El Ascenso de un Científico Loco
¡Descubriré Cómo Funciona el Mundo!
Reformas y Descubrimientos durante la Conferencia
No tenia palabras para describir como me sentía.
Decir que estaba feliz no parecía suficiente.
Antes de iniciar las actividades del segundo día, nuestras familias, así como los Aubs de los distintos ducados, se reunieron en el salón pequeño.
La vi llegar en su vestido azul. Tan hermosa que por un momento la confundí con una diosa que descendió de los cielos. Una sonrisa sincera era visible en sus labios, Rozemyne parecía tener dificultades para controlarla, las mismas que tenía yo, si el dolor en mis mejillas era una señal.
"Vamos." Murmuré extendiendo mi brazo para escoltarla.
Nuestro intercambio ni siquiera había iniciado y los presentes ya tenían sus schattapes iluminados, agitándose para nosotros, nuestro padre adoptivo sonreía desde el lugar donde nos esperaba, luciendo satisfecho consigo mismo y feliz por nosotros.
"… los susurros de Chaocipher me hicieron deshacer aquello que Liebeskhilfe y Bluanfa tejieron con la ayuda y el cuidado de Duldsetzen en el telar de Ventuchte, supervisadas por Dregarnuhr."
En otro momento me habría regocijado al escuchar que zent llamaba Chaocipher a Klassenberg, Ralfreida o Galtero, sin embargo, ahora mismo no existía aquello que pudiera superar la sensación de saber que nada lograría interponerse entre nosotros.
"¡Escuchad mi decreto! Ferdinand Sohn Kleinalbrecht Adotie Zent Trauerquel y Rozemyne Tochter Eisenreich Adotie Zent Trauerquel serán compañeros y rivales en la búsqueda de la sabiduría perdida. Su unión guiará a Yurgenschmidt por el camino correcto."
La emoción recorrió mi cuerpo y sentí que me costaba controlar mi maná. Solo un momento. Un brillo no tan sutil fue visible para mi y para todos. No solo el vestido de Rozemyne se iluminaba con las feystone complementando el brillo de sus amuletos, mi propio atuendo, la joyería y los amuletos que tenia sobre mí también estaban brillando. Me preocuparía después de eso, aun si acabábamos de confirmar que éramos los emisarios de las puertas.
Un silencio que debería sentirse pesado se adueñó de todo el lugar, volviendo el resonar de los pasos de nuestro padre adoptivo en fuertes truenos que podrían haberme asustado. Mi regocijo y entusiasmo al ver qué el camino a la mujer que amaba estaba libre debieron volverme inmune a la atmósfera a nuestro alrededor, porque no dudé en caminar hasta dejarme caer en una rodilla frente a mi novia, a la vista de todos, tomando en mis manos la caja que Justus estado resguardando con la vieja piedra de compromiso a la que solo añadí un clip de broche en forma de 8… el símbolo de la eternidad.
Los ojos que me miraban ahora estaban cargados de calidez y de la misma emoción que yo mismo albergaba en mi interior, eso y la sonrisa sincera me dieron la misma sensación de intimidad que una herramienta antiescuchas de rango específico.
"Rozemyne, debo confesar que he sido afortunado, pues Dregarnuhr me ha permitido recibir las bendiciones de Erwachleren, Mestionora y Anwasch a tu lado desde nuestra primavera. Si bien, el velo de Verbenger se obstinó en ocultar el raffel cultivado por Bluanfah, Fortsente decidió destaparlo durante nuestro verano, muy cerca de mi propio otoño. Hoy, ayudado por Duldzetzen y bendecido por Seheweit siento la dicha de prometer una vez más que te cubriré con la Capa del Dios Oscuro, para protegerte como Schutzaria y velar por ti como Leidenshaft, sabiendo que juntos podremos invocar a Flutrane no solo por el bien del jardín, sino por el nuestro."
La vi sonreír, y sonreí aun más. Observándola extender sus manos para recuperar la piedra de compromiso una idea inundo mi mente y antes de darme cuenta, le hablé en japonés, ya que deseaba que solo ella entendiera.
"Con esta piedra, como el dios de la oscuridad que ha vagado en las noches infinitas, te elijo a ti, la diosa de la luz que disipó mis tinieblas e iluminará el futuro como mi esposa. Para tenerte y protegerte de hoy en adelante para bien y para mal, en la riqueza y en la pobreza, en salud y en enfermedad. Para amarte y cuidarte cada día hasta que llegue el final. Y prometo volver a encontrarte y amarte cuando nuestra vida llegue a su final, y nos encontremos de nuevo en el siguiente mundo."
La sonrisa que me mostró, con pequeñas lagrimas acunándose en sus ojos sin caer, reflejaban la dicha que ambos estábamos sintiendo, casi cómo si pudiera reconocer el juramento de bodas más conocido en la Tierra, aun si lo había alterado un poco a algo adecuado para este país.
Sabía que Laurenz estaba por ahí, entendiendo cada palabra y que me molestaría más tarde, pero tenia que decírselo y en nuestro enlace no habría ocasión. Tampoco pude pensar mucho en ello, porque luego de que Rozemyne aceptara la piedra y se arrodillara frente a mí con la caja donde yacía su piedra de compromiso, empezó a hablar también en japonés, robándome de paso el aliento.
