.


CAPÍTULO 53:

"¿Acaso estamos avanzando?"


.

Kurt llegó al departamento tratando de ignorar el enojo que lo había acompañado durante la mañana. Haber ido hasta el otro lado de la ciudad, sólo para enterarse de que su padre estaba fuera del país en un viaje de negocios, había sido frustrante.

Al entrar, se sorprendió de ver a Scott aún durmiendo cuando a esa hora debería estar en el trabajo.

Evitando hacer el menor ruido posible, dejó sobre el mesón la comida que había llevado, preguntándose si debería comprar más.

Con el mismo sigilo abrió una de sus maletas y empezó a buscar algo cómodo para ponerse.

Un bostezo sonoro retumbó poco después en el pequeño departamento.

—Tengo que traer las cosas que faltan —murmuró Scott en medio de otro bostezo—. No he podido, pero en estos días lo hago.

—Sí, está bien. No hay problema. ¿Qué tal dormiste?

—Bien… ¿Ya te vas?

—Acabo de regresar.

—¿Qué hora es?

—Va a ser la una. ¿Hoy no vas a ir a trabajar?

Scott se abrazó a la almohada con un gruñido.

—Pedí permiso para ausentarme por unas horas, pero me dijeron que me iban a descontar todo el día, así que, ¿para qué voy a ir si igual no me van a pagar?

—Eso no es justo.

—Así es la vida.

—Yo diría que hay personas que actúan mal.

—¿Y quién no lo hace?

—Cuando las personas que trabajan conmigo me piden permiso por motivos de salud o familiares, nunca les descuento el tiempo de ausencia.

—¿Tienes personas a tu cargo?

—Sí.

—¡Oh! ¿Y en que trabajas? —la curiosidad se apoderó de él, sustituyendo al sueño.

—Soy decorador y diseñador de interiores.

—¿Eso qué es? Sé lo que es decorar y diseñar, pero no entiendo la idea de lo que haces. ¿Cómo interiores?

Kurt procedió a explicarle y le pareció algo bueno que el chico mostrara interés en lo que le decía. Tal vez, sólo tal vez, estaban cruzando lentamente la pequeña línea que mejoraría la situación entre ellos.

—¿Eso no lo hacen otros profesionales? No recuerdo el nombre, pero son quienes diseñan las casas, edificios y todo eso.

—Los arquitectos.

—Ajá, esos.

—Como diseñador, una de las cosas que aprendí fue arquitectura. Claro que no al nivel de un profesional en esa área, pero sí lo suficiente. Y, por ende, también sé de materiales de construcción y muchas otras cosas que son importantes para poder ofrecerle al cliente lo que se ajuste mejor a sus requerimientos.

—¡Oh! —se acomodó bocarriba mientras escuchaba con atención— Supongo que se debe tener mucha imaginación para lo que haces, y también ser muy inteligente y dedicado para aprender tantas cosas y llegar a convertirte en el jefe.

—Me esforcé al máximo y me gradué como el mejor de la clase. Aunque creo que también es primordial actualizarse constantemente.

—¿Actualizarse? ¿Cómo? ¿Sigues estudiando?

—No continuamente, como si estuviera en la universidad, pero sí hago cursos, talleres y todo lo que encuentre que sea valioso para mi carrera. Siempre hay algo más que aprender.

—Ahh… claro. Todo va cambiando y debes estar al día con lo nuevo que va apareciendo.

—Correcto. Pero va más allá de las tendencias porque los gustos de los clientes son variados. Por ejemplo, hay personas que quieren algo que vieron durante un viaje a otra ciudad o país, otras que tienen sus propias ideas y no saben cómo darles forma, también están quienes quieren una combinación entre lo actual y lo retro, y claro; no faltan los que prefieren lo clásico o buscan algo vintage.

—¿Qué es eso exactamente? Trabajé en un local en donde había una sección que era de vintage, y todo lo que vendían ahí era como de otras épocas. En otro lugar que trabajé después, también anunciaban mercadería vintage, pero las cosas eran viejas o usadas.

Kurt le dio una explicación detallada de los diferentes términos, así como de la importancia de saber manejar los diferentes conceptos en base a su carrera y a los clientes.

Scott guardó silencio y se quedó pensando en todo lo que estaba ocurriendo. No entendía por qué estaba bajando la guardia, pero después de haber tenido una percepción muy diferente de Kurt, no podía negar que le llamaba la atención lo que estaba descubriendo.

