Abrió lentamente los ojos, y pareciera que seguían cerrados, veía total oscuridad, y el que no tuviera sus lentes puestos complicaba más las cosas.
—Accio gafas —murmuró, enseguida ya tenía lo que necesitaba en sus manos
Se las colocó y la visión que tuvo fue mucho mejor, todo seguía oscuro pero logró distinguir la sombra de lo que había dentro de la habitación, y lentamente los recuerdos de hacía unas horas volvieron a su mente haciéndole sonreír. Había hecho el amor con Draco, y era la persona que junto a James amaba con el alma, no tuvo más que voltear para verle dormir a su lado, hasta ese momento se percató que le sujetaba por la cintura, recargándose ligeramente en su pecho, sintiendo la respiración de Draco lenta y pausada en su piel.
Acarició sus cabellos rubios y le abrazó mejor, cuando se movió sintió un dolor en la parte inferior de la cintura, había olvidado ese pequeño detalle que sucedía después de hacerlo, pero a pesar de eso sintió por primera vez una noche de amor verdadero.
No supo cuánto tiempo estuvo despierto hasta que Draco abrió los ojos, aún seguía oscuro por lo que no se percató de que le miraba, de repente sintió cómo sus brazos le tomaban con fuerza y le atraía hacía él.
—Harry —murmuró contra su cuello antes de dejarle un beso ahí.
—Draco —Harry lo abrazó con fuerza y sonrió.
—¿Qué hora es? —preguntó con voz adormilada.
—No lo sé —respondió pero enseguida realizó un hechizo sin varita, que por cierto no tenía idea dónde había quedado, para saber la hora—. Las tres de la mañana
—Podemos seguir durmiendo —propuso el rubio acomodándose mejor en el pecho de su novio.
—No lo creo, tengo hambre y vamos a comer algo... A menos que no tengas algo que podamos... ¿Cenar? ¿Desayunar? —dijo sin saber cómo llamarle y río.
—¿A esta hora? No gracias, prefiero dormir —dijo sin molestarse en abrir los ojos.
—Sí, me ruge la panza —dijo y Draco río—. Ándale vamos —Harry tiró del brazo de su novio obligándole a levantarse.
—¿Por qué no puedes ser un novio normal? —se quejó el rubio, ambos rieron ante lo dicho por él.
—Así te gusto, vamos anda —dijo Harry levantándose de la cama.
Draco gruñó pero aceptó su petición de levantarse. Había preparado algo para cenar que había quedado en el olvido para darle paso a algo más importante así que bien podrían comer algo.
Se vistieron únicamente con los bóxer y dieron marcha a la cocina.
—¿Qué vamos a comer? —preguntó Harry yendo detrás de su novio.
—Pizza —respondió Draco.
—No sabía que te gustaba
—La comida italiana es de mis favoritas —dijo el rubio y procedió a sacar dos pizzas del refrigerador—. Pansy me las mandó con Theo, ella salió esta tarde, fue un agradecimiento por todo lo que pasó
Draco suspiró luego de recordar lo que había mandado al hospital a su mejor amiga.
—A pesar de haber hablado con ella sigo sintiéndome culpable —suspiró agobiado y Draco no dudó en dejar lo que hacía para ir con él.
—No te sientas mal —le tomó de las mejillas logrando que le mirase—. Nadie iba saber lo que ese idiota iba hacer, mucho menos que tú ibas estar ahí al mismo tiempo que él —consoló Draco.
—Ya lo sé pero el miedo de que fuese hacerle daño a mi hijo me paralizó y no pude evitarlo —sus ojos se llenaron de lágrimas cuando él sentimiento de impotencia le embargó.
—Es normal, tu pensabas que le haría daño a James, pero mira, lo importante es que todo está solucionado, ustedes están bien y ese idiota se está pudriendo en Azkaban junto con Sketeer —al finalizar limpió con su pulgar las lágrimas que resbalaron por las mejillas del azabache.
Se fundieron en un abrazo lleno de amor, Harry pudo sentir lo reconfortante que era estar entre sus brazos.
—Tienes razón —respondió.