"Ferdinand. Con esta piedra, como diosa de la luz que recorrí caminos sin sentidos, te aceptaré a ti, el dios de la oscuridad que dio sentido y propósito a la luz que fulguraba, para ser mi esposo, para tenerte y protegerte de hoy en adelante, para bien y para mal, en la riqueza y en la pobreza, en salud y en enfermedad. Para amarte y cuidarte cada día hasta que llegue el final. Y prometo volver a encontrarte y amarte cuando nuestra vida llegue a su final, ya sea al final de la escalera o en un mundo distinto."
Su japonés era fluido, natural.
Sonreí al pensar que este momento era para Urano y Tetsuo, quienes no llegaron a encontrarse. Más tarde tendría que confirmar si mis sospechas eran correctas o no, ahora solo quería concentrarme en el presente.
"Ferdinand. Cuando Chaocipher interfirió con Erwachleren, fuiste Heilschmer y Anhaltaung. Protegiste mi raffel temprano y me mostraste a invocar las bendiciones de Duldzetzen. Has caminado a mi lado, adelantandote para alcanzar el verano y el otoño antes de brindarme tu guía en los desconcertantes senderos que incluso los dioses me han puesto delante. Es por ello que ansío brillar abrigada por tu manto oscuro. Ya sea por decreto de Dregarnuhr, de la pareja suprema o por el propio baile de Bluanfah, te pido que aceptes esta piedra como muestra de mi compromiso hacia ti, esperando que nuestros hilos sean atados y trenzados hasta que ambos terminen su presencia en el tejido."
Tomé la piedra, notando que era mi viejo collar de compromiso con apenas un par de modificaciones en él y lo guardé, resistiendo el impulso de besarla ahí mismo o esconderla de la vista de todos. Si por mí fuera, cruzaría cualquiera de las puertas a su lado para que fuéramos solo un matrimonio feliz, pero me contuve. Eso no era lo que ella deseaba. No era la razón de esta larga partida de gweginen.
Más tarde, Laurenz y Justus me informarían que, si alguna duda existió sobre la identidad de los mensajeros, nuestras actuaciones terminaron por disiparlas todas. Aun si esa no había sido la intención.
Adelbert y Seradina reconocieron el japonés como el idioma de los dioses. El tío sabía que yo podía leerlo, pero hasta ahora, nunca fue consciente de que tuviese otra pronunciación
"He vivido pensando que solo la escritura era diferente." Había dicho cuando los Aubs le preguntaron sobre nuestro intercambio.
La tarde transcurrió entre felicitaciones y cuestionamientos velados. Ni Rozemyne ni yo afirmamos abiertamente ser los emisarios de los dioses. Afirmarlo solo podría traernos problemas que no podíamos predecir.
No era necesario invitar al caos.
El primer día de mi intervención en la conferencia de Archiduques lo invertí más que nada en revisar el progreso de las empresas que inauguré en los diversos ducados.
En Dunkelfelger los preparativos para los juegos de Leidenshaft avanzaban sin contratiempos y durante el verano se llevarían a cabo dentro del ducado.
"Por supuesto, usted y su prometida están invitados a la inauguración."
"Le agradezco sus palabras, Aub Dunkelfelger." Sonreí aun con la dicha revoloteando en mi interior.
"Me pregunto quien se hará con la corona. Será divertido ver como se desarrolla la competencia entre ustedes dos."
"Es una competencia entre…" comencé antes de callarme y decir algo que no creía y de lo que no me podría convencer.
Dentro del ducado de Eisenreich, cuando la idea de volverme Zent no existía dentro de mi mente, fui capaz de reconocer a Sylvester como un rival. Sus habilidades sociales, cultivadas con paciencia y estudio lo volvieron un oponente formidable.
Fue gracias a él, en gran medida lo que aprendí observando a su estrategia, que preparé mis cartas para entrar en este juego por la carrera corana.
Al reconocer a alguien como un rival, lo reconoces como tu igual. Tener un rival es sano y te ayuda a crecer.
Sin embargo a Galtero, incluso con su desempeño actual, no podía reconocerlo como rival, ni siquiera como un oponente. Que eligiera la sangre como único mérito por tanto tiempo lo privó de obtener cualquier reconocimiento real.
No lo entendía. No lograba entenderlo. Incluso durante su primer año en la academia, se puso al mismo nivel que Sigiswald, como si tuviese un as bajo la manga que incluso ahora no mostraba. Como si estuviese esperando el mejor momento para revelarlo, pero al esperar demasiado, perdió la oportunidad para usarlo, volviendo su esperanza en algo inútil.
'Aunque no es algo que me importe en realidad.'
"De cualquier modo." Comenzó el Aub, retomando la conversación anterior. "Todos en el ducado esperan con ansias los juegos, enviaremos la invitación formal dentro de tres días."
"La esperaré con ansias."
Mi reunión concluyó poco después de eso y me encontré con Rozemyne en mi camino al salón de té de Hauchletzte. Sus labios estaban ligeramente apretados y no lucia muy feliz, sin embargo, en el momento en que me vio, sonrió.
"¿Todo en orden?" le pregunté.