—Y la gente que trabaja contigo, ¿qué hace?

—¿Ah? ¿Qué? —se detuvo cuando iba entrando al baño y giró para mirarlo.

—Dijiste que tienes personas a cargo. ¿Qué es lo que hacen? —se sentó llevando las piernas hacia el pecho.

—Trabajo con constructores, albañiles, pintores, ebanistas, jardineros y demás. Todo depende de lo que tenga que hacer. Que diseñe una división con paredes, un salón, unas repisas de madera o un jardín moderno, no significa que sepa cómo construirlos. Ahí entran ellos.

—¿Y entonces cómo es que los diseñas si no sabes hacerlos?

—Realizo todo en la computadora. Incluso hay clientes que piden algo más realista y me toca hacer maquetas, pero no trabajo directo con los materiales. Puedo dibujar una habitación con todos los elementos que voy a usar para decorar y lo que voy a rediseñar, pero no sé cómo usar el cemento, bloques, tornillos o lo que necesite para llevarlo a cabo.

—Oh, ya. Ya entendí. Y no tenía idea de que tú… ¡Vaya! Sinceramente, creí que vivías del dinero de tus padres.

—En lo absoluto. Siempre me he esforzado por lo que he querido. Además de que amo mi trabajo.

—Como todo el tiempo estás aquí y te veo ir y venir a tu antojo, pensé que no hacías nada.

—Lo que sucede con mi profesión es que el trabajo fluctúa. Así como hay épocas altas, también hay otras en las que todo es esporádico.

—¿Qué?

El ceño fruncido de Scott, le hizo recordar que debía elegir mejor su vocabulario.

—Me refiero a que hay épocas en las que tengo muchos proyectos, y hasta siento que el tiempo me falta, pero hay otras en las que hay pocos proyectos o ninguno.

—¿Y cómo haces cuando no hay trabajo? ¿De dónde sacas el dinero que necesitas? Porque no tienes un salario mensual, ¿o sí?

—No, porque no trabajo para nadie. Y el dinero que gano en las épocas altas es el que sigo utilizando hasta que llegue algo más.

—Espérate. Déjame ver si entiendo. Supongamos que tienes cinco clientes entre enero y febrero, y de ahí no hay nada hasta junio. ¿Lo que te pagan por esos proyectos tienes que hacerlo durar para los demás meses?

—Así es.

—Pero ¿cómo sabes que te va a alcanzar? ¿Qué pasa si te dan menos de lo que esperabas?

—Imposible porque cobro dependiendo del trabajo que tenga que hacer. Según lo que el cliente necesite, le presento una o varias opciones y le entrego los presupuestos, además de mis honorarios.

—¿Cobras…? ¿O sea que tú decides lo que quieres que te paguen?

—Así es.

—¿Y aceptan lo que les pides?

—Hay clientes con los que debo negociar hasta llegar a un acuerdo, usualmente con los nuevos, pero quienes ya me conocen, pagan sin problema porque saben la calidad de mi trabajo.

La plática continuó hasta que el estómago de Scott hizo un fuerte ruido.

—Amm... Ya me tengo que ir. Tengo muchas cosas que hacer y es tarde.

—Puedes almorzar primero. Hay comida sobre el mesón.

—Ya te dije que mis cosas las consigo yo.

—Pensé que podíamos ir superando esa parte.

—¿Qué te hizo creer eso? Que hablemos no significa que somos amigos. ¿Cuántas veces tengo que decírtelo?

—No voy a empezar una discusión contigo —se levantó, tomó la ropa que había dejado a un costado y se dirigió al baño.

Scott salió de la cama y se estiró. Aún estaba cansado, pero reconocía que nunca había dormido tan plácidamente. Incluso sentarse en ese colchón era demasiado cómodo.

Rápidamente se acercó al mesón y vio la bolsa con comida. El olor se abrazó a sus fosas nasales y su estómago volvió a gruñir. Con un suspiro negó con la cabeza y se alejó. Poco después dirigió la mirada hacia la cama grande.

Cuando Kurt salió, ya cambiado, fue por un poco de agua. Le dio una mirada furtiva al chico y exhaló lentamente.

—¿Estás seguro que no quieres almorzar antes de irte? Hay suficiente aquí, y todavía tengo que ir a retirar lo que dejé preparando.

—No quiero —contestó serio.