Draco asintió, luego se apartó para besarle y continuar preparando la cena.
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—Amor —preguntó Harry en cuánto tomaron asiento en la barra para comer la pizza.
—Mande —respondió Draco mientras cortaba la pizza en ocho pedazos iguales, o eso trató.
—¿Vamos a contarles que somos novios a nuestros amigos y familia? —preguntó.
Draco dejó de cortar la pizza para mirarle, no lo había pensado y no era que tuviera intenciones de ocultarlo, tal vez esperaría tantear terrenos con su madre y evitar que le diera un infarto por la noticia.
—Sería lo ideal, ¿o no? —preguntó Draco sin quitar la mirada de él.
—Por supuesto, creí que no te gustaría gritar a los cuatro vientos que nos queremos —Harry le tomó por la cintura logrando que tirara los utensilios.
—Nunca te negaría, a mí no me da vergüenza gritar lo que soy, que a la gente no le parezca es otra cosa —dijo con algo parecido a dolor, desvío la mirada de Harry para posarla en la barra, su expresión pasó a ser sería.
—¿Por qué lo dices así? —preguntó confundido.
Draco se dio cuenta de cómo se había expresado cuando Harry le miró de la misma forma en la que habló. No sabía si era buen momento de contarle lo sucedido con Lucius Malfoy, y todo lo que tuvo que pasar para superarlo.
—Por qué ya lo viví y no pienso ocultar lo que soy nunca más —respondió al fin.
—Si no me quieres contar está bien, pero quiero que sepas que cuentas conmigo siempre —le besó la mejilla después de eso.
Draco sonrió y le abrazó más fuerte.
—Tal vez puedo contártelo —murmuró.
—Entonces te escucho —respondió Harry.
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Hogwarts, Diciembre de 1994
Tenía un mal presentimiento, su padre había estado observando muy de cerca cada uno de sus movimientos durante las últimas semanas, temía que estuviera sospechando de aquella situación que si Lucius Malfoy se enteraba, muy seguramente no viviría para contarlo.
Hacía muy poco tiempo que Draco se descubrió teniendo gustos ciertamente peculiares que intentó desterrar de su mente, no podría sentirse atraído por un alguien de su mismo sexo. No era digno de un Malfoy ni de un chico sangre pura a quien sus padres ya tenían una lista de posibles mujeres sangre pura y de buena familia para contraer matrimonio le gustara o no, lo importante era mantener el linaje de su apellido y obviamente la sangre limpia.
La información en su cabeza daba vueltas y vueltas, sus amigos le habían notado extraño las últimas semanas, particularmente desde que el chico dorado resultó ser el cuarto participante del torneo de los tres magos, el que no lo molestara con eso y al contrario saliera en su defensa desconcertó a sus amigos, así que ahora estaban reunidos en la habitación que el rubio compartía con Theo y Blaise.
—Draco, ya dinos qué te pasa, sabes que puedes confiar en nosotros —la voz de Pansy sonaba tan preocupada como se sentía.
Regularmente Pansy entraba a la habitación de sus amigos para platicar a solas o cuando necesitaba apresurar a los tres chicos para ir a clases o al gran comedor. Eran lo suficientemente unidos como para tener esa confianza.
—No sé por dónde empezar —habló con voz baja y mirando sus piernas abrazadas estando sentado sobre su cama.
—No nos asustes —dijo Blaise.
Draco suspiró y cerró los ojos antes de hablar...
—Me... Me gusta un chico —soltó el rubio al final sin mirar a nadie.
En la habitación reinó el silencio, Draco no se atrevía a mirar a nadie, sentía vergüenza, seguramente ya no querrían ser sus amigos y... De pronto interrumpió sus pensamientos al sentir como era rodeado por tres personas formando un cálido abrazo y Draco se permitió llorar.
—No tiene nada de malo, te vamos a querer igual, eres y serás nuestro hermano —Theo habló por primera vez.
—¿De verdad? —preguntó entre sollozos.
—Claro, sólo dinos quién es y mira, aquí lo tendrás a tus pies —aquella frase viniendo de Blaise sonó divertida, logrando que sus amigos rieran con ganas.