"Todo está bien, aunque mi hermana parece preferirte por alguna razón. ¿Debería estar celosa?"
"No deberías. Mi relación con ella nunca fue muy buena. Tú lo sabes mejor que nadie."
Mi novia me miró con una sonrisa conflictiva antes de retomar su camino hacia el salón de té. Este año Lord Albinus fue declarado Archiduque de Hauchletze.
Suponía que su padre, el anterior Aub, quería usar la posición de Constance como hermana de Rozemyne y como prima mía para apuntalar su propio ducado, aprovechándose de los lazos familiares para eso.
No podía decir nada al respecto ni criticarlos porque yo estaba haciendo lo mismo para hacerme de su respaldo.
Al llegar al salón de té vi como el archiduque hablaba con su esposa a través de una herramienta antiescuchas. A juzgar por el ambiente, Constance intentó convencer a Rozemyne de renunciar a la competencia.
"Mi padre, Emeritus Lucius, le envía sus más sinceros agradecimientos. El apoyo que nos ha brindado nos salvó de correr el mismo destino que Klassenberg." Me informó Albinus luego de los saludos iniciales.
Asentí recordando el descontrol mostrado por los Aubs en los pasillos luego de que se informará de los rankings. Klassenberg había caído hasta el lugar catorceavo, lo que los dejaba como un Ducado medio con pocas probabilidades de volver a ascender a su gloria anterior y muy por debajo de Hauchletze, Ahrsenbach y los Ducados que estaba tomando cómo base para mi facción. Yo tendría que haber estado ahí para presenciar el anuncio, sin embargo, padre nos pidió que nos mantuviéramos alejados para no darle a Galtero una razón para presentarse y evitar con ello que Klassenberg armara un alboroto todavía mayor.
"Cómo mi Ducado de origen por parte de la segunda reina, haré lo que esté en mis manos para apoyar a Hauchletze."
A continuación proseguimos con una plática ociosa. Albinus solo deseaba confirmar frente a testigos que ellos contaban con mi apoyo y yo con el de ellos. Era lo normal.
"Entonces, ¿cómo planeas convencerla, Ferdinand?" me preguntó ella después de activar la herramienta antiescuchas de rango específico, confirmando mi corazonada.
"No se rendirá sin luchar. Lo sabes mejor que yo, Constance", le recordé, entendiendo porque Rozemyne parecía molesta e incomoda tras su reunión, "solo necesito ganarle y ahora que mi padre adoptivo me reconoció como candidato a heredero…" dejé mi frase inconclusa, permitiendo que una sonrisa socarrona se pintara en mis labios.
La última vez que ella y Alerah se reunieron, la esposa de Laurenz confesó que Rozemyne sufrió mucho cuando era una niña, incluso más que ella, aunque fue prudente en no revelar el nivel real del acoso que sufrió.
Esa revelación había llevado a que su relación se fortaleciera durante su viaje al ducado del agua.
Por otro lado, según Rozemyne, después de que su hermana se enterara de que su educación estaba al nivel de una princesa soberana su mentalidad también cambio un poco, entendiendo el peso que reposaba sobre ella como primera dama de un Ducado en ascenso.
Deje salir el aire antes de tomar un poco de té, esta visita no era para hablar de mi novia, sino para verificar y fortalecer a mi propia facción.
"¿Cómo les ha ido con la agricultura local?" pregunté recordando la investigación sobre fotosíntesis que entregué a Bernadette para desarrollar con Hauchletze tiempo atrás.
"Fortsente nos ha bendecido con más frutos de los esperados" me respondió Albinus "no solo hemos podido conseguir ingredientes con una mayor pureza para las pociones de sanación, incluso la empresa de cosméticos de Constance se ha visto beneficiada en gran medida… Y la industria que nos recomendó poner."
Tomé un sorbo de té para suprimir la sonrisa arrogante que intentaba asomar, de modo que pudiera seguir sacando información sobre la nueva industria de tela basada en la crianza de los gusanos de seda de mi mundo anterior. La tela que se conseguía con los insectos nativos de Hauchletze era igual de suave al tacto que la seda de mi vida pasada, con la característica curiosa de ser impermeable. La cantidad de aplicaciones prácticas y estéticas era amplia y, por lo que Constance y su esposo me dijeron, elegí a las personas indicadas para sacarle el máximo provecho. Casi no tuve que hacer sugerencias salvo por un par de técnicas de teñido con aceites, alcohol o bien, interviniendo la dieta misma de los insectos.
"Creo que podría entregar la información sobre esas técnicas de teñido al gremio de tintoreros y quizás preparar una competencia cómo las que Rozemyne organizaba a veces entre sus chefs" dijo Constance con una sonrisa noble y una mirada soñadora "Hay tantas piezas de ropa que podrían armarse dependiendo del teñido de las telas, que ya estoy deseando ver el resultado."
Asentí de nuevo, escuchando como la pareja archiducal de Hauchletze comenzaba a trazar algunos planes básicos para dar el siguiente paso dentro de la nueva industria del Ducado. Si para el próximo año no se les ocurría, podría darles diagramas para hacer sombrillas como las de bambú y tal vez una fórmula impermeabilizante que les permitiera aprovechar las telas que no tuvieran una calidad adecuada para usarse como ropa o accesorio.