—Está bien, pero siempre puedes cambiar de opinión —observó su reloj—. ¿Cuánto se demora Blaine en podar el césped de una casa?

—Depende de qué tanto tenga que hacer. Hay quienes cuidan su césped y llaman cuando toca dar mantenimiento, así que eso es más rápido. En cambio, hay otras personas que no se preocupan ni de regarlo y lo dejan hasta que está muy alto, lleno de maleza o quemado. Ahí el trabajo es más pesado y toma mucho más tiempo.

—Creo que le tocó un césped bien descuidado —chasqueó la lengua—. Van a ser las dos y ya debería haber llegado.

—¿Te acostaste con él?

—¿Qué? —casi escupe el agua que estaba bebiendo.

—En el viaje que hicieron, ¿te acostaste con Blaine?

—No. ¿Cómo se te ocurre? Blaine y yo…

—No insultes mi inteligencia diciendo que sólo son amigos, porque no tengo un pelo de idiota. Algo pasó entre ustedes, y no puedes negarlo. ¿O piensas que voy a creer que fue una coincidencia que después de que regresaron de ese viaje, decidiste de pronto comprarle una cama grande para que esté más cómodo? Y ya que tú no tienes el colchón de espuma, también vas a dormir ahí. ¡Qué conveniente!

—Ah, bueno. Es que…

—Es que, ¿qué? Pudiste comprar un colchón, y ya. El más caro del mundo, si querías, pero para ti. Sin embargo, compraste esa cama.

—No es un delito.

—No, no lo es. Pero lo hiciste con un objetivo.

—Cualquier cosa en la que puedas estar pensando, es incorrecta.

—Sé que Blaine tiene sentimientos por ti, y no porque me lo haya dicho sino porque lo conozco demasiado bien —hizo una mueca—. Es más que obvia la forma en la que te mira, en la que te habla y todas esas tonterías, y no quiero que te aproveches de él.

—¡Jamás haría algo así!

—¡No te atrevas a jugar con sus sentimientos! —lo apuntó con el dedo, dándole una mirada mordaz— ¡Si le rompes el corazón o lo le haces daño de algún modo, te juro que vas a conocer lo peor de mí!

—Nunca voy a lastimarlo. No lo hice cuando éramos amigos, menos ahora que…

—Ahora que, ¿qué?

—Blaine significa mucho para mí.

—Para mí también, pero no tengo intenciones de llevármelo a la cama o de ilusionarlo falsamente.

Kurt frunció confundido. ¿Por qué el cambio de actitud? Después de toda la plática, pensó que las cosas por fin se habían calmado entre ellos. Al parecer siempre se equivocaba al tratarse de Scott.

Aunque en ese momento su enojo estaba motivado por un punto sensible, y ese punto era su constante preocupación por Blaine. Tal vez debía decirle la verdad, esperando que eso no desatara una mayor tormenta.

»¡Por supuesto que eso es lo que quieres, Hummel, y no voy a permitirlo!

—¿Qué?

—Te estoy hablando y te quedas callado porque no puedes negar que lo único que buscas es…

—Mira, Scott, no sé de dónde sacas tantas tonterías, y no es que te deba ninguna explicación, pero sé lo que significa Blaine para ti y por eso te voy a dejar muy claro que sus sentimientos son correspondidos. Mi intención es amarlo, cuidarlo y hacerlo feliz como él se merece.

Y aunque tal vez no debería decir esto porque es muy personal, no me he acostado con Blaine, y no pienso hacerlo todavía. No es que tenga planeada una fecha o un momento, simplemente las cosas son muy nuevas entre nosotros y no voy a apresurar nada. Quiero disfrutar junto a él toda la magia y lo hermoso de esto que nos está pasando.

Scott analizó con cuidado todo lo que estaba escuchado. Él ya se había dado cuenta de la forma en la que Kurt miraba ahora a Blaine, en su trato y la evolución en su interacción, y esperaba que fuera sincero y que nunca le fallara a su mejor amigo, pese a que le costaba mucho confiar en él.

Blaine se merecía lo mejor del mundo, y eso incluía a una persona que lo amara, lo respetara y que valorara todo lo que tenía para ofrecer.

Tal vez si Hummel supiera que… No, no podía decírselo. Era algo que su amigo le había confiado, y, por lo tanto, el único con el derecho a contarlo o quedarse callado.

