Capítulo 17
"Disculpe, señor, pero no entiendo," dijo Elizabeth. Ella no comprendía qué estaba pasando y quería dar por concluída esa conversación lo antes posible.
"Puedo comprender que no entiendas. Estoy consciente de que mi actitud hacia ti te ha llevado a pensar que nunca te declararía mi admiración. Durante estos meses, la admiración que sentía por ti se ha transformado en un amor profundo y sólido. Yo siempre te admiré por tu optimismo e inteligencia, pero al ver como has acogido y guiado llegué a apreciar aún mucho más esas hermosas cualidades que posees." El señor Darcy hizo una pausa para ordenar sus ideas, y continuó con la segunda parte de su declaración. Él deseaba que Elizabeth se diera cuenta de todo lo que era capaz de hacer por ella.
"Créeme, no ha sido fácil tomar esta decisión. Me imagino que sabes muy bien que dada las enormes diferencias sociales, una unión entre nosotros es algo poco aconsejable para un caballero de mi rango. Pero pese a todo eso, estoy dispuesto a dejar de lado todas mis justas aprehensiones y pedirte que seas mi esposa." El señor Darcy estaba contento, había logrado decir todo lo que deseaba y sólo esperaba la respuesta de Elizabeth.
"Sé que en ocasiones como esta, se espera que la dama muestre gratitud y acepte la propuesta. Lo siento, señor Darcy, pero no puedo aceptar. Creo que el amor que me ha profesado no debe ser tan fuerte como usted cree si le ha costado tanto tomar la decisión de proponerme matrimonio. Además, buscar una buena compañera y guía para su hermana no debe ser una de las razones a la hora de buscar esposa." Elizabeth dio la respuesta más directa que pudo porque no deseaba seguir ni un segundo más en presencia de ese hombre.
El señor Darcy estaba confundido, pero también enojado. Él jamás pensó que Elizabeth lo rechazaría, y menos aún de esa manera tan desdeñosa. "No cree señorita Bennet que al menos debería explicarme por qué me rechaza de una manera tan abrupta y tajante."
"¿Y que espera que le diga, señor Darcy? Qué jamás podría sentir amor por un hombre que me considera inferior, tan inferior que debe decírmelo para que no me olvide. O prefiere que le diga, señor, que jamás podría aceptar a un hombre que considera a mi hermana indigna del amor del señor Bingley," Elizabeth dijo sin poder contener su ira. "Desde el primer momento en que lo conocí, señor Darcy, quedé impactada por la forma altanera en que trataba a todos los que consideraba inferiores a usted. Y todas mis dudas concernientes a su carácter, señor, fueron confirmadas cuando el señor Wickham me contó la forma cruel en como usted lo trató…"
"¿Wickham? Señorita Bennet, le voy a pedir que nunca más vuelva a hablarme de ese canalla. Ese tipo no merece nada." El señor Darcy estaba furioso y no podía creer que Elizabeth hubiera dado crédito a las mentiras de ese desgraciado. "Con respecto a su hermana, señorita Bennet, tengo entendido que se ha casado, y por esa razón, el hecho que haya ayudado a mi amigo a tomar una decisión respecto a ella no debiera tener importancia hoy."
"Tiene razón, señor. Mi hermana tiene la suerte de tener un esposo que la respeta y aprecia. La verdad es que no deseo seguir hablando con usted ni de mi hermana ni de mi familia porque sé muy bien lo que usted piensa de todos ellos."
"No sabía, señorita Bennet, que usted tenía el poder de leer mi mente," replicó el señor Darcy con amargura.
"Me va a negar que cree que mi madre y hermanas no son dignas de su atención. O que considera a mi tío Gardiner inferior a usted por su profesión. Usted sabe muy bien que detesta todo lo que yo represento, y me lo ha dejado muy claro en su supuesta declaración de amor. Lo siento, señor, pero creo que es mejor que dejemos de perder nuestro tiempo hablando de este tema."
"Tiene razón, señorita Bennet, no vale la pena que sigamos perdiendo nuestro tiempo. Gracias por explicarme tan claramente lo que piensa de mí, y no se preocupe, no volveré a importunarla hablando de este tema. Ahora, si me disculpa, debo regresar a Rosings a cenar con mi familia." El señor Darcy hizo una pequeña reverencia y se retiró.