Luego de eso nos despedimos y me dirigí a mi villa para descansar. Sin importar cuan preparado estuviera y que tan bien marcharan las cosas, hacer política de este modo me parecía agotador.
"Milord, ¿le gustaría tomar una siesta antes de su siguiente reunión? Falta todavía una campanada para su fiesta de té con el Archiduque de Kaltmeer." Propuso Justus conforme terminaba de comer en mi habitación. Habría querido investigar un poco más en los archivos existentes sobre la zona geográfica del nuevo ducado, pero estaba de verdad cansado.
"Si, Justus. Una compresa fría sería de utilidad también."
"Enseguida, Milord."
Laurenz me entregó la compresa justo después de ajustar mi ropa para que estuviera holgada y yo me pudiera retirar a mi habitación oculta, colocando la compresa en mi frente y mis ojos justo después de acostarme en la tumbona. Estaba por quedarme dormido cuando sentí una presencia que no esperaba.
Habría saludado, pero la curiosidad sobre cómo se comportaría mi prometida me lo impidió.
Los pasos de Rozemyne eran tranquilos, casi como si quisiera evitar que la escuchara, lo cual era absurdo. Su vestido hacía bastante ruido, a decir verdad.
Fingiendo estar dormido sentí la mirada de Rozemyne sobre mí, de pie junto a la tumbona. No pasó mucho antes de que ella se sentara a mi lado, soltando un sonoro suspiro para luego levantar la compresa lo suficiente para que yo pudiera abrir uno de mis ojos.
"¿Tan cansado después de solo dos fiestas de té?"
"Una suerte que serás tú quien se encargue de esto en el futuro."
La escuché haciendo un sonido nada femenino en burla y ambos sonreímos. Ella soltó mi compresa para dejarla de nuevo donde estaba y yo extendí mi brazo, recorriéndome un poco para recibirla en mi pecho.
"Parece que no soy el único cansado."
"Me robaste a mi hermana, Ferdinand y no tengo idea de cómo lo hiciste… corrijo… te robaste a MIS hermanas. Todavía no puedo comprenderlo."
La abracé sin dejar de sonreír, sosteniendo la compresa con mi mano libre en lo que me inclinaba al frente para besarla en el cabello antes de volverme a acostar.
"Tú tienes a los dioses, yo tengo mis propios trucos."
"Hacer uso del conocimiento de ese otro mundo es trampa."
"¡Ja! Cómo si fuera el único que ha usado ese conocimiento."
Hubo un silencio luego de eso. La sentí aferrando con demasiada fuerza mi camisa antes de soltarla y comenzar a jugar con los botones de arriba que estaban desabrochados. Por suerte, Rozemyne solo buscaba comfort luego de una jornada cargada de desilusión y no volver a sus viejos hábitos. Lo agradecí. Estaba tan cansado que la habría dejado hacer conmigo lo que deseara.
"Pensaba que era inspiración divina, ¿sabes?" rebatió al fin, luego de algunos minutos en silencio.
"¿Estás segura, Rozemyne? Porque… Laurenz y yo pensamos que, es posible que tú también tengas memorias de haber vivido en Japón."
Su mano dejó de moverse un momento, luego la sentí cambiar de posición y retirarme la compresa, de modo que pudiera mirarla a los ojos.
"No sé a qué te refieres." Dijo ella con toda seriedad.
"¿De verdad? ¿El nombre de Urano no te parece familiar, o el nombre de Shuu?"
La observé considerarlo, entrecerrando uno de sus ojos como si la cabeza hubiera comenzado a dolerle antes de negar despacio.
"Lo lamento, pero no. A veces, cuando me siento angustiada o entusiasmada por buscar soluciones, la información solo aparece en mi cabeza. A veces es solo el idioma escrito, otras son imágenes detalladas del proceso a seguir. De vez en cuando puedo ver diagramas con claridad. Por mucho tiempo pensé en verdad que era obra de Mestionora, Vulcaniff, Coucoucaloura y Anhaltaung bendiciéndome con inspiración."
Asentí, comprendiendo que la conciencia de Urano debió desaparecer para dejarle el paso libre a Rozemyne, dejando como único legado los conocimientos que cultivó a lo largo de una vida entera de lectura. Tenía sentido hasta cierto punto.
"Ya veo." Fue todo lo que pude decir antes de atraerla de nuevo, descartando del todo la compresa. Y recordando con pesar todas esas veces en que pude hablar con Urano mientras Rozemyne dormía… descubriendo que fue un tiempo de verdad corto.
Una parte de mi pensaba que, sus recuerdos y su conciencia nunca llegaron a surgir del todo, que Rozemyne se había aferrado al conocimiento de Urano como una forma de alcanzar la irreal perfección que ella creía se le exigía gracias a la mezcla de drogas y venenos usados en su vida diaria. Que Urano nunca fue capaz de llegar del todo a este mundo más allá de los recuerdos residuales de su Ego, quizás debido a que los libros y su contenido eran lo más importante para Urano, más incluso que su propia seguridad y era debido a eso que su YO era tan débil, era por eso por lo que nunca emergió, porque ¿Qué clase de adulto no querría proteger a una niña débil?