Ambos hombres se miraron fijamente. Había cierto desafío en el aire mientras intentaban descifrar los pensamientos del otro, a la vez que dejaban clara su postura.

—¡No puede ser!

Los dos voltearon hacia la puerta y encontraron a Anderson con el ceño fruncido.

»Me voy, y los dejo peleando. Regreso, y siguen en lo mismo.

—Nadie está peleando —rezongó Scott—. Le decía que ya me voy.

El de rizos frunció un poco más sin saber qué pensar.

—¿Por qué no estás en el trabajo? —su tono fue serio.

—Pedí permiso, pero como dije, ya estoy de salida.

Blaine exhaló y avanzó cojeando ligeramente.

—¿Qué te pasó? —los ojos de Kurt se llenaron de terror y corrió a su lado.

Scott también se asustó, mas permaneció en su puesto observando la reacción del castaño.

—¡No es nada! ¡Estoy cansado y quiero bañarme!

—¿Sigues enojado?

—¡Mientras ustedes continúen con esas tonterías, sí!

—¿Enojado o decepcionado? —preguntó Scott.

—¡No empieces! —respondió de mal modo y avanzó otros pasos.

—¿Por qué caminas así? ¿Qué rayos te pasó?

—Tuve un accidente en la mañana.

—¿Qué?

—¿Cómo que un accidente?

—¿Cómo fue?

—¿Dónde?

—¿Por qué no avisaste?

—Fue más el susto que otra cosa, así que ya cálmense. Ha sido un día muy agotador y quiero descansar.

—O sea que te da igual que estemos preocupados por ti y que…

—¡No me da igual, Scott, pero no pasó nada! —su tono se volvió más severo— ¡Estuve trabajando por casi dos horas en el jardín de la Sra. Brown, y lo único que quiero en este momento es bañarme y acostarme!

—Algo ocurrió para que estés cojeando —dijo Kurt.

—No me fijé al cruzar la calle y un auto me rozó.

—¿Un auto te rozó? —Scott casi gritó por la preocupación.

—Sí, pero estoy bien. Si me duelen las piernas es por todo el tiempo que estuve agachado trabajando. De hecho, me duele cada centímetro del cuerpo, y sabes bien cómo es eso.

—Bueno, me voy entonces, porque andas de un humor…

—¿En serio, Scott? ¿Tú me vas a decir eso a mí?

El chico frunció y respiró profundo, alejándose enseguida.

—¿No tenías algo que retirar? —le preguntó a Kurt al cruzar a su lado.

—Ya no importa. Blaine está de malas y no creo que vaya a comer. Llévate lo que quieras.

—Yo compro cualquier cosa en el camino.

—¿Por qué vas a gastar cuando aquí hay comida?

—Ya sabes la respuesta.

—No tiene por qué ser así.

Anderson los observó confundido. ¿Acaso estaban hablando? No, seguramente Scott le había dicho alguna grosería y Kurt le estaba respondiendo, aunque ambos parecían tranquilos, o tal vez disimulaban. No, no, él no estaba para esos dramas, así que decidió ignorarlos y se encerró en el baño.

кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε

Kurt revisaba su teléfono cuando su estómago rugió. Miró a Blaine con un suspiro, quien llevaba más de una hora durmiendo, fue al mesón, sacó uno de los recipientes que había llevado y salió del departamento.

Mientras se dirigía hacia el ascensor pensaba en que debería comprar un microondas pequeño, porque eso de ir hasta el lobby cada vez que necesitaba calentar algo, era un problema. No sólo por el hecho de que en el ir y venir las cosas igual se iban enfriando, sino que a veces tocaba esperar a que otras personas lo terminaran de usar.

Cuando llegó al área común, hizo una mueca ya que se encontró con una columna larga. Cerró los ojos negando con la cabeza antes de avanzar y formarse.

¿Cómo era posible que tantas personas en el edificio no tuvieran un aparato de necesidad básica como era un microondas? No podía creer que…

Sus pensamientos fueron interrumpidos por la conversación ruidosa de dos señoras que se encontraban delante de él.

—Es una maravilla que aquí podemos tener comida caliente. En el otro edificio en donde vivía no había este aparato.

—Ay, amiga, yo estoy feliz de tener algo que comer, la situación está difícil y hay días en los que no alcanza el dinero. Que la comida esté caliente es un extra.

