cubrió el rostro con ambas manos.
кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε
Cuando Scott salió del baño, vio a su mejor amigo acostado de lado en la cama. Kurt se encontraba detrás, abrazándolo con firmeza.
Mientras se vestía, les dio algunas miradas furtivas y escuchó un "gracias por siempre estar para mí". Sus pensamientos corrieron a mil por hora y hasta llegó a sentirse celoso.
Deseaba tantas cosas en su vida, cosas que podrían parecer sencillas, como acostarse a descansar toda la tarde, pero sabía que no podía hacerlo porque en su corazón, eso sería incorrecto.
Una vez listo, tomó las gotas que el médico le había recetado, agarró una botella con agua y guardó sus llaves.
Para darse ánimos y salir a enfrentar sus problemas, respiró tan profundo como pudo, y un gran lamento brotó de sus labios cuando liberó el aire, paralizándolo en el acto.
—Scott —dijo Blaine con voz trémula—, si necesitas algo, lo que sea, cuentas conmigo siempre.
El muchacho se dirigió a la puerta en silencio.
—Cuídate mucho —fue su única respuesta.
—Deberías intentar descansar un poco, mi precioso.
—Quiero dormir para no seguir pensando, pero no tengo sueño.
—Al menos cierra los ojos y déjame cuidarte —le dio varios besos entre la nuca y el hombro.
Blaine suspiró y guardó silencio durante unos minutos.
—Intento callar mi mente y no puedo.
—¿En qué piensas?
—Algo que no deja de darme vueltas es ¿de dónde sacó mi foto ese señor? Tendría sentido si los O'Donnell lo hubieran mandado, pero si la persona que contrataste tiene razón, entonces, ¿cómo la consiguió y por qué me busca?
—No lo sé, amor, pero ya le pedí al detective que lo investigue.
—Gracias.
—Cualquier cosa por ti.
—No sé qué haría si no estuvieras aquí.
Kurt lo abrazó un poco más.
—Siempre vas a contar conmigo. Eres mi precioso, y te amo.
—¿Me amas mucho?
—Más de lo que puedas imaginar.
—¿Puedes decirlo otra vez?
—Te amo. Te amo. Te amo.