Esa misma parte de mi pensaba que si Urano hubiese estado más presente, su conciencia adulta se habría manifestado del todo, como una forma de superar el acoso y el dolor. Aunque no podía estar seguro de eso…
'¡Debí haber estudiado psicología cuando aún era Tetsuo!' Me lamenté sin más.
"¿Cuánto tiempo tienes antes de volver a tu habitación?"
"Media campanada, tal vez."
"El mismo que yo. ¿Quieres dormir aquí hasta que sea hora?"
No pude ver su rostro, pero la sentí aferrarse a mí antes de relajarse del todo, acercándose un poco más para poder reacomodarse.
La besé de nuevo entre los cabellos y sin dejar de abrazarla, tomé una respiración profunda y me dormí.
Para cuando la voz de Laurenz sonó por la piedra de comunicación, Rozemyne ya estaba despierta. Me sonrió antes de darme un beso en los labios y luego se fue, dejándome tranquilo ante su rostro relajado. Al menos los dos podríamos seguir adelante con nuestras obligaciones.
'Quizas debería proponerle tomar una siesta juntos todos los días una vez nos casemos.' Pensé sin dejar de sonreír.
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"Le ruego que no me malinterprete, Príncipe Ferdinand, pero todavía me es difícil comprender su súbito interés en un Ducado recién creado y con una porción de tierra tan pequeña."
Di un sorbo pequeño a mi té y moví una de las piezas de shogi sin dejar de examinar el tablero. Aub Kaltmeer movía sus fichas como un zorro astuto que ya había logrado hacerme caer en dos de sus trampas… claro que no me estaba tomando el juego demasiado en serio. Que me viera cómo una amenaza potencial podría ser contraproducente y en realidad solo quería saber que tipo de razonamiento tenía este hombre de tal vez 38 años.
"La pareja suprema no solo vela por sus pilares, los cinco eternos. Estoy seguro de que hasta cierto punto también velan por los subordinados de sus pilares, y sin importar quién tome el trono, la princesa Rozemyne y yo estamos de acuerdo en brindar nuestro apoyo a los nuevos Ducados."
El hombre frente a mi asintió, moviendo un par de fichas antes de mirarme a los ojos.
"¿Contenerse contra un oponente menor es parte de ese apoyo, alteza?"
Sonreí divertido. Este era algo más que un zorro astuto, según veía.
"Pensé que sería considerado de mi parte usar algo más de tiempo para conocernos por medio de las piezas, Aub Kaltmeer."
"Sin embargo, soy el único que se está dando a conocer."
"Muy bien, entonces."
Me puse serio y pronto las tornas se dieron vuelta. Destruí la mayor parte de sus trampas y dejé que algunas piezas cayeran en una de sus trampas para reclamarla cómo propia y emboscarlo. La partida no tardó mucho en concluir y pronto, Aub Kaltmeer estaba limpiando el sudor de su frente al tiempo que los asistentes retiraban el tablero y nos servían un refrigerio ligero y agua de frutas endulzado con miel.
"Debo admitir, que tal vez cometí un error al solicitarle toda su atención en el tablero, Alteza."
"El resultado habría sido el mismo. Aunque debo admitir que es usted un buen estratega."
"Me honran sus palabras, príncipe Ferdinand. No podría haber esperado nada más del emisario de los dioses."
Hice lo posible por no congelarme ahí mismo, sopesando el mejor plan de acción a partir de aquí y optando por solicitar a Justus una herramienta antiescuchas de rango específico. Algo me decía que algunos eruditos aquí sabían leer los labios, observar la forma tan abierta en que el hombre estaba sentado solo me lo confirmó, tendría que andarme con cuidado.
"¿Emisario, dice?"
"Si esa pequeña conversación con la princesa en ese idioma que no era el idioma antiguo y el modo en que ambos brillaron no es un indicativo, bueno, escuché que ha estado creciendo todavía, príncipe Ferdinand. Anwasch no suele obsequiar con crecimientos tardíos a menos que sea por una razón."
"Si esas son todas sus pruebas, podría refutarlas, Aub Kaltmeer."
El hombre sonrió e hizo un ademán que provocó que los asistentes oscureciesen bastante la sala de té y un erudito colocara un proyector en la mesa, el cual pronto mostró una escena cargada de oscuridad, al menos, hasta que una puerta comenzó a brillar cada vez con más intensidad y el aparato pareció acercarse al centro de la misma, donde dos siluetas abrazadas con un libro al frente eran cada vez más visibles.
"La oscuridad del cambio de hora ocultó mucho en la imagen, sin embargo, el resplandor de la puerta nos permitió notar ciertos detalles. El cabello azul media noche de la princesa, por ejemplo, o la diferencia de estatura entre ella y el segundo emisario."
Podríamos tratar de negarlo todo, pero llegados a este punto, sería casi como volver a los días en que negaba mis sentimientos por Rozemyne… inútil.
"Si se fija bien, majestad, notará el brillo azul claro en el cabello trenzado detrás del segundo emisario. O las facciones de su perfil que son menos gruesas que las del príncipe Galtero. La princesa Santa nos prestó está herramienta para poder documentar algunos rituales, estudiarlos y ponerlos al servicio del Templo y de Kaltmeer. Lo mismo hizo con Waldjagd, si mal no recuerdo… solo que, bueno. Diría que Greifechan, la diosa de la fortuna tuvo a bien dejarnos soñar con captar este momento divino y captarlo."