Elizabeth se quedó parada en medio del camino pensando qué hacer. Aunque no lo deseaba, no pudo evitar llorar. Luego, comenzó a correr en dirección al prado. Ella no deseaba regresar a la casa parroquial hasta que estuviera tranquila. Desgraciadamente para ella, el cielo se oscureció y en pocos minutos comenzó a llover profusamente. Elizabeth intentó refugiarse entre los árboles, pero no pudo evitar mojarse.
Por su parte, el señor Darcy caminó sin rumbo por varios minutos pensando en todo lo que había pasado. Él se culpaba por haberle confesado su admiración a una mujer, que claramente no lo merecía. Además, el hecho que ella hubiera creído todas las mentiras de Wickham, le hería profundamente. Él había estado tan seguro de que Elizabeth lo amaba, que el descubrir que ella lo detestaba había sido un gran golpe para su ego. Desgraciadamente, él estaba tan cegado por la ira, que no era capaz de reflexionar sobre su actuar desde que había conocido a Elizabeth.
Cuando finalmente llegó a la mansión, el señor Darcy estaba completamente empapado. Por desgracia, su tía estaba mirando por el ventanal cuando vio a su sobrino entrar a la mansión y fue en su búsqueda para decirle todo lo que pensaba de él.
"Darcy, no puedo creer que actúes de esta manera tan irresponsable. De repente te desapareces y llegas una hora más tarde de quien sabe donde y empapado. Es hora de que entres en razón, comiences a comportarte como un Darcy y asumas tu deber con tu familia."
"¿Qué asuma mi deber con mi familia? No sé de qué habla, Lady Catherine. Desde que asumí el control del patrimonio de la familia Darcy no he hecho nada más que trabajar y colaborar en todo lo que he podido con usted y Lord Matlock." El señor Darcy se sentía agotado emocionalmente y no deseaba tener que escuchar los injustificados reproches de su tía.
"Sabes muy bien a lo que me refiero, Darcy," gritó Lady Catherine.
"Pues no, tía, no sé a qué te refieres."
"Entonces te lo diré y espero no tener que volver a decirte lo que debes hacer. Antes de que regreses a Londres dejaremos fijada la fecha de la boda con Anne. Esta vez no permitiré que te vayas sin dejar ese tema solucionado."
"Creo que hemos hablado en más de una ocasión de este tema. Pero como veo que usted no ha comprendido lo que le he explicado en innumerables ocasiones, entonces se lo diré sin rodeos. JAMÁS ME CASARÉ CON ANNE… Ni ella ni yo deseamos esta unión, y no hay nada que usted ni nadie pueda hacer para obligarme."
"DARCY, NO TE PERMITIRÉ…"
La conversación a esa altura era tan alterada que Georgiana, Richard y Anne escucharon los gritos desde la sala. Afortunadamente, los Collins ya habían regresado a su casa.
"Lo siento, Lady Catherine, pero me iré a mi cuarto… No me esperen a cenar, le pediré a mi valet que me lleve algo a mi cuarto."
"NO HE TERMINADO DE HABLAR CONTIGO, JOVENCITO."
"Pero yo sí, no tengo nada más que decir."
Afortunadamente para el señor Darcy, en ese momento Richard y Georgiana llegaron. Ellos se encargaron de distraer a Lady Catherine para que el señor Darcy pudiera irse a su habitación. Por su parte, Anne, no podía evitar sonreír pensando que su plan había dado resultado.
Cuando el señor Darcy llegó a su cuarto se quitó la ropa mojada y se arrojó sobre la cama completamente derrotado. Hace unas pocas horas, él pensaba que por fin había logrado la paz, el amor y la tranquilidad que tanto había buscado. Sin embargo en ese momento se sentía más solo y triste que nunca.
Mientras tanto en la casa parroquial el señor Collins no paraba de hablar de lo maravillosa y generosa que era Lady Catherine mientras Charlotte no dejaba de mirar por la ventana. Una de las sirvientas le había informado que Elizabeth había salido a caminar, pero ya estaba casi oscuro y no paraba de llover y ella aún no regresaba.
Después de casi dos horas, Elizabeth finalmente logró encontrar el camino de regreso. Ella estaba absolutamente empapada y tiritaba de frío. Afortunadamente cuando llegó a casa de su amiga, el señor Collins estaba encerrado en su despacho escribiendo el sermón del día domingo siguiendo todas las instrucciones de su estimada patrona.
"Elizabeth, ¿dónde estabas?" preguntó Charlotte preocupada.
"Lo siento, salí a caminar y con la lluvia me perdí," respondió Elizabeth tiritando.