—Ese es el problema —la sonrisa en su rostro se borró de golpe.
—Ya sé, tiene novia —dijo Blaise rondando los ojos.
Draco negó.
—No pero, creo que le gusta alguien más —de nuevo acumuló lágrimas en sus ojos que no dudó en soltar.
—Por dios, que no sea un idiota de Durmstrang o peor aún, Vicktor Krum, ese anda detrás de la sabelotodo de Granger —dijo Theo con ligera sospecha.
—No, es alguien de aquí... Lo peor de Hogwarts, hablando de su casa específicamente —comentó Draco limpiando las lágrimas de su rostro con un pañuelo que había conjurado.
Sus amigos se sentaron en su cama rodeándolo, intentaron comprender lo que Draco quería decirles hasta que segundos después todo estaba tan claro como el agua.
—Gryffindor —dijeron al unísono.
Draco asintió.
—¿Y quién es...? —preguntó Pansy tomando la mano de su amigo en un intento de ser reconfortante.
Draco se lo pensó por un segundo, no sabía si aquello les iba a sorprender tanto como a él cuando finalmente lo aceptó semanas atrás, tal vez dejarían de hablarle o pondrían miles de pretextos totalmente lógicos debatiendo por qué no podía enamorarse de él..
—Harry Potter —soltó al fin, y de nuevo evitó la mirada de sus amigos.
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—¿Qué? —Harry abrió mucho los ojos luego de haber escuchado su nombre en el relato de Draco.
Él rubio sentía que volvió a revivir la conversación que tuvo con sus amigos aquella tarde en la sala común de Slytherin, prácticamente sintió la mirada curiosa de Harry sobre él y al igual que ellos no esperaban que fuese a soltar su nombre.
—Harry —Draco se giró en el banco para quedar frente a él y tomar sus manos—. Llevo enamorado de ti desde entonces —Expresó con convicción.
Él nombrado no sabía cómo reaccionar, se sentía halagado y al mismo tiempo un idiota por no haberse dado cuenta, si tan sólo hubiese notado alguna señal, James sería su hijo y no el de Diggory.
—Perdóname por favor —No sabía por qué pero tuvo la necesidad de expresar aquello y sin pensarlo se lanzó a sus brazos.
—No tengo nada que perdonarte —habló estando completamente abrazado a Harry.
—Pero sufriste mucho
Mentira no era, lo hecho, hecho estaba y no había modo de remediar el pasado.
—No importa, de todos modos hubiésemos sufrido juntos, éramos de bandos contrarios y si yo te hubiese dicho aquello en ese tiempo muy seguramente no me creerías —dijo Draco.
Harry tuvo la decencia de lucir avergonzado.
—Tal vez —confesó.
—Por algo nos tratamos hasta después —Draco se encogió de hombros.
Ambos se apartaron y el azabache besó sus labios.
—Después de todo lo que hiciste por mí durante y después de la guerra, el ver cómo tratabas a Teddy logró que comenzara a verte guapo —Harry se sonrojó luego de su confesión.
—¿Qué? —Ahora fue el turno del rubio de asombrarse.
—Tal vez, un poco desde sexto año, llegué a tener discusiones fuertes con Diggory por sus celos y ve, ahora estamos juntos —Harry se permitió sonreír.
—Nunca me había sentido tan acosado como en ese año, aparecías de la nada —Ambos rieron.
—Tengo mis trucos —Le miró con una sonrisa pícara y procedió a tomar un trozo de pizza y hacer que Draco le diera una mordida, seguido de eso Harry la mordió.
Draco recordaba haberle visto usar la capa de invisibilidad en la batalla de Hogwarts pero seguía desconociendo cómo sabía en qué lugar estaba cada persona en el colegio.
—Tenemos tiempo para averiguarlo —habló al terminar el bocado.
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Hogwarts, Diciembre de 1994
—Si mi padre se entera será mi perdición, por eso necesito que me guarden el secreto —dijo el rubio.
—No tienes de qué preocuparte, sabes que cuentas con ello —aseguró Pansy.
Draco les sonrió y de nuevo hubo un abrazo colectivo.