Era más que suerte y lo sabía luego de nuestro pequeño encuentro de shogi. En lugar de reclamar o decir nada, di un sorbo a mi bebida, haciendo todo lo posible por mostrar un rostro neutro, carente de emoción.
La proyección terminó pronto, sorprendiéndome al ver las luces negras y doradas engullendo a la pareja justo antes de que la puerta volviera a apagarse, cómo si estuviera dormida.
Cada vez que Rozemyne y yo llenábamos una puerta, se sentía como si estuviéramos más tiempo por lo que, según parecía, invertíamos en realidad. Quizás el gasto brutal de maná descompensaba nuestro sentido del tiempo.
"No preguntaré de quién es la sabiduría que estaban usando, Alteza. Si ambos la estaban usando para canalizar maná a la puerta, es seguro asumir que ambos poseen la sabiduría. Lo que en realidad me pregunto es porque ninguno de los dos ha asumido su identidad cómo emisarios."
Comprendía su duda. Galtero había intentado pavonearse como el segundo emisario y Rozemyne no pudo decir nada porque sería admitir que ella era la emisaria de los dioses. De hecho, decirlo todo desde un principio, incluso mostrar mi sabiduría justo después de que la adquirí me habrían dado el trono.
"Ser un emisario de los dioses no garantiza un buen reinado, Aub Kaltmeer." Fue lo primero que dije, pensando en la cantidad de reyes que marcaba la historia de la Tierra y como varios de los que afirmaban ser descendientes de los mismos dioses no hicieron si no llevar sus reinos a la ruina.
"Los dioses darán su aprobación a cualquiera que les rece lo suficiente y cultive una enorme cantidad de maná… pero eso no garantiza que el siguiente Zent tenga la capacidad de proteger el jardín o guiarlo para que cada región pueda sacar el mayor provecho a las bendiciones que ya se les han concedido."
Aub Kaltmeer asintió, mirándome con una sonrisa cada vez más amplia antes de enderezarse del todo y adelantar su cuerpo hacia mí.
"Un Zent con la sabiduría de Mestionora, el respaldo de los dioses y la sagacidad necesaria para guiarnos y protegernos a todos suena como una segunda época dorada, Majestad."
"Luego de una guerra que ha diezmado a la nobleza, ¿no le parece que Yurgensmith requiere algo más que un Grutisheit?"
El hombre asintió con ojos brillantes y luego, ante otro gesto suyo, la sala volvió a iluminarse y pronto un erudito apareció cargando lo que parecían registros recientes. Tres tomos al menos.
"Esta es la información que me solicitó, príncipe Ferdinand. Si hay algo más en lo que pueda serle de ayuda…"
"Si no es mucha molestia, me gustaría hacer una visita a Kaltmeer para inspeccionar sus recursos. Depender solo de sus abejas no les dará ningún tipo de ventaja sobre el resto, en especial sobre Waldjagd."
El Aub dejó escapar una risita diminuta, dando un trago a su bebida antes de dejar escapar un poco de la tensión en sus hombros y la herramienta antiescuchas fuera retirada.
"Ya veo. Hemos sido elegidos por el príncipe para demostrar quien es más apto para gobernar, mientras que la princesa ha decidido tomar Waldjagd. Puede contar con nosotros, Alteza. Preparar su visita será nuestra prioridad. Solo lamento que no podamos contar con la guía de la princesa para supervisar nuestro Templo."
Ese zorro en verdad estaba usando hasta el último minuto para sacar toda la información y las ventajas que pudiera. Me agradaba. Si lograba ponerlo de mi parte y ganarme toda su lealtad, estaría ganando un aliado más que competente.
"Si le soy sincero, Aub Kaltmeer, estaba pensando volver a tomar los hábitos. Después todo, Zent Trauerquel va a autorizar que tanto los sacerdotes como las doncellas puedan unir sus estrellas, en parte como una medida para limpiar el Templo." Comente de forma casual, como si eso no fuese ya un hecho dentro del templo soberano, Rozemyne incluso había hablado de darles túnicas amarillas a aquellos que tuvieran una familia propia, aunque no sabía muy bien cómo iba la planeación, desde que dejara los hábitos no me había involucrado con las reformas, algo que tendría que corregir más pronto que tarde.
"Yo ya fungí como Sumo Sacerdote, no me sería ningún problema ayudarlos con la inspección del Templo." Agregue como una promesa.
Aub Kaltmeer se mostró más que complacido y pronto la reunió terminó.
En los informes venía todo sobre las granjas de abejas, el tipo de cosechas vegetales que habían tenido ese año y un informe más preciso de la geografía del Ducado de lo que yo tenía en mi poder. Si las cosas funcionaban como creía, era muy posible que existieran algunas minas menores y sin explotar en la frontera con Eisenreich, y por los datos que tenía entre mis manos, creía que no era una simple corazonada.
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El desayuno del día siguiente fue un poco inusual.