"Vamos a tu habitación para que mi esposo no se dé cuenta de lo que está pasando. Sácate la ropa mojada, y ven a mi habitación para que te seques el pelo con el fuego de la chimenea. Por mientras le pediré a la cocinera que te caliente un plato de sopa."
"Gracias, Charlotte," dijo Elizabeth muy triste.
"No tienes nada que agradecer, querida. Ve a tu habitación," replicó Charlotte. Ella sospechaba que algo le había pasado a su amiga y que de alguna forma se relacionaba con el señor Darcy. Ella lo había visto salir en cuanto llegaron a Rosings y en el camino de regreso a casa, ella lo vio desde el carruaje cuando él cruzaba el jardín de Rosings también empapado. 'Eliza, espero que hayas sido práctica esta vez y no hayas desperdiciado una excelente oportunidad.'
P&P
"¿Este señor es su esposo, señorita Bennet? ¿Cuándo se casó con él? ¿Por qué?" preguntó el señor Bingley sin poder creer lo que estaba ocurriendo. "Lo siento, permítame ofrecerle mis condolencias a usted y su familia por la pérdida de su padre, la verdad es que me enteré hace muy poco y…"
Jane notó que Andrew estaba enojado y le dio un leve apretón de manos para darle a entender que ella se haría cargo de la situación. Entonces, él decidió controlar sus celos lo mejor que pudo y darle la oportunidad a su esposa de aclarar el asunto.
"Así es, señor Bingley. Me casé hace casi dos meses y gracias a mi esposo ha sido mucho más fácil sobrellevar el dolor de perder a mi padre y mi hogar. Le agradezco sus sinceras condolencias y se las extenderé a mi familia."
Louisa, el señor Hurst y Caroline finalmente salieron de su asombro y se acercaron a saludar a Jane. Ella intentó mantener la calma y fue lo más cordial que pudo, les presentó a su esposo y esperaba no tener que pasar más tiempo con ellos.
"Es un placer conocerlo, Lord Norton. Mi familia y yo tuvimos la oportunidad de conocer a Jane unos meses atrás cuando nuestro hermano alquiló una finca en Hertfordshire. Desgraciadamente el área donde estaba localizado Netherfield no cumplía con los requisitos de elegancia y sofisticación a los que estamos acostumbrados. Por eso, nos fuimos de ese lugar y probablemente compremos una finca en otro condado," dijo Caroline desdeñosamente. Ella estaba furiosa y no le iba permitir a Jane sentirse triunfadora y menos que pensara que estaba por sobre ella.
"Comprar una finca es una inversión importante, me parece sensato que cuando decidan comprar una lo hagan en un lugar en el cual se sientan felices y cómodos," replicó Andrew muy serio. Jane nunca le había hablado de esa gente, y a él no le gustaba pensar mal de las personas que no conocía, pero la señorita Bingley le parecía muy desagradable.
"Por supuesto, mi Lord, aunque el dinero no es tan importante para nosotros. Oh, Jane, ese vestido es muy bonito, mucho más bonito que cualquier vestido que te haya visto antes. Ya no llevas duelo por lo que puedo apreciar," remarcó Caroline con altanería.
"Llevo medio luto, señorita Bingley," aclaró Jane. De hecho su vestido era de un azul oscuro muy bonito pero discreto.
"Así veo… Bueno, demás está decirte que si necesitas asistencia en sociedad o para elegir tu vestuario, Louisa y yo, si tenemos tiempo, te podemos ayudar."
Caroline dijo aquello con tanto desprecio que Louisa se puso muy nerviosa. Ella notó el rostro de Lord Norton muy perturbado y quería evitar problemas y por eso quiso desviar el curso de la conversación. "¿Estás viviendo en Londres, Jane?"
"Sí, señora Hurst. Estaremos por unas semanas en Londres y luego viajaremos a Somerset. La finca de mi esposo está allí."
"Nuestra finca, querida," agregó Andrew y besó la mano de Jane. Él estaba al borde de perder la paciencia, pero no deseaba crear una situación incómoda para Jane.
El señor Bingley se había quedado sin palabras. Él sentía una mezcla de confusión y tristeza al ver a Jane con ese hombre que era su esposo. Por su parte, el señor Hurst se dio cuenta que Caroline estaba intentando humillar a Jane, y para ayudar a Louisa a disminuir la tensión, entabló una conversación sobre trivialidades con Andrew.