El nudo que sintió Kurt en el estómago se vio acompañado por un regaño mental. Tenía que dejar de quejarse por cosas banales.

Escuchando a las señoras el tiempo pasó rápido, y cuando fue su turno de usar el microondas, se quedó pensando en cuánto debería calentar su plato.

—¿Vas a uno de los pisos altos? —preguntó una mujer de alrededor de sesenta años, quien se encontraba detrás de él.

—Buenas tardes. Sí, sí.

—Entonces debes ponerle suficiente tiempo y luego envolver la bandeja con una toalla o cualquier trapo. De ahí metes todo en una funda plástica y la amarras bien, de esa forma cuando llegues al departamento, la comida todavía estará caliente.

—Ah… Muchas gracias.

—¿Tienes una funda?

—No.

—Yo siempre cargo unas extras —buscó en el bolsillo de su vestido y se la ofreció.

—Muy amable —tomó la funda y presionó los botones del aparato.

—Ponle más tiempo. Oh, y veo que no tienes algo con que envolver —sacó varias fundas—. Aunque no es lo mismo que una toalla, te servirán.

—Se lo agradezco.

Cuando el microondas se apagó, el diseñador batalló para intentar sacar el recipiente, pero le resultó imposible por lo caliente que estaba.

—Yo te ayudo —la mujer maniobró con destreza la bandeja, envolviéndola con cuidado—. Listo. Ahora sostenla de esta forma para que no te quemes. Y cuidado con el vapor al destaparla.

—¡Muchas gracias por su ayuda!

—No hay de qué —le sonrió—. ¿A quién vienes a ayudar?

—¿Ayudar?

—Sí, o a visitar. Porque definitivamente no luces como alguien que viva en este lugar. Se nota que tienes dinero.

—Ah…

—¡Bertha! —saludó un hombre mayor.

—¡Gerardo!

Kurt aprovechó el momento para despedirse y retirarse a toda velocidad.

кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε ღ кℓαΐиε

Las seis de la tarde marcaban en el reloj, Kurt movió su cuello en círculos y lo masajeó un poco, luego continuó trabajando en la computadora hasta que Blaine se quejó dormido al girar hacia el otro lado, tal como lo había estado haciendo toda la tarde.

Kurt exhaló desesperado al escucharlo, y tras guardar los últimos cambios, apagó su portátil. Necesitaba tanto un cigarrillo o una bebida fuerte para relajarse.

Estresado se levantó y empezó a caminar en círculos. Todo lo ocurrido durante el día se había acumulado en su sistema y si no hacía algo, iba a explotar. En el departamento no había más que agua, y eso estaba lejos de ser lo que quería.

Tal vez debería ir al local de abarrotes. Era pequeño, pero estaba bien surtido. Aunque, ¿qué clase de licor podrían vender ahí? Debería averiguarlo. Al menos esperaba encontrar la marca de cigarrillos que le gustaba.

Sigiloso fue por su cartera cuando un quejido más fuerte lo hizo voltear y correr hacia la cama al ver que el chico de rizos se había despertado.

—Mi precioso, ¿qué pasa? Dime qué necesitas.

—Me duele el cuerpo, es todo.

—De algún modo he de poder ayudarte.

—Lamento si te hablé mal cuando llegué.

—Eso no importa en este momento. Lo único que me interesa es que estés bien.

—Pero…

—Luego hablamos de ese y de cualquier otro tema. Por ahora, dime qué puedo hacer para que te sientas mejor.

—En el botiquín hay un analgésico.

—Ya lo traigo.

—Teníamos la tarde planeada.

—No te preocupes por eso ni por nada —exhaló consternado al revisar las pastillas—. Esto es muy suave para el nivel de dolor que tienes.

—Es lo que hay.

—Voy a comprar algo más fuerte, y un ungüento también.

—No es necesario.

—Sí lo es.

—Te agradezco que te preocupes por mí, pero tampoco es que me estoy muriendo. Me duele el cuerpo porque fue un día pesado.

—Puede ser, sin embargo, ese dolor no se debe únicamente al trabajo, y lo sabes. El incidente con el auto tiene mucho que ver, porque no estoy convencido de que haya sido sólo un rozón.

—El carro me golpeó y me tiró.

—¿Qué?

—No fue algo grave. Es como cuando alguien te empuja y caes al suelo.

—La fuerza de una persona no es la misma que la de un auto.