Rozemyne estaba sentada a mi lado en la glorieta del jardín de mi villa, conversando tranquila con Bernadette y Fabrizio. Si no fuera porque los dos tenían permiso para estar aquí debido a sus materias extras, no sería posible que tuviéramos esta escena justo ahora. Rozemyne la estaba disfrutando.
"… sentí que si me negaba marcharía su reputación, hermana" dijo Fabrizio con toda seriedad a mi prometida hablando acerca de la cantidad estúpida de asesorías a las que se había comprometido antes de que el invierno terminará la razón por la cual solo podía asistir a la Academia para tomar las clases de sus cursos extras dos días por semana.
"¡Te he dicho que debes ser más firme, Fabrizio!" le regañó entonces Bernadette con las manos en puño y en una posición que me hizo pensar que le pegaría con su abanico en la cabeza, cosas que no pasó.
Rozemyne parecía estar tratando de disimular una sonrisa divertida levantando su taza para dar un sorbo, sin embargo, que sus ojos no se despegaran de mí me hacía pensar que estaba recordando mi tiempo dando asesorías cuando todavía era un estudiante.
"¡Dímelo cuando no estés tan hundida en asesorías como yo!" contra atacó el chico tomando una galleta y metiendosela a la boca con altanería.
Para ese momento era yo quien ocultaba su risa detrás de un sorbo de té falso, mirando como Rozemyne temblaba, teniendo problemas para mantener su noble compostura.
Por supuesto, ninguno de los hijos de Lady Irumilde lo pasó por alto.
"¡¿Hermana Rozemyne, estás bien?!'" preguntó un dúo de voces que la hizo respingar y a mi batallar para no soltar una carcajada ahí mismo.
"Estoy… bien. Lo lamento."
"¿Se estaba riendo de nosotros?" le murmuró Fabrizio a Bernadette con la incredulidad pintada en sus ojos, haciéndolo ver idéntico a Bernadette en ese momento.
"Parece que no somos los únicos bobos incapaces de decirle que no a los demás para darles asesorías" intervine entonces, sonriendo divertido al ver cómo Rozemyne tosía un poco para volver a componerse.
"Siendo justos, no es cómo que todos los estudiantes aceptarán un no de buenas a primeras" dijo ahora Rozemyne "recuerdo que tuve que quitarte de encima a Constance y obligarla a tomar asesorías de alguna de mis doncellas.
"Es verdad. Solo los dioses saben todo el sufrimiento que tus acciones me evitaron."
Ambos sonreímos más controlados, pero también con sonrisas que los hermanos debieron identificar como asesinas porque se pusieron nerviosos de inmediato y luego cambiaron el tema, solicitando jugar un par de rondas de juegos de mesa con nosotros.
Fue una mañana bastante agradable, a decir verdad. La última mañana apacible que tendríamos en mucho tiempo.
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"¿Estas listo?"
"No, pero no hay tiempo."
La sonrisa que Rozemyne me dedicara me reveló que ella tampoco estaba lista, sin embargo, no teníamos tiempo para hacer esto de otra forma, era ahora o nunca.
Observé las pociones. Esta seria una noche larga, una noche en la que no podía equivocarme o fallar. Miré a mi novia. Sus mejillas estaban sonrojadas de forma adorable, dándome un poco de valor para iniciar.
"Si esto funciona, no tendremos que preocuparnos por el futuro."
"No hasta que me vuelva Zent."
"¿Ya estas en el reino de Schlaftraum? Yo seré zent, y tu serás mi primera y única esposa."
"Si, si, como digas." Burló con un gesto despectivo de la mano, tomando sus pociones y subiendo al círculo qué nos llevaría al jardín del inicio.
Tal como mi novia predijo, Airvermeen no estaba feliz de verla e incluso intentó bloquear su paso hacia las puertas, sin embargo, debido a que el antiguo dios estaba más interesado en la estabilidad del jardín, dejo su antagonismo de lado.
"Recen a los dioses, pidan su guía en el camino." Indicó el antiguo dios mientras las luces negras y doradas comenzaban a aparecer en mi visión, obligándome a cerrar los ojos.
Cuando el viento frío de la noche azotó mi rostro no pude evitar recordar la conversación que nos trajo aquí.
"¿Por qué no quieres decirme, Ferdinand?" me preguntó un poco indignada debido a mi rechazo a confesarle como llegue a ella durante los viajes anteriores. "No iré a los ducados puerta este año. Necesito saber como llegaste. Necesito alimentar las puertas, y te necesito a ti. Airvermeen se niega a hablarme."
"Precisamente por eso no quiero decirte", solté con un suspiro resignado. "Viajé desde el jardín del inicio a los ducados puerta." La vi torcer el gesto mientras soltaba el aire, preocupada.
"A Airvermeen no le agrado. Intentará bloquearme el paso, pero incluso si lo convences de que me deje viajar por el bien del jardín, solo me permitirá un viaje de ida y vuelta… tendremos que hacerlo todo en una noche."
"¿Y cómo planeas qué hagamos eso?" le pregunté, "Que pueda ir a un ducado a través del jardín del inicio no significa que pueda saltar de un ducado a otro."
"Prepararé algo, pero será una noche larga, para ambos y… tendremos que teñirnos aún más con el color del otro para que funcione."