Los días pasaron con lentitud para Draco y con ello más se acercaba el baile de Navidad al cual no tenía ni una pizca de ganas de ir, pero como siempre su padre le había mandado más cartas de las que usualmente solía recibir de su parte, lo cual alarmó al chico, temía que ya supiera el secreto de su enamoramiento, aunque eso era poco probable, él era un gran Legermante y Oclumante gracias a las clases recibidas por Snape, siempre le recordaba estar precavido.
Decidió que era momento de dejar a un lado el dichoso baile y concentrarse en sus tareas, por lo que ese sábado por la tarde fue a la biblioteca a buscar unos libros de pociones, de camino se encontró a dos de sus compañeras las cuales eran hermanas, Astoria y Daphne Greengrass.
La menor se acercó a él con una sonrisa tímida en su rostro.
—Hola Draco —saludó Astoria logrando que el rubio se detuviera.
—Astoria —Draco sonrió lo más amable que pudo.
—¿Ya tienes pareja para el baile...? —preguntó con timidez.
—No, por qué no pienso ir —respondió sin rodeos.
Astoria le miró confundida y frunció el ceño.
—¿Por qué?
—Es algo personal —dijo con simpleza.
—Podrías hacer un esfuerzo y llevarme contigo... ¿No te gustaría? El rostro de Astoria se iluminó.
Draco no sabía qué decir, sólo suspiró.
—De verdad no quiero que te lo tomes a mal pero no quiero ir a ese dichoso baile, planeo estar en casa para esa fecha o encerrado en mi habitación de la sala común —respondió sin tener la necesidad de mentir.
—Pero... Tú padre le escribió al mío porque estaba seguro que me querías invitar, sólo que no te animabas, por eso estoy aquí —los ojos verdes de la chica comenzaron a llenarse de lágrimas, y Draco odio más que nunca a su padre.
—Siento mucho que te haya hecho creer algo que no es —Draco no sabía siquiera cómo expresarse y menos viéndola llorar—. Desconozco la razón que le llevó a deducirlo
—No importa —Astoria bajó la mirada y comenzó a sollozar.
Draco suspiró y la tomó de las manos.
—Eres una mujer increíble, muy bonita, inteligente y muchas cosas más que estoy seguro sabes, cualquiera estaría orgulloso de pasear a tú lado, lamentablemente no soy esa persona —hizo una pausa cerrando los ojos y suspiró, luego los abrió de nuevo paseando la mirada a su alrededor, afortunadamente no había gente cerca que pudiera escuchar lo siguiente—: Soy gay, y si no…
—¿Qué? —la chica abrió mucho los ojos ante la confesión.
—Me gustan los chicos, lo siento Astoria, de lo contrario no dudaría en estar contigo, espero tener tu comprensión —sonrió más cálido que un principio y le abrazó rápidamente antes de seguir su camino a la biblioteca.
Lo que él rubio no se imaginó que con su confesión que dentro de todo le hizo sentir libre, por alguna razón que él desconoció aquella información o al menos eso sospechaba, había llegado a oídos de su padre quien por medio de una carta expresó su furia por no haber invitado Astoria al baile, y sobre todo hizo énfasis en que no quería alguna sorpresa de su parte que no fuese correcta o se las vería con él. Draco no creía que Astoria fuese capaz de hablar algo que no le correspondía, por lo poco que la conocía no era una chica de actuar por despecho, o eso quería pensar él.
Sea como sea tenía que andar con cuidado.
Días después Pansy entró a la habitación de sus amigos sabiendo de antemano que Draco estaba sólo pues los otros dos le dijeron que seguía firme en no querer ir al baile y ella de ninguna manera lo iba permitir.
—Hazme el favor de ponerte el traje para el baile —dijo la chica apenas estuvo dentro, enseguida se acercó al closet del rubio sin esperar autorización.
—No voy a ir, mi padre estará pendiente de mí de alguna manera así que no pienso ir, tendré mejor futuro si no salgo en toda la noche —habló teniendo la mirada puesta en las aguas del lago negro que se apreciaba a través de las ventanas.