—Te digo que fue leve. Incluso me levanté y me pude ir a la panadería sin ningún contratiempo. Si me hubiera pasado algo, habría aceptado que el señor me llevara al hospital como quería hacer, y te hubiera llamado.

Todo estaba bien. En el transcurso del día empecé a sentir un poco de dolor, pero fue trabajando en ese jardín donde el problema creció.

—Debiste decir eso desde el principio —suspiró—. En fin, no sacamos nada enfocándonos en lo que ya pasó. Voy rápido a traer los medicamentos. ¿Necesitas que te ayude con algo antes de irme?

—No.

—No tardo.

Kurt salió a paso veloz del edificio. Para llegar a la farmacia debía cruzar por el local en donde vendían los abarrotes, y el deseo por el cigarrillo gritaba en su interior.

Mientras más se acercaba, su mente se debatía entre lo que debería hacer.

Podría entrar rápido a comprar. Con suerte, no habría mucha gente o nadie, y de ahí correría a la farmacia… Pero Blaine necesitaba los analgésicos… Aunque este mismo le había dicho que no era nada grave… Sin embargo, lucía bastante adolorido.

Tal vez podría entrar para ver qué tan lleno estaba el lugar, o pedir que le tuvieran listo su encargo, ir a la farmacia y al regreso retirarlo.

Pero Blaine estaba solo y adolorido en el departamento, y él le había dicho que no demoraría.

Estaba a un metro de distancia y tenía que tomar una decisión ipso facto.

кℓαΐиε кℓαΐиε кℓαΐиε кℓαΐиε кℓαΐиε

Anderson volteó al escuchar el sonido de la puerta.

—Eso fue rápido. ¿Te fuiste corriendo?

—No había nadie en la farmacia.

—Igual, no está cerca.

—Mientras más pronto tomes la pastilla, más rápido vas a aliviarte —fue a buscar agua y luego llevó todo a la cama—. ¿Te ayudo a sentar?

El chico negó con la cabeza y se tomó el analgésico.

—Gracias.

—Te traje un gel y un spray para el dolor.

Blaine lo miró con ternura.

—Más tarde me lo pongo, ahora no quiero levantarme.

—Te ayudo.

—Más tarde.

—Está bien. ¿Tienes hambre?

—Un poco, pero lo que quiero es volverme a acostar. Un rato más por lo menos.

—Seguro, precioso. Me avisas cuando quieras comer para ir a calentar el plato.

—No es necesario.

—No tienes nada en el estómago y es importante que lo que ingieras esté caliente.

—Eso no es problema, puedo…

—No me digas que no importa o que estás acostumbrado a comer como sea. Tal vez sea cierto, pero ahora estoy aquí y no me cuesta nada bajar a calentar la comida.

El chico sonrió y se fue acomodando con lentitud.

—Ya luego vemos eso. ¿Te puedo pedir algo ahora?

—Por supuesto.

—Acuéstate conmigo.

Kurt asintió y luego de dejar las cosas sobre el mesón, entró a la cama, poniéndose de lado. Instintivamente empezó a acariciar algunos rizos mientras observaba a Blaine.

—¿Cómo ocurrió exactamente el accidente?

—Por lo general a esa hora casi no hay carros, así que crucé la calle sin fijarme. Iba enojado pensando en lo que había sucedido. De pronto sentí el impacto y caí al suelo.

—Blaine…

—Por suerte el auto no iba rápido, y el señor fue muy amable. Insistió en llevarme al hospital, pero como le dije que no era necesario, me dio su tarjeta y me dijo que, si tenía que ir al médico en algún momento, que lo llamara y que él pagaría todo.

—¡Oh! Bueno, es lo correcto.

—Pareces sorprendido.

—No muchas personas se hacen responsables por sus acciones, y menos en casos como esos. Usualmente huyen porque no quieren verse involucrados.

—Entonces tuve suerte de encontrar a una buena persona.

—¿En dónde te golpeó?

—Parte de la cadera y la pierna.

—¿Puedo?

Blaine asintió y Kurt empezó a sobar el área con mucho cuidado.

»Sería mejor con la crema.

—Tendría que quitarme la ropa y en este momento no quiero.

—Está bien. Entiendo.

—Amm… Kurt…

—¿Sí?

—Sobre lo de esta mañana…

—Lamento que presenciaras algo tan terrible. Sin importar cómo empezaron las cosas, no debí responder de esa manera, y te prometo que no volverá a pasar.