"Mi primo, el señor Walker, tiene una finca en Somerset. Yo siempre pasaba los veranos con él cuando era niño y por eso tengo muy buenos recuerdos de esa zona," dijo el señor Hurst. "Creo que mi tío era amigo del difunto Barón Norton y los bailes organizados por tu madre eran famosos. Todos siempre rogaban ser afortunados y recibir una invitación."
"Así dicen, sin duda alguna Agnes siempre fue muy popular en sociedad. Esa mujer no es mi madre, sólo la esposa de mi padre," corrigió Andrew.
Caroline no estaba contenta, ella no deseaba que la conversación tomara otro curso e insistió en atacar a la nueva Baronesa. "Jane, me imagino que ya no estás viviendo en Cheapside. Seguramente la casa de tu esposo está ubicada en otra parte de la ciudad."
Jane respiró hondo y le respondió con fuerza a Caroline. Hace algunos meses atrás, ella se hubiera quedado en silencio ignorando a Caroline, pero ella era una nueva persona, una que había aprendido a defenderse y a defender a los que amaba. "Viví en Cheapside en casa de mi tío por menos de un mes, cuando recién llegué a Londres. Fue en esos días cuando la visité a usted y su hermana, antes de conocer a mi esposo."
"Señorita Bennet, ¿usted visitó a mis hermanas meses atrás? Yo no sabía…" dijo el señor Bingley. Luego mirando a sus hermanas agregó, ¿Por qué no me dijeron? ¿Cómo pudieron ocultarme algo así?"
Louisa y el señor Hurst estaban cada vez más nerviosos. Por una parte el señor Bingley estaba muy tenso y Caroline tenía una actitud desafiante ante Lord y Lady Norton.
"Señor Bingley, creo que eso ya no tiene ninguna importancia, al menos no para mí. Es mejor que deje esta conversación con su familia para más tarde," dijo Jane para calmar al señor Bingley.
"Charles, Jane tiene razón. En casa podemos hablar de esto con más calma," dijo el señor Hurst dándole una palmada en el hombro a su cuñado.
Lady Margaret notó a Andrew muy incómodo y a Jane un poco alterada. Ella pensó que seguramente aquellas trepadoras sociales estaban intentando acaparar su atención a toda costa, entonces decidió acercarse para ayudar a la joven pareja.
Cuando Caroline vio a la Condesa al lado de Jane supo que era su oportunidad para poner a esa mujer en su lugar. Daba lo mismo si Jane Bennet se había casado con Barón, ella seguía siendo una pobre mujer con parientes en el comercio y una madre y hermanas vulgares.
"Jane, perdoname por no preguntar antes, ¿Cómo está Eliza? Espero que le esté yendo muy bien en su trabajo como dama de compañía de mi querida amiga Georgiana. Debo decirte que ha sido muy afortunada de encontrar empleo con una familia que debe pagarle un muy buen salario y no le pide que coma en la cocina con el resto de los empleados," dijo Caroline con una sonrisa triunfal.
Jane no podía creer lo venenosa y mal intencionada que podía ser Caroline y Andrew no deseaba tener que seguir escuchando las impertinencias de esa mujer sin decir nada. Pero antes de que ellos pudieran intervenir, fue la Condesa la que salió en defensa de Elizabeth.
"Disculpe, señorita Bingley, ¿pero de dónde obtuvo esa información?"
"Mi Lady, no sé si usted sabe, pero Georgiana y yo somos muy buenas amigas. Ella me contó que Eliza estaba acompañándola en Pemberley," dijo Caroline creyendo que había logrado la atención de la Condesa.
"Así es, señorita Bingley. Lizzy estaba acompañando a mi sobrina en Pemberley. Hace unos meses atrás tuve la oportunidad de conocer a la hermana de Lady Norton y se la presenté a Georgiana. Ellas se hicieron muy buenas amigas, y Georgie al ver a Elizabeth tan triste por la pérdida de su padre, decidió invitarla a pasar unos meses con ella en Pemberley. De hecho, ahora Lizzy está en Kent porque acompañó a mi sobrina en una emergencia familiar."
"Yo tenía entendido que Eliza estaba trabajando para ayudar a su familia. Yo no sé si usted sabe, mi Lady, pero con la muerte del señor Bennet, Jane y su familia perdieron la finca familiar."
"Perdón, señorita Bingley, ¿está insinuando que estoy mintiendo? Le acabo de explicar la situación y usted insiste en contradecirme," dijo Lady Margaret enojada. Ella había perdido la paciencia con Caroline.
"No, por supuesto que no. Yo sólo quería cerciorarme que usted hubiera recibido la información correcta," dijo Caroline tratando de defenderse.