—Por eso mismo Draco —Pansy al fin encontró lo que buscaba y se lo tendió—. Tú padre quiere verte hacer cosas correctas según su idea y por el momento no puedes dejarlo así que irás conmigo, de ese modo creerá que tus intereses amorosos son conmigo y no con Astoria... Mis padres también se llevan excelente con ellos así que no veo por qué está mal —dijo la chica con seguridad en su voz, mirando a su amigo de la misma forma.
—Pansy, tú eres como mi hermana —debatió el rubio.
—Eso él no lo sabe, y más nos vale que no se entere, no todavía, así que ve a bañarte, tienes cinco minutos, y otros cinco para vestirte, el baile comienza en quince minutos, tenemos que estar antes —dijo la castaña tomando a Draco con su brazo libre y sacándolo al fin de la cama.
—Espero que tengas razón Pans, y gracias por no dejarme aquí solo —le abrazó rápidamente antes de meterse al baño.
Pansy sonrió satisfecha de su plan, tuvo separadas las prendas de Draco a tiempo de que salía de su rápida ducha y pudiera vestirse con facilidad.
Diez minutos después Draco estaba casi listo, hizo su ritual de higiene personal con rapidez, se peinó de la misma forma y estuvieron listos dos minutos antes de que empezara el baile. Pansy llevó un vestido azul cielo amarrado por el cuello, con un cinturón de tela en la cintura de un azul más fuerte, con ligeros pliegues alrededor de este, llevaba un escote en la parte de la espalda y de largo hasta los tobillos, las zapatilla eran plateadas, llevaba el pelo lleno de rizos y amarrado en una coleta.
—¿Te dije que te ves muy guapa? —susurró el rubio de camino al gran comedor dónde se llevaría a cabo el baile.
Pansy soltó una risita suave mientras seguían caminando a prisa.
—Gracias y no lo dijiste pero aprecio que lo hagas —sonrió ampliamente y luego lo miró.
—Tú también estás muy guapo, gracias a mi ayuda Claro —alardeo y ambos rieron.
Llegaron al tiempo de que los últimos alumnos entraron para colarse entre ellos antes de que los campeones junto a sus parejas desfilaran y abrieran el baile.
Lo que ninguno de los dos Slytherin ni alguno de los otros alumnos se percató era que el mayor de los Malfoy observaba los movimientos del castillo dentro de un carruaje, tenía toda la intención de atrapar a su hijo en lo que según le contó el padre de Astoria un romance con un chico... Un hombre y eso no podía ser posible, por eso evadiendo toda autoridad logró colarse entre todos para ver mejor el baile, grande fue la sorpresa de Lucius al ver a su hijo junto a Pansy Parkinson, y con ello sus dudas se habían disipado... De momento.
Él plan de Pansy había funcionado a la perfección, cosa que no dejó de agradecer cuando su padre envió otra carta con saludos especiales a la chica, pero no era momento de cantar victoria, Draco sabía que le tendría vigilado hasta convencerse de lo contrario, y las cosas se complicaron más y más con el regreso del señor oscuro, los relatos habían sido contados de la propia voz de Potter y Diggory quienes después de presenciar todo y llegando en estado crítico a uno de los campos de Hogwarts. Malfoy sintió un terror indescriptible.
Meses después de todo el drama Lucius intentaba usar Legeremancia con Draco y este se dio cuenta pero siendo un experto en el área le daba a su padre los recuerdos que escogiera.
Y fue cuando su amiga le propuso hacerle creer a su padre que ellos dos tenían aventuras sexuales, a ella no le importaba hacerlo con alguien que no le gustaba de forma romántica, lo primordial era ayudar a Draco y lo segundo tener algo de práctica para no hacer el ridículo con la persona que eligiera para una noche de rea de pasión... El rubio la tomó de loca por que la consideraba su hermana, ya bastante tenía con fingir que tenían una relación ante su padre y le daba asco pensar que lo haría con una mujer, pero la castaña logró convencerlo, todo era por su bien, si le mostraba ese recuerdo a Lucius lo dejaría en paz y fue que por ello estuvo de acuerdo, aunque necesito varias cervezas de mantequilla y un par de copas con whisky de fuego para darse valor.