—Al principio me asusté cuando los vi peleando, pero luego sentí tanto coraje y desilusión. La rabia, los gritos, los empujones. A él lo he visto actuar así, pero a ti…

—Sé que no actué bien, y aunque puedo entender tu decepción, fue muy doloroso que me miraras de esa forma.

Blaine exhaló lentamente.

—Me sentí decepcionado durante todo el día, pero sobretodo confundido porque no tenía ningún sentido lo que había ocurrido.

Scott puede llegar a ser una fiera para defenderse y defender a los suyos, o cuando se siente vulnerable, ya que eso no le gusta, y que le regalaras un colchón nuevo no era para que se enojara, se sintiera ofendido o lo que sea que lo puso así. Por más que lo pensé, no encontré ninguna razón para lo que hizo.

Pero lo que más me tenía sorprendido, fue tu reacción. No digo que debías quedarte de brazos cruzados permitiendo que él te atacara, pero que respondieras de la misma manera me dejó sin palabras. O sea, Scott gritaba; y tú gritabas más. Si él te empujaba; tú lo empujabas también.

Lo de él sigo sin comprenderlo, pero mientras trabajaba en el césped me acordé de lo que me contaste en el hotel, y eso me puso triste.

—¿Qué cosa?

—Sobre tu ex. Cuando las cosas se pusieron mal entre ustedes y tú aguantabas y aguantabas hasta que un día no pudiste más y empezaste a devolverle lo mismo que él te daba. Eso fue lo que ocurrió hoy. Scott se puso rudo y violento contigo, y tú trataste de soportar, pero él continuó, y no es que te defendiste y ya, sino que le respondiste de la misma manera porque es a lo que tu ex te acostumbró.

—Eso no me justifica en lo absoluto. Sé que actué mal.

—Es una cosa de condición. No recuerdo bien cómo se llama, pero es lo que me decían los trabajadores sociales que yo hacía.

—Comportamiento condicionado.

—Sí, sí. Creo que así era. ¿Sabes lo bueno? Eso se puede cambiar, y yo te voy a tratar siempre con mucho amor, y nunca más volverás a sentir lo que te hace reaccionar de esa forma.

—No tienes que sanar mis heridas. Ese es un trabajo que debo hacer yo.

—Pero puedo comprenderte y apoyarte en el camino.

Kurt se acercó y lo besó con dulzura.

—Gracias por llegar a mi vida.

Blaine le sonrió y le dio un pequeño beso, luego se acomodó con cuidado para apoyar la cabeza en su hombro y abrazarlo.

—Estás tenso. Puedo sentirlo.

—Ha sido un día complicado, y me preocupa que estés tan adolorido.

—Estoy bien. Sólo se juntó lo del accidente con el trabajo que tuve con ese césped.

—Me gustaría llevarte al hospital para que te revisen. Tú dices que el auto te golpeó leve, sin embargo, por dentro podrías tener alguna lesión.

—Mañana voy a estar mejor, ya lo verás, y en un par de días será como si nada hubiera ocurrido.

—Eso espero. No me gusta verte así.

—Ya va a pasar, pero te prometo que, si llego a sentir algún tipo de dolor o algo raro, te lo voy a decir enseguida.

—Hazlo, por favor. Y no importa si estoy en otro lugar, llámame y vendré enseguida.

—Bueno.

—De verdad, Blaine.

—Lo haré, descuida —sus dedos fueron cepillando el tibio pecho—, y ya no pienses más en eso.

—Es imposible. Estoy preocupado.

—Estoy bien. Mis huesos son fuertes.

Kurt exhaló por la nariz. La ansiedad brotaba por cada uno de sus poros.

Blaine lo observó y se mordió el labio. No sólo los planes que trazaron en la mañana se habían echado a perder, sino que él era el responsable de la angustia que sentía el hombre al que amaba.

—¿Qué necesitas para relajarte?

—Un par de cigarrillos.

—Eso no es bueno para tu salud. Dime de qué otra forma te puedo ayudar.

—Te aseguro que me ayuda mucho.

—Tiene que haber otra cosa.

—Déjame traer a un médico para que te revise.

—No es necesario.

—Por favor.

—Si eso te va a tranquilizar, está bien.

Kurt lo sostuvo con cuidado para no hacerle daño, cerró los ojos y aspiró el aroma de los oscuros rizos.

—Gracias.