"Comprendo, pero espero, señorita Bingley, que le haya quedado claro como son las cosas y que no se atreva a contradecirme en sociedad. No me gustaría tener que contradecirla en público."
"Por supuesto, mi Lady, no se preocupe porque mi hermana comprendió perfectamente. No creo que sea necesario que sigamos hablando de este tema," dijo Louisa apoyada por su esposo.
"Mi Lady, creo que mi hermana comprendió perfectamente su explicación. No creo que sea necesario que continuemos hablando de este tema," agregó el señor Bingley. Él estaba furioso con Caroline por seguir exponiendo a su familia al desprecio de otras personas.
"Estoy de acuerdo con el señor Bingley, Lady Margaret, creo que hemos aclarado todo ante estas damas. Esta noche es especial para mí porque es la primera posibilidad que tengo de presentar a mi esposa en sociedad. Por lo tanto no deseo seguir hablando de este tema, pero antes de ir a conversar con nuestros anfitriones me gustaría aclarar algunas cosas." Andrew miró fijamente a los Bingley y Hurst y continuó. "Hasta este día, jamás había oído hablar de ninguno de ustedes, por lo que asumo que no son amigos cercanos de mi esposa. De hecho, ella les ha hablado de una manera bastante formal y ha tenido la deferencia de escucharlos. Por el contrario, usted señorita Bingley y su hermana, se han referido todo el tiempo a mi esposa por su nombre, olvidando el protocolo. Sólo los amigos más cercanos y su familia podemos hacer eso, de ahora en adelante les voy a exigir que la llamen como corresponde. Su nombre ahora es Lady Norton… Espero que no lo olviden. Finalmente, señorita Bingley, quiero decirle que yo no soy ni tan amable ni tan bueno como mi esposa, y quiero advertirle que no deseo volver a escuchar que usted ha estado hablando de los asuntos privados de la vida de mi esposa, mi cuñada Elizabeth o cualquier otra persona de su familia, que ahora es mi familia también. Señor Bingley, confió en que usted pueda convencer a su hermana en deponer su hostil actitud hacia mi familia o me sentiré personalmente atacado."
"No se preocupe, mi Lord, le aseguro que nada de esto volverá a ocurrir," replicó el señor Bingley derrotado.
"Jane, querida, hay unas queridas amigas mías que se mueren de ganas de conocerte. Lord Norton, es mejor que vayas a conversar con mi esposo, él quiere hacerte algunas preguntas. Si nos disculpan," dijo Lady Margaret y acompañó a Jane y Andrew hasta el otro lado de la sala.
El resto de la noche fue insoportable para el señor Bingley y sus dos hermanas. El único que logró disfrutar de la velada fue el señor Hurst porque la comida y la bebida era de las mejores que había probado en mucho tiempo.
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"William, espero que no te moleste que nos quedemos unos días más. Es que no puedo regresar a Londres sabiendo que Lizzy está tan enferma," dijo Georgiana casi al borde de las lágrimas.
"Por supuesto que no podemos marcharnos, querida. Nos quedaremos aquí todo el tiempo que sea necesario," dijo el señor Darcy muy preocupado. Él estaba muy triste y se sentía culpable por todo lo que había pasado.
El señor Darcy sabía que Elizabeth después de aquel bochornoso incidente en que él le propuso matrimonio, ella se había perdido en el bosque y había regresado tarde a casa empapada. Al día siguiente, ella se despertó con una fiebre muy alta y a medida que pasaba el día su salud no mejoraba. Por esa razón, aquella mañana el señor Darcy había pedido al médico del pueblo que la examinara.
"Quiero ir a casa de la señora Collins para saber qué ha dicho el médico," explicó Georgiana.
"Yo te acompañaré… También necesito saber cómo está la señorita Bennet."
El señor Darcy y Georgiana decidieron caminar porque la mañana estaba despejada. Además, el ejercicio les ayudaría a relajarse un poco. Mientras iban rumbo a la casa parroquial, Georgiana rezaba por la salud de su amiga. Por su parte, el señor Darcy sólo deseaba poder ver a Elizabeth, cerciorarse que estaba bien y decirle que pese a todo, él aún la amaba y deseaba lo mejor para ella.
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Muchas gracias a todos los que siguen la historia con entusiasmo y dejan comentarios de apoyo.
En el próximo capítulo, Jane le hablará a su esposo sobre la familia Bingley y Elizabeth se enterará de algo que la hará sentir culpable.
¡Nos vemos pronto!
Saludos,
Yo