No estaba seguro de querer saber como planeaba eso, y la única forma que sabía que había de teñir a alguien casi por completo era entrando en el invierno y yo no quería hacer eso. Sabía que no debía hacerlo en realidad, que era lo único que me frenaba.
Dos días después Rozemyne llegó a mi habitación oculta cerca del cambio de fecha. Tal cómo me pidió cuando elaboramos el plan, había preparado pociones de rejuvenecimiento de maná ultra efectivas. El prototipo que casi la hizo subir la imponente escalera tanto tiempo atrás.
La poción era ultra asquerosa por lo que estaba endulzada con una posición sincronizante hecha con nuestro maná.
También había preparado varios viales de sincronizante a petición de mi novia bajo la promesa de que no entraríamos en el invierno.
Ahora, aquí frente a la puerta del viento ambos bebimos la poción sincronizante del otro antes de tomar una poción de recuperación aun si no habíamos gastado nada de maná.
Sentí el calor devorador en mi interior por primera vez en lo que parecía una vida y vi el rostro de Rozemyne enrojecido por la fiebre devoradora.
Se abrazó a mi y yo a ella, la ropa que usábamos ahora era la misma que en nuestro compromiso por lo cual era bastante conductora de maná.
Sentí como su maná entraba en mi, ansioso, y más estimulante de lo que esperaba, y a juzgar por el jadeo que salió de sus labios mi propio maná la tomó por sorpresa.
Convoqué mi sabiduría al mismo tiempo que Rozemyne y la pusimos una sobre la otra, permitiendo un flujo constante y más fluido qué nunca, llevando mis labios a los de mi novia en un intento de calmar mi necesidad de ella, tratando de no mover demasiado mis manos sin mucho éxito. Era como si mis hormonas se hubieran multiplicado por cincuenta.
Tuve que agradecer estar frente a la puerta fronteriza y no en la intimidad de su interior, porque de lo contrario la hubiese tomado tan pronto como la puerta estuviera llena.
"… Ahrensbach." No supe cual fue la primera palabra que pronunció, incluso si la dijo sobre mis labios medio rompiendo el beso hambriento en qué estábamos metidos, lo único que supe fue que antes de darme cuenta estábamos en la puerta de Ahrensbach y que mi maná se había reducido de manera considerable de golpe
Bebimos la poción ultrapotente, repitiendo el proceso hasta que las seis puertas estuvieron llenas, encontrando que era una suerte que nuestra ropa fuera tanta porque habíamos intentado colar las manos entre ellas cada vez con más insistencia sin llegar a lograrlo, volviendo al jardín del inicio cerca de la primera campanada.
De no ser por el hecho de que tanto Rozemyne como yo nos encontrábamos indispuestos debido a las pociones, habríamos invocado el invierno apenas volver a la privacidad de mi habitación oculta.
La necesidad y el deseo que ardían en mi interior no eran nada comparados con el malestar y cansancio que amenazaban con hacerme caer inconsciente. La fiebre que parecíamos compartir estaba perdiendo su potencia en cuanto a la necesidad de tocarnos y en cambio aumentando la posibilidad de que colapsáramos por la locura recién cometida. Al menos no habría grabaciones está vez. No siendo la última noche de la Conferencia de Archiduques. Conseguir que Rozemyne llegara a salvo y todavía consciente a su propia habitación oculta fue un verdadero logro.
Apenas salí, los rostros sonrojados e indignados de mis hermanos y de Eckhart me recibieron.
"No estoy seguro de querer saber, Ferdinand. Pero dime, ¿eres consciente de que los juramentados pueden sentir los cambios en el maná de su señor?" preguntó Justus.
"No, no lo sabía." Confesé sin fuerzas para pensar en mis palabras o analizar lo que Justus me estaba cuestionando. "Lo tendré en cuenta la próxima vez que deba entregar maná con Rozemyne".
"¡Ferdinand…!"
No escuché nada después de eso. Me desmayé antes de poder llegar a mi cama y dormí tres días debido al esfuerzo al que sometí a mi cuerpo.
Cuando desperté, Laurenz no dejó de burlarse de mi. Según parecía, tanto mi hermano mayor como su esposa entendieron que Rozemyne y yo entramos en el invierno debido al notorio cambio de nuestro maná y a mi estúpida selección de palabras. Que un intercambio entre ellos los hiciera experimentar la ambrosia, solo confirmó sus sospechas. Que el estúpido de Laurenz convenciera a Alerah de entregarse maná el uno al otro esas mismas tres noches, extasiados por los efectos colaterales del teñido solo volvió INSOPORTABLE las burlas veladas como alabanzas de mi hermano menor.
Mi novia, quién despertó primero, terminó explicando que ahora estábamos teñidos en el maná del otro por llenar todas las puertas Fronterizas casi a la fuerza.
Me sentí mal por dejarla sola explicando lo sucedido, pero por otro lado, fue ella la que decidió cuando y como lo haríamos.
'Si hubiese hecho las paces con Airvermeen, podríamos habérnoslo tomado con calma.' Pensé mientras volvía a dormir.
Partiría a Dunkelfelger en dos días, necesitaba toda mi fuerza para eso y aun no estaba recuperado.
